Disclaimer Applied.

Nota: No se preocupen. Aun no me he vuelto loca ni daltónica, sé que el cabello de Sakura es rosa pero en esta historia la quiero pelirroja con mechas teñidas de rosa. Mis disculpas si las confundí.

Por favor, disfruten el siguiente capítulo.


Capítulo 3

·

·Acción y reacción·


Mientras Ino subía la escalera con dos potes de cremoso helado napolitano pudo escuchar los gritos agudos de Sakura rebotar contra los muros de su casa, haciéndolos temblar. Rodó los ojos cuando le dio un golpe con la cadera a la puerta para abrirla y fue recibida por el cojín que la pelirroja había arrojado dándole, sin querer, de lleno en la cara.

—Sakura, por todos los cielos, cálmate—regaño la rubia, limpiándose del rostro el helado—. Si mi madre viene y te calla, no se lo impediré.

—Perdón Ino. Pero sigo recordando en todo lo que me dijo ese...ese...

—Ya dilo.

—¡Ese viejo cabrón del Uchiha!— chilló la de ojos verdes mientras arañaba el leoncito afelpado que maullaba 'I love you' a cada apretón —. Lo recuerdo y me hierve la sangre a borbotones.

En el estado en que se encontraba Sakura podría acabar con un ejército de luchadores de sumo. Y no era para menos, ya que, en tanto ella fantaseaba con las nalgas del catedrático éste se le acercó para reprenderla asustándola lo suficiente para que diera de bruces contra el suelo llevándose de paso la butaca. Cuando levantó la cabeza se dio cuenta que su falda gris antes dos centímetros debajo de las rodillas ahora se encontraba doblada por encima de su espalda dejando a la vista las vergonzosas bragas a rayas que llevaba. Lo único que le quedaba como consuelo fue que el "profe" Sasuke no se burló o hizo algún comentario, o se sonrojo...o la miró lascivo, o la levantó para arrinconarla en su escritorio, enrollarle las piernas a su cintura mientras ella se sujetaba a sus hombros con dolor ya que él mordisqueaba su...

Otra bofetada mental. Debía dejar de pensar en escenas tan obscenas interpretadas por ambos. Ni siquiera sabía de dónde tenía el suficiente ingenio para recrearlas. Es obvio que Sasuke nunca le tocaría un pelo.

—¡Sakura!— Ino chasqueaba los dedos frente a su cara para hacerla reaccionar —.No sé qué te está sucediendo pero andas más rara que de costumbre.

—Ya se— esbozó con tedio dándole una lamida a la cuchara llena de helado.

—Bueno, bueno. Dime qué fue lo que el sexy profesor Sasuke te hizo para ponerte así— dijo su amiga enmarcando una ceja dorada y con sonrisa pícara.

Sakura quiso recobró la furia y sacó de su maleta rosa la carpeta de exámenes, dándosela a Ino —esto me hizo, ¡esto!

Los ojos celestes vagaban rápidamente por aquellas hojas, abriéndose más a cada palabra leída —Pero, si son todos los temas que hemos visto en las últimas clases.

—Sí, creo que quiere un ensayo entero o algo así— respondió la pelirroja cruzando los brazos sobre su pecho, enojada.

— ¿Para cuándo?

—Para mañana, ¡ah! Y quiere que me quité mis extensiones rosas si no me llevara con la directora para reportarme— la cara de Sakura volvió a pintarse de carmín al recordar lo que pasó cuando se lo dijo.

— ¿Y ya le dijiste que Tsunade-sama es tu tía? —preguntó Ino mirando por la ventana cuando escuchó un relámpago tronar contra el cristal de su ventana.

—No, pero tienes razón. Le diré a mi tía Tsunade que lo despida…le inventaré algo o yo que sé. Pero eso no importa ahora, necesito hacer el trabajo y dejar mi pelo de un sólo color.

