Los personajes no me pertenecen, son de Meyer :)
Este fic tiene banda sonora! Accede al video de la cancion en mi perfil :)
4.- Edward.
El silencio realmente era peor que cualquier grito o sonido. Porque era silencio para todos, excepto para mí, que podía oír las indignantes y asombradas voces de todos en mi cabeza. No se callaban y nadie parecía entender a cabalidad lo que ocurría, excepto quizás Alice, que se mantenía extrañamente silenciosa. Tal vez ya sabía lo que sucedería ahora también.
Mis ojos de vampiro analizaron toda la escena en dos segundos. Los latidos del corazón de Bella se habían acelerado hasta casi el límite de la normalidad, su cuerpo temblaba y estaba plagada de emociones que se veían reflejadas en su rostro. Las voces de Rosalie Y Emmett resonaban con fuerza en mi cabeza, indignadas, Rosalie conmigo y Emmett con Bella, tomando cada uno un lugar en esta ridícula pelea que no podía tener un buen fin. Rosalie era mujer, y a pesar de que despreciaba a Bella en forma irreflexiva, ahora la apoyaba y se sentía ofendida de mi incursión en el aciago mundo del sexo. Emmett era hombre y me comprendía, pero no podía hacerlo con Bella, ya que supuestamente ella me amaba. Además, ella había sido la primera en dar el paso, según la mente de Emmett. Los demás, solo tenían imágenes inconexas de nosotros, imaginándonos en situaciones vergonzosas
- Basta- me limite a decir de pronto, mirándolos fijamente a cada uno.
Las voces cesaron un momento, y luego solo se oían algunos pensamientos tímidos, los inevitables. Suspire y mire a Bella nuevamente, quien parecía petrificada en su sitio. Algo extraño me sucedió al mirarla. Era como si de pronto, hubiese perdido su brillo. Se veía casi insignificante, mínima, más delgada de lo que recordaba y no me causó la incesante emoción interna que estaba acostumbrado a sentir. Eso fue extraño, pero era ella, sin duda.
Camine un par de pasos hacia Bella.
- Salgamos fuera, por favor- pedí y mi voz sonó mas sombría de lo que hubiese querido
Como una autómata, Bella salió de casa y bajo las escaleras de la entrada, para caminar algunos pasos hacia el bosque. En estos momentos deseaba con fervor leer su mente.
Ella se detuvo y se dio la vuelta. El viento soplo y movió su blusa un poco, mostrando parte del cuello. Allí había marcas, yo conocía esas marcas bien. Marcas de dientes. Cerré los ojos por la repentina ola de náuseas que me golpeó. Suspiré y me apreté el puente de la nariz. Tena tantas ganas de llorar a gritos, pero no podía hacerlo. Era lo más frustrante que había sentido en mi larga vida. Demasiado dolor, incluso para mí. Tenía que hacer bien esto, no había segundas oportunidades.
- ¿Por qué? – fue la pregunta que Bella lanzo al aire, mirándome con total inocencia. Claro que su supuesta inocencia era casi tan grande como la mía.
Ella no sospechaba nada que yo sabía de su encuentro con Jacob, eso era evidente. Mis manos temblaron y empecé temer que no diría nada si se lo preguntaba. Lo mas terrible que podía suceder. ¿Dios me odiaría tanto como para permitir esto? El corazón me dolió en anticipación.
- Solo ocurrió- dije al fin, tratando de no traslucir mis emociones- Debería decir que lo lamento… pero en verdad no podría hacerle eso a Leah.
Bella dio un respingo y sus manos comenzaron a temblar. Se notaba que estaba conteniéndose.
- ¿Solo eso dirás? – pregunto con la voz unas decimas más altas, signo inequívoco de que comenzaba a perder el dominio de sí misma. Fruncí el ceño, confundido.
- Solo eso, a menos que tu tengas algo que decirme a mi- dije por fin, midiendo milimétricamente sus reacciones.
