Lo dicho esta historia no es mía pero es de Melissa Marr. Los personajes son de Stephenie Meyer, a ellas son a las que les debemos todo esto.
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Capítulo 3: Nada de Guerra.
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Paul se levantó con la temprana luz de la mañana, silenciosa, una de sus elfas permanecía muerta a sus pies. La elfa, Guin, había llevado un aspecto mortal tan a menudo que los años de glamour todavía se aferraban a ella después de morir, dejando parte de su cara pintada con maquillaje mortal y la otra parte gloriosa. Ella llevaba unos vaqueros azules apretados, pantalones que ella y su hermana siempre le recordaban cuando hablaban, y un top que apenas cubría su pecho. Ese trozo de tela estaba manchado con sangre, su sangre, sangre derramada en el suelo sucio.
-¿Porque? Porque ocurre esto, a ghrá?- Paul se inclinó para retirar de su cara el pelo ensangrentado. Alrededor de ella, había botellas, colillas de cigarrillos y agujas usadas. Nada de esto le ofendía de la forma que lo hizo una vez: esta área era escabrosa, se había vuelto más violenta en los últimos años desde que los mortales establecieron sus disputas territoriales. Lo que de verdad le ofendía era la idea de que una bala mortal hubiera alcanzado a uno de los suyos. No podía haber sido intencionadamente, pero esto no cambiaba nada. Ella seguía muerta.
En frente de él, esperaba la alta, delgada Beansidhe que él había convocado.
-¿Qué hacemos?- ella retorcía sus manos cuando habló, resistiendo su instinto natural de protestar. Ella no resistiría mucho, pero Paul no podía contestar aún.
Él recogió una caja vacía, volcándola en sus dedos. El latón no debería herir a un elfo, ni debería el trozo de plomo que él había apartado del cuerpo muerto de la elfa, cuando llegó. Sin embrago, pensó: una simple bala mortal la había matado.
-¿Paul?- la Beansidhe se había mordido la lengua hasta que la sangre de sus labios bajó hasta su barbilla.
-Balas normales- él murmuró, torciendo los trozos de metal a través de sus dedos. En todos los años desde que los mortales habían empezado a diseñar estas cosas, él no había visto a uno de los suyos morir por ellas. Disparos, sí, pero habían cicatrizado. Ellos siempre habían cicatrizado todas las heridas infringidas por mortales, todas excepto heridas severas hechas por hierro y acero.
-Vete a casa y laméntate. Cuando los otros vengan a ti, diles que esta área esta fuera de los límites ahora.- Entonces levantó el cuerpo ensangrentado de la elfa en sus brazos y se alejó, dejando a la Beansidhe empezando a lamentarse fúnebremente cuando ella corrió.
Sus gritos les convocarían, a su ahora vulnerable Corte Oscura de los elfos, trayéndoles a escuchar las espantosas palabras de que un mortal había matado a un elfo.
Por el momento se presentó Félix, mano izquierda de la corte, se acercaron unos segundos más tarde, las alas oscuras del abismo, extendiéndose como una cortina por encima de la calle. Sus lágrimas de tinta negra goteaban en el cuerpo de Guin, trapos sucios del glamour aún se aferraba a ella.
-He esperado demasiado para parar la amenaza de la creciente fuerza de la Corte del Verano- dijo él.
-Esperado demasiado- dijo Gabriel. -Mantente a la espera y la guerra vendrá contra tus condiciones, Paul.
Como sus predecesores, Félix, el nombre era por rango no por nacimiento, siempre ha sido audaz. Era una inestimable característica.
-No busco la guerra entre las cortes, solo el desconcierto.- Paul hizo una pausa en la parte de delante de una casa, una de las muchas casas que él había elegido para sus elfos en cualquiera de las ciudades que ellos llamaban hogar. El miraba la casa, el hogar donde Guin se expondría a la Corte por la mañana. Pronto, Victoria escucharía la noticia de la muerte de Guin; la elfa hambrienta de guerra empezaría sus interminables maquinaciones. Paul no esperaba intentar aplacar a Victoria. Su paciencia disminuía cada año, impaciente por más violencia, más sangre, más destrucción.
-La guerra no es que sea lo mejor para la Corte- dijo Paul, tanto para sí mismo como para Félix- Esto es trabajo de Victoria, no mío.
-Si no lo es para ti, no lo es para tus súbditos, tampoco- Félix alcanzó y acarició la mejilla de Guin. -Guin estaría de acuerdo. Ella apoyaría a Victoria, incluso ahora.
