Jugosa Adaptación, personajes de la fabulosa Stephanie Meyer, la historia es de otra espectacular escritora al final les digo su nombre.
Advertencia esta es una Historia Homoerótica si no les gusta este tipo de lectura mejor cierren la pagina y busquen otra cosa para leer.
Nota: Último capítulo gracias a todos los que siguieron esta historia, sobre todo a Shury Marie Cullen Potter , SweeterThanHeaven, Breena cullen , eli1901, caRRocHiNha, butterfly98 con sus review, alertas y favoritos.
CAPITULO IV
Habían pasado tres días desde que Edward le contó sobre Aro. Desde ese día había logrado que Edward se mudara a su casa. No quería que nada malo le pasase. Por eso, esa misma noche que Edward le contó acerca de su pasado, Emmett había llamado a Jasper para pedirle consejo y ayuda. Le había contado todo lo que Edward le dijo y Jasper le había prometido que se encargaría de la vigilancia de la casa y de mantener a sus oficiales en busca del paradero de Aro. Jasper al igual que él estaba seguro que Aro ya se encontraba en el pueblo.
A pesar de toda la situación, éstos tres días habían sido jodidamente increíbles. No se habían despegado uno del otro. El deseo y el fuego no se habían apagado aún. Emmett ya había perdido la cuenta de cuantas veces habían hecho el amor. No podía mantenerse alejado del sexy y caliente cuerpo de Edward. Lo encendía incluso con una mirada. Estaba perdidamente enamorado y era increíble.
Dejó los planos que estaba trazando y fue a ver a Edward. Había instalado una pequeña oficina para Edward en la habitación de invitados. Quería que se sintiera como en casa. Edward creía que se quedaría allí sólo hasta que atraparan a Aro, pero Emmett no pensaba dejarlo ir jamás. En los últimos días ambos se habían adaptado muy bien a su rutina diaria.
Se apoyó en el marco de la puerta de la habitación donde se encontraba Edward y lo observó. Disfrutaba observarlo ensimismado en su escritura. Se había sorprendido al descubrir que era escritor. Varias veces le había pedido a Edward que le diera algún libro suyo para leerlo y él sólo lo había mirado con ojos divertidos y una sonrisa ladeada en el rostro. Como si fuera alguna divertida broma. No sabía aún qué escribía.
Los últimos dos días Edward se había dedicado a su último libro y había tenido que delegar a Brian, el chico que lo ayudaba los fines de semana, a que atendiera la tienda hasta que Edward estuviera fuera de peligro.
Aro había vuelto a llamar la noche anterior pero está vez al celular de Edward y lo había amenazado. Aún le dolía el corazón al recordar el temblor y las lágrimas en los ojos de Edward. Quería matar al desgraciado de Aro por eso.
Edward levantó su mirada de la pantalla de su laptop y le sonrió a Emmett.
─ ¿Cuánto llevas allí?
─ No mucho ─ dijo Emmett dirigiéndose hacia Edward.
Edward miró hacía el reloj. Las nueve de la noche. ─ Ya es tarde para cocinar. ¿Quieres que pidamos una pizza?
Emmett se acercó a Edward, se inclinó y susurró ─ Lo único que quiero probar en este momento es a ti ─ se apoderó de su boca. Puso una mano tras el cuello de Edward y profundizó el beso.
─ Mmmm…creo que la pizza puede esperar ─ dijo Edward.
Se separó unos segundos de Emmett. Cerró la portátil y se sentó en el escritorio. Jaló la cabeza de Emmett y lo besó duro y sin tregua.
─ ¡Joder! Te necesito ahora ─ gimió Emmett contra los labios de Edward.
─ Sí…sí…
Emmett comenzó a desabotonar la camisa de Edward. Acariciando y besando la piel descubierta.
─ Amo el sabor de tu piel ─ dijo lamiendo un pezón ─ y también chupar tus dulces y tiernos pezones ─ metió el otro pezón en su boca y le dio una mordida. Edward gimió y arqueó la espalda.
