Yvoni

Antecedentes

ATENCIÓN: ALTO CONTENIDO SEXUAL.

Yvoni (raza Hamadryade), es un personaje antagonista del episodio 9 (únicamente aparece en ese episodio), que sí bien no catalogaría como el más cruel y vil que ha sido creado, me ha gustado y siento que no se le abordó lo suficiente. Por eso vengo a plantear una hipótesis de quien fue ella antes de dicho episodio.

Nota: Debo decir que es la primera vez que hago algo tan sugerente, si bien no raya en lo lemon si tiene un tinte sexual. Espero que no haya quedado muy cutre, pues no es nada mi fuerte, pero me atreví a anexarlo porque sentí que quedaba. Tenía bastantes ganas de abordar a este personaje y aunque estoy en exámenes le dediqué tiempo, tal vez por eso quedé medio acelerado, errado y con demasiados "habías", "sentías" "y" o parecidos, así que disculpen (sépase que si lo corregí y revise).

Próximo personaje: Valkyon.

P.D. En mi perfil existe un fic de Nevra llamado super creativamente: El mundo de Eldarya y un fic de CDM de suspenso nombrado: El lado obscuro de corazón de melón (que creativa soy para los títulos ¿no?). Les invito a echarle un vistazo.

Yvoni

Antecedentes

Cuando Eldarya fue creado en un intento desesperado por los Faerys para salvaguardarse, muchas especies de ellos emigraron como última apuesta para vivir, para sobrevivir a la maldad humana que amenazaba con extinguirlos.

Entre aquella multitud racial se hallaba una especie prácticamente extinta, pero que por su peculiaridad se encontraba encadenada a la faz terrenal; se trataba de las Hamadryades, una especie mágica cuya vida dependía de un árbol. Abandonar tal objeto significaba morir.

El dilema fue planteado por la ecléctica comunidad mágica que compuesta por singulares miembros crearon un mecanismo que les permitiera viajar con tan voluptuoso equipaje.

En un hechizo masivo, las hamadryades se fusionaron con su respectivo árbol para convertirse en diminutas y ligeras semillas de dientes de león que se levantaron de la tierra para surcar el cielo y llegar hasta un lugar que auguraba una vida pacífica. Entre aquella nube blanquecina que pasó como un evento llamativo o simplemente un efecto de florecimiento para los pocos ojos humanos que se percataron, se hallaban dos singulares dientes, muy pegados, muy juntos. Tan unidos que ni cuando pasaron una fuerte inclemencia meteorológica que disolvió parte del tumulto blanquecino, se vieron separados.

Aquellas semillas naufragaron por días, cogidas fuertemente de la mano, hasta que se posaron en un círculo de champiñones que las abdujo en un destello enceguecedor. Cuando abrieron sus parpados su entorno era otro, se encontraban en otro bosque abisalmente diferente del que hasta unos segundos las albergaba. Nada era igual, la maleza, el pasto, hasta la ráfaga de aire que tomaron para alzar nuevamente el vuelo y continuar su viaje había cambiado.

Surcaron el cielo una horas más, sobrevolando un inmenso bosque que escudriñaron hasta encontrar un hueco que anunciaba su corazón y, aunque desconocían aquel dato irrelevante iniciaron un descenso suave y bailante.

Unas manitas fuertemente aprensadas que sobresalían de aquellas semillas de desigual tamaño iniciaron una dura separación que inquietó a la más pequeña que a sollozos y regañadientes fue soltada por la mayor que aunque compungida realizó la debida acción.

Separadas por unos metros al aterrizar en una superficie verdosa, se hundieron en ella varios metros bajo tierra, para germinar con sus respectivos árboles que al tacto de la tierra y al sentir el ambiente adecuado emergieron rebosantes, frondosos, sanos, tras los que posteriormente aparecieron dos bellas hamadryades de distantes edades. La primera de notable avanzada edad, con varios surcos enmaderados que recorrían su rostro y cuerpo como bellas marcas que rememoraban las vicisitudes en su vida terrenal. La segunda era aún muy pequeña de edad y estatura, tenía una apariencia no mayor a una niña humana de seis años, su complexión delicada asemejaba un retoño de flor, poseía una frondosa cabellera que se constituía por hojas y de cuyo mismo material se basaba su ropa.

—Tranquila Yvoni— su abuela abrió los brazos para recibir a la pequeña que sin dudar se lanzó a ellos en sollozos—Yo me quedaré contigo. Yo estaré contigo—

—¿Siempre?— le miró con sus pueriles, grandes y almendrados e intensos verdes ojos de diversos matices del mismo tono que acrecentaban su bella singularidad.

—Siempre te querré— le acarició su mejilla y le devolvió la misma hermosa mirada que le había heredado a su querida nieta.

Yvoni se afianzó más a si abuela, era lo único que le quedaba. Levantó su rostro al cielo e imaginó como el resto de su tribu aún surcaba los cielos.