Tres elfos oscuros salieron de la casa; una neblina de humo se aferraba a ellos como si se filtrara desde su piel. Silenciosos, cogieron el cuerpo de Guin y se la llevaron adentro. Al lado de la puerta abierta, Paul podía ver que habían empezado a colgar espejos negros alrededor de la casa, cubriendo cada trozo de superficie disponible con la esperanza de que la persistente oscuridad encontraría el camino hacia el cuerpo, que algunas trazas serian lo suficiente fuertes para sacar la bala , y así poder alimentar a Guin y sanarla. No lo haría: ella realmente se había ido.
Paul los vio en su calle, sucios mortales con mucha encantadora violencia que él no podía entender. Esto cambiará.
-Encuéntralos, los que hicieron esto. Mátalos.
El espacio en blanco alrededor del músculo del antebrazo de Félix, estaba lleno de escrituras scrolling en reconocimiento a la orden del Rey Oscuro. Félix llevaba a cabo las órdenes con la claridad con la que estaban escritas en su piel, para intimidar y aclarar lo que el rey quería.
-Y envía a los demás para traer algunos de los elfos de Edward para el velatorio. Tanya también.- Paul sonrió con la idea de la malhumorada Corte de Invierno- Diablos, trae algunos elfos solitarios de Esme si puedes encontrarlos. Su corte superior no es buena para nada. No provocare una guerra, pero voy a iniciar algunas peleas.
Al anochecer, Paul, sentado sobre su sillón, veía a sus elfos de duelo.
Se retorcieron y se lamentaron. Varias beansidhes todavía se lamentaban. Los sabuesos de Félix, en su aspecto humano, piel decorada con tinta y cadenas de plata, bromeaban entre ellos, pero había resquicios de alarma. Jenny Greenteeth y sus familiares miraron a cada uno con ojos acusadores. Solo el elfo Thistle parecía tranquilo, cogiendo ventaja del miedo de los demás, nutriéndose ellos mismos en el pánico que penetró en la habitación. Todos sabían que el retumbar de la agitación ya había empezado. Con la realidad de una elfa muerta, el estímulo para recurrir a medidas extremas era inevitable. Siempre había las caras, los murmullos de motín: era el status quo. Esto era diferente: uno de los nuestros había muerto.
Esto cambiaba el juego.
-Aléjense de las calles- dijo Paul dejando su mirada fija sobre ellos, determinando quienes se abalanzarían hacia Victoria cuando ella comenzara a reunirlos para su causa- Hasta que nosotros sepamos cuan débiles somos.
-Mata a la nueva reina. A ambas.- uno de los súbditos gruñó.- Al rey de Verano también, si es necesario.- Otros sabuesos se unieron al grito. Los Neófitos se frotaron las manos rojo sangre con regocijo.
Varios de la familia de Jenny sonrieron abiertamente y cabecearon.
Victoria sentada silenciosamente entre ellos; su voto no era necesario para saber sus preferencias. La violencia era su exclusiva pasión. Ella inclinó su cabeza, sin hacer nada más que observar. Paul se rio de ella. Ella abrió y cerró la boca con un chasquido audible como si le mordiera. Ella no hizo ningún movimiento más. Ambos sabían que ella desaprobaba sus planes; ambos sabían que ella le estaba probando. Otra vez. Si ella pudiera, lo mataría para poner a la Corte en desacuerdo. Pero la Corte Oscura de los elfos no podía matar a sus regentes.
Los gruñidos aumentaron de forma ensordecedora hasta que Félix levantó una mano pidiendo silencio. Cuando el resto de la habitación se había calmado, Félix dirigió una sonrisa amenazadora.
-Nuestro rey habla. Nosotros le obedecemos.- Nadie se opuso cuando Félix gruño. Después de que hubiera matado a uno de sus hermanos por no respetar a Paul hacia unos años, pocos desafiaban su voluntad. Si Félix tuviera la gracia política para ir junto con la violencia, Paul trataría de cederle el trono. En todos los siglos en que Paul había buscado su reemplazo, solo había encontrado un elfo apto para hacerlo, pero este elfo había rechazado el trono para servir a otro.
Paul empujó este pensamiento lejos de allí. El aún era responsable de la Corte Oscura y considerar lo que pudo haber sido no ayudaba.
