Disclaimer: Resident Evil y sus personajes correspondientes son propiedad de Capcom.

Nota: - Al utilizar nombres de compañías o lugares existentes, no pretendo crear mala fama, desacreditar o calumniar a nadie. Sólo es un apoyo que utilizo para aportar un mayor realismo a la historia.

- Por cierto, en este capitulo la historia empezará a cambiar un poco de dirección; ya no será tanto una trama enfocada en la pareja de Leon y Steve y en el pequeño mundo que los rodea; hay más cosas involucradas.

Que lo disfrutes, mi querido lector…

.-.

"Luz de Sol"

Por: Galdor Ciryatan

CAPÍTULO 4.- Hotel California…again

.-.-.-.

El crepúsculo cayó sobre el número 4371 de la avenida Alamo. En las tranquilas calles del vecindario, los niños jugaban mientras las sombras se convertían en densas manchas de tinta.

(N. de A: He aquí una gran y contundente prueba de que esto es un AU. En Estados Unidos nadie sale a las calles en los barrios. Los niños son unos apáticos que no saben jugar, nunca salen a que les dé el aire y se crían sentados en una alfombra llena de ácaros frente a la TV viendo PBS kids y/o Nickelodion).

En fin, pero en este curioso universo, los parvulitos sí se divertían sanamente y fuera de su hogar y sus risitas infantiles eran arrastradas por el fresco viento de la tarde.

Sin embargo, en la casa de un soltero esto era diferente. Sólo estaba la presencia de las sonrisas de él, ya que su acompañante no se encontraba muy bien física o anímicamente.

— ¿Tienes hambre? — le preguntó Leon.

El joven, postrado aún en el sofá, negó con la cabeza. La realidad es que en el transcurso del día sólo había ingerido líquidos (y algún medicamento para la cruda situación que le abordaba); cuestión que le provocaba preocupación al rubio policía. Él se acercó hasta Steve y se sentó a su lado.

— En serio, no tengo hambre— se adelantó el pelirrojo sabiendo que Leon le insistiría en que comiera.

— Puedo preparar lo que te apetezca o salir a comprarlo. No hay problema. Pero no quiero que te mueras de hambre aquí frente a mis ojos. No has comido nada en todo el día.

— Estoy bien— aseguró el joven de ojos azul-verdes elevando un poco el tono de voz. No quería sonar grosero, pero pensaba que Leon seguiría terco y deseaba hacerlo desistir, y es que tampoco él cedería. No quería comer y punto, pero no tenía mucha energía para discutir con Leon.

No obstante, el rubio tenía sus formas para persuadir jovencitos lindos extenuados e inmóviles sobre el sofá de su sala, y las utilizaría por el bien del muchacho.

Aprovechando la cercanía, el policía sólo tuvo que alargar su brazo para levantar el mentón del más joven y de esa forma hacer que sus miradas se cruzaran. Con disimulo, los dedos de Leon acariciaron la piel de Steve. Entonces, el rubio le sonrió de aquella manera que atraía todos los sentidos del pelirrojo. Su mano empezó a recorrerle el rostro lentamente; mimando su barbilla, su pómulo y su sien para llegar hasta su cabello. Esas hebras rojizas fueron tocadas de una forma dulce y que sosegaba todo ímpetu de Steve.

La vista del joven se perdía en los ojos de Leon. El rubio lo sabía. Notaba que Steve se 'aletargaba' cuando le sonreía, lo tocaba o lo miraba. Realmente le causaba cierta satisfacción interior el causar aquel efecto en el muchacho.

Claro que a Steve lo que más le agradaba era lo que las manos del rubio le hacían sentir. Era hermoso el sólo hecho de verlo a los ojos, y ahora percibía, además, sus caricias… Pero algo más… Leon comenzó a acercar poco a poco su rostro al de su acompañante. Ya no le sostenía la mirada, sus ojos estaban clavados en la boca de Steve. Se aproximó lentamente y se humedeció los labios con la lengua.

