¡No andaba muerta, andaba de parranda! Jajajaja, bueno fuera TT he tenido unas semanas terribles, mucho que hacer en mi trabajo y en la escuela, exámenes, trabajos que entregar, ir con el dentista (¡ouch!), y una repentina falta de inspiración de mi neurona, pero al fin salió todo esto y aquí tienen el siguiente capítulo. Pero antes responderé sus lindos reviews.

Snuffle's Girl.- Me alegra que te guste y aquí tienes el siguiente capítulo. Nos vemos.

Kaguya-tsukino.- Hola, me alegra verte por aquí, esta historia tendrá sus toques de diversión, pero también de seriedad y tristeza como lo que verás a continuación, espero que siga gustándote. Bye.

Sakura Snape.- Jajaja, si, pobres, y sip, Harry es muy paternal, y ese paternalismo aumentará. Nos vemos.

MARIA JONAN.- Hola amiguita!!!! Jajaja, a mi también me encantó ver a Draco y a Isis huir de esa forma, oh, y verás que será interesante ver a Draco en esa situación. Claro, dejaría de ser Harry Potter si no se preocupara de esa forma, además, también se debe a que él mismo sufrió algo parecido, pues recordemos que Harry no la pasó muy bien con los Dursley, así que no quería que el pequeñín sufriera lo mismo en un orfanato. Claro, Isis es una serpiente muy orgullosa, y cuando hieren su orgullo reacciona ofendida, así que ese es el resultado. Besos.

Cerdo Volador.- A mi también me gusta esa idea de que Draco y Harry tengan un hijo. El mpreg, es el embarazo masculino, quiero decir que en esta historia alguno de los dos (Draco o Harry) puede quedar embarazado. Si te queda alguna incógnita, no dudes en preguntarme, ¿eh? Nos vemos.

NieA-29.- Hola!! Jajaja, no te preocupes, que el mpreg tardará en darse, primero habrá un par de problemas que resolver, y para que no llegue de golpe puse a Adam -. Y si, será interesante ver a Draco cuidarlo, jajaja. Nos vemos.

Zhakdna-yhizet.- Que bueno que te gustó, y tal vez te guste más este capítulo. Nos vemos.

Malena.- El fic tendrá sus momentos tiernos y graciosos, aunque también habrá seriedad y sufrirán un poco, sorry, es mi vena masoquista que se ha desatado -. Gracias, me halagas con lo que dices, seguro podrás escribir mejor que yo, sólo es cuestión de que te pongas en ello, yo al principio escribía fatal, sino me crees, compara mi primer fic "Por un Juego" con lo que escribo ahora, (claro que sin menospreciar mi fic, ya que es mi tesoro, ¿eh?) y verás que la redacción entre ellos es muy distinta, con el tiempo y la práctica se mejora. Nos vemos.

Amaly Malfoy.- Jaja, como dijo Severus, ¿quién es el slytherin manipulador? Jajajaja, Harry se aprovechó de eso para hacer que Draco aceptará cuidar al bebé. Acabas de dar en un punto clave, ¿eres adivina? ¿Tu ojo interior acaba de ser limpiado? Jajaja. Habrá algo de eso, y traerá algunas discusiones, ya lo verás. Bye.

Gochi Glay Lover.- Hola!!!!!! Jajaja, y habrá más batallas con ese pequeño, en este capítulo verás una de ellas. Nos vemos.

MEIKO.- Jajaja, sip, se tienen celos uno de otro, jajaja. Oh, pero Draco puede aceptar al lobito, a la comadreja e incluso a la sabelotodo, pero nunca al sarnoso de Black, jajaja, aunque tal vez eso cambie con el tiempo, pero si en cinco años no ha cambiado, dudo mucho que lo haga en algunos días. Jajaja, bueno, recordemos que Isis se crió entre humanos desde que era pequeña, y que es lógico que haya adoptado ciertas costumbres y caracteres de humanos, sobre todo si uno de esos humanos es un slytherin y Malfoy, así que por eso congenian tan bien. Bueno, muchas veces mi pobre neurona esta llena de trabajo y simplemente no tengo tiempo de escribir, pero aquí sigo, en la lucha diaria con que mi neurona piense algunas cosas, jaja. No tienes nada que agradecer, al contrario, gracias por tus lindos reviews. Besos.

Ninnia-Weasley-007.- Hola!! Que bueno que te gusta el fic. Sobre la idea, bueno, será algo difícil porque se supone que los hombres no se embarazan, así que como ves es algo complicado, pero no te preocupes, que ya encontraré alguna solución para ello. Créeme que la idea de que Draco sea el embarazado ha estado rondando por mi cabeza, pero una vocesita ha estado insistiendo en que sea Harry, así que ya veremos que decide mi neurona, jiji. Gracias por tus felicitaciones. Nos vemos.

Laia.- Jajaja, parece que todos deseamos lo mismo, ¿no? Besos.

Anny Pervert Snape.- Jajajaja, que bueno que estas dispuesta a esperarme seis meses, jajaja. El mpreg tardará un poco, pero seguro saldrá, no te preocupes. Nos vemos.

Jack Dawson.- Jajaja, si, parece que ha gustado mucho esa escena. Y sip, bonito el pensamiento, aunque luego se tornara triste. Besos.

Bunny1986.- Me alegra que te guste el fic, y bueno, Draco no reaccionara de una forma muy agradable, ya verás el porque. Bye.

Gala Snape.- Sip, se esta encariñando mucho, y eso a la larga le va a causar dolor cuando se separe de él. Jajajaja, bueno, eso esta por verse, ya que se supone que los hombres no pueden embarazarse, así que antes de que haya mpreg, tendremos que idear una forma de uno de ellos se embarace. Besos.

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CAPITULO CUATRO.- Nana Padfod

-¿Estás seguro de que no quieres quedarte? – le preguntó Harry

-Claro que quisiera quedarme – Draco le sonrió de forma insinuante –, pero tengo un par de juntas que no puedo aplazar.

Draco terminó por ponerse el saco, ante la mirada embelesada de Harry que lo observaba sentado en el sofá de la sala. Una sonrisa formándose en su rostro moreno, viendo como los hombros de Draco se sacudían para que el saco se amoldara perfectamente a su figura. Harry amaba observar a Draco vistiéndose y desvistiéndose, sus movimientos eran sensuales e incitantes, invitándolo a disfrutar de la pasión y el placer que pudiera proporcionarle. Sse puso de pie, hasta acercarse al rubio y con lentitud ajustó la corbata plateada que rodeaba el cuello de su pareja. Draco portaba con galanura un traje sastre en color gris Oxford, que contrastaba con los destellos de su rubio cabello.

Una de las manos del moreno serpenteó desde el cuello hasta la blanca mejilla, delineó los finos pómulos, dirigiéndose hacia los ojos, enseguida, los párpados se cerraron, disfrutando de la tierna caricia. Harry delineó el contorno de los ojos, haciendo énfasis en las marcas oscuras debajo de ellas, sin poder evitar el sentimiento de culpa que lo invadió. Harry se mordió el labio inferior recordando que Draco tenía ojeras a causa del poco tiempo que durmió desde la anoche anterior cuando Adam llegó a casa.

Haciendo a un lado ese pensamiento, acercó sus labios hacia el bello rostro, besando cada parte de él: la frente, los párpados, la nariz, las mejillas y finalmente los labios, donde una lengua ansiosa le dio la bienvenida. Se besaron con suavidad, sin prisas, disfrutando de la sensualidad e intimidad del momento.

-No quisiera irme – le dijo Draco, enterrando su rostro en el cuello del moreno –, pero hoy tengo varias reuniones, y es necesario poner a esos viejos en su lugar – dio un último beso en el cuello antes de separarse un poco de ese cuerpo –. Te dejaré el auto, por si necesitas salir, yo me apareceré directamente en el Ministerio – guió su mano hasta acunar la mejilla de Harry, éste se recargó contra ella disfrutando de la caricia –. ¿Estás seguro de qué podrás manejar a ese pequeño imitación de banshee?

-¡Draco! – le retó, a lo que el rubio sólo se encogió de hombros –. Isis estará conmigo y seguro, como si no lo conociera lo suficiente, Sirius estará aquí a más tardar en un par de horas.

Ante la mención de Black, el rostro de Draco perdió todo rastro de buen humor, para tomar una expresión seria. Harry inmediatamente notó el cambio en su pareja y una pequeña alarma comenzó a sonar en su cabeza, indicando la posible tormenta que estaba por desatarse.

-Oh, en ese caso – comenzó Draco con voz ligeramente fastidiada y arrastrando las palabras más de lo usual –, no me esperes a comer.

-Draco... – intentó llamarlo

-No Harry – lo interrumpió, los ojos de plata refulgían con peligrosidad –, aún están frescas en mi mente las palabras de tu padrino hacia mi padre. Ambos sabemos todo lo que hizo, pero en el último momento rectificó su camino permitiéndome llegar a ti, y si alguien tiene derecho a hablar de esa forma de él: eres tú.

-Yo no diría nada acerca de tu padre, porque respeto tus recuerdos hacia él – le dijo con seriedad, y ligeramente ofendido

-Precisamente Harry, tú tienes ese derecho pero no lo ejerces, sin embargo Black...

-Sirius sólo se preocupa por mí – en el momento que Harry dejo escapar esas palabras se pateó mentalmente por haberlas dicho. Los ojos grises brillaron con peligrosa frialdad. Draco se irguió altivo y con una inclinación de cabeza dio media vuelta dispuesto a irse.

Apenas había caminado unos pasos cuando sintió un par de brazos rodeándolo por la cintura e impidiéndole moverse, pronto un cuerpo atlético y varonil le siguió a las manos, y pudo sentir el rostro de Harry apoyándose sobre su hombro y su cálido aliento acariciando su cuello.

-Lo lamento – la voz de Harry era suave y denotaba su arrepentimiento –, sabes que no quise herirte ni mucho menos...

-Lo sé – suspiró Draco, rindiéndose ante el cuerpo tras de él –. Es sólo que no quiero ver a tu padrino, no podría asegurarte el no lanzarle una maldición en cuanto lo vea entrar.

