Jampier y TK seguían corriendo, huyendo de aquel ranchero borracho y desquiciado. Prácticamente corrían sin ver con lo que se podían chocar por delante. Claro que es comprensible, porque cualquiera hubiera comenzado a correr con semejante personaje detrás. Lo bueno es que el ranchero ya no les seguía, puesto que había tropezado con una rama y quedó completamente dormido, tirado en el suelo. La borrachera parece que pudo con él.

Ya una vez que cruzaron el bosque, huyendo desesperadamente, llegaron a una playa muy soleada, que parecía ser donde desembocaba el río de la Montaña Hope. TK y Jampier cayeron rendidos en la arena de la playa, dejando a Hikari en ésta.

—Creo que hasta aquí he llegado… —dijo Jampier, totalmente reventado. TK parecía que también opinaba lo mismo, sin decir una palabra.

La luz del sol resplandecía en el rostro de la pequeña Hikari, que poco a poco hacía que fuera despertando. El bebé se sentó en la arena de la playa y observó el entorno, fijándose en las figuras de Jampier y TK tiradas en el suelo, resultándole graciosa la colocación de ambos. Comenzó a gatear por las arenas de aquella playa, dando el sol de lleno, y distanciándose de TK y Jampier poco a poco. La pequeña gateaba sin rumbo, ya sea por el instinto o por el espíritu aventurero que llevaba consigo. Tal fue la cosa que llegó a chocar ante unos pies, lo que hizo que se lastimara un poco en la cabeza y, consecuentemente, mirar hacia arriba un rostro sombrío que no se podía identificar.

—Al fin te encontré —dijo el sujeto sombrío, que empezó a reír maléficamente mientras la niña comenzaba a entristecerse.

Pasó aproximadamente una hora desde aquello. TK comenzaba a despertar desde que cayó dormido de cansancio en la arena. Miró hacia sus lados para identificar el lugar, y suspiró de alivio, aunque no le duró mucho el momento de tranquilidad porque pronto se dio cuenta de la ausencia de Hikari al no verla cerca de él ni de Jampier.

—¡Jampier! —llamó TK, alterado, y zarandeándolo a los lados para que despertara.

—Uh… ¿Qué quieres? Estaba descansando… —protestó por lo bajo, frotándose los ojos.

—¡Hikari ha desaparecido! —anunció TK, exasperado.

—¿Se ha perdido? ¡Genial, un problema menos!

—¡¿Cómo puedes decir eso?! ¡Es un bebé, no puede sobrevivir ella sola!

—Pues ya la encontrará alguien y tendrá que cargar con la responsabilidad. Ahora déjame dormir un poco más… —TK no le dejo terminar y lo cogió de la pezuña, obligándole así a incorporarse también a la búsqueda.

Ambos la empezaron a llamar la pequeña por toda la inmensa playa, pero sólo se oía el graznido de las gaviotas. Aún así, no se rendían y seguían caminado.

—¡Hikari! ¡Hikari! —llamaba TK, alzando la voz.

—¡Juan Pedra! ¡Juan Pedra! —hacía lo mismo Jampier.

—¿Por qué la llamas Juan Pedra?

—Porque me gusta el nombre. Y algún nombre tendrá que tener, ¿no?

—Pero ya te dije que se llamaba Hikari…

—¿Te vas a creer lo que dice una simple piedra que pudo escribir cualquiera?

—Mejor eso que Juan Pedra, digo yo…

—¿Estás de broma? Juan Pedra es mil veces mejor.

—¡No, es un nombre feo! ¡Se llama Hikari, porque lo decía el letrero! —replicó TK.

—¡Humo! —señaló, a lo lejos.

—¿Qué humo? ¡No es ninguna mentira!

—Imbécil, me refiero a que hay humo a lo lejos.

TK dio media vuelta y observó cómo salía humo a lo lejos de allí, casi en la orilla. Jampier y el pequeño se hicieron una mirada, poniéndose así de acuerdo y se dirigieron allá. Prefirieron ir precavidos si se trataba de una trampa o algo parecido, así que cuando ya casi llegaron se echaron al suelo para procurar no ser vistos. Se acercaron al filo para ver, y cuando ya supieron de que se trataba se quedaron ambos boquiabiertos.

