An addiction for a escort.


Summary: Bella Swan había tenido un pésimo día y tenía que buscar un reemplazante que cumpliese con el perfil de Gigoló, nada fácil. Todo se complica cuando encuentra al candidato indicado y no sólo para ese trabajo.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, pues fueron creados por Stephenie Meyer. Y mi inspiración para esta trama fue extraída de la novela mexicana Las Aparicio, en especial de Alma Aparicio, aún así la narración es mía por lo que queda estrictamente prohibida la copia parcial o total del texto sin mi autorización.


Capitulo IV

Acorralada por un Escort.

Regalito para mi queridísima hermanita AnneHilldweller, a decir verdad amo esta idea y me alegra que te este gustando.


Evadir a Edward Cullen no estaba funcionando, llevaba dos días diciéndole a mi secretaria que le entregase los sobres con los lugares y los nombres de sus clientas, pero todo parecía empeorar al no querer verle, pues los recuerdos seguían igual de frescos en mi mente y esto era algo que se me estaba yendo de las manos.

¿En qué momento me dejé llevar así? ¡Oh, Dios!

Claramente no podría evitar a Edward cuando le presentase el resto de los Escort y el modo de trabajo, pero aún así todo iba mucho más complejo de lo que creía, sin duda esto empeoraría en el momento que tuviese que hablar con él en privado.

Realmente este comportamiento me desconcertaba ¿Dónde había quedado esa Isabella Swan femme fatale…? ¿Acaso habría huido al ver que estaba allí el macho alfa que creía imposible encontrar? De inmediato detuve mis pensamientos, jamás había creído que encontraría a ese hombre y nada me aseguraba que ese hombre fuese Edward, sin duda mi cerebro me jugaba una mala pasada, una muy mala pasada al asociar mi hombre perfecto con Cullen… ¡ah, no! Eso si que no…

—¿Puedo pasar? —interrumpió mis pensamientos Alice quien venía con una hermosa sonrisa.

—Por supuesto —sonreí intentando olvidar el horrible dolor de cabeza denominado Edward Cullen.

—¡Oh, Bella! —dijo la pequeña dejándose caer en la silla —. Ha sido maravilloso, fantástico, estupendo, no sé si sea realmente todo cierto ¿Le has dicho que sea así de atento con todas las clientas o en especial conmigo? Porque si ha sido lo último debo decirte que me alegraría y a la vez todo lo contrario, lo primero porque ha sido un hermoso detalle de tu parte que así fuese y lo segundo porque no fue natural conmigo y eso me desilusionaría de una manera atroz y lo peor es que…

—Detenta ahí, Alice ¿De qué me hablas?

Mi pequeña amiga quedó atónita ante mi interrupción, pero tenía claro que si no la detenía en esos momentos la conversación tomaría otro rumbo y no sabría como se originó.

—De Jasper Bella, ¿De quién más crees que estoy hablando? —dijo ruborizándose.

¡Ay, no…! Esto no me podía estar pasando a mí, ella y Jasper no, ya había perdido a Jacob, a Jasper ahora… no, esto era demasiado para unas pocas semanas, si esto continuaba así terminaría en la ruina…

—¿Jasper? ¡Ah, ya veo! No, yo no le dije nada, ni siquiera sabía que eras mi amiga, él te trato como a cualquier otra clienta —sonreí.

—¿Cómo a cualquier otra? No creo que a todas les dé su numero de teléfono —sonrió tendiéndome una servilleta con ocho números marcados en ella.

—Alice tu sabes que no puedes tener una relación con los Escort, menos si eres mi amiga, además es su trabajo, debes entenderlo, evita acosarlo telefónicamente y si deseas una hora con un Escort te pediré encarecidamente que no sea él, por favor —le expliqué y rogué por que me hiciese caso, pues rara vez Alice se dejaba llevar por el resto.