En un pequeño arrebato de ansiedad y deseo, el pelirrojo alzó la cabeza y puso su mano sobre el pecho del policía; lo jaló suavemente hacia sí de la camisa. Sintió su aliento… Y algo le hizo querer desesperadamente eliminar la frustrante distancia. Pareció que así iba a ocurrir, pero Leon mató el romanticismo usando su boca para hablar: —Comerás algo y no me vas a discutir, ¿Ok?

" Ö.ó De verdad, no puedo discutirle ¬¬#. Esto es más frustrante aún, estoy anonadado. ¿¡Cómo se atreve a hacerme eso? ¡Me ha hecho sonrojarme y sentir como colegiala! ¡No es posible! Hasta me parece que se está riendo para sus adentros cuando se separa de mí. ¡Nadie me hace esto!"

Ciertamente, Leon sí se reía para su fueron interno; le había encantado ver el rubor en las mejillas de Steve, tanto que casi pensó que podría besarlo. Pero finalmente decidió sólo divertirse con las reacciones del joven. Pero Steve no iba a permitir que se burlaran a costa suya.

Por impulso y sin reflexionarlo, el pelirrojo aprisionó la camisa de Leon en sus manos y lo jaló con toda su fuerza (que no era mucha pero sí la suficiente para un buen acercamiento). El pecho del policía quedó sobre el de joven; sus corazones latieron al unísono como los de dos personas que están hechas la una para la otra. Los brazos de Steve rodearon el cuello del otro y lo atrajeron para dar paso a algo de lo que ninguno de los dos se arrepentiría de hacer.

Leon cerró los ojos y unió sus labios con los del pelirrojo. Nadie de los dos fue renuente; de hecho, el policía ya había contemplado esa situación, y el pelirrojo ya la deseaba; no era una simple venganza por aquella finta, era una muestra de cariño que él necesitaba.

Sus labios se tocaron con avidez mientras las manos hacían caricias en el cuerpo ajeno. Los dedos de Leon recorrieron ansiosos el suave rostro y el cuello de Steve. El joven se sentía en un sueño. Nunca lo habían besado o tacado como en esos momentos: con ternura. Sus labios eran probados e inmediatamente etiquetados como dulces y deseables.

La boca del pelirrojo se abrió dando paso a la lengua de Leon. Éste, exploró con gran apetencia aquella parte de Steve y saboreó su saliva. Era la primera vez que besaba a un hombre, pero no le importó, le gustaba hacerlo porque el joven era encantador. Así que no se detuvo pronto, se dio gusto con el muchacho y pasó su lengua por cada rincón de su boca y hasta por la comisura de sus dulces labios, terminando por lamer sus sonrojados pómulos.

Steve se abrazó fuerte al cuello del rubio al tiempo que él le besaba el rostro y acariciaba su cabello. La respiración agitada del pelirrojo se hizo presente y su aliento entrecortado rozó la piel de Leon.

Por largo rato, ambos permanecieron juntos y abrazándose.

Para Leon ya no era sólo atracción, el joven tenía algo especial que era digno de ser rescatado de una vida de sombras. Afortunadamente, ese algo incluía al mismo Steve, y el policía estaría gustoso de ayudarlo y mostrarle lo que era el cariño.

En cuanto al pelirrojo… él descubrió una cosa que jamás pensó que encontraría, algo de lo que se alegraba de haber tropezado con él.

"Lo sé, puedo estar seguro de que Leon es una gran luz. Esplende tanto que no hay sombra que lo pueda hacer caer. Tiene un don extraordinario y está dispuesto a ayudarme, lo sé, así es…no hay forma de que me equivoque en esto.

'Cuando me besó sentí su calor, su preocupación por mí, su radiante espíritu… Es alguien maravilloso que esplende de la forma más pura que yo jamás hubiese imaginado."

Era verdad, ambos tenían un don, un esplendor. Leon no se daba cuenta; pero el muchacho sí, incluso pudo sentirlo en aquel beso.

Tan vez se tenga el esplendor sin saberlo, pero al toparse con alguien como nosotros, inexorablemente nos daremos cuenta.