—No… no me lo puedo creer… —musitó desconcertado, TK.

—Al final va a ser verdad que las fantasías de los niños acaban haciéndose realidad… —mencionó Jampier, que tampoco se quedaba atrás en lo desconcertado.

Resultaba que estaban presenciando cómo estaba la pequeña Hikari, a la que estaban buscando tanto, sentada en una toalla muy alegre y siguiendo el ritmo de una canción mientras palmeaba y emitía ruiditos con la boca. Pero no estaba sola, porque justo al lado había una barbacoa con una tortuga friendo pescado que iba conforme pescando. Le daba a la pequeña platos de pescados variados, y un biberón justo al lado.

—¿Te gusta lo que te preparé? —preguntó la tortuga, amablemente, a Hikari.

—¡Aya! —emitió Hikari, muy contenta.

Mientras tanto, Jampier y TK no se acababan de recuperar de lo que estaba ocurriendo. TK estaba dudando por momentos en si dejarla con esa tortuga, ya que parecía que la estaba tratando muy bien y él necesitaba encontrar cuanto antes el camino a casa, pero Jampier parecía no estar dispuesto.

—Mejor vamos a dejarla. Se lo está pasando muy bien y creo que es mejor para ella no vivir tantos riesgos…

—¡Ja! Antes me hago español, ¿entiendes? Voy a decirle a esa estúpida tortuga que ese bebé está bajo nuestra responsabilidad.

—¿Pero hace un momento no decías que iba a ser un problema menos?

—Eso ya es pasado. No estará en mejores manos que en las mías. —Jampier bajó la orilla para reunirse con Hikari y con la tortuga. TK se quedó mirándolo con una cara de circunstancia.

—Ya… En mejores manos que en las suyas… —remeó TK, bajando la cuesta consecuentemente de Jampier.

Jampier terminó llegando abajo, y a los pocos segundos llegó TK a su lado. El "detective francés" se acercó a la tortuga descortésmente, porque no parecía ser peligrosa. Antes de que pudiera decir algo, se adelantó TK.

—¡Hola!

La tortuga se dio la vuelta y observó a ambos.

—Hola. ¿Qué deseáis? —preguntó indiferente.

—Verás, es que venimos del bosque ese, corriendo por un motivo y nos dormimos de cansancio. Entonces, en un descuido, se nos es… —Jampier interrumpió a TK, empujándolo hacia atrás y haciéndose ver por la tortuga.

—Lo que el niño enano y llorón te quiere decir es que ese bebé nos corresponde —dijo, bastante descarado.

—¿Ah, sí? —Preguntó la tortuga, en un tono desafiante— ¿Quién lo dice?

—Chicos, por favor, no tenemos por qué pelearnos. Vamos a solucionar este problema como gente civilizada. —Propuso TK. Los otros dos no dijeron nada respecto a éso— Empezaremos por presentarnos. Yo me llamo TK, y éste es mi amigo, Jampier.

—Yo me llamo Koopa, y siento deciros que Copado se quedará conmigo —espetó la tortuga, dejando a TK estupefacto por el nombre que le puso a la pobre niña.

—Soñar es gratis, pero bueno… Además, no se llama Copado, ese nombre es horrible, ya que su nombre original es Juan Pedra.

—¿Pero qué dices? ¡Ya te dije que no se llama Juan Pedra, sino Hikari! —dijo harto el pequeño rubio.

—A mi me da igual lo que un estúpido letrero diga.

—Y a mi cómo le habéis llamado cada uno de vosotros. La chica ahora es mía y se llamará Copado —insistía Koopa.

—¡Ni en tus sueños! —gritaron a unísono TK y Jampier.