El viento volvió a arreciar, y nos miramos por varios eternos segundos. El cabello de Bella, que tanto amaba, ondeaba al viento, deslizándose sobre sus hombros. Lo miré algo hipnotizado, para después posar mi mirada en la de Bella. Este era el minuto más importante de todos, el minuto de la verdad. Analicé cada movimiento imperceptible, cada respiro o incluso el movimiento mínimo de sus pupilas chocolate, bailando en su órbita ocular, buscando las palabras más adecuadas que contestar. Casi podía ver el brillo de sus ideas cruzando en su mirada, fugaces, meditadas. Lo estaba pensando demasiado y eso no era bueno. Su respiración se aceleró levemente y trago con evidencia. Un nuevo brillo apareció en sus pupilas y lo supe casi un segundo antes de que abriese la boca: Ella no diría la verdad. Estaba condenado.
- ¿Porque tendría algo que decirte? ¿Te han ido con algún cuento?-
- Limítate a contestar la pregunta solamente, por favor – dije yo, apretando la mandíbula
Rogué en silencio para que ocurriesen dos cosas: O que Bella dijese la verdad, lo cual no creía posible, o que viniese el fin de los tiempos y se llevara a todo el planeta antes de que ella abriese los labios. Mi cuerpo tembló imperceptiblemente para ella, gritando en silencio que Dios por una vez se apiadara de mí. No podía ser posible tanto dolor. Por favor, solo dilo de una vez.
Ella sonrió nerviosa y dejo de mirarme a los ojos. Sus pupilas bailaron por mi camisa rota y su rostro enrojeció visiblemente. Trate de arreglar un poco el desastre, cubriendo la camisa rota y evitando con este gesto que sufriera más. Nunca, hiciera lo que ella hiciera, yo podría desear su sufrimiento. Estaba demasiado enamorado como para ello. Lo más seguro es que siguiera estándolo por siempre.
- No- murmuro ella, sin mirarme directamente- no tengo nada que decir –
No es posible describir con palabras lo que se sintió en mi interior en ese momento. Si quedaba algo de cordura, algo de humanidad en mi, se había muerto en ese preciso instante. El clima era consciente de mi estado de ánimo, pues las nubes cubrieron el cielo, dándole a la escena más oscuridad de la que mi alma ya sentía. Si es que la tenía. Ahora no estaba seguro de nada. Mis dientes rechinaron sonoramente y algo ha de haber cambiado mucho en mi rostro, porque Bella palideció y retrocedió un paso. De todo el tiempo que llevábamos juntos, ella jamás me había tenido nada de miedo. En este momento podía apostar mi cabeza a que eso había dejado de ser así.
- Tú me estas mintiendo- dije y me asombre de lo dolientes que sonaron mis palabras.
- Edward…-
Espere con paciencia a que me desmintiera. Realmente lo deseaba, Si ella me hubiese dicho que lo elefantes volaban o que solo que había visto esa tarde en el prado le hubiese creído. Quería con toda mi razón creerle. Que todo fuese falso y siguiéramos juntos, por toda la eternidad. Pero su silencio dramático solo me hacía sentir que me hundía cada vez más en la desesperanza. De esta caída, ya no podría reponerme. Mire sus ojos, irreconocibles tras el velo de las falsedades. No sabía que había pasado con la dulce chica de la que me había enamorado. Ya no estaba. Allí no estaba más que…
- ¡No eres más que una maldita puta Bella Swan!- escuche rugir una voz familiar a mi lado, que entre todo mi desorden mental no había escuchado aproximarse – ¿Con qué cara te atreves a negar que te estabas revolcando con Jacob en el prado? Te vi estúpida... ¡sigue negándolo!
Bella tembló y abrió la boca con evidente asombro. Jamás se imagino que yo la hubiese visto o alguien más.
Pero Bella siempre había sido una humana imposible de predecir, en todos los aspectos. Creí imposible que pudiese causarme más daño del que ya tenía en mi interior, pero estaba por darme cuenta de que no era así. Lo último que pensé que haría, fue exactamente lo que hizo. Ella debió aceptarlo y quizás incluso podría haberla perdonado. Pero ella no lo hizo. Solo uso la peor de las opciones: Negación.
