Hola preciosas personitas :)
Traigo un nuevo capítulo que espero que les guste!
Ya casi llegamos al final ;)
...
Capítulo 4
Elena
Solo necesito llegar a los campos de vid para que mi mal humor y la nostalgia producida por todos esos recuerdos de Damon desaparezca. Ese es el efecto que tiene este lugar sobre mí, el calor del verano, las risas de los peones mientras trabajan y la alegría que rodea la estancia en estas épocas simplemente me llena de felicidad así que por un rato decido dejar atrás mis preocupaciones y me arrodillo en la tierra húmeda para ayudar con la cosecha.
Es un trabajo relajante que mantiene mis pensamientos ocupados. Además, el calor abrumador me ayuda a sudar todas mis preocupaciones y bsatante pronto me siento mucho mejor y tengo un cajón completo lleno de uvas recién cortadas.
-¡Hey Ric! ¿¡A dónde llevo esto!? -grito alzándome sobre las puntas de mis pies para ver a Ric sobre la plantación.
-¡A la camioneta en la puerta del granero grande, pequeña!
Un par de horas al sol de California han hecho su magia en mi humor, así que llego al camión tarareando una canción que escuché en la radio el otro día. Es un buen día, estamos en medio del verano y cuando septiembre llegue Damon estará lejos de mi vista de nuevo, así que de repente las cosas no parecen tan malas.
Al menos no hasta que doy la vuelta al granero y encuentro a alguien apilando los cajones llenos de uvas en la parte trasera de la camioneta de Ric.
Mierda. Luce más atractivo que una cerveza helada en medio del desierto.
Damon está dándome la espalda, gloriosamente sin camiseta y apilando perfectamente todos los cajones, lo que me permite deleitarme con sus músculos contrayéndose con cada movimiento ¿Cómo es que es posible que el chico esté en mejor forma que durante nuestro tiempo juntos?
Está completamente sudado, su piel bronceada brilla al sol y creo que el destino está completamente en mi contra cuando lo veo llevarse una botella de agua a los labios dando un gran sorbo y luego se echa el resto del líquido encima para paliar un poco el calor.
Lo odio por ser tan condenadamente sexy.
-¿Disfrutando el espectáculo?
Por supuesto. Tenía que hablar y arruinarlo todo. Idiota.
-Solo observaba la profundidad de tu humilde y modesta personalidad -contesté bruscamente, dejando el cajón de uvas en el suelo.
Mala idea. Un húmedo y medio desnudo Damon Salvatore dio un salto de la camioneta hacia mí con la excusa de poner mi cajón con los otros.
-Luces preciosa esta mañana…
Ahí está, esa mirada que me recorre de arriba abajo quemando cada centímetro de piel que alcanza. Ahora me arrepiento de haberme anudado la camisa sobre el ombligo para estar un poco más fresca ya que siento sus ojos detenerse en la piel de mi vientre plano y bronceado mordiéndose los labios por un segundo.
-¿Por qué estás aquí, Damon? -pregunté cansada, intentando evadir la conexión.
-Ric quería ayuda, yo estaba disponible.
-Hablo en serio ¿Por qué estás realmente aquí?
-No me perdería de verte en tu último verano aquí, vine a disfrutar el show de Elena Gilbert mientras aún siga en la ciudad… -bromeó caminando un par de pasos hacia mí.
El brillo de su piel mojada al sol casi me cegaba. Maldito fuera, estaba bien informado. Después de este verano, me iría a la universidad en Inglaterra a estudiar letras, aunque mi objetivo real era poner un océano entero entre nosotros.
-¿Nunca hablarás en serio, Salvatore?
-¿Para qué quieres la respuesta, princesa?
Mierda. Al parecer no es tan idiota como yo quiero creer. No puedo darle esa respuesta, no solo porque no quiero sino porque en realidad ni yo la sé, así que decido salir por el camino fácil.
-Te dije que no quiero que me llames así.
-Lamento haberte hecho llorar anoche -confesó de repente ¿Y en qué momento le permití acercarse tanto como para sostener mi barbilla con la punta de sus dedos?
Su tacto suave quema como el infierno y sus ojos me miran suavemente, recordándome demasiado al Damon con quien pasé el mejor verano de mi vida.
Ni siquiera sé cómo lo hizo, pero de repente me encuentro acorralada entre la camioneta y su pecho desnudo, así que lo primero que se me ocurre es intentar defenderme.
-Anoche no fue la única vez que lloré por tí.
-Maldita sea, Elena ¿Por qué tienes que hacer todo tan dificil?
-¿Por qué volviste, Damon?
-¡Volví a buscarte a tí, madita niña terca!
Silencio.
Creo que hasta olvidé como respirar.
Ese no es su tono de broma habitual, es otra cosa pero… ¿Qué?
-Mierda… no quería decírtelo así -dijo molesto dándole un golpe a la camioneta cerca de mi costado lo que me hizo dar un brinco- ¿Ves lo que me haces?
-¡Eres tú quien me está encerrando! -gritó Elena.
-Y te encanta…
Él sabe, por supuesto que sabe que ese tono de voz a esa distancia de mis labios aún es capaz de derretirme y el hecho de que sus palabras aún estén haciendo eco en mis pensamientos no ayuda.
-Déjame, Damon.
-No. No voy a volver a dejarte ir, princesa. Vine por ti, y no pienso aceptar un no por respuesta.
Y cada palabra no solo enciende mil emociones que llevo años intentando enterrar sino que su aliento cada vez más cerca de mis labios y sus dedos que de repente acarician la piel descubierta de mi cintura son como una droga que me quita el sentido común.
Quiero gritarle, quiero salir corriendo, pero de repente, sin darme ni un segundo para intentar alejarme sus labios chocan con los míos.
Y no es un beso, no es una bienvenida ni un reencuentro.
Es ira, es odio, es pasión, son labios devorándose unos a otros, manos tocando desesperadamente, dientes mordisqueando, cuerpos ansiosos por explorarse nuevamente. Es todo lo que Damon y yo somos juntos.
-Déjame Damon…
-Nunca.
Y me besa y me toca. Entonces lo sé: siempre estaré perdida por él.