¡Dios! Amaba los sonidos que hacía Edward. Le quitó la camisa y la tiró al suelo. Edward empezó a sacar la camiseta de sus pantalones acariciando su piel bajo la camiseta. ¡Joder! Necesitaba a Edward ahora. O se iba a morir de sobreexcitación. Se quitó la camiseta tirándola a un lado y besando otra vez a Edward.
─ Quítate los pantalones. Necesito estar dentro de ti ahora.
Edward estaba desabotonando sus pantalones cuando el teléfono sonó. Edward estiró la mano para contestar cuando Emmett le tomó la muñeca.
─ Déjalo sonar.
─ ¿Y si es importante? ─ dijo mirándolo fijamente.
Emmett suspiró y estiró la mano para agarrar el auricular ─ Está bien. Yo contestaré.
Puso el teléfono al oído sosteniéndolo con el hombro ─ ¿Aló? ─ dijo mientras desabotonaba sus propios pantalones.
─ ¿Jasper? ¿Qué pasó? ─ dijo bajándose el cierre delantero.
De pronto se quedó quieto y su rostro se puso serio. ─ ¡¿QUÉ? ─ Miró a Edward a los ojos y volvió a subir el cierre y a abotonarse el pantalón.
─ Está bien.
Colgó. Se agachó a recoger su camiseta sin mirar a Edward.
─ ¿Qué sucede Emmett? ¿Quién llamó?
Emmett se acercó a Edward y tomó su rostro entre sus manos.
─ Hay un incendio en la librería.
Eran las cinco de la mañana. Acababan de regresar de la librería. Afortunadamente el fuego no se había extendido. Los vecinos habían avisado a tiempo a los bomberos y ellos habían apagado el fuego de inmediato. Lo único que se había quemado era el estante de los libros nuevos. Todos esos libros incluidos los de Anthony Masen eran ahora sólo un montón de cenizas.
Edward estaba acurrucado en el sofá mirando el cielo que empezaba a aclarecer. La ventana estaba abierta y podía sentir la brisa de madrugada acariciar su rostro. Suspiró. Cuando Emmett le había dicho sobre el incendio, él había estado muy asustado. Temía perder la librería. El Ángel Azul era uno de sus sueños. Con el dinero ganado en la venta de sus primeros libros había podido abrir esa librería. Había usado todos sus ahorros y amaba mucho esa tienda. Además era algo que lo llenaba de satisfacción, darle a otras personas la oportunidad de sumergirse en nuevos mundos donde todo era posible.
Bajó la mirada y observó las cicatrices de sus manos. Estaba bastante seguro que el causante del incendio era Aro. Tenía tanto miedo por Emmett.
Aún no entendía porqué no se había dado cuenta de la locura de Aro cuando lo conoció. Si lo hubiera hecho no estaría pasando por todo esto, aunque de haber sido así no hubiera podido conocer a Emmett. Volvió a suspirar. Nunca creyó que encontraría el amor y fuera igualmente correspondido. Sabía desde el fondo de su alma que Emmett lo amaba intensamente.
Escuchó los pasos de Emmett acercándose. Volvió su mirada en dirección a Emmett y sonrió. Era muy afortunado al haber encontrado a ese hombre.
Emmett se sentó junto a él y le dio una taza. Edward la tomó y aspiró. Manzanilla. Era uno de sus tés favoritos.
─ Gracias
Emmett pasó su brazo por sus hombros y besó la cima de su cabeza ─ ¿Cómo estás bebé?
─ Ahora estoy bien.
─ Jasper llamó hace unos minutos. Según el análisis preliminar del jefe de bomberos, usaron gasolina para prender el fuego en la librería. Su objetivo eran sólo los estantes de libros nuevos. Jasper está seguro que el causante fue Aro, así que tiene a sus ayudantes buscando a ese tipo por todo el pueblo. También ha enviado a un oficial a hacer guardia fuera de la casa.
Edward se tensó al escuchar la última parte.
─ ¿Crees que Aro venga aquí?
─ Es muy probable que sí. Pero no te preocupes, él no se te acercará mientras yo pueda evitarlo.
─ Eso es lo que más temo ─ susurró Edward.
