Dissclaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, le pertenece a CLAMP.
La historia si me pertenece así que por favor, NO COPIAR.
Lágrimas de esperanza
Emiko hime-sama
Abrí mis ojos recibiendo gustosa los primeros rayos del sol.
El doctor Yukito había dicho que no era necesario ese famoso y odioso viaje a la playa.
Mi humor había mejorado y todo gracias a cierto joven de ojos azules.
Le estaba realmente agradecida por todo lo que había hecho más sin embargo, mi corazón no podía dejar de latir por Syaoran, y eso aún me lastimaba.
Sonreí al notar una mano sobre la mía y cuando desperté me encontré con la viva imagen de un ángel dormido.
Se veía tan lindo de esa forma, con los ojos cerrados y los cabellos cayéndole sobre la frente. Me sonrojé y decidí mirar otra cosa por el propio bien de mi salud.
Recorrí lo que estaba en mi entorno con la vista y descubrí que todos estos años había estado vendada, pues nunca me había dado cuenta de lo hermoso que era el mundo.
Los pájaros cantaban y el viento cantaba. Pareciese como si mis lágrimas hubieras purificado cualquier mal en ese mundo y así me sentía.
Me sentía relajada y la enorme daga que me atravesaba el pecho había desaparecido un poco, solo un poco.
Pero eso para mí, era suficiente.
Mire mis piernas y suspiré.
Sentí unas enormes ganas de llorar pero no lo hice, no arruinaría mi buen humor y todo el esfuerzo de Eriol por hacerme feliz.
Miré mis piernas y las toqué para otra vez, darme cuenta de esa horrible sensación que era la de no sentir nada.
Sin saberlo una lágrima bajo por mis ojos.
Cerré los ojos para calmar mis ganas de llorar y cuando los abrí me encontré con los ojos azules más hermosos que cualquiera pudiera haber visto a lo largo de sus vidas, reencarnaciones, etc.
Me limpió una lágrima y la miró como si la estuviera examinando.
-Buenos días! –me saludó alegremente como si nunca hubiera visto nada, con esa sonrisa odiosa pero encantadora.
Mi madre se había ido a Francia a un viaje de negocios y Eriol había decidido acompañarme y "cuidarme" durante los días de ausencia de mi bella y querida madre.
Yo le sonreí como respuesta.
-Hoy tendrás que comer algo! –dijo juguetonamente.
En otra ocasión le hubiera dicho que no, pero esta vez era diferente.
Sentí, por primera vez en mucho tiempo, el hambre en mis entrañas.
-Claro que sí! –le dije con el mismo tono juguetón e infantil que él había usado conmigo, el tono que no había utilizado en mucho, mucho tiempo.
El dejó de jugar con los mechones de mi largo cabello negro, para levantar la vista y verme con sorpresa con una GRAN sonrisa en el rostro. Yo le sonreí de vuelta.
Una sonrisa real, y no falsa como siempre se las daba a mi madre. Una sonrisa como cuando se las daba a Sakura o a Syaoran o incluso a Kero.
Una sonrisa infantil, juguetona y curiosa. No una falsa, seria y rota. Era aquella sonrisa la que yo quería recuperar. Ahora me daba cuenta.
Se quedó viendo mis ojos por largo, largo tiempo y me puse nerviosa.
¿Por qué me miraba de esa forma como si yo hubiera hecho el gran milagro de detener la Primera Guerra Mundial o hubiera sido una maga con grandes poderes que hubiera vencido al mago más poderoso del mundo?
-¿Y bien? ¿Me vas a traer algo de comer? –le pregunte juguetonamente para romper aquel contacto visual que tan nerviosa me ponía.
Pero en todo caso, ¿Por qué me ponía tan nerviosa?
Hundí la respuesta a esa pregunta ya que, no quería saber la respuesta. No ahora, aún no.
El salió lentamente sin decir palabra, únicamente mostrando una sonrisa en el rostro.
Unos momentos después Amy entró a la habitación para ayudar a cambiarme, ya que en mi estado, no podía hacerlo.
Elegí un vestido de color lavanda y un listó para adornar mi cabello del mismo color.
Le concedí a mi pequeña amiga el permiso para retirarse para quedar sumida en mis pensamientos.
Me miré al espejo.
Ahora veía el mundo diferente.
Vi mis cabellos negros con destellos grises y mi piel pálida como la nieve. Mis ojos amatistas y no comparé.
