Agarré un osito de peluche y lo puse dentro de una mochila, con Peeta habíamos acordado que esta noche llevara a Prim. Me he resignado a llevarme bien con estos tributos, y me ha hablado tantas cosas maravillosas de la pequeña que muero de ganas de conocerla. Mientras me trenzo el pelo decido que también le regalare a la niña mi broche de sinsajo, es una manera de desearle suerte en la arena.

Salgo por el pasillo en busca de Darius pero no lo encuentro por ninguna parte.

-Boggs, ¿Has visto a Darius?

-No lo he visto en todo el día Katniss, quizás se reporto enfermo esta mañana ya que hay alguien ocupando su lugar.

Me preocupé por mi amigo, decidí que en cuanto volviera de mi encuentro nocturno, lo llamaría o iría a visitarlo.

-¿Podrías pedir un aerodeslizador para mi?- Boggs era quizás, mi segundo agente de la paz favorito, no manteníamos la misma relación que con Darius pero siempre había cuidado de mi cuando lo necesite.

-Va a tener que disculparme, pero el presidente me ha pedido específicamente que vaya a verlo, no puede salir de aquí hasta verlo a el.

Sentí como un escalofrío que comenzaba en mi columna y se extendía por toda mi espalda.

-¿Tienes idea por qué quiere verme?

-No me han dicho, su padre la espera en su despacho.

Di media vuelta y me encamine rápidamente a la oficina de papá, quizás no era nada, no tiene manera de haberse enterado que he estado viendo a tributos, y de ser así ¿Qué problema hay? Debo dejar de ser tan paranoica, posiblemente quiere discutir conmigo un atuendo, o informarme de alguna reunión a la que debo asistir.

Me quedo parada unos segundos frente a la inmensa puerta, él esta del otro lado. Respiro hondo para tomar coraje y golpeo.

-Adelante.

-¿Querías verme?- olvide quitarme la mochila así que la tiro disimuladamente a un costado antes de entrar.

-Si Katniss, toma asiento.

Me senté. Creo que estoy temblado ¿Por qué esto me preocupa tanto?

-Querida, he decidido que tu y el fantástico estilista del distrito 12 deberían reunirse todas las noches aquí, el te será de mucha ayuda para tu carrera como diseñadota- el despacho huele a rosas. Rosas y sangre, como siempre.

-¡Es una maravillosa idea! Pero en realidad me gusta mucho que mis noches sean tranquilas, ¿No es posible que me reúna con él por las tardes?- soy una pésima actriz.

-No es posible, ya he hablado con el, esta esperándote abajo en la sala principal.

-Pero…

-Katniss- su tono se endureció- harás lo que te digo, debes encaminar tu futuro hacia algo, ahora ve, no lo hagas esperar mas.

Me levante y agache la cabeza, quizás lo vio como un símbolo de sumisión, pero en realidad estaba intentando ocultar las lagrimas de mis ojos. No poder ir esta noche al Centro de Entrenamientos estaba partiéndome el corazón, ¿Cómo podría avisarle a Peeta que no iré?

-¿Sabes que le paso a Darius?- pregunté antes de salir.

-Debe de estar enfermo- tardo unos segundos en responder, ni siquiera me miro.

Agarre mi mochila que seguía allí tirada y bajé de mala gana por el ascensor. Estoy segura que se ha enterado de mis escapadas nocturnas.

-Hola Katniss

-¡Hola! Tu eres Cinna, ¿verdad?- el hombre que estaba sentado en el sillón principal no parecía ni por poco ser un estilista del Capitolio, si la gente corriente esta alterada quirúrgicamente hasta parecer grotesco, los estilistas suelen lucir inhumanos… "todo por la moda"- creo que nos hemos conocido hace un par de noches.

-Así es- me sonrío y me dio un beso en la mejilla- el presidente en persona me ha contado de tu amor por la moda y me pidió si podía fomentar tu carrera.

-Eres muy amable, gracias.

-Aquí tengo tus bocetos, ¡eres muy buena!

Pasamos un largo rato hablando sobre diseños, nuevas tendencias, desfiles e ideas que ambos teníamos en mente para nuevos atuendos. Descubrí que ambos tenemos mucho en común y me sentía muy cómoda en su compañía, hasta que recordé a Peeta y Primrose.

