Capítulo 4: Los motivos de Sebastian

Quiero dedicar este intenso capitulo a Aleja2000 por darme mis primeros reviews y su constante ánimo para que continúe con el fics, Muchas gracias!

Sin emitir sonido se encamino al jardín, con la mirada le dio una seña a la criada para que se retirara del lugar y ella acato la orden de su señor sin decir nada y cual fantasma desapareció de ahí.

Sebastian lo miraba sin parpadear, cada movimiento que realizaba el joven Phantomhive era increíblemente delicado, casi parecía que las rosas fueran del cristal más fino cuando él las sujetaba con esas manos laceradas. Una punzada de culpa invadió el corazón del pelinegro al verlas tan lastimadas. Se acercó a él que aún seguía sin notar su presencia.

¿Hasta cuando piensas tardarte con una tarea tan sencilla como esta?-

La voz grave de Sebastian basto para que se sobresaltara, el tono de su voz le indicaba lo molesto que debía de estar. Se levantó sin titubear y dio la vuelta para enfrentar su mirada.

Nunca me diste un plazo para hacerlo- Respondió- Y tardare lo que tenga que tardar, las rosas se deben tratar con cui…- No alcanzó a terminar gracias a una fuerte bofetada que Sebastian le dio y le lanzo al suelo. Esta vez había conseguido romper sus labios.

Parece que aún no entiendes lo que significa guardar silencio- Sebastian lo jalo con fuerza del brazo y a tropezones lo llevo directamente hasta el establo. Lo empujo en el corredor y con una velocidad excesiva ato la pierna izquierda de Ciel al tronco utilizado para sujetar las riendas de los caballos.

Ciel trago con dificultad, ya se imaginaba lo que ese hombre le haría y sus sospechas se vieron realizadas en el mismo instante en que vio como Sebastian sostenía un látigo entre sus bonitas manos, respiro profundamente y clavo sus zafiros en los rubíes del otro, que hiciera lo que quisiera el no dejaría de mirarlo de frente.

Si Sebastian había titubeado minutos atrás la sola mirada desafiante del menor le acaba de incitar el doble, esta vez lograría bajarle los humos al mocoso ese. Levanto la mano ante los azules ojos del peligris que no dejaban de mirarlo, no veía expresión alguna y eso lejos de molestarlo lo asombraba; ¿Es que acaso ese chiquillo no conocía lo que era el miedo? Acto seguido bajo la mano con el látigo y se acercó más de lo que planeo olvidándose por un segundo lo que estaba a punto de hacer.

Ciel se mantuvo en silencio, el extraño y repentino cambio en la actitud de Sebastian lo dejo perplejo y expectante. Y grande fue sorpresa al sentir como una de las manos del duque lo tomaba delicadamente del cuello y lo atraía hacia él.

Dime Ciel, ¿No le temes a nada?- pregunto mientras acariciaba su mejilla y se dejaba llevar por el impulso de llegar siquiera a rozar aquellos pálidos labios.

Todo a lo que temía, se volvió realidad hace bastante tiempo Sebastian - La amabilidad de esa pregunta y la placentera caricia del duque provocaron la completa sinceridad por parte del joven – ¿A que podría temerle ahora?

Y aquella respuesta fue la perdición para Sebastian que no supo cómo termino por romper esa incomoda distancia atrapando los labios de Ciel en un beso, un beso completamente ajeno a su naturaleza, un roce tan sutil y a la vez tan cálido que enloqueció a su corazón; El sabor de aquella boca era embriagante en todo sentido, y lo fue aún más en cuanto se supo correspondido, en cuanto sintió el cuerpo de Ciel estremecerse entre sus brazos, y este entreabrió su boca dándole consentimiento a su lengua jugar con él entre sus labios y el beso se volvió más demandante más intenso se tornó ardiente y el duque Michaelis perdió la cuenta de los minutos que pasaron al estar dedicado completamente a esa sensación de locura que le provocaba el joven Phantomhive.

Pero recordó su apellido y como si le hubieran lanzado un balde de agua fría se congelo dando un fuerte empujón a Ciel que abrió los ojos confundido.

¿Qué…que ocurre? – le avergonzaba admitir que deseaba continuar, pero la oscura mirada de Sebastian lo intrigo sobremanera, ahora sí que no entendía nada. Primero intentaba azotarlo para luego acariciarlo e incluso robarle un beso y ahora lo estaba viendo como si fuera un insecto, con repulsión.

