Hola a todas, gracias por sus RR en los capítulos anteriores.

Les agradezco leerme, sé que las que lo hacen son poquitas, algunas dejan RR
otras no, les agradezco a las sí lo hacen, me alegra saber que les gusta la historia, y aún no viene lo más interesante.

Marta, gracias por corregirme cuando meto la pata, te lo agradezco demasiado.

Bueno, chicas, a partir de hoy, empezaré a escribir desde otro punto de vista, descubrí que me es más sencillo y menos tardado.

Los personajes le pertenecen a Meyer. Aura, Brenda y Poli son personajes míos, todos los derechos reservados.

Esta historia contiene lenguaje fuerte (erotismo y palabras altisonantes) Diría que esta lectura es sólo para mayores de 18 años, pero yo tengo 14 y la escribo. Aún así, lean bajo su responsabilidad. Si son mojigatas (y no lo digo para ofender) no lo lean.

Recomendación musical:

Paramore: Misguided Ghost.

Carter Burwell: Plus que ma propre vie.

The Police: Every Breath You Take.

Capítulo 3: Outtake: Desde antes de nacer.

Algunos años antes de que los Cullen llegaran a Forks, Alice había tenido una visión: Isabella y Edward se conocían a lado de un bosque. Pero esas visiones fueron cambiando conforme Edward e Isabella– en el caso de ella; sus padres- cambiaban de decisiones en sus vidas. A pesar de eso, el futuro siempre les tenía destinado conocerse, según decía Alice. Eso había sido 22 años antes de su llegada a América, corría el año de 1967. Los Cullen habían vivido durante décadas en la ciudad natal de Edward: Inglaterra.

Edward planeó su viaje a Estados Unidos; primero viajaría a New York, luego a Florida, y después viajaría sin rumbo fijo, pero en territorio estadounidense. Algunos años después pasaría a Dakota del Norte a visitar a unos viejos amigos que tenían una residencia permanente ahí, a Dember a visitar a otros viejos amigos. Y vagaría por un tiempo por todo el continente americano. Dejó a Forks para el último. Tardaría algunos años en eso, unos 12 o 13. Para cuando terminara de visitar los lugares que quería ver, sería el año 1976, aún faltarían 11 años para llegar a Forks.

Avisó a su familia que se separaría de ellos por un tiempo:

Carlisle y Esme estaban sentados en la sala haciéndose arrumacos y besándose apasionadamente. Alice y Jasper estaban leyendo un libro sobre la guerra y un libro romántico, respectivamente. Ambos estaban tomados de la mano y entre ellos se sentía un aura de amor y ternura insoportables. Rosalie estaba pintándose por tercera vez en el día.

Y Edward... Edward estaba sentado en el umbral de la puerta principal tratando de alejarse de todo. Él era el único en la familia que no tenía una pareja, además de Rosalie, así que se sentían algo excluidos del grupo de vampiros dentro de la casa. Todos ellos estaban profundamente enamorados... menos él. Sí, Rose estaba también enamorada de alguien: ella.

Tengo alejarme un tiempo de ellos... decidió.

Alice, que estaba enfrascada en su lectura, fue interrumpida por una visión que se cumpliría en unos minutos: Edward les contaba que se marchaba.

¿Te vas?— preguntó mentalmente la chica, sabiendo que Edward podía escucharla. Edward, desde donde estaba, movió imperceptiblemente la cabeza, afirmando.

Ninguno de los dos hizo o dijo nada más, Alice sabía que Edward no cambiaría de decisión, así que esperó a que él se levantara y llamara a todos a una pequeña reunión.

Todos se encontraban sentados en la mesa del comedor, la que nunca se utilizaba. Aunque no necesitaban sentarse, todos menos Alice y Jasper estaban sentados, les gustaba jugar a ser humanos. En la cabecera de la mesa se encontraba Carlisle, a su lado Esme, junto a Esme estaba Rosalie y Alice y Jasper se encontraban de pie detrás de Carlisle. Edward se paró en el otro extremo de la mesa y miró a todos los presentes.

— Me marcho— dijo sin más.

— ¿Qué? ¿Por qué?— fue Esme la primera en preguntar.

— Necesito información y...— suspiró— me hará bien estar lejos de ustedes por un tiempo. Darles su privacidad. Así ustedes podrán estar juntos sin sentirse culpables de que yo no esté con alguien.