- ¿Qué? – chillo Bella, asombradísima de la osadía de la loba – ¡Como te atreves a decir semejante mentira! ¡Yo jamás haría algo como eso! ¡Mentirosa! Tu envenenaste la mente de Edward para que el se acostara contigo… ¡la única puta aquí eres tú!-
Mi boca se abrió en asombro. Todo, absolutamente todo lo que yo conocía de esta mujer que estaba frente a mi era errado. No la conocía. Ella era capaz de mentir con ese nivel de osadía, a pesar de que yo mismo la había visto. El dolor fue demasiado para mí. Las nauseas volvieron y me descompuse, lo cual jamás le sucedía a un vampiro. Perdí mi infinito equilibrio y mis piernas dudaron, y caí con una rodilla en el suelo. La vergüenza y la humillación de todo esto caían con furia sobre mis hombros, ya que a mis espaldas podía oír las voces mentales indignadas de mi familia, que ya habían comprendido el problema. Yo les causaba lastima… y era lo último que quería causar.
Leah estaba tan impactada como yo, pero al parecer se recupero antes. Se acercó a Bella, con estudiada lentitud y la quedo mirando a los ojos mientras arrugaba la nariz severamente. Ya sabía lo que le diría, pero estaba estático y me fue imposible detenerla…
- Hueles a él, Bella… y por si no lo has notado te ha dejado marcada. Deberías mirarte al espejo antes de pretender hacerte la mosca muerta -
Bella parpadeó y bajo la vista, mirándose, hasta que sus manos se deslizaron por su cuello y comprendió a lo que se refería Leah. Su rostro volvió a enrojecer y sus ojos se anegaron en lágrimas de golpe. Me miró con un dejo de desesperación en el rostro. Estaba acorralada.
Yo estaba hecho una miseria. Mi cuerpo no soportaba esta clase de dolor, ya lo estaba notando. Podía soportar lo que fuese, pero esto me superaba por muchísimo. Mi rostro se desfiguro a causa del sufrimiento y miré el suelo, buscando algo, cualquier cosa que me hiciese evadirme del momento. No era posible. Tenía que enfrentarlo… ¡pero era tan difícil!
Bella se acerco a mí, vacilante en un principio, pero al no notar rechazo de mi parte se decidió y de un momento a otro se aferró a mi cuerpo, mientras yo permanecía inmutable. Quise con toda mi alma abrazarla y que con este gesto se borrara toda la pesadilla que estaba viviendo. Pero no era así. Nunca más seria así. Sus manos tibias acariciaron mi rostro y tuve que contener las nauseas al sentirme invadido por el aroma antinatural de su cuerpo, aroma a él. Aroma a engaño.
Moví el rostro hacia un costado, buscando no olerla más. La mezcla insana de algo tan adorado con algo tan detestable me hacía casi perder el juicio. Las emociones se me sucedían a oleadas en mi interior, pasando de la pena más absoluta a la total ira y luego desesperanza… todas me golpearon a tal nivel que creí quedar vacio en algún momento. Era la única esperanza que me quedaba para dejar de sentir. Esto no podía estar pasando… ¡Yo la amaba tanto! Era lo único que me había mantenido atado a este mundo por tanto tiempo… ¿y ahora sucedía esto? ¿Es que en realidad el amor es tan frágil? ¿O es que nunca fue amor?
Tome Bella por las muñecas, tratando con todas mis fuerzas de ser suave. Aún así su rostro se curvo en una mueca de dolor, cuando baje sus brazos y la quede mirando. Volví mi rostro a Leah y más que ordenarle, se lo supliqué.
- Déjanos pro favor. Si te necesito, lo sabrás-
Leah gruño, visiblemente furiosa pero finalmente me obedeció y se retiro a una distancia prudente. Bella, no podía verla pero yo aun oía sus pensamientos hirientes y enfurecidos.
- Solo te pediré una cosa Bella… por favor, no me toques… más.
