CAPITULO 4
Los Cullen habían dejado la habitación para darles privacidad a Ángel y su hijo. Emmett había tardo un buen rato en dejar de burlarse de Edward, de hecho, se habría sido burlando si Carlisle no le hubiese advertido que parara si no quería encontrarse en una posición difícil, enfrente de su hermano. Edward mucho menos quería imaginarse a su hermano en esa posición frente a sus ojos, pero agradeció a su padre en silencio por la ayuda extra.
— ¿Qué es el, Carlisle? – pregunto Edward.
Carlisle que estaba muy serio en la esquina se giro para verlo. – Es como nosotros.
— No, claro que no es como nosotros. El sangra.
Carlisle lo miro consternado. — ¿Cómo sabes eso? – pregunto, Edward bajo la mirada, dándose cuenta de que acababa de cometer una terrible indiscreción. – Edward, responde cuando te hablo. ¿Cómo sabes que el chico puede sangrar?
Edward bajo un mas la cabeza. – Puede que yo. . . haya hecho un pequeño experimento en él. – dijo sin mirarlo, y en apenas un murmuro.
— ¿Un experimento? – Carlisle se podía hacer una buena idea de lo que las ideas de su hijo tendían a hacer. — ¿Acaso lo. . . lo heriste? ¿Ese fue tu experimento? – Edward no se atrevió a responder, lo que prácticamente era una respuesta para Carlisle.
— Oh-Oh, alguien se metió en problemas. – murmuro Emmett con gracia.
Carlisle lo miro enfurecido. – Y si alguien mas no quiere tener los mismos problemas, aconsejaría que te fueras a la cama.
Emmett supo aceptar la advertencia, miro a Edward con compasión y se retiro del pasillo. Los vampiros no necesitaban dormir, pero su cama improvisada seria mas disfrutable para recostarse sobre la espalda, y no sobre el estomago.
Carlisle regreso su furia a su atrevido muchacho. – Edward, estoy esperando una respuesta. ¿Qué le hiciste a ese pobre niño?
— ¿Pobre niño? – Edward no pudo contener la ironía. – De pobre nada, por si no lo notaste, ¡el mocoso casi me arranca la cabeza!
— Si, pero no puedes culparlo. Seguro que tú le hiciste algo para que reaccionara de esa forma, y yo quiero saber el que.
Edward se encogió de hombros, con más cinismo del necesario. – Solo fue un pequeño corte, ni siquiera le quedara marca.
— Edward, es un niño. ¿Cómo pudiste siquiera pensar en herirle?
— No quería herirlo, solo. . . quería saber si era igual de resistente que nosotros. Y no lo es.
— Claro que no lo es, ¡pudiste haberte dado cuenta por la sangre en su pantalón!
— Es que no pensé que fuera suya. – y era cierto, el no había visto muy bien al chico en el bosque. Solo le había visto correr más rápido que el diablo, y por eso, cuando vio la sangre en su pantalón, pensó que era de alguien más. De alguien sano.
— Eso no es una justificación, Edward.
— Lo sé, y lo siento. De verdad que no pensé. . .
— Exacto, no pensaste. – remarco Carlisle, con toda la furia. – No pensaste que se trata de un niño. UN NIÑO, EDWARD. – remarco cada palabra como si el fuese un estúpido, y así fue justo como Edward se sintió. – Así que vas a pedirle disculpas por lo que le hiciste.
— ¿Qué dices? – Edward se sentía ultrajado, no solo había sido humillado con la paliza con el chico le había dado, si no que ahora su padre también quería que volviera a humillarse para pedirle perdón. – Eso sí que no lo hare.
— Sí, claro que lo harás. Lo harás después de que mi cepillo tenga unas palabras con tu trasero desnudo. – dijo en tono solemne.
Edward se quedo con la boca abierta, hacia mucho que Carlisle no le pegaba con el doloroso cepillo de madera. – No, no puedes. . . – estaba en negación.