—¡Oh, Bella! Pero yo no deseo causarte mal y prometo que si llegase a pasar algo con Jasper no interferiré en tu negocio ni en su trabajo —dijo mientras sus ojos afirmaban dulcemente

lo que me pedía.

—Alice, realmente desearía creerte, pero sé donde llevará todo esto y no deseo que ni tu, ni nadie salga perjudicado y…

En esos instantes sonó su celular, mi amiga no pudo evitar soltar un chillido, mi miró a los ojos y los suyos brillaban de una manera que jamás había visto y me susurró que era Jasper.

Se alejó un poco para conversar con él mientras yo veía como la felicidad de mi amiga estaba en debate con mi negocio, no me quedaría de otra, tendría que buscar uno o dos Escort más para prevenir la perdida.

—Bella, cuanto lo siento, pero realmente hay una especial conexión con él y no puedo evitarlo, no puedo.

—No te preocupes, creo que lo mejor es que busque ya un reemplazante por si es que esto pasa a mayores —suspiré.

Mi amiga no tardó en marcharse, al parecer solo esperaba mi aprobación para ser feliz y quién era yo parea negársela, mi amiga se lo merecía, le habían rondado demasiados idiotas como para negarle a Jasper. Después de todo hasta el momento sólo había sido sexo, quizá sólo se quedase en eso, pues nadie ha dicho que el sexo y el amor son lo mismo o van de la mano, las mujeres románticas lo creen, pero los hombres realmente sólo piensan en sexo y el amor es tan secundario como elegir la ropa interior…

En la tarde organicé la reunión pendiente con los Escort ya que aún no había presentado a Edward y era tiempo de que se fuese integrando al grupo de pupilos.

El primero en llegar fue Riley, quien había tenido una cita con María Teresa, una chica muy tímida que prefería mantener el anonimato con ese seudónimo, ni siquiera yo sabía su verdadero nombre.

—Buenas tardes, Isabella —sonrió Riley con su naturalidad y jovialidad que eran muy confortantes para cualquier mujer, incluso para mí.

—Hola ¿Qué tal tu día? —sonreí mientras servía un par de copas.

—Bien, hoy María quiso hablarme, más que nada eso hicimos, no se sentía muy bien y prefirió comentármelo —sonrió.

—Cuidado ahí, no vaya a ser que te estés relacionando más de lo que debes —advertí algo cabreada con el asunto de acercamiento entre cliente-Escort.

—No te preocupes, bien sabes que no faltaré a tu confianza —sonrió.

Riley tenía ese que se yo, esa típica sensación que te entrega un chico dulce y tierno, pero fuerte y fornido, alguien en quién depositaba mi confianza porque su carisma lo decía todo, sin duda si tuviese que elegir un hombre para novio de una amiga sería Riley, pero lamentablemente su corazón había sido roto hace mucho tiempo y ahora estaba intentando reunir los pedazos, realmente deseaba una buena chica para él…

No tardaron en llegar Emmett y Jasper, el último en llegar fue Edward.

—Bien chicos —sonreí al verlos todos sentados en el sofá —. Este es Edward Cullen, esta supliendo a Jacob y se quedará con nosotros, esperemos que por un buen tiempo, espero que le reciban bien y le cuenten un poco de su experiencia.

Fue todo lo que alcancé a decir antes que Edward comenzase a hablar presentándose a sí mismo y mirándome de vez en cuando provocándome los más íntimos recuerdos, recuerdos que se fueron directo a mis mejillas con una sensación de calor atroz.

Mis experimentados Escort, le dieron una calida bienvenida mientras comentaban lo agradable que era el trabajo para ellos y lo grato que era tener este tipo de libertades, Edward les realizó un par de preguntas que fueron bien recibidas por el resto de los chicos.

—¿Cómo lo hacen para tener una pareja estable? Digo… porque ¿Ellas lo saben no? —dijo Edward algo confuso.