Sí, Edward sabía que todos, menos Jasper, le tenían algo de lástima por que ellos estaban felices juntos y enamorados mientras él tenía que esperar a alguien que ni siquiera había nacido aún.

Todos se quedaron en silencio unos minutos.

— ¿Podemos convencerte de que te quedes?— dijo Carlisle.

— ¿O por lo menos de acompañarte?— agregó Esme.

— No, quiero estar solo, por favor— respondió Edward.

Silencio de nuevo.

Esme suspiró, rindiéndose. — Está bien, pero dinos a dónde irás.

— A América, a los Estados Unidos— se adelantó Alice a contestar.

— ¿Tan lejos?— preguntó Rosalie, que hasta el momento había observado la escena en silencio.

— Sí, quiero buscar a los padres de Isabella.

— ¿Cuándo te marchas?— preguntó Carlisle.

— Aún no lo sé... ¿Alice?— llamó a la pequeña psíquica que tenía la mirada perdida, en busca de una respuesta.

— Tres días— respondió la chica.

— Suerte, Edward— deseó Jasper.

— Espero que encuentres lo que buscas, hijo— dijo Carlisle.

— Si no lo haces, aquí estamos para apoyarte, querido— dijo Esme con una sonrisa maternal, a la vez que llegaba a lado de Edward y plantaba un beso en su mejilla.

Todos los presentes le desearon suerte al vampiro solitario.

A los tres días Edward estaba parado en la puerta principal de la casa, con maletas en mano, listo para irse. Todos se despidieron de él, se ofrecieron a acompañarlo al aeropuerto pero el chico se negó, quería separarse de ellos lo más pronto posible. Tanto amor y él solo no eran buena combinación.

Hizo todo lo que ya había planeado. Faltaban 11 años aún para llegar a Forks. Pensaba en regresar con su familia durante ese tiempo, pero una invitación de los Vulturis lo detuvo. Le invitó personalmente el mismísimo Aro, a formar parte de su guardia. Edward aceptó, después de todo, no tenía otra cosa que hacer. Además que necesitaba hacer algo en los años que faltaban para ir a Forks. El entrenamiento lo distrajo, pero sólo por un rato. Él ya sabía cómo defenderse. Y la imagen de la futura chica que sería su pareja por la eternidad– si todo salía bien- no podía quitársela de la cabeza. Piel de porcelana, cabello castaño, ojos chocolates, voz de campanillas, su lengua sagaz... Todo, todo lo tenía vuelto loco.

Y lo volvía más loco aún el hecho de que tenía que esperar más de una década para conocerla.

Oh, Isabella, cuando te conozca, te amaré, lo haré como nadie nunca a amado a alguien, preciosa.

Aro había tratado de entretener a Edward, llevándole hermosas mortales con sangre de lo más apetitosa. Había pedido a Heidi que, con su belleza, se diera un revolcón con él, o que al menos tratara de conquistarlo. Pero nada funcionaba; Edward no despreciaba a las bellas mortales que le llevaban, no. Pero a Heidi sí, no la soportaba, era arrogante, déspota y una vieja bruja creída.

Entonces Marcus envió a la pequeña y rubia Jane con Edward, con el mismo propósito y también con el mismo resultado.

Mientras tanto, Edward también trataba de entretenerse a sí mismo. Tocaba piano, salía de caza, observaba el cielo al crepúsculo y observaba cómo día a día entraban personas al castillo Vulturi y salían sólo los vampiros con ojos más carmesíes que el día anterior.

Hubo un momento en el que la odió, odió a Isabella, que aún no nacía, lo hizo por el sólo hecho de que él no podía disfrutar del cuerpo de una mujer sin pensar en ella, porque el recuerdo de la chica castaña estaba siempre presente.

Años después de que Carlisle lo transformara, los Cullen– que en ese entonces sólo eran Carlisle, Esme y Edward- adoptaron una vida nómada. Edward se pasaba las noches enteras disfrutando de la sangre de mujeres hermosas... y también de sus cuerpos. No las violaba, ellas mismas se ofrecían a que él las tomara, aunque no sabían que iban a morir. Y ahora, una chiquilla que ni siquiera había nacido, emprendía la tarea de no dejarle disfrutar su ilimitada vida.

El 13 de septiembre de 1985, avisó a los líderes Vulturis que se marchaba. Tomó sus cosas y partió a Francia, donde se encontraban Carlisle, Esme, Jasper y Alice. Rosalie había ido a Alemania a visitar a una de sus amigas inmortales.