Me das asco – dijo – No me apetece darme un revolcón con alguien tan sucio y repugnante como tú- le señalo por completo- Además recordé porque te había traído aquí. Se levantó y tomo de nueva cuenta el látigo - No pienso olvidar lo que tu familia me hizo – pensó y dejo caer sobre Ciel el primer golpe.

1873 Quince años en el pasado.

Un adolecente Sebastian caminaba por aquel poco concurrido parque al norte de Inglaterra, el condado apenas era conocido por unos cuantos, quizá quedaba demasiado lejos de la civilización londinense que en esos momentos disfrutaban de sus preciadas fiestas sociales. El joven llevaba una sonrisa pintada en los labios, había conseguido algo que había perseguido por mucho tiempo, el apoyo financiero de un noble para poder ejercer como médico, era todo cuanto soñaba y consiguió la ayuda de la persona que más admiraba después de su padre, el famoso Conde Vincent Phantomhive, quien se sabía servía fielmente a la Reina. Ese día no podía ser más perfecto y en efecto todo iba viento en popa; O eso era lo que él pensaba.

Esa misma tarde recibió una carta urgente del mismísimo Conde Phantomhive, donde este solicitaba su presencia en su mansión Londinense, su querida esposa la Condesa Rachel había sufrido una recaída en su afección asmática, y su hermana la doctora que solía atenderla se encontraba de viaje.

¿Que acaso no cuenta Londres con más médicos de prestigio?- Se preguntó de pronto – Bah pero si el conde confía en mis habilidades no lo defraudare ¡madre! – alzo la voz y corrió al saloncito donde su madre y una vieja conocida de su familia se encontraban bebiendo el té de la tarde – Madre, debo ir a Londres a ver a la esposa del Conde, la Señora Phantomhive que ha enfermado.

La hermosa mujer que era su madre le regalo una sonrisa ante el entusiasmo que presentaba su único hijo- Ve con cuidado, y no olvides agradecerle de nuestra parte por haberte apoyado. Katherine si me disculpas un minuto acompañare a Sebastian a la puerta – Dijo y tomo de la mano al joven que hacia una reverencia para despedirse de la señora.

Tu padre no llegara hasta la madrugada, esta noche tiene mucho trabajo, le diré a dónde has ido es seguro que se alegre muchísimo- Le dio un beso en la mejilla y lo vio alejarse hasta el cochero.

Le parecía increíble lo mucho que había crecido, ya era todo un joven de provecho y no podía sentir más orgullo por él, definitivamente había hecho una buena elección al escapar con Arthur, el padre de Sebastian no tenía fortuna eso era así, pero ella ni con todo el dinero de los Michaelis había sido la mitad de lo feliz que era viviendo en aquella modesta casa junto al hombre que amaba y al hijo de los dos, un joven que cada día se volvía más guapo, cada día era más parecido a su padre pero aun así poseía los mismos ojos que su abuelo, el duque William Michaelis y temía que a causa de los mismos los descubrieran a los tres, sentía un miedo intenso de solo imaginar que su padre se acercara a Sebastian.

El camino a la mansión se le hizo eterno, quería estar ahí lo antes posible. El traqueteo constante del carruaje lo arrullo y sin darse cuenta se quedó profundamente dormido.

Al llegar el mayordomo de la familia lo recibió con cordialidad y recibió su sombrero y abrigo, quería llevarlo hasta la habitación preparada para el pero Sebastian prefirió ir de inmediato a ver la señora.

Su belleza le cautivo de inmediato, el conde realmente era un hombre afortunado pero dejando atrás esos pensamientos se dedicó a examinarla, pudo comprobar de inmediato que era asma, al parecer producida por un catarro mal cuidado nada grave pero era normal que su esposo se preocupara de esa manera, según le había relatado en su carta ella había sufrido un ataque y antes de poder llevarla a la habitación esta había perdido el conocimiento.

Muchas gracias Sebastian- dijo el conde mientras ingresaba a la alcoba – supe por Roger que viniste a verla incluso antes de acomodarte en la habitación que te prepararon.

La salud de una persona esta antes que cualquier otra cosa- dijo sin más, guardando unos instrumentos en su pequeño maletín.

