Bueno, aquí estoy otra vez! Sé que he tardado milenios en subir otro capítulo más... asi que os pido mil y mil perdones! Sólo espero que la historia os siga gustando y que la disfrutéis!
Y ya sabéis... os agradeceré mucho cualquier comentario que dejéis! =)
Un beso... y a leer!
Capítulo 5
My Day
Please tell me what is takin´place
cuz I can´t seem to find a trace,
guess it must have got erased somehow,
probably cuz I always forget,
everytime someone tells me their name,
it´s always be the same.
- Mmmm… ¿Es qué el que vivía aquí no comía otra cosa más que ramen?
La voz de Alison, medio adormilada, hizo eco en las paredes de su apartamento.
En aquello momentos, recién levantada, con una cara horrible del día anterior, rebuscaba entre la despensa de la pequeña cocina, buscando algo para desayunar. Pero tal y como había dicho Tsunade, el que había vivido anteriormente en aquella casa, además de desordenado, era un adorador de toda la comida instantánea, especialmente de los fideos.
- ¡Buff!- se dejó caer sobre la repisa, exhausta- genial, con el hambre que tengo…
Aquello era cierto, la barriga de la Minagui, sin probar apenas bocado desde el día anterior, rugía como nunca lo había hecho, pidiendo a gritos cualquier cosa que pudiese rellenarlo, aunque sólo fuese un poco.
- En fin… que remedio… tendré que ir a comprarme algo de camino a la residencia del Hokage…- aceptó al rato, dándose por vencida.- Aquí hay comida que ha caducado hace lo menos un año… no me gustaría suicidarme sufriendo tanto…- rió su propio chiste, pero después, de pronto, recordó las palabras que Tsunade la había dicho el día anterior:
No digas eso ni en broma
- Está bien, Tsunade-sama- concedió la muchacha, saltando de la repisa al suelo- intentaré se una niña buena a partir de ahora…
Antes de marcharse en busca de un buen desayuno, fue al cuarto de baño, se cepilló bien el rebelde cabello castaño y se lavó bien la cara para quitarse todos los churretones que la cubrían.
Acabada esta operación, se colgó las llaves a modo de collar, colgando de su cuello, y tras cerrar la puerta de la entrada y empujar un par de veces para comprobar que estaba bien afianzada, bajó por las escaleras, en dirección a la cafetería más cercana.
No hizo falta que caminase mucho, a los cinco minutos, se encontró una grande, llena de gente, con una barra amplia y una estantería de cristal cubierta de arriba debajo de toda clase de dulces.
La muchacha dio gracias al cielo que en Konoha, no todos fuesen como ese chico que había vivido antes que ella en el apartamento.
Se sentó en una mesa, y esperó a que alguien le atendiese. Apoyó la barbilla en su mano, y aburrida, ojeó lo que ofrecían en el menú del desayuno.
Pasaron cinco minutos, diez, quince, y la chica, aún apoyada en la palma de su mano, se iba adormeciendo poco a poco, sin entender por qué diablos no venía nadie a atenderla.
Los ojos se le caían de sueño, y todo el alboroto de su alrededor, iba disminuyendo poco a poco, hasta convertirse en un murmullo apagado. Suspiró, y dejó que el sueño la venciese, dando la primera cabezada.
Pero de pronto, una voz le hizo levantar bruscamente la cabeza.
- ¡Eh! ¡Alison!
Dando un salto, la muchacha levantó su rostro con fuerza, y, sin querer, impactó su nuca contra la nariz de aquel que le había llamado.
-¡Uah!
La chica terminó por levantar la cabeza, y miró a su alrededor, buscando a quién había golpeado.
Un chico algo mayor de ella, vestido totalmente de verde, de unas impresionantes cejas negras, se encontraba en el suelo, agarrándose la cara con fuerza, quejándose por el dolor.
- ¡Oh! ¡Lo siento! ¡Lo siento!- se apresuró a decir Alison, arrodillándose junto al muchacho.- Ha sido sin querer…
La chica de cabello castaño bajó la cabeza, preparada para recibir una sarta de insultos e improperios por parte de aquel chico. Pero éste, apartándose la mano de la nariz sumamente enrojecida, la movió de un lado a otro, como si indicase que aquel incidente no había tenido relevancia ninguna.
- ¡Bah! No te preocupes, solo ha sido un golpecito de nada…- le dijo sonriendo, mostrando una dentadura perfecta y brillante, como la de un actor de cine.
- Pu… pues me alegro…- Alison se mordió la lengua, otra vez parecía una estúpida hablando.
El muchacho se le quedó mirando, fijando sus negros ojos en los pardos de ella, sin decir nada.
- No te acuerdas de quién soy… ¿Verdad?- le preguntó, al cabo de unos segundos.
- Eh… esto…- Alison frunció el entrecejo, intentando recordar, y de pronto, cayó en la cuenta. Él era uno de los chicos que Tsunade le había presentado el día anterior.- Tú eres… Rock… Lee… ¿No?- preguntó, rogando al cielo que no metiese la pata.
