CAPITULO III.-
Con una carcajada se deslizó por la espalda del sofá hasta que su cabeza quedó casi colgando fuera de él, el pelo lleno de rulos café claro, los ojos color verde, llena de pecas, llena de risa y completamente ebria.
Volvió la cabeza a verlo y volvió a reírse al ver su expresión de no poder y finalmente renunciar a tratar de entenderla.
Si no fuera por su anormal facultad para metabolizar el alcohol más rápido que nadie, pensaría que tenía un serio problema: lo que en el cuerpo de la mayoría pasaba semanas dando vueltas, en ella sólo duraba un par de horas. Jamás había visto a nadie tomar esa cantidad de alcohol y al rato estar fresco como una lechuga, pero qué le podía decir un fenómeno de la naturaleza a otro.
Se acomodó en el sofá y se llevó la botella de cerveza a los labios, sin dejar de mirarla. Se estaba bien ahí, el lugar de la chica era espacioso y cómodo para él. Era un barrio muy bonito, edificios bonitos, gente bonita y a pesar de eso, ella lo llevaba todo muy sencillo, no se complicaba demasiado con nada, menos con la decoración. En el lugar sólo había lo estrictamente necesario.
A veces le daba la impresión de que, o se preparaba para partir en cualquier momento o tal vez que recién acababa de llegar. Ella tampoco exageraba con sus propios accesorios, si no estaba en su traje negro, la veía en simples jeans y polera o cuando se sentía a gusto, como esa noche, sólo en una muy pequeña camiseta y unas también muy pequeñas pantaletas.
De verdad le relajaba estar ahí. El mundo de afuera dejaba de existir, dentro era un micro clima perfecto para él: la cerveza que quisiera y una chica que no tenía el menor complejo con nada.
Casi sentía que podía hacer lo que se le viniera en ganas.
¿Si? ¿tanto así?
Se rió.
Tal vez...
La chica dejó de reírse, pero seguía con esa enorme sonrisa en la cara. Se dedicó a mirarlo de esa forma que usaba para desmenuzar las cosas, para reducirlas a la mínima expresión. Tomaba algo que le interesaba, lo desarmaba, veía cómo funcionaba y después de que lo entendía, lo abandonaba y continuaba con la cosa siguiente.
Con Raph todavía estaba en el proceso de desarmado.
.- ¿En qué piensas todo el tiempo?.- le preguntó de repente.
.- ¿Qué?.- Raph sacudió la cabeza, cogido por sorpresa.
.- ¿En qué piensas? o en quién quizás...- volvió a preguntar la mujer.
Lo miró en silencio por un rato, pero Raph no dijo nada. Volvió a reírse, entrecerrando los ojos.
.- Te he visto quedar en blanco horas y horas ¿qué hay en ese maldito edificio? ¿Quién vive ahí? He visto como lo miras...
Raph la miró grave. Simplemente no sabía cuando callarse, volvía sobre el tema una y otra vez. Más le valía dejarlo de una vez o la velada llegaba hasta ahí: podía aguantarle muchas cosas, hasta que lo llamara "cariño" y "amor", cada dos por tres, pero no que fuera entrometida.
Eso era lo único de ella que no le divertía...
Se levantó un poco para dejar la botella todavía con un resto dentro, sobre la mesa del café. Pensó en volver a sentarse pero después lo pensó mejor y decidió levantarse de ahí por completo.
El pie de la chica en el pecho lo hizo volver atrás en el sofá.
.- Ok. Tú ganas. No es mi asunto. Pero puedes hablarme de eso si...
.- No, no quiero.
.- Ok.- la chica levantó una mano en señal de defensa. Reconocía la derrota pero eso no significaba que dejaría de intentarlo.
Raphael respiró profundo y dejó ir el asunto.
No es que fuera un gran secreto, era sólo que no tenía ganas de hablar de eso No cuando había pasado más de un año ya, ni cuando en realidad trataba de acostumbrarse a la idea de dar por olvidada la cosa.