No los compararía más.
Yo era yo. Sakura era Sakura.
La única cosa que me entristecía era la silla de ruedas que veía en el espejo.
El otro día había llorado como si mi alma dependiera de ello, había derramado mis últimas lágrimas por ese sueño. Le había dado la despedida a mi tan anhelado sueño.
Había decidido dejar de huir y mirar la realidad.
Mirar los hermosos colores del mundo porque, aunque ella no lo aceptara e hiciera gran lío por ello, el mundo seguía girando. El mundo seguiría girando aunque ella no estuviese.
Oí que tocaron la puerta y concedí el permiso con una voz tan llena de alegría que hasta yo me sorprendí.
Eriol caminó con ese paso tan elegante digno de un caballero que hasta ahora iba notando.
Sonreí para mí misma, estaba empezando a recordar como notar las cosas.
Pronto recordaría…. No. Pronto recuperaría a la verdadera Tomoyo Daidouji.
Volvería a ser la verdadera yo.
Eriol acercó mi silla hasta la mesa y me empecé a alimentar.
Sentí su mirada azulada clavada en mí.
Deje los cubiertos a un lado y la comida igual.
-¿No quieres más? –me preguntó inmediatamente en cuanto vio que deje el plato.
-Eriol. –le pregunté. -¿Por qué me miras de esa forma?
Pude notar que dudó al contestarme. Me fascino tener ese don de saber las cosas que los demás no otra vez.
Apoyo su cabeza en sus manos y me sonrió sinceramente.
-Me alegra que te hayas animado un poco.
Yo me sorprendí.
-¿Te alegras?
-Si… bueno… al decir verdad estaba un poco preocupado….
-Gracias….
Le dije después de un segundo.
-¿Quieres salir?
Dudé un segundo.
¿Cuántos lugares había visitado antes de alejarse del mundo?
No supe que responder.
-¿Sa..Salir?
-Sip! ¿Cuánto hace que no sales Tomoyo?
-Yo….
Mire mis piernas y el siguió mi mirada.
-No te preocupes por eso!
-Pero… Eriol… yo… no puedo….
Y ni siquiera me dejo de hablar ya que en dos segundos me había bajado en brazos, sentado en el sofá de mi sala, y bajo mi silla de ruedas. Me cargo una vez más en brazos y me sentó sobre mi silla. Avisó que saldríamos y me llevó al mundo exterior.
Todo pasó tan rápido que apenas pude distinguir las miradas sorprendidas, y unas que otras miradas y sonrisas de las doncellas del servicio.
Miré cada uno de los detalles que había a mi alrededor en pocos segundos, o eso me pareció a mí, habíamos llegado a un hermoso parque de flores de cerezo.
Sonreí con nostalgia.
-¿Algún lugar en especial al que quieras ir, Tomoyo?
Negué con la cabeza.
-En ese caso, ¿Me acompañarías?
-Hasta el fin del mundo! –le dije con el mismo tono juguetón.
Pasamos el día de tienda en tienda comprando aprovechando la gran fortuna de nuestras familias.
Nunca me había divertido tanto y nunca había sentido esa sensación tan cálida inundando mi pecho.
Me sentía feliz, segura pero sobretodo me divertía.
-Daidouji-san. –me saludaron formalmente Chiharu Mihara y Yamazaki Takahashi.
¿Qué había pasado con tantos y tantos años de amistad que había tenido con esos dos?
¿Por qué alcanzaba ver el miedo en sus ojos?
-Ya nos enteramos de su estado y…
Me reí y sentí como Eriol me miraba orgulloso y Chiharu y Yamazaki se relajaban y miraban sorprendidos a Eriol.
-No tienen que hablarme tan formal!
-Pero…
-¿Somos amigas? –le pregunte amablemente.
-Por supuesto que si! Eso nunca lo dudes!
Chiharu me tomo de una mano y Yamazaki de la otra.
Me sonrieron amablemente.
Después de que Eriol y yo nos despidiéramos paseamos por el centro comercial.
Miraba por todos lados fascinada como si fuera la primera vez que pasaba por allí.
Veía a los niños correr alegremente comiendo sus helados de diferentes sabores. Era un ambiente alegre y agradable. Y hubiera sido mejor si mis piernas me dejaran caminar.
Eriol se detuvo y yo salí de mi ensoñación para poner atención a lo que Eriol hacía.
