Capitulo 4- La plegaria que nunca debe ser dicha

-Tú de nuevo- soltó el oso y poso sus ojos en él-…comienzas a cansarme- aquel nefasto hombre, quien se empeñaba en hacerle la búsqueda de su primogénito imposible, no le ponía atención, toda se la robaba el joven hincado a las puertas de la iglesia quien ni siquiera se había percatado de que se encontraba ahí mirándolo con su ojos llenos de odio y esa sonrisa casi diabólica, el príncipe ya no importaba más. Caminó en dirección a él sin que el joven se percatara ante un incrédulo Vegeta que no comprendía el comportamiento de aquel sujeto- En verdad pensé- dijo mientras se le acercaba- que no seguías por aquí; pero siempre te empeñas en volver- aquel joven no se inmutó, tocó las puertas de madera podrida y sucia, sus labios comenzaron a moverse dejando salir un cuchicheo apenas audible, una oración que tan solo él y su interlocutor comprendían.

Repentinamente, dejo de pronunciar la oración, clavó la mirada hacia las puertas a punto de convertirse en polvo; extendió una mano dirigida hacia él

-…Si no tuvieras su protección- pronunció el hombre con seriedad- no serias nada, siempre supe que no eras nada- Vegeta solo pudo ser un espectador incidental, sin entender quien era aquel que con tanto recelo se dirigía el otro que le atormentaba tanto y que ya no soportaba más. Una brisa chocó contra su cuerpo, una brisa gélida que comenzaba a acrecentarse, en segundos era un poderoso viento que parecía que nada ni nadie era capaz de frenar; el hombre rio a carcajadas mientras aquel viento abatía contra sí, su piel se hizo gris, sus ojos eran totalmente negros y su ropa se convirtió en jirones, un aura negra le envolvió, emitió un aterrador grito que cimbró en los oídos del príncipe, cerró los ojos por la brisa huracanada que se hacia caliente a cada momento y luego todo fue silencio, aquel exasperante sujeto se había desvanecido.

Por un minuto se quedo inmóvil sin entender del todo lo que acaba de presenciar; no era la primera vez que veía tal metamorfosis en alguien; pero si era la primera vez que lo veía en un humano.

El joven bajó su mano, el viento cesó, Vegeta le vio aferrarse a si mismo como si fuera su único sostén en el mundo, cayó al piso aun abrazándose con fuerza, aun mirando hacia la puerta, con la respiración agitada, temblando lleno de miedo.

-¿Quién era ese?- pregunto Vegeta con desprecio a aquel joven de cabellos negros cuya mirada estaba perdida en algún punto de su mente.

-¿Quién era quién?- le preguntó mientras trataba de incorporarse. Vegeta gruñó ante lo que considero incompetencia

-Ese que te gritó

- …creó que era Leviathan- contestó con dificultad ¿Cómo era posible que ese muchacho tan débil y confundido lograra que ese hombre quien ya dos veces lo había derrotado se esfumara? De cualquier manera, desde hacia tiempo había aprendido que las apariencias engañan.- Yo no recuerdo quien soy, solo que debo de estar aquí- Vegeta miro a su alrededor, unas cruces de madera y piedra se erigían en los patios de la vieja iglesia, cruces con la marca del tiempo impresas, los nombres grabadas en ellas apenas podían distinguirse.

-¿Qué es Leviathan?

-No lo recuerdo señor

-¿Qué es este lugar?- interrogó de nuevo al muchacho, aquel apoyó la frente en las puertas de madera y de nuevo comenzó a rezar- contesta- exigió ante tal falta de respeto

-No lo se- respondió finalmente- no se si alguna vez lo supe- Vegeta, enfurecido contra el joven y su falta de respuestas, se encaminó hacia el este, hacia donde sintió el ki de su hijo por ultima vez –E…Espere- le llamó el muchacho con timidez, el príncipe no se detuvo, no estaba para perder el tiempo con semejante insecto- … ¿Qué busca usted?- y se detuvo de inmediato ¿Cómo supo que buscaba algo? Tal parecía que el muchacho sabía más de lo que aparentaba y que todo ese tiempo le habían estado viendo la cara

-¿Quién te dijo que busco algo?

