La Gracia Que Me Hace Molestarte
Capitulo 4.-
Persefone Ataca Parte I
Abro mis ojos lentamente, lo primero que veo es el techo blanco de mi habitación, las grietas que la acompañan son muestra de que marcan su antigüedad, batalla por batalla, sinceramente, cada mañana el techo es mi tema de discusión mental, lo cual me recuerda que si no tiene goteras por lo mismo, en algún momento me tendrá que caer encima, creo que debo preocuparme mas por mi templo.
Me levanto de mi cama quitando la enorme colcha con la que me arropo todas las noches, me quito de un solo movimiento la pijama que tengo puesta, quedando desnudo, camino hacia mi baño y enciendo la regadera, mientras mis ojos se acostumbran a estar abiertos, me acerco a donde esta el espejo, no necesito saber por donde voy con la mirada, la misma costumbre me hace llegar a donde quiero. Rápidamente me doy un baño de agua caliente y salgo con una toalla alrededor de mi cintura, me seco y me visto con una camisa roja de manga corta y un pantalón negro, que sinceramente me queda muy justo, y es que he subido de peso considerablemente. Insoportables tartas que me trago.
Tomo un jugo de naranja que siempre tomo la consideración de hacer en la noche anterior, y parto rumbo a Géminis, y no precisamente a ver a Saga, si no, a su hermano gemelo, Kanon quien el y yo tenemos un asunto pendiente el cual debemos analizar.
La caminata se me hizo mas corta al divisar el templo de mi amado, entro por la parte trasera, pensando que mi amado estaba en su habitación durmiendo placidamente, cuando me lo encuentro, acostado en el sillón, al parecer llego tarde a su casa y cansado y en lo primero que logro desplomarse fue en el sillón, eso parecía.
Me pongo a pensar, ¿en verdad tengo tanta prisa por llegar al templo de géminis? Nah, me tomare mi tiempo.
Me siento en el sillón, tomando el cuerpo de Milo y colocando su cabeza en mis piernas boca arriba, el sillón era grande, suficiente para que el cuerpo de Milo cupiera por completo en el, miro fijamente ese hermoso rostro que dormía placidamente, nunca creí tenerlo así tan pronto, pero si me lo preguntan, no, no me molesta en lo mas mínimo, por todo lo contrario, es buen momento para acariciar su tersa piel, que por cierto, estoy haciendo, no pienso pedirle permiso para hacerlo, delineo perfectamente todas aquellas facciones que me vuelven loco todo el día y en la noche no me dejan dormir, paso mi dedo índice por su nariz, por sus ojos, por su boca y… me doy cuenta de algo…. ¡¡¡Tiene fiebre!!! Su temperatura esta muy alta, considerablemente parece que arde por dentro, enciendo mi cosmo y bajo la temperatura de mi mano, la mano que tengo colocada en su frente ardiente, intento refrescarlo, pero su fiebre es demasiado alta, me pregunto, ¿Qué le paso anoche?
En eso, siento que Milo se mueve, al parecer el frío le incomodo de cierto modo, abre sus ojos lentamente, parecía que le había pesado, sus cansancio y falta de energía se le hacia mas notorio cuando intento hablarme.
