Quiero agradecer a Sikkandda que me dio nuevas ideas, gracias
Bleach no me pertenece sus personajes e historia son obra de Kubo Tite.
Paleta.
Encantada, si. Estaba encantada, mirando aquel dulce como un niño que mira un juguete nuevo en navidad. Sabía que se la iba a pedir, y no se la iba a comprar y ahí vendría el escándalo. No. Mejor se la compra para ahorrarse un mal momento.
- Disculpe, deme una de esas paletas, por favor- Señalado al dulce, era grande.
- ¿Ichigo?- Rukia no entendía.
-Ten, enana- Se la dio, con indiferencia, mirándola de reojo.
- Oi ¡Gracias Ichigo-Kun!- Grito agarrando su brazo.
Dios, el odiaba eso, no porque no le gustara, sino porque SI le gustaba. Cuando ella le decía Ichigo San o Kun a el le calentaba.
- Soy un asco de persona- Se lamentaba Kurosaki agarrándose la cara. No entendía porque era solo así con ella. Le ponía nervioso.
Para llegar mas rápido tomaron un callejón, Ichigo no se había percatado de que Rukia ya estaba lameteando la paleta. Era tan sexy.
- Es mi límite- Susurro.
Empujo a Rukia contra la pared, apretando sus muñecas con fuerza, atacando sus labios y besándolos como si fuera la última vez, tenía sabor a ese maldito caramelo.
Mentira.
Ichigo abrió los ojos, como si poseído hubiera estado. A LA MIERDA. Tenía que ir al psicólogo.
Al carajo Rukia, el caramelo, las hormonas y el mundo. Él la quería solo para el.
