Capítulo 4Sentimientos de Marco

En medio de la soledad, Marco comenzó a recordar el pasado cuando había llegado a esa ciudad, tras la separación de sus padres, había decidido irse con su madre y cambiar su vida por ella, considerando que su relación con su padre no era buena, ya que él lo cuestionaba a menudo por no ser tan varonil como debía ser, sus habilidades culinarias y lo enfermizo que era. En cambio con su madre, todo era distinto, siempre estaba apoyándolo y protegiendo de las humillaciones que le hacía su padre. Por esta misma razón, fue que al momento de elegir sabía que se iría con su madre, que lo aceptaba tal cual era.

Así fue como ambos decidieron dejar la ciudad y llegar a Tokio, los primeros días de Preparatoria fueron difíciles para Marco, ya que sí bien tenía excelentes calificaciones, aún no conseguía tener ningún amigo. Sólo ganaba rivales sin siquiera buscarlos, muchos lo odiaban por ser el consentido de los profesores, además de las burlas que recibía a diario con respecto a su masculinidad, del mismo tipo que su padre lo hacía. Entonces conoció a Armin, un chico de melena rubia que amablemente le ofreció su ayuda cuando había faltado a clases, a partir de ese momento se habían hecho amigos. Sin embargo, Armin a pesar de que era perseverante ante todo, no era capaz de defenderse de los abusivos que se burlaban de él por su estatura, aunque él intentaba protegerlo, sólo conseguían ser el hazmerreír de la Preparatoria. Sólo Eren y Mikasa lo salvaban, dado que eran sus amigos de la infancia, vivían en la misma calle desde que asistían a Primaria, por lo mismo su amistad era fuerte.

Marco sentía envidia sana por ellos, que sí eran capaces de atreverse a hacer algo contra los bravucones, a diferencia de él que sólo observaba atemorizado mientras los golpeaban. Sólo había un héroe del que todos hablaban, precisamente de Jean, un chico de cabello castaño al que todos le temían por su participación en diversas peleas en los pasillos, además por su mal carácter con los demás. Solía siempre hablar de él, pero jamás había hablado con él antes. Aunque no participaba en clases según oía en la sala de profesores, era el tipo de persona que no se involucra con nadie. Pero aún así, no podía ignorar a las personas cuando veía a alguien en problemas. Por lo que sentía una admiración hacia él a la distancia, viendo sus actos heroicos en los pasillos.

Cuando lo conoció fue testigo de ello, Jean sin duda era increíble, más de lo que hubiera imaginado. Entonces comprendió que lo que los demás decían de él, no era del todo cierto, porque aunque era frío en algunos aspectos, también era dulce y amable. Ese lado que nadie conocía, él había tenido el privilegio de conocerlo. No sabía si era por su gentilidad o por su belleza, pero gracias a él, había despertado una parte en su interior que nunca antes había sentido...atracción hacia otra persona.

No obstante, sabía que su amor por Jean era imposible, ya que él seguía enamorado de Mikasa y no sentía más que una simple amistad por él. Sabía bien que si se llegaba a enterar de la verdad, tendría que alejarse de él por siempre y no quería eso. Sí era necesario reprimir sus sentimientos por él, lo haría. Sí permanecía a su lado, sabía que podría tener la fortaleza suficiente para soportar ese sufrimiento, porque su amor por él era más fuerte y el sólo hecho de verlo todos los días, lo hacía feliz.

Pero todo había cambiado hasta hace unos días, cuando Jean se había enterado de todo, debido a unos bravucones. En ese minuto había tenido que acostumbrarse a no verlo después de clases, aunque su relación en el centro de alumnos debía seguir, nada era lo mismo. Armin era el único que podía entender su situación, porque sólo él sabía su secreto. Solía tratar de subirle el ánimo con salidas o panoramas junto a Eren y Mikasa, sin embargo no lo hacían sentirse mejor.

Eren un día lo sorprendió, preguntándole directamente sobre ello después de clases, no creía que los demás notarán lo mal que estaba su relación, salvo a ese preciso día.

— ¿Qué ocurrió exactamente entre tú y Kirschtein? Armin no me ha querido comentar nada ¿Qué te hizo ese idiota?