-Entiendo.

Draco se giró sin permitir que las manos que rodeaban su cintura se separaran de su cuerpo, tomó el bonito rostro de su pareja entre sus manos, y acercando sus labios hasta acariciar los otros, susurró:

-Pero prometo compensártelo esta noche – Harry le sonrió con picardía, sin hacer el más mínimo intentó de separarse.

-Y yo prometo que cuando regreses estará listo un baño de burbujas esperándote – le ronrone

-¿Y también me esperaras debajo de esas burbujas? – preguntó Draco con fingida inocencia, a lo que el moreno respondió con una pequeña carcajada.

-Por supuesto

-¿Y tenemos que esperar hasta esta noche?

-Tú tenías prisa por irte

Draco hizo un lindo puchero al mismo tiempo que acariciaba los labios del moreno, para luego, cambiar su expresión a una depredadora.

-Tengo tiempo para algo rápido

Y sin darle tiempo para hacer o decir algo, Draco capturó los labios de Harry en un beso hambriento y posesivo. Harry tardó en recuperarse de la sorpresa, para luego responder el beso con la misma intensidad, lenguas entrelazándose, y manos recorriendo desesperadas el cuerpo del otro, buscando cualquier resquicio de piel para tocar; el moreno llevó sus manos hasta el inmaculado cabello, enterrando sus dedos en él, al mismo tiempo que sentía como unas manos presurosas jalaban su camisa hasta sacarla de sus pantalones.

Draco apenas había sacado por completo la camisa del pantalón, cuando sintió los labios de Harry en su cuello, no se había percatado en que momento su pareja había desabrochado su corbata. Draco gimió al sentir los dientes clavándose en su piel, y casi de inmediato la lengua sobre la misma zona. Harry dejó de besar para mirar a los ojos de su pareja, quien lo miraba fijamente con adoración pura, pidiendo al verde de sus ojos que lo devorara con la misma intensa pasión que rara vez expresaba.

El muchacho de cabello negro observó extasiado ese atractivo rostro y viendo la intensa petición en los ojos del hombre que amaba, Harry no pudo evitar el arrebato del que fue presa, arrojando a su pareja contra la pared, la queja que Draco iba a proferir fue obstruida por unos labios que se apoderaron de los suyos, reclamándolos en un beso posesivo, marcando su propiedad. Draco abrió los ojos, ligeramente sorprendido por el arrebato pasional de su pareja, pero para nada disgustado por él; a través de la niebla de pasión que comenzaba a nublarle, pudo ver el fuego en los ojos esmeralda, un fuego tan apasionado que lo sorprendió, pero que no le impidió perderse en el beso, dejándose guiar y olvidándose de lo que lo rodeaba.

Con movimientos hábiles, el moreno desabotonó el saco y la camisa dejando al descubierto un torso atlético; sus manos siguieron camino hasta los pantalones, mientras sus labios se apoderaban alternadamente de los pezones, lamiéndolos y mordiéndolos, lo que hacía aun más bruscos los estremecimientos de Draco.

Las manos de Harry terminaron por desabrochar el pantalón, deslizando una de sus manos por el cuerpo esbelto que temblaba con esas caricias, mientras sus bocas unidas en un beso apasionado los hacían jadear

-Oh… Harry –, jadeó cuando una de esas manos tocó su pene. Draco gimió, sintiendo que sus piernas temblaban, negándose a mantenerlo en pie, la caricia experta en su sexo le hizo gemir con fuerza, aferrándose a la ropa de Harry para no caer, pero eso no conformaba a Harry, quién terminó de bajarle los pantalones y el boxer

Draco atrajo hacia él el cuerpo ardiente del moreno, tomándolo por el cuello, enterrando sus dedos en el sedoso cabello. Besándolo con pasión, estaba desesperado por sentirlo; con su lengua exploró la boca del otro, acariciando los labios, los dientes, hasta encontrarse con otra lengua que le hizo frente, comenzando una batalla que Harry ganó al momento de capturar esa lengua y succionarla con fuerza, sacando un gemido del rubio, que lo abrazó con más fuerza, provocando un roce entre sus penes, haciéndolos gemir ante ese movimiento.

Draco deslizó con rapidez sus manos hacia la camisa de Harry, desesperado por sentir esa piel contra la suya, no reparó en romperla, los botones cayeron al piso ante la sonrisa de Harry

-Tendrás… que comprarme otra… camisa – le dijo comenzando a besar su cuello

-Al diablo… con la camisa – gruñó Draco a la vez que con rapidez desabrochaba los pantalones y los bajaba arrastrándolos con todo y boxer, de manera que sus sexos entraron en contacto, un roce sensual y tan erótico que les hizo casi gritar.

Harry se aferró a la cintura del rubio, imitando el movimiento que antes realizaron, moviéndose hacia arriba a abajo, rozando una y otra vez sus penes erectos. Draco hizo lo mismo, empezando a frotar su cadera contra la otra. Establecieron un ritmo rápido, dejándose envolver por ese enredo de sensaciones intensas, que les generaban corrientes de placer desde la base de la columna hasta su cerebro. Las rodillas les temblaban mientras continuaban con ese ritmo, la pasión ardiendo en sus cuerpos, pidiéndoles la culminación.

Un alarido los hizo detenerse. Asustado por el repentino cambio de vibraciones sonoras, Harry trastabilló al momento de separarse de Draco, provocando que cayera de espaldas contra el piso.

Demasiado aturdidos por la pasión y el deseo como para reaccionar correctamente. Ambos se miraron de forma interrogante, sin comprender lo que había sucedido. Sus rostros estaban sonrojados y sus respiraciones agitadas, la pasión desbocada que los había envuelto, aún les nublaba el pensamiento.

Un grito agudo, para su irritación en el momento más inoportuno, cortó la pasión del momento, mejor de lo que lo hubiera hecho un cuchillo.

-Adam – murmuró Harry, poniéndose de pie

-El banshee – gruñó Draco

Harry le lanzó una mirada molesta a su pareja, a la vez que comenzaba a arreglarse los pantalones y colocarse la camisa con rapidez, pese a que ésta ya no tenía botones. Observó como Draco hacía lo mismo pero con mayor calma, casi con parsimonia, gruñendo algo que no pudo entender, aunque seguramente se encontraba maldiciendo a las cinco generaciones anteriores a Adam.

El llanto cada vez se hacía más insistente, retumbando contra las paredes de la casa y aumentando su volumen a medida que pasaba el tiempo. Harry se acercó a Draco y tras acomodarle la corbata y el saco, lo besó rápidamente en los labios, para dirigirse hacia las escaleras, pero antes de que llegara a éstas, Draco lo tomó por el brazo impidiéndole el subirlas.

-Esto lo terminaremos en cuanto regrese – le murmuró y su tono de voz dejaba claro que no aceptaría un no por respuesta. Harry pudo observar el deseo impregnado en los ojos de plata, y no pudo reprimir la sonrisa que se formó en sus labios, sabiéndose el objeto de ese deseo.

-Claro que lo terminaremos – ronroneó y tras un nuevo beso, se dirigió a toda prisa a la habitación que ocupaba Adam, antes de que Isis decidiera hincarle los colmillos para que dejara de llorar.

Draco lo observó irse, sus facciones se endureciendo por unos segundos, de lo cual Harry no se percató pues estaba más interesado en llegar hasta el bebé que en detenerse a observar a su pareja. Draco pasó una mano por su rubio cabello, acomodándolo un poco, al mismo tiempo que intentaba alejar pensamientos que le herirían. Con un pase de su mano, eliminó de su traje cualquier rastro de arrugas, tomó su túnica y con un 'plop' desapareció.

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Una hora más tarde, y una vez que Harry había logrado convencer a Isis de no morder a Adam cada vez que éste "lanzaba alaridos", como decía ella, y tras prometerle que olvidaría su enfado por el incidente con Sirius (entiéndase, provocar su caída en medio de las Tres Escobas), y negociar unos cuantos gnomos de jardín traídos expresamente del jardín de los Weasley, logró convencerla de cuidar a Adam en la sala, mientras él bajaba por un poco de la poción que sustituía a la leche materna que Draco había preparado con anterioridad.

Harry descendía por las escaleras que lo conducirían hasta el sótano. Las paredes a su alrededor seguían siendo de cantera, pero a diferencia de la fachada de la casa, éstas eran de un color grisáceo, simulando los muros de las mazmorras de Hogwarts y algunos candiles flotaban a cada orilla del largo pasillo, iluminando con flamas en color jade que levitaban dentro. Al ir descendiendo podía notarse como la temperatura descendía de igual forma.

A Harry no le gustaba mucho estar ahí porque le recordaba las frías mazmorras del aula de pociones, y lo que consecuentemente llevaba al recuerdo de sus nada agradables clases, pero Draco había crecido en ese ambiente y era lógico que quisiera recrearlo en la casa donde ambos vivían.

Con una sonrisa en los labios, llegó hasta la puerta que buscaba, sin perder tiempo la abrió, e inmediatamente fue recibido por el lugar que su pareja tanto adoraba.

El laboratorio.

Draco siempre había adorado "la sutil ciencia y el arte exacto de hacer pociones" como el rubio solía decir, y desde que Harry tenía memoria, Draco siempre había sobresalido en pociones. Él y Snape solían reunirse y entablar largas discusiones al respecto en las cuales quedaba en evidencia lo mucho que su pareja había adelantado en ese tema. Poco después de la graduación, Dumbledore le había sugerido aceptar una plaza como uno de los Investigadores en el Área de Pociones en la Universidad Mágica de Londres; sin duda la sugerenciahabía halagado de sobremanera el ego del rubio, pero lamentablemente había algo que evitaba que su pareja aceptara esa oferta: su apellido.

