Diamante en Bruto
Capítulo 3. Regreso a casa
Diciembre de 2002 (Cuatro años después de la Guerra Mágica)
Los años pasaron, y todos fueron testigos de ello, el trío dorado cumplió casi la totalidad de sus metas, Harry y Ron terminaron sus carreras como aurores, y Hermione hizo lo mismo con la suya, y… lo dicho anteriormente, algo los haría regresar.
-¡Lo logramos chicos!- Dijo Hermione a Harry y Ron al tiempo que bajaban el tren en la estación King's Cross.
-Lo sé Hermione, no creí que eso fuera posible- Contestó un sulfurado Harry al tiempo que sostenía la maleta que llevaba Hermione en la mano. –Todo pasó muy rápido.
Ron se quedó atrás mientras observaba a la reluciente Hermione, dos años no habían pasado porque sí, aun cuando los amigos trataban de frecuentar a su amiga, para Ron el cambio de la chica fue radical, se convirtió en un adulto de 21 años con un cuerpo torneado: piernas largas y definidas, cintura angosta, busto bien formado, delicada de figura, que se remarcaba con el traje sastre color café que llevaba puesto, y el cabello recogido en un elegante chongo alto, al pelirrojo le gustaba lo que veía en su ahora novia.
Ron salió de sus pensamientos por la dulce voz de su amigo ojiverde. -¡Idiota! ¿A caso quieres quedarte atrás?- Ron los alcanzó. –Lo siento- Contestó vagamente.
-¿Pasa algo Ron?- Preguntó angustiada la Castaña, desde que se encontraron una semana atrás para llegar juntos a Londres, Ron estaba ausente, nervioso, como si algo lo mantuviera ocupado.
-Nada amor, simplemente estoy pensando en lo hermosa que te ves hoy.- Anunció dulcemente, la castaña se sonrojó.
-Si siguen así tendré que pedir una bolsa para vomitar mariposas.- Anunció burlonamente Harry, aunque no le extrañaba el comportamiento de ambos "tórtolos a tan sólo 8 meses de noviazgo.
-¡Basta Harry!- Peleó juguetonamente Hermione, los había extrañado.
Al fin, luego de bromas, risas, riñas y miles de paradas para comprar cuanta cosa se encontraban, Hermione, Ron y Harry llegaron a la madriguera, donde fueron recibidos por toda una manada de pelirrojos que les esperaban con muchos abrazos, felicitaciones y mucho mucho mucho amor.
Así, que al asomarse a unos metros de la madriguera no les sorprendió encontrar en la entrada principal una enorme lona que contenía una foto de los tres chicos del día de su graduación, donde estaban abrazados y en la parte de debajo de la fotografía una leyenda que decía: "Bienvenidos a su hogar", lo que provocó las lágrimas alegres de Hermione, y un leve puchero de Harry que abrazó calurosamente a su amiga, muy contrario a Ron, que hizo un miniberrinche, pues se veía fatal en esa foto.
-¡Llegaron, al fin llegaron!- Gritó emocionada Ginny saliendo al alcance del Trío de Oro, y lanzándose a los brazos de Harry, que la rodeó por la cintura y le dio un tierno beso.
El resto de los Weasley no tardaron en salir al alcance, donde luego de instalarlos en sus habitaciones hicieron una pequeña reunión para celebrar la graduación de los chicos.
-Hermione… ahora eres tú quien está en excedente pensativa.- Dijo Harry a su amiga que se encontraba sentada en el cobertizo trasero de la Madriguera, viendo cómo los gnomos iban regresando al patio de los Weasley.
-Nada Harry.- Dijo mientras respiraba hondo. El pelinegro la escrutó con la mirada, esa mujer no sabía mentir. –Esperaba compartir todo esto con mis padres. Siguen en Australia, y no sé cómo llegar a ellos, ¿Qué les voy a decir? Harry, hace cuatro años que no saben ni siquiera que tienen una hija, cuando les regrese la memoria me van a odiar, ¿Con qué cara les digo que los abandoné? ¿Que les arrebaté sus derechos como padres… que ni siquiera…
-Lo hiciste por su bien.- Interrumpió Harry. –Ningún hijo renuncia a sus padres si no es por amor, tú no tenías elección, pero, ahora ya todo está bajo control, puedes traerlos de vuelta a Londres, recuperar el tiempo perdido, que tu padre odie a Ron, tu novio, que me adopten a mi como nuevo hijo- Guiñó el ojo. –no te adelantes a lo que no sabes si va a pasar, te van a entender.- Hermione abrazó a Harry, ese tipo siempre sabía lo que tenía que hacer.
