Un intenso olor a productos químicos y podredumbre se cuela por cada resquicio del depósito. Tomo aire, embriagándome de ese aroma tan peculiar y a la vez, característico de aquella zona de la comisaría. Recuerdo las nauseas que esos intensos aromas me producían cuando era una novata. Ahora mi cuerpo se ha acostumbrado, e incluso me resulta reconfortante después de un largo día con olor a mentira, venganza, rencor, odio y envidia sentir como esa fuerte mezcla se apropia de mí.

Camino sin detenerme a observar a todos los trabajadores que se paran a mirar el huracán en el que me he convertido. Ya no soy capaz de controlar mis pasos y corro por el pasillo, estando a punto de tropezar en varias ocasiones. Entro en la morgue como alma que lleva el diablo, provocando que Lanie, que estaba de espaldas a mi, diese un respingo.
Puedo notar su enfado a través de cada poro de su piel, emanando como la lava que corre por la ladera de un volcán tras su erupción.

- ¡Más te vale que sea algo importante Es...! - se gira quedando frente a mi.

Su mirada expresa sorpresa, incredulidad, asombro. Abre la boca tratando de pronunciar algo que finalmente no sale de sus labios. Sus ojos se fijan en los míos, anegados aun por esas gotas que corren libres por mi mejilla.

- Kate, pe... - me lanzo a ella, abrazándola con fuerzas. Había necesitado aquel abrazo tantas veces que ahora no me parece que sea real. Me aferro a ella como si fuese mi tabla de salvación, como si de algún modo su sola presencia fuese a modificar el caos en el que se ha convertido mi vida.
- Cariño, cálmate – me dice mientras se separa de mi y me ofrece asiento en una de las sillas blancas que tiene en su lugar de trabajo - ¿Qué ha ocurrido con Castle?
- ¿Cómo lo has sabido?
- Vamos, Kate, te conozco. Solo hay una persona capaz de hacerte llorar de ese modo: el chico escritor. Nunca te he visto así, no te reconozco. ¿Qué sucede?
- Es... es una larga historia.
- Tengo todo el tiempo del mundo.

Poco a poco le fui contando todo lo sucedido desde lo sucedido desde el momento en que Castle me pidió matrimonio, sin saltarme un solo detalle. Confiaba en ella y necesitaba sus palabras.

- Hace dos semanas que no sé nada de él, Lanie – concluyo – Creí que lo tenía superado, que él ya no formaba parte de mi vida, que podría seguir adelante. Pero hoy me he dado cuenta que no puedo Lanie, no puedo.
- Cariño, ¿y por qué no te paraste a pensar en la estupidez que estabas haciendo?
- Lo que menos espero por tú parte es que me sermonees, para eso me basto yo sola.
- ¿Y qué quieres que te diga, Kate? Has desaprovechado la oportunidad de ser feliz, cerrándote por completo poniendo como excusa tu trabajo, como siempre haces.
- ¿A qué te refieres?
- Vamos, Kate, no te hagas la tonta conmigo. Sabes tan bien como yo que cuando una relación comienza a ir en serio, buscas una excusa para salir corriendo. Nunca has dejado que ningún hombre conozca a la verdadera Kate Beckett por ese muro que tú misma construiste. Sinceramente, tenía mis dudas de que alguien lo consiguiese cuando apareció Castle. Con él te he visto ser tú misma, sin esconderte detrás de esa máscara que te cubría permanentemente. Jamás creí que pudieras enamorarte de un hombre como lo hiciste del escritor, permitiendo incluso que destruyese ese muro. No puedo creer que después de dejar tus miedos de lado, vuelvas de nuevo con lo mismo y lo eches de tu vida.
- Yo no lo eché de mi vida, Lanie. No podía rechazar el irme a Los Ángeles. Firmé un contrato de permanencia por el que me comprometía a tener disponibilidad para trabajar en otras ciudades y Castle no podía venir conmigo. No podía ser egoísta y pedirle que se quedar a mi lado cuando casi no nos veíamos viviendo bajo el mismo techo. Lanie, lo hice pensando en él.
- Pues debiste pensar en él mucho antes, cariño – me dice suavizando su tono de voz - ¿No te has dado cuenta que has sido tú quien lo has echado de tu lado? Castle lo dejó todo por ti y se marchó contigo a DC, y tú solo te centraste en tu trabajo. Si sabías que esa sería tu vida, ¿por qué no pensaste entonces en él y le dijiste que no te acompañara? No quisiste ser egoísta cuando le dijiste que volviese a Nueva York, sin embargo, ya lo habías sido. Querías tenerlo junto a ti sin dejar la nueva oportunidad que se presentaba en Washington y, en lugar de tratar de hacer compatible tu vida personal y la profesional, tiraste por la borda lo que Castle con tanto esfuerzo había conseguido: que te abrieses a él y consiguiese conocerte de verdad para formar parte de tu vida.