Bella se descompuso y se le escapo un gemido ahogado del pecho. No me gustaba causarle dolor a nadie, pero con Bella este sentimiento era mucho más intenso. Mi corazón no concebía verla sufrir… aun a pesar de todo.
- Edward- murmuro ella, sollozando y a punto de romper en lagrimas. La mire tratando de comprenderla con todo mi ser. Pero no podía. Tanto ella como yo éramos culpables.
- ¿Porque?- fue la pregunta que me ahogaba, y la lance casi sin pensarlo, tal como lo había hecho ella antes. En realidad no estaba preparado para oír la respuesta.
- Yo… - murmuro ella, mirándome con intensidad – No se-
La ira se apodero de mí de nuevo
- ¿No sabes porque tuviste sexo con Jacob? – pregunte, haciendo énfasis en lo absurdo de su respuesta
Bella rompió a llorar, finalmente. Su cuerpo se sacudió por un llanto inconsolable, mientras se llevaba las manos al rostro, tratando de contener las lágrimas. No me causó tristeza, y fue extraño. Solo sentí ese vacio zumbante en mi pecho, que me ahogaba y que amenazaba con destruirme de un momento a otro. Deseé que así fuera, pero nada ocurrió. Yo seguí de pie estático y Bella llorando desconsolada, haciendo que su llanto rebotara en los antiguos bosques. Mi corazón congelado se retorcía en dolor vivo.
- No llores- murmure, sin emoción alguna- Ya no merece la pena. Solo dime por favor… porque no entiendo. ¿Es que jamás me amaste? Comprendo que es imposible amar a un monstruo como yo, pero por favor… debiste habérmelo dicho, no darme esperanzas… Si era solo por sexo… -suspire- Si lo hubiese sabido, yo…
- No lo hubieses hecho Edward. Nunca. Lo intente miles de veces… y siempre me rechazaste. Solo quería sentirme… amada.
- ¡Pero yo te adoraba! ¡Aun lo hago! Eras mi vida… y el hecho de no tocarte y el esfuerzo que eso llevaba debió haber sido suficiente para que lo comprendieras ¡además el amor es mucho más que sexo! - casi grite, frustrado.
- ¡Lo hice pensando que eras tú! ¡Quería que fueses tú…!-
Volví a mirar a Bella, choqueado por última vez. ¿Qué clase de excusa era esa? Lo hizo... ¿Porque quería que fuese yo? Era lo más absurdo que había oído en toda mi vida. Sus palabras cada vez me orillaban más y más a la locura.
El silencio se apodero de nosotros una vez más. El viento silbo, helado, meciendo las hojas de los árboles y presagiando la debacle. Los pensamientos de mi familia habían cesado, probablemente porque habían decidido retirase de allí los comprendía, todo era demasiado sórdido, aun para un vampiro.
Las lágrimas silenciosas corrieron por el rostro de Bella y sus manos nerviosas se movían, restregándose entre sí. No sabía en qué momento había todo llegado a este punto, pero estaba congelado por dentro. Casi vacío. No podía creer que hubiese amado de tal forma a la mujer que ahora destrozaba mi corazón. Quizás estaba predestinado a estar solo por siempre.
- Creo que… no tenemos más que hablar Bella- le dije, mirándola a los ojos.
- No- grito ella de golpe, acercándose unos pasos a mí.
- ¿Qué es lo que quieres?- murmure yo, mirándola sin comprender- Si lo que deseas es a Jacob, como ya quedo claro, pues no te detendré. Ve con él. Es tu decisión… solo que… debiste decírmelo antes. Un engaño no es lo más aconsejable… aunque no tenga corazón latiendo en el pecho, te aseguro que lo has roto-
- ¡No quiero a Jacob…te quiero a ti! Eso no fue más que un error, uno enorme… lo siento, por favor, te lo suplico… perdóname… no me dejes Edward, me moriré sin ti-
- No te humilles Bella… no quiero que hagas esto. Solo vete. No mezclemos más nuestras vidas. Sabíamos que estábamos torciendo lo que estaba establecido… ahora las cosas vuelven a su curso natural. Es lo mejor y más sano-
Bella sollozó una vez más, con dolor. La mire, queriendo consolarla, pero mi cuerpo no respondía muy bien a mi mente, por lo menos no en las últimas horas. Parecía que mente y cuerpo no coordinaban al tiempo. Mis palabras carecían de sentido para mí. Parecía que quien hablaba era otro y yo estaba muy dentro de mí, en algún sitio, siendo espectador de toda esta pesadilla.