- ¡Bingo!- exclamó el aludido al escuchar su nombre. La muchacha respiró tranquila.- ¡Pero muchos, ahora me conocen como la segunda hermosa bestia verde de Konoha!- gritó, señalando con su dedo al cielo.
- Ah… ¿Sí?- Alison miró a sus lados, ligeramente abochornada. En las mesas próximas, se les habían quedado mirando al escuchar semejante bramido.- ¿La segunda?
- ¡Así es! ¡La primera es mi querido y amado Gai-sensei, vivaz e increíble maestro especializado en la lucha cuerpo a cuerpo!- volvió a chillar Lee, pero esta vez, en vez de señalar con su dedo índice, lo hizo con ambos brazos, adquiriendo así una extraña postura que hizo enrojecer aún más a la chica, y atraer más miradas hacia ellos.
- Oh… tu maestro…- Alison, cayó de repente en la cuenta que ella aún no tenía ninguno, y de que debía apresurarse si no quería coger a Tsunade en alguna reunión o comiendo junto a su ayudante Shizune, nunca le había gustado interrumpir.- Pues ahora que caigo… yo aún no tengo ninguno…
- ¿No?- Lee, aún con ambos brazos tiesos, volvió su rostro hacia ella, y le sonrió con amabilidad.- Pues si quieres, puedes pedirle a Hokage-sama que estés junto a Neji y a mi en el grupo. Tenten, nuestra otra compañera, ya no está con nosotros. Se marchó a la Villa de la Lluvia.
Alison, sin saber demasiado bien por qué, se imaginó así misma, vestida con aquel mismo mono verde que llevaba puesto el chico que se encontraba frente a ella, con la estrellita luminosa brillando en su sonrisa y unas enormes cejas negras, y de pronto, sintió unas incontenibles de negarse de inmediato.
Sin embargo, sonrió débilmente, y dijo:
- Gracias… se lo diré…
- ¡Genial!- exclamó Lee, dando un salto de alegría. Miró el reloj que colgaba de la pared de la cafetería, y soltó una exclamación.- ¡Ah! ¡Llego tarde a mi entrenamiento con Gai-sensei! ¡Será mejor que me vaya!- se volvió, dándole la espalda a la muchacha.- ¡Luego nos veremos, Alison!
Echó a correr, esquivando a toda velocidad las mesas, sillas, y personas, de camino a la salida. Pero entonces, justo cuando fue a abrir la puerta de la cafetería, tropezó con sus propios pies y, cayendo de cabeza, atravesó el escaparate, acabando con el bonito montaje hecho de pan y dulces, que escenificaban la roca en la que esculpían los rostros de los Hokages.
- ¡Au!- se quejó el chico, al recibir el segundo golpe de aquel día.
- ¡LEE!- una mujer muy gruesa, seguramente la dueña del establecimiento, vestida con un enorme delantal rosa con volantes, portadora de un enorme cucharón de madera en la mano, salió súbitamente del mostrador, agitándolo furiosa.- ¡Te he dicho mil veces que no salgas corriendo de esa manera de mi establecimiento! ¡Siempre te acabas cargando algo!
Esta vez, todas las miradas de la cafetería se clavaron en el pobre muchacho, cubierto de trozos de pan y restos de dulces. Éste se levantó, se llevó la mano a la frente y, con voz potente, exclamó:
- ¡Sí señora, la próxima vez lo haré con más cuidado!
Y dicho esto, desapareció tras la puerta que comunicaba con la calle.
- ¡Maldito muchacho! ¡No me refería a…!- la mujer calló y negó con la cabeza.- En fin… que remedio…- se dirigió de nuevo al mostrador, y siguió preparando cafés como de costumbre, como si nada hubiese pasado.
Alison, pasmada, aún observaba con la boca abierta el estropicio que había armado Lee antes de salir, y, a duras penas, consiguió parpadear.
- ¿Eres nueva aquí, no?- preguntó una voz junto a su oído.
La chica se volvió y se encontró junto a un muchacho rechoncho, vestido con el uniforme de chunnin, de extraños símbolos redondeados en la cara, comiendo un enorme plato de pasteles junto a un hombre que no era tampoco lo que podría decirse, un sílfide.
- Eh… sí…- respondió la muchacha, helada, viendo como las decenas de pasteles desaparecían en la boca del que había hablado.
- Jejeje… se nota… Lee siempre arma de una manera u otra jaleo en esta cafetería…- el chico tragó de nuevo, y se limpió sin demasiado decoro los restos de nata de las comisuras de la boca.- Por cierto, me llamo Choji, Choji Akimichi. ¿Y tú?
Alison meditó la respuesta que le iba a dar.
- Yo… soy Alison…- dijo. De pronto, sintió unas ganas irresistibles de salir de aquel lugar, sabía muy bien que no era plan de armar un segundo revuelo en aquella cafetería en un mismo día. No quería averiguar como reaccionaban las personas que se encontraban allí al escuchar que su apellido era Minagui.- Tengo prisa… me tengo que ir ya… adiós.