Ese es el tipo de médicos que son necesarios hoy en día-

No es para tanto, le agradezco sus palabras- Sebastian no pude evitar ruborizarse ante tales cumplidos.

Por favor pasa la noche en la mansión ya es muy tarde y quiero que descanses como corresponde- pidió con la caballerosidad que le caracterizaba.

Conde debemos irnos ya jijiji – la risilla de cierto hombre que ingresaba a la estancia llamo la atención del joven médico y al mirarlo con detenimiento más intriga sitio – Su cabello contrario a la moda del momento era larguísimo, de un elegante gris blanquecino y una larga túnica que no dejaba siquiera ver sus pies – Pero que joven tan guapo tenemos aquí jijijiji ¿de dónde lo ha sacado? ¿Quizá de alguna novela de Wilde? – se acercó peligrosamente al muchacho y lo tomo por el mentón- Pobrecillo, pobre jovencito mira que tener semejante destino tan oscuro – Sebastian no comprendió.

Suficiente Undertaker- Ordeno el conde y el otro detuvo su risa para mirarlo con esos profundos ojos verdes.

Roger encárgate de todo en la mansión, debo atender un asunto urgente a pedido de su majestad.

Como ordene- fue la respuesta del mayordomo y Sebastian aunque intrigado acompaño al sirviente hasta el comedor donde disfruto de una comida verdaderamente deliciosa.

Una vez en la cama no lograba conciliar el sueño, algo en su pecho le molestaba intensamente y un mal presentimiento se agolpaba en sus pensamientos; Tenía que volver a casa, aunque no sabía el porqué. Asumió al rato que solo eran imaginaciones suyas por ser la primera vez que dormía fuera pero aun así no logro pegar los ojos en toda la noche. Al amanecer revisó a la señora que ya se hallaba despierta, le dio unas indicaciones precisas y se dispuso a retirarse, ese mal presentimiento se hacía cada vez molesto.

Esta vez el trayecto se le hizo corto, pero la ansiedad por ver a sus padres iba en aumento en cuanto el cochero lo dejo en la modesta puerta Sebastian corrió como nunca antes solo para poder verlos. Giro la llave y empujo. Se arrepintió al instante porque lo que vio nunca podría olvidarlo.

Su preciosa madre tirada en el suelo dentro de un charco de sangre, sintió náuseas y tirando el maletín corrió para darla vuelta y sostenerla en sus brazos.

¡Madre!- grito con desesperación – Madre despierta, por favor…por favor despierta… abre tus ojos- la abrazo y la culpa comenzó a eco en su mente, si hubieras estado con ella esto no habría sucedido, si tan solo se hubiera quedado, tal vez no hubiese podido hacer nada pero al menos habría muerto con ella- pensaba sin dejar de llamarla.

Se…Sebas...tian- una voz conocida detuvo su mundo un instante, esa voz aunque casi silenciosa era la de su padre se levantó de prisa buscando por todas partes y ahí lo vio estaba junto a la escalera, sintió un mareo repentino en cuanto comprobó que habían cortado sus manos y están estaban en el tercer escalón.

Padre, no hables iré por ayuda –

No.. .no…hay tiempo mi niño ven- le indico que podía acercarse y Sebastian obediente como era le hizo caso- Escucha… - la voz se iba apagando cada vez más- Ha sido…. Vincent…Phantomhive…- susurro antes de cerrar sus ojos para siempre. Sebastian dio un salto y cayó al suelo donde sus manos se mancharon de la sangre de sus padres. Todo su mundo se destruyó por completo aquella mañana y estaba en tal trance que no supo cuando las autoridades llegaron y se llevaron a sus padres y al bajo la sospecha de asesinato, ni tampoco le importo el descubrir que su abuelo, de quien nunca había oído hablar estaba en el pueblo para llevárselo. Ya nada le importaba.

Lamentablemente su infierno no acabo ahí. Porque su abuelo era más temible que el mismo Diablo.

¡SUFICIENTE! – Un grito lo saco abruptamente de sus horrendos recuerdos- ¡¿Qué demonios está haciendo?!- la cólera en la voz de Tanaka lo regreso a la realidad y con algo parecido al terror descubrió en el piso a Ciel con su cuerpo lleno de profundas heridas y completamente inconsciente. Soltó el artefacto como si este le quemara y observo sus propias manos palpitantes y rojas.