—No me hizo nada, Jean no es una mala persona. —Suspiró. —Más bien, tiene que ver con algo que yo le hice.

—No puedo imaginar qué tipo de problema tuvieron, considerando lo humilde que eres, nadie debería enfadarse contigo.

— Pues...no es fácil de decirlo. — Se sonrojó.

— ¿Porqué? ¿Qué puede ser tan malo?

— Verás, yo...— No sabía cómo decirlo en voz alta, así que se lo susurró al oído.

— ¡¿Qué?! ¿T-Te sientes atraído por él?

— Sí, hace algún tiempo. — Susurró avergonzado. — Sí piensas que soy raro por esto, no pasa nada.

— N-No es eso, todo el mundo es libre de enamorarse de cualquier persona... aunque sea del mismo sexo. — Susurró nervioso. Luego carraspeó para desviar sus dudas. — De cualquier modo ¿Por qué de él? Es decir, Kirschtein no es un tipo demasiado agradable que digamos.

— Eso es lo que cree la mayoría, pero en el fondo Jean tiene un corazón que nadie imagina. — Sonrió sonrojándose.

— Ya veo... — Suspiró. — ¿Acaso él te rechazó?

— No directamente, pero se podría decir que sí. No se enteró por mí, no pensaba hacerlo. Más bien fue por otros chicos. Creo que soy demasiado obvio, entonces decidió alejarse de mí. — Susurró triste.

— No creo que ese sea el problema, al menos yo no lo había notado. No obstante, no debería tratarte así sólo por eso, porque son amigos ¿no?

— Sí, pero de seguro lo hace para no lastimarme ¿Qué hiciste cuando te enteraste que Mikasa-san estaba enamorada de ti?

— ¿A qué viene esa pregunta?— Desvió su mirada avergonzado. — Fue extraño, porque desde que comenzó a vivir bajo el mismo techo que yo, se transformó en mi hermana. Incluso era igual de fastidiosa que una hermana mayor, siempre preocupándose por mí y protegiéndome. Muchos se burlaban por esa cercanía que tenía conmigo, yo sí debería haberme alejado. — Se burló. — Pero entonces me lo dijo...y no lo esperaba.

— ¿Tú sentías lo mismo por ella?

— En ese minuto estaba confundido, no sé si Kirschtein sienta lo mismo que yo. Pero supongo que me paralice ante la situación. — Habló pensativo. — Y no había asimilado lo que sentía por ella, porque creía que era la típica relación de hermanos. De hecho la primera vez que la vi, era completamente distinta a lo que es hoy, era tímida y solía estar triste a menudo. Por lo mismo quería hacerla feliz todo el tiempo...

— Entiendo ese sentimiento, quizás la amabas desde ese entonces.

— Éramos niños, por eso no lo creía.

— ¿Y cuándo te diste cuenta de lo que sentías?

— Debido a mi modo de actuar. — Presionó el puño. — Ella decidió marcharse. Fue en ese instante que me percaté que no quería perderla.

— ¿En ese momento le dijiste lo que sentías?

— No muy bueno expresándome, pero sí lo hice. Y desde ahí que las cosas han cambiado entre nosotros.

— Ahora entiendo todo, sin duda es una gran historia. — Sonrió. — Ojalá la mía tuviera ese tipo de final. Pero terminará sin nadie a mi lado.

— No hables así, aún te queda mucha vida por delante. Así ánimo. — Le tocó el hombro.

— Gracias, Eren. — Sonrió Marco.

— Por nada.

— Por cierto ¿Hace cuánto que no tienen una cita con Mikasa?

— ¿Eh? ¿Por qué piensas que ha pasado mucho tiempo? — Se sonrojó, tenía razón. Marco podía leer la mente de algún modo, lo sospechaba hace algún tiempo. — Creo que cerca de tres meses.

— Podrías prepararle algo y disfrutar un grato momento juntos. La vida sólo se vive una vez y no todos tienen oportunidad de sobrevivir a ella. — Sonrió nostálgico. — Me iré ahora, nos vemos Eren.

