Disclaimer: Este fic no me pertenece, es una adaptación de la obra Ansia de Pasión de la Escritora Kresley Cole. Los personajes de SCC no me pertenecen son propiedad de CLAMP, esta adaptación es hecha sin animo de lucro simplemente para entretener.

Aclaraciones:

pensamientos - frases de importancia

- Diálogos

A medida que Shaoran retrocedía lentamente desde la tumba, se encontró en silencio. Sabía que adentro estaban maldiciéndolo, pero no sería capaz de oírlos. Muchos de los escalones de la pirámide estaban cubiertos con una gruesa capa de tierra y envueltos con raíces de altísimos árboles.

Aún incluso la jungla circundante al perímetro de ruinas estaba en silencio.

Continuó contemplando la construcción, encontrándose inexplicablemente reacio a marcharse. Una parte de él quería cargar de vuelta allí dentro y descargar más de su rencor sobre la bruja. Para su vergüenza, parte de él ardía por recuperarla y llevar a término lo que habían comenzado juntos.

Recordó aquel momento en el que la bruja había comprendido que iba a encerrarlos dentro. Ella había parecido herida, y su hechizo de encanto había vacilado.

En ese instante, la mirada depredadora de Yue había volado hacia ella, incluso en medio de su furia asesina. Despojada de su capa, la atractiva Sakura había atrapado la atención del demonio. Su hermano Yukito, también le había dado un segundo vistazo.

Shaoran se había sorprendido al descubrir que los dos demonios que Sakura mencionaba eran unos que conocía. Tenía una historia con los hermanos, habían luchado lado a lado centurias atrás, y había reparado en ellos vagamente en la asamblea, cuando había podido sacar los ojos de encima de la bruja.

Recordaba que los demonios habían sido extremadamente populares con las mujeres. ¿Por qué infiernos la idea de cualquiera de los hermanos con ella le ponía tan enfermo? Ellos pueden quedársela... Con una última mirada, se dio vuelta, corriendo a grandes zancadas hacia su camión.

Shaoran no era inmune al marcado sentido de curiosidad propio de los Lykae, y cuando llegó a cruzar la línea de vehículos de los otros, decidió investigar en su interior.

Botellas vacías de una cerveza local y latas aplastadas de Red Bull llenaban el camión de los demonios. Los arqueros tenían botellas de agua, barritas proteicas, y artilugios electrónicos en el suyo.

Luego venía el Jeep de la bruja. Había conducido sola por esos exigentes caminos de montaña, cubiertos de barro, todo el camino de subida hasta la redondeada cima. Y había conducido a través de un semillero de disturbios políticos y peligros. Esta región densamente selvática había estado hirviendo a fuego lento con la amenaza de guerra entre dos ejércitos humanos; un conflicto territorial entre un reconocido cartel de drogas y una importante banda de narcoterroristas. Seguramente, el conflicto pronto haría erupción.

¿Qué infiernos había estado pensando? El hecho de que de alguna manera llegara al mismo tiempo que los otros, y antes que Shaoran mismo, no importaba.

Ella había dejado dos mapas desplegados sobre el asiento del pasajero, ambos con partes resaltadas y abundantes notas garabateadas sobre ellos. Había cuatro libros de investigación tirados en el asiento trasero, entre ellos Palacios & Pirámides, Máscaras & Monstruos: La Edad de Oro de la Arquitectura Maya. Muchas de las páginas estaban marcadas sistemáticamente con sujetapapeles de colores.

Junto a los libros, tenía una mochila muy gastada con estampado de camuflaje. Un machete cubierto de barro colgaba de un lado de la mochila y un incongruente iPod rosa brillante del otro.

Un iPod rosa con auto-adhesivas de gatos sobre él, ¡por el amor de los dioses!

¿Exactamente qué tan joven era? Era posible que solo recientemente se hubiera vuelto inmortal, posiblemente ni siquiera tuviera más de cien años.

Cualquiera que fuera su edad, era obviamente demasiado joven y demasiado tonta como para saber que era mejor no jugar con un poderoso Lykae de mil doscientos años de edad.

Y había jugado con él, lo había hechizado para que la besara. Shaoran despreciaba a las brujas; no se volvía loco de deseo por ellas.

Su propio padre había sido una víctima de las maquinaciones de una de ellas. Shaoran recordaba los ojos angustiados de su padre, incluso centurias después, mientras narraba su encuentro con una bruja de cabellera negra como el ala de un cuervo, de increíble belleza e indescriptible maldad.

