Capítulo 4

No podía descifrar lo que pensaban Ron y Hermione tan sólo al verlos a las caras. Después de que les contara lo que había hecho Pansy, hacia una semana, ellos simplemente se habían quedado en silencio, aparentemente sin saber que decir. De hecho, prefería que fuera así, no quería escucharlos para nada, ni siquiera su consuelo, pues después de todo, a ellos nos les agradaba mi esposa, la tensa relación de enemistad fueron motivos de peleas entre ellos tres, entre Pansy y yo, o entre mis amigos conmigo.

Con el pasar de los meses, Hermione se acostumbró a su presencia y hablaban mucho, si es que no tocaban ningún punto de su trabajo, pues Hermione creaba leyes que para Pansy resultaban una estupidez y pérdida de tiempo, y no temía expresárselo a mi amiga, y Hermione decía que mi esposa era una persona demasiado intransigente y dura con todos. En cambio, con Ron, peleaban desde que se veían y a veces podía asegurar que era su manera de divertirse, aunque en ocasiones resultaban demasiados molestos al final.

Ron era lo más difícil de tratar en mi relación desde el inicio; él había entendido que con su hermana no tenía más futuro, pues Ginny le había expresado lo mismo. Sabía que los dos no seriamos felices al lado del otro, y eso le molestó al principio, pero nada podía hacer si fuimos ambos que terminamos de mutuo acuerdo, fue triste para ambos, pues seguía queriendo a Ginny y ella a mí, pero no lo suficiente ya. Pero cuando les conté que estaba viéndome con Pansy Parkinson, más que para tratar casos de los aurores que requerían de un abogado, él había gritado exageradamente, llamándome traidor por unirme con una horrible serpiente sabiendo todo lo que nos había hecho en el pasado.

Esperaba eso de él y aunque defendía a la chica de sus insultos, pude entender su rabia, después de todo, Pansy no fue agradable con nadie durante el colegio, pero tampoco nosotros lo fuimos con ella; Hermione fue otro cantar, simplemente se aseguró si era lo que quería y haciéndome jurar que me cuidaría y que, por favor, no terminara con el corazón roto. Su última petición la olvidó cuando seis meses después les dije que estaba enamorado como un idiota, que la quería y me iba a casar con ella. Ron no se lo creía y Hermione volvió a preguntar si era lo que deseaba.

—Más que a mi vida —contesté sin titubear, pues así lo sentía.

Había encontrado algo sorprendente en esa mujer, y aunque por mucho tiempo deseé un remanso de paz, una vida tranquila ya, obviamente al lado de ella no había encontrado eso, había descubierto una pasión que a veces me hacía rabiar, una lava caliente entre las manos, pero que no podía soltar, un amor activo, explosivo como volcán. La había encontrado a ella, siendo tan distinta a la mujer de mis sueños, pero que se había convertido en eso precisamente, en un nuevo sueño, mucho más atractivo del que había tenido antes. Era tan distinta a lo que había esperado, pero era lo que más deseaba en aquel momento y en los siguiente dos años.

Y ahora también, la seguía deseando como un condenado a su libertad.

Ahora simplemente me encontraba esperando sus reacciones ante la nueva perspectiva de mi vida. Yo no los había llamado, ellos se habían preocupado cuando había faltado toda la semana al trabajo, sin decir nada a nadie. Y exigieron que les dijera lo que había sucedido. No pude decirlo en voz alta al principio, simplemente señalé las paredes vacías y las mesillas sin jarrones, y ellos mismo se dieron cuenta de que algo faltaba.

—Falta ella —les dije cuando se sentaron y me veían de manera confundida— Me ha dejado, ha firmado los papeles del divorcio y se ha marchado sin decirme nada.

Sentí un nudo formarse en mi garganta, como cada vez que hablaba, pero más que un nudo parecía ser una piedra que me arañaba la garganta y golpeaba mi pecho. Había pasado la semana entera encerrado en mi habitación, aun destruida por mi culpa, sin siquiera comer bien y durmiendo casi todo el día. La extrañaba con un mendigo, quería verla, tocarla, hablarle, rogarle que se quedara conmigo, decirle que estaba perdido, más desorientado que después de salir de la guerra, que había perdido mi brújula y no sabía a donde ir, porque ella era mi única dirección.