Las miradas de Edward eran persistentes, quizá el resto lo notase y realmente quería evitarlo así que me puse de pie y caminé hacía el ventanal que estaba de espaldas a Edward, mientras escuchaba atenta la conversación.

—Bueno en mi caso —respondió Riley— prefiero mantenerme soltero, este es un buen trabajo, no son demasiadas horas, es un excelente sueldo, sin contar que lo que haces no es algo que digamos… no te guste ¿No? Entonces tener una novia lo complica todo, por mi parte prefiero la soledad —sonrió Riley.

Detrás de esa hermosa sonrisa yo sabía que existía, existía dolor y sufrimiento por un amor roto, corrompido por un tercero que le arrebató a la mujer que el amaba y ama aún… Riley era admirable, su adorable sonrisa llegaba a todos y nos alegraba a pesar de que en su interior estuviese sufriendo.

—Yo creo que son compatibles —añadió Emmett —. Es decir, es complejo llegar y decirle a una recién conocida en lo que trabajas, pero si ves que es importante en tu vida y ella realmente desea algo contigo lo debería terminar comprendiendo, si no fuese así entonces ella debería ser muy especial para mí como para dejar este trabajo, pero por ahora las chicas que pasan en mi vida son tan duraderas como mis citas con las clientas, una hora como mucho —sonrió.

—Yo, difícilmente creo que una chica acepte algo así y no lo espero, en estas circunstancias lo mejor es la soltería, pero cuando hay una chica especial, que te conoció en este rubro, quizá se albergue la posibilidad de mantener las dos, pero tarde o temprano siempre habrá elección —respondió Jasper bebiendo de su copa.

Edward volteó a mirarme, comprendía perfectamente esa mirada sin tener que escucharlo con palabras, él pensó en mí al hacer esa pregunta, realmente saber lo que pensaba era aterrador. La conversación era fluida, todos parecían interesarse en el pasado de Edward y en cómo lo había encontrado en aquel bar.

—Bueno, yo la vi sentada en la barra, estaba siendo acosada por un hombre mayor, creo que el barman se encargó, me senté a su lado y el resto del trabajo lo hizo ella —sonrió Edward.

—Créanme que resulto muy fácil convencerlo, aunque se asustó bastante cuando le dije para qué lo quería —reí ante los demás Escort intentando crear un ambiente de naturalidad que en esos momentos se me veía imposible.

—¿Asustado? —reclamó Edward sosteniendo su mirada, mirada que sin duda me erizaba todos los cabellos que cubrían mi piel —. No estaba asustado, pero es raro que te acuestes con una mujer y resulte que eres la prueba para un negocio.

—¿No creerías que una mujer como Isabella simplemente te buscaría a ti? Eso es tener ego —rió Riley.

Agradecí al chico esa bajada de ego que le dio a Edward, pues se notó que le afectó.

—Vaya, pero ¿Por qué no? Si me eligió es por algo ¿No? —rió con esa maldita sonrisa de medio lado que me dejaba knockout.

—Si, puede ser ¿Por qué lo elegiste a él? —dijo Jasper.

—Simplemente era el único que vestía decente y era de la edad que buscaba —respondí con sinceridad, aunque omití que era el único guapo, sexy, caballero, joven, bien vestido y de los ojos más hermosos que haya visto.

—¿Y en nosotros? Nunca nos has dicho que nos viste —dijo Emmett.

—¡Ay no, chicos! En serio, no pueden ser tan ególatras para querer saber que le vi a cada uno —reclamé.

—No presionemos a la jefa, no vaya a ser que nos dejen patitas en la calle a todos por andar a acosando —añadió Riley.

—Pero si ella acosó primero —rió Emmett.

—Muy gracioso, pero no te olvides que tienes cita con la francesa —sonreí.

La francesa era una de las más complicadas clientas, siempre tenía exigencias nuevas, quería nuevas posturas, nuevas maneras y todo era experimentar, si Emmett no iba preparado para mostrarle algo nuevo, de seguro ella terminaría dejándole con la moral baja.