HIEN LI se había topado con ella en un nevado cruce de caminos de la antigua patria. Vestía una faja de armiño negro azabache y un largo vestido blanco, y era la mujer más hermosa que nunca se hubiera imaginado. Dijo que le otorgaría un deseo si él le indicaba el camino a un pueblo vecino. Hien solo tenía diecisiete años y había deseado lo que siempre había querido: ser el más fuerte entre sus hermanos mayores, que se metían con él afablemente pero sin misericordia.

Al día siguiente, tres de ellos habían cruzado un lago congelado que solían atravesar a diario. En pleno invierno, el hielo se había roto y se ahogaron. Al día siguiente de aquello, dos hermanos más habían caído enfermos con algún tipo de fiebre. Perecieron rápidamente, aunque habían sido muchachos bravos y robustos.

Al final, la malvada bruja le había concedido su deseo. Hien era, en efecto, el más fuerte entre ellos.

El padre de Shaoran nunca superaría su debilitante culpa. A causa de sus acciones, aunque hubieran sido involuntarias, solo dos de los siete hijos del rey Lykae sobrevivieron, Hien, y un hermano mucho menor.

Peor aún, Hien se había dado cuenta, asqueado, de que ahora era el heredero, y de buena gana abdicó del cargo.

Esa bruja se había deleitado en arruinar a un simple muchacho que no era un enemigo y que aún no había alzado una espada con ira o por agresión.

Las brujas no tenían otro propósito más que propagar la discordia, engendrar el odio. Sembrar las semillas de la destrucción en una otrora orgullosa familia.

Cautivar a un hombre para que fuera desleal por vez primera.

La furia envolvió a Shaoran cuando comprendió lo que casi había hecho, y con una maldita bruja.

Rugió, el sonido retumbando a través de la jungla, luego rajó con sus garras el costado del Jeep, hendiéndolo en toda su longitud. Después de perforar los gruesos neumáticos y arrancar el motor del chasis, Shaoran se puso a trabajar en todos los camiones, destrozándolos hasta que fueron inservibles.

Sin aliento, cubierto de esquirlas de metal, bajó la vista a sus manos con el ceño fruncido. Podía atravesar con sus garras una placa de acero de 15 centímetros de grosor como si fuera papel aluminio, sin sentirlo. Sin embargo, ahora sentía... dolor. Inmenso dolor.

Capítulo 4

—Bruja, él no regresa —dijo el demonio Yukito a Saku—. No pierdas tu tiempo esperándole.

Los otros habían estado cubriendo el perímetro de la antecámara, probando la fuerza del suelo de piedra y las paredes, pero Saku continuó mirando fijamente a la entrada, desconcertada, incapaz de creer que Li la hubiera encerrado en este lugar amenazador —o que ella se había vengado con uno de los más crueles hechizos que una bruja podía lanzar a un inmortal.

Yue preguntó a Saku:

- - ¿Qué le hiciste al Lykae de todos modos?

Ella murmuró distraídamente.

- - Lo he matado.

Saku alejó la mirada de la entrada cuando se encontró con el silencio.

- - No se regenerará de sus heridas —explicó—. A menos que vuelva a mí para revertirlo, el hechizo finalmente lo destruirá.

Tierney, que parecía ser el hermano más joven de Rika, dijo:

- - ¿Lo hiciste mortal?

Todos parecieron sacudidos por su crueldad, excepto Yue, que por lo que podía decir por su semblante demoníaco, parecía admirado.

- - Recuérdame no cabrearte, bruja —dijo.

Ella había oído de Yue el Hacedor de Reyes antes y sabía que era un mercenario despiadado. El soldado de fortuna había emprendido tantas guerras que se decía que podía tomar cualquier trono.

Menos el único que su hermano mayor había perdido.

- - Así que eres tan poderosa como se rumoreaba —dijo Yukito, sus rasgos empezaban a perder su brusquedad de demonio, normalizándose —más normal para él era una guapa cara estropeada por una larga cicatriz que cruzaba por la frente y por la sien hasta la mejilla. Sus iris negros se volvieron de un verde tan intenso que la habían asustado la primera vez que los había visto. Aunque estaba al otro lado de la habitación, ella todavía tuvo que levantar la cabeza para encontrarse con su mirada. Yukito tenía casi dos metros diez de altura, con todos los músculos armonizados.

- Poderosa —dijo Yue—, y una mercenaria como yo.

La miró de arriba abajo con ojos tan verdes como los de su hermano, alertándola sobre el hecho de que sólo la estaba poniendo sobre aviso al hecho que no sólo estaba carente de su capa, sino que su encantamiento vacilaba. Pero no tenía la energía ni el deseo de reanudarlo. Ser reconocida como la compañera de un guerrero inmortal en este momento quizás no fuera una mala cosa.