Ino dejó vagar la vista a través de los gordos nubarrones que auguraban una tormenta, tratando de encontrarle solución al problema de Sakura—...Y, ¿Qué pasa si lo dejas totalmente rosa?

—Que dices.

Sakura le arrebató la carpeta y se fue a sentar a la mesa donde descansaba la portátil para poder empezar con sus deberes mientras Ino no la dejaba de ver con su famosa mirada "tengo-una-idea-que-acabará-mal".

—Piénsalo. No le hagas caso, pórtate lo peor que puedas, como nunca lo has hecho y así el no te va a aguantar y pedirá que te transfieran con la profesora Shizune...

—Ó hace que me expulsen, ¿Qué suena más lógico?

—Pues la segunda.

—Ah, ah verdad. Además cómo cojones me vería con el pelo rosa.

La Yamanaka rió abiertamente cuando se imaginó a Sakura con cabeza color fucsia como un chicle —. Tienes razón, te verías tan graciosa que ni Naruto se te acercaría.

—Te lo digo, ni él me... ¡Naruto!

De un salto bajó de la mesa y corrió dejando a su amiga muy aturdida. Miró su reloj de pulso y aumentó la velocidad al darse cuenta que iba dos horas más tarde de lo acordado. Justo cuando salió a la calle el cielo comenzó a gotear lanzado atemorizantes rayos a diestra y siniestra. Parecía que le querían dar, sin embargo ella siguió trotando por las húmedas calles con el único fin de ver al rubio. A cada paso las gotas se volvían más gordas y laceraban su piel por la intensidad en que caían. Cuando llegó a los cinemas titiritaba del frío, exprimiendo el borde de su falda pero le dio mayor prioridad encontrar a su amigo. —Naruto... —susurró al verlo sentado en la escalinata de la entrada al cine con la cabeza inclinada, empapado totalmente. Saber que la había estado esperando por más de dos horas y la imagen del chico bajo la lluvia le afectó al punto de hacerla llorar de culpa.

Hizo ademan de acercarse pero ¿Qué le diría?...prefirió dejarlo ir. Ya le daría una buena disculpa mañana. Dio media vuelta y siguió el camino a casa de Ino, cubriéndose con empapado el jersey negro.

Naruto miró con melancolía la rosa amarilla -ahora deshojada a causa de la violenta lluvia- en su palma. Se levantó y con resignación caminó en dirección a casa dejando tirada la flor.

Entró a un edificio con más de diez plantas y subió la destartalada escalera dejando un rastro de agua en la agrietada madera, dio vuelta en el pasillo próximo y se detuvo frente a la ultima puerta de madera blanca marcada con el numero veinte, donde, picó insistente el timbre hasta que una mujer de cabellera roja entreabrió la puerta sin quitar el pestillo para ver quien tocaba. Kushina, al reconocer a su primogénito totalmente empapado abrió enseguida, captando al instante la tristeza que marcaba su aniñado gesto.

—¿Qué pasó? — preguntó suavemente su madre haciéndolo pasar.

—No conseguí transporte a tiempo, mamá— el rubio se quitó la chaqueta húmeda y se la dio.

—Espero no pesques un resfriado— le agitó el flequillo dorado para quitar algunas gotas—, ¿Sakura no se mojó?

El rubio esbozó una sonrisa rota sin mirar a la mujer —No, la dejé en casa antes de que comenzará la lluvia.

—Igual de caballeroso que tu padre— la pelirroja le sonrió con dulzura y acarició su marcada mejilla —, ve a cambiarte que la cena ya está lista

—Sí, mamá.

Kushina dio media vuelta hacia la cocina para servir la cena cuando vio una pegatina amarilla en la nevera —por cierto— dijo recordando —, habló tu entrenador. Dijo algo sobre un partido y que serias suplente a...causa de la falta de hoy.

El Uzumaki se tensó en el marco de la puerta, bajando levemente la cabeza. Pensó que -lamentablemente- no había valido la pena que le hubieran sacado del partido. —¿Naruto, está todo bien?