De olvidarla de una vez por todas.
Ni siquiera era que no le tuviera confianza, si pudiera elegir a alguien con quien desahogarse, esa sería ella.
En más de una forma.
Volvió a agarrar la botella de la mesa y se zampó lo que quedaba en el fondo, luego se inclinó hacia atrás y se dedicó a deslizar los ojos por el cuerpo de la chica. Ella sabía lo que hacía y no podía decir si le gustaba o si simplemente no le importaba, pero seguía exponiéndose generosamente a la vista, con la misma sonrisa en la cara.
Fé... Fénix, en verdad.
Sólo Fénix, nada de apellidos...
¿Quién demonios podía llamarse así? Llevaba unos meses conociéndola y sabía que el nombre le iba perfecto, la chica vivía y actuaba como si nada fuera capaz de matarla. Debía tener unos veintitantos, vivía sola ahí y hasta donde sabía, no tenía a nadie más, nadie de quien ella quisiera hablar, de todas formas.
Pero jamás la había escuchado quejarse por eso, quejarse de nada, de hecho... preocuparse por nada, llorar por nada, tenerle miedo a nada. Para Fé, no valía la pena tomar absolutamente nada en serio y así la había visto hacer, ni siquiera a él mismo. Sabía que para ella, él era una cosa digna de atención, no sabía si sería demasiado arriesgado llamar a eso amistad, o simplemente que todavía mantenía a la chica lo suficientemente intrigada como para que lo quisiera cerca, pero llegó a la conclusión de que no le importaba realmente, confiaba en ella, estaba en deuda con ella y era demasiado divertida como para dejarla pasar.
Había llegado en un momento en que se hundía en negros pensamientos y de pronto estaba rodeado de una especie de carnaval humano que nunca dormía. Tal vez por eso le gustaba, a su lado nada importaba dos cuernos y todo era una aventura loca.
Era como Miguel, pero menos irritante... Y más bonita.
Se la encontró en la noche persiguiendo a un asesino, ella le pidió ayuda, se veía tan desvalida que no le quedó más remedio que aceptar, se quedó con ella pensando estúpidamente que el tipo sería demasiado y que si no la ayudaba, terminaría muerta por ahí. Y ella terminó salvándole la vida.
Todo el tiempo se la pudo sola y sólo se estaba divirtiendo con su actitud de macho. Había caído como un bobo en el señuelo que ella le había tendido sólo para poder verlo más de cerca.
Suponía que podía haberse disgustado, pero no pudo... Los ojos verdes y las pecas ganaron por encanto. Después de eso, se siguieron topando casi cada noche, mucho para una coincidencia. Era obvio que lo estaba siguiendo, pero no se iba a poner a pensar en eso más de la cuenta, de alguna forma, había comenzado a disfrutar de tanta atención.
El fin de la historia era que ahora terminaba tirado en su sofá un sábado en la noche cualquiera...
Le gustaba estar ahí y a ella le gustaba tenerlo cerca.
Como se lo había dicho a Leo, la chica era caza recompensas y una detective genial, pero en verdad era un poco más turbio que eso... y menos legal: salvo por su regla inquebrantable de no matar a nadie y de no meterse ni con mujeres ni niños, le daba un poco lo mismo a quien le entregara la presa ni lo que fueran a hacer con ella después.
Fé estiró los brazos hacia atrás, alargando su cuerpo lo más posible y luego se volvió a mirarlo con ojos de gata.
Sabía lo que pensaba... "¿que pasaría si...?"
Le encantaba tratar de provocarlo, no importaba si lo conseguía o no, el esfuerzo valía la pena. Ella tuvo sus dudas al principio, no pensó que a Raph pudieran interesarle las chicas, si había comenzado a jugar con él era sólo por que había razonado en forma muy sencilla: todos los hombres son iguales, no importaba que fueran verdes, azules, naranjos, y había tenido razón, se daba cuenta de cómo la miraba, es más, Raph había resultado ser increíblemente susceptible a las insinuaciones, lo que sólo lo hacía más divertido.