- ¡Adiós!- se despidió Choji, agitando la mano en señal de despedida.
Su padre, a su lado, le dirigió una suspicaz mirada a su hijo, y comentó mientras no dejaba de tragar:
- Una muchacha extraña ¿No crees?
El muchacho se encogió de hombros, y respondió, mientras se comía el último dulce que tenía en el plato:
- A mí eso me da igual. Lo que me preocupa es el cabreo que se va a pillar Ino al ver que chica tan guapa ha llegado a la Villa.
"¿Pero por qué diablos nadie ha venido a atenderme en la cafetería?" Pensó furiosa Alison, cuando por fin pudo respirar el aire puro de la calle.
Volvió la cabeza, y de pronto, un pequeño cartel, pegado a la fachada del pequeño edificio, le hizo abrir la boca de par en par, dejándola totalmente helada.
AUTOSERVICIO
"¡Agh!"
La muchacha golpeó el suelo con la puntera del pie, con tanta fuerza, que acabó haciéndose daño.
- ¡Ah! ¡Mierda!
Se agarró el pie dolorido con ambas manos, y, a pata coja, se desplazó casi cinco metros a la derecha, aguantando el equilibrio. Pero, desgraciadamente, acabó como Lee, tendida en el suelo, pero, en vez de sobre algo, sobre alguien.
Enrojeció al instante, cuando sintió algo duro y suave sobre su rostro. Levantó la mirada, pidiendo a gritos perdón a través de ella.
Unos ojos plateados como el hielo le hicieron estremecerse con violencia.
"¡Ay! Madre…"
- ¿Te has hecho daño?- una voz cavernosa y grave le hizo reaccionar por fin, apartándose con brusquedad de aquel sobre el que había caído.
- ¡Perdón! ¡Lo siento mucho! ¡Lo siento mucho!- casi gritó, bajando la mirada al suelo.- No ha sido mi intención…- sus mejillas le ardían y temblaba de arriba abajo, como una niña pequeña acabada de despertar de una pesadilla.
El muchacho sobre el que había caído se levantó con lentitud, sin apartar su fría mirada de Alison.
- Tú eres esa tal Minagui… ¿No?- la chica asintió con la cabeza, y fue entonces cuando reconoció a quién tenía delante.
Aquel largo cabello negro azabache y aquella mirada de plata, a pesar de ser observada tras el halo del sueño de la noche anterior, no se podían olvidar con facilidad.
"Neji Hyüga…"
- Deberías tener más cuidado de por donde vas…- comentó el muchacho despectivamente, mientras se apartaba de su kimono color crema la tierra del suelo.- La verdad, para ser una Minagui eres algo torpe.
La mirada de Alison se levantó con rapidez, brillando en ella una extraña mirada, ni peligrosa ni ofendida, más bien… parecía divertida…
- Ojalá tuvieras razón.- Dijo, ladeando la cabeza.
- ¿Es que acaso estoy equivocado?- le preguntó el muchacho con socarronería.
Alison no contestó, se limitó a aguantarle la mirada, perdiendo la timidez que anteriormente se había apoderado de ella instantes atrás.
Neji, al cabo de unos segundos, suspiró, con un toque de resignación en aquel gesto y, metiéndose las manos en los bolsillos, le dio la espalda a la muchacha.
- Ya tienes muchos enemigos… Minagui, no busques otros tantos más…- aquella frase sonó más a un consejo que a una amenaza.
Alison sonrió, irónica, y contestó sin sombra de apocamiento:
- Tienes razón, tengo muchos… pero no creo que ocurra nada por uno más… ¿No crees?
Neji no respondió, sin embargo, sintió que, bajo aquella frase dicha con tanta frialdad y misterio, una pequeña, casi imperceptible, nota de desconsuelo, se marcaba en cada una de las palabras pronunciadas.
- Bah…- fue lo único que se dignó a decir antes de dar la espalda a la muchacha y echar a andar.
Alison se quedó quieta durante un instante, y, cuando por fin la espesa cabellera del muchacho desapareció entre el mar de cabezas que en aquellos momentos ocupaban las calles, suspiró, no sabía si de resignación o de alivio.
"Siempre igual… siempre… si conozco a gente nueva, soy tan idiota que no soy capaz que decir más que tonterías, y, sin embargo, cuando alguien dice algo sobre… mí… no puedo evitar reaccionar tal y como lo hago siempre…" Pensó, torciendo el gesto "Ni yo misma me entiendo… pero, lo he prometido, prometí desde la muerte de mis padres, que me daría igual todo, lo que dijeran o lo que opinaran sobre mí, pero… mierda… da igual lo que pretenda hacer… soy una Minagui, y al final, eso es lo único que importa"
Parpadeó, despertando de pronto de sus pensamientos. Miró a su alrededor, desorientada, y de pronto, se preguntó qué demonios estaba haciendo ahí parada.
- ¡Tsunade!- exclamó de súbito, recordando que debía ir aquella misma mañana a visitarla.