Él dijo: -No somos lo suficientemente fuertes para combatir una Corte, mucho menos, dos o tres funcionando juntas. ¿Realmente pueden cualquiera de ustedes decirme que el Rey del Verano y la nueva Reina de Invierno no trabajarían juntos? ¿Podrían decirme que Esme no se pondrá del lado de nadie? -el paró y sonrió a Victoria- ¿Alguien que se oponga a mí? La guerra no es el camino correcto.
Él no dijo que no tuviera ningún deseo de una guerra verdadera. Esto parecería una debilidad, y un rey débil no sostendría su Corte por mucho tiempo. Si hubiera alguien que pudiera conducir a la Corte sin destruirlos a todos en un exceso de desenfreno, Paul se quitaría, pero el jefe de la Corte Oscura había sido escogido entre los elfos solitarios por una buena razón. El disfrutaba del placer de las sombras, pero el entendía que las sombras necesitaban luz. La mayor parte de su corte tenía problemas para recordar esto, o quizás ellos nunca lo supieron. Seguramente no apreciarían escucharlo ahora.
La corte oscura necesitaba el alimento de las más finas emociones: miedo, lujuria, rabia, avaricia, gula, y otros por el estilo. Bajo el régimen cruel de la última Reina de Invierno, antes de que el facultativo nuevo Rey del Verano llegara al poder, el aire era nutritivo. Jessica había sido una reina maliciosa, infringiendo tanta agonía a sus propios elfos como a los que la desafiaron, no arrodillándose ante ella. Esto fue relajante, pero no siempre agradable.
Paul solo dijo: -Pequeños conflictos pueden crear la energía que necesitamos para el sustento. Hay suficientes elfos para que lo uséis como alimento.
Con una voz que molestaría al más tranquilo elfo de Invierno, uno de los integrantes de la familia de Jenny preguntó.
-¿Entonces simplemente nos alimentamos de cualquier elfo aleatoriamente, como si nada hubiera pasado? Yo digo que nosotros…
Félix le gruñó.
-Obedeceremos a nuestro rey.
Victoria movió su boca de nuevo; ella dio un toque en la superficie de la mesa con sus dedos.
-¿Entonces el Rey Oscuro no está dispuesto a luchar, para que podamos defendernos, para fortalecernos? ¿Solo esperaremos a hacernos más débiles todavía? Este es un plan... interesante.
Ella iba a ser el verdadero problema esta vez.
Otro elfo Green-toothed añadió.
-Si luchamos quizás alguno de nosotros desaparecería, pero el resto... una guerra es apta para ser una buena diversión, mi rey.
-No- dijo Paul, observando a Chelsea, la compañera de Félix en ocasiones. -Nada de guerra ahora mismo. No quiero que ninguno de ustedes se destiña. Esta no es una opción. Encontraré el camino.- El lamentaba no poder explicárselo de una forma que ellos entendieran.
Él no podría.
-¿Chelsea, amor? ¿Podrías?- Paul inclino la cabeza hacia un grupo de elfos que había estado riendo y estaban de acuerdo con el elfo greentoothed.
Hablar de desobedecerle a él era intolerable, especialmente cuando el motín se cocía a fuego lento ante los ojos de Victoria de nuevo.
Paul encendió otro cigarrillo y espero a que Chelsea cruzara la habitación.
Unos sabuesos se persiguieron intentando morderse sobre sus bíceps el uno al otro mientras corrían por todas partes. Un zumbido suave emanó de ella, algo entre un gruñido y un murmullo contento. Cuando ella se acercó a la mesa, agarró la silla de uno de los elfos thistle, tirándolo al suelo mientras ella la cogía y se colocaba entre los elfos molestos.
Varios sabuesos estaban dispersos entre la muchedumbre. Félix había hablado, había dicho que ellos apoyarían al Rey Oscuro: o tendrían que obedecer a Félix o matarlo. Si él se hubiera aliado con Victoria, una guerra élfica sería inevitable, pero Félix había estado con Paul mientras mantuvo el liderazgo de sus súbditos.
Paul resumió: -Una mortal ha escogido mi símbolo para su tatuaje. Ella estará atada a mí dentro de unos días. A través de ella, podré dar de comer a ambos, mortales y elfos. Compensaré su alimentación hasta que tengamos otra opción.
Ellos no reaccionaron al momento. Entonces alzaron sus voces en una hermosa cacofonía.