Estuvo con los Cullen los dos años siguientes y el día 13 de septiembre de 1987, partió a Norteamérica. A Forks, Washington. Se marchaba los días 13 de septiembre porque era el día en el que nacería Isabella, según las predicciones de Alice.

Consiguió una pequeña casa amueblada, la rentó y se instaló. Aunque realmente no necesitaba un hogar para hospedarse, en ese lugar llovía mucho y no podía ni quería pasarse todo el día durante 730 días mojado. El clima de Forks no le gustaba mucho pero allí era donde se habían conocido los padres de Isabella. Además de que a veces le gustaba dormir lo que podía. (N/A Sí, chicas, estos vampiros pueden dormir, no profundamente y no mucho tiempo. No lo hacen por necesidad, sino por gusto, además de que sólo pueden hacerlo unas cuantas horas).

Espió a los que serían padres de Isabella, que entonces ya estaban casados y habían pasado ya por el nacimiento de Emmett.

Los vio ir a heladerías, salir al cine y hacer esa toda clase de cosas. Y, de haber podido, casi llora de la emoción cuando la madre de Isabella le dijo a Charlie que estaba embarazada de nuevo. Charlie abrazó efusiva pero cuidadosamente a su mujer, la llenó de besos y le dijo que salieran a celebrar. El pequeño Emmett también estaba que explotaba de la emoción al saber que tendría una hermanita a la cual tendría que querer y proteger.

El solitario vampiro de melena cobriza observó cómo el vientre de Renné crecía cada día.

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El 13 de septiembre llegó más rápido de lo que esperaba; a las 10:45 a.m., Alice llamó a Edward:

Edward se encontraba dentro del bosque que rodeaba la pequeña casa de los Swan, sólo estaba sentado en un tronco, escuchando los sonidos de la naturaleza, hasta que el repiqueteo de su teléfono lo interrumpió. Presionó el botón verde y atendió.

— Hola, enana.

Edward, ya es hora, faltan 7 minutos para que empiecen las contracciones— Edward sonrió como un imbécil ante la anticipación.

— Gracias por avisarme, Alice.

Por nada.

— Te llamo luego.

Está bien, y, Edward... suerte, hermano.

— Muchas gracias, enana— y colgó.

Estuvo presente cuando las contracciones del parto comenzaban. Charlie y Emmett observaban los dibujos animados del domingo, Renné estaba dormida aún, su pequeña bebé no la había dejado dormir bien la noche anterior. Se la había pasado dando vueltas y vueltas, pataleando. Pero despertó de su sueño cuando sintió un conocido y agudo dolor atravesarla.

La primera contracción.

— ¡CHARLIE!— gritó a todo pulmón, alertando a su esposo.

El aludido corrió a toda velocidad escaleras arriba, llegó a su habitación casi jadeante.

— ¡¿Qué pasa?!— preguntó alarmado.

— Acabo de sentir la primera contracción, toma la pañalera, mi bolsa con la ropa y sube a Emmett al auto, ya bajo yo— le ordenó mientras se levantaba lo más rápido que su enorme barriga le permitía y se calzaba unos zapatos cómodos.

Charlie obedeció velozmente, le dijo a su hijo que se pusiera un abrigo y zapatos rápido.

— ¿Ya viene mi hermanita?— preguntó esperanzado el pequeño.

— Sí, Emmie, por fin.

Emmett sonrió brillantemente, mostrando su dentadura chimuela y haciendo que sus hoyuelos se marcasen en su rostro.

Edward estaba ansioso, algo muy poco común en un vampiro, pero la había esperado por años.

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Los Swan entraron rápidamente al Hospital General, junto a la puerta principal estaba una enfermera rechoncha y de piel morena.

— ¿En qué puedo ayudarlos?— preguntó amablemente. Renné iba a responder pero una contracción más fuerte que las anteriores la atravesó. — ¿Parto?— preguntó de nuevo la enfermera.

— ¿Usted qué cree?— dijo Renné, algo enojada por el dolor.

La enfermera llamó a varias personas y ordenó a otra enfermera que fuera por una silla de ruedas, a la que subieron a Renné y la llevaron a la sala de partos.

Cuando las contracciones se hicieron insoportables, Renné casi su pone a suplicar por la epidural. Era las segunda vez que tenía un hijo, pero aún así las contracciones dolían como la mierda.