— Hijo, claro que puedo, y lo hare. – el tono firme se mantenía. – Así que tú decides, puedo darte solo los 15 azotes que tenía planeados, o podemos hacerlo hasta que decidas pedirle perdón a ese muchacho. Sabes que podemos hacerlo todo el tiempo que tú quieras. – dijo, y Edward sabía muy bien que estaba en lo correcto. Una maldición de ser un vampiro con padres, es que podías ser disciplinado por toda la eternidad y nunca morirás o perderías alguna extremidad. — ¿Qué va a ser Edward?
Edward gruño, y asintió de malos modos. Antes de emprender camino a su habitación, al menos ahí podría tener un poco de privacidad para aquella tontería. Carlisle suspiro frustrado, no le gustaba tener que castigar a sus muchachos, pero ellos tampoco le dejaban otra opción. Así que emprendió camino a su propia habitación, para recoger el cepillo de madera que tenía guardado en la cómoda.
...
Ángel se sentó con su hijo para explicarle todo lo que había pasado. Había decidido resumirlo todo a cuatro simples cosas, una bruja desconocida, un hechizo, un mundo que era muy parecido al suyo, pero que no era el suyo. Y los Cullen. Sobre ellos solo había dicho que eran vampiros aparentemente vegetarianos, pero que no debían fiarse de ellos, no hasta que el corroborara sus historias. La cosa era, que Demian no se veía tan confundido, al menos no tanto como Ángel esperaba.
— Entonces, ese remolino de fuego. . . ¿era un portal? ¿Un portal para traernos aquí? – se pregunto el chico.
— Supongo que sí, la parte que no entiendo todavía es como terminaste tú conmigo. Lo última cosa que recuerdo bien, es haberte visto entrar en la escuela. Luego de eso, solo tengo los recuerdos que esa chica me mostro.
Demian pensó un momento en decir o no la verdad, pero termino haciéndolo. Después de todo, no creía que las cosas fuesen a ponerse peores de lo que ya estaban.
— Si eso, yo. . . la estaba pasando muy bien en la fiesta, de verdad, hasta estaba con una chica, papá. – Demian no pudo contener su emoción al hablar de lo poco que había disfrutado la fiesta del colegio. – Pero cuando estaba con ella, sentí esta. . . esta sensación de que algo me estaba mirando. Y no pude dejar de pensar en ello, deje a Hayley, y deje la fiesta. Como si supiera a donde iba. . . Llegue al trasero patio de la escuela, y vi que esa cosa te tenia. . . Ella te tenía en el suelo, junto a una a hoguera, y pensé que iba a quemarte, pensé. . . – el pánico de ese momento lo invadió de nuevo. Era como estar viviendo ese miedo en carne propia otra vez. Ángel le puso una mano en el hombro, para darle apoyo.
— Esta bien, estoy aquí, hijo. Puedes contarme. – le dijo.
Demian lo miro como si fuese la cosa más preciada de su vida, y asintió. Hablando más pausado ya. – Pensé que ella te quemaría vivo, así que salta fuera de mi escondite para confrontarla, pero la maldita hizo que el fuego se alzara en ese. . . en ese remolino. Preferí dejar de golpearla para tratar de salvarte, pero el fuego nos absorbió a los dos. Luego de eso, solo recuerdo estar en ese bosque, con ese. . . – hizo unas señas bastante graciosas con las manos, tratando de describir lo que diría. – Hombre lobo monstruoso. Que quiso comerme. Lo que quiero decir. . . es que es que si yo la hubiese detenido. . . – Ángel no le dejo continuar.
— Esto no es tu culpa, hijo. No hubo nada que pudieras hacer contra ella. Escucha. . . – No importa en qué mundo estemos, mientras estemos juntos los dos, las cosas estarán bien. ¿Entiendes? – y le tomo de la mano, para hacerle ver que siempre lo protegería.
Demian asintió.
— Estas muy frio. – dijo, tras sentir el tacto sobre su piel.
Ángel le soltó la mano. — Lo sé, supongo que todos los vampiros aquí son fríos.
— Y también lucen como estrellas de Rock, solo mira ese cabello. – se burlo.
Ángel también se burlo. Al menos el chico no parecía estar incomodo con su nuevo aspecto. – A ti también te vendría bien un nuevo corte. – dijo con gracia, y revolviéndole el pelo para dar énfasis. – Ahora que ya tienes novia. . .
