Él
El sol se había ocultado hace unas horas por lo que el manto nocturno de un color azul oscuro cubrió toda la tierra de Equestria, con millones de hermosas estrellas brillando fúlgidas desde el cielo. Pero algunas estrellas parecen que habían bajado, puesto que luces que parpadeaban en un variado ritmo cegaban las vistas al apuntarse frente a los ponies que atravesaban un camino alfombrado negro, con un fondo plateado adornado de varios logotipos o emblemas de paneles publicitarios de varias marcas de ropa que estaban nominadas en los premios del Consejo de Diseñadores de Moda de Equestria, la considerada la más importante dentro del ámbito del diseño y se efectuaba todos los años, en la hermosa ciudad de Canterlot, la capital de Equestria y considerada el centro cultural de todo el Reino.
Aunque la ceremonia y los premios se entregan en el interior de los recintos, mucha de la publicidad se desarrolla afuera durante la aparición de los invitados y nominados, donde los periodistas comentan la moda de los asistentes y los fotógrafos retratan a las celebridades a su llegada. Siendo la "alfombra negra" una vitrina para la industria de la moda.
Los fotógrafos disparaban sin parar sus flashes para capturar la mejor foto de los importantísimos personajes no solo del medio del diseño, sino también artístico como empresariales, apareciendo cantantes, actores, productores, como distintos ponies dueños o de cargos altos dentro de empresas de negocios comerciales, posando todos con aquellas sonrisas congeladas, mostrándose lo más distinguidos, los más bien parecidos, de la alta sociedad de Equestria, resaltando aquellos que residían de Canterlot, ya que no sólo era la ciudad más antigua de Equestria, sino también habitaban mayormente familias acaudaladas en la que sobrevivían antiguos linajes de familias emblemáticas de la época, dejando huella en la tradicional y elegante Canterlot.
-¡Aquí, aquí Sparks Light!- gritaban los reporteros apuntando la cámara hacia una unicornio de pelaje blanco, melena roja de elegantes rizos cayendo sobre sus hombros y ojos verdes, que usaba un distinguido vestido morado y unos guantes en sus cascos delanteros. Lucía un largo collar de perlas a juegos de sus aretes.
Sparks Light era una aplaudida diseñadora de modas. La unicornio era realmente hermosa, mucho más joven fue modelo, por lo que posaba con una despampanante sonrisa, pero ni muy alta ni muy pequeña, viéndose elegantemente discreta, cambiando la posición de su cuerpo para variar la pose de las fotos que saldrían al día siguiente en la sección sociales de los periódicos como en los reportajes que giraban en torno a los premios.
Tenía una mirada confiada pero a la vez rígida, la barbilla alzada y un semblante imperioso, haciendo hincapié a su fama del Demonio de la Alta Costura, por su intimidante posición como la pony a cargo dentro de la submarca femenina que pertenecía al imperio de la moda masculina Gentlefancy, bajo el nombre de Lady S, creando vestidos que ni la Princesa Celestia se resistía, luciendo bastante la submarca Lady S en eventos importantes como la Gran Gala del Galope.
-¡Sparks Light, Sparks Light!- llamaba un reportero con una libreta en un casco y levitaba una pluma sobre esta. La unicornio deslizó con serenidad su rostro hacia él con esa misma profundidad de su mirada y sonrisa de porte rígido y formal -. ¿Cómo reaccionó su esposo cuando recibió la noticia de que usted recibirá el Premio Especial de la ceremonia por su récord de ventas en la última temporada?
-Muerto de celos- se oyó que alguien más contestó con el timbre de voz suficientemente alto para hacerse escuchar, siendo apropiada ni saliendo a lo vulgar, escuchándose bromista, haciendo que los atentos a la pregunta del periodista giraran la cara, inclusive Sparks, pero lo hizo cambiando la curva de su sonrisa, haciéndola a un lado con una mirada de regaño divertida al ver que se acercaba su esposo.