El brillo de algún objeto llamo la atención a mis ojos y vi en su muñeca el diamante en forma de corazón que le había obsequiado tiempo atrás. Lo seguía trayendo en su muñeca, pero ahora ya no tenía significado alguno. Solo era peso muerto. Tal como yo.
Alargue mi brazo hacia Bella y ella detuvo su respiración un momento, expectante. Tomé entre mis dedos el colgante de corazón, haciéndolo brillar. Solo una pequeña presión de mi parte basto para reducirlo a polvo. El viento se encargo de dispersar los restos, que volaron brillando tenuemente en el aire, por un segundo. Ya no servía de nada allí, porque no tenía significado.
- Te lo di porque era como mi corazón, duro y frio. Y sigue siendo así. Pero ahora que mi corazón está hecho polvo, tiene que ser lo mismo…
Bella siguió llorando y se llevo las manos al rostro, en una mueca de dolor. Vi el anillo de mi madre, brillante y recordé que eso tampoco tenía sentido. Eso más aun que lo anterior, ya que de ninguna forma habría matrimonio, lógicamente. Mis manos tomaron la suya, frágil y blanca y mis dedos acariciaron esa piel por última vez. Un estremecimiento la recorrió y con un suspiro quite el anillo de Elizabeth del dedo de Bella. Ella sintió el frio en su dedo y se miro la mano, asombrada. No me hizo la pregunta verbalmente, pero la vi en sus ojos. Aun así no era necesario que la hiciese, el motivo de esto era evidente.
- No habrá boda, Bella. Y es ilógico que lleves este anillo, ya que es símbolo de una promesa rota. Ni siquiera yo merezco llevarlo… ¿o quieres conservarlo?
Bella tembló y sus ojos enrojecidos me miraron con dolor.
- No quiero tu estúpido anillo Edward… eso no me importa. ¡Te quiero a ti! Por favor… solo piénsalo…
- No hay nada que pensar, Bella, al menos no ahora…
- Pero te amo…-
- Yo también. Pero sé que dejaré de hacerlo, aunque me tome otros cien años-
Varias gotas de lluvia cayeron sobre nosotros, anunciando que el tiempo lluvioso que Alice me había predicho. Las gotas pronto se multiplicaron y se transformaron en una lóbrega lluvia, pero nosotros aun seguíamos mirándonos. Bella sollozaba, tratando de argumentar algo, pero de sus labios no salían más que sollozos apagados. Ella ya no era más mi Bella. Ahora, ella era solo una humana más.
Mire hacia donde se había ido Leah y en un par de segundos estuvo a mi lado. Vestía solo con una camiseta de tirantes y un par de pantalones cortos, y fruncí el ceño al verla tan mojada. Bella nos miro un momento y sentí como le chirriaron los dientes, y sus manos se crispaban en una muestra clara de furia. Pero ella no podía hacer nada, así como yo tampoco.