Ser un Malfoy no sólo conllevaba los privilegios que un apellido de renombre en la elite de los sangre pura, sino también, imponía ciertos cánones que debían de seguirse, y uno de ellos era que al morir el jefe de esa familia, su primogénito inmediatamente pasaría a ser la siguiente cabeza y heredero de ese linaje; obviamente, al morir Lucius Malfoy, Draco había heredado no sólo la decenas de cámaras acorazadas en Gringots y las no tan despreciables propiedades, sino también las tradiciones y obligaciones de su familia, cosa que Harry sabía a la perfección, pues Narcissa había insistido en instruirlo en las tradiciones de los Malfoy y refinar sus modales para que no dejara en ridículo a Draco en algún evento importante; y aunque el rubio disfrutaba su puesto en el Ministerio, Harry sabía que extrañaba la libertad y la relajación que elaborar pociones le brindaba, por esa razón, y por capricho además, Draco había construido ese recinto.

El laboratorio estaba completamente equipado con los mejores artículos para pociones, ya que algunos de los artículos que se encontraban en ese lugar eran tan raros, que Harry había leído solamente sobre ellos en libros. Había calderos de todo tipo, tamaño y elaborados de diversos metales, apiladas en estantes junto con otro gran surtido de parafernalias, pociones y varios viejos textos de pociones. Decir que Draco adoraba cada milímetro de ese laboratorio era una subestimación. Draco podía pasar horas enteras buscando nuevas formulas, analizando otras y buscando mejorarlas, tal y como lo hacía con su último proyecto en el que se encontraba trabajando: una poción para comprender el pársel.

Localizando rápidamente el caldero donde la poción se encontraba reposando, tomó un recipiente donde vertió un poco de la misma. Tenía que dárselo a Adam antes de que Isis decidiera pasar por alto su trato y encajarle los colmillos a la pobre criatura.

Subió de prisa las escaleras, deseando no encontrar al bebé siendo presa de una Cobra Real de más de tres metros de largo. Pero a medio camino, escuchó unos extraños sonidos. Se detuvo, tratando de reconocerlos. Pudo reconocer unos gorgojeos, que seguro pertenecían a Adam, y por el tono de ellos dedujo que estaba riendo, luego escuchó unos gruñidos, ¿los bebés gruñían? Porque estaba seguro que Isis no lo hacía, pero luego escuchó unos siseos nada amigables.

-Estúpida bestia, aléjate de aquí antes de que te rompa todos los huesos

Eso definitivamente no era nada bueno.

Así, que sin perder más tiempo, terminó de subir las escaleras, preparándose mentalmente para defender su casa de algún peligro inminente, antes de que Isis cometiera un asesinato… pero lo que encontró fue muy diferente a lo que esperaba…

Ahí estaba Adam, acostado sobre una manta en medio de la sala, tal y como lo había dejado, salvo el detalle de que hacía graciosos gorgojeos y gritos extasiados al ver lo que sus ojos estaban próximos a encontrarse.

Un poco más adelante se encontraba Isis… enredada alrededor del cuerpo de un gran perro negro en el que claramente no parecía un abrazo amistoso.

El perro gruñía y saltaba intentando quitarse a la cobra sin mucho éxito, ya que ésta se aferraba más a su peludo cuerpo.

-Tonto animalejo, no dejaré que insultes a mi Drake, ¡¡me vengaré!!

Las palabras siseadas por la serpiente lograron sacar a Harry del estado de shock en el que había caído. Recomponiéndose, avanzó rápidamente hasta donde estaba Adam y asegurándose de que estaba en perfectas condiciones, salvo el ataque de risa del que era presa, se dirigió a ambos animales.

-¡Basta! ¡Sepárense en este momento! – les gritó, pero ninguno le hizo el menor caso, continuando con su forcejeo –. ¡¡He dicho que se separen!!

Nada.

Perro y Cobra seguían enzarzados en una batalla, que si bien no era a muerte, ya que eso provocaría un serio enfrentamiento con Harry que ninguno deseaba, si insistían en provocar el mayor daño posible a su oponente

La paciencia de Harry tenía un límite, y cuando lo sobrepasaban… no era nada saludable.

Con un brusco movimiento de su mano, su magia salió expulsada en forma de una fuerte corriente de aire que hizo que ambos animales salieran expulsados a extremos contrarios. Isis cayó con la mitad del cuerpo erguida y la caperuza expandida en una clara señal de ataque, mostrando sus colmillos y siseando peligrosamente; Black había caído sobre sus cuatro patas, gruñendo y mostrando los colmillos igual que la serpiente.

Eso fue suficiente para activar el detonador en Harry.

-¡¡Isis, basta!! – pero la serpiente lo ignoró –. ¡¡¡He dicho basta!!!

Ante el tono molesto de Harry, Isis fue conciente de que si no quería un enfrentamiento con él, y sin Draco que la defendiera de un terrible castigo, debía obedecer. Renuente comenzó a bajar la caperuza, al mismo tiempo que su cuerpo descendía hasta sólo tener la cabeza erguida, pero en ningún momento dejó de mostrar sus colmillos.

-¡Y tu, Sirius! ¡¡Deja de gruñirle a mi serpiente!! – el enorme perro volteó a ver a su ahijado, para encontrarse con los ojos verdes mirándole con enojo, pero sin hacer lo que éste le pedía –. ¡He dicho que dejes de gruñirle! – Sirius le miró como diciendo "soy tu padrino y no puedes mandarme" –. Si no lo haces – siguió Harry con voz peligrosa –, ¡¡te pondré una mordaza y te ataré en el jardín para que Draco te vea en cuanto llegue!!

Ante la enorme magnitud de esa amenaza, Sirius no tuvo otra opción que dejar de gruñir y encogerse en el suelo, cubriéndose el hocico con las patas delanteras.

Harry suspiró exasperado, al mismo tiempo que tomaba al sonriente Adam que no dejaba de retorcerse, y agitar sus manitas de forma alegre. Tras darles una mirada de advertencia hacia ambos animales, se dirigió a la habitación de Adam en busca de algún biberón.

En cuanto Harry dio media vuelta, el enorme perro volvió a gruñirle a la serpiente, quien le mostró los colmillos sin emitir sonido

-¡¡Sirius, deja de molestar a Isis!! ¡Y ven a ayudarme! – Sirius le dirigió una mirada molesta a la serpiente que se movía alegre, como burlándose de él.

-¡¿Cómo pudiste amenazarme?! ¡¡¿Y de esa forma?!! – le recriminó Sirius en su forma humana, una vez que había llegado hasta la habitación provisional del bebé, en donde se encontraba Harry.

-Por Merlín, Sirius, tú eres un adulto y además humano, ella sólo es una serpiente – le dijo al mismo tiempo que acomodaba a Adam en la cuna y le daba el biberón.

-¡Precisamente! ¡Es una serpiente! ¡¿Cómo puedes defenderla a ella en lugar de defenderme a mí?!

-No defendí a ninguno, y en todo caso, ¿por qué no eres capaz de comportarte como un adulto y dejar de pelear con ella?

-Ella es la que me provoca – siguió obstinado –, igual que ese Malfoy hijo de…

Ante la mirada peligrosa que le dirigió su ahijado, prefirió guardarse su último comentario.

-Draco es mi pareja, y te suplico, por enésima vez, que lo trates como tal.

-¿Pero es qué no entiendo como puedes estar con él si es tan engreído y patán y ególatra y…?

-¿Puedes dejar de insultar al hombre que amo? – preguntó un molesto Harry, Sirius tuvo la decencia de desviar su mirada para no ver la ira contenida resplandecer en los ojos de su ahijado –. Si le dieras una oportunidad, te darías cuenta de que Draco puede ser agradable, pero cada vez que ustedes dos están a menos de un kilómetro de distancia, comienzan a insultarse uno al otro, e Isis es implacable a la hora de defender a Draco.

-¡¡Pero si es él el que comienza a insultarme!! – gritó Sirius provocando que Adam llorara asustado, Harry tuvo que quitarle el biberón y tomarlo en brazos para calmarlo.

-¿Podrías no gritar por favor? – le pidió Harry, al mismo tiempo que mecía al niño tratando de que dejara de llorar –. El humor de Draco es sarcástico por naturaleza, tú deberías saber eso, después de todo has lidiado con Snape muchos años como para ignorar que así son los Slytherin, pero tú tiendes a insultar a su familia, obviamente Draco reacciona de forma no muy agradable ante eso.

-Pero su padre fue…

-¿Tengo que recordarte a algún miembro de tu familia, Sirius? – lo interrumpió, provocando que la mirada azul de su padrino se endureciera –. ¿Ahora comprendes? Tú familia no estuvo precisamente conformada por santos, pero aún así te duele el que hablen mal de ellos, ¿cierto? Con Draco es lo mismo. Su padre no fue un santo y me hizo mucho daño, pero amaba a su hijo, tal vez de una forma algo retorcida, pero lo amó, y le permitió ir por mi cuando estaba prisionero. Cometió errores gravísimos y mató y lastimó a muchos, entre ellos a mí, pero sigue siendo el padre de Draco y éste lo recuerda como tal, y no seré yo quien opaque esos recuerdos… pues conozco el dolor que significa el tener recuerdos no muy agradables de ellos.

La voz de Harry vaciló en la última frase. Los dos hombres guardaron silencio, uno sumido en sus pensamientos, el otro sintiéndose infinitamente culpable por ser el responsable de que su ahijado no tuviera buenos recuerdos de sus padres.

Justo en ese momento, y para cortar la tensión que se había formado entre ambos, el teléfono celular de Harry comenzó a sonar, sobresaltando a un adormilado Adam.

-¿Podrías tomarlo, por favor? – le preguntó Harry al mismo tiempo que con sumo cuidado le extendía a Adam, cuidando de no despertarlo por completo –. Ten cuidado con su cabeza.

Sirius, totalmente desprevenido y con movimientos algo toscos, tomó al adormilado bebé entre sus brazos. En seguida, Harry salió de la habitación para ir en busca de su celular.

Visiblementeincómodo y nervioso, Sirius logró dibujar una sonrisa algo forzada en sus labios.

-¿Eh? ¿Hola?

Pero el bebé no hizo intento alguno por responder el saludo, ya que estaba más dormido que despierto, con lo cual Sirius se sintió en libertad para suspirar aliviado.

