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Capítulo 4

Contiene la respiración cuando Richard desliza su dedo por la pantalla táctil de su móvil, aceptando la llamada.

-Sí, estoy seguro, Ryan -lo escucha decir-. De verdad, deja de preocuparte por eso. ¿El juez ya ha decidido? –Kate deja escapar todo el aire que había estado conteniendo durante ese breve intercambio de palabras-. ¿Qué ha dicho? –Pregunta, intercambiando una mirada con Beckett-. Uf –suspira-, vale. Estoy con ella, ahora se lo comunico. Gracias, Kevin -se despide de su compañero.

-¿Y bien? –pregunta una muy nerviosa Kate nada más verle cortar la llamada.

-El juez ha aceptado nuestra propuesta -responde, confundiéndola más, pues ella no había hecho ninguna proposición-. Dejará que usted se quede con Haley, pero tendrá condiciones.

-¡Sí! –Exclama casi en un grito, contenta por lo que acaba de escuchar.

-Hay condiciones, Kate –repite, por si acaso no se ha enterado de esa última parte-.

-Vale, vale, no me importa –dice de forma alegre, como si de verdad no le importarse tener que seguir esos requisitos.

-La primera condición que ha puesto el juez es que usted debe alejarse de su padre –indica despacio, observando su reacción. Ella respira hondo y suelta el aire lentamente para terminar asintiendo-. En menos de seis meses tendrá que encontrar un trabajo y ser capaz de mantenerse por sí misma. Durante estos meses, Servicios Sociales le prestará su ayuda. Habrá un equipo de seguimiento que evaluará la situación. Una sola queja por parte de estos, y el juez intervendrá.

-Va… vale –asiente no muy segura. Tener que encontrar trabajo en seis meses la pone nerviosa. Sabe lo difícil que se le ha estado haciendo en este último tiempo.

-Mañana, cuando le den el alta médica a Haley, iremos a mirar un departamento. Espero que le guste porque no hay mucho donde elegir.

-Cualquier departamento estará bien –lo interrumpe-.

Rick asiente.

-Como ya le he dicho, Servicio Sociales le dará el dinero suficiente para poder costearse los gastos durante estos seis meses; espero que aproveche el tiempo y busque trabajo de forma activa. Mañana no, pero pasado mañana tendrá que empezar el programa de Inserción Laboral. Es una medida que pone los Servicios Sociales y que le vendrá bien para buscar empleo –Kate asiente, escuchando con atención todo lo que le dice ese hombre, pues de eso depende su vida ahora-. Haley empezará, ese mismo día, a ir a la guardería, así usted tendrá la mañana libre para hacer todo esto. Además, será bueno para ella relacionarse con otros niños.

-Sí –afirma-. Gracias por ayudarme, de verdad. No sabe lo que significa para mí tener esta nueva oportunidad. Le prometo que no voy a desaprovecharla.

-Eso espero, Kate. Estoy confiando en usted. Espero no tener que arrepentirme –expresa mirándola directamente a los ojos. Beckett asiente, retirándose un mechón de cabello de la cara con algo de timidez por la intensidad de su mirada-. Yo seré quien lleve su caso y quien irá a visitarla para cerciorarme de que todo va como debe de ser.

-Vale –contesta. Abre la boca para decir algo pero la cierra sin emitir sonido alguno. Duda en si hacerlo o no pero, al final, la voz de su hija llamándola hace que deje de pensar en eso-. Dime, cariño –le dice de forma tierna. Ya no hay tanta tristeza en su voz. La niña levanta su pequeña manita buscando la cara de su madre, Kate se agacha para dejar que su hija la acaricie. Luego, acorta la pequeña distancia que quedaba entre ellas para besar su frente con cuidado de no rozar la herida.

-¿Cómo te sientes, Haley? –le pregunta Castle. Pero la niña solo lo mira con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido-. ¡Vaya! Parece que no le caigo muy bien –confiesa, mirando a su madre.

-No le gusta la gente desconocida y menos si son hombres –responde, torciendo los labios.