Así pasaría con este par. Natura se encargaría de que los que esplendían abrieran los ojos, las ventanas de su alma, y se ayudaran a levantarse del charco de inmundicia en que la humanidad comenzaba a hundirse.

Dense la mano los últimos vástagos del esplendor. Levanten el mentón que en el cielo está el Sol. La Luna también brilla. No caminen a la desolación. Hay un lugar mejor, una orilla, un rincón del mudo para ustedes. Cosas grandes pasarán, pero, juntos, nada los puede dañar

Era verdad que la humanidad se iba al fondo. Unos cuantos en grupo, otros que pensaban estarse hundiendo solos (como Steve) y algunos más que ni siquiera se daban por enterados.

De cualquier forma, una sombra densa estaba en todas partes queriendo cumplir sus egoístas propósitos; en los hogares, en las calles, en las farmacias, en los callejones, en las coladeras, en las personas y bajo la tierra…

Era algo contra lo que Natura no podía ni debía luchar sola, puesto que la amenaza era de esta tierra; algo que podía ser efímero y vano o tener repercusiones globales por décadas. Pero al fin y al cabo: algo que atentaba contra la integridad de sus hijos, sus amados hijos…

.-.-.-. Ese mismo día en casa de Leon .-.-.-.

Eran cerca de las 8:30 PM. Los brazos del policía estrechaban el delgado cuerpo de Steve, quien yacía placidamente dormido sobre el pecho del otro. Se encontraban en la sala de la casa ignorando por completo lo que se cernía sobre ellos, sobre la ciudad, el país y el mundo.

El huérfano ya se había cambiado de ropa. Traía sus prendas de vestir propias, pero ahora lavadas, secas y planchadas; todo cortesía de Leon.

La oscuridad y la penumbra envolvían a la ciudad literal y figurativamente. Pero para ellos dos, en aquel momento de despreocupación, nada de eso existía. Solamente querían la compañía del otro y sentir su presencia. Porque, a pesar de estar en un profundo sueño, Steve notaba el calor de Leon envolviéndole y protegiéndolo.

It, que había estado en el pasillo de la casa, entró a la sala y miró a los dos hombres abrazados. Les dedicó una mirada que casi parecía acusatoria y pactada con los estándares sociales.

— No nos mires así— demandó el policía. De vez en cuando hablaba con It (porque era su única compañía en el hogar), aunque la contestación más clara que podía recibir era un gruñido o un ladrido.

Y así fue en esa ocasión que el perro-lobo (apodo cariñoso que le daba Leon), emitió un áspero gruñido acompañado de la misma mirada celeste que reprochaba. It se retiró un tanto...asqueado, podría decirse, de las actitudes y tratos de su amo para con el pelirrojo. Era una mascota celosa.

Leon rió por la actitud casi humana del perro-lobo. Los regaños, reclamos, quejas y enojos estaban siempre presentes en la lupina mirada de It. Era más que un animal, pera Leon era prácticamente otra persona que pensaba y sentía como tal. Lo quería tanto como a su propia madre. Después de todo, Zahra Kennedy le dio la vida, y en una ocasión, It le salvó de perderla…

.-.-.-.Flash back.-.-.-.

Corría el día último del mes de diciembre, horas más y éste acabaría. Eran las 6:33 PM. Un año nuevo se encontraba a la vuelta de la esquina.

La nieve de un par de días se acumulaba en algunas aceras y en las copas de los pinos.

Un joven que desde hacía pocas semanas trabajaba como oficial de la ley, caminaba con dirección a la casa de su madre: Zahra. El viento golpeaba su espalda y la nieve se le pegaba al cabello. Pero era tan solo una ligera brisa de copos blancos, nada sobrenatural.

Caminaba sin prisas por el antiguo centro de la ciudad para ir a visitar a su madre. En casa de ella se hallaban algunos familiares dispuestos a celebrar la llegada de otro año. El quería estar ahí desde temprano para ayudar a preparar la cena.

