Lo admito he estado desaparecida. Ha llegado una mascota nueva a mi casa (Chimuelo :3) y además no tuve internet por una semana entera. Lo siento mucho!

Este capítulo tendrá flashbacks y un poco de la "Señora Drama".

Gracias por todos sus lindos reviews!


Capítulo 4

^..^

La sala de almuerzo del Ministerio estaba muy bulliciosa ese día, perfecta para realizar su emboscada, así que no quería perder la oportunidad. Con una gran sonrisa en el rostro, Harry se acercó lentamente por detrás de Hermione y cuando ya estaba lo suficientemente cerca para poder asustarla, la vio suspirar:

—¿Algún día vas a madurar, Harry?

—Es injusto. ¿Cómo es que nunca puedo tomarte por sorpresa? —se quejó el auror sentándose frente a ella en la pequeña mesa. Su mejor amiga le regaló una bonita sonrisa, encogiéndose de hombros mientras abría su almuerzo.

—Dime, ¿cómo has estado? Escuché que tienes un gran papeleo por hacer —le preguntó y Harry se apoyó por completo en el respaldo de la silla, cruzándose de brazos.

—Creí que te pasarías un momento por la oficina para echarme una mano, Mione. La verdad es que estoy muy decepcionado —bromeó tomando su sándwich y ella le dio un leve empujón entre risas.

—Ya no puedes depender tanto de mí, Harry.

—No dependo de ti. Solo que el trabajo se hace más agradable cuando te tengo a mi lado —le confesó mientras masticaba dejándola con la boca abierta.

—De acuerdo, si querías convencerme lo has hecho una vez más —suspiró haciendo que la sonrisa del mago se ensanchara más—. En la semana pasaré por tu oficina. Tal vez puedas ayudarme con mis cosas también...

—Te ves estresada.

—Lo estoy —admitió con una mueca—. Siempre supe que mi puesto conllevaría una gran responsabilidad pero... ha sido más de lo que esperaba.

Harry la observó. Su amiga realmente se veía cansada desde que le habían dado su puesto en Regulación, ¿hace cuánto que no salían juntos? Él también había estado muy ocupado y con la cabeza llena de trabajo así que tal vez... salir les haría bien a ambos.

—Hermione... ¿qué te parece si vamos a ver una película hoy? —se atrevió a preguntarle y ella lo miró sorprendida.

—Oh... Harry, me encantaría pero he quedado con Ron.

Algo extraño se arremolinó en su pecho.

—Creí que Ron volvería dentro de una semana...

Hermione sonrió. —Al final regresará antes, esta misma noche, ¿y sabes? Me ha dicho que me preparará una cena romántica, ¡cuando me lo dijo no lo podía creer!

Harry se sorprendió al notar lo mucho que le costó sonreír. ¿Qué rayos le estaba sucediendo? ¡Se suponía que debía estar feliz por ella!

—¿No te molesta, verdad? Me siento un poco mal por...

—¡No! —exclamó él —. Tienes que aprovechar que está de vuelta. Además podemos dejarlo para otro día...

◦•●◉●•◦ ◦•●◉●•◦

Ya era de noche y Hermione no volvía. Decir que se sentía desesperado era poco, Harry caminaba de aquí a allá, por todo el departamento deseando saber noticias sobre su cuerpo, el cual parecía haber sido dominado por Crookshanks.

¡¿Cómo carajo había sucedido algo así?! ¿Qué estarían pensando todos de él? Luego de esa foto oliéndose las partes Harry estaba completamente seguro de que los magos no tardarían en calificarlo como un loco.

Se lanzó al sofá, panza arriba y soltó un bufido. Durante semanas sería noticias de los diarios, hablarían de él hasta el cansancio y probablemente inventarían miles de patrañas contra él. Les pagarían a testigos falsos, darían testimonios ridículos y como siempre, el mundo mágico lo creería. Era como si los periodistas hubieran estado esperando por años una chance para volver a dejarlo expuesto.