- Shhhh, no hables, ni siquiera me preguntes que hago aquí, solo mantente tranquilo, voy a ayudarte -
Intente silenciarle pero al parecer quería decirme algo
- Ca… Camus…. Tengo…. Tengo una medicina… en la cómoda de la cocina, solo tráemela -
Me decía, débilmente, apenas y podía con su alma, pobre, decidí obedecerle y lentamente me levanto del asiento, colocando la cabeza de Milo en el sillón y corro a encontrar la dichosa medicina, pero solo encuentro vendas y desinflamantes, al igual que alcohol y varias medicinas que no tenían nada que ver con la fiebre que sufría Milo, corro otra vez a donde Milo y le miro desesperado
- Milo, no tienes nada contra la fiebre, ¿Qué medicina es la que quieres que te traiga? -
Toce débilmente y luego voltea a mirarme con esa mirada sufrida que tiene
- No son para mi, son para Saga, por favor, llévale las vendas -
- ¿¡Que!? – Miro incrédulo a Milo y camino hacia el - ¿Cómo se te ocurre pensar en la salud de otros si ni siquiera puedes contigo? Milo, estas ardiendo en fiebre… -
- Eso no importa -
- Claro que importa, me importa a mí y mucho -
Veo como Milo vuelve su mirar en mí, mirándome extraño y ala vez incrédulo también
- Estas loco -
Contesta y vuelve a quitar su mirada en mí
- El loco eres tú, estas viendo tu estado y no haces mas que preocuparte por el otro, por favor Milo, ¿tu crees que a Saga le va agradar saber que arriesgas tu salud a sabiendas que estas grave por solo quererle cuidar a el?, al contrario, harás que se sienta culpable -
- ¿Y eso es?… ¿Malo? -
Sonrió, Milo nunca dejara de ser sarcástico ni aunque se este muriendo, ya lo he comprobado.
- Hagamos un trato, voy a dejar las dichosas vendas a Saga, y cuando regrese, dejaras que te cuide -
- ¿Tu? ¿Cuidarme? No me fió, capaz y que me das veneno para matarme -
Sonrió y camino hacia la cocina
- Créeme, no necesito que estés enfermo para envenenarte, además, ¿envenenar a un Escorpión? ¿No te parece irónico? -
- Tienes razón, te has ganado un punto en mi tabla negra -
Veo como me sonríe débilmente y yo le respondo igual
- Solo espero poder estar un día en tu tabla blanca- Con ello tomo las vendas y me dirijo a la salida
- ¿Qué dices? – Me miras con confusión, yo me acerco nuevamente a la cocina y saco de mi bolsillo un pañuelo blanco que siempre tengo la consideración de llevar conmigo en casos de emergencia y lo mojo con agua del lavadero.
Camino hacia Milo y con el pañuelo en mano elevo mi cosmo haciendo que la temperatura del pañuelo húmedo llegue a su punto mas frío sin congelarse.
- Ten, usa esto mientras voy a dejar esto a Saga – Digo mientras coloco el pañuelo en su frente – Enseguida regreso – Con estas ultimas palabras salgo corriendo para así cumplir el mandado mas aprisa.
Mi paso acelerado provoca que llegue aprisa al templo del patriarca y así entrar hasta donde es la habitación donde Saga se esta curando.
- Es por aquí Camus, procura no hacerlo enojar, se que tu y Saga no llevan buena relación – Me indica Shion abriendo la puerta de la dichosa habitación
- Despreocúpese Patriarca, solo voy a dejarle las vendas en mano y a ver como esta- Le informo y así, entro ala habitación, encontrándomela con infinita oscuridad, lo único que la alumbraba, era la luz del sol que entraba por la ventana por donde Saga estaba acostado. Me acerco a la cama y me encuentro con un Saga despierto, quien me miraba con cierto asombro
- ¿Y ahora tu? -
- Vengo por que Milo….-
- ¿Acaso eres criado de este para hacerle los mandados o que? – Me interrumpe, hablándome en un tono un tanto socarrón y malhumorado
Fruncí el ceño y calmo mis interminables deseos de echarle todo en cara, pero doy un suspiro para controlarme y mirarlo nuevamente
- Solo le estoy haciendo un favor Saga, el pobre Milo esta muy enfermo -
- Ese no es mi problema -
- Pues no lo es, pero no es tampoco para que importe menos, total es tu amigo ¿no? -
- Claramente le dije ayer que se fuera más temprano, pero se empeño en quedarse conmigo hasta la madrugada y para colmo en esta llovió, supongo que por eso ha de estar enfermo, pero te repito, ese no es mi problema, yo no lo obligue a hacer esto -