Un unicornio alto, de melena café oscuro, ojos grises y pelaje azul marino caminaba con sereno andar a través de la alfombra, ignorando desde su llegada las llamadas insistentes de los periodistas para que pose para ellos y responda preguntas, hiendo directo hacia su esposa.
Couture de la Rent usaba un esmoquin blanco de botones dorados, cuello color negro y un lazo verde oscuro que resaltaba de su camisa del mismo color de sus ojos. Luciendo siempre elegante, siempre distinguido, con una pulcra apariencia, galante, hasta petulante, de sonrisa naturalmente coqueta.
La unicornio disfrutaba lo que veía. Podía sentir calientes sus mejillas y un torpe nudo en la garganta. Dio un suspiro mental de ironía como de gracia. Tantos años y el corcel aún lograba provocarle eso. Sonrojarla.
-¿Duda despejada?- sonrió Sparks Light con un tono burlón de su voz, saliéndosele más alta la sonrisa volviendo su mirada a los reporteros, rompiendo bastante su rostro endurecido, viéndose hasta adorable, mientras Couture la rodeaba de los hombros y la acercó de lado hacia él pero ella puso un casco sobre su pecho en un frágil intento de impedir que haga un espectáculo de un gesto de cariño -. Tengo una reputación que proteger- le susurró pasando su rostro frente a él, levantándole ambas cejas, en advertencia teniendo en cuenta su muy orgulloso nombre de "Demonio", pero entonces le atacó un beso cerca de sus labios pintados de rojo, mientras la rodeaba más.
-Yo también, querida, soy el único que vuelve ángel a este domonio- le susurró pegando su frente con la suya y la besó en los labios de una manera calmada pero aun sintiéndose de manera intensa, dejándose ella nomás devolver el beso, en serio, derritiéndose entre sus cascos.
Las luces de las cámaras parecían haberse triplicado. ¡Esta era la foto que buscaban! Un beso de la gran modista y homenajeada de la noche Sparks Light, con el empresario dueño de la famosa marca Gentlefancy y diseñador favorito nominado de nueve premios de la ceremonia, Couture de la Rent.
-¿Ya viste?- preguntó una voz discreta al lado de un joven unicornio cerúleo, ojos celestes y crin negra.
La voz era femenina y estaba muy abrazada de la pata delantera del unicornio a quien le habló, aun así, ambos no deshacían la sonrisa y pose frente a las cámaras, deslizando su mirada en cada una que veían. De vez en vez, High Line levantaba un casco para saludar sin perder cierta carismática expresión en la sonrisa pero manteniéndose ladina, con un porte de caballero por como sostenía el casco de su acompañante pero asimismo un aire parecido el de sus padres de imponente. En ese paseo de la mirada a las cámaras fue que con prudencia vio a metros mas adelante la escena que levantaron sus padres.
Cualquiera de su edad se habría avergonzado no solo tener que ver un beso de sus padres, sino haberlo hecho tan público y más que seguro que su fotografía estuviera en la boca de todo el mundo, comentada mientras leen los diarios y revistas. Pero la verdad, High Line suavizó su gesto cambiando a una dulce sonrisa, alcanzado ver el beso antes de que se separaran, de todas formas no duro mucho, y se mantuvieron abrazados, siendo taladrados de preguntas y avisos para que miraran la cámara.
El joven unicornio le conmovía mucho su relación. Admiraba su matrimonio. Los ponies por allí podrían decir que era sólo teatro, publicidad para la marca; pero High Line sabía la verdad. Ambos ponies realmente se querían profundamente. Se trataban bien. Se hacían juego. Eran cariñosos y un excelente equipo, no sólo en el trabajo, sino como pareja, como familia.
Se peleaban, sí, no siempre era perfecto, pero no aguantaban estar mucho tiempo separados o sin hablarse. En realidad High Line quería tener la suerte de ellos. Porque realmente era cuestión de suerte, porque no podría decir lo mismo de otras familias, como dentro de la suya propia. Él quería esa suerte, de encontrar a esa compañera que le haría experimentar esa única y hasta envidiable felicidad que tenían sus padres.