Apretó sus dientes gatunos. Ya estaba acabado en ese aspecto, tal vez debía olvidarse de su vida social, quedarse en ese cuerpo peludo y naranja y tener una vida de atún, bolas de lana y sofá. De todas formas las esperanzas de que alguien se diera cuenta y que lograra volver a su cuerpo cada vez eran más escasas.

Aunque lo que más le preocupaba y nunca lo dejaría tranquilo era Hermione. ¿Qué estaría pasando por su cabeza? Habían dejado de hablarse por un largo tiempo, pero Harry sabía que su amiga estaría muy alterada con la noticia, y lo había comprobado al verla escupir el café y salir corriendo de casa.

¿Estaría en San Mungo en ese momento? ¿Con Crookshanks? ¿Intentaría hablarle, hacerlo entrar en razón? Imaginarse a Hermione intentando ayudar le partió el corazón porque sabía que a pesar de que no tenía solución, su amiga no se rendiría nunca.

Cuando el pensamiento de lo mucho que se estaba tardando Hermione volvió a pasar por su mente, la puerta se abrió de repente. Harry levantó su cabecita y miró hacia la entrada. La bruja entró al departamento y cerró la puerta con el pie. Se veía realmente exhausta.

Harry no dudó en levantarse y correr hacia ella.

—Hola, Crookshanks. Por Merlín, debes estar hambriento —soltó y caminó hacia la cocina para sacar el alimento de gato y colocarlo en su cuenco. Luego, arrastrando los pies, se dirigió hacia su habitación. Harry se moría de hambre pero su curiosidad y las ganas de estar con Hermione lo hicieron entrar a la habitación.

La encontró completamente recostada en la cama soltando varios suspiros. ¿Tan mal habían estado las cosas?

De un salto se subió a la cama y se acurrucó junto a ella, intentando reconfortarla.

—Hoy ha sido un día duro, Crookshanks. Lo siento por desaparecer —susurró acariciándole entre las orejas. Él ronroneó como siempre—. Apesto como dueña.

Harry maulló ante lo último. Nunca podría darle la razón en ello, porque la forma en que había cuidado a Crookshanks desde Hogwarts y como lo había cuidado a él en aquel tiempo comprobaba totalmente que su amiga no llevaba la razón.

Hermione continúo suspirando y acariciando su pelaje suavemente. Harry quería que le contara todo, por Merlín. Quería saber cuan malo había sido su encuentro con Crookshanks, que había intentado hacer con él... que es lo que los aurores o los doctores habían deducido... En ese momento le hubiera encantado más que nunca volver a tener voz.

El teléfono sonó de repente y Hermione lo tomó balbuceando.

—¿Hola? Oh... Ginny. ¿Recién te has enterado? —le preguntó sorprendida, sentándose en la cama y apoyándose en unos almohadones. Harry se acercó un poco más deseando escuchar todo lo posible —. Estuve todo el día en San Mungo, Harry se ve... muy distinto. Intenté por horas hablar con él, pero parece fuera de sí...

Entonces había sucedido como había predicho. Hermione había intentado sacarlo de ese estado, a pesar de la gran discusión que habían tenido...

—Dean y Seamus lo encontraron en su departamento por la noche y estaba así desde un principio. Se comporta... como un animal. No sabes lo shockeante que fue verlo en ese estado... —dijo con voz triste. ¿Así que Dean y Seamus los habían encontrado? Harry pudo imaginarse aquel momento a la perfección. Por Merlín.

—Los doctores no tienen idea de lo que le sucedió... Tengo tanto miedo, Ginny. ¿Y si se queda así para siempre?

Hubo una larga pausa en la que Hermione escuchó atentamente a su amiga. Harry vio con mucha tristeza como sus ojos se llenaban de lágrimas.

—Ahora el equipo de aurores está investigando, cabe la posibilidad de que alguien lo haya hechizado pero no lo sé... Mañana después del trabajo volveré al hospital, intentaré ir todos los días pero realmente está en un mal estado. No tengo idea de cómo puedo ayudarlo, hasta que ellos no tengan un diagnostico seré inservible...