—¿Quién es la francesa? —dijo Edward.

La hora avanzaba rápidamente y yo debía salir esta noche en busca de un Escort más, pues si me faltaba Jasper o en realidad cualquier otro, era mejor estar preparada, así que luego que dejé entablada la conversación entre chicos decidí que lo mejor era marcharme.

—Bien chicos, cada uno ya recibió sus clientas para mañana y para el fin de semana, lo que es yo debo retirarme, ando en busca de otro Escort y se me hace tarde —dije bebiendo la última gota de mi vodka.

—¿Otro Escort? —dijo Emmett —. ¿Qué no somos suficientes?

—Emmett, no se trata de que sean insuficientes, se trata que la cartera de clientas aumenta demasiado y ustedes deben dar un buen servicio, una buena calidad y eso es importante, por eso buscaré otro Escort —le expliqué.

El rostro de Edward me miraba fijo a los ojos, en toda la noche no lo había dejado de hacer, pero ahora su mirada calaba hasta mis huesos y un frío interno me hizo estremecer, como si una corriente de aire hubiese rozado toda mi piel desnuda.

Intenté desviar mi atención sobre él, sabía que cualquier mínimo acercamiento me haría perder la razón y no era adecuado.

—¡éxito Bella! —sonrió Jasper antes de que saliese del departamento.

—No hace falta que le desees éxito a la jefa —rió Emmett —. Ella siempre elige al indicado, jamás falla—sonrió.

—¡Dejen ego para el resto del mundo! —grité antes de salir.

Tras de mí sentí la risa de los chicos ante mi comentario, estaba bien que les dijera que subiesen su estima, pero todo cuando se trata de hombres es amplificado y aunque ellos sostengan que somos nosotras las paranoicas, histéricas y exageradas, son ellos los que le tienen miedo al hombre de la bata blanca, pues es cosa de decirle que deben ir al doctor y arrancan peor que un gato al ver la bañera.

Bueno, fuese como fuese, esta noche tenía que buscar un patrón completamente distinto de hombre, uno al cual pudiese armar de cero y que estuviese lejos de lo esperable en todo sentido, necesitaba subir mi autoestima y si convertir un fracasado en exitoso hombre de negocios, sensual y todo eso… sin duda me ayudaría, entonces me las daría de la mujer de la caridad.

Llegué a mi departamento, me dejé caer en la cama tan sólo por dos segundos, pues mi tiempo valía un Escort y no tenía tiempo que perder, suspiré aliviada de pensar que lo peor con Edward Cullen había pasado, hoy en la velada sin duda estuvo bastante distanciado, aunque sus miradas asesinas eran una excepción de lo que yo llamaría indiferencia, sobreviví a cada una de ellas sin ningún rasguño, creo.

Una ducha, cuando se trataba de Edward Cullen lo mejor era una ducha, con agua bien fría y así nada de lo que él hiciese podría parecerme agradable, en realidad con el frío ni siquiera podría pensar en ese personaje de mi vida que alteró todo lo establecido en ella.

Tal y como supuse el agua logró tranquilizarme, aunque he de confesar que sólo fue un par de segundos fría, pues no me iba a martirizar por un completo idiota.

Utilicé uno de mis tantos vestidos de femme fatale, esta noche iría de caza y Gucci sería un buen tema para mi estilo. Si, porque todo iba según lo que deseara y si quería conseguir un candidato moldeable siempre elegía Gucci, una costumbre que me servía de bastante en el momento preciso.

Una vez lista, con mi vestido rosa estilo vintage pero sobre la rodilla, mi boina negra, mis tacones Gucci y mi bolso Prada, estaba lista y dispuesta para el ataque.

No buscaba alguien experimentado, todo lo contrario, esta vez quería un bohemio y para encontrar ese estilo de hombres debía ir al otro lado de la ciudad, Verona's bar, era perfecto y me ofrecía un amplio campo a investigar.

