No podía hacer nada. Tullida de un brazo como estaba no podía zafarme de Battler. Tampoco tenía el vigor necesario para soltarle unos cuantos improperios, así que me dejé llevar por el abrazo de Battler, una calidez que no se me estaba permitido gozar. Me sentía avergonzada y sin derecho a disfrutar de su contacto, sin embargo, al mismo tiempo, agradecía aquella muestra de amabilidad que me permitía no pensar en nada más que en su aroma y los latidos de su corazón. Era en esos momentos cuando dejaba atrás mi mundo de desdichada soledad, como cuando me quedé dormida en el túnel junto a Battler, con su chaqueta sobre mis hombros, a pesar del calvario que los dos acabábamos de experimentar.
Me relajé y dejé que Battler me llevase en volandas.
Continuará...