Rompo a llorar nuevamente ante sus palabras y esta vez sin consuelo alguno. No puedo dejar de pensar en él, en ese reproche en forma de mirada con la que se despidió de mi y me derrumbo. Lanie se acerca a mi y me abraza sin decir nada más, dejando que libere todos mis emociones en forma de lágrimas. No recuerdo en que momento Lanie se convirtió en la voz de mi conciencia pero lo cierto es que por eso acudo a ella cuando necesito ayuda o algún consejo. Y ahí está, dando en la clave, como siempre. Ella ha hecho que me de cuenta que he sido yo la que lo ha apartado de mi vida, así que tendré que ser yo quien mueve ficha esta vez.


Los rayos del sol se cuelan tenuemente a través de la ventana alumbrando la oscura habitación. Me despierto sobresaltada, empapada en sudor y atemorizada. De nuevo he vuelto a tener aquel sueño que se me repite una y otra vez y en el que él es el protagonista. Agoniza sin que yo pueda hacer nada por evitarlo, muere en mis brazos por no haber dejado de lado mis miedos y haber permitido que hiciese su vida sin estar yo presente en ella. "Debo hacer algo con mi vida, no puedo seguir así" me digo a mi misma. Miro el reloj de mi móvil y descubro horrorizada que son las ocho de la mañana.

- No puede ser. Llego tarde – digo en voz alta, como si alguien pudiese oírme, algo imposible ya que estoy sola.

Enfadada conmigo misma por haber dejado que aquel sueño me alejara de la realidad durmiendo más de lo debido, me levanto como un resorte y me dirijo al baño. Necesito darme una ducha pero casi no tengo tiempo de relajarme y aclarar las ideas cuando debo salir corriendo para llegar al trabajo a tiempo.

Hace una semana que llegué a Nueva York y aun me parece que estoy encerrada en la estresante vida que llevaba en Washington. Mi vida se ha vuelto a centrar en el trabajo, algo que no ha pasado desapercibido para Lanie, quien no ha consentido un no por respuesta a su plan de salir esta noche y disfrutar de nuestra soltería. Yo alegué que aun seguía prometida, no me apetecía pensar en hombres cuando tenía a uno en la cabeza y parecía no tener intención de salir, al menos de momento, pero de nada sirvió mi excusa. En el fondo sabía que tenía razón, no podía seguir marchitándome así.

Rodeo mi cuerpo con una de las toallas del baño y me dirijo al armario en busca de la ropa para ir a trabajar. Una camisa de cuadros violetas con las mangas ajustadas al codo y un pantalón vaquero junto con unos zapatos negros de tacón es lo que elijo. Me fijo algunas mechones que de manera natural tienden a ondularse y me maquillo suavemente, de manera que quede natural. Miro mi reloj de pulsera y me maldigo.

- Debí levantarme antes. Necesito una taza de café pero no tengo tiempo... ¡Maldito seas, Castle!

Cojo las llaves del coche y entro en él sin perder el tiempo. Si no me doy prisa llegaré tarde y lo que menos necesito es una de las broncas de Gates, no estoy de humor para soportarla.

Conduzco respetando las normas de circulación ya que, para mi sorpresa, las carreteras están desiertas. Cuando estoy a dos manzanas de la comisaría, mi teléfono comienza a sonar.

- Beckett – contesto.
- Beckett, tenemos un nuevo caso – me informa Esposito – Apunta – me dice mientras anoto mentalmente la zona que me explica.
- Estaré allí en media hora – escucho de fondo como Ryan le pregunta algo y el moreno se despide de mi para volver al trabajo.