La unicornio a su lado era su cita de la gala. Su nombre era Wild Lavender. Una unicornio pelaje violeta claro, ojos morados y crin azul de puntas rectas que llegaban a los hombros y un cerquillo recto cubriendo su frente. Usaba un vestido beige de mangas largas con incrustaciones de brillantes, muy conservador, pero jovial y elegante. Muy, sí, Lady S. Era un vestido diseñado por su madre el que usaba, pedido por la propia Sparks Light que Wild sonrió por educación aunque con cejas tensas intercambiando mirada con High el día en que su madre le propuso el plan comercial de ser la primera en usar el traje en la ceremonia para hacerle publicidad. "Y por ser la cita de mi hijo, claro está" había agregado mirando al unicornio. "Claro. Es hermoso. ¿Por qué no?" respondió al final la adolescente, algo que decepcionó a High Line. Wild no usaba vestidos brillantes, y usaría ése que no le agradaba de todos modos. Tal vez lo hizo por quedar bien con su madre, con él, pero...al menos con él no le funcionó.
Se conocieron a principios del verano en un almuerzo y habían tenido dos citas previas. Este era la tercera. La que se diga, "oficial" para ver si llegarían a más lejos de simples salidas a algo más formal y comprometido, ser novios.
Wild Lavender era hermosa, de familia de gran reputación comercializando finos relojes y agradable de conversar. Pero estaba a leguas de estar cerca de hacerlo especialmente feliz. High Line había hecho el intento. De conquistarla, dejarse conquistar. Podría enternecerlo, divertirlo. Pero sólo sentía que era una amiga más y no desperdiciaría tiempo en una pony con la que no se siente enamorado, pues sería un obstáculo para encontrar a esa compañera especial. Así que ya se había hecho la idea que ésta seria la ultima cita. Además, había un brecha que separó cualquier atracción que podría experimentar hacia ella.
Hace unos cinco días, High Line la invitó a una tarde de té en los jardines de su casa para acordar como se organizarían para los premios, aunque era una excusa para pasar más tiempo de calidad, y con la intención de darle una sorpresa.
-¡Oooh, High Line!- se había maravillado la unicornio que usaba un sencillo pero elegante vestido blanco con diseños florales, el tipo de ropa que sí usa, viendo encantada el nuevo paisajismo de los extensos jardines de la mansión.
Wild Lavender era una amante de las flores y creaba preciosos diseños y arreglos florales que cortaban realmente el aliento. Por algo su Cutie Mark era un puñado de lavandas en un ramo de pequeños lazos blancos decorándolo.
-¡Es una exquisita expresión de la belleza de la naturaleza!- aludió Wild caminando tal potrilla emocionada por la extensión de un campo de un césped verde brillante, con caminos rocosos y de arena, piletas de finos diseños arquitectónicos, un pequeño puente de madera que cruzaba un riachuelo artificial, rodeada de árboles, arbustos y plantas llenas de variadas flores de todos los colores, tamaños y olores, formando figuras.
El unicornio se divertía y se inflaba el ego al ver a la yegua derretida con el nuevo paisajismo que él mismo ordenó a rediseñar hace una semana.
-¡Debo felicitar a quien estuvo detrás de esto!- exclamó Wild con sus ojos morados radiantes y una sonrisa que no parecía querer borrarse del rostro mientras caminaba hacia él -. Esto es...¡Una beldad!
-Hey, mis ojos ven un beldad mejor- aludió tomándola de ambos cascos con una sonrisa coqueta y voz elocuente pero a la vez seductora, -...que más bien aquella flor lleva tu nombre en honor a tu muy hermosa existencia- agregó para levantarle ambos cascos y besarlos con delicadeza, haciendo que Wild agachara un poco la cabeza, desviando la mirada con una agradable verguenza. -. ¿Y bien?- preguntó depositando con cuidado sus cascos delanteros al suelo con una mirada divertida -. ¿Dónde está esa felicitación, eh?- preguntó de manera traviesa con su refinado timbre de voz.
