¡Muchas gracias! a todos por sus lecturas, a los follow, favorite, y al Primer review.

Disclaimer: Los personajes de Fate no me pertenecen

Advertencias: Semi UA, Posible Ooc.

Raiting: K+

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Abaddon Dewitt


Leones


La vida del león estaba extinguiéndose, la sangre se acumulaba en pequeños charcos en el piso y por primera vez en mucho tiempo, Saber sintió ese mal estar que le revolvía las entrañas y le provocaba nauseas, un fuerte retortijón que la obligaba a doblegarse, pero su orgullo era más fuerte, el penetrante olor a oxido que le lleno las fosas nasales era demasiado intenso, demasiado cruento para una mujer que estaba ahora desnuda del alma frente al gran rey de los héroes. Sus labios temblaron y escucho claramente en castañar de sus dientes, su garganta tenía un nudo que si se desataba, seguramente vendría con un llanto. Estaba rota. A su espalda Shiro se mantenía pasmado, ella la mujer que amaba, permanecía de rodillas frente al cuerpo inerte de aquel déspota perverso que los había manipulado hasta el punto de la tortura, ¿Por qué?. Shiro quiso tomarla de los hombros y sacarla de ahí, él le había dicho que la amaba, él le había jurado protegerla, darle todo, pero Saber seguía expectante al rostro pálido de Gilgamesh…

—Gilgamesh —musito Arturia con enojo —Levántate, Gilgamesh.

Porque lo odiaba, si, odiaba que hubiera caído de esa manera frente a su master, odiaba que ahora las piscinas de sangre no la miraran con petulancia, pero sobre todo, odiaba que su corazón se sintiera vacío, muerto, porque no había otra palabra que lo describiera mejor. Se atrevió a tocar su mejilla, estaba fría, y se aterro aún más, porque los recuerdos de Lancelot la avasallaron, otra vez estaba perdiendo a alguien importante, otra vez por culpa de grial, o quizá, por culpa de su severo carácter que se auto imponía, una carga que cada vez era más pesada, estaba cansada, de todo, de ella misma, oh si tan solo Iskandar la viera derrumbarse en ese momento, probablemente rompería en una carcajada, y tal vez le palmearía la espalda, ¿Dónde estaba el Rey Arturo?, ¿Dónde estaba el orgullo y la templanza?, sus dedos pasaron por los labios de Gilgamesh una vez más anhelaba que la llamara «Rey de los caballeros» otra vez, por favor.

—Saber tenemos que irnos —Shiro se acerco pero ella le rechazo.

Shiro apretó el puño con fuerza, ¿Qué podía decirle?, ¿Qué al fin había acabado la pesadilla?... Gilgamesh estaba muerto, Kotomine también, estaban tan cerca de conseguirlo, casi podía rozarlo con sus dedos, la victoria. «Gilgamesh» otra vez ese nombre, ahora más severo, más intenso, era curioso que su nombre no sonara tan imponente como el de ese hombre, que en los labios de Arturia, no se derritiera con ese fuego que emanaba del espíritu heroico. Tal vez había ganado la batalla, pero la verdadera guerra, ahora yacía en el fondo de un pozo oscuro y frío, porque finalmente, Gilgamesh Rey de los héroes, era el verdadero poseedor de todos los tesoros en el mundo, y el más valioso era el corazón de Arturia Pendragon. Shiro se peguntó cómo lo había echo, ¿En qué momento?, pero esa historia había comenzado diez años atrás, cuando el verde de los ojos de Saber y el intenso carmesí de Gilgamesh se encontraron, porque los leones solo pueden andar con leones.

—Vete Shiro —susurró derrotada —Yo acabare con el Grial.

Deseaba abandonarla, la rabia y el enojo eran grandes, pero no más que el sentirse destrozado por verla en ese aspecto decadente. Antes de espetar algo, ella se levantó con el cuerpo pesado de Gilgamesh en su espalda, su ultima carga, su ultima culpa, entonces Emiya lo entendió, no había lugar para él en el mundo de Arturia, o mejor dicho, en la guerra por el grial, al final, él al igual que el resto de los participantes, solo era un medio para alcanzar un fin. Los leones solo pueden andar con leones.

Saber cargo con el cuerpo con pasos lentos pero firmes, y una tenue respiración choco con su cuello, Gilgamesh dejo de pesar como el plomo. —¿Quién te dio permiso para cargarme así mujer? Me pones en ridículo.

La voz le supo a un canto divino, Saber lo aferro más a ella, y continúo hacia el horizonte, allá donde el Grial los esperaba. Contrario a lo esperado, Gilgamesh solo la siguió, realmente eran como un par de leones que lamían sus heridas, porque solo entre ellos podían entenderse. La sangre aun seguía derramándose y el rey dorado ya estaba prácticamente en el mundo de los muertos, Arturia gimió con impotencia, faltaba poco para que ambos acabaran con el grial. Empuño a Excalibur con su mano libre y sobre esta sintió el tacto de Gilgamesh, firme y poderoso. Irónico, solo Gilgamesh era capaz de llevarla hasta el punto más álgido, gracias a Gilgamesh pudo despertar a Avalon, gracias a Gilgamesh pudo liberar todo lo que Excalibur era capaz de dar. Contrario a lo que ella había pensado por mucho tiempo, él… él era su Avalon.

—Te veré del otro lado, Rey de los héroes.

Una sonrisa sardónica, un suspiro largo… un roce de labios que los hizo sentir en el empíreo, sus pecados tal vez ahora serían perdonados, un par de manos que sostenían a Excalibur, y la luz al final del túnel les hizo entender que sus vidas, siempre serían un bucle infinito, pero la próxima vez, desafiarían el decreto divino.

El sonido del mar me despertó, las suaves olas chocando con las rocas allá, detrás de una colina, el calor de mi cuerpo no reparo en más detalles que los que conocí, sus brazos me rodeaban, su cuerpo calido chocaba con el mío, como cada día, como cada noche antes de volver a la realidad.

Vuelve a dormir —me dijo.

Pero solo me quede en silencio, las pesadillas repercutían en mi cabeza como una advertencia del cielo, estábamos destinados a pelear como leones por su territorio, al mismo tiempo que éramos dos seres humanos que encontraban piedad en el calor de sus cuerpos, me removí suavemente y él solo reacciono como un niño al que intentan robarle un juguete, apretó mi carne con fuerza dolorosa, y yací una vez más en sus brazos, Los leones caminan con leones.