—Claro, claro mamá. No pasa nada— sonrió tan felizmente como siempre mientras se rascaba la nuca para relajar a su madre. Como siempre, lo logró.

La caucásica de ojos verdes entró a la residencia Yamanaka pasando olímpicamente a la madre de Ino que le pedía por favor se quitara las fangosas zapatillas porque ensuciaría la alfombra y entró al cuarto de la rubia con el mentón en alto azotando la puerta. Ino se quitó los audífonos, asustada pero se relajó un poco cuando vio que era Sakura.

—¡Ino!— Vociferó furiosa —¡Necesito un favor!

La aludida sonrió malévola.

Sakura caminaba los pasillos del colegio meneando la cadera con seguridad. Los alumnos que se topaban con ella se les desencajaba la mandíbula al ver tal cambio ¡en ella! Es decir, era Sakura Haruno. Una de las chicas que encabezaban la lista de honor. De esas chicas que se supone son sumisas y decentes. Pero ahora ella llevaba...llevaba ¡eso en la cabeza! Y por dios que no le sentaba nada mal. A cada mirada atónita que recibía ella la regresaba con seguridad. Sakura no se había sentido tan segura de sí misma desde nunca. El delicado color de su cabello hacia un contraste maravilloso con sus aceitunados ojos y su piel, que ahora parecía más lechosa, le daba la inocencia natural que a los chicos parecía fascinarles.

Cuando entró al salón de clases no faltó quién se burló de la genéticamente imposible tonalidad de su cabello, otros que la halagaron por lo bien que le quedaba y unos más que les dio igual y la trataron con normalidad. Aunque, a ella le daba lo mismo si se reían o les gustaba. Tan sólo quería ver la reacción de su petulante –secretamente adorado- maestro al ver que lo había obedecido, desobedeciéndolo. Cuando éste ingresó al aula lo primero que percibió su vista de halcón fue la mota rosa que deambulaba entre el montón de cabezas castañas y -como el profesor correcto que era- no iba a dejar pasar tal falta a las normas. Bien claro lo decía en el reglamento.

'Se prohíbe cualquier tipo de tinte y decoloración en el alumnado. Se ejecutará la amonestación que indiqué el profesor en turno en tal caso o se llevará directamente a dirección'

—¿Quién se ha teñido de rosa?— preguntó agresivo, callando a los murmullos que aún quedaban.

Nadie respondió. Sakura no se giró, siguió agachada entre Ino y el grupito de chicas que no se atrevían a mover un músculo.

—Si no te levantas va haber reporte grupal— amenazó con la mirada fija en la nuca de Sakura.

Había más lealtad en el grupo del que a Sasuke le gustaría y así, todos siguieron quietecitos sin delatar a la chica. Y como nadie estaba en su respectivo lugar no estaba seguro cuál de sus alumnas era la que quería revelarse. Caminó entre las butacas hasta llegar al montón de niñas alzando a la estudiante del cabello rosa por el brazo para ver su rostro.

—No te vas a cansar hasta que te expulse, ¿verdad? —dijo con enfado cuando descubrió a la chica Haruno.

—...No es eso— musitó.

Sasuke negó con la cabeza soltándola. Dio la media vuelta y escribió las páginas del libro donde estaba el tema que verían ese día. Todos los alumnos regresaron a su banca y sacaron su material casi sin hacer ruido e Ino empujó a Sakura hacia su lugar ya que ella estaba demasiado aturdida como para ir por sus propios medios.

—Quiero un mapa mental de los dos primeros subtemas y un resumen ilustrado del último— sentenció con voz neutra —Y tú— dijo señalando a la temblorosa pelirrosa —acompáñame, por favor.

Sakura se levantó con las piernas temblorosas y el rostro pálido como la leche siguiendo los pasos de su profesor. Ambos caminaron en silencio, un incómodo silencio para Sakura que no se atrevía a verlo ni por el rabillo del ojo. Cuando llegaron a la dirección, el moreno tocó suavemente a la puerta —pase— escucharon desde dentro. Lo que vio Sakura después la dejó sin aliento.