— Tienes razón, lo pensaré. — Susurró ¿Porqué hablaba de la vida como si fuese a terminar de un minuto a otro? ¿Acaso le temía a la muerte o algo parecido? No entendía porque hablaba como si la fuera a perder pronto.

Marco caminó por los alrededores del pasillo pensando en lo sucedido, después de todo Eren si amaba a Mikasa, aunque Jean decía que no la valoraba, en el fondo haría cualquier cosa por ella. Se preguntó si él algún día encontraría a alguien que hiciera lo mismo y no lo juzgara por sus diferencias. Pero parecía que jamás lo iba a encontrar. Subió las escaleras para dirigirse a la oficina del centro estudiantil, ya que había sido citado ese día por Sasha, quizás lo cambiaría a otra área al fin o lo regañaría por el trabajo que habían hecho. Sea cual fuese el motivo, esperaba que no fuera nada malo.

Al tocar la puerta y escuchar el permiso para entrar, se encontró con Jean parado frente a Sasha, sus miradas se encontraron unos segundos, pero fue suficiente para sonrojarse, tenía que mantener la compostura. Tomó aire y fingió que se encontraba bien, entonces Sasha recorrió la habitación comiendo un trozo de pan, ignorando lo hambrientos que podrían ellos también estar a esas horas.

— Bien, ahora que están ambos podemos hablar. — Sonrió.

— ¿Para qué nos has citado?—Exigió saber Jean.

— ¿H-Hay algún problema con nuestro trabajo?

— Nada de eso, hacen un trabajo excelente. Es sólo que considero que ya ha llegado el momento que se cambien a otra área, teniendo en cuenta los meses que llevan aquí.

— Oh qué alivio, pensé que había hecho algo mal. — Rió nervioso Marco. — Entonces ¿Nos va ascender?

— Algo así, necesitamos respaldo en el departamento de planificación y coordinación. Por ello, quiero que trabajen ahí juntos.

— ¿Cuándo empezaremos exactamente? —Preguntó Jean.

— Qué bueno que lo preguntas, porque es ahora mismo. — Sonrió Sasha entregándoles unas carpetas. — Estos son los proyectos que tenemos para este mes, deben ordenarlos por prioridad y traerlos aquí antes de las 6.

— Pero sí son las 4:30. No nos das suficiente tiempo, además imagino que Marco debe tener otras cosas qué ocuparse.

— La verdad no tengo nada de qué ocuparme, pero sí deseas puedo adelantar hoy mi parte y tú te llevas la otra parte. — Sonrió Marco tomando su carpeta. — Así avanzamos más rápido.

— ¡Esa es la actitud, Marco! — Sonrió Sasha levantando el dedo gordo en forma de aprobación.

— Bien, entonces iré a hacer mi trabajo. — Sonrió Marco caminando hacia la puerta.

— Aguarda un minuto ¿Cómo nos coordinaremos si no sabré que papeles tienes?

— Puedo enviarte un mensaje si lo deseas.

— No lo sé, en este tipo de cosas deberíamos trabajar en equipo. — Titubeó, no podía abandonarlo así por mucho que deseara alejarse de él, seguían estando en el centro estudiantil.

— No te preocupes, puedo hacerlo solo.

— No lo harás, te acompañaré. — Declaró tomándolo del brazo.

— ¿Eh? Pero creí que...

— ¡Perfecto! Pueden trabajar en la sala contigua. — Sonrió Sasha ignorando sus reacciones. — Los veo más tarde.

Dicho esto, los despachó de su oficina para que se hicieran cargo de todo. Marco estaba nervioso, no sabía si podría soportar estar cerca de él a solas, aún no estaba preparado para eso. Suspiró, debía actuar normal o sólo conseguiría empeorar las cosas.