Ideas extrañas y tentadoras mezcladas con chorros de curiosidad le daban vueltas constantemente en la cabeza. El sólo entibiar el ambiente era ya suficiente diversión, dejarlo pensar que cualquier cosa podía pasar, dejar pendiendo en el aire la tensión, pero sin decidirse nunca a nada, sólo dejando la puerta abierta.
Raph sabía que podría tomar la iniciativa y la chica no iba a decirle que no, lo encontraría entretenido. Ahora mismo estaría pensando a qué sabría.
Cómo sería.
Porque todo era un juego para ella.
Pero Raph no haría nada. Tal vez algún día, pero no esa noche. Era una opción para olvidarse de todo, una opción casi sin consecuencias.
Pero no. No aún.
Después de un rato la chica perdió interés y el momento de tensión se evaporó.
.- ¿Qué te dijo de mi?.- preguntó al fin, repentinamente como siempre, pero inusualmente más seria.
A Raph le costó más de unos segundos entender de qué estaba hablando, tenía la costumbre de saltar de un tema a otro como si él o cualquier otro estuvieran siguiendo sus mismos procesos mentales.
.- Ah...- dijo, recordando. Ella le miró expectante. Él le devolvió la mirada de reojo. Por un segundo pensó en decirle otra cosa, pero después recordó con quién estaba hablando.- No le agradas.- dijo simplemente.
Otra cosa buena de ella, se podía ser perfectamente directo. Por casi medio micrón de segundo, le pareció que su cara se había ensombrecido, por ese pequeño e ínfimo espacio de tiempo, le pareció ver algo parecido a la decepción, sorpresa y tal vez un poco de tristeza. Le pareció extraño, pero como después volvió a sonreír, no se preocupó más del asunto.
Fénix se volvió a ver el techo, con las manos entrelazadas en el estomago.
.- ¿Por qué?.- preguntó.
Raph creyó que era sólo una pregunta retórica, pero descubrió que la mujer se le había quedado mirando esperando una respuesta. Se encogió de hombros.
.- ¿Qué me preguntas a mi? yo sólo observo el fenómeno, no trato de entenderlo. ¿Qué importa de todas formas? Leo está cagado de la cabeza, en realidad es mejor así o terminará colmándote los nervios, no veo de que forma vayan a llevarse bien un neurótico de la disciplina con un tiro al aire como tu.
La mujer se rió.
.- Pero es que no lo entiendo...- siguió ella.- todo el mundo me ama... ¿por qué él no? .- Raph se río para sus adentros por la seguridad con que la chica afirmaba que "todo el mundo la amaba". Pero quien era él para desmentirla.
.- Déjalo ya. ¿A que viene esta obsesión?.
La chica se encogió de hombros.
.- No es obsesión, es un desafío.
.- Llámalo como quieras, pero le estás dando más vueltas de las que valen la pena.
.- No lo puedo evitar, su rechazo sólo me hace esforzarme más. Ya verás, terminaré ganándomelo. Yo nunca me rindo.
Raph sonrió.
Tal vez tuviera más en común con Leo de lo que pensaba. La tozudez cuando se les metía algo en la cabeza, la necesidad de ganar siempre, la intolerancia al fracaso. La obsesión compulsiva de nunca transar con lo que ellos creían que era justo, lo que ellos llamaban principios.
Con el tiempo se había dado cuenta que esos... principios... pocas veces hacían algún bien a nadie más allá de dejarlos dormir en las noches cuando en lo que habían hecho no había mucho para sentirse orgulloso.
Raph iba a decir algo, sólo para sacarla de su ensueño, cuando el celular sobre la mesa sonó. Estuvo tentado a dejarlo ahí, vibrando de aquí para allá, pero al final la curiosidad por ver quien aparecía en la pantallita verde pudo más.
