Nota autora: ¡¡No me evaporé!! xD Lo siento por la tardanza, de verdad, pero como sabrán, con lo del terremoto no había tenido ni ganas de actualizar u___u Ah, pero no se preocupen por mí, estoy en Arica, la ciudad de más al Norte, y acá no se sintió nada ^_^ Pero mi hermana está en la capital D: Y eso es lo que me tiene preocupada. Hemos hablado con ella y todo, pero aún así, si hay réplicas, me preocupa que le llegue a pasar algo ): Pero bueno, no quiero amargarlos, mina-san ^^ No se preocupen por mí, estoy bien y seguiré subiendo mis fics, ¿nee? :3 Bueno ya, ya, a leer xD

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Atrévete a amar

Capítulo III

Culpa

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Corría, corría y corría, sintiendo que las piernas le temblaban, mientras las lágrimas se deslizaban como cataratas por sus mejillas. No tenía idea de qué camino había tomado, no sabía hacia dónde se dirigía, su sombrero había quedado abandonado en algún lugar del camino, y todo eso le importaba un cuerno. Lo único que quería era correr; correr y huir, como siempre.

Se detuvo respirando agitado, agachándose un poco y apoyando las manos sobre sus rodillas, intentando recuperar el aliento. Las lágrimas ahora mojaban el pasto que se encontraba bajo sus pies, sin poder contenerlas. Apretó los puños y siguió caminando hacia delante, dándose cuenta de que había llegado a las afueras del pueblo y que ahora se encontraba en algo así como un pequeño bosque.

Caminaba sintiendo que desfallecería en cualquier momento, con los puños apretados y sollozando como un niño pequeño. Y cuando notó que se había internado lo suficiente en el bosque como para que nadie lo viera ni oyera, se detuvo y aspiró fuertemente, llevándose las manos a la cabeza.

-¡¡Aaaaaaagh!! – Dejó escapar un fuerte y largo grito, para luego dejarse caer al pie de un árbol, escondiendo el rostro entre sus piernas y sollozando fuertemente, tratando así de calmar la profunda rabia y tristeza que sentía.

No podía creerlo… ¿por qué? ¿Por qué él había dicho eso? ¿Por qué había actuado así? ¡¿Qué maldita razón tenía para haberlo humillado de esa forma?! Apretó los puños mientras se abrazaba aún más a sus piernas, en un intento desesperado de acallar los sonoros sollozos que escapaban de su garganta. Aún no podía procesarlo del todo… Era como si hubiese sido una pesadilla, una horrible pesadilla donde Kurogane lo humillaba y él le daba una bofetada. Sí, eso debía ser, porque… ¡A quién engañaba! Por su puesto que no había sido una pesadilla, si aún le dolía la mano por el golpe tan fuerte.

Siguió sollozando mientras se llevaba las manos al pecho, que comenzaba a dolerle terriblemente. Sentía un vacío tan grande, allí, en ese lugar llamado corazón. Pareciera como si miles de agujas se clavaran en él, torturándolo. Y un terrible nudo en la garganta hacía que sus sollozos fueran aún más dolorosos.

No podía entender las razones que había tenido el Ninja para tratarlo de esa forma. Realmente no lo entendía. ¡El sólo había actuado así por el bien de los niños! Pero… Apretó más las manos contra su pecho, sollozando aún más fuerte ahora. Sabía que desde Outo, Kurogane se había dado cuenta de que a él no le interesaba vivir. Y sí, no podía mentir, para él vida y muerte eran lo mismo. Y debía recalcarlo: eran. Porque desde ese día, ese día en el que Kurogane lo hizo reflexionar toda la noche aunque el Ninja nunca llegó a saberlo, comprendió que quizá vivir no fuera tan malo. Que quizá darse una segunda oportunidad, que empezar de nuevo era algo que merecía. Pero ahora ya no estaba tan seguro de ello. Es decir, si iba a vivir para estar sufriendo de esa manera, preferiría mil veces morir en ese mismo instante. Ya no aguantaba más. Tanto tiempo soportando, tanto tiempo callando… ¿para que todo se fuera al diablo? ¿Para que Kurogane despreciara su confianza? ¡Mierda! ¿Cómo pudo ser tan imbécil? Confianza… confianza… ¡Sabía que no podía confiar en nadie! Ahora le quedaba claro… "Amar es darle a alguien el poder de destruirte y confiar en que no lo hará". Oh, endemoniada frase. Endemoniada y cierta frase.