Habían pasado parte de la mañana y toda la tarde limpiando los escombros dejados por el incendio. Tendrían que pintar parte de la pared que había quedado manchada. Edward aún no podía creer que sólo unos cuántos libros habían sido destruidos. Había tenido mucha suerte.
Eran las siete de la noche y estaba tomando una ducha. Tenía que apresurarse. Había prometido hacerle a Emmett unos de sus platos favoritos, así que cerró el grifo de la ducha y empezó a secarse. Salió del baño y buscó algo que ponerse. Quería sorprender a Emmett con su atuendo, así que perdió unos minutos seleccionando la ropa. Se vistió rápidamente y se dirigió a la cocina.
Emmett había salido un momento a la oficina a dejar los nuevos diseños que había terminado de un proyecto de renovación en que estaba involucrado la Constructora McCarty. Sonrió al recordar que Emmett había revisado antes de salir que todas las entradas de la casa estuvieran bien cerradas. Y también había hablado con Bob, el oficial que hacía guardia al frente de la casa, para que vigilara bien a Edward.
Estaba tan distraído revolviendo la salsa para los espaguetis que no oyó los pasos a su espalda.
Una mano jaló su cabeza hacia atrás apresándolo con fuerza de los cabellos.
─ ¿Creíste que nunca iba a poder encontrarte? ─ dijo Aro al oído de Edward.
Edward se quedó paralizado por el terror. Su mente revivió la noche en que Aro lo dejó tirado en el suelo llorando de dolor.
─ ¿Qué…? ¿Qué haces aquí? ─ logró decir Edward a pesar del nudo formado en su garganta.
─ Vine a terminar lo que no pude esa noche. ¿Recuerdas?.
Llorabas como una niña. Por tu culpa he estado escondido estos dos años. Creí que te había destruido, pero no. Esa noche cometí un error, pero hoy pienso rectificarlo. Además creo que primero debemos recordar viejos tiempos. Seguro que en este tiempo has aprendido nuevos trucos ─ dijo Aro jalándole más duro el cabello.
Aro presionó la punta de su arma contra las costillas de Edward ─ Apaga eso.
Edward obedeció y apagó la hornilla. Luego fue empujado contra la mesa de la cocina.
Aro soltó sus cabellos y le apuntó a la cabeza con el arma ─ Desabróchate los pantalones.
Edward comenzó a temblar. No, él no pasaría por esto. Tenía que hacer algo. ¿Pero qué? Él no era fuerte. Emmett ¿dónde estás? Te necesito.
─ ¡Hazlo! ─ dijo Aro presionando más fuerte el arma en su cabeza.
─ No.
─ ¿Qué has dicho? ¿Acaso quieres morir?
Edward cerró los ojos y rezó. Necesitaba hacer tiempo. Emmett volvería pronto.
─ Por favor. Si quieres dinero puedo dártelo.
Edward sintió un escalofrío recorrer su espalda al escuchar la oscura risa de Aro.
─ ¿Dinero? ¿Es una broma?
Aro deslizó su mano libre por la espalda de Edward.
─ ¿Para qué querría tu dinero si puedo tomar lo quiera ahora mismo?
Edward respiraba agitadamente. Sintió la presión del arma en su cabeza alejarse y trató de oír que estaba haciendo Aro.
─ Ahora juguemos un poco ─ dijo Aro poniendo el arma en el bolsillo de su chaqueta. Rodeó un brazo por la cintura de Edward y la otra mano empezó a bajar el cierre de sus pantalones. ─ Te va a gustar esto Jon ─ susurró al oído de Edward.
Edward no lo pensó mucho, impulsó su cabeza hacia atrás. El sonido de algo quebrándose y el grito de dolor de Aro le hicieron actuar rápidamente. Empujó a Aro lejos de él y corrió hacia la puerta.
─ ¡Joder! ¡Me rompiste la nariz! ¡Te mataré Edward!
Cuando ya llegaba a la puerta, el sonido de un disparo frente a él lo detuvo.
─ ¡Voltéate!
Edward se volvió lentamente. Aro tenía una mano en su nariz tratando de detener la hemorragia y con la otra tenía el arma apuntando al pecho de Edward.