- - Fascinante —agregó Yue con voz áspera.

Los dos hermanos se parecían mucho el uno al otro, excepto por la cicatriz de Yukito, y sus cuernos, los cuales habían sido dañados de algún modo. Hasta sus acentos eran diferentes. Ambos tenían grados de un acento colonial inglés, pero el de Yue sonaba como de clase más baja. Y su porte era enteramente diferente del de Yukito —como si no hubiera sido criado como un demonio de la realeza, ni siquiera un noble.

En resumen, Yukito actuaba como un rey fiel pero parecía un mercenario despiadado y Yue era justo lo contrario.

Rika ajustó enojadamente el arco y el carcaj en la espalda.

- - Li debe haber sabido que Sakura utilizaría magia para escapar y que ustedes demonios se trazarían afuera. Con la entrada tan alto, tres de nosotros ni siquiera podemos intentar levantar la losa.

Sin la capacidad de hacer palanca contra el suelo, no había manera ni siquiera de que los demonios, mucho menos los elfos, la pudieran levantar. Como fuera, ni siquiera podían alcanzarla sin saltar.

Tierney parecía enfurecido, las puntiagudas orejas aplastadas contra su rubia cabeza.

- - ¡Debe haber procurado atrapar sólo a nuestra clase! —Si pudiera trazarme, te sacaría de esta tumba —dijo Yukito —, me aseguraría que estuvieras fuera del Hie para bien, pero no dejándote en este lugar.

Yue desenvainó y estudió su espada, claramente él no habría hecho lo mismo.

Terada, el tercer arquero callado, preguntó:

- - ¿Por qué dijiste si pudieras trazarte?

- - Hay una atadura colocada en Yue y en mí que hace imposible el tele transportarse.

Justo mientras Saku decidía que no debería preguntar por qué habían sido atados, Yukito sonrió gravemente.

- - Un golpe maestro que no tomó lo bastante, como fuera. Fuimos reprendidos por ello. —Sus ojos se volvieron oscuros mientras disparaba una mirada a Yue—. Severamente.

Así que eso era lo que buscaban en esta competición, volver en el tiempo y mantener la corona de Yukito.

- - Mi hermano quizás había estado dispuesto a ayudar a otros —empezó Yue—, pero después de ver lo que Sakura le hizo al Lykae, apuesto a que la bruja nos dejará aquí para pudrirnos.

- - ¿Es eso verdad? —preguntó Yukito a Saku.

Posiblemente.

- - Por supuesto que no —respondió Rika por ella— Sakura no nos dejaría más de lo que nosotros la abandonaríamos. Ella es parte fey. Mira sus orejas. El Hie se maldeciría, en algún lugar en el tiempo, sus antepasados son nuestros antepasados.

- - Oh, entonces por ese razonamiento, ella no me dejará tampoco —dijo Yue, el sarcasmo en su voz—. Ella y yo somos mercenarios. Hay un código allí.

- - Es secundario si dejara a alguien atrás —dijo Saku por último—. No se si podría levantarlo.

- - ¿Qué quieres decir? —preguntó Yukito—. Eres fuerte. Puedo sentir tu poder incluso ahora.

- - Yo... exploto cosas —admitió—. Y en su mayor parte no quiero hacerlo. En su mayor parte.

Yue sacudió la cabeza.

- - La estructura entera descansa en el rastrillo. Si explotas esa piedra, la tumba caería como un castillo de naipes.

- - Déjanos mirar las probabilidades y tomar una decisión racional —dijo Yukito —. Exactamente ¿con qué frecuencia vuelas accidentalmente cosas?

- - ¿Las veces que puedo conseguir que mi magia funcione? —contestó—. Noventa y nueve por ciento.

Mientras Tierney juraba para sí, Yue dijo:

- - Busquemos otra salida. ¿Encontró alguien una salida en cualquiera de las cámaras?

- - No habrá ninguna salida —replicó Rika, su atención fascinada en un friso encima del rastrillo. Intrincados signos animales y jeroglíficos estaban tallados en la piedra.

- - ¿Por qué dices eso? —preguntó Yukito.

Rika entornó los ojos en los tallados, parecía que de algún modo le daba sentido a los símbolos de animales y formas geométricas.

- - Porque esto es... una cárcel.

- - ¿Has descifrado esas marcas? —preguntó Saku a Rika.

Tierney respondió por ella.

- - Ella conoce todos los idiomas.

Rika tradujo para ellos.

- - Dice que esta tumba es una cárcel que retiene a seis demonios robadores de esencias —íncubos— por sus crímenes poco naturales contra la hija de un brujo poderoso.

- - Probablemente la sedujeron, entonces papá se cabreó —dijo Tierney—. Los encerró aquí.

