CAPÍTULO 4
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Una hora después, en casa de Booth:
- ¡Qué ricos! – decía Booth saboreando los macarrones -. Huesos, cada vez te salen mejores, no sé cómo lo haces.
- ¿De verdad? Pues los hago como siempre…
- Créeme, cada vez están más buenos, como la cocinera – dijo mirándola de forma incitante.
- Vamos, no hace falta que me hagas la pelota.
- No lo hago – respondió él -.Sólo digo la verdad.
- Venga Booth, no es momento para jueguecitos, tenemos que volver al trabajo. Voy a ir fregando los platos.
- Está bien, está bien, yo voy a cambiarme de ropa, vuelvo enseguida – dijo él mientras se dirigía al dormitorio.
Un par de minutos después volvió a la cocina y se quedó observando a Brennan de espaldas, mientras fregaba los platos. Se acercó hacia ella y se puso detrás suya, a unos escasos centímetros de ella, puso sus manos en su estrecha cintura y comenzó a oler su cabello.
- Booth, ¿qué estás haciendo? Ya te he dicho que no es momento de... – dijo Brennan pero antes de que se diera cuenta ya Booth había apartado con una mano su cabello hacia un lado y estaba recorriendo con sus labios su cuello, besándolo sensualmente, lo que la hizo estremecerse.
- Perdona, ¿qué me decías? – le susurraba él al oído y seguía besando su cuello, haciéndola debilitarse cada vez más.
- Venga Booth, no sigas… - decían sus labios pero sus ojos cerrados, su respiración entrecortada, su pulso acelerado y su gesto de estirar el cuello incitándole a seguir besándoselo decían lo contrario, hasta que definitivamente se dejó llevar por la pasión y una de sus manos la enredaba en el pelo de él.
Booth la giró hacia él por la cintura y se besaron apasionadamente, mientras las manos de cada uno buscaban como locas quitar la camiseta del otro, al tiempo que iban caminando a ciegas hacia el dormitorio, enloquecidos por la pasión del momento. Brennan tomó el control y empujó a Booth sobre la cama, para luego echarse sobre él.
En cuestión de pocos segundos ya toda la ropa de ambos estaba tirada por toda la habitación, y ellos se dedicaron a entregarse con locura, pasión y desenfreno al amor.
Un rato después, los dos estaban acostados y abrazos, sus cuerpos únicamente cubiertos con una sábana. Estaban extasiados después de aquello. Brennan tenía apoyada la cabeza sobre los trabajados pectorales de Booth y él le besaba la frente.
- Oye Huesos, no podemos hacer esto muy seguido. Dice la gente que hacerlo después de comer no es recomendable…
- Entonces recuérdame que coma menos – dijo ella riendo.
- Ajajá, ¡mira ella! ¡Y parecía tan recatada! – dijo Booth riendo y se puso a hacerle cosquillas.
- ¡No Booth, cosquillas no! – Brennan intentaba escaparse pero sin éxito.
- Jajajaj, no te escaparás de mí doctora Brennan – decía él entre risas y abalanzándose sobre ella mientras le hacía cosquillas en la barriga.
- ¡¡Aaaaaaahhhhhh!! – ella gritaba -¡¡Para por favor!!
- Vas a saber lo que es bueno, jajajaja.
Una llamada al teléfono de Brennan los interrumpió, aún así Booth quiso hacerse el sordo y siguió jugando con Temperance, pero ésta insistía en coger el teléfono.
- Booth, puede ser importante, déjame atender la llamada.
- ¿Qué llamada? Yo no oigo nada.
- Booth por favor, seguro que es algo sobre el caso, y ya nos hemos entretenido bastante – insistía ella.
- Está bien, pero tienes que decir las palabras mágicas para poder liberarte – él seguía juguetón.
- ¿Qué palabras mágicas?
- Oh vamos, sabes muy bien cuáles son
- Te quiero – dijo ella, esas eran las palabras mágicas a las que Booth se refería.
- ¿Qué has dicho? No te he oído – él seguía jugueteando.
- Te quiero, te quiero, te quiero, ¡te quiero! – dijo Temperance, y cada palabra con más fuerza que la anterior.
- Así me gusta – dijo él sonriendo -. Yo también te quiero, Huesos – dijo y la besó.
Por fin, después de varios segundos sonando, Brennan pudo coger el teléfono y atender la llamada. Aún así, Booth, todavía travieso, intentaba seguir haciéndole cosquillas, y Brennan se defendía como podía, pegándole ligeramente con las manos.
- Era Hodgins, quiere que vayamos para enseñarnos algo importante que ha descubierto – le comunicó ella.
- Está bien, ya se enterará Hodgins cuando lo vea... – murmuró Booth.
Al cabo de un rato ya estaban en el Jeffersonian, donde Hodgins les esperaba.
- ¿Qué es eso tan importante que has descubierto, Hodgins? – preguntó Booth.
- Veréis, he tomado muestras de unos restos que quedaron adheridos en algunas de las marcas dejadas en las costillas por el arma homicida, los he analizado y no os váis a creer lo que han resultado ser – contaba Hodgins emocionado.
- ¿El qué? – preguntó Brennan.
- Bronce y estaño, sé que eso no tiene nada de especial, pero atención: se trata de una especie de mezcla muy antigua de estos dos elementos, muy muy antigua.
- ¿De qué época? – preguntó Booth.
- ¿Os suena de algo si os digo "Imperio Nuevo, Dinastía XVIII"? – dijo Hodgins.
- ¿Era un arma egipcia? – dijo Brennan sorprendida.
- Así es, esta especie de "aleación" de esos metales sólo es conocida en esa época, y se usaba para fabricar las armas de los guerreros egipcios. Se usó por poco tiempo, porque pronto descubrieron que el cobre era el mejor material para fabricarlas, y también era más fácil de conseguir.
- Claro, por eso las marcas dejadas por el arma no coincidían con ningún arma conocida – dijo Booth.
- ¡Booth! – dijo Brennan recordando -. La casa de los Brown, donde Jenny hacía de niñera.
- ¿Qué pasa con esa casa? – preguntó Hodgins intrigado.
- ¡Claro! – Booth comprendió al instante -. La colección de objetos egipcios que tenía la mujer de Robert, también había algunas armas…
- Sí, aunque a primera vista todas parecían réplicas, no reales – dijo Brennan.
- Si es el arma homicida tal vez la hayan escondido para cubrirse las espaldas – ahora hablaba Booth.
- Tenemos que ir a su casa e inspeccionar esas armas para ver si entre ellas está el arma homicida – sugirió Temperance.
- Sí Huesos, pero no tenemos suficiente para que el juez nos conceda la orden para hacerlo. Necesitamos algo más que relacione a los Brown con la víctima.
- Tienes razón – afirmó ella.
- Huesos, vamos a hablar con las amigas de Jenny, a ver qué nos pueden decir ellas sobre todo esto.
- Vete tú, mejor yo me quedo aquí analizando los restos a ver si encontramos algo significativo que nos ayude a conseguir esa orden judicial.
- Vale, está bien, llámame si tienes algo – dijo Booth y se despidió de ella con un beso.