-¿Eriol? ¿Pasa algo?
-Tomoyo he estado pensando….
-¿Si?
El tono de su voz me preocupo.
-No, no te preocupes. –me dijo para luego sonreírme dulcemente.
Le iba a responder algo cuando justamente en ese instante pasamos por una florería, pero no era eso lo que me llamaba la atención. Eran unas brillantes y hermosas rosas azules lo que hicieron que mis ojos brillaran de felicidad como un niño de tres años al ver un globo o una niña al ver su primera muñeca.
Eriol notó mi interés y miró las enormes rosas que brillaban en aquella tienda.
Eriol rió un poco.
-¿Tomoyo Daidouji se interesa por unas rosas azules cuando recibe a diario miles y miles de flores rojas?
Yo me sonroje. No era propio de mí mostrar intereses por cosas como esas.
-¿Las quieres?
-Son hermosas!
Le dije otra vez con ese tonito ilusionado de una niña de 3 años.
Y en un instante como lo hacía todo entramos a la tienda.
La señora que atendía la tienda era una señora de unos 50 años aproximadamente.
-Oh! Bienvenidos! ¿Flores para la señorita?
Yo me sonroje por milésima vez en el día, al imaginar lo que estaría pensando.
Sin embargo, Eriol le sonrió amablemente.
-Quiero esas rosas azules.
-No! Eriol no tienes que…
-Dijiste que las querías…
-Si… bueno son hermosas pero… pero… no tienes porque…
Eriol me sonrió dulcemente y se arrodillo junto a mí. Me miró a los ojos y jugó con los mechones de mis cabellos.
-Eres hermosa….
Me sonroje.
¿Cuánto más me tenía que sonrojar?
-Joven, puede ir a escoger todas las rosas que quiera, no le cobraré.
-Oh! No señora!
Eriol se fue a escoger las dichosas rosas sin decir palabra.
Eriol estaba realmente extraño.
Cada vez que veía sus ojos veía un dejo de… nostalgia.
-¿Cómo te llamas? –me preguntó la señora.
-Tomoyo. Tomoyo Daidouji.
-Es un hermoso nombre. –me sonrió con amabilidad. –Ese joven…. Se ve que la quiere mucho….
-Yo…. Solo… somos amigos…
Puso una mano sobre la mejilla y yo me quede mirando sus ojos negros.
Por alguna razón sentía que debía saber eso. Debía escucharla.
-Usted… ¿Está enamorada de otra persona?
Me sorprendí y no pude responder. La voz no me salía.
-No. Usted no lo quiere en realidad. Sólo está confundida. Tenga cuidado esa confusión puede llegar a lastimar a terceros.
-Gracias. –le sonreí y le dije al no tener nada más que decir.
Era como si esa persona conociera todos mis secretos.
Miré a Eriol que elegía rosas azules y blancas, tulipanes y lirios y las combinaba con lavandas. Trataba cada flor como una princesa y como si fuera lo más delicado y frágil del mundo.
Se tomaba su tiempo y se deleitaba con su belleza y olor.
-Oh! Es un ramo maravilloso! Tiene un gran don para esto!
Sus voces se me hicieron lejanas. Me perdí en mis pensamientos.
Eriol tenía una mirada de nostalgia y ella creía haber descubierto porque por medio de las amables y sabias palabras de la señora.
Pero…
¿Sería posible?
¿Sería posible que realmente Eriol…?
No. No podía estar sacando conclusiones de esa forma. No lo haría.
Además si era verdad…. Si de verdad Eriol Hiraguizawa la reencarnación de Clow se había enamorado de mí, sentiría mucho por el joven.
Porque…. Porque…
Eriol se había convertido en alguien muy importante para mí.
Casi sin saberlo y notado.
Él había desaparecido un poco de la tristeza y un poco de aquella daga que me inundaba el pecho.
Eriol era alguien demasiado importante para mí, pero no llegaba al lugar de Syaoran.
No lo hacía…. ¿Verdad?
Desperté y vi a Eriol despedirse de la señora.
Me tendió el hermoso ramo, antes de eso sacó una rosa azul y me la puso en el pelo.
Tome el ramo en mis brazos sonriente.
-Muchas gracias!!!
Paseamos una vez más y yo continuaba viendo encantada mi maravilloso ramo de flores.
Era precioso.
De repente Eriol se detuvo y se puso de rodillas frente a mí.