Tanaka se agacho y soltó la amarra que mantenía en su pierna para tratar de levantarlo- Ni se le ocurra mandarme a que le deje aquí, necesita que lo vea un doctor con urgencia- le regaño y Sebastian que permanecía mudo solo salió tras de él.

Eran casi las dos de la mañana y el medico seguía junto a Marie y Valery en la recamara. Llevaban más de tres horas desde que el doctor comenzó a tratarlo, al salir este le dedico la mirada más fría que le hubieran dado en los últimos meses.

Señor Michaelis ¿me permite unos minutos?- pidió algo molesto.

Acompáñeme por favor – le guio hasta el saloncito del segundo piso que estaba cerca de veinte metros alejado de la habitación.

No soy quien para juzgar como se trate a los esclavos – le molestaba usar esa palabra tan asquerosa para referirse a una persona – Pero ese joven, las condiciones en las que se encuentra, ¿cómo pudo golpearlo de esa manera?- le grito de repente dejando al duque descolocado - ¿Es que pretendía arrancarle la piel?, ¿sabe que hubiera pasado si no se hubiera cubierto el rostro con las manos?, está mal alimentado, se encuentra deshidratado, tiene visibles ojeras y las heridas en sus manos evidentemente no fueron hechas por su látigo. – Aquel doctor frente a él estaba completamente fuera de sus cabales, le gritaba como si se tratara de un niño chiquito; Pero Sebastian lo comprendía, y le aliviaba saber que alguien le dijera lo que se merecía en ese momento.

¿Cuándo fue la última vez que comió?- pregunto mientras tomaba nota en su cuadernillo.

No lo sé- respondió Sebastian que en efecto no tenía idea de cuando había sido la última vez en que probo bocado.

Bien, tenga- le extendió un papel – Deje los calmantes necesarios para que alivie el dolor pero necesitara más de los mismos, en la botica del centro encontrara, lo van a mantener adormecido los primeros días pero es lo mejor en este momento; Asegúrese de que coma y beba suficiente liquido – Ordeno- si quiere matarlo hágalo pero no vuelva a otorgarle un trato semejante.

Dicho aquello volvió por donde había entrado y le pidió a Tanaka le acompañara a la puerta. Marie que en ese momento salía junto a Valery lo vieron y ahogaron una exclamación.

Por favor déjenme un momento, quiero ver al joven Phantomhive –

Las criadas asintieron con algo de temor y se retiraron lo más rápido posible.

Entro a paso lento, sin hacer ningún ruido y pudo verlo en medio de aquella cama; Estaba limpio y su hermoso rostro parecía tan tranquilo, el corazón de Sebastian se contrajo con fuerza no entendía como había sido capaz de lastimarlo así. En qué momento se dejó llevar por su resentimiento para haberlo dejado tan mal, si bien su cara no tenía ni una sola marca el resto de cuerpo estaba cubierto de vendas, que en uno que otro sitio se pintaban de carmesí – Ciel- le llamo aun sabiendo que este no contestaría y fijo su mirada en esos labios ahora rosas y como si no tuviera suficiente con la culpa que sentía los recuerdo del beso que habían compartido agolparon en su mente- Lo siento tanto- dijo con hilo de voz una vez estuvo sentado al lado del joven- Lo siento muchísimo, en ese entonces tu ni siquiera existías-

Todo a lo que temía se volvió realidad hace tiempo Sebastian – sus palabras podía recordarlas claramente – ¿A que podría temerle ahora? – y por fin lo entendió, ese muchacho había perdido todo al igual que él. Y aun cuando tenía todo en su contra se mantenía sereno. Su corazón no dejaba de dolerle al pensar lo solo que se encontraba Ciel, a merced de quien quisiera lastimarlo, a merced de el mismo que buscaba satisfacer sus deseos de venganza aprovechándose de las horribles circunstancias en que se hallaba.

Te prometo Ciel Phantomhive que hare todo para ganar tu perdón, que no te dejare solo nunca en lo me quede de vida y que nunca más permitiré que salgas lastimado- Fue la promesa que hizo ante la luna y sello con un beso en las manos de su ahora joven amo. Probablemente nunca podría olvidar lo ocurrido con sus padres y mucho menos las horribles acciones que realizo tras conocer a su difunto abuelo, pero ese chico que dormía profundamente no era responsable de nada, no había ejecutado ninguna de las acciones tras toda esa macabra historia que era su vida.