-Entiendo –dice Rick tras unos segundos-. Por todo lo que tiene que ver eso con las deudas de su padre, ¿no? –Beckett asiente-. Bueno, seguro que encuentro la forma de que acepte ser mi amiga –dice sonriendo a la pequeña pero ésta sigue mirándolo con la misma expresión-. Va a ser duro -suspira.

-Yo le ayudaré –se ofrece Kate con una media sonrisa en sus labios.


-Salón, cocina, dos habitaciones y un baño. No es muy grande –le informa Castle a Kate, mientras da la última vuelta con las llaves a la cerradura-. La cocina y el salón están juntos.

-Tampoco necesitamos mucho –dice mirando a través del hombro de su benefactor cuando la posición de la puerta la deja ver más allá de la madera. Sujeta mejor a su hija entre sus brazos, mientras Castle vuelve a coger los bolsos del suelo para entrar al pequeño departamento-. ¿Qué va a pasar con mi padre? -pregunta después de que Rick le enseña las habitaciones.

Él suspira antes de contestar

-No lo sé. Depende de él. Seguirá en el hospital unos días hasta que los médicos consideren que está recuperado de las heridas que le provocaron esos hombres. Le dieron una buena paliza. Iré a hablar con él antes de que le den el alta para ofrecerle ayuda. Como ya le he dicho, depende de él, de si acepta la ayuda o no.

-Entiendo –contesta-. Gracias.

-No me las dé, todavía no hice nada –dice-. Y, bueno, ¿qué le parece? ¿Le gusta el departamento? –pregunta, cambiando de tema, pues los ojos de Kate han vuelto a llenarse de tristeza.

-Sí, está muy bien. Es perfecto –una media sonrisa aparece en sus labios-. Y a Haley parece que también le ha gustado.

-Eso parece –contesta, mirando a la niña que observa todo con curiosidad mientras camina por el pequeño salón-. Hey, Haley, ¿te gustaría vivir aquí? -le pregunta, agachándose a su lado. La pequeña lo mira seria y corre hacia donde está su madre, alzando sus pequeños bracitos para que ésta la coja.

Kate hace una mueca con sus labios.

–Lo siento –le susurra, levantando a su hija del suelo.

-No se preocupe –hace un gesto con la mano, restándole importancia-. Es una chica dura. -La niña rodea el cuello de su madre con sus brazos, escondiendo su cara-. Será mejor que os deje para que podáis descansar; han sido unos días intensos. Esta tarde vendré para darle toda la información e ir a ver algunas guarderías para que Haley pueda empezar mañana.

-Vale, muchas gracias. ¿A qué hora vendrá? Para estar listas –aclara.

-Supongo que a las 4, o así. Depende de mi trabajo –responde-. ¡Ah! Tome el dinero –dice, sacando un sobre blanco del bolsillo interno de su chaqueta-. Con esto podrá comprar lo que necesitéis; si es poco hágamelo saber.

Kate asiente.

-Gracias de nuevo –le agradece, cogiendo el dinero que el Trabajador Social le ofrece.

-De nada. Hasta dentro de unas horas –se despide.


-¿Estás seguro de lo que estás haciendo? –inquiere por enésima vez su compañero.

-Sí, lo estoy. Siento que debo de ayudarlas, Kevin. –Éste suspira y apoya una de sus manos en el hombro de Richard.

-Solo espero que no tengas problemas por esto –dice.

Castle sólo asiente.


-¡Hola! –las saluda con voz alegre-. ¿Listas?

-Hola –lo saluda-. Y sí –contesta Beckett, cogiendo las llaves de la mesita que está en la entrada y su bolso.

-Hola, peque –dice con voz cariñosa, acariciando su mejilla pero la niña no contesta, sólo retira la cara.

-Haley… dile hola –le pide a su hija, pero la niña frunce el ceño.

-Déjela. Mejor vamos. -Kate asiente y cierra la puerta de su nuevo hogar.


-Ésta parece estar bien –susurra Castle mientras ve a la directora de la guardería caminar detrás de unas de sus empleadas, alejándose de ellos.

-Sí. Además, no está muy lejos del departamento. –Beckett repasa con sus ojos de nuevo aquel lugar-. Pero parece caro… -hace un mohín con la boca.

-No te preocupes por el coste, lo importante es que Haley aquí estaría bien cuidada. –Kate asiente.

