Las ciruelas

Por supuesto que hice caso a los consejos de la joven y cuando regresé a casa me conecté a internet para averiguar cómo se preparaba una salsa blanca.

Así fue que pese a que la misma se quemó -y como no sabía que había que hervir las acelgas para que no quedaran duras- decoré las hojas crudas con la salsa chamuscada. Fue un almuerzo que jamás olvidaré.

Incluso comí la ensalada que la pelirroja me recomendó con un par de bifes a la plancha, que fue lo único que quedó bien.

Ya a eso de las seis de la tarde, decidí que era hora de tomar una ducha y correr a la pizzería. No sabía qué horario hacía exactamente Rika, pero esperar un poco a que llegara –en caso de que no hubiese llegado- y hacer presencia más temprano, no me haría daño.

Llegué al lugar, cuyas mesas aún se encontraban libres de comensales.

"Es temprano… la gente está en la playa", pensé, "Igual hoy es domingo, así que habrá mucha clientela".

Me recargué en una de las barandas de la grada exterior del local, sin poder borrar de mi mente a la joven. ¿Cómo tardó tanto una belleza de esa índole en cruzarse en mi camino? En medio de esas preguntas filosóficas -según mi leal saber y entender- me encontraba cuando la vi llegar.

Bonita, sencilla, sexy. Vestía un pescador gris y una blusa blanca. Llevaba el cabello rojo recogido en un rodete, y un travieso bucle en la sien, que no hacía más que mecerse al ritmo de la brisa de la tarde. Los pendientes largos brillaban a la luz del sol, lo mismo que los cristales de sus lentes oscuros.

Enarqué mis cejas con expresión de sorpresa y ella me miró con atención.

- Hola… - musitó titubeando - ¿Ryo?

- Hola, Rika…

Sonrió ligeramente. Meditó unos instantes antes de retomar la palabra.

- Dime, ¿cómo te fue con el almuerzo? ¿Me hiciste caso? ¿Hiciste lo que te recomendé?

- Sí… ¡bah!, masomenos…. –comencé a decir sonrojado- No cociné las acelgas y la salsa blanca se me quemó… pero todo lo demás hice…

- Espera… ¿comiste acelga cruda? – inquirió sorprendida.

- Sí…

- ¿Cómo la soportaste?- rió divertida.

- Bueno… no quería no hacerte caso…

- No comprendo… torturarte por algo que te dijo una desconocida…

-…

- ¿Comiste fruta?

- Bueno, eso no…

- Ten – añadió sacando de su bolso una bolsa con ciruelas - ¿Te gustan las ciruelas? Son deliciosas… compré en la verdulería cuando venía para aquí. Vi que estaban baratas y las probé y estaban verdaderamente buenas… - siguió, entregándome un par de frutos.

No me animé a comer. No sé porqué, pero la mirada de la joven esperando mi reacción me cohibió un poco.

- ¿Sabes comerlas? Mira esto… - dijo al verme petrificado, sacándome de la mano una ciruela. La acercó a mi boca sin vergüenza y murmuró – Abre la boca y muerde… la cáscara es comestible… Además, está limpia…

Hice lo que la joven me dijo, pero no le quité el fruto, de manera que tuvo que dármelo de comer ella. Cuando quedaba sólo un trozo de ciruela, abrí más grande la boca, aprisionando sus dedos mojados con el dulce jugo entre mis labios.

Me miró nerviosa y me limité a liberar sus dedos, no sin antes haberles barrido el jugo con mi lengua, y haber apretado levemente las puntas de los mismos con los dientes.

- Lo siento… es que estaban buenos… - musité avergonzado.

- ¿Las ciruelas? – inquirió algo incómoda – Viste, te lo dije… Bueno… - musitó bajando la mirada- Voy a cambiarme…

- ¿Ya entras?

- Sí, ¿qué hora es?

- Aún no son las siete…

- Bueno… en realidad me queda un rato todavía… Me toca a las siete y media.

"Genial", pensé, esbozando una leve sonrisa de satisfacción.

- Creo que voy a lavarme los dedos…- añadió sin saber qué decir.

- De acuerdo… Yo voy a estar aquí.

- ¿A qué hora entras?

- A las ocho.

- ¿Y por qué llegaste tan temprano?

- No lo sé… creo que tengo el reloj adelantado- Ve y lávate las manos…

La joven ingresó al local rápidamente, mientras yo la miraba alejarse.

- Hola, Ryo…- sentí que decía una voz a mis espaldas.

- Yuri… ¿cómo estás?

- ¿Qué tanto veías para adentro? ¿Qué haces aquí tan temprano? ¿No entras más tarde?

- Sí, bueno… es que…

- Ya lo sé. Mejor no digas nada…- pidió entornando los ojos.

- Estuve con ella hoy en el supermercado… y ahora. Recién acaba de entrar…

- Te dije que no la hostigaras…

- Aún no he hecho ni la mitad de las cosas que me inspira a hacerle…- reproché.

- Eso es un alivio…- suspiró- ¿No te ha corrido a patadas todavía?

- Aún no. Sin embargo, admito que he sido un poco insidioso con ella… y en consecuencia, se ha mostrado un poco incómoda conmigo… Pero supongo que no huirá. Al menos aún no huirá.

- ¿Sabes? No sé si te apoyo en esta empresa, dados tus antecedentes sentimentales… pero… creo que tengo una idea que quizás a ti te venga bien para poder acercarte más a ella… - musitó la joven, aproximándose a mí.

- Bien… cuenta. Cualquier aporte es bienvenido…

- ¿Qué te parece si la invito a bailar? O mejor aún: armamos un grupo de varios y a la salida del trabajo, vamos a bailar. Podrás acercarte a ella… hablar… qué sé yo… creo que es una buena idea.

- ¿Sabes, chiquita?- comencé, llenándome de ternura y sosteniendo su cabeza entre mis manos- Eres una genio… Eres una pequeña genio- seguí, mientras depositaba un beso en su frente.

- Tampoco exageres… estoy actuando en base a los cánones vulgares de gente de ciudad turística… Nada más que eso… No soy nada original…

- Gracias, Yuri.

- No tienes nada que agradecerme. Sólo tienes que portarte bien…

No le respondí. Ni siquiera la oí. Mis ojos quedaron detenidos en la figura altísima y esbelta de la joven, que se acercaba a nosotros lentamente.

- Yuri… - musitó la joven sonriendo.

- Hola, Rika… ¿qué tal estás? ¿Tienes un minuto? Me gustaría hablarte…

- Claro que sí. Hablemos.

- A solas- agregó la morena mirándome amenazante, indicándome con los ojos que me retirara.

- No seas tan hostil… Yo me voy tranquilo… - musité, comenzando a alejarme.

- Ten, Ryo…- añadió la pelirroja- Cómete unas ciruelas…- ofreció, tendiéndome varias frutas.

- Gracias… - murmuré, guiñándole un ojo, mientras las tomaba de sus manos y me alejaba paulatinamente de ellas.

- ¿Es lindo, no es cierto?- inquirió Yuri, viendo lo risueña que se había puesto la pelirroja.

- Lo es. En verdad sí lo es…