Sus pasos le llevaron a transitar junto a un edificio de 5 pisos de altura. Era un banco o cosa parecida. Sus ventanas frontales eran adornadas por cientos de series de luces navideñas en blanco, azul y rojo simulando la bandera de Texas. Sin embargo, estaban apagadas. Desde el piso dos hasta el 4, una opaca bandera cubría los ventanales.

Pero no podía ser que aquellas luces estuvieran apagadas justo en ese día. Por supuesto que no. Los colores de Texas brillarían ese crepúsculo.

Leon alzó un poco la vista al pasar por la puerta principal del banco; vio a un hombre en un andamio revisando las conexiones de las series en un extremo del edificio. Sin embargo, el neófito policía, en ese momento, se encontró con algo en su marcha que le cerró el paso.

Frente a él había un enorme perro del color de la nieve, vaya, más bien parecía un lobo albino. El animal sin correa comenzó a gruñir horriblemente al rubio. Éste paró en seco y luego trató de pasar por un lado. Pero el perro-lobo se lo impidió.

El de los colmillos amenazadores y pelaje erizado se interponía obstinadamente en el andar de Leon. Le ladró y avanzó hacia él provocándole un ligero sobresalto. El joven mantuvo la calma de la mejor forma que pudo pero empezó a retroceder inconcientemente. El perro-lobo no dejaba de gruñir y mostrar sus blancos dientes.

Leon avanzó hacia sus espaldas cerca de tres metros. Finalmente y sin explicación lógica, el animal paró de amenazar al rubio con los gestos que le eran inherentes a su especie. El policía miró al hijo de Natura directo a los ojos… Se observaron mutuamente durante largo rato. No iba a ser la última vez que el albino desafiara la mirada de Leon.

Sin autos pasando por esa calle, sin palabras por parte del policía o gruñidos del perro-lobo, un ligero silencio (extraño para la ciudad) reinó unos segundos…hasta que un estrepitoso grito lo rompió.

El hombre subido en el andamio clamó por ayuda: una de las cuerdas de la tarima se había roto, y no pasó mucho tiempo para que sucediera lo mismo con la otra.

El andamio calló obedeciendo la ley de la gravedad, igualmente aquel hombre fue a estrellarse contra el duro y frío concreto. Las astillas, grandes y pequeñas, volaron por el aire. El cráneo del pobre desdichado se impactó contra la acera y se hizo pedazos. La sangre manchó la nieve de la calle Florida un día 31 de diciembre.

"Yo pude haber estado ahí abajo caminando" pensó el joven policía sin quitar la vista del escarlata a pocos metros al frente suyo.

.-.-.-.Fin del Flash back.-.-.-.

It, no te enojes. Aún te quiero— bromeó Leon viendo a su mascota alejarse. El perro-lobo gruñó y el policía rió de nueva cuenta.

Steve se acurrucó en el pecho de Leon, éste detuvo sus burlas hacia It y abrazó de forma tierna pero fuerte ese joven cuerpo. Pero el muchacho estaba teniendo sueños intranquilos, agobiantes; un ligero gemido emergió de su garganta. El rubio lo reconfortó entre sus firmes brazos y le besó el cabello.

— Steve— murmuró cerca de su oído.

Sin embargo, no hubo contestación. El huérfano recuperó la quietud de un momento a otro y permaneció quieto sobre el pecho de Leon. O al menos eso aparentaba.

El teléfono sonó en ese instante. (Al rubio no le gustaban las llamadas tarde, les tenía mala idea desde la muerte de su padre). Pero aún así dejó el cuerpo de Steve sobre el sofá y se marchó con la intención de ir a contestar. Sin embargo, al dar el primer paso, creyó escuchar algo a sus espaldas: — Leon, no me dejes entre sombras. — Era la voz asustada y suplicante del pelirrojo.

Mas al voltear hacia el sofá no pudo enfocar otra cosa que no fueran los párpados de Steve cerrados sobre sus orbes azulverdes y sus dulces labios quietos. El joven ni siquiera abrió la boca, seguía inmóvil y con la respiración en un ritmo lento. Daba a impresión de que un reconfortante sueño lo anegaba. Hey, pero sólo era eso: impresión, una apariencia.