Tomé el taxi más que atrasada, la conversación con los chicos había sido bastante extensa, más de lo que había creído que sería.

Me bajé en el Verona's Bar esperando encontrarme con esa panorámica clásica de aquel lugar, jóvenes desorientados de unos veinte a veinticinco años, la mayoría universitarios, aburridos del drama familiar que salen a esparcirse y olvidarse del mundo, muchachos que sin duda no me vendrían nada de mal.

Entré al local y el barman me dedicó una sonrisa desde la barra, ya era conocida en el Verona's de hecho había pasado gran parte de mi tiempo aquí, cuando mis padres se separaron me venía a conocer gente y olvidarme de los problemas, no era la manera más sana, pero si la más útil.

—¿Cómo estás? —sonrió Rick.

—Bien, cariño ¿Y tú? —sonreí.

—Bien también ¿Lo de siempre? —dijo mientras secaba unas copas.

—Estará bien para iniciar —sonreí.

Rick me hacía un preámbulo de todo lo que ocurría en el bar, de los clientes frecuentes y así iba descartando posibles errores que pudiese cometer al elegir un futuro Escort.

Había bastante gente allí, sin duda este había sido el día y la hora indicada.

Me bebí con lentitud mi vodka pues nada me apuraba, tenía una noche larga e interesante.

—¿Qué hay de nuevo? —dije a Rick.

—Aquel de ahí es nuevo —señaló un chico sentado sólo en una mesa —. El primer día vino se sentó en la barra y no paro de beber hasta que quedó como estropajo, creo que problemas del corazón y económicos. No hay peor combinación ¿No crees? —sonrió.

—Cierto, ¿hace cuantos días que está así?

—Varios, demasiados para mi gusto, lleva como dos semanas, creo que debió dejar arquitectura y ahora se queda a limpiar el bar por las mañanas para ganar algo de dinero que gasta todo en bebérselo por la noche.

—¿Se le ha acercado alguna chica?

—Rechazó a la última, que fue antenoche, desde ahí nadie se le ha acercado —explicó.

Perfecto, asocial, sin estilo, guapo y con potencial, sin el corazón ocupado y quizá hasta despechado, era perfecto, terminaría convirtiendo a este chico en un verdadero muso y sabía que a pesar que fuese un trabajo arduo lo lograría al cabo de unos meses.

—¿Sabes su nombre? —dije algo inquieta por acercarme a él.

Rick sonrió.

—Seth —sonrió —Así se llama.

—Gracias, Rick, tu siempre tan amoroso —dije mientras le cerraba un ojo.

Caminé con decisión, esta era mi prueba que sólo estaba embobada con Edward y que nada más que eso, esto era para demostrarme a mi misma que si era capaz de crear a alguien a mi medida, que si necesitaba el hombre perfecto, yo misma podría tenerlo con sólo guiarlo. Seth se veía un chico voluble, pero con una buena guía podría tener mucho potencial.

Estaba por llegar a la mesa cuando fui interceptada.

—Tengo que hablar contigo —escuché un susurro conocido.

Volteé para confirmar lo que mi mente ya sabía. Edward.

—¿Qué demonios haces aquí? —dije sin comprender como llegó acá.

—Es importante —dijo acortando la distancia de nuestros rostros y mirándome fijamente a los ojos, sentí como un escalofrío recorrió mi cuerpo y la piel se me puso de gallina.

Me tomó del brazo, sin dar explicaciones y me sacó del local. Caminé junto a él de mala gana, pero no quise montar un espectáculo por eso mismo le seguí sin protestar, una vez fuera dejé estallar mi ira.

—¿Qué haces aquí? ¡No ves que estoy trabajando! No me sirve tu presencia aquí —le recriminé.

—Bella ¿Qué ibas a hacer? —dijo mirándome seriamente, no había obscenidad en su mirada, no había deseo ni pasión, simplemente ira, una extraña ira que resaltaba el color de sus ojos que brillaban aún más.