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Había estado sentado fuera de la sala de partos junto a Emmett durante 4 horas, ambos esperando a que la enfermera saliera con la recién nacida y pudieran verla. Renné había entrado allí desde las 11:05 a.m., eran las 3:19 p.m. y nadie salía. Edward sólo escuchaba los gritos y alaridos de Renné. También escuchaba a Charlie susurrarle: Respira, cariño... Estás haciendo un excelente trabajo... Puja, amor...
Y todo ese tipo de cosas.

Edward ya se estaba hartando del repiqueteo del jodido reloj.

Tic, toc, tic, toc, Edward... tic, toc...Eeeeeedwaaaarddd... tic, toc... Edwaaaaard…

Estuvo a un micra de tirar el reloj y desarmarlo pieza por pieza... Sí, disfrutaría mucho hacerlo...

La manecilla que marcaba los minutos llegó al número 20, y en ese preciso momento se escuchó el grito de un bebé.

Por fin...

Casi entra corriendo a la sala de partos para ver a Isabella.

Pasaron 15 minutos más y su paciencia se agotaba de verdad. Casi insultaba a cada doctor o enfermera que pasaba y tenía ganas de dar puñetazos a la pared hasta volverla polvo.

Como no salgan en tres jodidos minutos, derrumbaré la puta puerta.

Sí, se estaba tornando agresivo, pero había esperado más de 20 años para verla. Para su suerte, una enfermera salió en ese preciso instante con un carrito con un pequeño bulto que se removía inquieto dentro. Edward la siguió sigilosamente. La enfermera llegó a la estación en la que limpian a los recién nacidos, después de limpiarla y ponerle ropita, la colocó en el mismo carrito en el que había llegado y se encaminó con él hacia donde la madre de la pequeña. Allí, Renné la alimentó hasta que la bebé se quedó dormida, mientras que Charlie y Emmett las llenaron de besos y abrazos, Renné también se durmió, el parto la había dejado agotada. Charlie pidió permiso al doctor de estar un poco más con su hija, el doctor cedió, pero advirtió que sólo por unos minutos más.

Pasados esos minutos, llegó otra enfermera y pidió, por favor, que le entregase a la bebé; necesitaban hacerle un chequeo de salud de rutina, porque la bebé estaba sana. Charlie aceptó a regañadientes. La enfermera colocó a la niña en un carrito como los otros y la llevó a una habían más carritos con bebés dentro de ellos. Una de las paredes de la habitación tenía un cristal que permitía ver a los bebés desde fuera. Fue cuando Edward la observó por primera vez.

Era un pequeño y rozado bulto envuelto en ropitas rosas y suaves. El vampiro se acercó lo más que pudo al cristal y la observó aún más de cerca; su piel era de porcelana, sus mejillas sonrosadas, sus ojos estaban cerrados, sus manitos estaban hechos puño a cada lado de sus hombritos, su boquita estaba entreabierta... La vio pequeña, hermosa, frágil e indefensa y supo que la protegería de todo– hasta de sí mismo- durante toda su vida.

Isabella estaba sumida en un profundo sueño pero, al parecer, la mirada examinadora del vampiro de ojos carmesíes la despertó. Abrió los ojos lentamente, bostezó, se estiró, parpadeó repetidas veces y recorrió con su mirada toda la habitación, hasta que sus profundos ojos chocolates se toparon con la mirada de los ojos del vampiro, lo vio con gran interés.

Y, después de unos minutos en los que sus miradas no se despegaron ni un segundo, sonrió. La pequeña Isabella le dedicó una gran y deslumbrante sonrisa sin dientes. Edward sonrió como un idiota, y la bebé lo deslumbró totalmente cuando ésta lo vio sonreír y soltó una carcajada limpia y clara.

Edward, por primera vez en toda su aburrida vida, se sintió feliz y pleno. Deseó con todas sus fuerzas poder acariciar a Isabella y susurrarle que la cuidaría por siempre.

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El vampiro tuvo que esperar unos cuantos meses para poder entrar al cuarto de la niña y observarla. Para cuando esto pasó la niña ya tenía 3 meses de vida.
Cada noche se colaba por la ventana de su cuarto y la observaba estando dormida en su cuna. A veces, cuando la niña iba a comenzar a llorar o algo él le tarareaba la nana que le había compuesto. No sabía si era un mal sueño o cólicos, porque aún no podía leer la mente de la chiquilla, tal vez porque aún ella no razonaba.

Algunas veces la niña se despertaba y lo miraba observarla, no lloraba pero sí le sonreía o reía.