Se llevaron un buen rato discutiendo sobre el nombre de Hikari. Mientras estos se peleaban por dicho tema, Hikari los observaba pelear con una cara indiferente. No paraban de discutir el mismo: «Juan Pedra es más bonito y cultural»; también por el contrario: «¡Se llama Copado porque se parece mucho a su padre, es decir, yo!»; o incluso: «¡Estoy harto de deciros que se llama Hikari porque así lo decía el letrero!». Finalmente, después de estar cerca de media hora discutiendo el nombre del bebé, Jampier llegó a una "solución".

—¡Ya sé cómo podemos solucionar esto! —Ambos lo miraron— Dejemos que ella elija —señaló a Hikari.

—Buena idea… —susurró convencido Koopa.

—¡¿Pero cómo le vais a dejar elegir?! ¡Si es un bebé! —Protestó TK.

—Cállate. Ésta es la única solución, porque no veo que haya otra —repuso Jampier.

—Pues venga, preguntémosle —propuso Koopa.

—… Esto es de locos… —susurró, para sí mismo, TK.

Los tres dirigieron sus miradas hacia Hikari, que esta seguía contemplándolos con cara indiferente. Empezaron a llamarla por el nombre que, según cada uno de ellos, le correspondía a la chica. Frases como «Ven aquí, Juan Pedra», «¡Vamos, Copado, ven aquí!» o «Hikari, demuéstrales cómo te llamas en realidad. ¡Ven aquí!» resonaban por la playa. La chica estaba totalmente desconcertada y decidió darse la vuelta y evitarlos.

—¿Pero adónde va? —Preguntó Jampier.

—¡Va hacia mi maleta! Eso significa que me ha elegido a mi… —dedujo Koopa a su conveniencia, pero era cierto que iba hacia su mochila.

—Lo que pasa es que se ha asustado… —aclaró TK.

La chica comenzó a rebuscar en la mochila de Koopa para encontrar algo que la entretuviera. Sacó de ella una especie de dispositivo que parecía, a primera vista, una consola de videojuegos portátil y comenzó a toquetearla. Koopa se alarmó al verla con eso.

—¡NO! ¡No toques eso! —corrió hacia ella, pero ya era demasiado tarde. Un juego de luces comenzaron a tirar por diferentes direcciones, haciendo que el cielo cogiera un color purpura casi al instante. Aquello parecía increíble, pero a la vez aterrador, ya que esas luces caían como rayos donde quisiera que fuera. Jampier y TK retrocedieron unos pasos asustados, pero sabían que no podían salir corriendo sin Hikari, así que siguieron manteniéndose al margen. De repente, el dispositivo empezó a brillar, cada vez con una luz más potente, pero Hikari seguía reteniendoló pese a que vibraba como nada habían visto en el mundo.

—¡SUELTALO, HIKARI! ¡TE VA A MATAR! —gritó TK, muy nervioso, pero del dispositivo ya había salido una especie de rayo-luz que impactó contra el pequeño rubio. A Jampier le entró un escalofrío, al ver cómo le había dado al pobre niño y si hubiera sido capaz la bebé de dispararle con esa cosa. Koopa paró en seco, y se mantuvo a observar a TK. Increíblemente, TK se levantó del suelo, algo mareado, habiendo así sobrevivido ante aquella brutalidad. Jampier se tranquilizó al verlo sano y salvo, y simplemente se quitó el sudor de la frente para no dar reflejo de preocupación hacia TK. Koopa estaba completamente helado, y veía ahora a TK con otros ojos.

El clima, después de eso, volvió poco a poco a su estado original. TK fue a coger a Hikari en brazos, algo enojado, pero a la vez más tranquilo

—¡No vuelvas a irte por ahí sin nosotros! —le regañó TK serio, pero al cabo de cuatro segundos no evitó sonreír y abrazarla.

— Déjala, la estas asustando — dijo descaradamente Jampier— Ven aquí Juan Pedra —le llamó dulcemente con cara de retrasado, esto hizo que Hikari se asustara y empezara a llorar

Koopa avanzó unos pasos hacia ellos, muy serio.

—Eres tú...

—¿Eh? ¿Yo qué? —preguntó TK, desconcertado.