-Disculpen, ya estoy de vuelta –informa la directora.

-No se preocupe –contesta Castle-. Creo que ya hemos tomado una decisión. –Mira a su usuaria-. ¿Podría comenzar mañana?


-Recuerde, mañana debe de ir a la entrevista de Inserción Laboral –le dice mientras camina con algunas bolsas en sus manos.

De camino a la nueva casa de las Beckett han aprovechado para hacer la compra. Kate ya había comprado algo por la mañana para hacer el almuerzo pero necesitaba comprar más cosas.

La mujer abre la puerta de su edificio y la sostiene para que Richard pueda pasar.

-Haley –la regaña.

La niña no para de tirar de su mano para que su madre la suelte. Lo hace cuando cierra la puerta y no hay peligro de que se salga a la calle. Suben en ascensor hasta la planta donde está el departamento de Katherine.

-Pues esto ya está –dice, dejando las bolsas encima del desayunador.

-Gracias –le agradece, pensando que nunca en su vida le había dicho esa palabra tantas veces a una persona.

-No hay de qué –le contesta, sonriéndole.

-Mañana tengo que estar en el centro social a las 9.15, ¿no? –pregunta para asegurarse.

-Sí, si quiere puedo acompañarla –se ofrece.

-No quiero quitarle mucho más tiempo del que le he quitado ya –confiesa.

-No se preocupe por eso. –Saca algo de las bolsas y se lo muestra a Kate-. ¿Cree que le guste?

-Le va a encantar.

Si en algo se había fijado cuando habían ido a recoger las cosas de Kate y Haley, era en los pocos juguetes que tenía la niña. La mayoría de los niños tienen demasiado, sin embargo, ella apenas tiene dos o tres y ya están bastante deteriorados.

-Haley –la llama con el juguete que le había comprado detrás de su espalda-. Haley –repite, pero la niña sigue ignorándolo. Se pone de rodilla cuando llega a donde se encuentra la pequeña-. Hey –la saluda pero la pequeña arruga la nariz y da un paso hacia detrás, alejándose de él-. Mira –le dice poniendo el peluche delante de sus ojos-, es para ti –lo acerca hacia ella para que lo coja y la niña lo agarra con sus pequeñas manitas-. ¿Te gusta? –la niña asiente mientras empieza a explorar al oso. Abre la boca y lo separa de su cuerpo cuando el juguete comienza a cantar.

-¡Oh! –exclama, buscando a su madre con la mirada.

-¡Anda! Dale otra vez, a ver qué hace –la niña le hace caso y sonríe cuando el oso comienza a cantar otra canción y comienza a apretar la barriga del peluche una y otra vez mientras ríe y mueve sus piernas, flexionando sus rodillas.

Richard le sonríe a Kate cuando ve a la pequeña tan feliz con su nuevo juguete. Ésta lo mira con agradecimiento y le devuelve la sonrisa.

-¿Quiere beber algo? ¿Un café? –le ofrece pero éste niega.

-Será mejor que me vaya ya. Es tarde y estaréis cansadas –Beckett asiente, no muy segura de si debería insistir en su invitación o no. Probamente él querrá irse. Lleva toda la tarde con ellas y tendrá cosas que hacer-. ¿Mañana irá sola o prefiera que vaya con usted?

-Puedo ir sola –dice de manera amable.

No quiere robarle más tiempo, además, tampoco quiere que piense que ella no puede hacerlo por sí misma. Ella siempre ha sido una mujer fuerte pero los problemas la sobrepasaron.

-Vale. Entonces, estaremos en contacto. La llamaré para saber cómo le ha ido. Recuerde que debe encontrar trabajo lo más pronto posible.

-Sí, lo sé e intentaré hacerlo.

-Buenas noches, Kate –se despide. Vuelve a agacharse junto a la niña-. Buenas noches a ti también, pequeña –esta vez no se aparta cuando acaricia su mejilla. Aunque no puede asegurar si es porque ya no está tan a la defensiva o porque está tan entretenida con el oso de peluche que no le ha echado cuenta alguna a ese gesto.

-Buenas noches, señor Castle –le dice, acompañándolo a la puerta. Cuando la cierra, Kate, se deja caer sobre la madera y suspira.