—Así que… ¿qué hay entre Jeyne y tú?
—¿Jeyne y yo?
—Sí.
—¿A qué te refieres?
Gendry le lanzó su típica mirada testaruda a Arya. Está claro que no tiene ni idea.
Había pasado un mes desde que se habían visto, aunque apenas se habían visto a lo largo del año pasado. Desde que la Hermandad tuvo que fragmentarse aún más, Gendry estaba fijo con Jeyne y Willow Heddle junto a un montón de un niños mientras que Arya se aventuraba a recorrer el mismo trayecto junto con Ned y los demás para comprobar si todo estaba bien. Ese día sería especial; esa noche se reunirían todos los miembros de la Hermandad tras un año y medio, bajo la taberna de Jeyne. Ya han pasado tres años desde la muerte de Robb y mi madre. No se podía creer que incluso sería mayor que la última vez que vio a su hermana Sansa. Es extraño pensar que soy un año mayor a ella. A pesar de haber cumplido los catorce años, seguía pareciendo una niña pequeña y no una mujer como ella se esperaba. Sansa ya parecía una mujer adulta con trece años.
Ambos estaban tumbados sobre un campo verde pero desconocido que habían encontrado por casualidad. Gendry pudo tomarse un tiempo libre para saludar a su amiga y para que ambos se pusieran al día y pasar un poco de tiempo juntos. Aunque ninguno de ellos lo querían reconocer, se echaban de menos.
—Bueno… vosotros estáis pasando mucho tiempo juntos y… bueno, ya lo sabes… —no supo cómo de repente estaba tan nerviosa por saber la verdad. No es que me interese de verdad—.
—Si te refieres a que si estamos enamorados, te adelanto que no —respondió él de forma hosca, con la cara muy seria—.
—No tienes por qué ponerte así —resopló Arya—. Sólo preguntaba.
—Jeyne es una hermana para mí, Arya —Gendry se giró para mirar directamente a su amiga, e incluso intentó despeinarla un poco para relajar la tensión, aunque Arya lo esquivó—. No creo que llegue a más de ahí entre nosotros dos.
Mentiroso. Desde que Ned resaltó la relación entre Jeyne y su amigo, le parecía inevitable si no indiscreto para Arya. Las palabras amables de Gendry, las mejillas sonrosadas de Jeyne, la mirada entre ambos… No sé qué tiene de malo en reconocerlo.
—Pues Jeyne no parece sentir lo mismo que tú —Arya presionó—.
—Jeyne me ve como un hermano para ella.
—Seguro.
—Me da igual lo que pienses. Vamos a seguir siendo amigos.
—…¿Gendry?
—¿Qué?
—Em… ¿has besado alguna vez a alguien? —Arya bajó la mirada, incapaz de encontrarse con sus ojos. No sé por qué le estoy preguntando esto—. Si no quieres contestar, no pasa nada… Era sólo por… curiosidad.
Por un largo momento, hubo silencio. Arya no se atrevió ni a moverse, anticipando cualquier respuesta de su amigo. Éste finalmente se relajó y suspiró con una mirada triste en sus ojos.
—No —explicó el herrero—. No… lo he hecho. Antes de huir de Desembarco del Rey, no tenía mucho contacto con chicas. Estaba en una herrería y era aprendiz, así que sólo quería moldear metal. Aún así, las únicas mujeres que veía eran las hijas de Lords que acompañaban a sus padres para encargar o recoger alguna espada. En ese caso, tenía que tratarlas de forma especial aunque ellas ni siquiera me miraban a la cara. Ya basta de hablar de mí—giró la cabeza hacia un lado, evitando la mirada de Arya—. … ¿qué tal con Ned?
Arya no pudo evitar sentir los nervios recorriéndole por todo el cuerpo. Se atrevió a sonrojar un poco.
—Pues igual que siempre, supongo… Es decir, no ha pasado nada —ahora era ella quién quería evitar la mirada ante Gendry. Escuchó murmullos de su amigo pero no pudo entenderle—. ¿Qué?
—No entiendo cómo te puede gustar —bufó—. Es un cretino.
—Lo será para ti. Es… bueno conmigo —cada vez notaba más cómo ardían las mejillas—.
—Lo será, pero es un cretino —Gendry miró de reojo a su amiga—. Creía que tenías mejor gusto.