Un poco más tranquilo, pero sin descuidar al bebé que tenía en brazos, observó la habitación en donde se encontraba.

Era la clásica habitación de un bebé, claro que algo austera, ya que faltaban algunos detalles amorosos como lo son los muñecos de peluche y las fotografías, pero tenía que recordar que ese bebé que ahora sostenía en brazos no era de Harry.

Aunque la idea no le desagradaba del todo.

Un bebé de Harry.

Eso sería estupendo, porque entonces, él sería algo así como el Tío Padrino.

Los ojos azules se iluminaron ante ese pensamiento…

Para enseguida oscurecerse al recordar con quien vivía su ahijado.

-Demonios – murmuró –, hasta en eso Malfoy va a amargarle la vida a Harry, privándole de la felicidad de ser padre.

Porque era bien sabido, que los hombres no se embarazaban, aunque una vez escuchó decir a James que Godric Gryffindor había nacido de un hombre, pero tomando en cuenta de que estaba bebido, por no decir cayéndose de borracho, y que también había dicho que las Acromántulas podían tener Pegaso… bueno esa afirmación no podía tomarse en cuenta.

Sin embargo, no tuvo más tiempo para maldecir a cierta serpiente ególatra, porque en ese instante entró Harry con una chaqueta en las manos, lo que le hizo levantar una ceja en una clara y muda pregunta, lo que sólo le ganó que Harry sonriera con inocencia, lo que consecuentemente no auguraba nada bueno.

-Me llamó Natalie y me pide que le lleve algunos de mis cuadros – pero ante la mirada confundida de su padrino, se apresuró a agregar –. Natalie es mi agente, ¿recuerdas? La que se encarga de arreglar mis exposiciones.

-Ah, sí, sí, ya recuerdo, y… ¿cómo piensas llevar a Adam contigo? ¿No es peligroso? – preguntó inocentemente

Ahí estaba, esa sonrisa que a Sirius le hacía recordar a James cuando tenía una travesura entre manos, y que era acentuada con esa mueca de superioridad que tanto le enervaba ver en Malfoy y Snape.

-En realidad, necesito pedirte un favor… padrinito.

La mente de Sirius trabajaba a mil por hora, tratando de darle sentido tanto a la sonrisa como a la mirada traviesa y al "padrinito" dicho de esa forma tan… tan… inocente. No pudo reprimir el escalofrío que le atravesó la espina dorsal al darse cuenta de lo que su tan querido y adorado ahijado quería que hiciera.

-No – la mirada de espanto de Sirius Black era digna de plasmarse en un lienzo, y la idea definitivamente no le parecía desagradable a Harry –, ni lo pienses, ni siquiera se te ocurra Harry James Potter

Harry no pudo evitar soltar una carcajada, definitivamente era gracioso ver como su padrino, un hombre adulto, ex presidiario y ahora magnate de las bromas (junto a los gemelos Weasley), le tenía miedo a quedarse solo con un bebé de ocho meses.

-Vamos, Sirius, será sólo por una hora, en lo que voy, dejo algunos cuadros, y regreso. ¿Qué puede pasar en ese lapso de tiempo? – Harry entrecerró los ojos, y con una mirada maliciosa, de esas que Draco usaba cuando quería conseguir algo, le dijo –. ¿O a caso no te crees capaz de cuidar de un bebé, Sirius Black?

La reacción no se hizo esperar.

Sirius se irguió desafiante, su mirada resplandeció con decisión, ligeramente ofendida, aferró con mayor fuerza, pero sin llegar a lastimar, al durmiente Adam, y le dijo con voz decidida.

-Te probaré que el Gran Sirius Black no le teme a nada. – dijo con voz solemne. Harry apenas y aguanto el ataque de risa que se le avecinaba, y en cambio, se irguió de igual forma que Sirius y adquiriendo su pose, le dijo:

-De acuerdo, Oh Gran Sirius Black, dejaré a tu cargo a Adam – después, su mirada se tornó seria –, pero ten cuidado con él, Sirius

-Por supuesto, ¿por quién me tomas?

Harry estuvo tentando a responder esa pregunta, pero prefirió guardarse sus comentarios, en cambio, se colocó la chaqueta y procedió a indicarle a Sirius el lugar donde se encontraba cada cosa que requeriría si Adam necesitaba algo. De cualquier forma, antes de salir, y sin que Sirius se diera cuenta de ello, convencería a Isis de que lo vigilara, curiosamente confiaba más en su serpiente que en su padrino.

Después de subir algunos cuadros en el auto, y tras advertirle a Isis queno molestara a Sirius con la seria amenaza de romper su trato anterior, y de que permaneciera alerta por si sucedía cualquier cosa, subió al auto listo para dejar sus cuadros en la Galería. Al estar frente al volante y listo para partir, no pudo evitar sufrir un escalofrío al ver la bella fachada de su casa. ¿Permanecería igual a su regreso? Deseaba con toda el alma que sí, de lo contrario se enfrentaría a la ira de Draco por dejar solo a Sirius en su bella casa.

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Había sido una mañana sumamente agitada. Primero, había tenido una Junta en las oficinas de su empresa, acordando los términos de un contrato con un par de empresas muggles, donde se ultimaron los detalles del último proyecto del Consorcio Malfoy, una cadena de hoteles de lujo. A media tarde, había tenido una reunión en el Ministerio de Magia con algunos miembros del gobierno para acabar de proyectar las reformas a la Ley de Rechazo de Criaturas Mágicas, en la que se discutía sobre la Anulación y Cancelación de algunos de sus decretos, lo cual era algo por lo que se había estado peleando desde hacía varios años y que los complejos estúpidos de algunos miembros del Gobierno, hacía algo difícil de conseguir. Sin embargo, Draco Malfoy, Jefe del Departamento de Cooperación Mágica Internacional, enérgico y frío como siempre se comportaba cuando se trataba de una reunión importante, sumando a eso su facilidad de persuasión, había conseguido derogar el decreto que prohibía el trabajo bien remunerado y digno a algunas criaturas, entre las que se encontraban los Licántropos, algo que sin duda haría sumamente feliz tanto a Harry como a Remus.

Justo en ese momento, Draco se dirigía hacia su despacho en el Ministerio, lo único que deseaba era encerrarse en él y tomar una poción que le quitara el maldito dolor de cabeza que esos viejos arcaicos le habían provocado, sumando a eso su disgusto por ciertas ideas que lo habían perseguido desde que dejó a Harry con ese bebé en su casa, y su insatisfecha excitación a causa de una imitación de banshee.

Entró en su despacho después de informarle a su secretaria los resultados de la reunión y pedirle que no le pasaran llamadas a menos que fuesen importantes. Inmediatamente después de asegurar la puerta, se dirigió hacia un pequeño armario donde tenía guardadas algunas pociones calmantes y algunas otras para emergencias, y tras beber una de las calmantes, se dirigió hacia los grandes ventanales que iluminaban su despacho, recostándose contra el borde de una de las ventanas mirando hacia el exterior.

Eso siempre lo tranquilizaba.

El despacho de Draco Malfoy era uno de los despachos principales y con mayor estética. Era un amplio recinto de grandes ventanales por los que se colaba la luz del día, contra uno de los muros se encontraba el pequeño armario lleno de pociones, justo al centro había un imponente escritorio de caoba y tras él, había un inmenso librero con archivos de trabajo, y libros de diferentes decretos y leyes. Justo en el muro que esta frente a su escritorio, había una chimenea con leña consumiéndose lentamente, donde sostenía algunas charlas vía floo, y que le daba al lugar un aspecto más cálido. Los muebles, eran de calidad, y buen gusto, después de todo, era un Malfoy, y los Malfoy sólo aceptaban lo mejor.

Pese a que la poción calmante comenzaba a hacer efecto, el mismo sentimiento de pesadumbre y disgusto que le habían acompañado desde que salió de casa, no cesaba. ¿Y la razón de esos sentimientos? Simple: el bebé que en esos instantes debía de estar cuidado Harry.

Tamborileó los dedos en el marco del ventanal y con la otra mano se acomodó hacia atrás el pelo, un gesto inútil puesto que de inmediato le volvió a caer en una suave cascada dorada sobre los ojos.

Desde un principio no fue de su agrado la idea de hacerse cargo de ese bebé, no sólo por las responsabilidades que conllevaba el hacerlo, sino por las implicaciones tanto emocionales como el constante recordatorio de algo que había preferido seguir ignorando.

Harry era un ser emocional, su fría lógica en algunas ocasiones podía ser mandada al diablo por sus sentimientos, algo que sin duda había cautivado a Draco, pero que en ocasiones, causaba heridas realmente profundas, y no sólo hería a Harry, sino también a él, pues sabía que un daño inflingido a su pareja era como dañarse así mismo, y sabía perfectamente que el cuidar de Adam traería un daño mucho mayor del que estaban preparados para recibir.

Escuchó el sonido del intercomunicador.

Con un suspiro de frustración, se dirigió hacia su escritorio, sentándose en la amplia butaca frente a la mesa de su despacho, y tras pasar su mano frente al pequeño espejo intercomunicador, el rostro de su secretaria se reflejó en él.

-Sr. Malfoy, el Sanador, Gerard Montgomery, desea hablar con usted por la vía floo.

-"El Sanador que atiende a la madre de Adam" –pensó–. De acuerdo, comunícamelo entonces

-Esta bien señor. ¿Puedo ayudarle en algo más?

-No, gracia Janeth

-De acuerdo señor.

Un nuevo pase de mano frente al espejo, y el rostro de su secretaria, desapareció. Con parsimonia se puso de pie hasta llegar a la chimenea, tomando asiento en el sofá que estaba frente a ella. No tardó mucho tiempo en materializarse el rostro afable del Medimago.

-Buenos tardes, señor Malfoy, lamento molestarlo – le dijo con una sonrisa

-Buenos tardes, señor Montgomery, y no es ninguna molestia, sin embargo tengo curiosidad de saber cual es el motivo por el que me llama, obviamente se trata de la madre de Adam, Annel Cartier

Directo al punto, sin molestarse en cortesías. Vio cómo los ojos del sanador se abrían con ligera sorpresa y diversión, obviamente divertido ante el temperamento de Draco

-Efectivamente, Señor Malfoy, se trata de la señora Cartier. – ante eso Draco frunció el ceño.