Los años pasaron e Yvoni se convirtió en una hermosa e inquieta hamadryade, que enseñada por su abuela siempre ayudaba los familiares perdidos, árboles lastimados y viajeros desorientados u heridos, aunque esto último con ciertas reservas, pues al únicamente intimar con su abuela, se había formado una personalidad tímida.

Para fortuna de ella, no era usual ver a alguien que requiriera auxilio merodear en las profundidades del bosque, los pocos que lo hacían eran los miembros del Cuartel General que se había levantado a varios Kilómetros de donde su árboles se plantaban. Era un grupo selecto de fuertes individuos de diferentes especies que se encargaban de cuidar Eldarya, por tanto estaban acostumbrados a andar en territorios inhóspitos y peligrosos, cosa muy opuesta al pacifico bosque en el que radicaban, además eran fuertes en muchas formas, poseían magia, músculos e inteligencia, era más factible que ellas fueran las que necesitasen apoyo.

Pocas veces interactuó con alguno de ellos, y siempre lo hacía con ayuda de su abuela, quien era la encargada de ayudarles a encontrar raros ingredientes. Algunas veces la anciana también brindaba la dirección del C.G. cuando se trataba de un nuevo recluta o un extranjero que buscaba asilo y sobre todo socorría a miembros que llegaban heridos de alguna misión. En este último caso, ella fungía como auxiliar y aprendiz, mientras que su abuela se encargaba de los cuidados que requirieran interacción personal, hasta que el individuo se curaba y podía partir.

Eran las curanderas de un tranquilo bosque que parecía divertirse con montones de hiedra venenosa, desniveles que ocasionaban algunas patas esguinzadas o en caso graves leves fracturas y ligeras intoxicaciones por familiares excesivamente curiosos y glotones. Vivían una existencia alegre, tranquila, algo muy opuesto a las dolorosas anécdotas que su abuela le relataba de la tierra, historias de las que ella apenas tenía memoria.

—Abuela…— la llamó Yvoni una despejada, estrellada y típica noche en la que la joven hamadriade admiraba tendida sobre el pasto el cosmos— ¿Crees qué el cielo de la tierra sea el mismo? Tan despejado, nítido o estará turbio y lluvioso—

La anciana se acercó, amorosamente acarició la cabellera de su nieta. La contempló unos segundos, retiró varios mechones de hojas para poder admirarla mejor.

—El clima es igual de variado que aquí. Tal vez se halle lluvioso o tal vez esté árido— agregó al tiempo que se sentaba su lado y le acompañaba en su pasatiempo.

Pasaron un buen tiempo en aquella posición, por lo menos hasta que el sueño aquejó a la mayor y decidió regresar al interior de su árbol a dormir. Yvoni le deseó una buena noche, le apetecería disfrutar un poco más de tan agradable paisaje. Quería ver si por fin podía resistir despierta hasta el amanecer, ya llevaba meses planteándose el reto pero siempre sucumbía a las horas. Aunque aquella noche soportó un lapso más extendido , al final decidió imitar a su abuela.

Un sueño placido la envolvió en el seno de su árbol, un descanso que fue interrumpido por un súbito grito que la arrancó de su letargo y la incorporó a la realidad con la sensación de estar a punto de padecer un paro cardiaco.

—Abuelita…— clamó sudorosa tras un dolorido grito que pudo reconocer aún en su somnolencia. Se fue de bruces por la desesperación de salir tan rápido de las entrañas de su hogar.

El aire frío le abofeteó la cara, el cielo estaba enturbiado y la temperatura había descendido alarmantemente, sus pies descalzos le advertían de la escarcha que comenzaba a formarse. Ignoró los oscos estímulos y se acercó al árbol de su abuela que alumbrado por la luz de la luna que apenas alcanzaba a filtrarse entre el cumulo de nubes, había adquirido un aspecto decadente y tétrico.

—¡Abuelita!— la llamó angustiada al ver como la anciana salía dificultosamente del interior de su estropeada morada—¿Qué te ha sucedido? — se abalanzó para atraparla, su estado era lamentable, no podía permanecer en pie.

La mantuvo estrechada, pegada su cuerpo para que no se congelara con tal inclemencia. Palpó la madera del muy enfermo árbol y se alarmó al percibir como su mínimo tacto había ocasionado que un gran chacho de corteza se despegase.

—Calma mi niña— susurró la anciana al percibir el espanto de su nieta—No es tu culpa, es la tierra que reclama mi cuerpo— explicó con sus parpados cerrados—Deberás ser fuerte Yvoni, muy fuerte, no puedo permanecer más a tu lado…— con un gran esfuerzo abrió sus ojos y le mostro una ínfimamente amorosa mirada que se enturbió por una traicionera lagrima.

—Iré por plantas, realizaré todo lo que me has enseñado— Lloriqueaba desesperada Yvoni que se negaba a aceptar lo venidero. La abuela simplemente negó dolida aquel tierno e inocente gesto.