—TK, creo que esta tortuga rara quiere pelea, pero bah... contra mi no hay nada más fuerte que yo. ¡Jue, jue! —Jampier sacaba lentamente se espada de la funda, como acto de reverencia— Te vas a enterar —Sacó su espada de caramelo

—Jampier, déjate de tonterías —TK volvió a fijar su vista en Koopa— Lo siento, pero no te vamos a dar a la chica. Debemos seguir con ella.

—La niña... La niña ahora me da igual —soltó Koopa, con una sonrisa maléfica en su rostro.

—¿Qué dice este? ¡Si antes le quería llamar de un nombre raro...! ¿Cómo era? —dijo Jampier.

Koopa empezó a reír de forma patética. Jampier y TK lo miraron con cara de circunstancia.

—Vosotros aún no sabéis quien soy yo.

—Sí, tú eres Koopa Troopa, el de Super Mario Bros. He jugado miles de veces a ese juego, y siempre te venzo. Eres muy débil —Aclaró el joven Takeru, y Koopa cayó de boca debido a esa respuesta— Y… ¿qué haces aquí?

—Ahora que lo dices... Es cierto. Es al que, si le saltas encima, se mete en el caparazón como un cobarde, ¿no? —aventuró Jampier, a TK.

—Exacto, Jampier —respondió TK.
—Lo que me hace gracia es que esa cobardica tortuga se quiera creer fuerte e

interesante. ¡Jas jas jas! Me hace gracia —dijo burlónamete Jampier.

Koopa comenzó a enfurecerse y, así, volverse de un color rojizo. Parecía muy enfurecido por las palabras de aquellos personajes.

—A mí nunca me humillan de esa manera. ¡Yo pertenezco a uno de los siete siervos oscuros, del todopoderoso Señor Oscuro! —espetó Koopa, con bastante orgullo.

—¿Señor Oscuro? —preguntó TK, temeroso, retrocediendo un paso— Es el dictador del que me comentó Seraphimon...

—Creo que he oído mal, ¿no serás parte de la comida de las mascotas? —burló Jampier

—¡YO NO SOY NINGUNA COMIDA! El Señor Oscuro me ha encargado una misión, y es por eso por lo que estoy aquí —dijo Koopa, intentando intimidar. Luego recobró la calma— Y sí, ese señor es el más poderoso de esta tierra, si me vencéis, tendréis que vencer a otros seis, aunque no creo que podáis, de lo flojos que sois —Koopa comenzó a reír.

—Mira quién fue a hablar... —dijo Jampier.

—¡Cuidado, Jampier! —le gritó TK, que aún tenía a Hikari en las manos.

—Oh —Jampier se fue corriendo y abandono el lugar con Hikari en las manos.

—Pe... ¡¿Pero adónde vas?!

—Creo que ahora solo quedamos tú y yo. ¡Muahahahaha! —rió la tortuga con una tenebrosa risa. La voz venia del eco que estaba dentro del caparazón

—Ma...-Maldito Jampier, me ha dejado solo —mientras TK se preparaba para morir, Jampier vino con cuidado pasito a pasito con la espada de caramelo en la mano, una vez que tenia la espada en la mano, le metió la punta en un agujero del caparazón, esto hizo que Koopa Troopa gritara de dolor

—¡Ay! —Koopa Troopa se altero y se fue al mar flotando, en calzoncillos, dejando el caparazón en la superficie.

Jampier fue corriendo hacia donde estaba Jampier, que éste tenía a Hikari atada

a la espalda.

—¡Gracias, Jampier! —le agradeció TK con una sonrisa— La verdad, creía que

me ibas a dejar solo...

—¡¿Cómo puedes pensar eso de mi?! (Pretendía dejarte solo, pero vi el mejor momento para atacar) ¡YO nunca te dejaría solo! —dijo Jampier con voz de héroe.

Pasó poco tiempo para que Hikari comenzara a protestar el estar en la espalda del cerdo detective y comenzó a patalear.

—Creo que será mejor que me des a Hikari. Se está cansando de que este en tus brazos.