-¿Qué ocurre con ella? ¿Ha empeorado su condición?

-No exactamente, su condición ha ido variando, cierto, pero sólo a constantes fiebres y delirios, por momentos se encuentra lucida y pregunta por su hijo, y en otros la fiebre la inunda. La maldición con la que fue herida provoca ese tipo de estragos, afortunadamente la trajeron a tiempo y no pasará a mayores.

-Comprendo. ¿Y el motivo de su llamada es…?

-En uno de sus momentos de lucidez, la paciente pidió ver a su hijo

-¿Es posible en su condición?

-Yo no lo recomendaría hasta que se encontrara estable, lo que sería en un par de días, pero había pensando que tal vez sería buena idea que usted o el señor Potter la visitaran y le asegurara el bienestar de su hijo. Eso la ayudaría a tranquilizarse y esforzarse en su recuperación – Draco permaneció unos segundos en silencio, sopesando las palabras dichas por el sanador

-Comprendo – dijo –. ¿Cuándo sería conveniente visitarla?

-Lo antes posible

Draco guardó silencio nuevamente, podría llamar a Harry y pedirle que fuera, aunque estaba seguro de que no se negaría, estaría el problema de quien cuidaría al bebé, además, el rubio recordó que cierto 'canino pulgoso' estaría de visita, por lo cual no le apetecía regresar a casa temprano como se lo había hecho saber a Harry.

-¿Podría ser esta misma tarde?

-¡Por supuesto! – se apresuró a decir el sanador, feliz de que las cosas se dieran tan rápido.

-De acuerdo, señor Montgomery, lo veré esta tarde.

-Lo estaré esperando, señor Malfoy – y sin más, el rostro amable del sanador desapareció de entre las llamas.

Draco permaneció unos minutos más en la misma posición, sentado en el sofá. Sus ojos de plata reflejaban el crepitar de las llamas que poco a poco consumían la madera. Pensamientos contradictorios se arremolinaban en su mente, tenía muchas cosas en que pensar, pero lamentablemente para él, la mayoría de esas cosas, hubiera preferido continuar ignorándolas, pero era conciente de que entre más tiempo pasase, más dolorosa sería la solución.

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Mientras tanto, en casa de Harry y Draco, Sirius se encontraba recostado en la cama de la habitación de su ahijado, con el control remoto en una mano y viendo un programa de televisión muggle. ¿Quién dice que los muggles no inventan cosas interesantes?

Parecía que Sirius se había apoderado de un par de cervezas de mantequilla, las cuales degustaba placidamente a la vez que soltaba pequeñas risitas al ver el programa de televisión.

-Esto de ser niñero, me resulta bastante bien – murmuró –... no hay mucho que hacer... cerveza de mantequilla gratis...

Puso sus brazos detrás de su cabeza, dejándose caer hacia atrás, con un suspiro de arrogancia... cuando en eso:

-BUUUUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!! (N.A.: ¿Qué original no?)

De un salto, y más rápido que un rayo, Sirius se puso de pie, tirando la cerveza de mantequilla sobre la colcha

-¡Diablos! – maldijo, pero el llanto de Adam se hizo más insistente, así que prefirió ignorar ese pequeño accidente y correr hacia ese bebé y calmarlo, o sino, terminaría con los tímpanos destrozados.

Corrió a todo lo que daban sus piernas, chocando contra una puerta y tropezándose con… ¿una cola de serpiente? Demonios, ya arreglaría cuentas con esa cobra. Por fin llegó hasta la cuna, donde una pequeña criatura, cubierta por una sencilla manta, lloraba con energías, al mismo tiempo que apretaba sus pequeños puños.

-Ya, tranquilo pequeño, ya estoy aquí... – le dijo Sirius con ternura, pero el pequeño no dejaba de gritar y retorcerse, el rostro regordete estaba inundado de lágrimas y hacía pequeños pucheros casi al mismo tiempo que soltaba sus alaridos… ejem… llantos.

Intentó tranquilizarlo haciendo caras graciosas como sacarle la lengua, o estirarse las mejillas, le habló con diferentes tipos de voces, pero nada daba resultado, y el adulto comenzaba a desesperarse.

Algo que para nada sentía la serpiente que estaba escondida tras la puerta de la habitación de Adam.

Si prestáramos atención a los pequeños espasmos que atacaban el largo cuerpo de la Cobra Real, nos daríamos cuenta de que estaba siendo presa de un ataque de risa, algo muy extraño en los reptiles de su tipo. Pero es que era demasiado cómico ver al estúpido de Black, comenzar a desesperarse con los alaridos del banshee.

Después de variados intentos por intentar tranquilizar a Adam, Sirius finalmente optó por lo que, desde un principio, no deseaba hacer.

Cargar al gimiente bebé.

Tomando en cuenta que no era muy hábil en este aspecto, y que el pequeño se negaba a dejar de retorcerse, la tarea resultaba sumamente difícil de llevar a cabo.

-Vamos Adam... – le dijo con cierto tono de inseguridad mientras tomaba al pequeño con sus manos y lentamente lo levantaba; deteniéndose a medio camino, sosteniéndolo en las manos, con los brazos estirados, mirándolo desde lejos.

Pero Adam no dejaba de llorar.

-Por favor pequeño, ¡no me hagas esto!

Recordando que había visto un caso similar por la televisión muggle, intentó arrullar a la gimiente criatura... aunque más bien parecía como si agitara una bebida embotellada con la advertencia de "Agítese antes de tomarse"; lo que sólo provocó que Adam se alterara aún más, y usando una cruel lógica para el infierno que estaba viviendo Sirius: al alterarse Adam, Sirius se alteraba más.

-¡¡¡Bebé, no llores!!! – le suplicó, pareciendo que en cualquier momento, Sirius seguiría el ejemplo al bebé y se pondría a llorar a todo pulmón.

Cosa que mataba de risa a Isis.

-Por Merlín, ¿qué es lo que quieres para callarte? – preguntó desesperado.

Y como si Merlín hubiera escuchado su suplica, un desagradable olor comenzó a llegarle. Arrugó la nariz ante tal pestilencia

-No, no, no, por favor no – murmuró, acercando con lentitud al bebé que no paraba de llorar, pudo percibir que el desagradable aroma provenía de él –. Tiene que ser una broma – pero el olor desmentía cualquier tipo de broma –. ¡Rayos! ¿Y ahora qué hago?

Observó a su alrededor, Harry había mencionado algo para ese tipo de casos, pero los gritos de Adam que no paraba de llorar y el insistente olor no le permitían pensar con claridad, y no recordaba mucho de lo que Harry le había dicho.

-¡Por Merlin! ¡Soy un mago adulto!

Así que haciendo acopio de toda su voluntad, afianzó el agarre del bebé, observó la habitación, viendo que ahí no tendría suficiente espacio para cambiarlo, así que decidió llevarlo a la habitación de su ahijado, y aguantando la respiración se dirigió hacia allá, totalmente inconsciente de que una Cobra Real espasmódica lo seguía de cerca.

-"Oh, espera a que Drake se entere de esto, jiji" – pensaba la serpiente

En cuando llegó, e ignorando la mancha de cerveza de mantequilla de la colcha, recostó a Adam, el cual se había empezado a calmar un poco. De golpe sacó la varita de su capa y apuntando con ella al bebé, pensando en algún hechizo adecuado que pudiera utilizar, permaneció en la misma posición por varios minutos, hasta que hizo lo primero que le vino a la mente

-¡Accio pañal!

Y sin esperar el resultado que obtuvo su hechizo, Sirius por poco y cae presa de un infarto múltiple el tener en su mano... el pañal sucio de Adam.

-¡¡¡Oh, por Merlín!!! ¡¡¿Qué rayos es eso?!! – Exclamó lleno de pánico, arrojando el pañal lejos de él-. Respira, expira, respira, expira, eso es Sirius, tranquilo, ya pasó lo peor, tranquilo – murmuró con los ojos cerrados, intentando calmarse.

Al abrir los ojos, Sirius observó a Adam, el cual lo miraba con atención, por suerte, ya había dejado de llorar.

Aunque Isis parecía estar a punto de hacerlo, pero de risa.

-De acuerdo – murmuró Black –, hay que tomarlo con calma, iré por un pañal y ahora regreso. No te muevas de aquí – le dijo a Adam, pero Sirius, no confiando en esos ojos que le recordaban a Malfoy, buscó algo con que entretener al bebé. Encontrando algo que podría servirle sobre la mesita de noche al lado de la cama, se trataba de una snitch que parecía ser de cristal. Inmediatamente se lanzó por el objeto, y sin perder tiempo ni mediar las consecuencias de dejar sólo al bebé, después de darle la snitch se fue rumbo a la habitación de Adam.

-"Oh, oh" – pensó Isis, observando como Adam se pasaba de una mano a otra la snitch y gorgojeaba contento –. "Harry se molestara mucho si algo le pasa a esa snitch, se la obsequió la mamá de Drake y es de zirconia"

-¡¡Adam!! ¡¡No se te ocurra moverte de donde estás!! – se escuchó la voz de Sirius desde la otra habitación, lo que provocó que Adam comenzara a moverse frenéticamente, lo que consecutivamente ocasionó que arrojara la snitch que hasta ese momento sostenía.

Isis vio con horror como el pequeño objeto se precipitaba hacia el suelo; sin perder tiempo, se deslizó intentando detener el rompimiento de la esfera y por consecuencia el futuro regaño de Harry.

Milagrosamente, logró atrapar la snitch antes de que cayera, interceptándola con sus colmillos. Suspiró aliviada. Con extremo cuidado, se deslizó hasta dejar la snitch fura del alcance de Adam y del 'sarnoso de Black'

Sirius regresó cargado con todo lo necesario para poder limpiar a un bebé: talco, toallas húmedas, bolsas nuevas de pañales, crema.