— No es mi novia. – Demian salto en su defensa. – Solo bailamos, unos minutos.
— Y decías que no sabias bailar. . .
— Y no sé, yo solo. . . la seguí.
— Claro, los novios no hacen eso. – dijo Ángel, fingiendo falsa seriedad. Pues por dentro se moría de risa, meterse con el chico en una manera sana no era algo que pasara muy seguido. Por eso disfrutaba bastante de esos momentos.
— Bueno, dejando de lado tus alucinaciones. – Demian tampoco perdía tiempo para meterse con él. — ¿Qué vamos a hacer para regresar a casa?, porque no creo que existe un autobús que viaje entre dimensiones.
Ángel no quería decirle que no tenía ninguna idea de cómo proceder. Si, era cierto que el había visto o escuchado de un montón de cosas raras, pero nunca nada como aquello. – Supongo que deberemos encontrar alguna bruja que pueda ayudarnos.
— Claro, uh. . . – Demian se llevo una mano sobre su oreja izquierda. Pues una especie de zumbido horrendo le aquejaba. — ¿Escuchas eso?
— ¿Qué cosa?
— Ese zumbido, ¿enserio no lo escuchas?
— No. – Ángel lo miro preocupado. Uso su oído vampírico para ver si lo escuchaba, pero no había ningún zumbido, solo una conversación privada entre Carlisle y Edward, que quizás no debía de estar escuchando. Hizo una mueca por el pobre muchacho, y se concentro en el propio. — ¿Cómo es ese zumbido?
— Pues eso, un zumbido.
Ángel rodo los ojos. — Se mas especifico, como es.
— Es. . . ¿recuerdas cuando te dije que mis audífonos se rompieron?, ¿cómo iba y venía el sonido?, pues es así.
Ángel suspiro, una mala idea pasaba por su mente. – Intenta usar tu oído vampírico. – le dijo. Demian lo miro sin entender, pero lo hizo. Descubriendo que el zumbido fue aclarándose hasta reproducir un sonido completo. El sonido de unos gritos.
Demian miro asustado a Ángel. — ¿Qué es eso?
— ¿El zumbido desapareció?
— Uh, sip. . . pe. . . pero ¿Qué estoy escuchando?
- Ignóralo. – dijo sin más. Lo cierto es que el estaba comenzando a cuestionarse su imagen de los Cullen. ¿Qué clase de vampiro le da unos azotes a su hijo como castigo en lugar de matarlo?, de donde venia, eso solo lo hacia el. Pues el resto de los vampiros siempre asesinaban a su progenie si esta no se comportaba. Después de todo, los Cullen podrían estar diciéndole la verdad y ser buenos. Pero eso sería algo que descubría después. Ahora solo importaba una cosa.
Ángel se paso una mano por la cara. – Tus poderes aquí son diferentes, pensé que solo me afectaría a mí.
— Por diferente dices que. . . ¿soy más poderoso? – Demian ignoro el sonido de los gritos, y el zumbido también desapareció.
— ¿Te sientes más poderoso? – Ángel estaba aterrado.
— No, no ahora. Pero cuando estábamos en el bosque. . . pude correr más rápido que nunca, corrí como tú sueles hacerlo. – Ángel se volvió a pasar la mano por el rostro, no sabía que pensar. — Y. . . mis rayos no funcionaron.
Ángel se puso más pálido. — ¿Cómo que no funcionaron?
Demian se encogió de hombros. – Intente lanzarle un rayo al lobo pero no funciono como siempre, fue como descarga eléctrica que me reboto. No lo intentado desde entonces.
— Y no quiero que lo hagas otra vez.
— Pero si nos atacan. . .
— No debes preocuparte por eso, yo voy a protegerte. Pero por ahora no quiero que intentes usar los rayos. Por lo menos no si no estoy contigo.
— Pero Ángel. . .
— No hay peros, Demian. Es una orden. . .
...