Se dio la vuelta, y, tras preguntar a una pequeña anciana que paseaba por allí el hogar de la Hokage de la Villa, siguió el camino indicado.
No tardó demasiado en encontrar el imponente edificio de color amarillento, decorado en su tejado verde con enormes y extrañas estatuas, con sus extremidades señalando al cielo.
Se parecía un poco a la residencia del Kazekage de la Villa de la Arena, y aunque era algo más pequeña, no por ello era menor hermosa y acogedora.
- En fin… aquí estamos…
Por suerte, no había ningún chunnin estúpido vigilando la entrada, es más, la puerta que comunicaba con el interior del edificio estaba totalmente abierta, dejando la entrada libre a cualquiera que se le ocurriese entrar.
- Esta Tsunade… se ve que no le gusta seguir los ejemplos de los de la Arena…- comentó casi divertida la muchacha, entrando sin titubeos en el edificio.
Para su sorpresa, el interior estaba totalmente desierto. Caminó varias veces por el mismo pasillo, buscando a alguien que le indicase el camino a seguir para encontrar el despacho de la Hokage, sin embargo, no halló a nadie.
Subió unas escaleras, y volvió a dar vueltas a la redonda por un nuevo pasillo desconocido, sin encontrar no más que puertas y más puertas, las cuales no se atrevía a abrir. Ya había sido suficiente aquel día en la Villa de la Arena.
Al cabo de unos cinco minutos, dejó de andar, y, cruzando los brazos, no pudo evitar decir:
- Me parece bien que no quieras cubrir de chunnins impertinentes cada esquina del edificio, pero, Tsunade, me parece que esto ya es pasarse…
De pronto, calló. Un par de voces escandalosas hizo que aguzase el oído.
- ¡¿Por qué diablos he tenido que hacerte caso, Shikamaru!? ¡Es la cuarta vez desde que estoy aquí que me pierdes entre tantos pasillos!
- ¡Oye, yo no tengo la culpa! ¡No te obligo a que me sigas!
- Ya, pero si no lo hago, acabas siempre en la fosa de agua del segundo piso.
- ¡Sabes muy bien que lo del otro día fue un simple accidente! ¡Yo no tengo la culpa de que Tsunade, en vez de contratar chunnins, se dedique a plagar de trampas todo el edificio!
- Tú nunca tienes la culpa de nada, Shikamaru…
- ¡Ya déjalo! ¿Vale? Las mujeres como tú sois un verdadero problema…
- ¡¿Otra vez con esa tontería de hombres y mujeres!?
- ¡Yo no tengo la culpa de…!
- ¡Ya, cállate de una condenada vez!
- Pero Temari, resulta que…
- ¿¡Qué?!
- Hay una chica que está detrás de ti que nos está mirando.
Alison, que acababa de aparecer tras una esquina del pasillo, sonrió débilmente al encontrarse con los dueños de aquellas voces.
Una muchacha mayor que ella, bien desarrollada, de cabello rubio recogido en cuatro coletas y grandes ojos azules, embutida en un kimono negro que le llegaba por las rodillas, agarraba del cuello a un chico alto y delgado, vestido de chunnin, de cabello castaño oscuro recogido en una coleta en lo alto de la nuca, brillantes ojos negros, y un par de argollas en los lóbulos de las orejas.
La chica rubia, en cuanto vio la tez morena de la recién llegada, se apresuró a soltar al muchacho, que cayó al suelo produciendo un fuerte ruido.
- ¡Auch!- exclamó cuando su cabeza golpeó el duro pavimento.
Alison apareció por fin a la vista de los dos muchachos, con timidez.
- ¡Hola!- casi gritó la chica rubia agitando la mano para indicar a la morena que se acercase.- Perdona por el espectáculo de antes… pero es que nos hemos perdido y…- sus ojos azules se detuvieron en la cinta ninja que la muchacha lucía en su cadera, y frunció el entrecejo, extrañada.- ¿Tú… eres de Konoha? Nunca te he visto por aquí…
La muchacha tragó saliva, estaba claro que aquella vez iba difícil evadir la pregunta.
Clavó sus ojos en la frente de la muchacha rubia que tenía frente a ella, y un soplo de alivio hizo que su galopante corazón aminorase un poco la marcha.
Aquella chica era de la Villa de la Arena.
- Dime…- comenzó a decir, mientras daba un paso adelante.- ¿Cómo te llamas?
- ¿Eh?- la muchacha de las coletas pareció desorientada durante un instante, pero, aún así respondió- me llamo Temari.
- Ah…- Alison suspiró. No había más remedio que decirlo.- Yo me llamo Alison Minagui, regresé ayer de mi viaje junto a Tsunade y ahora estoy buscando su despacho. Me citó esta mañana.
Silencio, tal y como esperaba la muchacha.
- ¿Mi… Minagui?- tartamudeó el muchacho de las argollas, dando un paso atrás.