—No pequeña, es mi hora, esta tierra está enfermando y yo soy la prueba— contempló su derruido árbol. Le dolía dejar a la nieta que tanto amaba, a la que cuidó como a una hija más.

—No, abuelita…— suplicó Yvoni entre sollozos—no puedes dejarme, no puedes irte. Resiste, por favor, te lo suplico, no me dejes…—

—Te amo mi pequeña…— soltó al aire la oración y comenzó a desintegrase en sus brazos de su nieta al igual que lo hacia su árbol tras de ambas Hamadriades.

Yvoni clamó y rogó porque cesara todo, porque fuera una cruda pesadilla. Imploró al oráculo, a la muerte que no se llevara a su abuela, a lo único que tenía en vida. Permaneció hincada admirando sus manos ennegrecidas por las cenizas de su ser querido hasta después del amanecer. No reaccionó hasta que los rayos del sol comenzaron a marchitar su fina piel.

Con una gran delicadeza colocó los restos junto al tumulto grisáceo, se alejó y pronunció una oración en señal de homenaje propio de su tribu que en cuanto terminó fue precedida por una ráfaga de aire que elevó lo que le quedaba terrenalmente de su querida cuidadora.

Abrazándose a sí misma hecho una ojeada al zozobrante bosque que no solo parecía estar de luto, si no también haber sido víctima de una devastación tan terrible que se había llevado abuelas, incalculables vidas y toda la esperanza. Dimitió a su desconsuelo en memoria de su valiente abuela y regresó a su árbol para descansar, podía sentir el sufrimiento del bosque, el pesar de más de un familiar que sobrepasaba su rango de libertad. Estaba atada de manos, omitió las sensaciones, al fin y al cabo ya habría más seres a los que ayudar, por los cuales sí podría velar.

Los siguientes años se las apañó cuidando y salvando familiares perdidos, más de una vez cuidó en la inconciencia a diversos miembros del C.G. que llegaban moribundos. Los amparaba hasta que alguien procedente de dicho lugar llegaba a socórreles. Revindicaba niños perdidos y regresaba huevos a las hembras familiares que histéricas y muy frecuentemente lastimadas por seres malignos les buscaban. Más de una ocasión se encargó de hacer eclosionar a huevos huérfanos y brindarles cuidados después de su nacimiento hasta que fuesen lo suficientemente fuertes para sobrevivir por si solos.

Contado lo anterior, sobra decir que Yvoni se convirtió en la heroína anónima bosque.

Fue una mañana rutinaria en la que paseaba cuando un quejido le sobresaltó, asustada y con el corazón latiéndole frenéticamente se acercó cauta a una pequeña pendiente. Se asomó sigilosamente por uno de los árboles e hizo emerger un par de lianas, pues las malas experiencias le habían enseñado a prever. En aquellos tiempos obscuros los perros negros, basiliscos, demonios y demás seres infernales vagaban descaradamente por los bosques.

Se asomó un poco más por el árbol y distinguió un montonal de hojas cobrizas cubrir a una masa con forma humanoide. Dubitativa alargó sus lianas y dejó a la intemperie a un atlético hombre que cubría su cuerpo en su totalidad con una armadura negra, de las cual sobresalían algunos detalles rojizos.

Temerosa palpó a todo el aletargado hombre con sus ramificaciones en busca de un punto descubierto que le permitiera calar el pulso, sin embargo se encontró con que hasta su rostro estaba oculto. Envuelta por la curiosidad salió de su escondite y se acuclilló al lado del enmascarado. Sucumbiendo a la intriga y su moral que le advertía acerca de lo incorrecto de violar la privacidad de un desconocido, retiró la máscara y se encontró con el atractivo y grisáceo rostro de un elfo obscuro.

Quedó embelesada con su belleza, nunca había tenido la oportunidad de tener a un ser como ese tan de cerca. Al ser seres subterráneos y nocturnos, era casi imposible que su horario diurno y hábitat ben iluminada les hiciese coincidir.

El respirar turbado del hombre le dio una bofetada a su atención que de inmediato redirigió al estado de salud de aquel atractivo elfo. Acarició con su delicada mano su ardiente frente y sus labios secos que sugerían una muy fuerte infección, que si no le atendía prontamente le llevaría a la muerte. Aquella idea fatídica rememoró la muerte de su abuela. Estremecida se levantó con la convicción de no presenciar un deceso más, limpió sus lágrimas y con sus lianas cargó al hombre.

Pasaron las horas y el desenmascarado despertó de su casi eterno síncope. Yvoni le miró con una amplia sonrisa cargada de satisfacción, por fin las diferentes hiervas y amasijos que había preparado se habían dignado a surtir efecto.

—Tranquilo…— le sostuvo cuidadosamente de los hombros al presenciar un intento torpe por recobrarse e irse—Estás débil para partir…—

—Agua…— fue la contestación torpe que emitió.