Edward cerró los ojos. Era el final. Nunca volvería a ver los ojos azules de Emmett. Nunca le volvería a decir cuanto lo amaba.
El sonido de otro disparo se oyó en la cocina. Edward sólo espero el dolor pero nada pasó. Abrió los ojos y vio a Aro tirado en el suelo muerto con un agujero en la frente.
La tensión abandonó su cuerpo y estuvo a punto de caer al suelo. Unos fuertes brazos lo sostuvieron. Emmett. Se sentía al fin a salvo. Se volvió y vio el miedo en los ojos de Emmett. Miró sólo a Emmett, sin prestar atención a la presencia de Jasper junto a la puerta.
─ ¿Estás bien bebé? ─ dijo Emmett apretándolo junto a su pecho.
─ Sí…─ logró susurrar devolviendo el abrazo. Se maravilló con el delicioso confort que sentía en esos brazos. Sí, ahora todo estaba bien. Él estaba a salvo y Emmett estaba junto a él.
Una hora después Edward y Emmett estaban sentados en el sofá y Jasper en el sillón. Los oficiales de la oficina del Sheriff habían llegado y se habían llevado el cuerpo de Aro. Edward había dado su declaración y ahora sólo quedaban ellos tres en la casa.
─ Me alegra mucho que todo terminara bien ─ dijo Jasper mirándolos.
─ ¿Cómo pudieron llegar a tiempo? ─ preguntó Edward, que estaba sentado sobre el regazo de Emmett.
─ Emmett me llamó cuando salió de la casa y estuve contactándome con Bob cada diez minutos. Cuando no tuve respuesta de él en la tercera llamada me preocupé y movilicé a mis hombres hacia aquí.
─ Yo estaba saliendo de la oficina cuando Jasper me llamó, así que me apresuré en volver. ─ dijo Emmett
─ Llegamos al mismo tiempo y entramos con cuidado de no hacer ruido. Escuchamos ruido en la cocina y nos dirigimos allí. Oímos el disparo y nos acercamos muy lentamente hacia la puerta. Tuve que detener a Emmett para que no entrara. Cuando vi que te apuntaba con su arma, listo para disparar. Yo disparé primero.
─ Me asusté mucho cuando oí el primer disparo. Creí que te había perdido bebé. ─ dijo Emmett besando a Edward en la mejilla.
─ Estoy bien.
─ Tienes mucha suerte Edward, mucha suerte. ─ dijo Jasper levantándose ─ Ahora debo irme. Tengo un montón de papeleo esperándome.
─ Gracias Jasper. Salvaste mi vida. ─ dijo Edward.
─ Ese es mi trabajo. Además eres mi amigo Edward y la pareja de Emmett. Yo protejo a mi familia. Uds. son mi familia, al igual que la terca de Alice. Ahora me voy.
Edward y Emmett se levantaron y acompañaron a Jasper a la puerta. Se despidieron de él. Cerrando la puerta ambos se dirigieron a la habitación. Había sido una larga noche.
Entraron a la habitación besándose desesperadamente. Emmett necesitaba asegurarse que Edward estaba bien. Casi había sufrido un ataque por el terror que sintió al oír el disparo. Si hubieran llegado unos minutos después habría perdido a Edward.
─ Estoy bien ─ dijo Edward, adivinando lo que pasaba por la cabeza de Emmett.
─ Te amo Edward. Y tuve tanto miedo. ¡Dios! ─ Lo abrazó muy fuerte ─ Casi te pierdo.
─ Estoy aquí, y estoy bien. ─ dijo Edward acariciando la espalda de Emmett ─ Te amo.
Volvieron a besarse, pero esta vez tomando todo el tiempo del mundo. Se desnudaron y cayeron en la cama. Besándose, acariciándose y amándose.
A partir de este momento nada iba a alejar a Edward de él. Lo amaba e iban a estar juntos siempre.
Emmett se dedicó a amar a Edward toda la noche. Lo tomó lentamente y luego duro y rápido. Cayeron rendidos al amanecer. Mirando hacia la ventana. Emmett sonrió. Tenían muchos días como estos a partir de este momento. Disfrutarían cada nuevo día.