"Qué extraño, estoy seguro de que lo escuché decir… ¡Nah! Fue mi imaginación. Steve duerme como bebé."

No obstante, las apariencias son engañosas; eso, Leon no lo consideró y salió de la habitación para contestar en el teléfono de la cocina.

Dejó solo al joven durante unos minutos… Únicamente un par minutos. Sólo mientras iba a ver quién llamaba… Pero cuando Leon regresó a la sala, Steve ya no estaba ahí. Lo buscó en toda la casa, en la calle, en el patio…mas no dio con él. Tristemente, cuando había tomado el teléfono, colgaron.

.-.

/.-.-.-. Steve's POV .-.-.-./

"No sé a dónde me llevan mis pasos. Todo está negro como la noche sin Luna. No entiendo… No entiendo nada… Las lágrimas cubren mi rostro.

'Y es que…la oscuridad vuelve…siempre regresa. Mi reino no es tan grande como el de Carlos I de España. En mi reino, mi pedacito de mundo, el Sol sí se pone. Las sombras dan vuelta al globo y vienen para empujarme hacia dentro de mi lóbrego pozo.

'Es sólo que recaigo…recaigo y no lo puedo evitar, ya sea por mi culpa a por causa de otros. Pero estoy en un lugar del que no puedo escapar porque no encuentro la salida. Y si acaso llego a vislumbrarla, algo hay que me jala al fondo del pozo y me cubre los ojos…" Eso era lo que pasaba por mi cabeza. La oscuridad me puso en los ojos una venda de sombras y me apartó del lado de Leon.

No sé bien cómo #$.¡!¨ pasó, pero recuerdo que era como si caminara sin rumbo. Todo estaba horriblemente confuso. A mi alrededor, las sombras se amontonaba. Me sentí perdido, y sin Leon a mi lado para que me guiara, las cosas no pintaban bien. Quería darme por vencido una vez más en mi vida porque creía que ésta ya no valía la pena… Era mentira. Sí valía, y mucho (aunque yo no lo supiera).

La lobreguez me sofocaba. Incluso en días con Sol todo era penumbra pues negros nubarrones cubrían mi cielo.

Mi rostro estaba húmedo debido al constante llanto. Sentí cómo las piernas me temblaran y pensaba que caería en cualquier segundo. "Mi existencia es la más horrible del mundo. La vida es un asco" pensé fijándome sólo en el momento, en el "aquí y ahora".

Entonces caí de bruces… Deseé ya no levantarme jamás, permanecer sobre el rígido, helado y ensombrecido piso debajo de un halo de penumbra. Pero luego algo llamó mi atención y me hizo levantar la mirada hacia el vacío: era una sombra blanca, algo contrastante con el entorno pero que aún así era opaco. No era una luz, no iluminaba absolutamente nada. Aunque a final de cuentas, tampoco era una sombra más.

Logré distinguirla como una silueta, al parecer, de una persona. Casi creí que podría ser una mujer debido a su complexión. Sin embargo, ya no recuerdo más.

No supe qué fue lo siguiente que pasó, una fuerte inconciencia me hizo dormirme. Al despertar me encontraba todavía de rodillas en el piso, pero en un lugar diferente…mejor.

/.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-./

La luz de un foco de 75 Watts iluminaba el cuerpo aún aletargado de Steve. El tenía la mirada clavada en el piso como si la grava fuese la 8° maravilla del mundo. Al frente suyo estaba una puerta principal hecha de madera.

Steve se encontraba de rodillas en el porche de una casa. Pero, ¿de quién era la casa? El muchacho lo supo al instante, lo recordaba bien.

Al percatarse intentó ponerse de pie y abrir la puerta para entrar, pero solamente consiguió arañar la madera. Se sentía tan débil, ni siquiera podía levantarse.