Yvoni acercó a sus labios una gran hoja cóncava llena de tan transparente y refrescante líquido que fue bien recibido. Rellenó la hoja varias veces hasta que sació la ferviente sed del semidesnudo hombre, al cual había tenido que despojar de casi toda su ropa para equilibrar su temperatura.

— ¿Quién eres tú? — Cuestionó malhumorado el enfermo—¿Qué me has hecho? — señaló ofendido su semidesnudez.

Ante aquello Yvoni palideció unos segundos que fueron compensados con un muy llamativo sonrojo. Después de contemplar una obscura y dura mirada titubeó su nombre, para finalizar con una lacónica explicación sobre cómo y en que severas condiciones le había hallado.

—Tuve que desvestirte. Era urgente bajar tu fiebre, las medicinas no funcionaban— expuso apenada.

Ashkore — dijo después de varios minutos en los que dubitativo, parecía digerir la explicación. Aquella palabra mostró una voz que la hamdriade catalogó como el sonido más sensual que jamás había escuchado.

—¿Qué? — musitó con su delicada y aflautada voz.

—Soy Ashkore— explicó el enmascarado—Me llamó Ashkore— añadió nuevamente para asegurarse de que la hermosa pero pueril joven comprendiera.

—Lo siento— sus ojos verdes se abrieron de sobremanera y parpadearon rápidamente, el sonrojo ya intenso y exagerado se acrecentó imposiblemente más.

—Soy yo el que se disculpa— su dura expresión se suavizó repentinamente, su carácter hostil decreció—Me has salvado y a cambio te devuelvo un trato mezquino— Aquel cambio radical asombró a la hamadriade que de inmediato se apresuró a menguar la culpa que en el rostro del guapo hombre se comenzaba a esbozar.

—No importa, la verdad es que nunca había hablado con otro antropomorfo. Solo trato con plantas y familiares—explicó.

—¿Jamás has interactuado con un ser de tu misma inteligencia?— le miró azorado el grisáceo elfo.

—Bueno…— Yvoni agachó la cabeza y desvió la vista con tristeza a sus manos —Solo con mi abuelita…—

—Ella…— adivinó el resto de la historia, la muerte se había vuelto una constante.

—Murió— finalizó con un trago amargo de saliva—La misma noche que el bosque enfermó— sus ojos verdes se inundaron de lágrimas, se cubrió la cara e intentó amortiguar su llanto, sin embargo el elfo la atrajo hacía sí y la rodeo en un protector abrazo que quebró su actuada fortaleza.

—Sácalo— le acarició la cabellera como su abuela lo hizo una vez en vida—Todo pasará Yvoni, yo te cuidaré— la joven se aferró a su cuerpo ante aquellas palabras.

—No debes…No te he ayudado esperando algo a cambio…— el hombre la alejó, selló con su dedo índice sus carnosos labios, mientras la contemplaba con intensidad.

—Es una promesa— sus ojos destellaban— He venido a unirme a la Guardia de la Luz para proteger a Eldarya de toda esta devastación. Tú salvaste mi propósito, mi sueño y mi vida. Es lo menos que puedo hacer…— Yvoni le observó con los ojos húmedos y reflejantes de confusión— estás sola y desprotegida, pero aún así ayudas a otros desinteresadamente. Eres la luz que se necesita en las tinieblas que nos ahogan hoy día—

Aquellas palabras conmovieron a Yvoni, que sonriente y feliz por primera vez en mucho tiempo, permitió que se acercaran, que la conocieran, que la estimaran. Dejó que el desconocido le acurrucara nuevamente entre sus brazos. Calidez y seguridad fue lo que sintió, por fin pudo referir algo más que soledad.

Durante un par de días el elfo se recibió su devoto cuidado, esperando recobrar sus fuerzas para poder reanudar su marcha. Finalmente el triste día llegó, Yvoni volvería a estar sola, no valió la insistente promesa de regresar por ella.

Le fue a despedir hasta donde la conexión simbiótica de su árbol le permitía llegar.

—No puedo ir más allá— la joven se abrazó a sí misma con una tremenda frustración que nunca le aquejó en antaño. Por primera vez se sintió como una esclava, cautiva, encadenada a su vital árbol. Se dio cuenta del engaño en el que había vivido; ella nunca había sido libre.

—Lo comprendo—el apuesto elfo le tomó el mentón—Te debo mi vida— El elfo clavó sus azabaches ojos en Yvoni. Aquellas acciones habían despertado un sentimiento que nunca había conocido, habían desencadenado una serie de sensaciones desconocidas, percibía efectos fisiológicos a una magnitud muy por encima de las veces que ya los había experimentado.

Permaneció estupefacta con los músculos de todo su cuerpo tensados, de tal manera que ni la musculatura de la cara y menos de la quijada obedecían sus indicaciones. En aquel estado petrificado contempló como el hombre que acaba de conocer se marchaba.