Temari no dijo nada, se mantuvo en su sitio, evaluando con su azul mirada la castaña que tenía delante. Tras unos segundos en los que tan sólo se escuchó los movimientos de la cabeza de Shikamaru, mirando a una y a otra chica, sin saber demasiado bien lo que hacer; la muchacha rubia sonrió y dijo, en un tono muy diferente al que se esperaba escuchar Alison:
- ¡Bueno, pues entonces creo que nos encontramos en la misma situación! Aunque no lo pareciese antes, estábamos buscando una manera de salir de esta técnica ilusoria. Si nos ayudases, es posible que salgamos antes de aquí.
- Por supuesto.
Alison asintió con la cabeza, y, dando unos pasos a la derecha, se aproximó a una ventana, y con la vista perdida, comenzó a poner en marcha su cerebro, buscando una manera de salir de aquella técnica creada por Tsunade.
El chico que se encontraba a su lado, miró a su amiga, alarmado, como si pensase que se había vuelto loca.
- ¿Es qué has perdido la cabeza, o qué?- le preguntó, con los ojos saliéndose de sus órbitas.- ¿No las has escuchado? ¡Es una Minagui! ¡La asesina de un clan asesino!- le agarró del brazo, y se lo meneó, llamándole a reaccionar.
- Sé muy bien lo que hago, Shikamaru…- repuso Temari con tranquilidad- he convivido durante diecisiete años con un asesino, y créeme, es ahora, después de tanto tiempo, cuando me di cuenta de que era un asesino por que fui una de las que no estuvo a su lado…
El muchacho se quedó lívido, pocas, o mejor dicho, ninguna vez había escuchado hablar a su amiga con tanta serenidad y gravedad de un asunto tan serio y peligroso como lo podía ser el de un asesino.
Bajó la mirada, comprendiendo.
- Gaara… ¿Verdad?- preguntó.
Temari no respondió, y simplemente desvió el rumbo de sus ojos, para llevarlos a la figura que les daba la espalda, alejada de ellos varios metros, concentrada.
- En cuanto le he dicho que ella no era de Konoha… no sé… he visto algo en su mirada que me ha hecho recordar a mi hermano…
Shikamaru torció el gesto, no le gustaba ver a su amiga y compañera de exámenes en tan triste estado. Lo odiaba de veras.
- Vamos, vamos… no te pongas así…- le dijo, intentando consolarla mientras frotaba con cariño su mano sobre su hombro.
- ¡¿Pero qué crees que haces!?- exclamó la muchacha haciéndose la sorprendida, mientras se apartaba bruscamente.- ¡Siempre te intentas aprovechar de mí en momentos como estos!
- ¡¿Eh!? ¿De qué hablas?- preguntó anonadado Shikamaru, esquivando el puño de Temari por poco.- ¿Aprovecharme? ¿Yo? Encima que me preocupo por ti…
Alison, mientras tanto, ajena a esta discusión, permanecía junto a la ventana que, posiblemente, también fuese una ilusión. Suspiró, no le gustaba que la pusiesen a prueba. ¿Cómo diablos podían salir de aquella maldita técnica? Algo estaba claro, si lograban encontrar su origen, en este caso, la propia Tsunade, la ilusión finalizaría de inmediato. Pero la muchacha sabía que de encontrarla, tenían dos opciones, la pura suerte, que no solía acompañarla muy a menudo, y su cerebro, en el que ese momento estaba funcionando a cien por hora.
- Cómo podría…- comenzó a decir, fijando sus ojos en el exterior. Y de pronto, lo descubrió.
- ¿Alison? ¿Has averiguado ya la manera de salir de aquí?- la voz de Temari le hizo volverse bruscamente, con una extraña expresión de incomodidad dibujada en las comisuras de sus labios.
- Creo que sí. Pero… yo que vosotros cerraría los ojos. Si no, la luz podría haceros daño y dejaros ciegos durante una semana.
- ¿¡Qué?! ¿Pero qué se te ha ocurrido?
La muchacha marcó aún más su expresión, y comentó:
- Me di cuenta en cuanto observé el tejado de este edificio. Al igual que el resto, era una ilusión. Sin embargo, me extrañé que, brillando el sol en su punto más alto, ese tejado, ni las estatuas que lo adornaban, proyectasen alguna sombra. Fue entonces cuando caí. Las ilusiones no proyectan sombras, por que al fin y al cabo… no existen. Así que, lo único que tenemos que hacer es proyectar las sombras de aquello que está escondido en la ilusión.- Acabó por decir, sin aliento.
- Vaya… es verdad…- dijo la chica rubia, cayendo también en la cuenta.- ¿Sabes que eres muy lista?
- Eh…- Alison bajó la cabeza, no era lista por que ella lo fuera, su clan siempre había contado con las mejores mentes, nunca había nacido ningún Minagui con falta de seso. Así que, en ese caso, aquel piropo por parte de Temari solo lastimó un poco a la muchacha.