Se ubicaron en la sala contigua para ordenar los papeles, algunos parecían haber sido planificados hace años, mientras otros poseían sugerencias más recientes. "Yo me haré cargo de estos, tú puedes ver los de ahí" Sugirió Jean y él asintió sin decir una palabra. Así fue como estuvieron toda la tarde haciéndose cargo de eso, aunque Marco intentaba concentrarse en los papeles que revisaba, no podía hacer caso omiso a los fuertes brincos que daba su corazón al escuchar su respiración cerca de él, pero debía controlarse o terminaría perdiendo su relación en el consejo también. Así que pensó en lo que Armin le había mencionado, qué cuando se encontrara con él podría pensar en alguna canción que lo hiciera feliz. Así que comenzó a tararear una perteneciente a un anime que había visto. En un comienzo era tan sigiloso que Jean no podía distinguirla, pero entonces se dejó llevar por la emoción de la canción en sí y Jean lo sorprendió mencionando el nombre de dicha serie "¿Esa no es...Attack on titan?" lo hizo sonrojarse aún más, por lo que sólo atinó a asentir una vez más.

— ¿La ves?

— S-Sí, algunas veces.

— Ya veo, también suelo verla. — Reconoció por fin. —Por cierto, te vi hablando con Eren hace unas horas y

— Sí, hablábamos de Mikasa-San. — Sonrió sin percatarse que su mirada se dirigía a la de él sin piedad.

— ¿Qué estaban hablando exactamente de ella?

— Pues...el modo en como empezaron a estar juntos.

— Esa historia es sin duda ridícula ¿no?

— Para mí no lo es, la encuentro encantadora.

— ¿Realmente crees que Eren la ama?

— Sí, hoy me di cuenta de eso. —Dijo por fin ¿Porqué había llegado a ese tema? —Sé lo de tus sentimientos por Mikasa, así que si no deseas hablar de esto...no lo hagamos.

— Me da igual, ya no estoy interesado en ella. Puede hacer lo que se le dé la gana con ese idiota.

— No te ves desinteresado.

— ¿Qué dices? — Gruñó. — No siento nada por Mikasa ni por nadie ¿Lo has entendido?

— S-Sí, lo siento. — Susurró cabizbajo. — No volveré a insistir. Iré al baño, vuelvo enseguida. —Se levantó aturdido, no quería escucharlo más ¿Y si renunciaba al consejo? Sasha de seguro lo entendería, aunque eso significaba ser un cobarde.

Quería detenerlo, pero no se atrevió a hacerlo, así que sólo lo vio caminar hacia la puerta, lo había herido una vez más. De súbito, vio como Marco se tambaleaba antes de salir del salón, por lo que ignoró su orgullo y fue a ver qué le sucedía. "¿Estás bien?" Le susurró. En un intento por evitar que se golpeara la cabeza, lo tomó de los hombros para hacer que reaccionara, entonces él también comenzó a perder el control de su cuerpo. En cuestión de segundos, se encontraba de espaldas en el suelo, aferrando a Marco a sus brazos. "Jean... ¿Estás bien?" Lo escuchó cerca de él, provocando que su corazón latiera a mil por la cercanía que tenían. Apartó sus brazos de él y se alejó con cuidado ¿Qué era esa sensación? ¿Porqué de pronto se sentía cómodo de esa manera?

— ¿Jean?

— No es nada. — Se levantó para darle la espalda. — ¿Qué hay de ti? ¿Te encuentras bien?

— Sí, suelen suceder este tipo de cosas. — Susurró sonrojado, su corazón latía a mil. — Debe ser porque no he comido en algunas horas, iré a comprar algo. — Declaró caminando hacia la salida.

— Espera, Marco. —Musitó, sintiendo cómo de pronto su mirada angelical lo hacía sentirse nervioso. —Cómprame algo también. —Le entregó su dinero, sintiendo su temperatura subir cuando sus manos se rozaron. —Volveré enseguida.

— E-Está bien, tomate tu tiempo.

Cuando Marco salió, Jean se dejó caer sobre la silla a dolorido por la caída, pero más allá del dolor que podía sentir en su cuerpo, su corazón no dejaba de salir una y otra vez ¿Porqué se sentía así?

Continuará...

¡Hola! ¿Cómo están? Espero que bien, gracias por sus comentarios :) ahora los responderé por separado. Me alegro que les guste esta historia y lamento el retraso.

Espero que este capítulo también sea de su agrado y comenten n.n

Cuídense! Saludos :)