Capítulo 4
Había pasado ya una semana desde esa noche que sin proponérmelo le confesé a Pansy mi mayor carga. La pérdida de Ginny fue algo devastador y a veces se sentía como si el dolor no hubiese menguado ni siquiera un poco, pero trataba de sobrellevarlo de la mejor manera posible, sin que perjudicara a nadie, menos a James. No había día que no pensara en ella o una noche que no me durmiera pensándola a mi lado. Los primeros años fueron una agonía constante, donde lo único que lograba ponerme en pie era mi pequeño hijo, él me necesitaba y no podía rendirme ahora que solamente me tendría a mí, cumpliendo día a día la promesa a Ginny de cuidarlo y amarlo como a nadie. Ahora, ella se transformó en uno de mis más apreciados tesoros, ella era el recuerdo más feliz que tenía, aparte de James. El dolor en mi pecho poco a poco se fue aplacando, volviendo su recuerdo en un motivo para sonreír y no para llorar.
Pero aun no podía entender cómo fue que llegué hasta el punto de hablar de eso con Pansy Parkinson, la mejor amiga de mi némesis en el colegio, la declarada princesa de hielo, la insoportable mocosa que insultaba a todo mundo y que perseguía a Draco Malfoy a todos lados, la única chica en el cuarteto plateado, la más cruel y vengativa, según todos.
Pero es que esa mujer había llegado a desordenar la vida que llevaba, a atacar todas mis ideas establecidas en bases sólidas de que nadie de esa casa podía ser de fiar, pero no, ella tenía que demostrarme que las personas cambian, o que nunca se conocen bien, pues con James era otra, a mi perspectiva más auténtica que en toda su vida. Tenía una sensibilidad increíble para con James, algo que jamás creí que las serpientes pudieran poseer, y menos una como ella. Para ser completamente sincero, ella me agradaba y mucho. Hablar con ella en las tardes, salir o tan solo verla era refrescante, un aire nuevo, una brisa distinta.
—Papi —habló James, sacándome de la poca concentración que tenía en el periódico esta mañana.
—¿Sí? —cuestioné y doble el periódico sobre la mesa. Lo vi jugar con su plato de frutas.
—¿No te gustaría que yo tuviera una mamá?
Su pregunta me sorprendió, aunque no era la primera vez que lo hacía. Sé muy bien de sus intenciones, él quería una mamá, pero no sabía si eso era lo correcto. Desde que Ginny se fue, no me ha interesado ninguna otra mujer.
—James.
Me acerqué a él con una servilleta para limpiarle la mejilla que tenía manchada con un poco de miel.
—Yo sé que tengo una mamá y la quiero mucho, pero a mí me gustaría tener una mamá aquí conmigo —dijo él y sus ojos brillaron.
Sonreí conmovido por sus palabras. En momentos como este es donde me daba cuenta que había logrado que James siempre recordara a su madre, que no le había fallado a Ginny al hablarle de ella. James adoraba a su madre, pero sé que también le hace tanta falta.
—Yo sé que quieres tener una mamá —le dije acariciándole el rebelde cabello.
—¿Entonces porque no le pides a Pansy que sea mi mamá? Ella es la mejor —preguntó con una enorme sonrisa y sus palabras me sonaron esperanzadoras.
—Hablaremos de eso luego, ahora sigue desayunando —ordené, esquivando el tema.
Realmente no quería hablar de eso con mi hijo, pues no era algo fácil de decir y menos que James aceptara un no sin tener una respuesta a su satisfacción.
Él siguió comiendo los pedazos de mango que quedaban en su plato. Yo continué con mi desayuno sin poder dejar de pensar en las palabras de James. Era obvio que él de alguna manera había asociado a Pansy con una imagen materna, y realmente no sabía cómo sentirme respecto a eso.
—Papi ¿siempre iremos a la alberca hoy? —preguntó al terminar su vaso de leche.
—Claro —acepté con una sonrisa. Era sábado y le había prometido a James llevarlo a la alberca.
—¿Podemos invitar a Pansy? —pidió él y yo tan solo asentí— Genial —dijo brincando de la silla.
—Ve arreglarte, mientras yo le envió una lechuza.
Él salió corriendo y yo hice una rápida nota, y se la di a Sally, mi lechuza parda, para que se la llevara a Pansy.
A los diez minutos recibí su respuesta.