- Bueno, bueno… pero… ¿Cómo vamos a hacer para proyectar todas esas sombras? En este edificio debe de haber cientos y cientos de objetos que provocan sombras. Yo podría hacer que apareciesen unas cuantas, pero no todas…
- No hace falta- se apresuró a decir Alison, mientras retrocedía un par de pasos.- Vosotros sólo cerrad los ojos. Del resto ya me encargo yo…
Cerró los ojos, y concentrándose, ejecutó a toda velocidad algunos sellos desconocidos para los demás muchachos.
- Creo que será mejor que le hagamos caso…
- Sí, para mí que sí…
Shikamaru y Temari cerraron los ojos, justo a tiempo.
- ¡Hikari no jutsu!
De pronto, una potentísima luz, proveniente de todos los lados, inundó cada uno de los recovecos de todo el edificio, proyectando a su paso, cientos de pequeñas y grandes sombras. Alison, descubrió, satisfecha, como las ilusiones de su alrededor iban desapareciendo, tenía que aguantar un poco más.
- ¡Ahhh!- gritó por el esfuerzo.
Y de pronto, la luz, dando su último destello, desapareció, llevándose consigo todas las ilusiones creadas por Tsunade.
- Ya podéis abrir los ojos… todo ha desaparecido…- dijo la muchacha, volviéndose hacia ellos.
- ¿Ya?- Temari fue la primera en abrir los ojos, y miró a su alrededor, sorprendida. Aunque la decoración no había cambiado en absoluto, sí lo había hecho el orden de los pasillos, las puertas y las escaleras, es más, ahora, a pocos metros de ellas, el pasillo se hacía más ancho, desembocando en un pequeño claro, en el que una afanada Shizune, sentada en su escritorio, rellenaba al parecer unos papeles.
- ¡Uff! ¡Por fin!- la chica rubia respiró aliviada, y de pronto, sin mirar a su derecha, le arreó un guantazo al pobre Shikamaru, que aún mantenía los ojos cerrados.
- ¡¡Eh!! ¿¡Por qué siempre tienes que hacer eso?!- le gritó cuando se levantó del suelo al que había sido lanzado.
Temari rió y le saco la lengua.
- Tonto. Estás muy guapo cuando te enfadas.- De pronto, calló, al darse cuenta de lo que había dicho, y, a paso rápido, agarró el brazo de Alison y tiró de ella, llevándola a rastras hacia el lugar en donde se encontraba Shizune.
- ¡Ey! ¿Y ahora por qué te vas?- preguntó un ruborizado Shikamaru incorporándose con rapidez.- Jo… las mujeres como ella son un rollo… y no hay quién la entienda…
- ¡Hola Shizune!- exclamó Temari al llegar junto a la mesa de la mujer de cabello negro y ojos del mismo color.- ¿Qué tal?
- No tan bien como tú, pero voy tirando… ¿Y Shikamaru? Ah… ya lo veo detrás…- Shizune observó el reloj, y comentó- esta vez os habéis retrasado un poco…
- Cada vez Tsunade se pasa más- respondió la muchacha rubia con enfado- un día ni ella misma va a saber encontrar su despacho…
La mujer que estaba en el escritorio rió, divertida.
- Ni me lo recuerdes… la pasada semana se marchó a tomar una copa junto a Kakashi, y cuando volvió, olvidó que había utilizado una técnica ilusoria, por lo que acabó perdiéndose entre tanto pasillo y demás. A la mañana siguiente, me la encontré tirada en…
- ¡¿Se puede saber que son esos comentarios de ahí afuera!? ¡Los estoy escuchando todo, Shizune!
- Ay, madre…- la mujer de cabello negro se apresuró a volver a ordenar los papeles que tenía sobre su mesa.
Tras esto, se levantó y se dirigió a la puerta.
- Venid, os anunciaré- les dijo a los tres muchachos que se encontraban tras ella. Cuando todos se encontraron junto a ella, tomó el pomo de la puerta, y tras girarlo, la abrió- Tsunade-sama, se te perdieron un trío de chunnins…
La Hokage, sentada sobre su mesa con los brazos cruzados, atenta a los ejercicios que realizaba una kinouchi de cabello rosado a su lado, levantó la mirada, y sonrió ampliamente al ver quienes eran los que entraban por la puerta.
- ¡Vaya! Por fin llegáis vosotros dos…- comentó, mientras fijaba su almendrada mirada sobre las figuras de Shikamaru y Temari.
Ambos se miraron, ligeramente nerviosos.
- No tuvimos la culpa, Hokage-sama, esta vez utilizaste una técnica demasiado potente…- le dijo la muchacha rubia frunciendo el entrecejo.
Para sorpresa de todos, Tsunade se echó a reír, divertida.
- Lo sé. Ni tan siquiera Kakashi con su Sharingan podría haber salido fácilmente de allí.- Comentó- pero… si habéis llegado hasta aquí, quiere decir que alguien consiguió disipar la ilusión. ¿Quién fue?- preguntó, interesada.
La muchacha de cabello rosado, se dio la vuelta, y clavo sus ojos verdes en las tres figuras que tenía delante. Temari, Shikamaru y una chica que no conocía de nada. Si alguno de ellos había conseguido evadir la técnica de su maestra, era tremendamente poderoso, sin duda. Clavó sus pupilas en Temari, lo más probable era que fuese sido ella.