—¡Cullen, eso no es de tu incumbencia! ¿Me seguiste? —reclamé.

Él no me respondió.

—Dejemos clara las cosas, otra vez —alcé la voz —. Tú eres mi empleado, yo tu jefa, yo busco nuevos Escort, tu te vas a tu casa a descansar para la clienta de mañana, el tu y yo no existe, si te das cuenta nos venden por separado —le expliqué tal cual niño de seis años.

Edward me miró con recelo.

—¿Quién te ha dicho que he venido a decirte ese tipo de cosas? No te superestimes, en serio Bella, yo no he venido a arruinarte la noche, tal cual crees, he venido a salvártela —sonrió.

Odié con todo mí ser en ese momento, haber dicho palabras de más ¿Es que acaso no habían venido a impedirme que me acostase con otro que no fuese él? Dentro de mí eso deseaba.

—¿Entonces? —hice sonar mi taco de Gucci en el cemento —. Si no viniste a eso ¿A qué mierda viniste?

Edward se silenció.

—Touché —sonreí —El silencio otorga, no tienes nada que hacer aquí.

—Ibas a contratar a mi primo —sentenció.

¿Qué? Eso me sonaba a escusa barata.

—¿Es tú primo? —sonreí —. Mejor así, más confianza es de la familia ¿No?

—Mi familia no sabe a que me dedico, ellos creen que aún estoy en la bolsa trabajando —explicó.

—Edward, ¿Dónde quedó tu profesionalismo? Por favor, realmente si tu primo aceptara estaría en la misma condición que tú, créeme que esto es confidencial, podría no saber que eres parte del negocio —expliqué disfrutando su contrariedad.

—Bella, mi profesionalismo se fue a la mierda cuando me rompí las reglas del contrato teniendo sexo contigo de nuevo —me susurró demasiado cerca.

El hielo que recorrió mi cuerpo era placentero, era una sensación exquisita, como deseaba que ese frío que me recorría fuesen los labios fríos de Edward, ese hombre tenía algo en él que me regocijaba con sólo saber que posaba su mirada en mis curvas. Excitante.

Me separé de aquella cercanía, era peligroso, caer con Edward de nuevo era demasiado. Era como si bailase por tercera vez con el mismo hombre, en el mismo salón, con los mismos espectadores, eso ya demostraba demasiada debilidad.

—Edward, esta bien, por esta noche no tocaré a tu primo, pero tiene potencial, eso no implica que busque a otro hombre. Necesito un Escort —expliqué.

—No me interesa —añadió mirándome fijamente a los ojos mientras tomaba uno de mis brazos con fuerza, reteniéndome frente a él —. No me interesa que sea mi primo u otro, me da igual, no quiero saber que has hecho la prueba a otro de la misma manera que hiciste conmigo —explicó.

—Edward, suéltame —dije con decisión, no podía poner el corazón antes que la razón, no otra vez y no esta vez —. Suéltame ahora si no quieres que te despida.

—Hazlo, me quitarías el suplicio de verte como mi jefa, de saber que estas con otros hombres que no son yo. Isabella, desde el momento en que tú dejaste que bebiese del perfume intimo de tu ser que no he podido pensar en otra mujer, he estado con las clientas pensando en ti, esto ya me supera ¿Qué mierda me hiciste, bruja? —grito.

¿Qué? Edward… ¿eso intentaba ser una declaración?

—Edward, eso es simplemente porque la técnica que usamos esa noche une a la química de ambos cuerpos, se te quitara cuando dejes de verme, estas bajo los efectos químicos del buen sexo que tuvimos, cuando se te quite en unas semanas podrás darte cuenta que esto no es más que eso, por favor no te apresures —sonreí.