- Pero que desconsiderado, se quedo a cuidarte, lloro por ti ayer, se preocupo por ti…. -
- Y a mí, sin interesarme – Contesta nuevamente en ese tono
Mi paciencia se esta agotando, no puedo creer que Saga fuera así de desconsiderado y descarado para colmo, aprieto mi puño para controlar la ira en mi, pero no lo consigo, aprieto los dientes, pero tampoco puedo, como quisiera que Milo em tuviera esa preocupación si algo me llegara a pasar y el que la tiene, la desperdicia con tal descaro que me hace quererlo matar a golpes en este preciso momento
- Hazme un favor y cámbiame las vendas – Dice Saga, sentándose en la cama
- No - Le contesto en mis mismas condiciones, apunto de un colapso provocado por la ira que siento
- ¿Cómo has dicho?, escúchame estoy enfermo y necesito ayuda -
- Ese no es mi problema – Alzo mi mirada, encarando a Saga – Así como a ti no te importa la seguridad de Milo a mi no me importas, y créeme, mucho menos, por mi parte, hubieras muerto -
Veo como Saga tranquilamente solo se limita a alzar una ceja, parece que no entendió bien mis palabras o más dicho los motivos de estas
- Ja, a ese niño ¿por ese niño tanto enojo? -
- Si, por ese hombre mas bien dicho, por que a pesar de ser mas pequeño que tu, ya es un hombre -
- Hay dioses Camus, es un niño, cree que es muy maduro pero es un niñito -
- Sea lo que sea no merece tu descaro -
- ¿Vas a ayudarme si o no? – Pregunta en un tono cansado, parece que no quiere hablar del asunto
A duras penas, decidí ayudarle. Me subo a la cama, sentándome detrás de Saga para quitarle las vendas desde atrás.
Con tranquilidad y en silencio, cambie las vendas de Saga, finalizando mi vendaje y suspirando
- Ya Saga, ya puedes volver a acostarte -
Veo como la mano de Saga de posa en mi muslo repentinamente y comienza a acariciármelo
- Sa….Saga, ¿Qué estas haciendo? -
- Agradeciéndote – Sonrió descaradamente y se dio la vuelta quedando enfrente de mí, yo solo mire con miedo la situación, pues viéndola ahora como esta, puedo adivinar tales intenciones de Saga, y no me gustan nada.
Sin previo aviso, atrapa mi boca en un beso y se tira sobre mí, acorralándome. Muevo mi cabeza hacia a un lado, deshaciendo el beso
- Suéltame depravado – Le grito, empujando su pecho mas no consigo que se mueva, es más fuerte que yo físicamente
Ahora besa mi cuello, sin prestar atención a mis palabras, maldición, me agarro desprevenido, si no, hubiera cerrado mis piernas con fuerza, pero le deje el camino fácil puesto que me tiene ya a su disposición y yo no puedo hacer nada.
- Saga, espera ¿Qué hay con Milo? – Le pregunto, esperando que al menos al escuchar mi pregunta tenga una oportunidad para escapar
- Ese niño no me atrae en lo mas mínimo – Se detiene y me mira a los ojos – Yo se que le gusto, pero el a mí no y si quieres saberlo, lo estoy usando -
Abro mis ojos de par en par, incrédulo a lo que oigo, nunca creí a Saga de tal bajeza, pero la sangre me hierve como si fuera la lava de un volcán, no puedo creerlo, yo que quiero tanto a Milo, me desvivo por su amor y no lo tengo por que este ama a Saga y este, que tiene el amor que yo quiero, el amor tan puro e inocente que tanto deseo tener, lo usa, lo mata, este que envidio por tener lo que mas anhelo en este mundo, lo desperdicia como si fuera una basura
- ¿Por qué? – Pregunto a duras penas, controlando la ira en mí
- Por que por si no lo sabes, es hijo de un poderoso hombre con dinero y fue el antiguo caballero de Escorpión, un hombre con todo eso a favor no tiene que ser desperdiciado, pero Milo, ja, ¿Cómo puede interesarme un niño tan infantil y absurdo como el? Ni siquiera me atrae físicamente -
Eso fue irreparable, la ira en mi es desatada y mi poderoso cosmo alumbra toda la habitación, congelando los brazos de Saga y con la fuerza que los dioses me dieron, pateo sus intimidades haciendo que este caiga aun lado de la cama retorciéndose de dolor, me levanto de esta y le miro con furia.