Porque él le había dado ese poder a Kurogane. El poder de destruirlo, confiando en que no lo haría. Y lo había traicionado. Gimió, sollozando cada vez más fuerte. Estúpido, estúpido, estúpido; eran las únicas palabras que pasaban por su mente. Y es que era tan, tan injusto… ¿Por qué? ¿Por qué lo había dicho? ¿Por qué algo tan cruel como eso? ¿No se había dado cuenta de lo mucho que estaba sufriendo? ¿No había notado en su mirada el "abrázame" desesperado que intentó transmitirle?... Pues no, claro que no, porque el muy imbécil estaba enfrascado en hacerle aquella escenita de celos. Amplió los ojos. Un momento, ¿celos? ¿Sería a caso posible que Kurogane estuviera celoso de…? No… no, imposible. Descartó en seguida esa idea de su cabeza. Por su puesto que era imposible, el Ninja lo veía simplemente como a un compañero de viaje. Y quizá ni eso; quizá para él era una simple molestia y nada más. Apretó los puños. Además, él estaba enamorado de esa tal Tomoyo. Frunció el seño. Pero entonces… ¿por qué su comportamiento tan amable…? Sonrió amargamente. Lástima, dijo la vocecita llamada conciencia en su cabeza. Sí, eso era todo. Como siempre, la gente sólo le tenía lástima. ¡Pero claro! ¿Cómo podrían preocuparse por él? Después de todo, él era sólo una desgracia…

-¿Muchacho? – Escuchó una aterciopelada voz llamándolo. Amplió los ojos y elevó la vista, girándose apresuradamente a sus espaldas, donde vio al motivo de sus problemas parado junto a un árbol, con un libro entre las manos. Fye comenzó a temblar. Era Ashura. El joven hombre frunció el entrecejo, acercándose lentamente hacia él. - ¿Qué te sucede? – Preguntó con voz preocupada al ver el rastro de lágrimas en su rostro, y que todavía no dejaban de salir de sus azules ojos. Fye las secó con sus manos rápidamente, y se levantó torpemente del suelo, retrocediendo algunos pasos.

-¿Q-Qué hace usted aquí? – Tartamudeó sin poder evitarlo, apretando nerviosamente el borde de su camisa con las manos. Pero entonces el hombre frente a él sonrió; parecía divertido.

-Eso debería decirlo yo. Estás en el patio de mi mansión. – Dijo soltando una pequeña risa. Fye amplió los ojos y parpadeó un par de veces. ¿Patio? ¿Mansión? Mansión… "¡Por Kami!" Pensó. ¡Así que Ashura era el dueño de esa gigantesca mansión que había visto al llegar! "Incluso aquí sigues siendo rico…" Amplió los ojos, y sacudió la cabeza, intentando alejar esos pensamientos de su mente. Comenzó a disculparse.

-¡Oh! Y-Yo… lo siento, lo siento mucho. – Hizo una pequeña reverencia. – Me retiro. – Dijo, y comenzó a caminar en dirección contraria más rápido de lo que hubiera deseado. Pero entonces sintió a Ashura avanzar hacia él.

-¡Espera! – Exclamó el hombre, cogiéndolo del brazo. Fye se giró hacia él con los ojos abiertos como platos, asustado. Pero entonces Ashura le sonrió cálidamente, y llevó sus manos al rostro del rubio. Fye cerró fuertemente los ojos, esperando un golpe o algo, pero el hombre simplemente secó sus lágrimas, tiernamente. Fye abrió de a poco los ojos, mirándole sorprendido. Ashura le sonrió. – Estabas llorando, y eso no puede ser nada bueno. – Dijo mientras lo soltaba del brazo y se erguía en el suelo, acariciando su cabello. - ¿Quisieras pasar a mi mansión? Estaba por tomar un té verde. – Ofreció amablemente el hombre.

Fye amplió los ojos y entreabrió los labios. Por un momento le pareció estar hablando con el viejo Ashura. Luego cayó en la cuenta de algo… ¿Viejo Ashura?

Entristeció la mirada y bajó la cabeza, apretando los puños.