Y lo que le decía era cierto, habían distintas técnicas antiguas, técnicas amatorias que ataban al otro ser a ti, pero eso no era amor, era química, sexo, del buen sexo que pocos sabían manejar, Edward estaba bajo los efectos de aquello, simplemente eso.

—Ahora debo entrar —expliqué.

Salí del estacionamiento, incomoda por la conversación y triste, hubiese deseado que lo de Edward fuese real, por un momento creí que eso era una declaración de amor y mi corazón se exaltó, pero realmente sabía que no lo era, ocupar ese tipo de técnicas con Edward fue cruel, el arte amatorio debe ser cuidadoso, ahora Edward estaba "enamorado" del sexo que teníamos y pronto lo olvidaría dejándome en el olvido, aunque yo no quería que así fuese, sabía que era lo mejor.

Ya no podía tocar a Seth. Así que me acerqué al barman y le pedí otras referencias, me dio unas bastante interesantes, un chico llamado Eric estaba sentando allí, al parecer con problemas amorosos y sin un centavo más para comprar otro trago, me acerqué a la mesa.

—¿Puedo invitarte a otro? —sonreí.

Levantó su rostro y tenía unos ojos verdes preciosos, sonreí ante la admiración de mi cuerpo, él me recorrió una y otra vez, de seguro no podía creer que una mujer como yo se fuese a encontrar interesada en alguien como él, su baja autoestima me ayudaba a seguir.

—Claro —sonrió.

Le pregunté banalidades típicas, él también me preguntó algunas cosas, al cabo de un rato su mano buscó la mía y con la otra acarició mi rostro. Era un chico tierno, me miraba con admiración, quizá sería un buen pupilo.

Le invité a irnos a algún lugar más íntimo y aceptó.

Pagué la cuenta, sonreí a Rick, quien me dedicó otra sonrisa y luego de eso salí a esperar un taxi junto a Eric, quien había posado suavemente sus labios sobre los míos. Hasta él momento no lo había besado, si no que él se acercó y me beso suavemente, una sensación extraña me invadió algo muy similar a la incomodidad.

—¿Pasa algo? —dijo notando mi estado.

—De todo, cariño —sonreí mientras me apoderé de sus labios intentando olvidar que esto me invadía, intentando ser profesional.

El taxi se demoraba en llegar y la impaciencia me invadía, la incomodidad y la exposición pública.

Eric me abrazó de la cintura y me apegó a él, entonces reposé mi rostro en su pecho, añorando que fuese el pecho de Edward, reconociendo en mi interior que él era mucho más importante de lo que yo creía.

Nos besamos con más seguridad, entonces Eric comenzó a dejar caer sus manos a mi cintura, y luego un poco más abajo, algo que me incomodó porque estábamos a mitad de la calle.

No sé como ni cuando, separaron a Eric de mí y cuando abrí los ojos Eric estaba siendo amenazado. Edward le tenía sujeto del cuello de la camisa y le alzaba en el aire.

—¡Vuelve a tocar así a la Srta. y te juro que te rompo la cara! —gritaba sin soltar a Eric.

—¡Déjalo ya, Edward! —chillé entre extasiada, enojada y asombrada.

—¡Este pendejo no tenía respeto por ti! —chilló mientras la sangre caía de la nariz de Eric.

Este no podía defenderse, estaba en desventaja en todos los sentidos posibles.

—Te voy a soltar y espero que huyas lo más rápido posible antes que me arrepienta de dejarte marchar —dijo Edward con una voz ronca.

Así fue, Edward le dejó caer y este salió corriendo sin mirar atrás.

El silencio invadió la calle y los curiosos que miraban desde lejos se marcharon quizá por miedo que Edward les hiciese algo.

No sabía como reaccionar, ni que decir, simplemente no comprendí a qué se debió su reacción y de donde demonios había aparecido.

Finalmente llegó el taxi, sin decir nada Edward me abrió la puerta y entré en el automóvil, entonces iba a cerrar la puerta cuando le invité a entrar, este accedió.