— ¡Argg! ¡Treceeee! – grito Edward tras recibir el treceavo golpe del cepillo en sus nalgas desnudas. Se sentía tan humillado, pues Carlisle no solo lo había obligado a desvestirse y a contar cada azote, si no que lo había puesto sobre sus rodillas como si fuese un mocoso de 5 años que se portaba mal. Si alguien merecía estar en esa posición, era el chico súper fuerte, y no él. Su padre era muy injusto.
Carlisle espero unos segundos, como había echo entre cada azote anterior, levanto el cepillo a una altura apropiada y lo dejo caer de nuevo. Edward grito mas fuerte aquella vez, y las lagrimas que había tratado de contener finalmente escurrieron bajo sus mejillas.
— ¡Carlisle! ¡Por favooooor! – grito de nuevo.
Carlisle tuvo que endurecer su corazón para continuar con el castigo. – Si no cuentas no valdrá, y tendremos que repetirlo Edward. – dijo firmemente.
Edward se tomo unos segundos para recuperar el aliento, en ese momento, odiaba a Carlisle más que nadie más. – Catorce. – dijo en un murmuro.
— Eso es. – Carlisle estaba agradecido de que al menos siguiera obedeciendo. – Ahora, antes de darte el ultimo azote. Quiero que me digas porque he tenido que castigarte.
— Snif Snif – Edward trago de serenarse. — Piensas que lastime a un niño indefenso, pero no es un niño. Es una cosa. – dijo con orgullo.
Carlisle puso los ojos en blanco, no entendía porque Edward tenía que ser tan orgulloso siempre. Porque para él todo siempre tena que ser blanco y negro. Así que con todo el dolor de su corazón, dejo el cepillo de lado y le propino dos fuertes nalgadas con la palma de la mano.
PLASS PLASS
— Supongo que voy a tener que volver a iniciar con el castigo. Porque te estaba castigando por algo que no es cierto.
PLASS PLASS PLASS PLASS PLASS
— ¡Auuuu! ¡Noooo! ¡Carlisleeeeee! ¡No maasss! – Gritaba Edward, era increíble, pero cierto. La mano de su padre adoptivo era incluso más dura que la cubierta de ese maldito cepillo de madera y no creía poder soportar una zurra completa con ella. No después de los azotes que ya se había llevado.
PLASS PLASS PLASS PLASS PLASS
— Esta en tus manos Edward, ¿Por qué estoy castigándote?
Edward tuvo que tragarse el orgullo y decir lo que su padre esperaba escuchar.
— Porque no pensé las cosas y lastime a un niño.
— Eso es. – Carlisle tomo el cepillo de vuelta y dejo caer el último azote. Con menos fuerza ya, pues las ultimas palmadas habían colaborado para llegar a la cabeza de su hijo.
— Arggg. . . Quince.
— Correcto, quince. Esta vez fueron solo 15 Edward, pero si vuelves a hacer algo tan estúpido e inmaduro como lo de hace rato. . . No solo serán 15, será una zurra completa con el cepillo. ¿Entiendes?
— Sí, sí señor.
— Muy bien, entonces arriba. – le dio una palmadita leve en el trasero para que se levantara de su regazo. Edward lo hizo, llevándose poniéndose las manos sobre su pobre trasero enrojecido. Hizo una mueca de dolor al sentir el tacto sobre las nalgadas, y estaba seguro de que haría mucho esa mueca en por lo menos 3 días. Carlisle se había lucido con aquella paliza.
— Te daré unos minutos para que termines de calmarte. Iré a ver a mi paciente. – refiriéndose claramente al chico. – Y esperare hasta que bajes a disculparte. – dijo, Edward levanto la mirada y la clavo en el. Sorprendido. – O si jovencito. No creas que ya se me olvido. Vas a bajar a disculparte con ese chico, y si no lo haces entonces puede que yo le invite a ver cómo te vuelvo a castigar. ¿Eso quieres?
El rostro de Edward se enrojeció al pensar en tal cosa. – Iré en unos minutos.
— Buen chico. – Carlisle le dio un apretón de hombros y se retiro. Edward se tiro sobre la improvisada cama que tenia y se sobo el trasero. En ese momento odiaba a Carlisle, de verdad lo odiaba, y si no fuera porque le respetaba, jamás habría permitido que le hiciera aquello. Era denigrante, tenía 115 años y lo seguían tratando como si tuviera 10. Era tan injusto. . .