—Buenos días, Tsunade-sama— musitó el profesor con voz melodiosa y una gran sonrisa.

¡Estaba sonriendo! ¡Sí! pero no una media sonrisa de arrogancia ni malévola como las que les lanzaba cuando no hacían los deberes. Esta sonrisa era amable, fresca, casi angelical y su rostro se volvió tan amigable que Sakura casi se la tragó. ‹‹Este tío es bipolar››, se dijo la caucásica con los ojos entrecerrados, examinando al moreno.

—Buenos sean para ti también, Sasuke— respondió la mujer de ojos miel y cabello dorado desde atrás de una torre de documentos —que os trae por aquí— Tsunade lanzó una mirada obvia al cabello de su sobrina.

—Pues como verá ésta chica se ha teñido el pelo… cosa que está prohibida.

Sasuke dudó al ver la expresión casi desinteresada de la directora y le dio un empujoncillo a Sakura para que la observara mejor.

—Sakura, ¿ya te ha visto mi hermana?— esbozó la mujer.

—Sí, tía Tsunade y me preguntó si tú no te molestarías.

Sasuke, aunque sorprendido por el parentesco entre una de sus peores alumnas y la directora de instituto no lo dio a saber y su rostro no cambio ni un ápice.

—Vaya, pues si me molesta. Espero no hayáis pensado que por ser mi sobrina no recibirías la amonestación que mereces— dijo Tsunade cuando puso los puños en su cadera.

‹‹¡Claro que lo pensé!, no lo habría hecho si no››, —Que va tía, yo sé que no mezclas a la familia y el trabajo.

—Bien, me parece que el profesor Sasuke te debería poner el castigo ya que él ha sido quien te trajo. Claro— añadió —además de la baja de tus puntos en tu carta de conducta.

—Vale.

—Y quiero de nuevo a mi conejilla roja.

—Eso…no, no se puede tía— tartamudeó Sakura con las mejillas arreboladas. ‹‹¡¿Cómo se le ocurre decirme así frente a él?››, pensó con el rostro rojo —es un permanente.

—Ah, está bien.

Sasuke y Sakura salieron de la oficina de la directora y caminaron de nuevo hacia el aula, la pelirrosa llevaba un papelito entre las manos que le había dado la secretaría para que su madre lo firmara y Sasuke había aprovechado para coger una taza con café. Sakura se sentía con menos tensión así que se aventuró a preguntarle al profesor cual sería su castigo.

—Todavía no lo sé— esbozó él con calma, mirándola a los ojos.

—¿pero va a haber uno?— dijo ella aturdida.

—Claro, además todavía espero el ensayo que te pedí ayer si no quieres reprobar.

—Va…vale.

El día pasó sin más complicaciones en realidad. Todos seguían halagándola por su cabello y hasta dos chicos de la universidad se saltaron la barda que separa el preparatorio y el campus para pedirle su número telefónico. A su adorado maestro no lo volvió a ver en el día más que cuando fue a entregar unos volantes a la sala de profesores. Todo le iba como miel sobre hojuelas hasta que se acordó de su amigo rubio. No lo había visto en todo el día. Cuando fue al gimnasio para preguntar por él, Neji le dijo que no se había presentado a clases ni al entrenamiento, que tal vez estaba deprimido por qué lo habían sacado del equipo y sería suplente para el próximo partido.

—¿Por qué? — preguntó sakura consternada.

—Ayer faltó al entrenamiento y el entrenador no es muy flexible con las faltas, así que dijo que si eso pasaba en los entrenamientos no quería saber cuando fuera el partido.

Sakura se sintió como una cucaracha aplastada, por ella y sólo por ella habían sacado a Naruto de su adorado partido. ‹‹Y estaba tan ilusionado… no dejaba de hablar de que derrotaría a los mapaches de Suna››, pensó con melancolía.