Otro silencio más. Harry, con las orejitas bajas observó a Hermione, quería decirle que no era inservible, que siempre había sido la razón de sus intentos de seguir adelante, por Merlín, siempre había sido ella.

—Tal vez sea mi culpa, ¿sabes? —sollozó secándose las lágrimas que caían por sus mejillas—. Estuvimos tanto tiempo alejados. Debería haberme quedado con él... ayudarlo con sus problemas, averiguar qué era lo que realmente le pasaba.

Harry se sorprendió ante aquellas palabras, ¿su culpa? No, no lo era para nada. El culpable era él, por no haberle dicho como se sentía, por haber reprimido tanto esos sentimientos, por negarse a sí mismo a eso que siempre había estado allí.

Hermione se llevó una mano a los labios, intentando calmarse.

—Creo que es mejor que vaya a dormir, estoy demasiado sensible —suspiró casi avergonzada —. Sí, sí. Te prometo... Te prometo que estaré bien. Adiós, Ginny.

La castaña colgó y dejó el teléfono a un costado para luego acostarse y cubrirse hasta las orejas con las sabanas. Harry se recostó a su lado y rápidamente fue abrazado por ella mientras lloraba en silencio.

Estoy aquí, Hermione... Estoy aquí.

Se quedó despierto hasta que su mejor amiga entró en el sueño. Luego cerró los ojos, deseando tanto como ella que ese alocado y doloroso día se terminara.

◦•●◉●•◦ ◦•●◉●•◦

Desde que Ron había vuelto Hermione no había pasado ni una vez por su oficina. Durante el mes que el pelirrojo había estado fuera habían sido solo los dos, y el Elegido sin darse cuenta se había acostumbrado a ello: Al mediodía se encontraban en la cafetería del Ministerio y por las tardes se juntaban en alguno de los despachos para ordenar varios asuntos hasta altas horas de la noche. Incluso habían tomado la costumbre de turnarse y comprar donas y café para compartir. Sus momentos con Hermione habían sido realmente agradables, nadie podía hacerlo reír tanto como ella, hasta el punto de sentir una absoluta paz, una que no había experimentado nunca. Pero desde el regreso del pelirrojo todo había desaparecido. Y además, se había encontrado sintiéndose molesto cada vez que Ron aparecía para irla a buscar, cuando los veía tomados de la mano, cuando sus bocas se juntaban en un beso y no tenía otra opción que apartar la mirada. Molesto, furioso, incómodo y de tal forma que su preocupación no dejaba de crecer.

¿Qué le estaba pasando? ¿Estaba celoso? Aquella posibilidad lo hacía enloquecer porque no podía ser cierto, no podía estar celoso de Hermione. ¡Si siempre había sido solo su mejor amiga!

—¡Harry! —exclamó Hermione entrando a la oficina. El Elegido levantó la mirada sorprendido y a la vez estúpidamente feliz por volver a tenerla por allí. Hasta que vio a Ron, entrelazando su mano con la de ella.

—¿Todavía sigues trabajando? ¿A estas horas? —le preguntó el pelirrojo atónito.

—Harry se la pasa trabajando, no como tú.

Ron rio y le apretó una de sus mejillas juguetonamente en uno de esos actos que enternecían a gran parte del Ministerio, menos a él.

—¿Qué sucede? —les preguntó intentando ocultar su poca paciencia. Realmente estaba teniendo uno de sus peores días.

—¿Recuerdas que la última vez mencionaste ir al cine? —le recordó Hermione con una gran sonrisa —. Bueno, como hoy tenemos los tres la noche libre pensé que sería genial ir juntos.

Hacía mucho que las palabras de su mejor amiga no le molestaban tanto. Se encontró buscando una excusa, un escape a esa propuesta porque imaginarse yendo al cine con sus dos amigos tan enamorados... ah sabía que no podría soportarlo.

—Lo siento, le prometí a Seamus y Dean que hoy me juntaría con ellos —se excusó y en parte no era una mentira, el moreno lo había sugerido por la mañana, diciendo que debían volverse a reunir como los viejos tiempos.

