CUARTA PARTE:

DESAFÍO

Lo que sucedió los días próximos pasó tan rápido y de manera tan poco natural que hubo momentos en que María pensó, casi deseó, que se tratara de un mal sueño. Durante esos días, se vieron los preparativos de la boda de manera muy separada, y la joven pasaba, con poco entusiasmo, las páginas de desgastados libros y catálogos donde se extendían hermosos adornos florales y manteles bordados. La noche del quinto día reposaba, con los codos clavados en la mesa, en su recámara, ignorando a Delfina que hojeaba las páginas con ilustraciones de vestidos de bodas y hasta a Chiquito, su pequeño chihuahua, que saltaba como loco a su alrededor.

-¿Y qué tal éste vestido, señora? Los listones bordados le dan un aire muy elegante… o tal vez este, aunque no sé, con tantas flores se verá muy abarrotado… ¿Y éste, señora?... no, olvídelo, está muy simple. Hmm… ¿y… éste?

María miró de reojo el libro, y se volvió a sumir en su silencio indiferente. Durante aquéllos días apenas y abría la boca para decir algo, asentía y aceptaba dócilmente las recomendaciones que le daban respecto a la ceremonia, incluso cuando Antonio intentaba entablar una conversación normal con ella parecía estar ausente del mundo, perdida en el interior de su mente donde quién sabe qué ecos la acosaban, a todas horas, forzándola a estar en ese estado de abandono.

-Hmm… mejor dejemos los vestidos para otro día, señora. –suspiró Delfina, consciente del poco interés de la mexicana en sus ilustraciones. Rebuscó entre los otros libros y exclamó animada. -¿Qué le parece si vemos coronas? Oí que en la capital le pueden hacer unas como éstas de plata, muy bonitas, y como usted tiene el pelo muy bonito le va a lucir mejor así suelto, ¿no cree?

Al no recibir respuesta de ningún tipo, Delfina dejó a un lado el libro y se acercó a la mesa, retorciéndose las manos.

-Ay, señora. –dijo. –Me da mucha pena verla así, anímese, todas las muchachas jóvenes soñamos con el día de nuestra boda, ¿verdad?

La aludida levantó la cabeza. Tenía en los ojos el retrato de la desesperanza.

-¿Y si es una boda con alguien a quien no amas, Delfina? ¿Si es una boda a la fuerza, consecuentada, formulada sólo para hacer daño y para ejercer poder sobre otra persona que… que no tuvo elección? ¿Qué ilusión se tiene así de casarse?

-Bueno, señora… a muchas señoritas de clase alta las casan así, a veces apenas y han visto a su futuro marido… pero eso no significa que no le agarren cariño después y lo quieran. No entiendo porqué su caso no sería distinto.

-Porque yo no quiero casarme, ni ahora ni nunca… y mucho menos con ese hombre. –gruñó rabiosa. –Si tan solo hubiera un modo de impedirlo, el modo que fuera… yo sería infinitamente feliz.

La puerta se abrió y Antonio entró cargado con una bandeja.

-María, es la hora de cenar… -tímidamente, se acercó a la mesa y depositó la bandeja, con una taza de chocolate y algunos churros. –Hmm… ¿María?

Como si hubiera estado esperando ese momento, María se levantó de su asiento y se abrazó con fuerza al español, llorando desesperadamente.

-¡No quiero casarme, papá! ¡No quiero! –sollozó.

-Mi niña… yo… ¿porqué tuviste que aceptar, mi cielo, porqué? –se lamentó Antonio.

-¡Porque no tuve elección! ¡Si no lo hacía yo iba a perderlo todo! ¡Todo!

-¡Claro que no! ¿Crees que me habría quedado cruzado de brazos? ¡La Corona no habría aceptado tal insulto!

-Ay papá… -se lamentó ella, mirándole con pesar. –no es tan simple. Cuando todo acabara, si es que acababa bien, ¿no buscaría la Corona un modo de cobrarse el favor?

-¡No sería capaz!

-Tal vez tú no, papá, pero ya sabes que estamos atados… a los deseos de nuestros superiores.