Estaba desesperado, pero no tenía por donde iniciar. No había vuelto a casa de Malfoy, sabiendo que ni él o su esposa dirían algo.

—¿Por qué? —preguntó Hermione con voz calmada.

Miré mis manos y me di cuenta de que estaban apretadas con fuerzas y las venas se me marcaban terriblemente. Ellos dos sabían que me estaba descontrolando y que pronto empezaría a gritar o tirar todo lo que me rodeaba. Después de la guerra mi carácter se había vuelto demasiado irritable, la mínima cosa podía molestarme demasiado. Quizá por eso Pansy había sido la única en poder amarme después de la guerra, era la única con el carácter suficiente para hacerme frente, aunque yo también me había endurecido y por eso podía aguantarla a ella.

¡Maldita sea! Éramos el uno para el otro.

—No lo sé. Me dejó una carta diciendo que yo no la amaba —les conté, y sonreí con ironía— ¿Pueden creerlo? Ella pensó que no la amaba, lo puso en su carta. ¡En una maldita carta! Diciendo que simplemente la quería un poco. Yo que he aguantado sus desplantes, berrinches, enojos y heridas, que la he consolado, que la he hecho gritar, la he hecho enojar, que me ha hecho llorar en ocasiones, pensó que no la amaba.

Suspiré con cansancio, intentado saber por milésima vez si había fallado en algo, o desde cuando Pansy había planeado abandonarme, pero no llegaba a nada, no era capaz de dar con el punto sin retorno de todo esto. Ni siquiera habíamos discutido, ni antes de irme a la misión había indicio de ello, estaba tan tranquila cuando me fui, me pidió que no tardara, que volviera pronto, que simplemente volviera. Asentí a su petición, jurándole que así sería, que no tenía más lugares a donde ir que no fuera a su lado. Ella sonrió como a mí me gustaba, y me abrazó y besó fuertemente. Le prometí que, al volver, no la dejaría salir en una semana entera de la recamara, ella simplemente había sonreído y con picardía me miró.

—Espero que lo cumplas al pie de la letra, que no me dejes salir ni un solo minuto —agregó con voz seductora, mientras me volvía a abrazar y sus dientes se encajaban en el lóbulo de mi oreja.

—Lo juro —la besé de nuevo en los labios, antes de desaparecer al ministerio.

Y yo había regresado con esa idea, hacerle el amor el día entero, todos los días, y después decirle lo de Ginny, que había cometido un terrible error al besar a mi ex.

Vi a Hermione levantarse y acercarse a mí, se arrodilló a mi lado y abrió mi mano izquierda lentamente y pasando sus tibios dedos por las marcas que habían hecho mis uñas.

—Harry, ¿has ido a buscarla? —preguntó suavemente, mirándome con preocupación.

—Lo hice el mismo día que llegué, fui a casa de Malfoy y admitió haberla ayudado a irse lejos de mí. Sus motivos, los desconozco.

—¿Y no viste nada raro en su actitud días antes? ¿algo que te indicara que estaba dolida o enojada por algún motivo? —preguntó de nuevo.

—Lo he repasado todo en mi cabeza, Hermione, nada, no hubo nada que me hiciera pensar que se iría —afirmé.

—Pues está claro, ¿no? —habló Ron por primera vez— Ella no te amaba.

—¡Ron! —gritó Hermione con desaprobación.

Yo me levanté de la silla y caminé hacia la chimenea. Ya había llegado a pensar en eso, pero no podía creerlo, ella me amaba, estaba seguro como de que el Avada Kedavra mataba. Ella me amaba como yo a ella, tuvo alguna razón para irse, para dejarme.