—Oh... —murmuró Hermione claramente decepcionada, hacía mucho que no veía esa expresión en el rostro de su amiga y eso lo hizo sentir en parte culpable. ¿Pero que más podía hacer? Si le revelaba lo que estaba pensando... generaría tantas confusiones...

—Entonces podemos dejarlo para otro día —sugirió ella levantando sus ojos y mirándolo directamente.

—No se pierdan la noche. Ambos se merecen una salida de pareja después de tanto tiempo separados —dijo y cada palabra le costó bastante esfuerzo pronunciarla. Por Merlín, estaba perdiendo la cabeza.

—De acuerdo. Entonces... adiós, Harry —se despidió la bruja saludándolo con la mano sin muchas ganas, el azabache sabía que estaba enfadada pero también era consciente de que no había nada más por hacer.

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El gato anaranjado abrió sus grandes ojos y se estiró muy bien en la cama, iluminado por la luz que entraba por la ventana. Descubrió a Hermione sentada frente al gran espejo de la habitación, intentando cepillar inútilmente su largo y esponjoso cabello que parecía estar más rebelde que nunca. La escuchó quejarse y eso lo hizo reír por sus adentros.

¿Cuántas veces le había dicho que tenía un cabello hermoso? Había perdido la cuenta pero ella siempre le recriminaba lo mismo "¡Oh cállate, Harry! ¡Tú solo lo dices porque eres bueno!" Pero había sido realmente sincero, siempre había adorado su cabello, el delicioso aroma a shampoo que desprendía, la forma en que este se movía con la suave brisa, o el hecho de que siempre se enredara en alguno de los botones de su camisa. Un hecho que para él, era sumamente adorable.

Hermione se rindió y tomó su varita para susurrar unos cuantos hechizos. Harry la miró desde la cama, con la cabeza apoyada en sus patitas, perdiéndose por completo en ella.

—Maldita sea, como puede ser que cada mañana me hagas lo mismo... —maldijo en voz baja como si su cabello tuviera vida.

El timbre sonó de repente, sorprendiéndolos a ambos. ¿Quién sería a esas horas de la mañana? El pensamiento de que se tratara de Ron pasó por su cabeza, preocupándolo y al parecer por la mente de su mejor amiga también, porque se quedó inmóvil por un momento.

—Es imposible que sea él, tonta —suspiró intentando tranquilizarse y caminó hacia la puerta. El mago no dudó en seguirla.

Hermione miró por la puerta y una sonrisa se dibujó en su rostro.

—Hola, Ben —dijo al abrir y la gran sonrisa del vecino apareció.

—Hermione.

A Harry se le erizó el pelaje al instante. ¿Qué rayos hacía allí?

—Ayer te esperé y como no viniste con Crookshanks me preocupé. ¿Sucedió algo? —le preguntó con un tono demasiado suave. El mago quería matar a ese muggle infeliz, siempre parecía tener alguna excusa para acercarse a Hermione.

Su mejor amiga se llevó una mano a la boca, realmente sorprendida por haberlo olvidado.

—Oh por dios, lo siento tanto Ben... —suspiró apenada —. Han pasado tantas cosas... que lo he olvidado por completo.

—Hey —susurró el muggle posando una mano en su hombro. Harry ardía de ira —. No te preocupes, Mione. ¿Sabes? Puedes contarme si lo necesitas, desahogarte con alguien tal vez sea lo mejor...

Nunca una proposición sonó tan indecente. Harry levantó la cabecita y miró a Hermione esperando a que lo echara de la casa, ¿es qué no se daba cuenta de lo que Ben intentaba hacer? En sus ojos lo decía todo. Pero en el momento en que la castaña sonrió, el mago supo que estaba perdido, parecía que su amiga había caído en los encantos del chico guapo de al lado.

La bruja abrió un poco más la puerta y dejó que Ben entrara al departamento. Harry se sintió bastante tenso cuando lo vio sentarse en el sofá, ¿cuánto planeaba quedarse? Probablemente todo el tiempo posible hasta lograr meterse en su cama. Sus ojos gatunos viajaron hacia el reloj de la sala, descubrió que en pocos minutos Hermione tendría que irse a trabajar.