-Yo… - Pero entonces el recuerdo de Kurogane y sus dolorosas palabras le cayó como un balde de agua fría. Frunció el seño. "Tú no eres mi jefe." Pensó testarudo, y levantó la vista, decidido. – Está bien. – Dijo seriamente. Ashura rió, divertido.

-Bueno, acompáñame. – Dijo ofreciéndole el paso. Fye se mordió el labio, medio dubitativo, pero luego de un rato lo hizo, y al poco tiempo estuvo caminando al lado de Ashura.

Lo miraba con algo de desconfianza, atento a cualquier señal de peligro. Estaba dispuesto a usar hasta su magia si algo malo ocurría, pero lo que no podía entender, era por qué ese hombre se preocupaba tanto por él. "¿Preocuparse?" Pensó contrariado. "Nah… No, es lástima, Fye. Lástima." Se repitió mentalmente, varias veces.

Conversando cosas triviales, atravesaron con lentitud el espeso bosque, siguiendo un elegante camino de piedra caliza. Bueno, en realidad Ashura era el que hablaba y hablaba, mientras que Fye sólo asentía o sonreía de pronto por los comentarios divertidos del hombre. A veces le recordaba demasiado a "Ashura-Ashura".

En un momento notó el libro que tenía en las manos, y decidió decir al fin algo.

-Ese libro… - Comenzó tímidamente. Ashura sonrió y detuvo su andar, deteniéndose Fye también. Se lo entregó y el Mago lo recibió aún algo nervioso.

-Se llama "Robinson Crusoe". Es muy interesante; si quieres puedo prestártelo cuando termine de leerlo. No me falta mucho. – Sonrió Ashura. Fye regresó el gesto y asintió, un poco más relajado.

Caminaron por largo rato nuevamente, hasta que la gran mansión comenzó a verse a lo lejos. Fye levantó las cejas y observó con admiración la hermosa vista.

-Woao, es hermoso… - Exclamó maravillado. Ashura sonrió enternecido.

-Lo eres… - Amplió los ojos y Fye se giró rápido hacia él, medio aturdido. - ¡Di-Digo, lo es! – Exclamó nervioso, rojo como tomate. Fye alzó una ceja y aguantó la risa, haciendo reír a Ashura también. – Lo siento… - Susurró mirando hacia otra parte. Fye rió un poco y Ashura lo miró extasiado. Era la primera vez que lo escuchaba reír, y su risa era tan… dulce. Tan suave, tan… tan… "Qué diablos estoy pensando" Maldijo el hombre, mentalmente. Suspiró, y entonces decidió preguntarle a Fye lo que en realidad le interesaba.

-Dime, Fye… - Comenzó mientras retomaban la marcha. Fye lo miró, interrogante. - ¿Cómo es que sabías mi nombre? – El rubio se detuvo ante esa pregunta, y Ashura también lo hizo, mirando extrañado al chico a su lado.

Fye miraba el suelo bajo sus pies como si fuera lo más interesante del mundo, nervioso. ¿Qué podría decirle? No tenía la confianza suficiente como para confesarle la verdad, pero… Suspiró. Lo mejor sería mentir, como siempre. Elevó el rostro y le sonrió: amplia y falsamente.

-No lo sé, simplemente le vi cara de Ashura. – Soltó largando una pequeña risita. Ashura alzó una ceja, divertido.

-¿Ah, sí…? – Preguntó riendo. Fye abrió los ojos y parpadeó un par de veces. De vez en cuando, realmente confundía a "este" Ashura con "su" Ashura. Amplió los ojos y se sonrojó por la forma en que los había clasificado, y simplemente asintió al hombre, que aún lo miraba con curiosidad.

-Claro, claro… siempre he sido bueno adivinando las cosas. – Comentó fingiendo estar divertido, comenzando a caminar junto a él nuevamente. Ashura miró hacia el cielo con una mano en su mentón, pensativo.

-Así que sí eras un Mago, después de todo… - Murmuró despreocupado. Fye por poco se cae al piso con esa afirmación, y se detuvo nuevamente, con los ojos abiertos como platos y mirando aterrado al hombre, quien de nuevo se había detenido también y volvía a mirarlo extrañado.

-¡¿Có-Cómo sabe que soy un mago?! – Preguntó retrocediendo un poco. Ashura frunció el seño y se acercó a él, posando sus manos sobre los hombros de Fye, quien había comenzado a temblar.