—¿Sabes, Ron? Yo igual lo he pensado, pero estoy seguro de que no es así. Me ama, estoy seguro, de lo contrario no hubiera soportado quedarse conmigo a pesar de que sus amigos le dejaran de hablar porque se enteraron de nuestra relación, que la sociedad le dijera de insultos y la acusara de hechizarme, no habría soportado estar con ustedes ni cinco minutos o irse a encerrar a la madriguera sabiendo que no era bienvenida —dije sin mirarlo.

Encendí el fuego de la chimenea con un pase de varita, pues ya había empezado a hacer frío, y también para descargar un poco de mi magia, pues la sentía vibrar caliente bajo mi piel. Miré el fuego algunos segundos y luego giré a ver a Ron.

—La amo, Ron, te lo dije desde el inicio, y no me importa si ella me ama o no, simplemente quiero que vuelva, ella es mi familia, la única que me queda y me siento perdido sin su presencia.

—Pero se ha ido, Harry, sin decirte nada, ha firmado los papeles del divorcio —dijo Ron, de manera terca.

—Lo sé, pero yo no los pienso firmar, ella será mi esposa para siempre, la buscare y la encontrare, y en verdad espero que puedan ayudarme —aseguré.

No estaba seguro de que aceptarían, pero siempre habían estado a mi lado en los momentos más difíciles de mi vida, así que me fue fácil pedirles de nuevo que no me dejaran solo.

—Cuenta conmigo —dijo de inmediato Hermione.

Ron se quedó callado y después de suspirar, se pasó una mano por el cabello.

—Si eso es lo que quieres, te ayudare —aceptó.

Sonreí agradecido y me senté de nuevo en el sofá.

Media hora después, trazamos un plan. Hermione averiguaría lo que había hecho Pansy en el ministerio días antes de su partida, y me contó que el martes, el segundo día que no me presenté al ministerio, había encontrado en su escritorio la renuncia de Pansy Potter. Su secretaria le dijo que Pansy había llegado el sábado por la tarde, después de que Hermione se retirara, el mismo día que yo había vuelto a casa.

Ron dijo que intentaría averiguar si había utilizado algún tipo de traslador a su nombre, y me golpeé en la cabeza por no haberlo pensado antes. Era seguro que sí, pues en nuestra casa no había utilizado más que la chimenea, pudo trasladarse de manera más rápida con un traslador desde la mansión Malfoy.

Ellos se despidieron de mí y me hicieron jurar que intentaría estar bien, que comiera un poco y que saliera de casa. Les prometí que lo intentaría y que, por favor, nadie más que ellos y los Weasley se enteraran de mi situación, era imposible que la familia de pelirrojos no se enterara, pero no quería armar un escándalo con la prensa. Ellos estuvieron totalmente de acuerdo, de seguro recordando todo lo sucedido durante el anuncio de mi matrimonio y los primeros meses de éste.

Cuando Hermione desapareció de la chimenea, Ron tomó los polvos del recipiente, pero antes de entrar a la chimenea me miró con mucha seriedad.

—Harry, ¿y si ella no quiere ser encontrada? —preguntó Ron, mostrándose algo preocupado y molesto.

—No me importa lo que quiera ella, Ron, necesitó una explicación, al menos que tenga el valor de reconocer en mi cara que no me ama ya. La encontraré, así me pase la vida entera buscándola por cada rincón del mundo —le dije con convicción, pues nada me haría detener.

Él se fue suspirando un poco y yo me senté de nuevo en el sofá.

Estaba cansado, en realidad demasiado cansado, pero apenas iniciaba mi lucha por ella.


Hola. ¿Cómo están? Espero que les haya gustado este capítulo y me den sus opiniones.

Bueno. Como ya les había dicho, tenía como un bloqueo, pero al parecer ya está solucionado y he podido adelantar varios capítulos, pues ahora con la vuelta a la universidad no tendré tanto tiempo. Así que lo que quiero decirles es que he pensado en actualizar una vez a la semana. Cada viernes tendrá un capítulo nuevo.

Gracias por su apoyo y no leemos el próximo viernes.

By. Cascabelita