Delfina no entendía nada de lo que estaban platicando, pero se retrajo calladamente hasta salir de la recámara. Antonio apretaba contra su pecho a la joven con la impotencia retratada en la cara, aquélla niña tenía apenas tres décadas de haberse independizado de él y extrañaba como nadie sentirla junto a él, abrazarla y consolarla, jurándole que la defendería por siempre de todo… Ahora esas promesas eran banales e imposibles, irreales, tan irreales como alguna vez, en sus delirios de desesperación, le parecieron esos 300 años a su lado.

-María, te juro que si yo pudiera liberarte de todo esto lo haría. –susurró.

-Lo sé, papá… lo sé.

Pasaron la noche hablando hasta que les venció el sueño, y a la mañana siguiente María despertó ovillada en su cama y Antonio, colgando de forma irregular sobre la silla, mientras Chiquito intentaba arrancarle un zapato. En ese momento Delfina se precipitó a la recámara, dando voces.

-¡Señora, señora!

-¿Hmm? ¿Qué?

-Vino el señor Arthur a verla, dice que le urge hablar con usted.

Hubo un destello breve de esperanza en el rostro de la mexicana. Si Arthur estaba ahí, y había venido solo, significaba que, tal vez, Alfred había renunciado a su maldita propuesta y, como todo orgulloso que era, prefirió enviar a otro con el recado que decírselo de frente.

-Hazlo pasar a la sala por favor, y atiéndanlo mientras me visto. –le ordenó.

Cuando terminó de arreglarse, bajó de dos en dos la escalera hasta llegar a la sala, donde Arthur miraba un poco desconfiado uno de los churros de Antonio. Por suerte su contemplación se detuvo al ver aparecer en el resquicio a María, y se puso de pie extendiendo su mano para saludarla.

-Good morning, Mary.

-Hola, Arthur, qué gusto me da verte… Pero bueno, ¿qué querías decirme? Delfina me dijo que te urgía hablar conmigo.

-Así es, y principalmente quería hacerlo sin Alfred presente. –Arthur dejó pasar a María primero que él y esperó a que se sentara. –Well… estuve pensando en todo este asunto de la boda y quisiera informarte que…

-¿Se ha cancelado? ¿Acaso Alfred…?

-No. –el inglés sonrió con amargura. –Quería informarte que… yo… seré el padrino de Alfred. Imaginaba que tal vez hubieras preferido que… bueno… no podemos cambiar ya nada, pero… en fin, ¿tú ya has pensado en… no sé… el vestido, la fiesta?

Una vez más, la cara de María se ensombreció. Inclinó la cabeza mirando sus manos. Arthur suspiró y se acercó a ella, colocándole una mano sobre el hombro.

-Sé que estás sufriendo, pero lo mejor en este caso es resignarse y…

-¿Resignarme? ¿A qué, a vivir sometida a la persona que más desprecio? ¿A convivir y hacer el papel de esposa bonita y cariñosa con un hombre al que no amo? ¿O a qué, Arthur, a renunciar a mis sentimientos y a mis decisiones porque alguien más decidió por mí?

-Ninguno de nosotros es libre, María, y lo sabes. Nuestra vida no la regimos nosotros…

-¡Yo quiero regir mi propia vida! –exclamó, levantándose tan rápidamente que Arthur dio un salto.

En ese momento oyeron unos pasos firmes y alguien vestido con desgarbo se asomó a la sala.

-Hi there! Perdón por el retraso, Arthur, pero estaba… -cuando la mirada de Alfred y María se cruzó, la atmósfera pareció viciarse. Tanto uno como otro endurecieron sus rostros y luego, con altivez, Alfred entró a la sala seguido por la mirada insistente de la joven. –Good… te decía… estaba ocupado viendo los sombreros.

-Lo imaginé cuando te fuiste calle abajo. –terció el inglés. –Estaba contándole a María sobre tus planes sobre la boda y ella estaba a punto de decirme qué había decidido sobre su ajuar personal. –al decir esto último, miró con apremio a la mexicana, que seguía una batalla no verbal contra le estadounidense. Al comprender lo que el mayor intentaba decirle, María trató de fingirse tranquila y replicó:

-Así es. Yo… pensaba en comprarme un vestido… sencillo, sin muchos adornos… algo simple para… que… -miró de soslayo a Arthur solicitando socorro.