Leah me puso una mano sobre el hombro
- ¿Estas bien Edward? - pregunto con suavidad
Le sonreí como pude, mientras mis manos hacían girar en mis dedos el anillo de Elizabeth. Mire a Leah y no tuve que pensarlo dos veces. Leah era lo más cercano que tuve a una esposa, ya que había compartido con ella en un día, mucho más que todo lo que había compartido con Bella, al menos en términos de pareja. Sus ojos se veían preocupados y no había la arruga persistente que siempre estaba en su frente. Ahora ella parecía sinceramente interesada por mí, y podía notar en su mente como se debatía por ya no odiarme. Tome una de sus ardientes manos y deposite el anillo de Elizabeth en su palma para luego aferrar sus dedos y cerrarlos sobre si para que la empuñara de nuevo
- Esto es para ti Leah. Haz lo que quieras con él. Mi madre lo querría para una mujer importante en mi vida. Y ahora esa mujer eres tú-
El rostro de Bella definitivamente se desencajo. Hasta creí oír el sonido de un corazón roto, pero era imposible saber si ese sonido era del mío o del de Bella. No quería hacerle daño, pero esto ya era imposible. Incluso dejo de sollozar, para mirarme atónita. Mis ojos ardían, como un recuerdo humano de lo que debió ser el llanto y aunque no podía derramar una lágrima, hubiese deseado con vehemencia poder hacerlo, para ver si el dolor se escurría junto con ellas. Me di la vuelta, con el dolor aun arreciando en el cuerpo. La lluvia comenzó a mojar mucho más de la cuenta y pensé por un momento que quizás debía llevar a Bella a casa, para que no se resfriara o algo. Era imposible perder las costumbres tan rápido, como la preocupación constante por su salud. Me di la vuelta, pero Bella me asombró cuando al volverme a ella, note que ya no estaba, ni tampoco Leah. No las sentí marcharse. Un vacio increíble se apodero de mi cuerpo y quise que algo me detuviera de sentir. Como todo a lo que yo aspiraba, no era algo posible.
- Ella no se fue sola, Jasper la llevo – oí la voz de mi hermana
Alice estaba de pie a mi lado, mojada bajo la lluvia.
- Sabía que sucedería esto y solo estábamos esperando a que terminaras de hablar. Yo… lo siento mucho, Edward. Debí preverlo, pero no fue planificado. Solo ocurrió y para cuando lo vi… Ya era muy tarde-
Mire a Alice, mientras el agua nos mojaba a ambos. Ella estaba realmente preocupada por mí, temiendo que hiciera alguna locura. Mi futuro en sus visiones era borroso y oscuro. Pues ni yo sabía lo que haría, así que no podía ser de otra forma.
- No es tu culpa Alice- murmure sombrío- Ni de nadie...excepto mía y de Bella. ¿Pero de anda vale lamentarse ahora verdad? En todo caso no te asombrara cuando te diga que en este momento odio mi naturaleza y desearía mas que nunca ser un humano… para poder morir y dejar de sentirme así…-
Alice gimió y se arrojo entre mis brazos, sin importar que la lluvia ya nos calaba.
- Alice- murmure, cerrando los ojos- Yo… necesito estar solo un momento… por favor-
No necesite decirlo dos veces. Pronto estuve solo en las afueras de casa y mis pasos me llevaron unos metros mas allá, cerca de los arboles que cercaban la casa Cullen. Me aferre de un tronco y apreté tanto la rama que crujió bajo mi agarre, destrozándose.
Gemí audiblemente y por única vez en toda la existencia, se dio romper las reglas de la física establecidas. Yo estaba llorando.
- ¿Qué hiciste conmigo Bella, que hiciste? –
Mi mente embotada por el dolor solo concibió una idea. Y quise ir donde ya no podría sentir más dolor, donde nada mas ya importaría.
Y me perdí en el bosque, corriendo hasta desaparecer. Aun en la lejanía podía oír el aullido desacompasado y doloroso de Leah, despidiéndose. Edward Cullen había muerto por segunda vez en su existencia. Y ya no volvería a renacer.
-FIN-
Me mato escribir este capitulo, quede agotada mentalmente, no soy buena para escribir tragedias porque termine llorando y toda acongojada... u.u pobre mi Ed, lo hice sufrir! :( bueno, era lo que tenia que suceder de un principio, la historia estaba pensada para terminar mal, asi que en fin... espero que no les haya dado mucha pena... ya volvere con otros AU extraños... tengo pensado uno de Ed/ Victoria y otro de Bella/Carlisle/Edward... ya los subire! por ahora a terminar CC y a empezar Undisclosed Desires! Gracias por leer!
Mordiscos!