-Calma, es que… el sujeto que estaba contigo esa vez lo dijo… - Se rascó la nuca, nervioso. – Este… Eres un… mago callejero, un adivino, ¿o algo así? – Preguntó sonriendo apenado. Fye parpadeó un par de veces. ¿Un qué…? Y de pronto, simplemente comenzó a reír a carcajadas. Ashura levantó las cejas, confundido. – Eh… ¿dije algo gracioso? – Comentó también comenzando a reír, pues la risa de Fye era dulce y contagiosa.

Fye sólo reía, tomándose el estómago con las manos, y cerrando los ojos. Eso era seguramente lo más gracioso que le podrían haber dicho. Miró a Ashura aún riendo y se percató de su ancha sonrisa. Exhaló aire con fuerza y lo miró atentamente. Ahora que lo pensaba… "este" Ashura era igual a Su Majestad, justo antes de perder la cordura… Su mirada entristeció ante ese pensamiento y Ashura lo notó.

-¿Fye…? – Preguntó confundido y preocupado ante el repentino cambio de humor en el rubio.

El aludido suspiró y luego de un rato sonrió. Bien, basta de amargarse. Quería distraerse un poco. Así que lo miró a los ojos y le sonrió ampliamente.

-¡Ya quiero probar ese té verde! – Exclamó como un niño pequeño. Ashura sonrió.

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-Otro. – Dijo azotando con fuerza la jarra vacía sobre el mesón. El muchacho que lo estaba atendiendo al otro lado del mueble lo miró tímidamente.

-Señor, ya ha bebido demasiado y…

-Dije otro. – Pronunció simplemente, clavándole una mirada asesina a través de sus rojizos ojos. El chico apretó con nerviosismo la bandeja que tenía contra su pecho.

-Cla-Claro… - Susurró quedamente, acomodándose las gafas, para luego ir prácticamente corriendo a buscar otra buena jarra de ron.

Kurogane suspiró pesadamente mientras apoyaba los brazos en el mesón y la cabeza en ellos. Demonios, de verdad que era un idiota de primera. Un idiota, insensible, bruto e imbécil. Y quizá peor. ¿Cómo se le había podido ocurrir decirle semejante idiotez a Fye? Gruñó desesperado mientras se revolvía el cabello con las manos. Lo peor es que ni con las tres jarras enteras de ron que llevaba podía olvidar la expresión de dolor y miedo del Mago, justo después de abofetearlo. Se llevó la mano a la mejilla derecha, aquella que había golpeado Fye, y que aún dolía. Sonrió con ironía. Siempre imaginó que su tacto sería suave, y hay que ver cómo lo supo. Desvió la vista a un lado y vio al garzón que lo estaba atendiendo hablar con uno de los encargados del bar, un tipo alto y moreno, de profundos ojos azules. Al verlos a ambos juntos, le recordó a Fye y él, pues el que lo atendía era más bajo y de piel blanca. Amplió los ojos y gruñó. Mierda, ahí estaban sus pensamientos estúpidos otra vez. Desvió la vista, refunfuñando, mientras esperaba impaciente a que le trajeran la maldita jarra de ron.

De repente escuchó a dos tipos hablando al lado de él.

-…Sí, en serio, vi al Señor Ashura metido en un escándalo el otro día. – Kurogane frunció el seño, poniendo más atención a la conversación.

-Ya sabía yo que ese tipo era extraño. ¿Pero estás seguro? Teniendo tanto dinero y clase, no creo posible que se haya metido en semejante idiotez… - Contraatacó el otro hombre. El primero pareció ofenderse.

-¡Claro que sí! Creo que fue porque chocó con un tipo rubio… y luego llegó uno bastante alto que parecía ser su novio o algo así, haciéndole una escena de celos. – Exclamó el hombre con algo de asco. Kurogane por poco se atraganta, sonrojándose hasta los pies. – Todo el pueblo habla de eso. – El otro simplemente asintió, desconcertado.

Y Kurogane estaba a punto de mandarlos al África con un puñetazo, cuando el moso llegó.

