Capítulo 4.

Una metida de pata.

Mittens P.O.V.

No pude evitar acostarme sobre mi pecho a llorar sobre el suelo de pasto antes de entrar a la casa lejos de la vista de él, no quería afectarle. Pude escuchar a Bolt lamentándose mientras lloraba crudamente.

~Él se ha llevado la peor parte, tengo que darle ánimo~.

Esperé a llorar todo lo que tenía yo que llorar, me sequé las mejillas y volví en silencio hacia el árbol, Bolt yacía allí acostado hacia un lado, silencioso... aceptando su soledad, permitiendo que la oscuridad lo sumergiera.

-Arriba Bolt, no tienes tiempo para llorar.

Simplemente negó moviendo hacia los lados la cabeza, sin dejar su posición o voltearme a ver. Era obvio que no quería que lo viera llorar.

-Tranquilo Bolt. Ahora nos tienes a nosotros.

Bolt respondió con una voz débil: -Lo sé. Gracias.

-Te garantizo que jamás te abandonaré... estoy segura que Rhino tampoco lo hará.

-Les quité sus vidas a ustedes sin siquiera preocuparme por sus sentimientos.-

Me extrañaron sus palabras, estaba aún muy dolido en el alma. Estaba inestable con sus emociones.

-Y eso ahora te atormenta a ti, no sé si también a Rhino le afectó pero, lo más seguro es que sí.

-No te preocupes por él, está feliz viviendo contigo.

-¿Y qué hay de ti?...

-Bolt de todas maneras ya...- -Te arruiné la vida, sólo me preocupé por mí.-

-No me interrumpas orejón... como te decía; de todas maneras, por más que me pregunte qué hubiera pasado si me hubiera negado a seguirte; es algo que jamás sabré. Y puede que ésta haya sido la mejor elección.

- Mittens, sabes mucho; tus padres debieron ser muy buenos.

~Mis padres. Vaya, éste perro sí que sabe cómo desanimar a cualquiera~.

En fin... Pasamos varias horas en silencio. Unas tres o cuatro, recordando, reviviendo y extrañando viejos tiempos, era como si ambos hubiéramos hecho una tregua para sólo recordar el porqué del que hayamos llegado tan lejos.

Miré el cielo y veía cómo se llenaba de luz el cielo hacia el horizonte. Ya amanecía; así que decidí romper con el triste silencio que de vez en cuando se combinaba con lamentos y sollozos.

-Lo pido por última vez Bolt, y antes de que te resfríes. Volvamos juntos a casa. Nuestra casa.

-Agrega por ahora. No quiero vivir bajo una mentira.

-Bueno Bolt.- Levanté mi mirada a las hojas tiernas del árbol, se nubló mi vista con una lágrima que luego de desbordó hacia mi nariz. Cayó, renació otra y otra, varías corrieron por las mejillas. Tomé fuerzas para decir llorando: Volvamos a la casa. Después no habrán tan buenas, cálidas o secas. Habrá noches en las que nuestro único techo serán las estrellas, pasaremos hambre, frío, desprecio... Pero ten por seguro que nunca te faltará tu propia libertad.

Bolt se levantó enérgico, sabía que aquellas palabras, ése himno a la soledad que entoné daba por hecho que contaba con mi complicidad para abandonar la casa de Penny.

Reparó y se inclinó al ver mis lágrimas.

-Tu nariz gotea- Refiriéndose a las lágrimas, luego miró mis ojos y mejillas conmovido; se acercó de frente mientras decía con suavidad.

-Yo me encargo.

~Gracias, Mittens por acompañarme a vivir mi vida, una nueva. Contigo~. Pensó el can mientras miraba con ternura la nariz de Mittens acercándose para secarla. Se le ocurrió que debía hacerlo transmitiendo lo agradecido que se sentía por la muestra de apoyo que había declarado; así que lo hizo lo más suave, tierno y hermoso que podía hacer. Se tomó su tiempo.