Adam al verlo soltó una pequeña carcajada, agitándose de forma desenfrenada.

-Ya, ya voy, no se te ocurra moverte – como si hubiera entendido sus palabras, y quisiera llevarle la contraria, Adam se giró pensando tal vez que Sirius querría perseguirlo, lo malo del caso es que en el proceso de huir del animago, no sólo manchó la colcha porque su cuerpecito, que estaba sucio con el desecho del pañal, sino también que se acercó peligrosamente a la orilla de la cama.

Al parecer Sirius estaba más concentrado en tratar de que no se le cayera ninguno de los objetos que portaba, olvidándose por completo del bebé, sin embargo, el sonido de un gorgojeo lo hizo volver a la realidad, justo a tiempo para ver como Adam estaba peligrosamente cerca del borde de la cama.

-¡No, Adam! – gritó asustando, tirando todo lo que traía al piso, y lanzándose al suelo a tiempo para atrapar a Adam, al cual, al parecer el hecho de que estuviera sobre Sirius, quien estaba en el suelo, con mirada de pánico; le parecía de lo más gracioso, ya que comenzó a reírse mientras torpemente aplaudía.

-Bueno, al menos sigues de una pieza – murmuró, a la vez que intentaba ponerse de pie con Adam en brazos.

Isis, enrollada en si misma, escondiendo la cabeza debajo de todos sus anillos, intentando amortiguar su siseos, maldecía la ineptitud del pulgoso porque casi se le cae el bebé y Harry la culparía a ella en lugar del estúpido animago.

Acostando a Adam sobre la cama, e ignorando olímpicamente las manchas que la colcha tenía, procedió a mirarlo, como si tratara de descifrar un gran enigma.

-Bien – murmuró sin dejar de observar al bebé que le regresaba la mirada con atención –. Comenzaré por… eh… quitarte… eh… eso

Con un movimiento de varita, hizo que una de las toallitas humedecidas limpiara el cuerpecito, causándole cosquillas al bebé; luego hizo girar la botella de talco, pero al no salir nada de ésta, comenzó a golpearla, ocasionando que estallara y una inmensa nube blanca se esparciera entre ellos.

Isis esta vez no hizo intento alguno por ocultar su siseo, convulsionándose con descaro al ver la escena que se presentaba ante ella.

El largo cabello negro de Sirius, ahora estaba cubierto por una delgada y nívea capa de talco, al igual que el rostro, salvo la zona de los ojos, que el mago había conseguido cerrar en el momento en que se derramó el contenido de la botella. La túnica azul marino, ahora era un inmenso depósito del polvo blanco. A su lado, Adam, con el cuerpo blanco por el talco y medio desnudo, comenzaba a estornudar a causa del polvo, formado nubecitas de talco con cada estornudo.

-Diantres – murmuró Sirius, pero cuando habló, expulsó otra nubecita de polvo blanco

Eso fue demasiado para Isis, que se dejó caer contra el piso, riéndose con toda la energía que le era posible, lanzando siseos que en parsel sonaban como "bobo Black" "fantasma cambia pañales" y cosas por el estilo

Fue en ese momento cuando Sirius notó la presencia de la serpiente; girándose para verla de forma asesina, estuvo a punto de lanzarse contra ella y morderla como había querido cuando llegó a la casa, pero las risas de Adam lo hicieron desistir de ese intento de homicidio.

-Tu y yo saldaremos cuentas más tarde – le dijo a la serpiente, la que sólo se limitó a seguir convulsionándose, ignorándolo olímpicamente.

Después de lanzarle una última mirada asesina, por el momento, se concentró en terminar de cambiar a Adam.

Tomó uno de los pañales y después de desplegarlo y darle un par de vueltas, lo acercó hasta tenerlo a un palmo de su rostro, volvió a separarlo para luego darle un par de vueltas más. Frunció el ceño.

-¿Cómo demonios se pone esto? – se pregunt

Adam miraba a Sirius con sus grandes ojos azul grisáceo; viéndolo con cierta confusión e interés. Por su parte, Sirius intentaba averiguar como se colocaba ese bendito pañal.

Después de varios intentos infructuosos, y varios pañales esparcidos alrededor de la cama…

-No fue tan difícil, mira, quedaste lindísimo

Adam, con medio cuerpo y cabello blancos por el talco, y la otra mitad con un chalequito tejido, con el pañal llegándole casi al pecho, no era exactamente una definición de "lindo", según el criterio de Isis que seguía observando la escena en silencio.

Justo cuando Sirius tomó a Adam, la puerta de la habitación se abrió de golpe, mostrando a un despeinado Harry Potter, que quedó estático al ver el estado en que se encontraba su habitación. Su mirada verde centelló con sorpresa, para luego cambiar a una expresión de asco cuando vio el estado de su colcha y de angustia al notar que la snitch que Narcisa le había obsequiado en su cumpleaños estaba en un lugar diferente al que la había dejado, a medida que recorría el cuarto con la mirada, sus ojos verdes se iban opacando con enojo, observando los pañales esparcidos alrededor de su cama y en el piso, para detenerse con reproche en su padrino cubierto de talco que cargaba a un bebé igualmente blanco de talco.

Sirius se sintió intimidado por la frialdad de la mirada verde.

-Más vale que tengas una buena explicación para esto, Black

En momentos como esos, cuando Harry le hablaba con esa frialdad, era cuando más odiaba a Malfoy por enseñarle a su ahijado a comportarse de esa manera.

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El hospital San Mungo estaba situado cerca de una estación de tren en el centro de Londres, en una calle llena de tiendas.

Dado a que en este edificio se trataba la salud de las brujas y magos, no sería muy saludable esconderlo bajo tierra como el Ministerio de Magia; por ello, se escondió en un gran edificio al cuál pudiese llegar la luz del sol. Visto desde fuera, el hospital San Mungo son unos grandes almacenes llamados 'Purge y Dowse, S.A.", abandonados, y de aspecto destartalado y deprimente. En su sucio escaparate, había unos maniquís colocados al azar con ropa de por lo menos diez años atrás y con las pelucas mal colocadas. En la puerta hay un cartel que dice "CERRADO POR REFORMAS".

Obviamente se encontraba ubicado en medio de un barrio muggle.

Por esa razón, Draco había guardado su túnica, portando únicamente su traje sastre. Ignorando a las miradas que los muggles le enviaban, se dirigió con paso elegante hacia el maniquí con el suéter de nailon verde.

-Soy Draco Malfoy, el Sanador Gerard Montgomery, espera mi visita.

Al terminar de anunciarse, el maniquí comenzó a moverse, permitiéndole atravesar el cristal.

Una vez dentro, rápidamente localizó la recepción, que estaba rodeada con sillas de madera para los que esperaban ser atendidos. Sin reparar en nada más, se dirigió a la mesa de Información, donde estaba una bruja regordeta atendiendo a los visitantes, pero antes de que pudiera llegar, fue interceptado por el Sanador Gerard, que vestía una túnica de color verde lima con el escudo del hospital, un hueso y una varita cruzados, como el resto de los Sanadores.

-Buenas tardes, Señor Malafoy – lo saludó el sanador.

-Buenas tardes – Draco respondió el saludo estrechándole la mano que el medimago le ofrecía –. ¿Cómo se encuentra la señora Cartier?

-Afortunadamente bien, la fiebre ha cedido casi por completo, y en este momento se encuentra despierta. Acompáñeme, por favor.

Comenzaron a caminar por estrechos pasillos, donde estaban colgados retratos de sanadores famosos, iluminados por grandes globos de cristal llenos de velas que flotan por el techo. Subieron unas escaleras para llegar a la cuarta planta, donde se encontraban los internados por Daños Provocados por Hechizos. Llegaron a las puestas de cristal que resguardaban esas salas.

El Sanador lo llevó hasta una de las habitaciones del final del pasillo, con un pase de su varita abrió la puerta, cediéndole el paso.

Draco pudo notar que la habitación era austera, claro, todo lo austero que puede ser una habitación de hospital. Acostada sobre la cama, y cubierta por impecables mantas blancas, se encontraba Annel Cartier.

A simple vista, era una mujer bonita, tenía la piel blanca, y el cabello largo con rizos castaños claros dispersos por la almohada, semejante al de Adam, por la forma de su rostro y la apariencia de su piel, Draco podía asegurar que ella tendría a lo sumo dos o tres años más que él. En cuanto los escuchó entrar, la mujer abrió los ojos, mostrando unos ojos azules con algunas tonalidades grises.

-Hola Annel, ¿cómo te sientes? – le preguntó el Sanador

-Cansada… y con sueño – respondió con voz cansada.

-Es lógico, la maldición afectó varios órganos, y los hechizos y pociones para sanarlos provocan ese estado de cansancio y somnolencia. – Annel dirigió su mirada hacia el visitante, entrecerró los ojos tratando de reconocerlo –. Él es Draco Malfoy, Annel, el hombre que junto con Harry Potter cuidan de tu bebé.

Los ojos de Annel se iluminaron ante la mención de su bebé, y todo rastro de sueño y cansancio desapareció al instante.

-Buenas tardes – saludó Draco

-Buenas tardes – le respondió el saludo.

-Bien, yo los dejo solos para que hablen con calma – y diciendo esto el Sanador salió de la habitación.

Apenas se había cerrado la puerta, la voz de Annel se hizo escuchar.

-¿Cómo se encuentra Adam?

Draco la observó un momento, el tono de voz que impregnó las palabras reflejaba la angustia y el temor que debía de sentir esa mujer por estar lejos de su hijo, era comprensible la desconfianza con que los ojos azul grisáceos le miraban. Suspirando internamente, se sentó en una cómoda silla que estaba situada a un lado de la cama.

-En perfectas condiciones – pero viendo la expresión de la mujer, especificó-: A resentido un poco el estar lejos de su madre, pero Harry tiene mucha paciencia y Adam ha comenzado a acostumbrarse a él. Puedo asegurarle que se encuentra en buenas manos, y que en cuanto el sanador Montgomery lo autorice, podrá verlo.