-Ahm...- dudó ella suavizando un ceño con una pequeña risa -. High Line...te agradezco el detalle. Es muy hermoso pero...a quien debo felicitar es al pony que diseñó el paisaje, como sus colaboradores.
Y...el pecho se desinfló. El unicornio le levantó la ceja, con una mirada seca.
-Fueron mis jardineros.
-Bien...pues, dime dónde están para felicitarlos.
-Wild...- la nombró levantando la sonrisa ladeando la cabeza con sus ojos mirándola fijo sobre los suyos -...se los ordené, hicieron su trabajo y punto. No buscan felicitación. Les pago para recibir órdenes y ellos acatarlas.
-Lo sé, pero...- anchó de nuevo la sonrisa, recorriendo la mirada con un movimiento rápido de cabeza hacia el jardín -...realmente fueron ingeniosos. Artísticos. Hay alma, hay vida, hay...tanta felicidad.
-Son terrestres- comentó con un resoplido -. Están felices si están embarrados de tierra.
-¡High Line!- lo llamó con la mirada de vuelta a él con un ligero ceño desaprobatorio -. Eso fue despectivo.
-¿Qué? Es cierto. Dales un terreno terroso y lodoso, y los ignorantes están felices de estar sucios y fodongos, viviendo entre otros animales.
-Por Celestia...- se horrorizó retrocediendo unos pasos, acentuando más su ceño -. ¿Qué cosas dices, High?- reclamó con la voz más tensa, enojada -. Suenas...¡Suenas cruel!
-Wild, no dije nada que no sea cierto- se defendió sacudiendo levemente la cabeza con un ceño también -. ¿Viven o no viven de la tierra?
-High Line...- quiso interrumpirlo.
-¿Viven o no viven de la tierra?- le repitió con una sonrisa pedante, levantándole ambas cejas.
Wild Lavender le mantuvo la mirada, deshaciendo el enojo, poniéndose más bien seria.
-Sí, High Line. Viven de la tierra- contestó con voz neutra -, pero te recuerdo que comes lo que cultivan de ella y las flores que adornan tu jardín son hermosas por sus cuidados. Ni tú y yo haríamos tan buen trabajo como lo hacen ellos.
-¿Te debo recordar que no son los únicos que cultivan ahora?- disfrutó preguntar con una divertida sonrisa al querer darle jaque -. Hay unicornios que usan la magia para cosechar, también para cambiar el clima cuando debemos hacer llegar el invierno sin depender de los pegasos- se encogió de hombros cerrando los ojos -. Los unicornios bien pueden sobrevivir sin esas dos razas obreras. Tenemos magia. Tenemos cultura. Tenemos superioridad.
-Ta vez pero nunca igualaremos su buen trabajo, siempre será mejor- replicó Wild Lavender con la barbilla tiesa y mirada endurecida, para lanzar un profundo suspiro -. Vaya...hasta que encontramos algo en que nos desagrada del otro, ¿no?
High Line no contestó, sólo la miró con desagrado y frustración, al no reconocerse como tal y defendido a esos inferiores.
Esa tarde fue tensa y no se volvieron a ver hasta ahora para la ceremonia. Wild Lavender no se mostró resentida o enojada. Parecía estar tranquila y le hablaba con naturalidad. Pero la pequeña química que al menos existía, ya no estaba ahí. Se mantenían juntos y sonriendo ante las cámaras, pero como dos maniquíes. Ambos eran de la crema y nata, y sabían que vivían de la apariencia y de lo que se decía de ellos en el círculo de la alta sociedad.
Ella era la tercera hija de empresarios de finos relojes, adinerada, aunque la verdad era solo su padre quien disfrutaba de mayor popularidad, siendo ella simplemente una hija más que para sumar, no estaba interesada en el negocio familiar, queriendo imponer el suyo propio relacionado con su talento. Por otro lado, High Line, era el hijo único de la pareja de diseñadores más reconocidos de la moda, siendo el único heredero del enorme imperio de la marca Gentlefancy, la que ha mantenido su reputación por más de sesenta años como la más famosa marca que diseña para corceles y en las últimas dos décadas, para yeguas, con la dirigencia de Sparks Light.