Amaneció casi por completo.

Por alguna razón Rhino presintió que su héroe, no estaba en la seguridad de la habitación, a decir verdad presentía que estaba sólo; despertó solo para darse cuenta que presintió correctamente, ~Si ya es casi de día, con razón...~. Pensó. Como pudo se acercó a la ventana para ver el amanecer, notó movimiento abajo en el jardín.

Miró y vio a Mittens correr despavorida hacia la casa, luego se sorprendió de ver a Bolt, hecho roca como si se hubiera trasladado a otro mundo y su cuerpo se hubiera quedado vacío o apagado.

No prestó importancia y corrió a volver a dormir. Luego dijo casi dormido o tal vez ya estándolo... -Jóvenes... tienen que aprender tanto sobre el amor... con patatas y cebollas...- Luego se quedó casi muerto de sueño.

Duró muy poco su gusto pues al cabo de dos horas se despertó Penny, notó la ausencia de sus mascotas y tomó a Rhino. Bajó las escaleras y sirvió porciones de comida respectivamente para cada uno de sus inquilinos, decidió dejarle su comida a Rhino en la cocina y casi adivinando que Bolt y Mittens estaban en el jardín tomó sus platos de comida y decidió llevárselos afuera.

Abrió la puerta y dijo alegre y enérgica; aún con pijama.

-¡Chicos aquí les dejo su comida! disfrútenla.

Vio como corrían de aquí allá con velocidad Mittens persiguiendo a Bolt, se sorprendió de cómo era que no se cansaban y se dijo a sí sola. -Tengo que buscarles el botón de "off" o envejecerán en dos días de tanto jugar-. Dio media vuelta y entró a hacer su rutina sin prestarle más importancia a sus palabras.

-¡Pedazo de idiota!... ¡Gasp!... Apenas te alcance te arrepentirás ¡Oíste torpe!

-¡Perdón!... ¡Basta, ya. No quiero que me mates!... ¡Porque aún soy joven!

-¡Hijo de perra! ¿Pero cómo te atreves...? ¿Cómo te atreves a decir eso burlándote? Retráctate.-

Casi reemplazó su furia por la gracia que le causaba lo irónico que resultaba decirle a Bolt que era un hijo de perra. ~ ¿Pues si no que cosa sería? ¿Una alfombra? es obvio que sus padres eran perros~.

Luego recuperó la fe en el castigo ejemplar que le daría.

-Mittens no hace falta que digas cosas feas- dijo mientras trataba de detener la marcha. Luego se arrepintió de hacerlo.

Mittens corría como endemoniada fuera de sí contra Bolt... Y no era para más pues el can le dio un beso profundo en lugar de secarla.

- !Desgraciado, aprovechado!... !Ven y paga con tu propia vida!

-Alcánzame si puedes...- corrió alejándose de ella a toda velocidad, miraba burlonamente a Mittens; para su sorpresa se detuvo en seco con un gesto de dolor o más bien esperando ver una escena de dolor.

~¿Se habrá lastimado?~. Pensó el perro, confundido puso la vista hacia enfrente. Después todo fue claro como el agua, el tronco del árbol estaba a unos pasos de Bolt que no se detenía.

-¡Aaaahhyyy!... ¡Whhuoo!-.

Levanté mi vista al cielo, se veía tan lindo con hojitas volando; del árbol que aquel imbécil no notó.

-Gracias por el espectáculo orejón. El caer otoñal de las hojas me gusta mucho-

Dió media vuelta tratando de esconder una risa enorme que liberó a carcajadas casi ya llegando a la entrada de la casa. Más tranquila de que su infractor quién descaradamente le robó su primer beso haya pagado caro el atrevimiento.

-Auuggh. De... nada.-

Luego cómicamente y para cerrar con broche de oro una hoja cayó en la nariz de Bolt, cerró sus hojos y suspiró mientras pensaba...

~Menos mal, ya amaneció, será un largo día~.