Disclaimer. Los personajes le pertenecen a LJ Smith, y la historia es de Martina Bennet. ¡Gracias por dejarme adaptar esta maravillosa historia!
N/A: Esta historia puede tocar temas como las vidas pasadas, violencia, lemmons, y demás asuntos que pueden afectar la sensibilidad del lector e ir en contra de sus creencias.
¡Espero les guste!
CAPÍTULO 3
…
No sabía que te esperaba,
no sabía que tú vendrías.
¿Será posible que no seas solo mía?,
¿Tendré acaso que arrebatarte de sus brazos?
No importa cuánto quieras huir de mí,
puedes estar segura que jamás te dejaré ir.
…
Un niño caminaba por la calle tomado de la mano de su madre. Miró el yeso que cubría parte de su brazo izquierdo y volvió a sollozar, recordando el dolor que sintió, momentos después de haberse fracturado el brazo, por estar saltando en el estacionamiento de la escuela, mientras su madre hablaba con su maestra.
Llegaron a una esquina y el niño levantó la mirada cuando su madre detuvo el andar. Ahí, en medio de la calle, esperando el cambio del semáforo para seguir su camino, estaba uno de sus juguetes en tamaño real. Oh Dios! un Bentley Continental GT modelo 2005, motor delantero W engine de 5998 ccm, dos puer…
—Otra vez pensando en autos, —lo reprendió su madre al encontrarlo observando el auto negro frente a ellos, con la boca abierta —si prestaras más atención a las clases y menos a tus fichas de colección, tus notas en la escuela serían mejores.
—Mamá mira, algún día yo tendré un auto como ese. —Su madre bufó.
Andy Butler, de 7 años de edad, cabello rubio casi blanco y ojos tan azules como el cielo de primavera, sabía que si se lo proponía, podría tener uno igual algún día. Todas las personas lo mirarían con respeto y asombro, como ahora mismo él miraba el auto y se imaginaba al hombre que lo manejaba.
Klaus Mikaelson sonreía. Ese niño, que se había quedado mirando el auto asombrado, sería un hombre con dinero y carros como el suyo en el futuro. Pudo ver en sus ojos, el deseo de poseer algo y de estar dispuesto a luchar por eso, con dientes y uñas si era necesario. Él sabía lo que eso era. Desear algo con todas tus fuerzas y tener la esperanza de que algún día llegaría. Pero también sabía lo que era creer que se tenía, que por fin se había encontrado, para luego, caer en la amargura y la desesperanza, al darse cuenta de que solo fue un espejismo, un engaño, con crueles consecuencias.
Su expresión cambió al mismo tiempo que el semáforo, y emprendió la marcha. Recordar lo hacía un hombre amargado, y resentido de la vida. Encontraba en el trabajo la liberación que tanto necesitaba. Era su escusa para escapar de la realidad que se cernía sobre él, como las nubes negras sobre el prado, en un día de tormenta.
Habría dado lo que fuera por retroceder el tiempo, y evitar así, cometer el que consideraba, el peor error de su vida. Pero ya no había marcha atrás, y ahora tenía que afrontar las responsabilidades de sus actos, y sobre todo de su estupidez.
Llegó a la Universidad Gillemot a los pocos minutos. Ingresó sin ningún problema y parqueó su auto, en el lugar que siempre tenía reservado para él. La universidad había sido fundada por su bisabuelo en el año 1943, y queriendo honrar a su tan amada esposa, Elizabeth Gillemot, le había colocado su nombre y mandado a diseñar su escudo, en base a su cultura húngara.
Se bajó de su auto y se dirigió a la oficina del vicerrector de investigación.
Manejaba él mismo sus autos. No le gustaba tener que lidiar con chóferes pacientes y cuidadosos, que recorrían un tramo en una hora, cuando él lo podía hacer en cuarenta minutos, o incluso media hora si estaba de afán. Su hermana siempre le recriminaba esa decisión. Eres el presidente de una multinacional Klaus, no un adolescente manejando sin permiso el costoso auto de su padre. Siempre era lo mismo, pero a él no le importaba. Precisamente, era el presidente de una gran empresa, y hacía lo que quería.
Tampoco tenía escoltas, le parecían fastidiosos y algo que solo tenían los empresarios que querían llamar la atención. Aun así, insistía en que su familia tuviera, al menos uno por persona.
—Si quieren hacerme daño no lo harán conmigo, sino con los que amo. —Decía, y Kol, estaba de acuerdo con él.