Sin poder evitarlo, la semana se le fue cómo agua entre los dedos y cuando quiso darse cuenta ya era lunes nuevamente. Naruto no había ido al instituto en toda una semana y ella la había pasado muy desganada sin las locuras de su mejor amigo. Por supuesto, el sentimiento de soledad lo menguó el hecho de haberse vuelto repentinamente popular entre los chicos. Aunque sabía que muchos chicos no la seguían realmente porque les gustara. Era simplemente que imitaron a los dos primeros muchachos que la notaron como estúpidos corderillos…fuera lo que fuera se sentía bien ser notada.

Sobre su profesor de Historia. Aunque había entrado a las clases a regañadientes, procuraba sentarse en las bancas del fondo y encogerse sobre si misma tratando de no llamar mucho la atención, cosa que no logró. Por alguna estúpida razón siempre la elegía para pasar a la pizarra, dirigía siempre su mirada a ella cuando hacía alguna pregunta y al finalizar las clases la apartaba del grupo para que limpiara el salón. Siempre, siempre era ella. En alguna que otra ocasión se armaba de valor y respondía con sarcasmo o simplemente no respondía. Pero Sasuke tenía la maldita habilidad de lograr que hablase o callase a su antojo con sólo una mirada.

Sakura ya estaba un poquito harta y se sentía enferma, no sólo por el hecho de tener más trabajos que los otros, si no porque aún no podía controlar la sensación que la embriagaba cuando Sasuke se encontraba cerca. Detrás de su mirada desinteresada y el semblante aburrido que portaba en el aula había una adolescente ingenua que miraba los labios de su profesor cada que daba clases con el anhelo de poder probarlos. Dolía tenerlo tan cerca físicamente y al mismo tiempo distante emocionalmente.

El martes, cuando salieron del instituto, caminó un poco con Ino en dirección a casa pero luego, con el frío de esos momentos y los nubarrones que se formaron en el cielo decidieron comprar un café, una dona y se amodorraron un rato en las bancas pedregosas del parque. Estaban discutiendo sobre la nueva temporada de otoño que se venía y si irían a por unos suéteres de colores cálidos o vaqueros y blusas de cuello alto o gorras y bufandas cuando de pronto el rugir de una motocicleta las calló de golpe. A Sakura, que se le había caído el vaso de café por el susto, alzó la vista para ver quién había sido el grosero y decirle cuatro cosas.

‹‹Este tío...›› pensó Sakura al ver la melena violácea del chico, que le caía con suavidad por los hombros.

‹‹Es...›› se dijo Ino cuando el tipo les sonrió y dejó a la vista la perfección de sus dientes.

‹‹¡Es un cuero!›› pensaron ambas, sonriéndole atontadamente.

—Hola— articuló el muchacho de ojos grises.

—Hola— la voz de Sakura e Ino se mezclaron.

El chico de bajó de su motocicleta platinada y se acercó a Sakura, le tomó la mano y la beso con caballerosidad —. Me llamo Ichigo, ¿y tú?

—Sa…Sa…Sa— Ino le golpeó la espalda —, ¡Sakura!

—Qué lindo. Te queda— esbozó con voz gravemente atractiva.

—Gracias…

—Bueno, en realidad estuve escuchando sobre ti en el campus, dijeron que eras muy bonita y quería conocerte— dijo Ichigo.

—Espero no te haya desilusionado— se interpuso la rubia sonriendo ladina.

—Superó mis expectativas— dijo él con una sonrisa que refrescó los sentidos de las chicas.

Sakura estaba roja hasta la frente y sus verdes ojos brillaban con emoción. Se sentía soñada y sin querer se perdió en la gentileza que destilaban los grises ojos del muchacho.

—Bueno, yo no quiero hacer un mal trío— dijo Ino un poco molesta porque el guapísimo chico ni le había preguntado su nombre —yo me voy. Nos vemos, frentona.