Empezó a sollozar pensando en la persona que tal vez estaría dentro de la casa. Sus cortas uñas rasguñaban la puerta y sus nudillos la golpeaban descargando la poca fuerza que conservaba.

— Leon… Leon, ayúdame— musitaba.

El joven agachó la mirada y suprimió cualquier intento por levantarse, abrir la puerta o hacerse escuchar para que le abrieran. Sólo se encorvó hacia delante y se echó a llorar. El nombre del policía rubio, aquel hombre tan amable, era lo único que resonaba en su mente.

.-.

Era cerca de las once de la noche. Leon ya no sabía qué hacer o dónde buscar. Estaba vuelto loco. Nadie en las calles vio pasar a ningún muchacho pelirrojo de tez blanca; sus vecinos no lo vieron salir de la casa. El joven era como el conejo del sombrero de un mago, sólo que ahora el conejo se había ocultado en lugar de salir.

Leon estaba tan desesperado. No tenía idea de a quién llamar o dónde más buscarlo.

Entonces decidió, únicamente por no dejar, salir al porche y ver hacia la calle. Sólo…sólo era una idea tonta, tal vez Steve ya estuviera de vuelta y a punto de tocar la puerta de entrada. Y al abrirla, Leon se llevó una gran sorpresa acompañada de una enorme decepción.

Encontró al joven de rodillas en el suelo, con la vista gacha y su cuerpo delgado tambaleándose.

"¿Habrá vuelto a beber"? se preguntaba.

— ¡Steve, por Dios! ¡Me tenías con el Jesús en la boca! ¿Cómo rayos se te ocurre marcharte así? — Leon se encontraba más que alterado gritándole al pelirrojo (que seguía sin erguir la mirada) — ¡Volviste a beber! ¡Casi estoy seguro! ¡¡Creí que querías mi apoyo pero no te puedo ayudar así! — Leon se inclinó y lo levantó bruscamente del piso. Aún no notaba las lágrimas en su hermoso rostro— Te estás cayendo de borracho, no puedes ni con tu propio peso… ¡Me preocupé mucho por ti! ¡¡NO ME VUELVAS A HACER ALGO ASÍ JAMÁS! ¡Nunca! ¿¡Me entendiste?

El pelirrojo se tragó las lágrimas para hacer caso a su orgullo de adolescente-maltratado-por-la-vida. En la medida de lo posible, no permitía que le gritaran, mucho menos si era injustamente.

Haciendo un esfuerzo sobrehumano levantó la cabeza y un brazo… Abofeteó a Leon de una forma que le causaba más dolor a él mismo que al policía puesto que le tenía cariño. El rubio se asombró tanto que incluso soltó al joven; éste calló bajo el umbral de la casa. Era verdad: "no podía con su propio peso", (pero no porque estuviese borracho).

— No vuelvas jamás a gritarme, Leon— le exigió el muchacho entre amargos sollozos—. No sabes por lo que he pasado en mi vida. Y no quiero que te pases del lado de mis problemas — vociferó.

"Divaga por causa del alcohol" se apresuró a juzgar el policía.

— ¡Entiende que no estoy borracho! — le gritó el pelirrojo. Se sentía enfadado y confundido.

Ambas miradas se cruzaron. En el rostro de Leon se apreciaba una marca rojiza producto de la cachetada; pero en el de Steve…había lágrimas. El policía suavizó su expresión al ver la cara del más joven cubierta de llanto.

— Steve… Cuánto lo siento… Pero, de verdad, me asusté mucho al no encontrarte— se excusó un Leon más sereno.

El muchacho lo miraba muy dolido. Se sintió tan lastimado cuando el rubio le gritó. De alguna forma se logró sentar en el piso (él solo) y se abrazó las piernas mientras se recargaba en el marco de la puerta. Leon se hincó a su lado y le sonrió lo más amablemente que pudo (que era bastante como para borrar sus regaños de la mente del joven.

— ¿Quieres entrar? Te prepararé algo de comer y luego nos iremos a dormir, ¿te parece bien? — Le enjugó las lágrimas de forma tierna al tiempo que le hablaba con dulzura.