Atravieso la 65th con Madison Avenue y continuo por Park Avenue para tomar la 60th hacia Brooklyn, temiendo que el tráfico por allí fuese intenso, pero la suerte parece estar de mi lado y conduzco sin problema hasta la zona que Esposito me indicó.

- Ryan, ¿qué ha sucedido? - le pregunto cuando llego después de dar varias vueltas a la manzana en busca de un aparcamiento.
- Mira allí – señala con la mano una de las cabinas de la noria de Deno's Wonder Wheel Amusement & Kiddie Park – Los operarios están tratando de bajar a nuestra víctima de allí.
- ¿Cómo se dieron cuenta...
- … de que había una persona muerta allí? - concluye Esposito acercándose hacia nosotros. Yo asiento – He hablado con el dueño de la atracción. Al parecer no recordaba haber visto bajar a nadie de aquella cabina en los tres últimos viajes que hizo desde que se montó esa persona. Decidió echar un vistazo pero el motor se paró y no pudo hacer girar la noria, así que pidió la grúa a uno de los feriantes para ver que sucedía en aquella cabina. Así lo descubrió.
- ¿Te ha dicho algo más? ¿Recuerda haber visto algo fuera de lo común cuando esa persona se subió a la cabina?
- Palabras textuales – Esposito busca en su cuaderno hasta que comienza a leer – "No era un tipo mucho más raro de los que se suelen pasar por aquí" - el detective cierra aquel pequeño libreto y fija sus ojos en mi – Al parecer, el tipo de personas asiduas a este lugar hizo que el feriante no prestase demasiada atención a nuestra víctima. Me dijo que ha visto tantas cosas desde que está trabajando aquí que ya nada le extraña.
- Ryan, quiero que hables con los trabajadores del parque y te faciliten todas las cintas de las cámaras de seguridad que haya. Esposito, trata de hablar con personas que hubiesen visto a nuestra víctima por los alrededores de la noria. Necesitamos alguna información que nos lleve al origen de todo esto.

- Ya vuelve a ser la misma de siempre – escucho que le dice Ryan a Esposito.
- Se la ha echado de menos – comenta Esposito y Ryan asiente.

Una amplia sonrisa aparece en mis labios. Había extrañado aquello, el tener a un equipo conmigo con el que contar tanto profesional como personalmente. En la 12th tengo a mi familia, porque no solo son compañeros de trabajo, son mucho más, algo que ahora valoro en mayor medida. Se suele decir que no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde, una frase que parece estar hecha para mi. Sé que a ellos nunca los perdí ni los perderé, pero en cierto modo los sentía fuera de mi vida en DC. Renuncié a mucho más que dejar la comisaría, renuncié a mi estabilidad, a ese colchón construido a través de fuertes lazos de amistad que evitaba mis caídas, a ese amor incondicional que solo la familia es capaz de ofrecer de manera altruista, renuncié a mi vida tal y como la conocía para emprender un nuevo camino hacia lo que yo esperaba que fuese la felicidad plena. Pero, ¿qué es la felicidad? Creía no conocerlo, cuan equivocada estaba. La felicidad no es un estado permanente, no es algo que te pueda acompañar durante toda la vida. La felicidad es perecedera, tan pronto llega, se va, es como aquellas estrellas fugaces que tras su paso crees haber sido protagonista de un mero espejismo. Felicidad son aquellas pequeños momentos de nuestra vida en los que nos sentimos plenos, afortunados, en los que una sonrisa aparece en nuestro rostro sin motivo aparente, en los que vivimos en una burbuja a la que intentamos que todo el que nos rodea, entre. Porque cuando se es feliz, solo quieres compartirlo con los demás y que todos se contagien de ella.

- Vaya, chica, ¿tengo que felicitarte por algo? ¿Hay un nuevo hombre en tu vida?
- ¿Por qué lo dices?
- Tienes esa cara de boba que solo se tiene después de un buen...
- ¡Lanie! - la paro antes de que siga con sus insinuaciones – Estás muy equivocada.
- ¿En lo del hombre o en lo de la sesión de …?
- Para ya – la fulmino con la mirada – Tenemos trabajo que hacer – Camino unos pasos y me giro hacia ella – Estas equivocada en todo.
- Eso va a cambiar. Prepárate para esta noche.