—Mira quién habla, el quien no ha estado con una chica nunca.
Arya no pudo aguantarlo más y se arrepintió al instante de haberlo dicho. Llevaba meses aguantando las bromas y burlas de Gendry hacia Ned aunque éste no hacía nada, pero… Ella sabía lo tímido que era Gendry con las chicas. Excluyendo a Arya, y recientemente a Willow y a Jeyne, Gendry huía de las chicas, como si no supiera cómo actuar delante de ellas. Creía que con Jeyne era diferente.
Ahora era Gendry quien estaba rojo, pero de furia. Sin decir nada, se puso en pie y comenzó a caminar sin dirección alguna, pero con pasos gigantescos. Arya tuvo que correr para alcanzarlo.
Cuando se enfrentó a él, se sentía incluso aún más culpable de ver que lo había hecho daño.
—Lo siento, Gendry —dijo Arya apresuradamente—. He sido una idiota diciendo eso.
—Debo de irme.
—¡Gendry! Apenas nos hemos visto —estaba desesperada para que la perdone—.
—Y ha sido más que suficiente. Déjame en paz. Estoy mejor cuando no estás por aquí —se marchó sin siquiera mirarla—.
Gendry no pudo evitar sentirse animado por el ambiente de la taberna. Las personas bebían o bailaban, e incluso había algunos que hacían ambos. Las velas inundaban la sala y proporcionaban el calor y la calidez que todos necesitaban tras noches oscura y frías. Esa noche para olvidarse todas las peleas, las guerras y las personas que habían muerto; el día pertenecía al luto pero esta noche era para los vivos.
Tom de Sietecauces cantaba alguna canción que Gendry desconocía pero todo el mundo cantaba junto con él. Aún no hay ningún borracho. Jeyne llevaba días preparando la taberna para que sobreviviese esta noche. A veces se preocupa demasiado; me recuerda a una madre cuando hace eso. Gendry sonrió. Como pase algo esta noche, Jeyne no podrá dormir en días.
—Necesito una mano —llamó su amiga desde el otro lado de la barra—. Tienes que llevar estos guisos a Theny y a Amy. Están en esa mesa. La que está más cerca de la mesa donde está Arya—señaló con un pequeño dedo al final de la taberna—. Esa. Date prisa, necesito que me ayudes en otra cosa.
Gendry se aproximó rígido a la mesa dirigida para dejar la comida lo antes posible. Quería evitar estar con Arya lo menos posible. Cada vez que lo pienso, más me enfado. Y para colmo, Edric Dayne estaba con ella. Por suerte, Arya ni se percató de lo cerca que estaba Gendry de ella. Parecía estar embobada en la conversación. Parece bastante estúpida así. Siguió observándolos. De hecho, los estaba viendo durante toda la noche. Al principio parecían estar tímidos al darse cuenta de la abrumadora intimidad, pero llevaban toda la noche hablando. Siempre parecían estar juntos, pero esta vez es diferente. Saben lo que siente uno por el otro.
En ese momento dado, Edric se puso en pie y entre un intento de ser cómico y patoso, le pidió un baile a Arya con un descoordinado gesto en la mano. Gendry pudo apreciar la reacción de asco de Arya en su rostro, aunque sonrojó y aceptó. Arya no mentía cuando decía que no sabía bailar. Parecía un muñeco de paja imitando movimiento suaves, así que toda la elegancia del baile residía en Edric Dayne. Parecía un príncipe, pero ella parecía el chico del establo, lo que hacía aún más raro el baile. A diferencia de otras mujeres en la Hermandad, Arya negó en rotundo ponerse un vestido o una falda de nuevo. Siempre andaba en calzones o pantalones y cuanto más crecía, más estaban todos acostumbrados a verla así. Por muy especial que fuera la noche, ella no se esmeraría ni lo más mínimo en su aspecto. Llevaba la misma ropa desde hace un año, y el único cambio era su pelo. Desde que Yoren le cortó el pelo como a un chico, Arya se negó a cortárselo de nuevo. Han pasado cuatro o cinco años desde aqullo, y es cierto que lo tiene bastante largo. Cualquiera pensaría que es un intento de recuperar alguna forma de femenidad, pero el pelo siempre atado con un cuerda marcaba más bien indicios de un rebelión ya adaptada a comodidad. Simplemente ignoraba por completo su aspecto.