- Pues la verdad es que ha sido Alison…- contestó por fin el muchacho, pasándose la mano por su cabello castaño.
Sakura, de inmediato, cambió el rumbo de su mirada, para dejarla posada sobre el rostro de la chica que no conocía. Frunció el entrecejo al observar su expresión. Más que satisfecha por lo que había hecho, parecía… ¿Avergonzada?
- ¿De veras, Alison?- le preguntó la Hokage, intentando disimular su impresión.
- Mmm… sí…- contestó la aludida, molesta.
Tsunade sacudió la cabeza, al ver la seria expresión que mantenía la Minagui en su cara, y, con rapidez, se apresuró a cambiar de tema.
- Bien, Shikamaru y Temari… ¿Ya está todo preparado?
- ¡Por supuesto! Los demás chunnins de las restantes Villas nos han ayudado muchísimo, incluso vinieron por parte de Gai, Neji y Lee. Asuma y Kurenai también nos echaron una mano, y sus alumnos, Hinata, Kiba, Shino, Choji e Ino estuvieron con nosotros hasta el final del día. Se han portado todos estupendamente… ¡Ah! ¡Y ayer Sakura se encargó de seleccionar y de repartir a los señores feudales y a los Kages en sus respectivas mesas…!- añadió Temari, sonriendo a la chica de ojos verdes que tenía al lado.
Tsunade, al ver la cara de completa incomprensión de Alison, le explicó sonriendo:
- Como pasado mañana comienzan los exámenes de paso a grado medio, he pensado realizar una pequeña recepción tanto para los señores de las Villas participantes que acudirán a la prueba, y para todo el que quiera pasar un buen rato. Pero…- volvió su vista hacia la muchacha rubia, que parecía muy emocionada.- Será una recepción, no una fiesta, por lo tanto… quiero un buen comportamiento por parte de vosotros…
Temari enrojeció de pronto, y dijo, medio tartamudeando:
- Y… y ¿Por qué me miras a mí sólo? Si me dejas que te recuerde, el año pasado no fui la única que aparecí en bikini en la fuente del pabellón…
- Ya, pero fuiste la única que, cuando vinieron tus hermanos a recogerte, te tiraste como una posesa encima de Gaara gritando: ¡Soy todo tuya! ¡Haz de mí lo que te plazca! ¡Ya no soy capaz de resistirme a tus encantos! ¡Hazme sólo tuya!
Sakura y Shikamaru se miraron, y a la vez, se echaron a reír frente a la cara roja de Temari.
- ¡Vosotros calláos! ¡Por que si no recuerdo mal, tú, Sakura, acabaste dormida encima de tu querido Lee, y tu, Shikamaru, declarándo tu incondicional al perro de Kiba!
Las risas se cortaron de inmediato, y esa vez, fueron ellos a los que les tocó ponerse rojos como tomates.
Alison, apartada de la escena, los observaba en silencio, sin poder evitarlo, una fimre mueca de celos y envidia en su rostro. Parecían tan felices…
- Por eso, esta vez espero un comportamiento apropiado por vuestra parte… ¿De acuerdo? O si no… no me apocaré a la hora de daros una lección, aunque sea delante del Kazekage… ¿Está bien?
Los tres muchachos se miraron entre sí, enojados.
- Entonces, Tsunade-sensei… ¿Habrá que ir con vestidos largos y todo eso?- preguntó Sakura, haciendo un mohín.
- Me temo que sí. Así que, si no tenéis algo medianamente arreglado, os aconsejo que vayáis lo más rápido a comprarlo…
- ¡Genial! ¡Entonces me tomaré el día libre para ir de compras!- exclamó Temari, de nuevo, contenta.- Oye, Alison… dime, ¿Tú tienes algo de ese tipo para ponerte mañana?
La muchacha se sobresaltó al escuchar su nombre, y fijó sus ojos abiertos de par en par en la chica rubia, como si pensase que no había escuchado bien.
- Pues… no. A decir verdad, de ropa tan sólo tengo lo que veis que llevo puesto y un par de mudas…- dijo, apocada.
- ¡¿Qué?!- exclamó Sakura sin poder creérselo.- ¡Bueno, esto requiere una solución rápidamente!- se acercó a ella y le cogió el brazo amigablemente, mientras esbozaba una simpática sonrisa.
A Alison se le dilataron las pupilas ante tal gesto de amistad, y no pudo evitar que se apartase con brusquedad de la muchacha de callo rosado, roja como un tomate.
Sakura y los demás chicos observaron la extraña reacción de la Minagui, y se miraron sin comprender.
- Yo… lo siento…- comenzó a decir la muchacha de cabello castaño- pero es que… no sé si es buena idea de que vaya con vosotras a comprar…
- ¡Anda! ¿Y por qué no?- le preguntó, curiosa, Temari.