-¿En verdad... se encuentra bien?

Draco se sintió ligeramente ofendido por la pregunta, ¿acaso pensaba que le estaba mintiendo? Pero viendo la expresión preocupada de la mujer y la angustia que reflejaban sus ojos, prefirió ignorar el pinchazo de molestia, y responder de la mejor manera posible.

-En verdad. Admito que el hacernos cargo de Adam ha sido algo... inesperado, pero hemos podido con la responsabilidad, Harry lo cuida de tiempo completo y puedo asegurarle que nunca permitiría que algo malo le ocurriese.

La última frase pareció tranquilizar a la mujer, ya que soltó un suspiro que a su parecer era de alivio.

Annel volvió a mirar a Draco, pero esta vez no había desconfianza ni temor, sino un brillo de agradecimiento, algo que turbó un poco a Draco.

-Me alegra que esté bien y en buenas manos – le dijo sonriendo con timidez –. Yo soy viuda y no tengo más familia que Adam, estaba muy preocupada por él, y aunque el Sanador Montgomery me dijo que estaba en buenas manos, me sentía intranquila, preocupada. Pero sabiendo quienes lo cuidan y que además son responsables, me siento mucho más tranquila.

-Es comprensible, después de todo es su madre, y aunque Adam ha resentido estar lejos de usted, Harry se las ha arreglado para ser aceptado por él.

-Al señor Potter parecen gustarle los bebés – mencion

-Sí, así parece – respondió con cierta amargura

-Sé que ustedes están juntos, bueno, todo el mundo lo sabe, ¿pero no han pensado en adoptar a un niño?

Ante la pregunta, inmediatamente la espalda de Draco se puso rígida y su rostro adquirió una expresión inescrutable, Annel notó el cambio casi de inmediato, maldiciéndose el haber tocado un punto, al parecer, sensible para el joven frente a ella. Era obvio que siendo él quien era, el adoptar un niño no entraba dentro de sus expectativas para tener familia.

-Pero eso, es algo que no me incumbe – se apresuró a agregar, queriendo enmendar el daño que sus palabras habían causado –, aún así les agradezco que cuiden de Adam.

-No tiene que agradecer nada. – le respondió con cierta austeridad

-Todo lo contrario – rebatió ella con dulzura – tengo mucho que agradecerles, Adam es mi vida, y si algo le hubiera pasado yo...

-Él esta bien, y en buenas manos – la interrumpió, al mismo tiempo que se ponía de pie –, no se angustie por su bienestar, le doy mi palabra que él estará bien y que en cuanto el Sanador lo autorice lo tendrá con usted.

-Muchas gracias, espero volver a verlo.

Draco hizo un movimiento de cabeza a modo de despedida, sin responder afirmativamente a lo dicho por la mujer, dio media vuelta y salió de la habitación.

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Horas más tarde, y tras asegurarse de que Adam estaba dormido y protegido en su cuna, de haber reparado todo lo que Sirius había provocado y de asegurarse de que no había más daños considerables en su casa, de mandar a Sirius de regreso a sus labores con los gemelos después de asegurarle que no le diría nada a Draco sobre lo que había pasado para que no se burlara de él (claro que no podía asegurar lo mismo de Isis), y de haber hecho unos ajustes al trato que tenía con Isis bajo el concepto de "futuros traumas por ver a Black cuidar de un bebé humano y tras la consecuente salvación de la snitch que Narcisa le había regalado", Harry se encontraba terminando de llenar la bañera para sumergirse en un relajante baño, pues lo necesitaba con urgencia.

El baño era una habitación enorme, en cuyo centro se podía ver una bañera circular, con espacio suficiente para albergar cómodamente a cuatro o cinco personas. Había esparcido varias esencias que le ayudarían a relajarse, y tras comprobar que el agua estaba a la temperatura ideal, cerró el grifo.

Se quitó la ropa, arrojándola contra la pared, más tarde se ocuparía de asearla, por ahora, lo único que deseaba era sumergirse en esa esencia espumosa y descansar del día tan ajetreado que había tenido, antes de que llegara Draco.

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Después de dejar a Annel, decidió caminar un poco antes de regresar a casa, así aprovecharía para despejar su mente de tantos pensamientos que le herían el alma.

Caminó cerca de una hora, estaba un poco cansado, pero al menos su cabeza se había despejado, y en lo único que pensaba en ese momento era en llegar junto a Harry y hacerle el amor hasta que quedara inconsciente o muerto de cansancio.

Llegó hasta su casa y después del saludo de cortesía a un par de vecinos (muggles obviamente), procedió a abrir la puerta con sus llaves. Aunque al principio le resultaba chocante abrir la puerta de su casa con esos objetos muggles, comprendió que era necesario hacerlo de esa forma y no apareciéndose o a través de la red floo, ya que los muggles que tenían por vecinos comenzarían a preguntarse quienes eran los hombres que vivían en esa casa; aunque después de un tiempo, entrar así a su casa se volvió una costumbre.

Atravesó el umbral, y un extraño silencio le envolvió de inmediato. Frunció el ceño. No se trataba de un silencio pesado o alarmante, sino más bien, parecía ese silencio que reinaba después de una tormenta.

Observó su reloj, eran casi las siete, y por lo regular a esa hora Isis estaba en su terrario, pero pronto recordó que la serpiente se había auto nombrado niñera de la imitación de banshee, así que lo más seguro era que ahora se encontrara en la habitación del bebé.

Suspiró ante la última frase.

Se quitó el saco, y aflojó un poco la corbata, subió las escaleras hasta llegar a su habitación con el saco sobre un hombro. En cuanto llegó, dobló su saco y lo colocó pulcramente sobre uno de los muebles.

Frunció el ceño al notar que su cama estaba cubierta por una colcha distinta a la que había en la mañana. Ignorando ese detalle, se dirigió hacia el baño, deseando sumergirse en un relajante baño de tina, encontrándose con que Harry se le había adelantado.

Estando en la bañera, sumergido en el agua cálida y relajante, los ojos cerrados y la cabeza apoyada contra el frío borde de mármol, se encontraba Harry, completamente relajado y ajeno a su presencia.

Draco suspiró y no hizo nada más que observar durante varios minutos, devorando la vista que tenía ante él. Amaba cada centímetro de esa persona, desde el pelo negro desaliñado a los exquisitos pies, y nunca dejaba de asombrarlo que Harry hubiera querido permanecer tanto tiempo con él. Resistió el impulso de tomarlo en sus brazos y abrazarlo, y en su lugar, se recargó contra el marco de la puerta silenciosamente, limitándose a admirar al hombre al que amaba, deleitándose en la quietud de su compañero.

Después de unos momentos, Harry abrió lentamente los párpados, sintiéndose observado, dirigió su vista hacia la puerta encontrándose con Draco recargado contra la misma. Lentamente una sonrisa se formó en sus labios.

-Hola – le dijo

-Hola – respondió Draco sin cambiar de posición

-¿Qué haces ahí?

-Verte – Harry soltó una pequeña carcajada

-¿Por qué?

-Necesitaba verte – fue la simple respuesta, provocando que un leve sonrojo se apoderada de las mejillas de Harry y que su sonrisa se ensanchara.

-¿Vienes? – le preguntó incitante

Draco se acercó lentamente, con movimientos sensuales hasta detenerse a un par de pasos de la bañera, terminó por quitarse la corbata y comenzó a abrir uno a uno los botones de su camisa, sin dejar de mirar al hombre en la bañera. Cuando el último botón estuvo libre, Draco se estiró, el material se abrió para revelar la lisa y pálida piel de su torso.

Casi hipnotizado por la vista, Harry sintió que su propia excitación crecía, la vista fija en los movimientos de Draco y sintiendo que su deseo alcanzaba niveles insostenibles

La camisa se deslizó por sus hombros y Draco sacudió la cabeza, el cabello se acomodó obedientemente sobre su cara y cuello, enmarcando sus facciones. Luego, con una sonrisa incitante, se dio media vuelta, quedando de espaldas a Harry, deslizó sus pantalones con sus manos, se inclinó hacia el frente, con las piernas rectas y los bajó hasta los tobillos, dejándolo libre de cualquier prenda. El perfecto trasero se extendió ante Harry, quien no quería nada más que alcanzarlo y enterrarse en él.

Cerró los ojos y tragó, tratando de controlarse.

Cuando los abrió de nuevo, Draco estaba completamente desnudo, de pie y frente a él. Harry habría gemido si su boca no hubiera estado tan seca. Intentó pasar saliva cuando Draco se arrodilló ante él, los ojos grises casi negros por el deseo. Los pulgares de Draco trazaron perezosos círculos sobre los labios de Harry

-Dios, te amo – murmuró Draco

Harry se inclinó ligeramente hasta rozar sus labios contra los del rubio

-También te amo, Draco – la voz no fue más que un suave murmullo, pero Draco pudo sentirla retumbar a través de su piel.

Sin alejarse, Draco comenzó a acariciar la piel morena del rostro, sus dedos trazaron la suave seda de su pelo negro, provocando que Harry arqueara su espina cuando los dedos acariciaron a la curva del cuello. Entonces, deliberadamente miró a Harry y sonrió tímidamente.

Sostuvo la verde mirada mientras muy despacio metía el índice de su mano derecha entre esos labios carnosos. Los labios del moreno se cerraron sobre él y dejó que se cerraran sus párpados. Sacando el dedo, lo reemplazó con el índice izquierdo, un gemido de placer retumbó profundamente en su garganta.

Finalmente retiró el dedo.

La pérdida de contacto arrancó un sollozo de Harry quien en ese preciso momento lo único que deseaba era enterrarse en lo más profundo de Draco.

Harry observó a Draco con ojos velados mientras éste se sumergía en el agua de la bañera. Entonces, con un movimiento fluido, se acercó al cuerpo que lo esperaba anhelante.