- ¿Para que más vendría alguien a esta isla muerta?

-…Busco a un niño, mi hijo

-Su hijo… ¿y como es?

-Tiene 4 años, es blanco de ojos azules, su cabello es morado…es fuerte y…- no supo que mas decir, ahora caía en la cuenta que muy poco conocía de su hijo, que en los apenas cuatro años de vida que tenía ese niño casi nunca había convivido con él.

-No lo he visto señor- y recargo de nuevo su frente sobre las puertas- pero si lo veo le diré que lo esta buscando

-Entonces si sabes más de esta isla…

-Solo se que esta muerta señor, no se más que eso- sus labios comenzaron a moverse pronunciando palabras en silencio, encerrándose de nuevo en una oración cuyo contenido era un secreto.

…………………………

En los medios continuaba hablándose de esa isla que apareció de la nada, ni los más veteranos científicos expertos en la materia daban una certera explicación sobre lo que hizo aparecer esa isla. Una cosa era cierta, nada vivo podía estar cerca, lo que fuera que se aproximara moría en instantes, un suceso que ayudo a bautizarla como la isla de la muerte. El mundo entero estaba al pendiente de lo concerniente a ella, esperando lo peor, dejándose llevar por todo tipo de rumores, desde que era un isla como cualquier otra hasta una señal del fin de los días.

A pesar de ello, Bulma no perdía la esperanza, Vegeta iba a traerlo de nuevo a casa, sano y salvo, todo no sería mas que un terrible recuerdo que se olvidaría con el correr del tiempo.

Era ya de noche, más de la media noche; en unas horas se cumpliría un día entero de la desaparición de Trunks, ella no podía dormir ¿Cómo hacerlo si su hijo bien podría estar sufriendo? Milk alcanzó a Gohan en la corporación, acompañaba a Bulma en todo momento, sabía perfectamente por lo que pasaba; alguna vez Picoro se había llevado a su hijo y por un año no supo nada de él ¿Quién mejor que ella para acompañarla en momentos de tanto dolor y angustia?

Aun así no se separaba de Goten ni un solo momento, temía que la isla en realidad estuviera detrás de todos los saiyajins y no permitiría que sus hijos cayeran en sus redes.

El más pequeño de los Son dormía plácidamente en uno de los sofás de la sala de entretenimiento, mientras su madre y Bulma permanecían sentadas en el otro, su madre tratando de calmar a una mujer devastada por dentro, ajena a todo pensamiento que no estuviera relacionado con Trunks y Vegeta, aun aferrada a una promesa y sin embargo con tantas dudas rondando por su mente ¿Lo había encontrado ya? ¿Estaban bien? ¿Los volvería a ver?

Goten abrió los ojos, desorientado en el tiempo, asumió que ya había amanecido, escuchó el cuchicheo de su madre, le vio sostener las manos de la mamá de Trunks que tenía los ojos rojos y su mirada cansada, tal vez lo mejor era jugar con el único amigo que tenía y a quien no había visto desde que estaba ahí

-mamá- le llamó el pequeño

-¿Qué pasa?

-Tengo sed- Bulma le miro enternecida

-Llévalo a la cocina- le dijo a Milk- seguramente le dará hambre también- Goten la miro fijamente, ella debía de saber

-¿Dónde ta Trunks?- los ojos se le inundaron de lagrimas ante la inocente pregunta del pequeño. Goten supo entonces que el paradero de Trunks era algo que no debía discutir al menos no con ella, puesto que la hacia sufrir mucho.