NUEVOS FUNCIONARIOS EN EL MINISTERIO
En esta semana, el ya famoso Trío Dorado tomó su protesta en sus nuevos cargos en el Ministerio de Magia:
-Harry Potter nuevo Jefe del Departamento de Aurores.
-Ron Weasley Jefe del Departamento de Misterios.
-Hermione Granger Jefe de Departamento de Aplicación de la Ley Mágica.
"La verdad estamos felices, esperamos de todo corazón nuestra labor sea satisfactoria para todos, creo que estamos en una etapa en la que la justicia debe ser prioridad" Declaró Harry Potter en la rueda de prensa ofrecida por el Ministro Kingsley.
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Draco Malfoy dejó el periódico a un lado y se asomó a la ventanilla del carruaje.
-Harry Potter, efectivamente estás en el Ministerio, ¿Qué es lo que planea mi padre?- Tomó sus guantes, se los puso y se dispuso a salir.
-Hemos llegado señor.- Dijo el chofer al tiempo que le abría la puerta.
-Gracias Amos.- Sí, Malfoy había cambiado mucho, ya no era ningún adolescente que buscaba el cumplimiento de sus más absurdos caprichos, se había convertido en un hombre, un atractivo hombre, sus ojos eran penetrantes, grises, su cabello estaba acomodado de tal manera que parecía no moverse nunca de su lugar, y su cuerpo era de un adonis, en fin, era un hombre que arrancaba suspiros.
Recorrió con la mirada todo el exterior de la mansión, Malfoy Manor no había cambiado en absoluto, seguía igual de lúgubre y gótica a como quedó cuando marchó, a diferencia del Trío de Oro, a Draco solamente le recibiría su madre (o eso esperaba), sin embargo, no dejaba de alegrarle el estar de nuevo en casa.
-¡Ah pero sí el Sanador Presidente de San Mungo ha llegado!- Gritó Blaise Zabinni que salía por la puerta principal de la mansión, detrás de él Theodore Nott intentaba reprimir los gritos de felicidad que se salían de la garganta.
Los tres chicos entraron en la mansión donde Pansy Parkinson y sus padres esperaban ansiosos al platinado.
-¡Bienvenido a casa Draco!- Dijo su madre al tiempo que abrazaba a Malfoy, éste besó ambas manos de Narcissa con un gesto aristocrático.
-Yo estoy encantado de volver madre.- Contestó Draco.
-Hijo, un placer que regreses a tu casa, hay mucho que contar.- Dijo sombrío su padre, pero reflejando la felicidad que su padre sentía al ver su hijo otra vez.
Todos se turnaron para abrazar y dar la bienvenida a Draco y posteriormente pasaron al comedor principal, donde luego de una elegante cena se fueron despidiendo los invitados y posterior a ello se fueron a dormir.
Pasaba de la media noche cuando Draco llegó a su cuarto para dormir, se bañó, puso su pijama, cuando unos golpes en la puerta hicieron interrumpir sus intenciones de dormir.
-Draco, hijo, ¿Puedo robarte unos minutos?- Era Lucius, eso extrañó sobre manera a Draco.
-Claro padre, adelante.- Puso de pie a lado de la entrada a la pequeña sala que estaba en una de las esquinas de la inmensa habitación e hizo ademán a su padre para que tomara asiento, éste con la mano derecha levantada rechazó la invitación.
-Hijo, necesito que me acompañes a las mazmorras.- Anunció firmemente Lucius.
-¿Los calabozos?- Padre, no es prudente ir allá, están abandona…- La mirada de Lucius hizo que un frío recorriera la totalidad de su espalda… ¿Qué tramaba su padre?