La bebé estuvo quejándose durante casi toda una noche, extendía los brazos hacia Edward y soltaba ligeros reclamos cuando éste no la cargaba. Pero hubo un momento en el que Edward no pudo soportar más y cargó a la pequeña, la arrulló hasta que se quedó dormida y– por fin- pudo susurrarle que la cuidaría siempre.

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Cuando la niña ya tenía 7 meses, Edward tuvo que ser más precavido y no se dejó ver, la infante ya había comenzado a decir algunas palabras desde los 5 y medio meses. Eso significaba que ya estaba más despierta.

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17 de Agosto del 2000. Forks, Washington.

Renné le pedía el divorcio a Charlie. Así sin más.

— ¡¿Qué?! ¿Pero por qué? ¿No haz pensado en los niños?— decía Charlie enérgico— Imagínate cómo se sentirá Bell's o Emmett... los destrozará.— Renné lo dejó hablar— Además, ¿no eres feliz?, ¿acaso ya no me amas? ¿Es alguien más, verdad? Quiero, no, no... Exijo una explicación, una buena razón por la que hayas decidido esto— alzó la voz en esta última parte, los niños no estaban.

— Charles, no puedo decirte la razón por la que tomé ésta decisión, si lo hiciera tú correrías muchos problemas, al igual que los niños. Soy feliz con ustedes, son todo lo que quiero, pero...— suspiró. Perdóname...— Ya no te amo— cuando dijo esto último, sus ojos celestes se volvieron como un frío cristal.

Mentía, lo amaba más que a ella misma, pero si se quedaba con él, los niños, Charlie y su vida correrían peligro. Y la destrozaba tener que llegar a eso, pero era necesario. Lo hacía porque los amaba, no por egoísmo.

— Con que es eso— los ojos cafés de Charlie se opacaron, perdiendo ese brillo que le daba vida: Su esposa.

— Lo siento— susurró apenas sin voz Renné, conteniendo las lágrimas— No quiero que nuestros hijos vivan una mentira...

Charlie estaba destrozado, pero si ella decidía que era lo "correcto", pues que así fuera. Confiaba ciegamente en ella, y por eso le daría lo que quería.

— Espero, Renné— suspiró y parpadeó para ahuyentar las lágrimas que amenazaban por salirse de sus lagrimales- que lo esa decisión que tomaste sin mí, sea la correcta. Y que quede claro que esto lo estoy haciendo por los niños y por ti, no por mí.— la aludida asintió con la cabeza, la mirada en el suelo— Dame esos papeles.

Renné le acercó los papeles junto con la pluma por encima de la mesa, Charlie los tomó con brusquedad y firmó. Se levantó, botó los papeles en la mesa, se acercó a su casi ex-mujer y dijo:

— Yo todavía te amo— depositó un beso de despedida en los labios de Renné y salió de la casa.

Renné tuvo que esperar a que el sonido del auto alejándose se desvaneciera para poder corromperse.

Perdón...

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Edward tampoco entendía por qué Renné pedía el divorcio, y no podía leer la mente de ésta. Era como si lo estuviera bloqueando, pero no tenía idea de cómo. Renné nunca lo había visto, ni mucho menos sabía que Edward leía la mente, así que el vampiro pidió ayuda a su hermana vidente. Necesitaba saber la razón por la que Renné no quería estar con Charlie.

—¿Pero por qué es tan importante saber la razón por la que quiere divorciarse? Dijo que no lo ama más, eso es todo. ¿Qué más quieres saber?— decía Alice por teléfono.

— Alice, Renné estaba bloqueando su mente, eso significa que sabía que yo estaba escuchando. No sé cómo, ni por qué. Pero sea la razón que sea, la estaba ocultando por algo. Y quizá ese algo tenga que ver con Isabella, tal vez Isabella corra peligro y eso es algo que no voy a permitir.

Alice suspiró— Está bien, te ayudaré. Cualquier cosa relevante te avisaré.

— Gracias, enana.

De nada, Edward. Recuerda que cuentas conmigo y con todos nosotros. Siempre.

—Lo sé, gracias de verdad. Manda saludos de mi parte a todos, por favor.

Lo haré, hasta pronto.

—Hasta pronto— y colgó.

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Había pasado ya un mes y Alice no encontraba nada. Renné era un punto ciego, pareciera que la estaban ocultando del futuro. No iba a morir, de eso estaba segura, si fuera a morir ya lo sabría.

También chequeó el futuro de Isabella; la pequeña lloraría en su habitación algunos días.