Cuando la chica rubia se fue Ichigo aprovechó para sentarse al lado de Sakura y hacer platica, pero, el tiempo no estaba de su lado así que unos minutos después de haber entablado una conversación nada intima les cayó una torrencial lluvia que les mojó hasta las ideas. Ichigo se ofreció a llevarla a su casa en la motocicleta, Sakura por supuesto aceptó sin vacilar y se subió al transporte. Él se subió delante de ella y la obligó a rodearle por la cintura. Ella se dejó hacer con gusto, olfateando la colonia que despedía el jersey de su acompañante y se olvidó por completo de su destino hasta que se percató que las calles por donde estaban no le eran conocidas para nada e iban a una velocidad muy alta. Con el temor en la punta de los dedos no dijo palabra hasta que se detuvieron cerca de una calleja con mala pinta.

—Por aquí no está mi casa— dijo ella bajándose de un salto.

—¿No?, perdón, me habré equivocado.

—Seguramente —dijo ella con cautela —, pon a marchar la moto de nuevo antes de que la lluvia se ponga peor, por favor.

—Me parece que no.

Sakura se quedó muda cuando Ichigo le tomó de las muñecas y la obligó a caminar hacia el muro húmedo, pegando su tórax a sus pechos. —Me pregunto… ¿Por qué de pronto te volviste tan popular?, antes nadie sabía que existías y luego, dos de mis estúpidos compañeros se jugaron el pellejo por ir a conocerte.

—Yo no sé de qué me hablas— dijo Sakura con sinceridad. Vale, si se dio cuenta que había llamado más la atención de lo habitual y en verdad le sorprendieron los chicos cuando le pidieron su número pero el de ojos grises estaba exagerando, no se había vuelto popular de la noche a la mañana. Había pasado una semana.

—Bien que lo sabes. Seguro por fin te destapaste, cerecita...

—¿Des…taparme?

Sakura pudo menos que gritar cuando sintió la húmeda mano de Ichigo deslizarle por debajo de su falda y pegó su pelvis a ella, restregándose sin pudor. Con un nudo en la garganta y las lágrimas bordeando sus ojos sintió con asco la dureza del miembro aun cubierto con mezcilla repasarse por sus muslos. El chico pegó su frente a la de Sakura y le susurró buena chica.

—¡Aléjate!

Como pudo zafó uno de sus brazos y le propinó un buen puñetazo en la mejilla dejándole una marca roja ovalada. Cuando vio correr un hilillo de sangre de su boca agradeció internamente por las clases de defensa personal.

—No te hagas la santa a estas alturas— farfulló él con ira, regresándole el golpe, sin embargo él no solo le marco la mejilla, también logró que su labio se desgarrara al chocar contras sus dientes.

Sakura recordaba las clases de defensa personal y los consejos de su madre pero nada podía hacer cuando el miedo se enroscó en sus extremidades, volviéndolas rígidas como piedras. Adolorida por dentro y por fuera se dejó hacer, como una muñeca de trapo. Ya no tenía ganas ni energía para apartarlo cuando el metió las manos por debajo de su camisa blanca, ni cuando le quitó la corbata y desgarró varios botones, ni siquiera se mutó cuando sintió sus pechos libres del sostén, simplemente se estremeció al contacto frío de las manos de Ichigo.

—Buena chica— gruñó él sobre su boca.

‹‹Mi primer beso››, se estremeció internamente cuando los carnosos labios del otro rozaron los suyos.

Ichigo presionó feroz los rosados labios de Sakura, los lamió, succionó y mordió. Invadió la virgen boca con su enorme y rasposa lengua, meneándola contra el pequeño paladar.

—Por favor, ya…para ya. Ya no quiero— suplicó a media voz, sin mirarle a los ojos, sin llorar, sólo con toda la sinceridad y amargura que la embargaban.

Tal vez fue por el estado en que la vio y le dio algo de lastima, a lo mejor se aburrió de ella o probablemente sintió la presencia de alguien acercándose. Ichigo retrocedió, dejándola sentada en el sucio piso de la calleja, con la espalda apoyada en la enmohecida pared. Subió a la motocicleta, la encendió y, sin dirigirle una última mirada, se fue.