Conforme la distancia se incrementaba entre ambos, una desolación casi tan grande como la que su abuela había dejado comenzaba a sustituir los antes inocuos pero pasionales sentires. Su corazón se desaceleró para dar paso a latidos bruscos y lentos, un hueco tan grande como el que formó la muerte de su cuidadora se repitió, las mismas brutas nauseas que precedieron su luto regresaron. Cabizbaja regresó a su morada y se resguardó en ella, esperando que el mundo de los sueños disipara su turbación.

Los siguientes días no recibió noticias de aquel reciente amigo, tal vez era una precipitación llamarlo de esa forma, pero es que recordarlo y nombrarlo como un "conocido" le sabía muy indiferente. El haberle conocido había acentuado su soledad, hecho que le replanteó su forma de vivir y que incluso muchas veces su abuela le había cuestionado. Tal vez era momento de que interactuara con algo más que plantas y familiares, que conociera un ser como ella, algo más humanoide.

Vagaba por el bosque sin rumbo o planes, solo repasaba la idea de socialización, cuando un par de seres como los que segundos antes había referenciado en su mente se posaron en su radar. Escondida entre la maleza esperó a que se acercaran; un hombre lobo y una brownie caminaban examinando todo a su al redor. Probablemente buscaban algo, algo que ella podría ayudarles a encontrar.

Se armó de valor, contuvo el aire y extendió el primer pero más difícil paso que en su vida se había atrevido a dar. Un hormigueo se extendió conforme salía de la maleza que encubría su presencia, y que al parecer se negó a dejarle que se mostrara pues terminó nuevamente en su cobijo.

Un "Shuu" fue proferido por el mismo ser que se encargaba de cubrir su boca y mantenerle cautiva.

—No son de fiar— susurró aquella entrañable voz que robó su atención durante días. Cuando la fuerza opresora disminuyó se giró.

—Ashkore— nombró con el mismo sigilo, con una sonrisa de oreja a oreja.

El elfo vestía el mismo traje que el día que le conoció, hasta la máscara estaba en su rostro. Verle con aquel accesorio decepcionó a Yvoni, pues anhelaba ver su rostro, la expresión encubierta que muy seguramente consistiría en una resplandeciente sonrisa.

El enmascarado alejó a la Hamadryade de aquel par perteneciente al cuartel general, la introdujo al centro del bosque, donde el mítico árbol y corazón de Yvoni de alojaba.

— ¿Qué sucede? — preguntó la joven confundida por el extenso silencio. Poco conocía al elfo, sin embargo los días que le cuidó pudo percatarse de una personalidad no tan frígida e incluso comunicativa, pues nunca se reusó a contestar sus intermítales interrogaciones acerca del resto del mundo al que ella estaba negada.

—Hay traidores en el Cuartel General— soltó.

Yvoni retrocedió pensativa, rememoró los rostros de aquellos deambulantes que de apariencia amenazante tenían poco.

—Me cuesta creerlo— añadió Ashkore a la par que se retiraba la máscara para mostrar su franqueza— El C.G. Guarda un cristal poderoso. Ese objeto es el encargado de nuestra sobrevivencia. Verás, hace algunos años, fue hurtado. Ese acto provocó la decadencia del bosque, miles de muertes entre las que me atrevo a asegurar se incluye la de tu abuela—

Su atenta interlocutora retrocedió conmocionada, digería las palabras y el significado de ellas. Si todo era verídico, su abuela había sido asesinada junto con muchos otros seres.

— ¿Fueron ellos? — respondió con enojo después de mucho.

—No—

— ¿Entonces? ¿Por qué no me dejaste acercarme? —

—Porque no estoy ni cercas de conocer la verdadera identidad del culpable. Sé que hay varios traidores, de naturaleza poderosa, desalmada…—

— ¿Sospechas de ellos? — le interrumpió la joven con impaciencia.

—Sospecho de todos. Podría ser cualquiera, incluso ellos— Ashkore la tomó por los brazos, sus ojos se fijaron en los suyos— Yvoni, prométeme que te alejarás de cualquier persona que veas, por lo menos hasta que yo indague más. No hables, no interactúes con nadie que no sea yo—

Su mirada resplandecía genuina preocupación, indudablemente decía la verdad. Se preocupaba por ella, agradecía aquel sincero y desinteresado gesto.

—Seré precavida— accedió, pues al final de cuentas, ella no conocía a nadie. Reconocía su exagerada ingenuidad, sabía que aquella característica le volvía vulnerable, sobretodo en un mundo que jamás sería capaz de recorrer y con el que nunca interactuó.

Las semanas pasaron, semanas que se volvieron gratas por las continuas vistas de Ashkore al que cada vez cogía más cariño. Aquello desarrollaba extraños sentimientos que le hacían actuar con extrañeza; se ponía nerviosa, las manos le sudaban, su lengua se atrofiaba de tal manera que no podía emitir palabras concisas e incluso tartamudeaba, su piel se sonrojaba y aumentaba su temperatura, lo más alarmante es que su nuevo amigo parecía haberse tatuado en su cerebro, pues era la única cosa en la que podía pensar.