Carlisle era un experto en ocultar sus problemas, así que cuando regreso a su consultorio, ofreció una cálida sonrisa a sus pacientes. – Espero no interrumpir. – dijo, pues Ángel y el chico estaban sentados en la misma camilla, y no se veían muy animados.
— No, solo charlábamos. Demian, este es. . .
— Carlos, lo sé. Me lo dijo en el bosque. – dijo sin muchos ánimos.
Carlisle sonrió, no era la primera vez que alguien confundía su nombre. — Es Carlisle, pero créeme, me han llamado peor. – dijo con una sonrisa, Demian no quería seguirle la conversación por que era un extraño, pero no puedo resistirse a hacerlo.
— Entiendo lo que es tener un nombre feo. Mucha gente me llama Damián. – dijo con una media sonrisita. Carlisle correspondió, aun que no compartía su opinión.
— Oye, ninguno de los dos tiene un nombre feo ¿sí? – interrumpió Ángel. — Carlisle es un nombre antiguo, era muy usado en su tiempo. Y Demian es un nombre único. ¿A cuántos chicos conoces que se llamen como tú?
Demian puso los ojos en blanco. — Claro, papá. SI tú lo dices. . . – dijo lleno de ironía.
— Demian, no hables así. – le riño.
Carlisle intervino antes de que otro joven en esa casa fuera a ser castigado. — ¿Por qué no nos calmamos un poco?, yo realmente vine para revisar que tus heridas hayan sanado. ¿Puedo? – pregunto a Ángel. Que solo asintió.
— ¿Heridas? – Demian ni siquiera sentía dolor en ninguna parte. Entonces, el recuerdo de la garra del lobo arañándole la cara le vine a la mente e inconscientemente se llevo la mano derecha a la mejilla, pero no sintió nada, ni una marca o dolor. – ¿El lobo me ha desfigurado la cara? ¿Es eso? – pregunto aterrado.
Angel y Carlisle rieron, vaya que el chico era ocurrente.
— No, de hecho. – Carlisle se acerco a él, y le levanto la cara lentamente, para ver más de cerca el tejido. – Ya no tienes nada, la herida ha desaparecido.
Demian miro a Ángel sin entender que estaba pasándole, pero este le indico con la mirada que no dijera nada más. Carlisle mientras examino las heridas de las rodillas que su esposa había limpiado antes. – Y tus rodillas lucen bien, ¿te importa si hago una prueba?
Demian negó con la cabeza, pensando que Carlisle le estaba hablando a él, pero no. Le estaba hablando a Ángel, que también tardo un segundo en entenderlo.
— ¿Es algo peligroso? – pregunto.
Carlisle fue a uno de los estantes y tomo un martillo de reflejos. – Solo si eres un clavo. – dijo con gracia. Ángel asintió a la prueba.
— Bien, Demian. ¿Podrías remangar tus pantalones por encima de la rodilla? – le pidió. Demian empezó a hacerlo, pero se dio cuenta de que no quedaban muchos pantalones que remangar. Estaban rotos, y eso le alegraba, pues de verdad que los odiaba. – Bien, solo quiero asegurarme de tus reflejos respondan correctamente al estimulo. Voy a darte dos golpecitos en cada una para ver qué sucede. ¿De acuerdo?
— De acuerdo.
— Bien. Relaja la pierna – Carlisle acomodo la pierna derecha en la posición correcta, y dio el primer golpe en la rodilla. Y obtuvo el movimiento que buscaba, repitió y paso lo mismo. – Genial, ahora vamos con la otra. – y tomo la pierna izquierda para hacer lo mismo. Todo resulto muy bien.
— Bueno, Ángel. Tienes un hijo muy sano. – dijo, mirando con compasión la cara de preocupación que Ángel habían mantenido durante toda su pequeña revisión. Era extraño, pero incluso con la piel pálida y los ojos brillantes, Ángel no se veía como ellos. Se veía más como un hombre, un verdadero padre preocupado por su hijo. Eso le daba algo de envidia, pues desearía que alguna vez sus chicos miraran lo mismo en el.