Ella siempre es puntual y lo será hoy también, ¿verdad?

—¿Quieres que prepare café? Todavía no he desayunado —le preguntó la castaña y el muggle asintió con una sonrisa demasiado seductora.

—Me encantaría.

Se escuchó como desde la cocina preparaba el desayuno. Harry se sentó en el suelo frente a Ben, para mirarlo fijamente. Lo tendría muy vigilado, si intentaba algo con Hermione... atacaría.

—Tienes un muy bonito departamento, Mione —dijo mirando hacia su alrededor y al encontrar a su lado una foto de ella a sus dieciséis, la tomó con una sonrisa. Sus ojos la recorrieron de una forma que hizo enfadar a Harry aún más.

Hermione apareció con una bandeja y Ben le mostró la foto.

—Te ves muy guapa aquí también —la halagó y las mejillas de su mejor amiga se pusieron rosadas. Harry bufó y ambos lo miraron sorprendidos.

—Estaba en... preparatoria —le comentó decidiendo ignorar al gato y dejando la bandeja en la pequeña mesita. Se sentó junto a Ben quien dejó la foto nuevamente en su lugar, rozando a Hermione más de lo que debería.

—¿Por qué estás tan triste, Mione? Lo siento por ser tan insistente, pero realmente me preocupa...

Si Harry hubiera podido rodar los ojos en ese momento, lo hubiera hecho. Mione, Mione, Mione... ¿cómo podía tener tanta confianza siendo solo su vecino?

Hermione tomó su café de la bandeja y clavó su mirada en la taza.

—Se trata de un amigo. Ayer me enteré de que... está hospitalizado, por eso no he llevado a Crookshanks a tu casa —respondió y luego dio un pequeño sorbo.

—¿Está muy grave? Claro si tú... si tú deseas contarme.

Hermione dudó por un momento y Harry tuvo esperanzas, no quería que hablara con ese cretino de su relación, por Merlín no. Pero su amiga terminó suspirando, dispuesta a hablar.

—Sí. Ya no habla, él... él se comporta muy extraño. Nadie sabe lo que tiene y eso me desespera.

—Oye, no tienes que perder las esperanzas —murmuró pasando un brazo alrededor de ella. Hermione lo miró sorprendida. Harry apretó los dientes —. Solo tienes que ser paciente, estoy seguro de que pronto encontraran una solución. Los doctores hacen magia estos días...

Oh sí, claro.

A Hermione se le escapó una sonrisa.

—Eso es verdad. Pero sabes... hay algo que también me preocupa, Harry y yo somos amigos desde pequeños pero últimamente hemos estado distanciados y en estos momentos, realmente me arrepiento de ello.

—¿Pelearon?

La bruja asintió. —Nunca supe que es lo que realmente sucedió entre nosotros... he estado dándole muchas vueltas a eso y necesito saberlo... quiero que él me lo diga.

—¿Nunca intentó algo contigo? ¿Algo fuera del terreno amistoso?

Harry se sorprendió ante aquella pregunta, ¿cómo se atrevía? Llevó sus ojos a Hermione y la vio fruncir el ceño.

—Claro que no, eso sería imposible. Harry y yo hemos sido... como hermanos durante toda nuestra vida.

Harry se quedó inmóvil ante lo último, como si una daga atravesara su pequeño corazón. Sus ojos se quedaron fijos en Hermione, una vez más con la palabra hermanos taladrando en su cabeza. ¿Cuántas veces él lo había repetido cuando le preguntaban? Había perdido la cuenta, como un horrible discurso repetitivo, sin sentido. Siempre había sabido lo que ella pensaba, pero escucharlo de su boca, con ese rostro tan sincero, hizo que se le rompiera el alma en añicos.

Hermanos... eso eran.

—Oh, lo siento si te ofendí —se disculpó Ben.

—No, está bien. Ya me han hecho esa pregunta muchas veces...