—¿Qué dijo? —vi a James con su traje de baño ya puesto, apareciendo de nuevo en la sala.
—Dijo que sí. Que la esperáramos unos quince minutos, por mientras me iré a cambiar.
Mi hijo asintió y se sentó en la sala para ver la televisión. Después de organizar las cosas que llevaríamos, me metí a la cocina para limpiarla un poco, ya que Dinky descansaba los sábados, gracias a Hermione y su nueva ley sobre los derechos de los elfos.
Estaba terminando de secar algunos platos, cuando la escuché llegar por la chimenea.
—Pansy, que bueno que vas a ir —escuché decir a James, llenó de emoción.
—Me alegro que me inviten ¿y tu padre dónde está? —habló suavemente ella.
—Está en la cocina —informó James.
—De acuerdo.
Escuché sus pasos acercándose y el sonido de la puerta abriéndose.
—Hola, Harry —saludó y sentí beso en la mejilla, sorprendiéndome gratamente he de aceptar.
Giré a verla y casi tiré el vaso que tenía en la mano, que estaba secando con un trapo. Ella lucia muy bien en ese vestido de color coral veraniego.
—Hola, Pansy —carraspeé, intentando sonar lo más relajado posible, pero al ver su sonrisa de medio lado me di cuenta de que ella notó mi desliz.
—¿Quieres que te ayude? —preguntó con amabilidad.
—Ya terminé, ¿estás lista? —le pregunté.
—Sí.
Ella salió de la cocina, caminó hasta James, y se sentó a su lado pra revisar su mochila.
—Te falta el bloqueador —dijo después de cerrarla.
Realmente se tomaba en serio la seguridad de James. Verla de esa manera, sentada a un lado de mi hijo, revisando que llevara todo, me hacía pensar que su preocupación por él es como el de una mamá, todo este tiempo había actuado como una, y yo no lo había visto así, hasta que James me había hecho esa pregunta.
—Mi papá lo lleva —respondió James y yo asentí.
—De acuerdo, es hora de irnos— le dije a los dos.
Inmediatamente James tomó la mano de Pansy.
Caminamos las pocas cuadras que nos separaba de la alberca. Cerca de donde vivía se encontraba un club deportivo. Gracias a Fleur, esposa de Billy, pude conseguir una membresía en este lugar, pero la verdad es que se me hacía un lujo casi innecesario, pero en los pocos días que había calor en Londres disfrutaba los días en la alberca con James.
Cuando llegamos rápidamente fuimos atendidos y guiados a la zona de la alberca. El lugar era bonito y por todos lados se veían algunas familias disfrutando del día. El lugar era grande y había camareros por todos lados, sirviendo a todo aquel que lo llamara, en realidad era un buen servicio, y también un lujo más a mi parecer, pero por un día de diversión bien valía el dinero.
Nos instalamos en una mesa debajo de una gran sombrilla.
—¿Desean tomar algo? —preguntó el mesero, esperando pacientemente que termináramos de acomodarnos.
—Quiero una limonada —dijo James.
—Lo mismo, por favor —contestó Pansy, dejando su bolso en el respaldo de la silla.
—Entonces que sean tres, por favor —dije.
El chico asintió, pero no apartaba la mirada de Pansy. Ella parecía no darse cuenta, pues había empezado a platicar con James. Me molesté del descaró del chico, y al ver mi mirada, salió inmediatamente, informándonos que en un momento traería el pedido.
Apreté mi estómago con una mano, sintiendo un extraño malestar, como si algo caliente se me hubiese derramado por dentro y entonces me di cuenta que mis manos seguían tensionadas por culpa del camarero y su mirada a la pelinegra.
Traté de distraerme. Saqué el bloqueador y le coloqué un poco James, que estaba ansioso por entrar al agua.
—Ya puedo meterme —dijo James cuando terminé.
—Si —dije. Él saltó de alegría y yo sonreí al verlo de esa manera, siempre tan lleno de energía.
—Todavía no —Pansy lo detuvo y James se acercó a ella— Te hace falta los flotadores —le dijo. James hizo una mueca de disgusto— ¿Que creyó, jovencito, que se metería sin flotadores? —él asintió lentamente, como si eso fuera obvio— Ven acá —demandó, y se los puso, sin hacerle caso a la cara de James.