-Pronto…pronto regresara Goten- respondió Bulma recuperando la compostura- y podrás jugar con él

………………………………

Caminó hacia el este, sin saber a donde ir, solo que tenía que continuar hacia ese rumbo; pendiente de encontrarse con alguien que le informara sobre que era esa isla y la razón de que se llevara a su hijo, sin importar lo que le dijeran el los acabaría, no cabía duda en ello, nadie podía meterse con la propiedad del gran príncipe Vegeta.

A su paso se fijaba en las calles manchada con sangre, en las casas y tiendas abandonadas a su suerte, los vidrios empañados de polvo y arena que apenas dejaban ver lo que resguardaban detrás, los faroles en las calles que a pesar del abandono permanecían encendidos, enciendo y apagándose aleatoriamente, los carteles pegados en las paredes anunciando la gran celebración del aniversario del pueblo, y ese aire tenso en una isla muerta, que a pesar de todo daba signos de vida, que se negaba a morir.

Alguien le seguía, a pesar de que no podía sentir su ki, tenía ese presentimiento vago de que alguien le venía siguiendo desde hacia un rato. Se detuvo y miro escrutiñadoramente a su alrededor, sintiendo todo aquello que emanara señales de vida; pero fue inútil, nada vivo estaba cerca, no había ni un solo ki en toda esa isla ¿era su imaginación? Lo mejor que podía hacer era su seguir esa intuición de guerrero que nunca le había fallado. Retomó su camino una vez más, al pendiente de todo a su alrededor.

Un sonido se unió al de sus fuertes pasos, una estática que venía desde lejos…al este…a la derecha, sin perder tiempo, Vegeta caminó siguiendo el ruido de la estática que se hacia mas fuerte a cada vez y no solo eso, una voz se hacia mas clara, la de un hombre ya mayor.

Al fin encontró el lugar donde provenía aquel sonido, al parecer, fue una estación de policía, sus letras apenas eran ilegibles, el color azul era pálido. Vegeta entró sin titubear, tan solo quería encontrar al niño e irse de ese fastidioso lugar.

En el…670…tragedia- la palabras del hombre en la grabación se hacían más claras; pero aun así la frase estaba incompleta-tal...en las…ahí…no lo dejen…no…decir la…debe…por los…deben - con desesperación, busco por la pequeña estación la procedencia de esas palabras, eran quizá una clave de lo que pasaba- en…hasta …habrá… muelle…es una………isla laguna- al fin dio con ella, debajo de una mesa llena de papeles y mapas de navegación, transmitiendo lo mismo una y otra vez sin cesar, una radio de banda corta que transmitía para si misma…retrasada tecnología humana. El príncipe hizo a un lado los papeles y los mapas y dejo el radio ahí, movió varios de los botones sin conseguir que la grabación mejorara e incluso hubo un momento en que la llegó a empeorar, hasta que, por fin, encontró el botón apropiado

En el año 670, el día del aniversario de la fundación, la tragedia ha llegado a nuestro pueblo. Tal como se dijo, ha aparecido en las puertas de la iglesia, de ahí no se ha movido, no lo dejen pronunciar su plegaria, la plegaria nunca debe ser dicha. Se ha declarado estado de emergencia por los sucesos recientes, deben aguardar en sus hogares hasta que vayan por ustedes para llevarlos al muelle donde habrá un barco para irse de aquí lo más pronto posible, es una emergencia, debemos irnos de isla laguna- e inicio de nuevo, como seguramente lo había hecho desde hacia quien sabe cuanto tiempo.

Una risa infantil lo sacó de sus pensamientos, no era de Trunks, a pesar de todo, sabía muy bien como se escuchaba la risa de su hijo; pero esta no la había escuchado jamás; ¿De donde provenía? No había ni el más ínfimo ki en los alrededores o en toda la isla. Las luces de la estación comenzaron a parpadear, la temperatura descendía, y la estación quedó en penumbras; vio pasar junto de si las sombras de dos niños, uno detrás del otro, las risas se escucharon a los lejos y las luces se encendieron

-¿Qué clase de broma es esta?- gritó furioso. Sobre el radio estaba el oso de su hijo, manchado de sangre y despanzurrado, con sus ojos negros mirándolo directamente, como si le exigiera pronto encontrara a su dueño.