-Para que luzca el tocado, sí. –inquirió éste rápidamente. –Una sabia elección, los vestidos pesados no lucen bien. Bueno… respecto a la fecha de la boda, me preguntaba si alguno de ustedes…

-Quiero que sea lo más rápido posible. –se adelantó Alfred. –De preferencia dentro de unas dos semanas, para que haya tiempo de hacer invitaciones y esas cosas. ¿De acuerdo? –añadió fulminando con la mirada a María. Ésta, simplemente, asintió con altivez y repuso:

-Si eso te parece bien, a mí también.

-Good. Entonces… dentro de dos semanas, en… alguna capilla de la frontera. Ya arreglaremos eso, ¿verdad, Arthur?

-Yes, of course… lo arreglaremos… muy pronto. –sin atreverse a mirar a María, el inglés se puso de pie, seguido por Alfred. –Nos… veremos pronto de nuevo, entonces… ¿y… dónde vivirán por cierto?

-En mi casa. –replicó Alfred de nuevo. María cerró la boca y, resignada, torció el gesto.

-Ah… good, ¿te parece la idea, María?

-…Sí. Está bien. –replicó con voz carente de emoción.

-Entonces nos veremos. Good morning. –se despidió Arthur amablemente, caminando hacia la entrada. Alfred lo siguió, no sin antes contemplar de reojo a María, que seguía mirándole con desagrado. Cuando los dos hombres se marcharon, apretó los puños y echó a andar hacia la cocina, sin mirar muy bien ni dónde pisaban; ahí, además de la cocinera, estaba Delfina y Antonio, que seguramente bajó tras ella y fue a tomar el desayuno.

-Mi señora… -susurró la cocinera, mirándola preocupada. María tenía los ojos en llamas, su rabia contenida era tal que parecía impregnar la casa y hacer crujir los muros. Antonio quiso retroceder, ya conocía esa mirada y sabía que era jugar con fuego el alterarla en esos instantes. María se desplomó delante de la mesa y ordenó:

-Doña Tehua, sírvame de desayunar por favor.

-Como usted mande, mi señora. –la cocinera se volvió a la estufa para servirle el desayuno, y entonces Antonio musitó, débilmente:

-Hmm, María… ¿estás bien?

-Sí, estoy bien. –anunció con una voz que no era la suya, mientras erguía orgullosa la cabeza. –Estoy muy bien, papá.

-Ah, y… ¿de qué quería hablar Arthur contigo?

-De cosas de la boda. Ya está hecho. Alfred y yo nos casaremos en dos semanas.

-¿Tan pronto? –saltó Antonio, mirando boquiabierto a su hija y a la puerta. -¿Pero cómo…? ¡Creí que tú ibas a…!

-¿A negarme? No, papá, lo siento pero no puedo. Hice una promesa y la voy a cumplir. Además… -añadió con la crueldad impregnando cada palabra. –Alfred quería una esposa, ¿no? Pos tendrá una esposa… y lamentará el día que pensó que podía comprar a alguien y hacer su santa voluntad.

No muy lejos de ahí, en una posada de aspecto elegante, Arthur y Alfred discutían. Arthur caminaba de un lado a otro agitando los brazos mientras Alfred, sentado en la cama, miraba con enfado el piso.

-¡Te lo dije! ¡Te dije que era una mala idea! ¡Llevo diciéndotelo cinco días y no me escuchas!

-Ella accedió, Arthur.

-¡Claro que accedió! ¿Qué querías que hiciera si prácticamente la amenazaste? Pensé que te había enseñado algo de modales you bloody…

-Pudo simplemente darme lo que quería pero se negó, ¿qué más podía hacer? –se defendió.

-¡Pudiste ser un caballero y aceptar dejarla en paz! –le gritó Arthur perdiendo un poco los estribos. –Lo que tú quieres no es la tierra, quieres atormentarla, ¿verdad? Hacerle ver quién manda aquí, es todo lo que te importa.

-¿Porqué te importa tanto Mary?

-¡Es lo mismo que yo me pregunto de ti! ¡Desde hace años sólo buscas fastidiarla y quisiera entender porqué!

Por un momento, pensó que el estadounidense se echaría a gritar, rabioso como de costumbre, pero lo único que oyó a sus espaldas fue un triste suspiro.