Sin darle tiempo, Harry atrapó los deseados labios en un beso desesperado y apasionado. Draco emitió un sonido extraño, una especie de gruñido de placer y entonces ya no hubo reparos, el Chico que Vivió y Venció profundizó el beso, se adueñó de su boca sin miramientos, sin consideraciones, exigente. Draco sintió sus manos en su pecho, en su estómago; rodeándolo por la cintura, lo estrechó tanto que hubiera podido asfixiarlo, luego esas manos comenzaron a vagar lenta y firmemente por su espalda, mientras esa boca exigente demandaba toda su atención. Empezó a palpar cada centímetro del torso del rubio, quiso sentirlo plenamente entre sus brazos, luego se dirigió hacia la espalda, descendiendo hasta llegar a las caderas.

Draco gemía extasiado, siendo presa de las caricias sobre su cuerpo, aferrándose al varonil cuerpo de su amante, enterrando sus uñas contra la piel de los hombros, buscando un soporte para no desfallecer de placer.

Después de un larguísimo momento, Harry comenzó a bajar por el mentón de Draco, siguiendo la línea, dura y recta, aspirando el aroma que se desprendía de la piel, provocando con su recorrido estremecimientos en su pareja, que emitía suaves jadeos y se arqueaba para seguir en contacto con ese cuerpo. La humedad que dejaba la lengua de Harry en el cuello de Draco provocaba que éste temblara ligeramente.

Harry aprovechó el momento para seguir con la lengua el largo camino desde la base del cuello de Draco hasta el mentón. Draco cerró los ojos y ofreció la piel hasta que Harry reclamó la boca que el rubio le entregó de inmediato.

Harry recargó a Draco contra el mármol de la bañera, al hacerlo, acomodó mejor sus piernas y lenta pero firmemente su cadera hizo una suave presión sobre la de Draco que lanzó un extraño y ronco gemido. Rompiendo el beso, Harry rió suavemente, y mirando a los ojos de plata con una expresión pícara, repitió el movimiento, pero esta vez en forma circular. Observaba atentamente el rostro del rubio, que tenía los ojos cerrados y los labios entreabiertos, emitió un jadeo ronco al sentir en todo su esplendor la firme erección del moreno contra la suya propia.

Otra presión y un violento estremecimiento.

En un delicioso y agónico impulso, Harry volvió a capturar los hinchados labios. Mordía suavemente el inferior, atrapaba la lengua. Giró las muñecas y apoyándose en los fuertes y tensos músculos de los hombros del rubio, retomó el suave y cadencioso ritmo de presión sobre la erección de Draco, que jadeaba cada vez más rápido, anunciando el clímax.

El agua se movía al ritmo de sus cuerpos, creando suaves ondas de agua y burbuja que acompañaban a sus sensuales movimientos.

Con un esfuerzo sobrehumano, pues no quería separarse ni un milímetro de ese cuerpo, Harry se apoyó nuevamente en las palmas de las manos. Se separó de Draco quien abrió los ojos con una expresión de interrogación y confusión.

-No me dejarás a medias como esta mañana, ¿cierto? – le gruñó, y a Harry le pareció notar una nota de rencor en su voz, pero desechando esa idea, negó con la cabeza.

-Claro que no, amor.

El deseo casi salvaje en los ojos esmeraldas del chico era un monumento a la lujuria mientras recorrían hambrientos el cuerpo que tenía delante de él, pero Draco pudo ver la lucha por mantener el control, por ir despacio, y no arrojarse contra él como esta mañana. Harry atrajo nuevamente hacia él el cuerpo de su amante y Draco, en el límite, emitió un sonido ronco y desesperado.

Él asintió con un ligero movimiento de cabeza acariciando con manos ávidas su torso y espalda bajo el agua y le sonrió con una deliciosa malicia que dejó a Draco ligeramente pasmado.

Harry colocó la punta de su dolorosa erección entre los empapados muslos, y Draco no pudo evitar emitir un ronco gemido de anticipación. Enseguida, Harry llevó su miembro hasta la entrada y comenzó a penetrarlo lentamente, placer y dolor mezclándose en el primer empujón que Harry hizo contra la estrechez del cuerpo debajo suyo. La respiración de Draco era un ritmo violento, anhelante, se aferró con mayor fuerza a Harry, apoyando su rostro en el hombro; al sentir que vencía la resistencia inicial, avanzó hasta el fondo, más rápido y firme. Draco se retorció al sentir el poderoso embate, luchando por respirar profundo.

Gimieron juntos, Harry por la estrechez que lo guardaba y Draco por la sensación de completa plenitud.

Las terminales nerviosas de Draco estaban alertas a cualquier sensación; sentía la piel de fuego de Harry quemando la suya propia, pese a estar su cuerpo sumergido en el agua; podía escuchar el acelerado ritmo de los latidos del corazón de Harry.

Como un latigazo de luz, los sentidos de Harry reaccionaron y buscó con la boca el cuello agitado que tenía delante, lentamente con la punta de la lengua lo acarició al mismo tiempo que comenzó un cadencioso movimiento que Draco acompasó de inmediato. Los embates del miembro de Harry comenzaron a activar cada terminal nerviosa del interior del rubio. El moreno sujetó con ambas manos la cadera de él y aceleró el ritmo, sus respiraciones alcanzaron rápidamente un ritmo peligroso y, por fin, el ansiadísimo orgasmo premió a Draco, obligándolo a jadear violentamente en una abrumadora sorpresa. Los espasmos del rubio derrotaron a Harry, que terminó dentro de él, escuchando extasiado sus jadeos.

Poco a poco todo fue volviendo a la calma. Draco lo retuvo lo más firme posible, deseaba que Harry permaneciera adentro de él el mayor tiempo.

Una enorme gama de emociones fluyó entre ellos al hacer el primer contacto visual después del orgasmo. Y Draco no pudo evitar perderse dentro de los vívidos ojos verdes ante él.

Un destello de emoción cruzó como electricidad los ojos de Harry, dejando al desnudo el amor que le profesaba, un amor, puro y sin huellas de la amargura y el dolor con el que Harry había estado familiarizado toda su vida. Fue tan desgarradoramente sincero, que a Draco le dolió verlo.

Con los ojos escociéndole y una indescriptible e inexplicable sensación de bienestar y pena en el corazón, Draco se inclinó para besar la boca de Harry, quien recibió sus labios y dejó que sus ojos se cerraran al sumergirse en la realidad del momento.

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Un par de horas más tarde, y habiendo dejado en la cama a un Harry profundamente dormido, Draco se encontraba sentado sobre uno de los sofá de la sala de su hogar bebiendo una copa de vino. La mirada plateada estaba perdida, viendo el crepitar de las llamas de la chimenea, dando de vez en cuando un trago a su bebida.

No había podido dormir, en su pecho se agolpaban emociones demasiado fuertes y contradictorias como para poder pasarlas por alto, sumando a eso, el hecho de que su mente aún seguía repitiendo palabras dichas por su madre poco después de haber derrotado a Voldemort, palabras crudas, pero que encerraban una gran verdad.

Un suave golpeteo lo sacó de su ensimismamiento.

Elevó una ceja al notar que una lechuza de plumaje grisáceo picoteaba el cristal de la venta. Inmediatamente reconoció a la lechuza de Hermione. Con un fluido movimiento, se pudo se pie y caminó hasta llegar a la ventana, la abrió permitiéndole al ave entrar. Con un suave bateo de alas, la lechuza dejó caer un paquete rectangular, pulcramente envuelto. Sin perder más tiempo, la lechuza giró en redondo saliendo por donde entró para regresar inmediatamente hacia su dueña.

Draco se acercó al paquete, sobre éste, y atada al mismo, había una nota dirigida para Harry y él. Sin más preámbulo tomó la nota y procedió a leerla.

Queridos Harry y Draco:

Como sé que ambos están muy ocupados con sus distintas actividades, me tomé la libertad de comprar un par de cosas necesarias para el cuidado de Adam Cartier, espero que no les moleste.

Cualquier cosa, no duden en decirme e iré inmediatamente para ayudarles a cuidar de ese bebé.

Besos.

Hermione

Draco dejó la nota sobre la mesa, centrando su mirada en el paquete que envió Hermione, mirándolo con aprensión. Después de un par de minutos debatiéndose el abrirlo o no, decidió ver su contenido.

No muy seguro de querer ver lo que había enviado la chica, terminó por desatar los cordones que lo ataban, encontrando dentro de la caja unas cuantas prendas para bebé, así como toallas, un cobertor, cuentos y unos muñecos de peluche, todo empequeñecido para que no ocuparan mucho espacio.

Repentinamente, Draco tomó la caja, dispuesto a arrojarla al fuego con todo y su contenido... pero se detuvo en el último momento.

Sin dejar de observar el paquete, lo dejó sobre la mesa con una mueca de asco en su rostro, como si se tratara de algo asqueroso que le ensuciaría las manos.

Dio media vuelta con ímpetu, provocando que el dobladillo de su bata se batiera con fuerza, apretó los puños y los labios, al mismo tiempo que subía las escaleras. En cuanto llegó a su habitación, recargó su frente contra la puerta, intentando normalizar el agitado bombeo de su corazón, Harry estaba durmiendo pacíficamente, y él no era nadie para mortificar su sueño.

Entró, cuidando de no hacer mucho ruido y despertar a Harry, con movimientos suaves se quitó la bata, deslizó un poco las mantas y entró a la cama, rodeando la cintura de Harry, pegando su pecho contra la espalda de su pareja.

Suspiró, antes de dejarse envolver por la calidez del cuerpo que abrazaba, permitiéndose el sumergirse en el suave aroma que desprendía el hombre que amaba. Deseando, con todo su corazón, poder alejar ese dolor que comenzaba a inundar su alma.

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¡¡Fin del capítulo!! Disculpen la tardanza, pero en verdad que he tenido unas semanas sumamente pesadas, tanto en el trabajo como en la escuela, pues comencé exámenes y entrega de trabajos y no tenía tiempo para terminar este capítulo, pues Eclipse de Luna lo tenía listo desde hacía varios días, pero preferí terminar éste también para publicarlos juntos, así que ya saben, Eclipse de Luna esta listo y esperando por sus reviews, jajajaja. Besos a todos y no olviden dejarme algún review. ¡Nos vemos!