Gendry observó amargamente como ambos se acercaban el uno al otro lentamente. A pesar de las personas, de las risas, del público, ellos pudieron encontrar una intimidad respetada por la noche que sólo él podía observar. Observó como Edric recogió dulcemente la barbilla de Arya para enfrentar a su rostro, como ella pasaba una mano por su pelo del color de la arena hasta bajar hasta su cuello mientras él acariciaba su mejilla y intercambiar una mirada que parecía congerlar el tiempo. Observó cómo ambos se pararon, rompiendo la armonía de la fiesta aunque nadie parecía prestarles atención y como finalmente, sus labios se encontraron brevemente. Ya he visto suficiente. El observador escondió su dolor y buscó con ansias una cerveza. Quizás necesite más de una.
—Esto está siendo mejor de lo que esperaba —comentó Edric Dayne, observando la alegría que alumbraba la habitación—.
Arya sonrió. —Sí, Jeyne ha estado trabajando bastante para que todo saliera bien.
—Pues no la he visto en toda la noche —Arya notó cómo Edric apretó con suavidad su mano sin querer soltarlo—.
—Yo tampoco. Ha sido Gendry quien me ha dicho del trabajo que ha hecho Jeyne.
—Gendry —Ned parecía pensativo—. No lo he visto en todo el día. ¿Ha estado ayudando también?
—Em… Supongo —se mordió el labio—.
Edric observó durante un instante a su amiga y movió la cabeza, rendido. Acercó su mano para acariciar la mejilla de ella y le miró tiernamente.
—Te has peleado con él, ¿verdad?
—¡No! —apartó la mirada—. Bueno, sí. Ha sido bastante estúpido, la verdad…
—Arya —aclaró el joven de ojos púrpura—. No tienes por qué contármelo.
Edric le recogió el pelo por detrás de la oreja, y le habló silenciosamente. Arya sonrió y se levantó del banco.
—Tengo que pedirle disculpas —excusó a su amigo y salió disparada a la barra de la taberna—.
Ahí encontró a dos hombres que no conocía pero estaban con la cara hinchada y roja. No había rastro de Gendry. Le preguntó a los dos hombres ebrios y a pesar de su forma inintelible de hablar propia de los borrachos, les aclaró dónde podría estar.
—Lo, lo he visto ayudando a la muchacha… esa… ¿co-cómo se llama, Ben? —sacudió al tal Ben—. ¡Jeyne! La muchacha Heddle… La pequeña no, la alta… Parecía estar apurada o nerviosa por algo… Tendría que haberla invitado a una cerveza… Sí, seguro que —y empezó a cantar de repente, acoplándose al ritmo de la canción que estaba sonando—.
Arya siguió las direcciones de los dos hombres y salió hacia la habitación que estaba tras la barra de la taberna. A pesar de la oscuridad, Arya pudo distinguir los objetos inmóviles, pero ahí no había nadie. Sólo sacos y sacos de pan duro, con tarros enorme que escondían queso para temporadas más duras que esperaban en el invierno para los niños que vivían en la taberna.
Escuchó algo tras un gran armario cerrado en medio de la habitación abandonada, como si esperase a ser abierto. El sonido parecía ser de un golpe de codo contra la madera. El armario era lo suficientemente grande como para que cupiera un grupo reducido de personas, pero no tenía sentido si alguien estuviera encerrado en el armario, sobretodo si hay una fiesta fuera de la habitación.
Arya se apresuró al misterioso armario, y demasiado curiosa para esperar, pudo abrir las puertas sin problema. En ese entonces abrió los ojos como platos y no controló como el pánico y la vergüenza conquistaban su cuerpo.
A la luz de luna en plena oscuridad, pudo ver sin problema alguno a Gendry. Y a Jeyne. Estaban enreversados como un nudo mal hecho; las ropas estaban a medio desvestir y medio puestas, el brillo de la luna se reflejaba en la sudorosa piel de ambos y estaban tan juntos que tardaron unos instantes en comprender lo que estaba pasando. Sus bocas por fin pudieron despegarse mientras se torcían en horror y en vergüenza. Gendry parecía mirar sólo a Arya, expresando lo que las palabras nunca podrían y Arya no tuvo otra opción que salir corriendo, huyendo de la mirada del herrero.