—Creo que estoy enferma— confesó en una visita—Desde hace mucho que siento el estómago revuelto—

— ¿Qué más sientes? Tal vez conozca tu padecimiento o pueda asesorarme con un amigo alquimista— La joven detalló cada afección con ingenuidad, Ashkore dedujo de inmediato y expresó con una sonrisa galante— Se llama enamoramiento, ¿Quién es el afortunado?—

Yvoni enmudeció, recordó lo que su abuela le había enseñado acerca del tema y todo lo que este conllevaba.

—Debo irme— concluyó y se escondió en su árbol para meditar lo descubierto. Era evidente para quien iba tan desbocado sentimiento, ahora solo la afligía una incógnita; ¿Ashkore sentiría lo mismo por ella?.

Meses pasaron tras los que aquel descubrimiento acentuó su autenticidad. Su enamoramiento crecía con cada gesto lindo que el elfo tenía hacía ella, le fascinaba la sinceridad que siempre reflejaba al contestar cada pregunta por muy insulsa o entrometida que fuese.

—¿Por qué siempre usas mascara— fue una de las tantas que Yvoni lanzó, le parecía curioso su vestir, pues todos los miembros que había visto siembre enseñaban su rostro.

—Porque soy miembro de la guardia sobra, es una característica el ser tan reservado—

—Pero jamás he visto a nadie que se afane tanto en guardar su identidad. Además son tus compañeros— refutó ágilmente la joven.

— ¿Estas segura qué ya has visto a alguien de mi sector? — La hamadryade negó con la cabeza y reconoció su desconocimiento— Además ya sabrás que mi raza prefiere la obscuridad— anexó una segunda buena razón que debilitó cualquier pugna que Yvoni pudiera utilizar.

—Es raro solo hablar contigo— soltó tras el silencio que dejó su pregunta—Me agrada tu compañía— se adelantó al cuestionamiento del elfo— me ha hecho darme cuenta que quiero conocer más personas, más este mundo…— se mordió el labio y desvió la mirada—Aunque sé que esto último no es posible…—

—Ya harás ambas cosas. Te lo puedo asegurar— Auguró Ashkore con una sequedad impropia.

— ¿Ambas? Sabes muy bien que mi condición no me lo permite— Yvoni le veía sorprendida a causa del tono brusco que había adquirido.

—Confía en mí— sentenció con una gran seguridad que confundió a la hamadryade casi tanto como el beso que tras acabar aquellas palabras le robó. La joven permaneció apresada en sus brazos, moviendo sus labios bajo el mandato de Ashkore quien no la liberó hasta que la joven necesitó respirar— Es una afirmación, no una promesa— finalizó dejándola inmóvil, con el corazón palpitante y la cara enrojecida.

Los siguientes días Ashkore no se plantó a darle una explicación por tan repentina acción. La joven le buscaba frustrada por el bosque, deseaba ir al C.G. para enfrentarle, incluso se atrevió negligentemente a sobrepasar el límite de la conexión con su árbol, provocándose casi la muerte. Afortunadamente alcanzó a retroceder lo suficiente para salvaguardar su vida. En cuanto su piel comenzó a cuartearse por una especie de resequedad y su energía la abandonaba no dudo en dar marcha atrás a tan irresponsable decisión. Se recriminó por exponerse por tal nimiedad, muy seguramente se trataba de algún patán de los que le advirtió su abuela en alguna momento de su adolescencia.

Decepcionada y con el atardecer cayendo cesó su infructuosa búsqueda. Tal era su molestia que no se percató del extraño movimiento que merodeaba el bosque, no fue hasta que la obscuridad le ganó y le permitió percibir el peculiar movimiento. Una antorcha se había encendido y se dirigía hacia ella, temerosa retrocedió esperando no ser descubierta.

—Alto ahí— le advirtieron.

Yvoni asustada inició una rápida huida que fue frustrada con un enorme hombre lobo interponiéndose en su sendero.

—Es solo una hamadriade— rugió el ser.

— ¿No piensa comerme? — increpó asustada la aludida.

— ¿Por qué habría de hacerlo? — el ser la miró sorprendido— Soy miembro de la guardia de la Anguila, ella es mi compañera— señaló a una brownie que se acercaba con una antorcha.

—Vigilamos los alrededores, ha habido desapariciones de niños— informó la mujer que la escrudiñaba con evidente desconfianza— ¿Habrás visto algo? — Yvoni negó amedrentada.

—Nunca te habíamos visto por aquí— increpó súbitamente el gran hombre lobo.

—He vivido siempre aquí con mi abuela— informó pesarosa al percatarse de que aún la mantenía con vida en sus enunciados—En el centro del bosque—

—Ya había escuchado de un par de hamadriades habitando el cuadrante. No parece peligrosa— informó la brownie con tal gesto que el lobo de igual manera se relajó.