—¿Qué demonios ha sido eso? —exigí una vez dentro del coche.

Edward no me respondió y le dio una dirección al chofer para que nos llevase.

—Luego hablamos —dijo sin mirarme.

—¡Edward! Esto no se puede quedar así, ¿Dónde demonios me llevas? Quiero irme a mi casa —exigí.

—Deténgase aquí —exigió Edward.

Me bajó del taxi, le pidió al chofer que nos esperara, juntó la puerta del coche y se alejó un poco llevándome del brazo.

—¿Qué no entiendes? —gritó.

—No, no entiendo —dije molesta —. Interrumpes mi trabajo, eres un estúpido, y más encima te crees dueño de mis acciones ¡Esto no es nada más que obsesión estúpido!

—Me gustas maldita sea —gritó —. Y no tiene que ver con nada de lo que antes me dijiste, esto es en serio, me gustas y mucho y no soporto verte con otra persona, menos con un pendejo que no sabe como tratarte, no soporto tocar otra piel que no sea la tuya. ¡Ya me cansé de luchar por lo que siento por ti! Luché y fue en vano, quizá el pendejo ese que te abrazaba no se merecía que le golpease así, pero ¿No entiendes? ¿De verdad no lo entiendes? Cuando estoy contigo pierdo el control, la razón y la noción del tiempo, sólo sé que tú estas ahí, y que no me perteneces, me sulfura saber que me tratas como a cualquier otro y que no obtengo ni obtendré más de ti porque definitivamente no te intereso —me sujeto de ambos brazos y me miró fijamente a los ojos —. Dime ¿No te intereso?

Me quedé en silencio, congelada, entumecida por mis sentimientos ¿Qué le iba a decir? Cualquier cosa que pensase no podría ser reproducida por palabras, realmente no podría, no sabía que decir y la fuerza de mi voz se escapaba.

—¡Dime algo, Bella! —exigió Edward —. Mierda —susurró para sí —. ¿Acaso no te importo? ¿No soy nada para ti? ¡Bella te estoy diciendo que eres lo único que ha estado en mi mente en semanas! ¡qué me tienes obsesionado contigo! Créeme esto no es por la química del sexo, ni nada de eso. ¡Créeme, eres tú, tu desplante, tu ser! ¡Me tienes hechizado! —chilló.

El taxista tocó la bocina en señal que era demasiado tarde y que había esperado mucho.

—Debemos subir —susurré.

No tenía ánimos de discusión, ni de aclararle que lo que en esos momentos sentía era enfermizo y parte de los efectos del sexo, nada era real y sabía que despertaría de la burbuja decepcionado, así había pasado con cada hombre con él que había estado, surgía una dependencia obsesiva, pero luego de eso todo se esfumaba. Era una especie de maldición.

Subí al taxi esperando que Edward subiese conmigo, pero cerro la puerta del taxi y este me dejó sola allí, mientras que veía por la ventana trasera como Edward se quedaba al borde de la calle.

—¿Dónde nos dirigimos señorita? —dijo el taxista.

Respondí tenuemente la dirección de mi departamento, sin ánimos más que de llorar.

Siempre había sido así, el interés por el sexo, por nuestros cuerpos y jamás por lo que había en el interior y ahora, que me interesaba Edward para algo más, se volvía a repetir la historia, parecía una maldición una jodida maldición que me llevaba a estar con los hombres por sexo y jamás por amor.


Hola chicas.

la verdad es que he tardado en actualizar por falta de tiempo por la U.

Estoy con practicas de hospital y ya ven...

bueno espero que les haya gustado y les cuento que queda el último CAPITULO.

Espero sus reviews ansiosa.

Y les cuento a las chicas que me preguntan por Mr. Misterious.

que me ha costado escribirlo, me siento al pc y nada... pero hago el intento todos los fin de semanas, no las he olvidado pero me ha sido muy dificil.

Perdón.

Manne