—¿Pero qué dices? A Hikari le gusta mucho estar conmigo, no se molestará. Seguro que patalea porque quiere que la balancee —Jampier cogió a Hikari de los sobacos y empezó a balancearla, Hikari empezó a llorar y TK se tapó los oídos— ¡Haz que se calle!

—¡Pero si eres tú quien la ha asustado!

—¡Me da igual!

Pasó un rato hasta que Hikari paró de sollozar y miró atenta al mar. Jampier y TK dieron un largo suspiro de tranquilidad.

—Menos mal… —dijo Jampier— Ésta niña sólo sabe llorar.

—¿Y qué esperabas? Es un bebé —repuso TK.

—Ya, pero molesta.

—¿Es que tú nunca has sido un beb…? —TK vaciló por un momento, observando el cuerpo inhumano de Jampier— Mejor no me respondas…

—¡¿Insinúas que soy un cerdo?! —gruñó, ofendido.

—No lo insinúo, es que lo eres —respondió muy evidente Jampier, y este le dedicó una mueca de desprecio.

—Bah, sabía que los japoneses erais todos unos incultos.

TK decidió ignorar el comentario de Jampier y se levantó. Movió la cabeza a intervalos en busca de un camino para coger posteriormente, pero veía que Hikari aún seguía la mirada fijada en el mar.

—¿Qué ocurre, Hikari? —preguntó TK, y la pequeña señaló levemente al mar.

Jampier y TK miraron hacia donde señalaban y no podían creer lo que estaban viendo: Koopa Troopa se aproximaba en una tabla de surf, encima de una ola gigantesca, en calzoncillos tal y como salió del caparazón.

—¡Pero qué…! —saltó Jampier. TK tampoco creía lo que estaba viendo.

—¡Aja jajá! ¡Prepararos para morir! —Koopa se aproximaba con la ola y se dispuso a embestirlos.

Jampier y TK se echaron a un lado para evitar aquella ola (que no les resultó difícil hacerlo) y ésta seguía para adelante, pasando de largo de TK, Jampier y Hikari. Koopa se quedó anonado al ver tal suceso.

—¿Pero qué…? —dijo Koopa, viendo como Jampier y TK le sonreían despidiéndolo, sin echar cuenta hacia adelante. Finalmente, cuando decidió ver firme, se estrelló contra un chiringuito que había casi adentrándose en el bosque, haciéndolo pedazos y además saliendo la tortuga disparada por los aires, chillando de terror.

A Jampier y a TK les pareció más bien un final patético, pero ya había pasado el peligro.

—Bueno, ya no hay nada de qué preocuparse —finalizó TK.

—Sí, pero hay que confesar que si no fueran por mis dotes profesionales, no habríamos acabado tan bien parado —se halagó Jampier, haciendo un gesto de creído con su sombrero. TK y Hikari sólo lo miraron con cara de circunstancia, más que nada.

En ese mismo momento, cayó una jaula del cielo que encarceló a los tres, haciendo que retrocedieran. De todos lados aparecieron unos seres que parecían androides a primera vista, pero a TK le dio un ataque de recuerdos perecido al que le dio cuando se encontró con Patamon.

—¡Andromon! —exclamó el pequeño rubio, mientras Hikari lloraba y Jampier gruñía.

—¡Máquinas descerebradas, soltadme!

—ME-TEMO-QUE-ESO-VA-A-SER-IMPOSIBLE —redactó, robóticamente, uno de los Andromon.

—¿Pero qué os hemos hecho? —preguntó TK, muy asustado.

—NUESTRO-SEÑOR-QUIERE-HACEROS-UNAS-PREGUNTAS —respondió el Andromon.

—¿De qué preguntas hablas, montón de chatarra? —insultó Jampier, quien recibió una descarga eléctrica de uno de los Andromon y quedó semiinconsciente.

—ADELANTE —dio la orden, y todos los Andromons levantaron la jaula, encaminándose así hacia alguien. ¿Quién sería "su señor"? ¿Será peligroso?

Continuará…