-No es tan simple. –susurró Alfred. –Yo… al principio lo único que buscaba con este arreglo era… fastidiarla… vengarme de todos sus desplantes y sus niñerías. De veras quería tener el itsmo porque… bueno… mi superior dijo que era justo y conveniente pero…

-¿Pero qué?

-Pero ahora no lo sé. Tú… la has mirado, ¿verdad? –preguntó levantando los ojos en dirección del contrariado inglés. –A Mary…

-Claro que la he visto, bloody idiot, no estoy ciego.

-Entonces ahora me entiendes. –concluyó con calma. –Las naciones femeninas son poco comunes y no destacan mucho entre nosotros y… ella es…

-¿Bonita?

-Más que eso.

Arthur se llevó una mano a la cara y se palmeó tan duro la frente que por poco no se hizo daño.

-Eres más imbécil de lo que pensaba, Alfred. –concluyó con un dejo de desesperación en la voz. -¿Te vas a casar con ella porque…?

-Porque quiero.

-¿Porque quieres qué? ¿El itsmo? ¿La venganza?

-A ella.

La codicia y la obsesión la acompañaban desde antes de nacer. Su aparición en el mundo significó un parteaguas para un imperio y muchas naciones, que vieron en ella la oportunidad de enriquecerse y cubrirse de gloria a pesar de que hablaban de tener potestad sobre una criatura que, antes de saber hablar y andar, ya tenía en su sangre la historia del esplendor y la agonía de un imperio. Aquélla maldición, si bien no era única ni rara, le afectó a edad temprana y desde entonces se vio sometida a las inclemencias de los mayores. Es el destino de las naciones como ella, y el destino que a su vez, el género femenino parece compartir. Mitad salvajía y libertad, y mitad fragilidad y docilidad, dos caras con las que, ya fuera por codicia o por anhelo, estaban a punto de darse a conocer.

Porque ustedes lo pidieron, he aquí el capítulo 4 n.n ya se viene la boda y todo… todo lo que el matrimonio implica, ujuju…

Bueno, ahora los comentarios:

Lady Raven Baskerville: Bueno, ya sabemos que el gringo es impulsivo y a veces… sí, un poquito malvado, pero qué le vamos a hacer. Sí, Corazón Salvaje es hermosa n.n

RozenSword: En ese tiempo, el gringo literalmente quería TODO O_O y amm… bueno uno de esos dos tendrá aparición especial pero no puedo contar más, jeje.

Miku: Mucho amor a papá Toño y… jitomatazos al gringoso XD

Ghostpen94: Todos sufrirán u_u lo lamento mucho.

Jessy88g: Jaja aquí ya más o menos vemos el revoltijo mental que se trae Alfredo n.n pero… bueno, Toño seguirá siendo el papá hiperprotector y Arthur el encargado de que nadie enviude en este matrimonio jaja.

Kanako Mei-chan: La venta de ese territorio nos salvó de ser prácticamente solo 3 estados (según mis horribles cálculos mis antepasados serían gringos de no haberse llevado a cabo esa venta u_u traumas) Jaja los dos se quieren pero se odian… o algo así.

Wind und Serebro: Pueees… casi te acercas con Belarús, pero no, no es n.n

Bellrose Jewel: n.n bueno, te comento aquí tus tres comentarios, el primer lugar gracias por leer, y en segunda… Alfredo para México tiene de heroico lo que las hamburguesas tienen de sanas al lado de la ensalada (?); Amor Real *-* si yo digo, esa novela es perfecta, o por lo menos mucho mejor que las cosas que producen actualmente. Bueno es que para que hubiera Adolfo alguien tendría que haber estado, ejem, mariposeando con Mari antes del evento y por desgracia, nadie excepto España podía haber cumplido el requisito pero es su papá así que no cuenta. Belarús… hum… no pero te acercaste bastante también n.n

OkamiYuki98: D: no le temas a Vanya osito bipolar, es tan lindo. xD jajaja pues… el cejotas como exhermano del esposo y "padrino" de la esposa tendrá mucha participación por aquí, papá Toño solo ve por los ojos de su colonia adorada. Deje la coca ¬.¬ mejor tómese una sangría *¬* hmm sangría… se me antojó XD.

En fin, ya se viene la boda y como nadie le atinó a la Antonia pues… no habrá premios uuuuh~ (?) ¡Adiosito!