Pese ser sólo un adolescente, High Line ya se codeaba con grandes empresarios y diseñadores, mostrando un exquisito interés en el negocio familiar, tanto en la administración como del diseño, puesto que había obtenido su Cutie Mark de una aguja con un hilo en zigzag de color plata, por lo que ya disfrutaba de mucha popularidad, estar en el ojo público y asistiendo a eventos, reuniones y encuentros de la industria de la moda, empapándose de todo ese mundo que ansiaba ya dominar y no sólo ser conocido como el heredero o futuro del Gentlefancy, sino como un empresario y diseñador en sí, mostrando en entrevistas y charlas entre su círculo, un muy buen prometedor dentro del campo del diseño, sabiendo opinar, sabía lo que decía, culto, inteligente y creativo.
High Line no tardó en encontrarse con sus padres para que toda la familia sea fotografiada antes de ingresar al teatro donde se efectuaría los premios, poniéndose en medio de ellos, sonriendo con una misma curva resistiendo los innumerables flashes de las cámaras. Parecían asquerosamente perfectos. Ricos, populares, talentosos, atractivos; pareciendo ser felices siempre. Algo que admirarían e envidarías, o también irritarían y molestaría.
A un lado, Wild Lavender miraba cómo los tres eran fotografiados, ya dentro de la entrada hacia al teatro, lo que la ocultaba de las cámaras. Tenía una mirada analítica, viendo más allá de lo que retratan. Eran agradables, sí, pero eran más petulantes, egoístas y narcisistas.
Sparks Light era mandona. Sólo sabe ordenar a la gente y sólo le gustan las cosas como ella cree. Terca. Cerrada. Vanidosa. Era cruel con sus empleados, presionándolos hasta ponerles los nervios encima; pero en cambio, le aplaudían esos defectos pues, al final el resultado era precioso y sí, perfecto, pero, ¿A qué precio? Exprimía a sus empleados, los hacía trabajar hasta tarde, hasta fines de semanas. Despedía apenas alguien se atrevía a replicarle. Parecía no estar tranquila hasta haber tensado cada nervio y músculo a la gente al final del día.
Ahora tenía Couture de la Rent. Se veía mucho más tratable que su mujer. Siempre con esa expresión de serenidad, semblante tranquilo y relajado, muy seguro de sí mismo, galante, pero no habría que engañarse demasiado, pues asimismo podría ser un pesado egocéntrico, quisquilloso, se daba aires de grandeza, queriendo siempre excluisividad. Era todo un caballero conquistador, pero congeniaba muy bien con el desagradable egoísmo de su esposa. Tal para cual.
Y High Line. Wild Laveneder suspiró mostrándose verdaderamente desilusionada. ¿Cómo no gustarle el corcel? Era muy guapo, tenía esa coqueta naturalidad y caballerosidad tal parece heredada de su padre. Su seguridad, sentido del humor, su inteligencia y pasión por su futuro, con una madurez temprana para su edad realmente le cortaba el aliento. Pero, no era muy diferente de sus padres. Quería querer encontrar más cosas que superaran todos esos desagradables defectos, pero después de ese desprecio que expresó hacia la raza terrestre y pegaso; le había matado la intención.
Era la tercera cita y asistió por total compromiso. Pero al final de la noche, le diría que sería la última.
-¡Wild Lavender!- la llamó High Line desde donde se tomaba las fotos con sus padres, quienes también hacían amonestaciones para que se acercara a la foto.
La yegua les sonrió y caminó hacia ellos.
No quería pero...las apariencias, Wild, las apariencias. Y sonrió con ellos.
El nombre del padre de High Line, "Couture de la Rent" es un guiño al ya fallecido diseñador Oscar de la Renta.