Sakura, con la poca dignidad que le quedaba se cerró a media la camisa, cogió su chaleco lleno de fango y se lo puso para taparse, recogió su mochila y metió en ella los trozos de su corbata roja. Para su suerte no había casi gente y podría llegar con mayor tranquilidad a su casa. Así que caminó con la frente en alto y el gesto serio. No, no lloraría, no ahora. Tenía una casa donde podía hacerlo a sus anchas.

Pensaba en la suciedad que recorría su cuerpo, en lo tonta que había sido, ¡pero qué ingenua! Ningún chico se le había acercado, y el único que lo había hecho no era con buenas intenciones. Pero se lo tenía bien merecido. Alguien como ella no debía aspirar a mucho.

Oprimió el botón para que el semáforo cambiara a rojo y espero.

—Sakura.

Giró un tanto su cabeza para encontrarse con quien la llamaba.

—Profesor Sasuke— dijo sobresaltada, girándose por completo para encontrarse con el bello rostro del catedrático. Llevaba un largo abrigo gris, en una mano su portafolios y en la otra una sombrilla negra.

—Tienes muy mala pinta— Sasuke dejó el folios en la acera y puso una mano sobre su barbilla para alzarle el rostro —tu labio sangra, ¿Qué pasó?— dijo mas para él mismo mientras sacaba un pañuelo de su abrigo y limpiaba la sangre del hinchado labio de Sakura.

—… ¡Nada!, Yo sólo estaba pasando por aquí y me resbalé, y… y— las lágrimas por fin aparecieron. Con la vista abajo y la cabeza gacha comenzó a llorar con amargura. Gruesas gotas saladas rodaban por sus mejillas, camufladas por la lluvia torrencial que les azotaba en esos momentos.

—Mientes— decidió el moreno acercándola a él, cubriéndola con su sombrilla.

—Yo…— murmuró azorada. En realidad, se sentía confundida cerca de él. A veces le gustaba, a veces lo amaba, a veces lo odiaba. Casi siempre quería hacerlo enojar y se le antojaba retarlo, pero, en esos momentos sólo lo quería lejos. No era la primera persona en su lista de quienes podía confiar.

—Sakura— dijo él con tono agradable.

Y la abrazó. Una manos sobre su nuca y sentir el pecho masculino contra su mejilla bastó para reconfortarla.

—No puedo…

—Soy tu profesor y tu asesor. Cualquier problema fuera o dentro del instituto me lo puedes contar— explicó amablemente.

Sakura se estremeció. Su tacto no quemaba como días pasados. Quizás era porque necesitaba con urgencia el resguardo de alguien pero era agradable sentir la cercanía, su olor a limpio, la tibieza de su pecho, los latidos suaves que atravesaban la tela y retumbaban contra su oreja. Por un instante, sólo uno, Sakura se dijo que dejaría de pensar en lo que estaba bien y lo que estaba mal. En que si lo que sentía era correcto o no. de todas formas, siempre terminaba equivocada.


¡Asdfasdafasdaf!

No me pasé de dulce con Sasuke…No, de hecho sí.

Spoiler (No leas si no sigues el manga)

Siempre he querido hacerlo con un corazoncito más de humano. Pero no se crean que desde ahora vaya a cambiar drásticamente, al menos no en el colegio. Bueno, antes de que me digan "te estás pasando de Ooc, ¿Cuándo Sasuke se va a poner a consolar a alguien?, ¿recuerdas que quiso rostizar a Sakura con su chidori y luego le quiso ensartar un kunai envenenado?" también tomen en cuenta que este Sasuke no tuvo un trauma en su niñez, no ha conocido a Orochimaru, ni tiene complejo de "kill Bill". Sólo es un profesor un poco amargadillo, pero quiere a sus alumnos, vamos.

Arrivederci!