Ángel sintió que el corazón le volvió a latir. El podría soportarlo todo, incluso quedarse en ese mundo extraño para siempre, pero no podría soportar que Demian tuviese el mínimo rasguño. — ¿Escuchaste eso, campeón?, estas bien.
Demian suspiro aliviado, no había querido imaginarse el montón de escusas que tendría que poner a sus amigos si hubiese tenido que explicar un arañazo salvaje en su rostro. Más importante, no quería imaginarse lo que Hayley diría.
— Supongo que no se puede decir lo mismo mi ropa. Estoy hecho un asco.
— Ah, no te preocupes por ello. Pedí a mi mujer que buscara algo de ropa que te gustara, solo dame un segundo. . . – y Carlisle salió del consultorio. Ángel detrás de él, para detenerlo de avanzar.
— Carlisle. – se sentía raro incluso llamarlo por su nombre. – De verdad no es necesario que hagan esto. Yo. . . te agradezco, les agradezco mucho que nos hayan ayudado. En especial a mi hijo, pero. . .
— Pero no puedes confiar en nosotros. – agrego Carlisle, lejos de ofendido. Divertido. Ángel asintió. – Mira, no sé como sea tu mundo, pero debo suponer que allá los vampiros no son otra cosa más que demonios. Pero sinceramente, mírame a los ojos y dime que ves a uno de ellos en mí. Dime que no puedes ver soy una buena persona, que soy un padre que como tú solo quiere proteger a su familia.
Ángel no pudo hacer eso, pues aun que su mene le gritaba que no confiara en ellos, su corazón le decía otra cosa. Le decía que Carlisle era exactamente igual que él, un vampiro que buscaba darle un significado positivo a la maldición con la que cargaba.
— Supongo que no puedo. – murmuro.
Carlisle sonrió, y le puso una mano en el hombro. – Y yo supongo que nos llevaremos muy bien. – dijo sonriente.
Ángel también sonrió, aun que un poco incomodo por la falta de espacio.
El momento de amistad entre los dos hombres se rompió, cuando un consternado Edward se paro tras de ellos. El nunca había visto a Carlisle con un amigo. Aun cuando su poder era la compasión, su padre siempre tendía a alejarse de las personas para no ponerlas en peligros innecesarios. Supuso que era bueno que por fin encontrara a alguien con quien tener tanto en común.
— Edward. – dijo Carlisle. Fingiendo sorpresa por verlo ahí.
— Esme dijo que le pediste unas cosas. — dijo, agitando la bolsa que sostenía en la mano derecha.
— Si, ¿puedes ayudar a Demian a asearse? – pidió Carlisle.
— Ah, yo puedo encargarme. — intervino Ángel.
— Si, pero Edward quiere hacerlo, ya que también quiere disculparse con tu hijo. ¿Cierto Edward?
— Cierto. – murmuro Edward, nunca en la vida había tenido que tragarse el orgullo como en ese momento. Y estaba planeando que fuera la última vez.
— ¿Seguro? – Ángel no entendía por qué tanta insistencia.
— Seguros – respondió Carlisle, era más que obvio que no iba a darle más opciones a su hijo. – Mientras los chicos se conocen, ¿Por qué no me dejas mostrarte el resto de la casa?, seguro que te encantara. – y sin darle opción a Ángel, le puso una mano en la espalda y empezó a conducirlo.
— Edward se bueno, ¿sí? – le advirtió, tocándose la frente sutilmente. Edward escucho sus pensamientos, y lo escucho decir que estaría escuchando todo lo que le dijera al chico, y que a la primera que fuese grosero, regresaría para azotarlo.
— Si, Carlisle. – dijo derrotado.
No recordaba haber estado tan molesto con su padre en los últimos 50 años. Pero no tenía opción, no si quería volver a sentarse en clases esa semana.
Edward agito la bolsa con furia y entro al consultorio.
* Hola a todos, espero estar haciendo esto bien. Recuerden que esta es mi primera interpretación de los Cullen, algunos son personajes muy completos así que espero que les este gustando. No fui duro con Edward ¿o si?
Por favor Review!
