Les dejo esta ocasión con la tercer viñeta de la serie, el día de hoy, se trata de Edward y cómo ve a Isabella, espero que la disfruten.

..:DISCLAIMER:.. Cómo todos por aquí sabemos, los personajes y la historia de la saga pertenecen a Stephenie Meyer; los poemas que leerán a lo largo de la publicación, pertenecen en autoría en interpretación a Edel Juárez y el resto del debraye es totalmente mío.


. . : : 8 POEMAS DE AMOR Y UNA CANCIÓN DESESPERADA : : . .

ESTE SOY YO

Éste soy yo.
Éste soy yo intentando prender fuego,
Haciendo llover mientras lo intento,
Éste soy gritándole a mi sombra que no me deje
Éste soy yo, temblando.

Había olvidado hace cuánto tiempo había dejado de temblar, de dudar, cuándo me había dejado llevar por la apatía del paso del tiempo y a su vez, perder la curiosidad por el mundo a mi alrededor. Era tan fácil resolver los dilemas de qué hacer a diario; escuchar sus pensamientos, darles con precisión lo que buscaban y después, dar media vuelta de regreso al tedio de las rutinas de cada día; era tan fácil, que un cambio pequeño me aterró lo suficiente como para obligarme a no perder la calma.

Siempre había estado claro quien soy, con la efigie perfecta de facciones casi cinceladas y el suave cabello cobrizo desacomodándose al más libre albedrío, y ese… ese era yo, el solitario, arisco y taciturno Edward Cullen, el demonio que reía para sí mismo con la idea de atormentar a alguna chica curiosa, el hijo preferido de mi padre y el mismo que había tenido perfectamente entero y claro su universo personal, hasta aquel día en que ella apareció, para darme una saludable dosis de miedo y recordarme como se siente temblar de algo que no sea furia.

Soy yo el que te ha ahuyentado,
El que muere por ti y tu boca
Soy el que le roba palabras a la noche
El que abusa del ron y la memoria,
Éste soy yo, culpable.

Fue el miedo el que tomó control de mi cuerpo y mi mente, el que me hizo correr alejándome, cuando el alma, sólo susurraba "por favor, detente", sí, es cierto, la deseaba más que a nada en este mundo, tanto o quizá un poco menos de lo que la deseo ahora. En aquel momento, deseaba su sangre, que ese cálido licor resbalara por mi garganta, embriagándome, mientras su cuerpo iba perdiendo aquel tibio halo entre mis brazos, bajo mis labios.

Después, deseé su sonrisa, su voz… deseé con toda mi fuerza escuchar su respiración acompasada y los arrítmicos latidos de su corazón cuando estaba demasiado cerca. Finalmente la deseé a ella entera, profunda, cálida; deseé perderme en el tacto de su piel tibia, en el estremecimiento de su cuerpo y lo entrecortado de su voz que, respetando –contra toda su voluntad- mis límites, me obligaba a buscar romperlos.

Soy y siempre he sido el que huye
El que teme a los espejos y a las fotografías
El que duerme solo y hace llamadas a deshoras
Soy yo el que no responde.

Y entonces la tuve, la sabía conmigo y aún así, me aferré a su cintura y su andar torpe, quise beberme cada tarde pretendiendo y cada noche que le arrullé cobijada entre mis brazos. La tuve y me forcé a perderla, porque el peor de los peligros que enfrentaba, suponía justamente tenerla conmigo; entonces me fui lejos… lejos de aquí, lejos de ella y lejos de mí, tan lejos que de nuevo sentí miedo de perderla y perderme, de saber que pasado uno, o cien, o mil años, podría olvidar como sus ojos eran lo único capaz de darme un remanso de calma.