- Ahora escúchame bien baboso, Milo no es un juguete, mucho menos, una basura para que lo trates así, no mereces el cariño que el te tiene, no, mas que eso, no mereces ni que sepa cual es tu nombre maldito, nada, nada merece de ti y te informo desde ahorita, yo lo amo, yo si lo amo y no estoy dispuesto a verlo sufrir por ti, una basura cualquiera – Camino hacia la puerta – Y una cosa mas, ni se te ocurra acercarte a el mas, por que entonces sentirás lo que es mi ira -
Salgo de la habitación, azotando la puerta detrás de mi, iba con la furia desbordante por todos lados cuando en eso, aun lado de donde salí, oí un pequeño sollozo que me hizo voltear a ver, era Milo, agachado, estaba llorando y sus mejillas estaban mas sonrojadas que antes.
- Milo – Le hablo con suavidad y me acerco a el
Este se levanta y se acerca a mí mas rápido, dejándose caer en mis brazos
- Ca…Camus, dime que lo que oí haya adentro es mentira, todo es mentira ¿verdad? -
Un dolor punzante inunda mi pecho, Milo había escuchado la situación y tratar de mentirle era algo completamente imposible, pero también era algo que ni yo mismo podría soportar decirle.
- Milo…. Yo…. -
- Camus – Susurro Milo y tomo mi cara entre sus manos, dándome un tierno beso que es imposible de creer para mí.
Nunca antes hubiera creído, que besar los labios de Milo, fuera como besar un pedazo de algodón, tan suaves, tan delgados, tan puros, tan suyos, sus labios, esos eran sus labios, su beso, aun que tan tímido, era tan apasionado, y era a su forma.
Olvidando la impresión, correspondo su beso con un poco mas de confianza y con mas pasión, rodeando con un brazo la cintura de Milo y con la otra, tomo una de sus muñecas y las hago a un lado, quitando su mano de mi cara, no por que me molestara, si no por que quería sentir el contacto de su mano con la mía, un contacto que anhelaba desde hace mucho, no tanto como este beso, pero si era necesario comprobarlo para mi, y era sensacional, todo lo que esta pasando ahora, es sensacional.
El beso se vio terminado, cuando Milo se separo de mí lentamente y con su mano libre que aun estaba en mi cara, acaricio mi rostro por completo con ternura, yo solo me dedique a mirarlo
- ¿Por qué no me lo habías dicho esto antes Camus? -
La pregunta me hizo bajar la mirada, por pena quizás, mis manos sujetaban las de Milo delicadamente, precisamente, era Milo quien apretaba el agarre, pues si no fuera así, el contacto entre sus manos y las mías hubiesen acabado.
- Yo…. -
- Shhhh, no era algo para responder – Decía Milo, silenciándome y posando su dedo índice sobre mis labios – Tonto que fui, al no darme cuenta antes ¿verdad? -
Su sonrisa me pareció algo débil, dude en responder, es mas, dude siquiera en hablarle, a pesar de todo no sabia que decir o hacer, solo me limite a suspirar.
En eso Milo cerro los ojos dejándose caer, rápidamente reacciono y detengo su caída antes de llegar al suelo; coloco una de mis manos en su frente y compruebo mis sospechas, su fiebre no ah bajado nada, es mas, podía decir que ah aumentado considerablemente, sinceramente estaba ardiendo.