Tan solo esas palabras son suficientes para hacerme temblar. Sé que si se lo propone, Lanie puede ser muy insistente. Esta noche promete ser una de esas en las que se sale con la suya. Ya me imagino rodeada de viejos compañeros de Lanie o en una de aquellas discotecas de moda llenas de babosos. E inevitablemente sonrío, sabiendo que mi vida no tendría chispa si Lanie no estuviese en ella.

Sin mediar una palabra más, pasa ante mí y me sonríe pícaramente, antes de dirigirse hacia donde los operarios se encuentran intentando aun bajar a la víctima.

Una hora después, el cuerpo de la persona hallada en la cabina de la noria ha sido bajado tras un arduo trabajo de los operarios.

Cuando me acerco a Lanie, esta ya está tomando datos sobre la víctima.

- Varón, entre 30 y 35 años. Por sus rasgos y su tonalidad de piel, diría que es latinoamericano. No presenta signos de violencia. Todo parece indicar que fue una muerte natural. Necesitaré conocer su identidad para tener acceso a sus informes médicos. De ser cierta la primera impresión que da, esto no sería un caso nuestro. Podré darte más información cuando lo lleve a la morgue.

Anoto todos los datos y asiento.

- Te daré toda la información cuando disponga de ella.

Le hago una señal a Esposito para saber si ha descubierto algo más, pero este niega. Ryan sigue hablando con los operarios, así que a falta de tener nuevas pruebas, no puedo hacer nada. Informo a Esposito que me marcho a la comisaria y me dirijo al coche.

La última semana ha sido un caos en la 12th. Durante el año que he estado fuera, Gates, en un intento por mantener la unión de equipo, decidió darle mi puesto a una veterana inspectora conocida por su mano dura. Según me contó Ryan, la capitana parecía blanda comparada con Juls, la nueva inspectora. Su severidad se hizo patente en pocos días y así el equipo comenzó a trabajar a destajo sin dejar de maldecir el momento en que Gates decidió darle el puesto. Acostumbrada al trabajo de calle, Juls dejó abandonado el papeleo, haciendo que los detectives tuviesen que imitarla. Todo ello trajo consecuencias y una de ellas fue que, tras mi vuelta, tuve que poner al día todo lo que había quedado relegado durante mi estancia en Washington.

Sonrió pensando la cara de desagrado que pondría Castle si estuviese a mi lado. Nunca le gustó el papeleo, recuerdo que siempre pensé que sería el compañero perfecto salvo por el trabajo de comisaría. Prefería el riesgo, dándole igual lo que pudiese conllevar, a pasar horas entre informes y documentos. En multitud de ocasiones llegué a pensar que realmente estaba hecho para hacer justicia. Su manera de ver las cosas resultaba vital en la mayoría de los casos, pese a que me trajese más de un dolo de cabeza. La sonrisa desaparece cuando miro a mi lado y no lo veo. Pero evito caer nuevamente en ese círculo vicioso en el que él está como protagonista, llevándome a un estado de autodestrucción.

Me subo al coche y respiro hondo, tranquilizándome antes de meter la llave en el contacto y arrancar suavemente. Conduzco con calma, disfrutando de la música jazz que suena en la radio y del paisaje que dejo atrás para volver a mi lugar de trabajo, a las 12th. Tengo mucho trabajo que hacer, además de un nuevo caso y sé que Lanie no me permitirá que esté hasta tarde en la comisaría, no esta noche, no la que ella ha calificado como "la noche de las chicas solteras", así que cuando llego a la 12th, me dirijo a mi escritorio y abro la carpeta con todos los documentos e informes de al menos 30 casos. Suspiro, me paso la mano izquierda por el pelo y me reclino en mi silla. Me doy cuenta que los chicos tenían razón cuando afirmaban que no habían tocado un informe desde que me fui de Nueva York. Hay tantos papeles que mi mente comienza a saturarse tan solo con ver lo que tengo delante. Respiro hondo y trato de tranquilizarme. Aunque no me guste, es algo que debo hacer, es algo que conlleva mi trabajo y de lo que no me puedo librar.

- Me espera un largo día – digo en alto antes de centrar todo mi atención en la multitud de papeles que he esparcido por mi escritorio, delante de los que pasaré largas horas.