Iba a tomarlo cuando se dio cuenta que por una de las patas del muñeco corría sangre fresca, parecía emanar del mismo oso y no dejaba de correr, en la mesa se hizo un charco de sangre, su hijo se le vino a la mente, no pudo evitar sentir una pesada angustia, su presentimiento le decía que su hijo estaba en un grave peligro y que tenía que encontrarlo pronto.

Tomó al oso por la pata de la cual la sangre no dejaba de fluir y de inmediato su incesante destilar cesó -¡conmigo no se juega! ¡Si eres tú Leviathan enfréntate contra mi!- mas no hubo respuesta alguna. Aturdido, con la desesperación nublando sus pensamientos, salió de ahí. Daba resoplidos invadido por la ira, enfurecido contra aquellos que se mofaban de él, no le interesaba en lo absoluto si estaban vivos o muertos solo sabía que tenía que demostrarles que él no era objeto de la burla de nadie.

Las luces parpadeaban y no había ni una sola estrella en el cielo, apretó al oso con fuerza, encontraría al niño y lo llevaría a casa, nadie iba a impedírselo.

-Me llamó, su alteza- pregunto Leviathan en un tono irritativamente sarcástico del que Vegeta ya estaba harto.

-Deja tus juegos estúpidos, pelea directamente- dijo en tono serio, arrojó al oso a un lado de la calle y aquel de inmediato comenzó a sangrar, sin que Vegeta se percatara de ello

-si lo dices por ese tonto juguete, no soy yo quien te lo esta mandando a cada oportunidad

-Nadie me derrota, sabandija y menos un humano corriente como tú

-… ¿nadie lo derrota? ¿Qué hay de Kakarotto?- Vegeta de inmediato montó en cólera, sin darse cuenta ya era un súper saiyajin; mas Leviathan no se inmutó por ello, tan solo permaneció frente a él observándolo, esperando su primer movimiento. El ki de Trunks reapareció una vez más, hacia el este, el príncipe salió de inmediato de su rabia; el ki del niño era fuerte; pero poco a poco comenzaba a debilitarse, bien podía esperar, primero tenía que demostrarle al imbécil que tenía enfrente quien era el Vegeta, príncipe de los saiyajins, lo mataría en cuestión de segundos y si era un fantasma lo volvería a matar.

El ki de su hijo se hizo aun más fuerte que antes, intensificándose con gran celeridad, incluso llegaba a los niveles de su contraparte de un futuro alterno, ¿Acaso estaba sufriendo y en peligro de muerte? De cualquier manera, si era un saiyajin autentico el bien podía defenderse solo, no tenía porque ir en su ayuda, suficientemente ocupado estaba con restituir su honor ante tan aborrecible humano.

Su mirada se cruzó con el oso de su pequeño, la desesperación le invadió nuevamente, algo dentro de si le decía a gritos que su hijo estaba en inminente peligro de muerte, que tenía que salvarlo, era algo que no podía controlar, a lo que escuchaba sin querer hacerlo, tenía que ir en busca de Trunks. Luego volvería por el insecto de Leviathan, le dirigió una mirada iracunda a su inexpresivo rival y salió volando de ahí a toda velocidad hacia el ki del niño

-Eso nunca, Vegeta- Leviathan extendió sus manos al cielo y con fuerza las llevo al suelo cuarteándolo por casi 10 metros desde donde estaba parado. En ese mismo instante, el gran príncipe Vegeta perdió el control de su vuelo y cayó desplomado a la calle, perdiendo la conciencia instantáneamente- no permitiré que lo encuentres, Vegeta, ríndete de una buena vez, no tiene caso rehusarse- dijo el hombre mientras lo miraba tirado en el suelo como si estuviera muerto, respirando con dificultad, herido y abatido; pero nunca derrotado