—Le pediré que regrese a su árbol, han ocurrido asesinatos cerca de este perímetro por las noches —

— ¿Qué? — Yvoni enmudeció aterrada, ella no se había percatado de alguna atrocidad. Si bien existía cierta tensión en el bosque desde hacía un tiempo, no imaginó una causa tan atroz.

— Una cosa más— el lobo interrumpió nuevamente su apurado andar — ¿Ha visto a algún extraño merodeando?—

— ¿Extraño? — instantáneamente Yvoni recordó a Ashkore y reconoció a aquel par con el que meses antes había intentado hablar— No he hablado con nadie en años—

— Tal vez le haya visto, es un hombre enmascarado que viste una armadura negra. Nos ha dado bastantes problemas, es muy peligroso— describió la brownie. Yvoni respondió con un enjundioso negar de cabeza.

Parecieron creerle pues no le retuvieron. Corrió hasta su morada y aceleró su camino cuando un estrepitoso grito y un chillido resonaron en la negrura de la ya caída noche. Imaginó a un ser endemoniado devorando a aquel desdichado par, saciando su hambre con su sangre, que muy seguramente no quedaría satisfecha e iría en su caza.

Cuando salió de la espesa maleza y vislumbró su árbol extendió su brazo, creando una abertura luminosa en la cual se introdujo rápidamente. Permaneció expectante a cualquier sonido, no escucho más gritos, muy seguramente ya estaban muertos.

Pasó horas en un tenso silencio que se amplificó cuando las raíces de su árbol distribuidas en un amplio perímetro bajo suelo le advirtieron de un caminar.

—Yvoni— aquel llamado le alivió: "No es el monstruo" pensó agradecida y salió a la intemperie para encontrase con Ashkore al que recibió con un abrazo.

— ¿Dónde has estado? ¿Estás bien? ¿Ha pasado algo? — Su voz denotaba preocupación— ¿qué haces aquí fuera? Es peligroso…— extendió su mano para acariciar su cara cuando se percató de la calidez de un líquido que fluía en este—¿Qué te ha pasado?... — se alejó para observar el rojizo liquido sobre su piel que era acentuado por la luz lunar— ¿Sangre? — articuló titubeante al verla también impregnada sobre su vestimenta negra que al abrázale le había ensuciado de carmín.

—Mira— señaló sombrío la luna— un eclipse lunar, es un fenómeno hermoso. Quédate conmigo a observarlo—

—Ashkore responde— exigió nerviosa la hamadriade que cauta comenzó a retroceder hasta su hogar—¿Qué hiciste? —

—Nada, ellos eran los traidores. No me dejaron opción— Yvoni tragó saliva ante tal confesión.

—¿Los mataste?— vaciló en un hilo de voz— Ellos te mencionaron, dijeron que eras peligroso—

— ¿Les creíste? — cuestionó con gesto dolido, mientras arrojaba a un lado su máscara para sujetarla con ambas manos y evitar que huyera— Te mintieron— remarcó con enojo.

—Suéltame— imploró la joven que se jaloneaba en dirección a su guarida.

— ¿Crees qué te dañaría? —

—Yo…— interrumpió su respuesta y la atrajo hacía sí para sellar sus labios en un apasionado y desenfrenado beso.

El cuerpo de Yvoni tembló ante aquella vigorosa acción, esta vez no solo se dejó guiar y también participó en aquel juego. El hombre la arrinconó hasta que su cuerpo se estrelló con delicadeza contra su árbol, la levantó en el aire e hizo que enredara sus piernas en su cintura.

Se sentía hipnotizada, fuera de sí. Había perdido la capacidad de decidir, actuaba por mero deseo y dejaba que su cuerpo sucumbiera a la pasión descarriada y carnal que en aquel momento la invadía. Aquel enmascarado siempre provocó sentimientos fuertes, desbocados, que parecían mermar su voluntad. Él le había hecho conocer el amor, le había brindado seguridad y calor cuando peor se sentía, había llegado en el peor momento de su vida, había llegado a enseñarle sensaciones que desconocía.

Parecían querer dar un espectáculo inmoral a los mudos testigos que les rodeaban, pues el paso a recorrer con sus manos toda su expuesta piel y ella despojarle de su armadura hasta exhibir su torso.

Terminaron casi desnudos, cubiertos prácticamente por la luz rojiza que el eclipse lunar despedía por toda la guardia de Eel.

El pecho de Yvoni subía y bajaba rápidamente a causa del éxtasis que había menoscabado su mente. Su reparación era acelerada, estaba dispuesta a hacer lo que él quisiera, a entregarse por completo, en cuerpo y alma. Ashkore le alejó por unos segundos para interrumpir aquel acto que estaba a poco del clímax y sustituirlo por el del eclipse que se hallaba en su punto más sublime. Recorrió el vientre desnudo de Yvoni que se estremeció al sentir su mano bajar hasta su pantorrilla, cerró los ojos y contuvo la respiración para poder disfrutar del contacto de sus pieles desnudas.

— Yvoni— susurró Ashkore en su oreja.