—Pero me voy a meter a la alberca de niños —dijo cruzándose de brazos, cosa difícil de hacer con ambos flotadores rojos en los brazos.
—¿Y? aun así podrías hacerte daño —alegó Pansy, James aun refunfuñando se metió a la alberca.
Vi a James sumergirse en el agua, y rápidamente socializando con los otros niños que estaban ahí. En eso se parecía tanto a Ginny, era alegre y rápidamente conseguía entablar amistades con otros. Tan carismático como ella, tan divertido como ella, tan confiado como ella. Era una parte de ella.
Giré a ver a Pansy, esperando iniciar una conversación, pero al verla mi voz se perdió y la garganta se me secó como si un hubiese bebido nada en días. Ella se estaba quitando el pequeño vestido y quedando solamente en un traje de baño color negro, un pequeño traje de baño color negro, que apenas y la cubría, de manera escasa y tentadora.
No pude evitar que mi mirada recorriera cada trozo de piel que quedó libre de ropa y para mi mayor ¿disgusto? Ninguno de los hombres de ese lugar pudo evitarlo. Todos esos tipos tenían la mirada clavada en la mujer que en esos momentos se ponía bloqueador sin percatarse de las miradas o fingía no hacerlo, quizá acostumbrada a que la miraran y orgullosa de que sea así. Miré disgustado a todo aquel degenerado que se atrevía a mirarla más de lo normal, viendo en ellos una asquerosa perversión y deseo. Ni yo mismo sabía porque lo hacía pero me hervía la sangre al ver sus miradas en Pansy, como si fuera un trozo de pastel que debería ser devorado ya. Pues bien, jodidos estaban, yo no permitiría que se le acercaran con esas intenciones tan enfermas.
Pero algo que no podía negar, Pansy era realmente hermosa y estoy seguro que así es hasta en el más pequeñito detalle.
—Y tú, Potter, ¿te quedaras vestido? —me habló, con un ligero tono divertido, como si realmente se diera cuenta de mi reacción ante ella. Era obvio que se dio cuenta, no por nada fue una slytherin.
No contesté y me limite a tan solo quitarme la camisa. Me senté a su lado tratando de concentrarme tan solo en James y no en la tentadora figura a mi lado, quien, sin alterarse, se colocó unos lentes oscuros y se recostó por completo, para tomar el sol. El mesero llegó con las bebidas y, sin más, depositó los vasos sobre la mesa. Agradecí mentalmente porque no mirara de más a Pansy, de lo contrario no sabría si podía resistirme a armar un escándalo.
Aunque claro, no sólo era el mesero el problema. No faltó quien si tuviera el valor de acercarse a ella.
—Disculpa —habló un chico de cabello castaño y musculoso se acercó a ella, sonriendo con presunción.
Pansy se levantó un poco y lo observó con atención.
—¿Sí? —respondió ella con una sonrisa que podía declararse como coqueta, hermosa sonrisa, pero que ahora me pateaba el hígado por hacerlo, y más al ver la cara de ganador que había puesto el sujeto.
—¿No te gustaría tomar una copa conmigo?
Ella sonrió más ampliamente, como si la idea le sedujera, y se quitó los lentes dejando ver sus dos ojos de color zafiro. Sentí como la rabia poco a poco se acumulaba, no sólo en mi estómago, sino también en mi pecho, como si la sangre se me hubiese empezado a quemar.
—Por si no te has dado cuenta ella está conmigo.
Ni siquiera me percaté en que momento esas palabras abandonaron mi boca, pero si de algo estaba seguro es que si ese tipo no se alejaba de aquí le rompería la cara con mis manos. Él me miró con desagrado y entrecerró los ojos, recordándome terriblemente a Malfoy en el colegio, aunque le hacía falta más desdén en la mirada.
—Cálmate, hermano, tan solo estoy tratando de invitar a la chica —dijo en voz baja.
Me levanté de un solo salto y me acerqué, colocándome por completo delante de Pansy, que se había quedado completamente callada. Por alguna razón me enojaba que estuviera cerca de ella, él podría ser un asesino, un psicópata, un estafador, o algo así de ruin. Si eso era lo que me molestaba, me convencí.
—En otra ocasión será —la voz de Pansy se elevó entre nosotros, y yo di un paso hacia atrás para verla a la cara, paralizado ante sus palabras. Ella no querría salir con este tipo ¿verdad?