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A Isabella le había caído en el hígado la noticia del divorcio. Estaba furiosa, triste y decepcionada. Sabía que el amor no era eterno, ésas cosas salían sólo en Disney y sus tontas películas de princesas, pero creía que, tal vez, sus padres eran la excepción. Que cuando ella tuviera hijos,— si es que tenía— podría llevarlos a la casa de sus padres y ellos seguirían tomados de las manos, sentados en la cochera. Se dio cuenta de que se había equivocado cuando sus padres les dijeron a ella y a Emmett que se separarían.

A su madre, seguía sin comprenderla. Siempre había parecido que amaba locamente a Charlie, nunca— ni siquiera meses o días antes de pedir el divorcio— le había demostrado desprecio o algo parecido. Era todo muy repentino y sospechoso.

Isabella había pasado algunas noches llorando de rabia, lástima y tristeza, Emmett estaba mejor que ella; él, que era 6 años mayor que Bella, se lo tomó con más calma. Aunque también le afectó hasta cierto punto.

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16 de Noviembre del 2000, Forks, Washington.

Charlie y Renné estaban oficialmente separados. Isabella había decidido quedarse por un tiempo con Charlie, mientras que Emmett decidió mudarse con Renné en el lindo departamento que ésta había comprado en Seattle.

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18 de Octubre de 2008, Forks, Washington.

El vampiro acosador cada noche entraba al cuarto de ella y la observaba dormir, escuchaba los pequeños balbuceos que ella susurraba en sueños. Y también descubrió que la sangre de la chica le atraía demasiado y que, además, no podía leer la mente de ésta. Cuando descubrió esto último, comenzó a "entrenarse" para estar cerca de ella sin que la pequeña corriera algún riesgo.

La chica ya tenía 16 años y los cambios físicos ya habían comenzado desde hacía un tiempo. Su cara era fina y con forma de corazón, sus piernas largas y delgadas, sus caderas un poco más anchas, su cintura era pequeña y sus senos más grandes.

Edward ya comenzaba a verla de otra manera; ahora ya no era la bebé a la que tenía que proteger como a una flor, sino que, además de protegerla, quería estar con ella de otra manera. Algo más... íntimo...

Controló su sed, una vez que pudo estar a algunos metros, comenzó a acortar la distancia que interponía entre ellos hasta que un día estuvo tan cerca de ella que la despertó.

Isabella dormía profundamente mientras su vampiro protector respiraba a escasos centímetros de su boca, con ansias de besarla y mordisquear esos lindos, rojos y llenos labios que ella tenía. Y no pudo resistirse a un pequeño roce de sus labios con los de ella. Aunque fue un microsegundo en el que sus labios se unieron, en la piel de ambos se sintió una descarga eléctrica y se trazó una delgada línea de fuego en el lugar en el que sus pieles se juntaron.

Ella se despertó algo alterada y él se escondió en las penumbras de la habitación adolescente. Isabella volteó a todos lados, aún adormilada, y susurró:

-Sólo un sueño...

Edward soltó el aire contenido y esa noche no intentó ningún contacto más. Ni la noche siguiente, ni la siguiente, ni la siguiente... Durante una semana no la tocó, sólo la escuchó y la observó, pero eso fue lo máximo que pudo soportar estar alejado de ella. Una mísera pero larga y agobiante semana. Descubrió que no podía estar mucho tiempo alejado de la chica. Se había vuelto un dependiente del olor de su sangre y de los latidos de su corazón.

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A lo largo de la adolescencia de Isabella, Edward observó cómo la niña se hundía en un mundo de libros, muchos de ellos eróticos.

Y el verla leerlos le era realmente entretenido. La chica se escabullía al pequeño bosque que rodeaba su casa, se sentaba en una rama o tronco que estaba a su alcance y allí leía.

Mientras lo hacía, se sonrojaba, se removía incómoda y se mordía la boca— acto que le provocaba a Edward deseos insanos de morderla y besarla hasta que le dolieran los labios—.

El día en que la conoció supo que amaba a esa chica con toda su alma. Y que la cuidaría tanto como durasen sus vidas...

¿Qué les pareció, chicas? ¿Les gusta este Edward inglés? Decidí que sea inglés porque hay pocos fics en los lo es, generalmente es estadounidense o italiano. Así que me dije: ¿por qué no un sexy vampiro inglés?

Déjenme RR las que quieran un vampiro acosador que las quiera morder, y las que no lo quieran: también.

Mordidas...