La joven abrió sus ojos que parecían haberse vuelto de un verde más intenso. La contempló por unos segundos con una mirada enigmática que la embelesó, recorrió con una mano su cabello y volvió a sumergir sus labios en la anhelante boca de la hamadriade que les recibió gustosa. La joven nuevamente cesó su respirar y soltó un ahogado alarido que el elfo ignoró hasta que un sabor a oxido se traspasó a sus papilas gustativas.

Yvoni se aferró al pecho de su amante a causa de un punzante dolor en su vientre, percibió un líquido cálido borbotear de tan doloroso punto que se extendía por su piel. Un extraño sabor inundó su boca, Ashokre se separó de ella y le permitió obtener un poco más de aire. Confusa le miró en busca de respuestas, pero se encontró con una sonrisa burlona y mirada demente contemplándola. Por instinto desvió la mirada y la dirigió al punto de dolor; cuantiosa sangre se deslizaba fuera de su abdomen, entre ella se distinguía un objeto puntiagudo, de considerable tamaño y de un enigmático brillo clavado profundamente en la zona.

— ¿Por… qué? ….— preguntó torpemente, a lo que Ashkore no respondió y se limitó a dejarla caer a los pies del árbol. La herida joven chocó con dureza en las raíces y rodó un par de veces por el césped.

Tirada se llevó las manos a la puñalada, alcanzó el filoso objeto que hirió las yemas de sus dedos, intentó sacarlo pero este se hundía más y más conforme forcejeaba por expulsarlo.

—No sirve de nada— el enmascarado le miró con desdén mientras se vestía— Está hecho— concluyó indolente, se colocó su máscara y abandonó a la traicionada que lloriqueaba mientras su sangre se derramaba.

Un ingente charco carmín salido de su cuerpo la rodeó, permaneció tendida allí hasta que perdió la conciencia antes de que el eclipse concluyese. El cristal con que Ashkore la había apuñalado se hallaba ya dentro de su inerte cuerpo en espera a que el primer rayo del alaba la iluminase.

La sangre de la traicionada bañó el piso y nutrió las raíces de su árbol que gustoso la absorbió para esperar que su nueva ama despertase. Las hojas habían adquirido un casi imperceptible tinte carmín, habían aumentado su tamaño. Al igual que la corteza su fuerza.

Aquel amanecer Yvoni despertó con el corazón roto y un sabor a traición. Tambaleante se levantó y se dirigió hasta un arroyo cercano, se abalanzó sobre él, limpió la sangre seca que cubría su bello cuerpo. Mientras se bañaba contempló en el agua el reflejo de su rostro inexpresivo, posteriormente escudriñó su estómago liso en el que no había atisbo de agresión.

Rememoró lo sucedido, en definitiva no había sido una pesadilla. El hombre que creyó amar y en el que ingenuamente confió casi la había asesinado.

"Señorita" resonó continuó en su mente, tardó varias repeticiones para descubrir que no se trataba de esta si no de una hada adolescente hablándole.

— ¿Esta bien? — cuestionó cuando logró hacerle reaccionar—¿Quiere que traiga a alguien del C.G. para que le ayude? —

Yvoni negó con la cabeza y contempló a una bella y delicada jovenzuela observarle con sus grandes y purpuras ojos examinándole a la vez que unas bellas alas se batían a la par de su pestañear. El rostro pueril de aquella adolescente despertó una tremenda sed, se llevó las manos al cuello al sentir un escozor interno quemarle.

—Esta bien— repitió y se acercó la ingenua—Déjeme…— antes de que concluyera, Yvoni hizo emerger unas kilométricas lianas que apresaron con tan brutal fuerza a la hadita, que inmediatamente cayó muerta. Al ver aquel cadáver el hambre aumentó y se abalanzó sobre él, hasta convertirle en unos lustrosos huesos que pateó al río que en señal de reclamo le mostró el reflejo de un macabro ser.

De aquella tímida hamadriade solo quedaba su bello recuerdo que encubría al grotesco, desfigurado espécimen que hambriento recorría el bosque, asesinando a cualquier cosa viviente que se interpusiese en su sendero que cada vez se expandía con cada nueva víctima.

Poder, libertad, ganaba con cada vida tragada por aquella sonrisa letalmente afilada. Venganza era lo único que anhelaba su alma destruida y corrompida por la traición.


Martudt1: Muchas gracias. Saludos.

Hotaru-channya: Gracias :). Por el momento no puedo hacer uno de Nevra porque ya tengo un fic solo para él, entonces prefiero enfocarme en los demás personajes acerca de los cuales ya tengo variadas ideas y muy poco tiempo XD. Solo a mi se me ocurre llevar 3 fics.

sonrais777 Gracias y sí haré de todos los personajes (esa es mi idea), Kero, Miiko, Mery y demás que vayan saliendo XD. Por el momento el siguiente será Valkyon y después: Jamón, Alajéa. El orden de los demás no es preciso.