—Aléjate —dije en voz baja, mirando nuevamente el rostro del sujeto.
Cerré mis manos en puños tratando de controlar la rabia, el tipo se alejó después de enviarme una mirada asesina. Giré a ver a la chica que se había cruzado de brazos.
—Me espantas a los hombres —dijo ella colocándose los lentes.
—Tú no querrías salir con él —solté molesto ante esa posibilidad. Por Merlín, era un simple muggle.
—Tal vez no sea tan malo, era guapo —alegó con algo de aburrimiento. Gruñí ante sus palabras— ¿Qué te pasa?
—¿Qué me pasa? Como es que quieres salir con ese tipo —reclamé sin pensarlo mucho.
Me volví a sentar, pero mirándola fijamente. Ni siquiera yo sabía lo que me pasaba, pero me molestaba que ella quisiera salir con otros.
"¿Son celos Harry?" escuché en mi mente. Negué ante mis pensamientos, no era celos, era simplemente que me preocupaba que le pasara algo, era importante para mi hijo. Si, James también era la razón, sin algo le pasara a ella, James se pondría demasiado triste.
—Y si yo quiero salir con él ¿hay algún problema? —preguntó ella molesta. Sus ojos me fulminaban, como antes, cuando me odiaba. Dolió, pero me enojé más.
—No, no hay ninguno —le dije más molesto.
Ella apretó los labios con disgusto y se levantó de la silla furiosa. Caminó hasta la orilla de la alberca y se metió a ella con un perfecto clavado.
No entendía que había pasado, tan solo me había sentido rabia al ver a ese tipo pervertido, que con la mirada recorrió todo su cuerpo sin pudor, como si no trajera ropa, bueno, literalmente era poquita ropa, pero eso no le daba el derecho a verla con tanto descaro. Pero ahora lo que más me molestaba es haber discutido con ella.
James al verla, se acercó y se metió a la alberca para adultos. Pansy sonrió con dulzura y empezó a jugar con él, guiándolo poco a poco, y procurando que no se sumergiera de más. Me acerqué a la alberca después de ponerme el bloqueador, analicé la situación, su estado de ánimo, no creía conveniente acercarme a la serpiente después de que se enojó, pero bueno yo no era un león por nada.
Me metí a la alberca, James nadó hacia mí y Pansy lo hizo para alejarse. Me sentí mal al ver esa acción, pero no me amedrente. Seguimos jugando y después de varios minutos me acerqué a ella.
—Lo siento —le dije con sinceridad y ella me observo seria.
—¿Qué sientes? —preguntó, acercándose a mí.
—Siento haber espantado a aquel tipo —dije, aunque la verdad no me arrepentía de haberlo hecho.
—Eres un mal mentiroso —acusó. Me preocupe ante sus palabras, pero al verla sonreír me tranquilice.
—Lo sé —acepté y ella sonrió ligeramente, antes de aventarme con la mano agua a la cara, haciendo que el agua se me metiera completamente en la nariz.
—Parkinson —siseé con fingido enojo.
Ella sonrió ladinamente y empezó a nadar lejos de mí. Por un buen rato la estuve siguiendo con James sobre mi espalda, ya que me preocupaba dejarlo solo en la alberca, pero él reía divertido por el movimiento al nadar, apretando sus brazos y piernas a mi alrededor.
Cuando paramos a descansar, James se bajó de mi espalda y se acercó a ella para abrazarla.
—Tengo hambre —murmuró mi hijo.
—Vamos a comer —respondió ella
Los tres salimos de la alberca y Pansy se encargó de secar a James con una toalla, le quitó los flotadores y lo sentó en la silla. Cada quien pidió su comida y diez minutos después nos la trajeron. James empezó a hablar sobre algo de la escuela, provocando que Pansy y yo riéramos por sus ocurrencias y los sonidos al representar según la voz de sus amigos.
Después de comer y esperar el tiempo recomendado, volvimos a la alberca. La tarde pasó sin más inconveniente, claro si descontamos un par de hechizos confundus que tuve que realizar a escondidas de Pansy para que ningún pervertido se le acercara, y rogaba porque nunca se enterara de eso, aunque de por sí ya era ilegal realizarles hechizos a los muggles, pero como auror podía decir que estaban acosando a una mujer y no podía permitirlo.