El silencio inundó una vez más la habitación y con cada momento que pasaba Ben parecía estar más cerca de Hermione. La ira y la tristeza fluía por el cuerpo de Harry, sabiendo que no lo podría mantener mucho más.

—Sabes Hermione... —dijo acercándose un poco más —. Sé que nosotros también hemos sido algo así como amigos durante mucho tiempo... pero siempre quise preguntarte si a ti te gustaría... bueno, salir conmigo.

¿Se comparaba con lo que Hermione y él habían forjado por años?

Hermione miró a su vecino con los ojos muy abiertos, casi balbuceando como si estuviera buscando las palabras correctas que soltar. Ben estaba demasiado cerca, Ben estaba mirando sus labios con deseo, Ben estaba a punto de besarla como si no fuera capaz de respetar cualquiera que fuera la respuesta de su amiga.

Harry no quiso esperar ni un segundo más. No lo dejaría, no... No le permitiría besarla y menos ante sus ojos. Subió a la mesita rápidamente, lanzando el desayuno por los aires y desde allí saltó a un Ben muy sorprendido.

—¡Oh por Merlín! ¡Crookshanks! —exclamó Hermione levantándose del sofá viendo muy sorprendida la escena repentina. Harry estaba sobre él, arañando y mordiendo mientras las exclamaciones del vecino llenaban la casa.

—¡Ahhhh! —gritó Ben intentando sacarse al gato de la cara, porque Harry se estaba aferrando con fuerza a él, con sus garras clavándosele en su piel. El vecino se levantó del sofá manoteando el aire —. ¡Sácamelo! ¡Sácamelo! ¡Ahhhhh!

Pero a pesar de que Hermione tironeó de él, Harry no pensaba soltarse. Le mordió la oreja con fuerza haciéndolo chillar como niña:

—¡Ayudaaaa!

—¡Ben, quédate quieto! —chilló la castaña siguiéndolo por toda la sala, porque su vecino se movía por todas partes, desesperado por escapar, lanzando un jarrón y una lámpara a su paso. ¡Crash! ¡Pum! La sala se volvió un completo desastre, un descontrol de gritos, bufidos animales y estallidos de objetos.

—¡Crookshanks! ¡Suéltalo! —chilló Hermione por milésima vez, pero Harry no quería, no podía. Estaba siendo llevado por sus instintos más animales.

En el momento en el que cayeron fuertemente al suelo, Ben aprovechó para tirarle de la cola y lanzarlo lejos. Harry soltó un sonido animal al chocar contra la pared.

—¡Ese gato está endemoniado! —gritó Ben levantándose del suelo, notando toda la sangre que había en sus manos —. ¡Estás loca si continúas conviviendo con una mascota así!

Y luego de aquellas fuertes palabras, el muggle salió enfadado del departamento, dejando la desastrosa sala atrás.

Hermione se quedó en el medio de la habitación como si aún no pudiera creer todo lo que había pasado.

—¿Qué diablos te está sucediendo, Crookshanks? —murmuró con dolor y sus ojos café se encontraron con los suyos, como si quisiera encontrar la respuesta en ellos, pero nunca lo haría. Al observarla salir de la casa se preguntó si algún día... si algún día podría decirle con sus propias palabras todo lo que realmente sentía.

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Harry entró al Ministerio refregándose los ojos. No tenía idea de cómo había logrado levantarse aquel lunes. Cada pisada conllevaba el doble de esfuerzo, y los magos no tardaron en notar su lamentable aspecto. El elegido decidió ignorarlos y dirigirse directamente a su oficina. Pensar en todo el trabajo que tenía que hacer hizo que su cabeza le doliera el doble. Sentía que en cualquier momento iba a estallar.

Tal vez debería haberme quedado en casa. Pedir el día.

Al abrir la puerta de su oficina supo al instante que debería haberlo hecho. Porque Hermione estaba allí, parada frente a su escritorio y con los brazos cruzados. Apenas lo vio entrar le regaló una de esas miradas fulminantes.