-Aquí está, señor, pero dice mi superior que es la última. No queremos problemas en el bar. – Escuchó la voz del muchacho frente a él. Elevó la vista y lo vio alzando una ceja, esperando intimidarlo, pero el chico se mantuvo firme, aunque apretando nerviosamente el borde de su camisa. Kurogane soltó una risa divertida, mientras se llevaba la jarra a la boca, tratando de olvidar lo que había escuchado.

-Me recuerdas a alguien. – Susurró sin mirarlo. El joven amplió los ojos, curioso.

-¿A quién, señor? – Preguntó inocentemente, mirándole con sus grandes y hermosos ojos dorados a través de las gafas. Kurogane cerró los ojos y dejó la jarra ya terminada sobre la mesa.

-A un imbécil que por desgracia quiero. – Dijo sonriendo de medio lado. La borrachera le estaba haciendo decir las cosas que jamás se imaginó en su vida admitiría. Suspiró al ver la cara de inocente sorpresa en el chico, y sacó los dos billetes de aquel mundo que equivalían al precio a pagar. Los dejó sobre el mesón y luego sacó una moneda, que le entregó al chico como propina. – Ten. – Dijo seriamente. El muchacho le sonrió, feliz.

-Gracias, señor. Espero verlo pronto. – Exclamó sonriente. Kurogane suspiró. Realmente le recordaba al idiota de Fye. Sobretodo cuando atendía a los clientes en Outo… con ese traje entallado… que lo hacía ver tan… Kurogane amplió los ojos cuando se dio cuenta de que prácticamente babeaba. Apretó los puños nerviosamente y procesó la pregunta del niño.

-Sí, claro. – Dijo sin interés, levantándose de la mesa, mas el chico sonrió ampliamente. – Ja ne. – Dijo, y caminó hacia la salida, un poco mareado por tanto alcohol. Y antes de salir, vio que el chico alto y moreno le dirigía una mirada disgustada; era la misma mirada que le dirigía él a los hombres y mujeres que se acercaban mucho a Fye. Alzó una ceja y luego se alzó de hombros, quitándole importancia al asunto y saliendo del bar.

Se metió las manos a los bolsillos del pantalón mientras caminaba entre la gente, viendo hacia el suelo. De pronto trastabillaba por el mareo y maldecía hasta los gatos que pasaban frente a él, con un humor de perros.

Se sentía un completo estúpido, y uno de primera. Jamás debió haber dicho lo que dijo. Fue una idiotez en un momento de celos. Frunció el seño y gruñó por lo bajo, llegando a la plaza de la ciudad. Sí, estaba celoso. Quizá jamás lo habría admitido si no hubiera bebido como si no hubiera mañana, pero lo estaba. Terriblemente celoso. Celoso de ese imbécil, ese tal "Ashura"; pensó su nombre con desprecio. ¿Quién demonios era Ashura? Ah, sí, claro. Ese maldito pederasta que había hecho sufrir tanto a Fye. Además… ¿Por qué le dirían "Señor Ashura"? Frunció el seño. Ahora que lo pensaba, el tipo vestía con un traje bien caro. Bufó; encima era un maldito ricachón.

Gruñó enojado mientras se sentaba en un banco de la plaza y se tomaba la cabeza entre las manos. No podía entenderlo. Todo iba bien. A penas llegar le había parecido que todo iba a ir mejorando. Y no se había equivocado, al menos al principio. Su… relación, por así decirlo, con Fye, estaba avanzando a pasos agigantados. Pero… todo se había arruinado al final. Suspiró. Ya lo sabía: Mientras más alto estás, más duele la caída. Pero… ¿por qué? ¿Por qué había pasado eso? Frunció el seño y recapituló todo en su mente: Fye había confiado en él, él lo había consolado, estaban por irse… Apretó los puños. Pero no, tenían que llegar los malditos críos a joderlo todo.