Rika asintió.

- - Los mayas fueron sus custodios, de alguna manera. Los mantuvieron encerrados, y alimentados periódicamente.

- - Eso explica los tocados de sacrificio —dijo Yue —. Hembras mayas fueron ofrecidas.

- - Fueron maldecidos a no dejar nunca este lugar, hasta la muerte. Según estos calendarios, han estado aquí durante mil ciento once años —continuó Rika.

- - Bien, eso no puede ser correcto —dijo Saku—. No hay nadie en casa...

Garras escarbaron sobre piedras en algún lugar en las sombras. Todos miraron alrededor inquietamente.

No estaban solos...

- - Dejamos la puerta principal abierta durante horas —replicó Tierney—. ¿Por qué se quedarían aquí?

- - Probablemente están atados a la tumba, incapaces de cruzar el umbral —contestó Rika.

- - Si todavía están aquí, no debería ser un problema —dijo Saku, incluso mientras retrocedía hacia Yukito y Yue—. ¿Correcto? Especialmente si Rika puede hablar su idioma.

Los íncubos que Saku había conocido eran encantadores y cálidos. Encontrar uno en tu cama se suponía que era un buen problema.

¿Así que por qué se le erizaba el vello de la nuca? Mirando fijamente a Yukito, murmuró:

- - ¿Te importa si me quedo contigo, tipo grande?

En respuesta, él colocó brevemente la gran mano en la cima de su cabeza de una manera extrañamente consoladora.

De repente, el olor de carne podrida se extendió por la cripta. Saku sentía el mal por todas partes alrededor de ellos —un viejo mal— rodeándolos.

Mientras sus ojos miraban alrededor, comenzó inconscientemente a construir magia otra vez. Una gota de algo... viscoso le golpeó el hombro descubierto. A la luz poco natural de la linterna, levantó lentamente la cara. Los labios separados, su mente incapaz de comprender.

—Sakura —susurró Rika, cuando se cruzó con ella—. Tu cara ha palidecido. ¿Qué puede...? —Sus palabras murieron en la garganta mientras seguía la mirada de Saku. El arco de Rika y la flecha se dispararon arriba otra vez.

Pero las flechas no podían matar lo que ya estaba muerto.

- - ¡Los íncubos! —Uno de los otros gritó mientras unos seres oscuros invadían el área, zambulléndose y volando por todas partes a su alrededor. Yue y Yukito desenvainaron sus espadas. Justo cuando Saku estaba rezando a Hekate que estas personas que apenas conocía la protegieran, Yukito utilizó una mano para empujarla detrás de él.

En el primer ataque loco, las espadas de los demonios golpearon y desviaron. Los arqueros dispararon desenfrenadamente. El sonido vibrante del arco y el choque del acero eran ensordecedores en el espacio resonante.

Los íncubos parecían concentrar sus ataques en Yukito tratando de llegar a ella.

De repente, Yukito fue sitiado. Sin su guardia, Saku fue derribada, aterrizando de frente tan duramente que los dientes sonaron con estrépito. La sangre de una herida en algún lugar de su cabeza bajó por las mejillas. Un poder cargado de ligera luz azul salía erráticamente de sus manos y ojos pero no golpeaba nada.

- - ¡YUE! —gritó Yukito, luchando por desviar el violento ataque—. ¡Aquí!

Su hermano se abrió camino luchando.

- - Quieren a la bruja...

Con un grito, ella se levantó sólo para ser golpeada al suelo una vez más. Cuándo se dio cuenta débilmente de que los íncubos constantemente la separaban del grupo, permaneció hacia abajo.

- - ¿Por qué ella? —la mirada de Yue fue de Saku a Yukito.

En el fondo de su mente, ella reconoció que Yue probablemente no tendría ningún interés en ayudarla, especialmente no a costa de ayudarse a si mismo y a su hermano.

- - ¿Por qué crees? —dijo bruscamente Yukito, mientras su espada cortaba.

Los ojos de Yue se estrecharon.

- - Oh, ¡joder! —rugió, redoblando su combate.

Colmillos se hundieron en los tobillos de Saku. Mientras gritaba de dolor, su cuerpo empezó a... moverse.

Yue era el más cercano y se lanzó a por ella, gritando.

- - ¡Tierney!

Con velocidad sobrenatural, el arquero le cubrió con un torrente de flechas, pero había demasiados íncubos que se zambullían directamente a ellos.

La sangre roció del cuerpo de Yue y bramó con furia.

Cuando ella chilló, algo la arrastró con frenéticos tirones. Saku arañó las piedras, chillando mientras se la llevaba a la oscuridad.