—Hace una hora que deberías haber llegado.

—Solo... Solo habla más bajo —le pidió mientras caminaba casi a tropezones hacia su escritorio, intentando ignorar esa vocecita que le recordaba lo hermosa que se veía con esa falda y camisa de trabajo.

—Tienes que firmar esto —le dijo dejando con un fuerte ruido los papeles encima de la mesa, haciéndolo sobresaltar.

—Hermione, ¿qué te he pedido? —gruñó llevándose una mano a la frente, se sentía terriblemente mal. Se acercó a los papeles como pudo y firmó rápidamente. Lo único que quería en ese instante era estar solo, pero por el aspecto furioso de su mejor amiga supo que eso no iba a suceder.

—¿A dónde fuiste anoche? —soltó dolida —. ¿Sabes cuántas veces te llamé? ¡Habíamos quedado que cenábamos todos en La Madriguera, era el cumpleaños de George! ¿Cómo pudiste olvidarlo?

Oh, no. No lo había olvidado. Harry se sostuvo de la silla intentando formar una excusa en su cabeza, pero en ese estado nada salía... Se sentía tan cansado de escapar, de mentir. "No he ido a la Madriguera porque sabía que estarías allí con Ron... No lo hubiera podido soportar, verlo tocar tu mano, tu piel, tus labios... Me hubiera vuelto loco" ahh la verdad sonaba tan ruda, sentía ganas de gritarle todo en la cara, pero sus labios parecían estar sellados.

—¿Hace cuánto que no vienes a La Madriguera? ¿Hace cuánto que no pasas tiempo con Ron y conmigo? ¡¿Quién eres y qué has hecho con mi mejor amigo?! —le preguntó con los ojos llenos de lágrimas. Harry bajó la mirada.

—¿No dices nada?

—No hay nada que decir.

Hermione apretó los labios y se llevó una mano al cabello, totalmente impactada por lo que su mejor amigo de toda la vida acababa de responder.

—¿Qué te ha sucedido en estos últimos meses? ¿En qué te has convertido? Llegas tarde al trabajo, no saludas, tratas mal a tus compañeros, no entregas los informes, ¡vienes borracho y con olor a perfume barato! —gritó indignada.

—Deja de gritar —le pidió por segunda vez sintiendo la ira sacudiéndolo por dentro, pero Hermione continúo lanzándole palabras hirientes sin parar y escuchar a Ron en cada frase que decía le ponía los pelos de punta. ¡Ella no entendía sus razones! ¡Nunca lo haría! —. ¡Deja de gritar!

—¡No! ¡No me callaré! —estalló en lágrimas —. ¡¿Es que has perdido la cabeza?! ¡No entiendo cómo puedes vivir así! ¡Nunca creí que serías uno de esos que solo viven de alcohol y mujeres!

—¡Es mi vida, Hermione! ¡¿Es qué no lo puedes entender?!

—Beber hasta este estado, ¡no es vida, Harry! ¡Y acostarte con esas... prostitutas!

—¡¿Desde cuándo te importa a quién me llevo a la cama?! ¡Beberé y me acostaré cuánto yo quiera, y si tanto te molesta mi nuevo yo aléjate de mí de una buena vez por todas! —gritó golpeando fuertemente el escritorio.

El silencio se apoderó de la oficina. Cuando Hermione pudo salir de su sorpresa, apretó los labios con fuerza y asintió.

—Si eso es lo que tanto quieres, lo haré.

Con el corazón latiéndole como loco y el rostro rojo por la pelea, Harry la vio salir a zancadas del despacho. La puerta quedó abierta revelando la docena de rostros que habían estado presentando atención a sus gritos.

—¡¿Qué?! —exclamó el Elegido y con un movimiento de varita hizo que la puerta se cerrara de un golpe.

Se sentó en la silla y enterró las manos en su cabello intentando calmarse.

Es lo mejor... Es lo mejor... intentó pensar aunque después, luego de unos cuantos días, se daría cuenta de que no, de que alejar a Hermione había sido la peor decisión de su vida.

...Continuará...

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