Me acarició la mejilla y descansó su cabeza en mi hombro.
-¿Eriol?
-Tomoyo… ¿sabes?
No contesté.
La nostalgia que veía en los ojos de Eriol.
Su misterioso viaje a Japón.
¿Por qué era?
-¿Eriol? –volví a preguntar.
-Tomoyo…. Eres la persona más hermosa que he conocido en mi vida. Nunca, nunca dejes de mostrar tu maravillosa sonrisa. Porque… tu eres luz… y eres esperanza.
-¿Eriol? ¿Pasa algo?
Ahora me estaba asustando.
¿Por qué?
¿Por qué esa frase estaba tan cargada de dolor y angustia? ¿Por qué?
No lo vi por los siguientes días….
Una mañana Amy me había dicho que había recibido algo.
Mande que me lo llevaran a mi cuarto.
Era un ramo de lavandas de Eriol y una caja que no sabía que era.
La caja era de madera fina y había una rosa grabada en ella y bajo la rosa estaba mi grabado: "para mi princesa, Tomoyo". No me sorprendí de leer esa frase ya que, de tantos años de conocer a mi amigo, sabía que le decía cosas así a cualquiera.
Justo cuando la iba a abrir Eriol apareció a mi lado con una chispa juguetona y una alegría en el rostro.
-Eriol!
-Oh! Justo a tiempo! Ábrelo!
Acaricié la fina madera de la caja y me di cuenta que tenía cerradura.
-Mmm… ¿Eriol?
-Oh! Si lo siento!
Eriol me dio un collar con una llave muy bonita de plata y una amatista incrustada.
-Es como tus ojos! –me dijo juguetón.
Y la abrí.
Dentro había una hermosa muñeca de porcelana.
-Es preciosa!
Dije admirada para luego levantarla y examinarla.
La muñeca era pálida como toda muñeca de porcelana y tenía cabellos negros sueltos. Un vestido color lavanda al igual que sus ojos y una sonrisa tan dulce como la miel.
-Me alegró que te guste. –me dijo alegremente. –Mande a hacer la caja en Brasil y la muñeca la mande a hacer en Alemania. –dijo tranquilamente como si nada pasara mientras yo abría mucho los ojos. –La llave la hice yo mismo, después de todo, a Clow le gustaba hacer llaves.
-Pero Eriol! Te debió de haber costado una fortuna!
-¿Pero te gusta!?
-Es preciosa.
-Tomoyo. –me dijo y yo lo miré a los ojos dándome cuenta del dejo de nostalgia de antes. –Tienes unos ojos preciosos y quiero que sepas que yo, jamás…. Jamás te dejare caer en soledad otra vez. Me aseguraré de que tu brilles como la estrella y esperanza que eres.
Me abrazó. Con ternura.
Y mis lágrimas no se hicieron esperar.
Lágrimas de felicidad.
Lágrimas de esperanza. La esperanza de poder volver a brillar y de no estar sola. Nunca más. Nunca.
Y entonces supe que la había encontrado.
Mi razón para vivir. Para sonreír y para volver a brillar.
Mi razón para ser una princesa y para derramar lágrimas de esperanza. Mi razón para esperar un príncipe.
NOTAS DE LA AUTORA:
Lo siento!! Lo siento muchísimo! Se que tarde años, no, siglos! Si lo se! Lo siento mucho pero ustedes saben que no se me da muy bien esto de las cosas alegres… y se que esto no es lo que se llama "alegre" pero… lo intente.
Bueno, aquí esta el intento de la dichosa promesa "más alegre".
Y se que el nombre del capitulo no es muy adecuado pero no pude imaginarme otro nombre.
He recibido bastante quejas ya sea de esta historia o de otras de mis historias de que escribo muy cortos mis capítulos, este capitulo bueno… es más largo. No es tan largo como otros fics pero bueno… lo intente.
Gracias por su review y por su infinita paciencia con una escritora novata como yo.
Mil gracias por su apoyo y reviews asi como también su tiempo.
Tal vez tenga algunas faltas de ortografía pero bueno entiendan que esto lo escribí rápido y nadie es perfecto.
Tratare de esforzarme tanto como pueda para traerles más de mis locas ideas.
En fin, siento mucho tardarme tanto. Tratare de actualizar más pronto!
Muchas gracias por leer y si no es mucha molestia, déjenme saber lo que piensan!!!
Arigatou:
Emiko-chan.