-Tengo que pedirte un favor… ¿eres el estilista de los tributos del 12 verdad?- no había nadie, pero por alguna razón sospecho que aquí siempre nos escuchan, así que hable en un susurro casi imperceptible.

-Así es, ¿paso algo con ellos?- parecía alarmado, ¿Qué puede pasarles? No hay muchas cosas peores que ser enviados a los Juegos del Hambre en menos de cuatro días, o por lo menos eso creo.

-Si tienes un momento a solas con ellos, por favor diles que siento no haber podido verlos hoy, me han prohibido salir de aquí y sospecho que esta clase es una excusa para mantenerme encerrada- sus ojos se abrieron como platos, estaba realmente sorprendido- ¿podrías darles esto? Y si puedes explícales porque no he podido ir- saque el broche de sinsajo y el oso de peluche.

-¿Cuándo hablaste con ellos?- agarro el broche entre sus manos y lo contemplo por unos segundos.

-Hace unos días me estoy encontrando con Peeta – Cinna levanta las cejas insinuando algo mas- ¡Solo hablamos! Necesita compañía y descubrimos que compartimos algunos pensamientos.

-¿Y crees que te han descubierto y no dejan que socialices con los participantes? Tu padre siempre ha parecido esforzarse para que parezcas interesada en los juegos, cosa que, en mi humilde opinión, no te sale- ahora la sorprendida soy yo.

-¡Amo los juegos!

-Eres una pésima actriz.

-De acuerdo, es nuestro secreto, detesto los juegos.

-¡Lo sabia!- parece que he confirmado unas sospechas que tiene hace años- estaré encantado de llevarles esto ¿El peluche es para Prim y el sinsajo para Peeta?

En un principio había pensado que ambas cosas irían para la niña, pero darle algo a Peeta tampoco estaría mal.

-Si, aunque Primrose no podrá llevarse el peluche a la arena.

-Creo que si sería posible, solo debe pasar las pruebas de que no es ningún tipo de arma.

-¿Pero no la entorpecerá?

-Es pequeño, no creo que suponga un problema, dejemos que ella decida- me dedica una sonrisa- creo que les encantara tus regalos.

-No son la gran cosa…

-Cuando es posible que sean tus últimos días, cualquier cosa es la gran cosa- se me hizo un nudo en el estomago porque nuevamente esta aquí presente el tema de la muerte. No pueden vivir ambos, son 24, 23 mueren.

-Gracias.

-Bueno Katniss, hemos terminado por hoy, te veré mañana- retomo un tono de charla normal.

-Adiós Cinna, muchas gracias.

Me guiño un ojo y salio por la puerta. Me quede sola observando el alto techo de la sala. Decidí que me hacia falta tomar un paseo, había pasillos de la mansión siempre están realmente vacíos y creo que me vendría bien caminar un rato.

Salgo por una pequeña puerta que se encuentra en la pared opuesta a la entrada principal del salón, estos corredizos son tan poco transitados que las luces están apagadas y van prendiéndose a medida que camino, de modo que no llego a ver el final. Pese a estar sola y la imagen parecer un poco truculenta, no siento miedo. No hay lugar mas seguro que este, con solo gritar 20 agentes de la paz acudirían en mi auxilio.

Escucho lo que parecen ser unos golpes en algún lugar un poco mas delante, camino hasta el lugar de los ruidos, provienen del otro lado de una puerta color rojo. Vacilo durante unos segundos en si debería entrar, pero luego compruebo que esta cerrada. Me agacho para quedar a la altura de la cerradura y observo que hay luz adentro, el aire que sale desde adentro es frío, me muevo lentamente para intentar observar todo lo que es posible por aquella rendija.

No pude evitar gritar. Sentí como cada músculo de mi cuerpo se tensaba y se me ponía la piel de gallina. Tuve que sentarme en el suelo y apoyarme contra la puerta cerrada porque comencé a temblar y no podía mantenerme en pie.

Darius yacía sobre el piso de aquella habitación fría. Estaba inconciente y tenía la boca abierta, pero dentro de ella su lengua estaba cortada.

Lo habían convertido en un avox.