Escondí sus recuerdos, pretendiendo sepultar también los míos, creyendo que sin mí, ella sería feliz… por ella, por mí, por los dos y así, supe que no había lugar seguro, sombra precisa, ni hogar alguno que apagara mi dolor; por eso quise seguirla cuando, al parecer, la había perdido. Era el mismo infierno y la mitad de mí… la mitad de mí, había acabado en el preciso instante en que ella se había ido.

Éste soy, el que sobrevive a su ausencia
El que se suicidó de niño
Soy el que vota, el que cumple, el que saluda
Soy el que mienta madres al volante
Éste soy yo, perdido.

Éste soy yo, el mismo muchacho que perdió su historia a los diecisiete años, que lleva más de ochenta cargándolos a cuestas; el que dejó el sueño de ser soldado, para reemplazarlo muchas décadas después, con la simple ilusión de su cuerpo, forrado con la blanca perfección de su pureza, mientras avanza hacia mí, sonriendo, un poco de nervios, un mucho de felicidad… diciendo un 'Sí, acepto', con sabor a eternidad.

Estoy aquí, incapaz de soportar un momento sin su luz llenando mí espacio, dispuesto a estar aquí y llegar también hasta el fin del mundo, si con ello tengo la recompensa de su risa tranquila y sosegada y la intuición con que intenta adivinar mis intensiones. Provoca tantas cosas en mí, tantas y tan distintas, corriendo todas a una velocidad indescriptible en una fracción de segundo; sigo siendo yo, cuando su flujo me atrapa y simplemente me pierdo, me dejo ir en el brillo de sus ojos y el tímido enrojecimiento en sus mejillas.

Éste soy, cubierto de ropa, de piel, de mugre
Relleno de tripas, de sangre, de ausencias
Soy yo naufragando, renaciendo, conquistando
Soy el que tu conoces, el que nadie ha visto
Éste soy, y también no soy este.

Sigo siendo yo, el mismo que aparece cada día en el reflejo del espejo, el que refulge bajo la luz de un sol tímido que a ratos acaricia este pueblo sombrío; sigo siendo yo, pero de un tiempo acá, no he vuelto a ser el mismo, creo que jamás volveré a serlo. Creo que es así como debía ser, como siempre debió haber sido, como me lo tenía reservado el destino y hoy, estoy seguro de que valió la pena la espera.

Porque soy el de antes cuando no la tengo cerca, porque renazco con cada encuentro, porque no hay noche completa, si no es con los apagados susurros de los sueños que van cubriendo su mente y que, aunque la curiosidad me enloquezca, reconozco que prefiero preguntar o intentar adivinar lo que piensa, pues así, jamás dejará de sorprenderme.

Soy tan poco y soy todo lo que tengo,
Soy manos vacías, cartera vacía, cama vacía
Soy necedades, cobardía, indecencias
Soy todo tacto, corazón y oídos,
Soy para ti, quien quiera que tú seas.

Desde el principio lo supe, aunque me negué a creerlo, se había convertido en la voz de mi cabeza, en mi rostro esperanzado, en mi sonrisa cada mañana; se había convertido en el complemento perfecto para el espacio vacío entre mis brazos, en la luz que alumbra cada crepúsculo… se ha convertido en la vida que yo no tengo y que ella me entrega como su única prenda y para mí, siempre ha sido tan poco lo que puedo ofrecerle, siempre ha dicho que soy mejor que un premio de lotería, pero en verdad, soy sólo un hombre, uno muy necio y egoísta, uno que le arrebata la vida, a cambio de una eternidad de mí, mis humores, mis amagos de sonrisa y una cama compartida, para dos.

Yo sólo soy el que soy, el que puedo ofrecerle, desde la piel hasta los huesos; sólo soy uno, y los diferentes Edward que ella reconoce en mí… hoy, hoy sólo quiero ser ese, el que en una noche húmeda de principios de verano, con una rodilla en el piso, le prometió amarla por la eternidad, a cambio de una simple promesa: su amor, para siempre.


Saludos y hasta otra.

J. Saiph Lestrange-Black.