Abril.
Arqueó una ceja. Realmente no tenía ganas de escuchar quejas contra Casey, porque si no era eso, no sabía porqué diablos llamaba Abril a esas horas un sábado en la noche.
Contestó.
.- Casey no está conmigo, preciosa...- dijo antes de que tuvieran oportunidad de decir nada del otro lado.- tenía algo más bonito que ver esta noche que su cara de trasero.- siguió mirando a Fénix quien le devolvió la mirada con una sonrisa.
Pero del otro lado hubo un titubeo nervioso.
.- Eh... no. Si, sé... Case está acá... es... eh... otra cosa...- respondió Abril vacilante. Luego hubo silencio.
La impaciencia comenzaba a calentarle las mejillas a Raph, pero se contuvo para no gritarla.
.- ¿Y bien?...- la urgió lo más gentilmente que pudo.
.- Yo... creo que es mejor que lo veas por ti mismo...
.- ¿Problemas? Porque si hay problemas sólo dilo de una vez, y...
.- No... o tal vez si... no sé, depende de cómo lo veas...
.- ¿De qué mier...?.- había comenzado Raph, a punto de perder definitivamente la paciencia.
.- Raph, una imagen vale más que mil palabras, será mucho mejor si lo vez por ti mismo. - dijo al fin Abril.
.- Ok. Voy. Más te vale que sea bueno...
.- Oh, no sé si es bueno o malo, pero definitivamente es... algo...
Y colgó, dejando a Raph con cara de desagrado. Realmente odiaba las sorpresas.
Se puso de pie, sólo para descubrir que Fénix ya estaba completamente vestida y terminaba de ponerse la chaqueta.
.- ¿Y tu para donde vas?.- le preguntó.
.- Contigo, obvio..- le dijo simplemente, ajustándose las botas.- No me iba a perder la sorpresa, después de tanto misterio tiene que valer la pena...
Raph frunció el ceño y se cruzó de brazos.
Se le había olvidado el buen oído que tenía, debía haber escuchado toda la conversación, también se le había olvidado lo entrometida que era, sin siquiera molestarse en disimularlo...
.- No se te ha ocurrido pensar que tal vez sea privado...- le dijo serio. Ella le respondió con un bufido.
.- Por favor, ni tú sabes de qué se trata...
.- Ey...
La chica se había acercado a la ventana y estaba mirando a través de ella, ignorándolo completamente.
.- Ventana o techo...- preguntó.
.- Ventana...- dijo Raph, cogido otra vez por sorpresa, aunque la chica ya la estaba abriendo antes de escuchar su respuesta.
.- Relájate...- le cortó ella, ya parada en el marco mirando hacia abajo.- Además, en el camino aprovecho de hablarte de un trabajito.
.- ¿Ah, si?.- Raph agarraba sus cosas de la mesa y avanzaba hacia la ventana.
.- Podría necesitar ayuda y hay buena plata.- dijo sin mirarlo, esperó a que estuviera a su lado y luego saltó al vacío, de espaldas, cabeza abajo.
Raph ni se inmutó y ocupó su lugar en el marco de la ventana. La chica cayó en picada un par de metros antes de hacer girar su cuerpo en la posición contraria, piernas abajo.
Un metro y medio más y fue a encontrarse con la azotea de otro edificio, aterrizó sobre sus piernas amortiguando la caída hasta que su frente casi tocó el piso.
Se puso de pie justo para ver despegar a Raph, dar una vuelta en el aire y caer gracilmente a su lado.
.- Espero que hayas dejado la ventana cerrada...- le dijo ni bien se hubo incorporado. Raph abrió los ojos.
.- Eh...- titubeó volviendo los ojos a la ventana ya lejana.
.- Genial, espero que esté todo ahí cuando vuelva, el stereo es nuevo.