- Je, perdóname, me caí – Dijo Milo intentando aparentar lo obvio
- Caerte ni que ocho cuartos, estas ardiendo en fiebre hombre, ¿Cómo se te ocurre pararte del sillón, incluso venir hasta acá solo en esas condiciones? Milo ¿Eres loco o te pica? – Parece que ni el tono en que lo dije hizo que Milo se reprimiera, pues comenzó a reírse como si hubiera dicho algo gracioso, y creo que de hecho lo hice.
- No vine solo – Dice débilmente y en seguida, su cuerpo se desploma completamente sobre mis brazos, puedo notarlo, ha caído desmayado.
- Es cierto lo que dijo Milo – Oigo una voz pronunciando dichas palabras y volteo a ver a la entrada, desde la lejanía podía apreciar a Kanon, quien se acercaba a mí, sonriéndome.
- Kanon, ¿tu trajiste a Milo hasta acá? -
- Era de vida o muerte – Me responde y yo alzo una ceja
- ¿Cómo así? – En eso abro mis ojos de par en par al ver como Kanon se arrodillaba dándome la espalda y haciendo círculos en el suelo con su dedo índice como niño chiquito, por su estado de animo podía apreciar el aura azul a su alrededor
- T.T Me obligo horriblemente, me dijo que si no lo llevaba hasta acá iba a darme otra vez con sus agujas escarlatas y no quero – Dice en tono chiquion
- ù.ú Increíblemente, a veces no me creo que seas mayor que yo -
- T.T Si, lo dices por que no ves la cara amenazante de Milo cuando quiere algo -
Hago truco de cabeza gigante
- òOó ¡¡¡ERES UN MALDITO COYON ESO ES LO QUE ERES!!! -
- Haaaaaay no me grites, respeta a tus mayores niño -
- Ja –Levanto a Milo en brazos y camino a la salida - Hazme un favor y ve a la farmacia por un supositorio -
- Para Milo ¿Verdad? -
- ¬.¬ No, para ti, por coyon -
- T.T -
- Si, es para Milo, ve de una vez, el supositorio es el único medio que puedo usar para bajar su temperatura – Miro con seriedad el rostro enrojecido de Milo, pobre, puedo ver como hasta en sueños esta sufriendo
- Pero Camus – Volteo a ver a Kanon que se acerco a mí con cara pervertida, sonriéndome de una forma que me dio hasta miedo – Por que no bajas tú la temperatura de tu propio cuerpo y le metes a Milo tu propio supositorio natural ¿eh? – Mueve sus cejas picaronamente y yo, bueno, solo puedo mirar con asco a Kanon por pensar tales cosas, incluso puedo apostar que en este preciso momento mi cara se a tornado azul del asco que siento.
- ù.úx ¡¡¡Eres un depravado!!! – Sin esperar a más, doy tremendo puñetazo en la cara de Kanon mandándolo a volar lejos
- AHHHHHHH PERO NO TENIAS POR QUE PONERTE ASI – Grita levantándose con la cara morada del golpe que le di
Lo miro fríamente sin pronunciar palabra, cosa que interpreto Kanon enseguida y se levanto rápidamente corriendo hacia la salida.
- Ok, ok, ya voy por el supositorio, los alcanzo en Escorpión -
Lo veo correr escaleras abajo y sonrió, nunca hubiera pensado que Kanon me simpatizara tanto, a pesar de ser tan pervertido y tonto, volteo a ver a Milo, sigue inconsciente y su temperatura aumenta, esta sudando, eso es mala señal, Milo es el único en el santuario que puede soportar hasta el día mas caluroso de todos, incluso, mete las manos al fuego sin sentir dolor, Milo es un maestro del fuego y me sorprende que una calentura normal lo desmorone de esta manera, solo me hace pensar que esta fiebre no es normal, pero eso no importa, camino cargando en brazos a Milo hasta Escorpión, esperando que nada malo pase….. Por ahora
Continuara………….