Después de varias horas, escuché el suave bostezo de James dormitando en los brazos de Pansy, después de que ella lo cambiara de ropa por una seca.
—Creo que fue suficiente agua por hoy —dijo Pansy acariciándole el cabello y James asintió.
—Hora de irnos —dije después de guardar todo.
El cielo casi oscurecido y las calles despejadas nos dieron la oportunidad de meternos en un callejo y poder aparecernos directamente en la casa. Pansy acompañó a James a su habitación, mientras yo preparaba un poco de té de manzana y canela, el preferido de la pelinegra. Poco a poco fui conociendo sus gustos.
Minutos después la vi aparecer y se sentó a mi lado en el sofá, su rostro reflejaba cansancio y bostezaba ligeramente. Le ofrecí la taza y ella con una sonrisa la aceptó. El sonido de las tacitas, fue lo único audible por un rato, aunque la verdad es que estaba indeciso entre hablar o continuar en el silencio, que era más agradable de lo que quería hablar con ella.
—Pansy —le hablé, por fin tomando el valor.
—¿Qué pasa, Harry?
—¿En verdad querrías salir con ese tipo?
La pregunta salió de mis labios de manera forzada, no quería imaginarme a ella saliendo con ese pervertido. Sus ojos me estudiaron y dejando la tacita en la mesa se giró para verme directo a la cara.
—No veo el problema —contestó con una sonrisa ligera. Un sentimiento extraño se instaló en mi pecho.
—Entonces lamento haberlo corrido, tan solo que no me pareció el adecuado —dije a la fuerza, tomándome lo poco que quedaba de mi té.
—Ya hablamos y la verdad es que no lo lamentas —dijo con resignación, y alzó una ceja— Pero la verdad no era mi tipo —sonreí aliviado ante sus palabras.
—Me alegra —ella me observó de manera interrogante— Bueno, digo que me alegra que no te hayas molestado porque lo corriera —ella asintió lentamente analizando mis palabras.
—Estoy cansada —murmuró, recostando su cabeza en mi hombro.
Era la primera vez que hacía algo como eso. Lentamente rodeé con mis brazos sus hombros y ella cerró los ojos, pegándose más a mí. Realmente debía estar muy cansada por permitirse hacer esto. El suspiro que salió de sus labios me hizo cosquillas en el cuello. Sentí como su cuerpo se relajaba completamente y quedaba laxo entre mis brazos. Lentamente acomodé su cabello y me percaté que poseía un rico aroma a jazmín. Era tan extraño, pero al mismo tiempo agradable, estar tan cerca de ella, poder sentir la calidez de su cuerpo, lo delgada que era y lo frágil que se sentía. Con dedos temblorosos, acaricié la blanca piel de su brazo, sintiendo la suavidad bajo las yemas de mis dedos.
—Pansy —murmuré. Pero ella ya no contestó, realmente se había quedado dormida y no quería despertarla.
Me paré con lentitud y la acosté completamente en el sofá. Se veía tan tierna así dormida, su respiración tan tranquila y suave, como si el huracán dentro de ella no existiera. La tomé en brazos tratando de no levantarle y la llevé a mi habitación, no dejaría que durmiera el sofá, amanecería adolorida si se quedaba allí. Era tan ligera, pareciera que no cargara nada en mis brazos. La acosté lentamente en mi cama y la cubrí con las sabanas.
—Harry —la escuché murmurar.
Me paralicé al pensar que se había levantado, pero al acercarme la vi con los ojos completamente cerrados. Acaricié su rostro lentamente y ella sonrió en sueños, enterrando más la mejilla en la almohada.
No sabía lo que me pasaba con esta mujer. Me producía una gran contradicción, podía fácilmente sacarme de estado, como hoy en la tarde, y podía tranquilizarme de igual modo, tan fácilmente, como si amansara una fiera dentro de mí después de provocarla. Me agradaba conversar con ella, pasear, estar a su lado y verla con mi hijo. Ella se había convertido en alguien importante en la vida de mi hijo y por consecuencia en la mía, pero me daba temor saber lo que podía estar sintiendo por ella.
Me dispuse a dormir en el sofá de la sala, no quería incomodarla que al despertar me encontrara a su lado. Me puse a pensar en los verdaderos motivos de porque alejé a ese tipo de ella, será tan solo mi vena protectora o había algo más. Y con esos pensamientos me quedé completamente dormido.