.- No pasará nada.- le dijo Raph, sin dejar de mirar hacía arriba.- vives en un décimo piso.
.- Si no, lo cobraré de tu comisión.- respondió ella simplemente, encogiéndose de hombros.
.- ¿Cuál comisión?
.- La que te corresponderá por trabajar conmigo en esto...- dijo seria, encaminándose hacia la cornisa y saltando al edificio siguiente.
Raph tuvo que correr para seguirle el paso.
Podía ser genial a veces, era capaz de correr casi tan rápido como él y hablar al mismo tiempo. O tal vez fuera una prueba más de que no había nada en el mundo capaz de mantener callada a una mujer si lo que quería era seguir hablando.
Fénix siguió discutiendo la misión durante el camino a casa de Abril. Había pocas veces en las que esa chica se ponía realmente seria, una de esas era cuando hablaba de negocios.
Otra cosa buena, nunca aceptaba ayuda gratis. No era la primera vez que trabajaba con ella y ya estaba pensando que no sería nada de malo aceptar su ofrecimiento y entrar en el negocio como su socio en forma permanente, hasta ahora funcionaba bien, ella era la cara visible así que no tendría que verse expuesto.
Cada vez que lo pensaba le gustaba más la idea y ya le habría dicho que sí si un puro "pero" no se le atravesara en la garganta...
Leo.
No era que tuviera que darle explicaciones, pero sólo pensarlo hacia que se le revolviera algo en el estomago.
Cuando ya se acercaban a casa de Abril, Fénix dejó de hablar... De pronto se veía expectante.
Hasta ahora sólo le había hablado de Abril, pero aún no había tenido oportunidad de conocerla y eso la emocionaba. Parecía como si todo lo que tuviera que ver con él le fascinara. Tal vez esa fuera la única razón por la que estaban juntos, por la que lo había dejado acompañarla la primera vez que se vieron, porque lo encontraba interesante, porque mantenía despierta su curiosidad.
Se preguntó que pasaría cuando se aburriera. La había visto antes, era capaz de pasar de la fascinación al aburrimiento y de ahí a la indiferencia con espantosa rapidez. Y había pocas cosas que lograban mantener su interés.
¿Que pasaría con él cuando ya no lo encontrara interesante? Era difícil anticiparse a algo con ella...
No habían puesto aún los pies en el suelo en el callejón, frente a la puerta trasera de Abril, cuando ésta se abrió, iluminándolos. Abril se precipitó hacia él.
.- Raph... eh... Raphita...- comenzó, bloqueándole la pasada.- antes que entres ahí, cualquier cosa que pase, quiero que recuerdes que soy tu amiga, que puedes contar conmigo, que estoy de tu lado...
Raph se detuvo y sacudió la cabeza.
.- ¿Qué demonios te pasa?.- preguntó. Ella lo miró suplicante.
.- Por favor... solo no te pongas loco, ok?.
Raph no contestó y atravesó la entrada sin quitarle los ojos de encima. Abril se quedó mirándole con las manos cubriendo su boca.
De pronto un toque en el hombro la hizo volverse sobresaltada.
.- Hola ¿Abril? Me han hablado mucho de ti...
.- ¿Ah si?
.- Qué bueno conocerte, pero qué bonita eres...
.- ¿Ah si?
Raph escuchaba de lejos la voz emocionada de Fénix y las respuestas aturdidas de Abril, pero sus ojos estaban puestos al frente, buscando no sabía qué.
En la tienda no había nada, así que subió al segundo piso, al departamento. Ahí no tuvo que buscar mucho, sólo tuvo que abrir la puerta de entrada.
Sólo abrió la puerta y la encontró...
Estaba mirando hacía afuera por la ventana, con una mano apoyada en el cristal.
.-
TBC
Banda sonora de este episodio:
Gramarye.- Remy Zero.
Easier to run- Linking Park
.-
...