Suspiró. Bien, no era culpa de los niños. El había mandado todo a la mierda con sus estúpidos celos. Y cada vez le daba menos vergüenza admitirlo. Gruñó mientras recordaba lo que había dicho Fye. Que "este Ashura no era tan malo". ¡Demonios! Si el imbécil seguía teniendo la misma alma donde fuera. Suspiró. No sabía de dónde sacaba a veces tanta ingenuidad ese idiota. Respiró hondo mientras elevaba la cabeza hacia el cielo, tratando de tranquilizarse. "Azul…" Pensó. "El cielo es azul… como tus ojos, Fye…" Pensó con nostalgia. Luego suspiró y lanzó una maldición. Tenía que calmarse, o no iba a conseguir nada. Se maldijo mentalmente, arrepentido de haber bebido tanto. Se suponía que era un Ninja, ¿no? ¿A dónde se había ido su autocontrol? Suspiró. Sabía que no tenía mucho aguante, y por lo mismo era el único que no bebía del grupo, pero… en su mente y alma habían quedado tan grabados los azules ojos de Fye, mirándole con dolor, con incredulidad, con terror… Apretó los dientes. Y ni si quiera con las tres jarras enormes de ron había podido olvidar esa expresión. Esa expresión que era por causa suya. Por haberlo herido tanto. ¿Cómo había sido capaz de dañarlo de esa forma? ¡Demonios! ¡¿Por qué no había podido mantener cerrada la maldita boca?! Se llevó las manos al rostro, gimiendo con desesperación.

-Fye… - Suspiró. – Fye… - Cerró con fuerza los ojos, sintiendo un vacío en el estómago. Sabía que lo que sentía era considerado tabú, y aunque nunca le prestó atención a esas estupideces ni a lo que la gente pensara de él, ahora… ahora era como si todo en lo que nunca creyó tomara sentido, como si… como si fuera algo realmente malo el que estuviera… Apretó los puños. Que estuviera…

Sintió un pequeño golpe en su pie y abrió los ojos, extrañado. Miró hacia el frente y vio a una pequeña niña que lo miraba, sonriente.

-¡Señor! ¿Me puede devolver mi pelota? – Exclamó alegremente la chiquilla. Kurogane alzó una ceja y miró hacia su pie; ahí estaba la pelota, amarilla y con una enorme estrella rojiza. Seguramente eso lo había golpeado. Suspiró y la tomó con una mano, arrojándosela a la pequeña sin mucha fuerza, y la niña la cogió al vuelo.

-Ahí tienes. – Dijo sin ganas. La niñita rió.

-¡Muchas gracias! – Y acto seguido salió corriendo en dirección a su madre, quien la recibió con un abrazo. Kurogane miró todo eso con ojos nostálgicos. A veces realmente extrañaba a su madre, y a su padre… Suspiró. En momentos de angustia como estos…

-…necesito tanto de sus consejos… – Susurró apesadumbrado, hundiendo el rostro entre sus manos.

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Nota final: Bueno, pasemos de inmediato a lo siguiente x3

Como era de esperarse, Fye ha quedado muy dolido por la traición del Ninja, y ha decidido ir a desahogarse al lugar más lejano posible, ¡pero se ha encontrado con Ashura! Al parecer han hecho buenas migas… ¿será esto Hitsuzen? Kurogane está muy arrepentido por haber dañado a Fye, y los sentimientos hacia éste lo confunden… ¿Será capaz de vencer a su orgullo para disculparse? Y si es así, ¿Fye aceptará perdonarlo?

NaYaTo: º0º Todo esto en el próximo capítulo.

Yami: Siento como si fuera comercial de TV XD!

NaYaTo: Yo también jajaja xD Pero bueno ._. Espero que les haya gustado ^0^ A ver si adivinan quienes son los que atienden en el bar xD! Creo que es un poco obvio ._. Y amm… *se esconde detrás de Yami* ¿Por qué me miran así? n.nººº ¿No les gustó que Ashura y Fye se encontraran? º-º

Yami: ¬¬ Al parecer no.

NaYaTo: TOT Gomen nasai, ¡es necesario! T.T *llora* Pero como les dije antes, si me matan no hay conti e__e Así que ya saben xDD Les toca esperar èwé

Pero bueno, ya me voy despidiendo ^-^ Que pasen un bonito día =3 (O noche ._.) ¡Besos! nOn

Atte.

NaYaTo.

*Lo había olvidado O Esta frasecita: "Sentía un vacío tan grande, allí, en ese lugar llamado corazón." Le pertenece a mi súper-mega-hiper-genialosa Hota-nee *-* Muchas gracias por dejarme ocuparla, lindosa. Te amodoro =3 Y que les quede bien claro a todos que es mía ¬¬ *aura de fuego* Mía, mía, mía *-* Ok ya xD Ahora sí es todo ^^ Bye =3