Alison, con sus tristes ojos clavados en el suelo, musitó:
- Vosotras lo sabéis… soy una Minagui… la última de un Clan asesino… una bomba de poder a punto de estallar… y como habréis oído ya… culpable del asesinato de mis padres…- cerró lo puños con fuerza.- Soy solo un bicho raro…
Hubo silencio durante un instante, roto por un suspiro compungido de Tsunade.
Temari y Sakura, una al lado de otra, se miraron a la vez, y, asintiendo con la cabeza, se pusieron a ambos lados de la muchacha y la agarraron de los brazos.
- ¡Pues entonces, no eres la única!- exclamó la chica rubia, sonriéndola.
- Ajá. Konoha está llena de bichos raros. No pasa nada por que venga uno más…- añadió la ojiverde, apretándole con cariño el brazo.
Alison alzó la cabeza, y las observó a ambas, con los ojos como platos.
- ¡Bueno, nos vamos Tsunade! ¡Ya te contaremos que hemos comprado!- exclamó Temari, tirando de sus dos compañeras.
- ¡Adiós chicas, que os divirtáis!
Alison, medio a rastras, se vio propulsada hacia la salida del despacho, sin embargo, al contrario que hubiese hecho días atrás, no se resistió, por el contrario, esbozó una alegre sonrisa, y, en murmullo que escucharon ambas chicas, musitó:
- Gracias…
Tsunade suspiró, y por fin, pudo alegrarse por aquella que había traído a Konoha el día anterior. El corazón se le parecía salir por la boca cuando vio aquella sonrisa brotando de los labios de Alison.
- Bueno, esto, Hokage-sama, yo… creo que me voy ya…- comenzó a decir Shikamaru, mientras de puntillas, se deslizaba en dirección a la puerta.
- ¡Ah! ¡De eso nada, Nara, tú te quedas aquí y me ayudas, ya que mi ayudante se ha ido!- le dijo Tsunade mientras agarraba por el cuello del chaleco al muchacho de las argollas.
- Oh… es injusto… menudo rollo me espera…
- Gaara… ya está todo listo, podemos marcharnos ya- la cavernosa voz de Kankurö sobresaltó ligeramente al Kazekage, que se volvió lentamente, mientras se acomodaba un poco la túnica de color veis.
- Sí, ahora mismo voy.
Se volvió de nuevo hacia la ventana a la que estaba asomado, y, casi expresando una mirada melancólica, recordó como apenas unos días antes, una figura, allí, envuelta en la arena, grácil y esbelta, lo había estado observando, con la misma intensidad que él lo había hecho con ella.
Un extraño dolor punzante lo recorrió de arriba abajo, deteniéndose en su cabeza, golpeándola sin piedad como si se tratase de un martillo.
- ¡Ah!- un gemido se escapó de su garganta, y sin poder evitarlo, cayó de rodillas al suelo, sosteniéndose la cabeza entre las manos.
- ¡Gaara!- Kankurô corrió hacia su hermano menor, y se inclinó hacia él.- ¿Qué te pasa?
El Kazekage, en el suelo, a penas pudo responder.
- La cabeza… me va… a estallar…- fue lo único que pudo descifrar su hermano mediano entre los jadeos del muchacho pelirrojo.
Gaara no entendía el por qué de aquel extraño dolor. Hacía mucho tiempo que no lo sacudía de aquella forma tan violenta, exactamente, desde que había perdido su batalla contra Naruto Uzumaki, el portador del Kyubi.
- Gaara…
El pelirrojo levantó su verdiazul mirada, y la clavó en la negra de su hermano. El dolor se había mitigado un poco, y las fuerzas parecían vuelto a él.
- Creo que ya estoy mejor…- susurró roncamente, mientras se apartaba con su pálida mano las gotas de sudor que corrían por su frente, cerca de la cicatriz.
- ¿Estás seguro? ¿No desearías que pospusiéramos el viaje a Konoha?- le preguntó su hermano preocupado.
- ¡No!- casi exclamó Gaara, algo nada corriente en él.- Estoy ya bien… tan solo es, quizás… un poco de fatiga…
Kankurô sabía que su hermano no era de los que soportaban las preocupaciones excesivas, ni mucho menos, las pegajosas, por lo que optó por mantener la boca cerrada y no insistir más.
- Entonces de acuerdo. Estaré abajo esperándote.
Y dicho esto, salió de la habitación de la ausente Temari.
Gaara, inmóvil, con sus ojos clavados en la ventana, no pudo evitar que se le escapase un extraño suspiro. No entendía lo que le ocurría, a decir verdad, casi le disgustaba. Desde que había visto a aquella muchacha en la calle, una extraña sensación se había apoderado de él. ¿Confusión? ¿Melancolía, tal vez?
La verdad, no tenía ni idea.
Intentó pensar en ello, pero en cuanto lo hizo, un amago del dolor sentido antes, volvió a él durante un instante, por lo que de inmediato, dejó el tema apartado en su cerebro.
Frunció el entrecejo y se acomodó la túnica.
- ¿A quién diablos me recuerdas… Minagui?
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Hasta la próxima!! Besoss!