Steve asintió con un leve movimiento de cabeza. Todavía sollozaba, pero ahora más quedo. Con un poco de timidez, extendió sus brazos hacia Leon y él captó el mensaje.

El frágil cuerpo del joven fue cargado por el policía. Leon cerró la puerta y avanzó por el pasillo con el pelirrojo en brazos. El muchacho estaba algo sonrojado y escondió su rostro en el cuello del mayor.

— Leon, quiero hablar contigo de muchas cosas— susurró casi en su oído. Un escalofrío recorrió la nuca del rubio y un calor sus mejillas, pero trató de restarle importancia.

— Como por ejemplo… — le incitó a hablar mientras lo depositaba en el sofá de la sala.

— Yo…no me salí de la casa hoy. No recuerdo bien qué pasó. Pero a veces me suceden cosas…extrañas.

— Sé sincero conmigo, ¿te drogas?

El muchacho hizo un esfuerzo sorprendentemente grande para no sentirse ofendido, pero con su carácter eso era algo muy difícil.

— Claro que no— vociferó molesto. No mentía, pero si le pidieron sinceridad debía agregar algo más: — Sólo bebo alcohol, hasta he fumado, pero…

— ¿De la legal? — inquirió el rubio.

"Ojala dejaras de ser tan suspicaz" pensó Steve.

— ¿Qué quieres decir con que soy suspicaz?

— Hey, yo no he dicho nada.

— Te oí perfecto— dijo Leon.

"Sólo lo pensé" caviló intencionalmente el pelirrojo.

El rubio se quedó pasmado; era pura realidad inverosímil. Los suaves labios de Steve no se movieron y aún así, Leon le escuchó de forma clara.

"También de esto quería hablarte" continuó el joven "Se llama esplendor. Yo sé que lo tengo desde pequeño. Pero hay gente que no se da cuenta o que no está segura. Y creo que tú eres uno de los que no se percatan. Puedes escucharme ahora, lo sé, y a veces yo también puedo hacerlo contigo. Por eso sé que esplendes. Y lo más maravilloso es que nunca me había relacionado con alguien que poseyera esta virtud, pero tuviste que ser tú el que me ayudara, el que me protegiera y se preocupara por mí, el único de entre tanta gente que esplende y que siente algo por mí."

Steve calló, no deseaba hablar de más y arruinar las cosas, aunque tal vez ya lo hubiese hecho.

El policía no podía creerlo, no se tragaba esos cuentos de gente que puede leer la mente humana. Le parecían cosas sacadas de una película de Stanley Kubrik o de un libro de Stephen King. Pero de cualquier forma, esto no lo estaba leyendo o viendo en la sala 2 del cine de la calle Copia, lo estaba viviendo y sintiendo.

"No te asustes" — Por favor, Leon— le rogó Steve.

Sobre el sofá, el rubio se dejó caer.

— No…no… Es que es algo inverosímil…increíble. — Suspiró.

El pelirrojo se puso a su lado y lo abrazó tímidamente, casi con miedo de una mala respuesta. Pero fue correspondido de muy buena gana.

— Yo lo sé, pero… Hay cosas que sabes y no tienes idea de cómo, o adivinas lo que la gente piensa y siente, tal vez es suerte, o es que tienes el esplendor… Anda, piensa algo fuerte, veré si puedo atraparlo y te contesto de inmediato.

— Bien.

— Pon cuidado en que sean las palabras… A veces, las imágenes son muy confusas para mí. Me sofocan.

— Correcto…

El policía no encontraba la lógica de todo esto. Sin embargo, se soltó del abrazo del joven y lo observó a los ojos mientras buscaba un pensamiento para expresarlo en palabras claras en su mente.

"Tienes una mirada con una gran beldad"

En el acto, Steve esbozó una sonrisa. "Supongo que…gracias por el cumplido".

Luego de un rato, Leon expresó lo que más imperaba en su mente: — Esto es completamente una locura…pero creo que tienes razón.