Él nunca había canalizado su alimentación hacia ellos, pero tampoco lo había necesitado nunca. Él podría. El Rey de una Corte estaba atado a cada elfo que le juraba su lealtad. Su fuerza les daba su fuerza; era simplemente el camino de las cosas. Esta no era una solución permanente, pero los mantendría vivos hasta que una mejor solución estuviera al alcance, una que no lo era completamente, la guerra.
Él exhaló, mirando el humo retorciéndose en el aire, echando de menos a la Reina muerta, odiando a Edward por derrotarla y preguntándose qué haría falta para inducir a Tanya, la nueva reina del invierno, para que llegara a ser tan despiadada como su predecesora. La alianza entre Edward y Tanya había puesto la balanza del equilibrio demasiado lejos, hacia un grado de paz que era perjudicial para la Corte Oscura. Pero la guerra tampoco era la respuesta. La Corte Oscura no podría sobrevivir solo con violencia, más terror o lujuria sería suficiente. Todo iba con el equilibrio, y en una Corte donde las emociones más oscuras era el sustento, atender ese equilibrio era esencial.
Otra pelea en el centro de la habitación capto su atención. El gruñido de Félix sacudió las paredes mientras enterraba su bota en la cara de un Neófito, dejando caer la sangre del elfo lo suficiente para haber otra macha en el suelo. Obviamente, los Neófitos no eran tan cooperativos como le gustaría a Félix. Ellos disfrutarían demasiado el derramamiento de sangre, agrupándose para apoyar a Victoria siempre que ella iniciara el motín.
Con una sonrisa de regocijo, Félix observó al Neófito retroceder a su mesa. Entonces Félix se dio la vuelta hacia Paul y se arrodilló tan abajo que su cara toco el suelo, por lo visto tanto para ocultar su sonrisa como para mostrar respeto. Le dijo a Paul:
-Una vez hayas recogido a tu mortal, podremos montar contigo para ayudarte a evocar el miedo y la confusión entre los mortales. Los sabuesos apoyamos la voluntad del Rey oscuro. Esto no cambiará.- La mirada fija de Félix no se dirigió a Victoria ni a los elfos que evidentemente se habían puesto de su lado, pero su mensaje fue bastante claro.
-En efecto- Paul aplastó su cigarrillo y sonrió a su más fiel compañero. Los sabuesos tenían una encantadora capacidad para inducir al terror tanto a elfos como a mortales igualmente.
-Podríamos conseguir un poco de miedo de la desobediencia de este grupo...- murmuró Félix y sus sabuesos agarraron a algunos de los elfos que habían sonreído apoyando las tempranas sugerencias de motines. -La Corte Oscura debería mostrar un poco de respeto a nuestro rey."
Los elfos treparon a sus pies, garras y patas, doblándose. Victoria no se movió. Félix captó su mirada fija y sonrió abiertamente otra vez. No habría más objeciones o discusiones abiertamente esta noche. Félix organizaría a los elfos y les amenazaría si ellos rechazaban cooperar con las precauciones de Paull. Serían casi perversamente obedientes. Por ahora. Entonces Victoria aumentaría sus tentativas.
Pero no esta noche no.
-Esta noche, festejaremos en memoria de nuestra hermana caída.
Paul hizo un gesto de llamamiento, y varios de los sabuesos de Félix trajeron una veintena de elfos aterrorizados provenientes de otras Cortes. Ninguno era de la Corte Suprema, no es de extrañar, ya que la Corte superior de los elfos raramente dejaban que los cogieran, pero había elfos tanto de la Corte de Invierno como de la Corte de Verano.
Paul recogió a una temblorosa chica de verano en sus brazos. Las vides que se adherían a su piel se marchitaron bajo su toque. Ella estaba tan llena de terror y aversión que pensó por un momento en compartirla con los demás, pero él era tan egoísta, lo bastante para quererla para él. Las chicas especiales de Edward eran siempre un convite muy agradable. Si Paul fuera cuidadoso, podría extraerles bastante deseo y temor para prevenir el hambre un par de días.
Algunas veces, él había sido capaz de crearles tanta adicción que volverían de buen grado a sus brazos en visitas regulares, y lo odiaron por hacerlos traicionar a su rey. Era verdaderamente satisfactorio.
Paul mantuvo la mirada fija en la muchacha mientras le decía a su Corte.
-Sus regentes hicieron esto, nos indujeron a esto cuando mataron a Jessica. Recuerda esto mientras nos ofreces tu hospitalidad.
XOXOXOXOXOXOXOXO
¿Me dejarían un pequeño review?