/ Ahora el esplendor de uno le abre los ojos al otro y viceversa. Ya no hay tanta oscuridad, ¿o sí? Sólo la sombra en la ciudad. Está a punto de erguirse amenazante, como la plaga, como el demonio. Protéjanse los que esplendan, son una de las pocas esperanzas. Natura cuida a sus hijos, pero los hermanos deben tenderse la mano. Hay un secreto bajo la tierra, en las entrañas de Natura, ¿quién lo sacará? Ya están rasgando la carne viva de su propia madre. Habrá odio, gente morirá por el egoísta. Bajo el piso se encuentra una peste maldita. /

Doce treinta. Ya era media noche y ambos continuaban hablando (propiamente dicho).

— Soy huérfano y nunca conocí a mis padres. Me crié en un orfanato hasta los trece años. Aunque ya resultaba muy difícil por mi edad, alguien quiso adoptarme; era una mujer soltera que siempre deseó hijos. Me fui a vivir con ella a Phoenix pero en unos años las cosas se pusieron feas entre nosotros. Yo no la quería, siempre procuraba desobedecerla.

'Ella comenzó a beber mucho. Creo…que de ahí adquirí el hábito. A fin de cuentas resultó que yo me gané su odio. Entonces me mandó aquí con el pretexto de los estudios. Casi todas las semanas manda dinero para la renta y mis gastos, aunque últimamente no he sabido mucho de ella. De todas formas nunca nos tuvimos gran cariño, no era mi madre, no la consideré así.

— ¿Cómo se llama?

— No quiero acordarme.

Seguían sentados en el sofá, uno junto al otro. El pelirrojo tenía la mirada triste y apagada, Leon le acarició la mejilla.

— Leon… ¿Puedo…quedarme contigo esta noche?... Dormir en tu cama.

¿A qué venía esa petición?

— ¿Qué pasa? ¿Le tienes miedo a la oscuridad? — intentó bromear.

Pero no todas las cosas le salían bien a Kennedy. Como dicen por ahí: "Se le volteó la tortilla". Es decir (y traduciéndolo en este caso), en lugar de alegrar a Steve con su broma, lo que provocó fue entristecerlo.

— Yo… No quiero estar solo— contestó en voz baja. Lo que en realidad deseaba era la tibieza de las caricias de Leon, como aquellas que sintió la primera vez que durmió en su casa, en el sofá de la sala. Anhelaba el calor del rubio al despertar por la mañana, la sensación de que no estaba solo desde el primer segundo del día.

— Muchacho, no te dejaré solo. No pienses esas cosas— enmendó su error—. Prometo quedarme a tu lado y cuidarte.

¿Cuidar de él a qué costo? El policía no se daba cuenta en qué se había involucrado. Pero aún cuando lo descubriera, no se arrepentiría de la promesa que acababa de hacer a Steve.

.-.

.-.-.-. Del otro lado de la ciudad .-.-.-.

En un hospital al sur de la mancha urbana donde vivía Leon, algo se tramaba…o terminaba. En el sótano del gran edificio se llevaba a cabo la culminación de un ruin trato.

Dos hombres, uno con bata blanca y el otro uniformado, conversaban. Cada quien traía un portafolio negro. Los intercambiaron.

— Todo sea en bien de la experimentación y de la ciencia— habló uno de ellos (no muy convencido) y luego suspiró.

El otro sonrió y se marchó para no volver jamás a esa ciudad. Lo que estaba por suceder no quería verlo más que en los noticieros de las nueve.

.-.-.-.

CONTINUARÁ…

.-.-.-.

Nota.- El concepto de "Esplendor" fue tomado de una de las extraordinarias obras de Stephen King: "The shining".

Notas finales.- Espero haber hecho esto de la forma más creíble posible. Es decir, gente que puede leer la mente ¿Cabe eso en una historia de romance dentro de una ciudad cubierta por una sombra misteriosa que no es precisamente de oscuridad?

En fin, a partir del próximo capitulo ya van a ser mis títulos. Creo que no hay más que agregar.

Hasta luego,

Galdor C.