Habló con el vicerrector un largo rato, sobre los nuevos proyectos, que se aprobarían a los grupos de investigación ya existentes, la apertura de unos nuevos, y las dotaciones que llegarían en un par de semanas, para los nuevos laboratorios. Le gustaba supervisar personalmente todo lo referente a la universidad. Su abuelo le había dicho que esa institución, era la representación de la obstinación y la perseverancia Mikaelson, —mi padre me la legó a mí, fue su forma de ir en contra de los designios de su padre, que le parecía ridículo que a su hijo le gustara la enseñanza —y él como máximo exponente de esos adjetivos, velaba porque todo se diera como lo tenía planeado.
Hicieron el recorrido por las instalaciones remodeladas, y después de dar su aprobación, bajaron al segundo piso, para echar una ojeada a los afortunados becados, que se encontraban en ese momento en una reunión.
El hombre que lo acompañaba, fue requerido por uno de los empleados, y pidiendo disculpas, se apartó por un momento.
Klaus caminó unos pasos más, y miró hacia el pasillo que llevaba al auditorio, donde se estaba llevando a cabo la reunión.
El pasillo desapareció, ya no había suelo que lo sostuviera, ni aire que llenara sus pulmones. Ya no había un hombre cerca suyo, hablando con otro. No había corbata que anudara su cuello, zapatos que calzaran sus pies, ni ropa que cubriera su cuerpo. Su auto, el niño que lo admiraba, la madre que lo regañaba, ya no existían. Su adorada familia, su empresa poderosa, su pasado tormentoso, los errores cometidos, la carga de sus temores, ya nada de eso importaba.
¡Es ella! Susurró una voz en su cabeza, y ya nada podía interferir en lo que ahora sentía.
Adoración
Veneración
Deseo
Pasión
Posesión
Ahora estaba seguro, era ella. No sabía por qué, ni cómo, pero algo le decía, que era a ella, a quien había estado esperando toda su vida y más.
Es una niña… y es hermosa pensó. Tenía el cabello rubio, y una piel blanca inmaculada. Deseó poder pasar los dedos por sus mejillas, para comprobar que era tan suave como se veía. Ella se mordía el labio inferior, y él deseó poder tomarla de la barbilla y probar su sabor. Deseó poder estrecharla entre sus brazos, y comprobar, que no era una cruel jugada de su mente.
Imposible, mi mente jamás podría crear algo tan puro y bello como ella.
Hizo el intento de caminar, de acercarse a ella, pero sus piernas no le respondieron.
En ese momento las puertas del auditorio se abrieron, hombres y mujeres empezaron a llenar el espacio entre ellos. Reaccionando ante todo el movimiento que se producía entre ellos, caminó unos pasos, para poder observarla mejor.
La vio estrujar el borde de su blusa, de un fuerte color azul rey. Le pareció una combinación hermosa, la manera como el azul resaltaba sobre su piel pálida, era algo fascinante.
Parecía una niña nerviosa, tratando de tomar una decisión. Él sonrió e hizo un nuevo intento por acercarse, pero su sonrisa se borró y todo pasó a ser oscuro y doloroso.
En ese momento, todos sus sueños y anhelos, recién devueltos por la visión de ella, ahora se desmoronaban, sin piedad a su alrededor. Sintió un intenso fuego que lo consumía por dentro, como si el edificio estuviera en llamas, y enormes lenguas de fuego, intentaran devorarlo por completo. Pero todo a su alrededor, seguía sin alterarse.
Era su alma la que ardía de rabia y celos descontrolados.
Un hombre rubio había aparecido en escena, y su nena con una enorme sonrisa, se había arrojado a sus brazos, a los brazos de otro, otro que no era él.
Al instante el hombre la hizo girar y ella quedó mirando en su dirección. Sus ojos se encontraron y él no pudo evitar emitir un gruñido.
Un chico de baja estatura, que iba pasando por su lado, saltó asustado, por el ruido que el hombre había proferido. Lo miró por un momento, y la expresión que vio en su rostro, lo aterró tanto, que solo fue capaz de dar dos pasos hacia atrás, y alejarse de ese demonio con forma humana, lo más rápido que pudiera.
Ella lo miraba fijamente y se veía sorprendida y algo asustada.
¿Por qué lo abrazas? ¡Maldita sea!, ¿Por qué? Si tú eres mía ¡mía!
Otro chico llegó y ese malnacido y su nena se separaron. No pudo seguir ahí, necesitaba alejarse o sería el autor material de un asesinato. De eso estaba seguro.
Escuchó como el vicerrector lo llamaba, pero no le prestó atención. Caminó, casi corrió hacia su auto, y salió lo más rápido que pudo de la universidad. Recorrió las calles como un loco, contando con la suerte de no encontrar a ningún oficial de policía en el camino.
Llegó a su residencia ubicada en el Distrito de Chelsea. Un ático de lujo, en un gran edificio de apartamentos.
Estacionó como pudo, subió a su ascensor privado, con los puños fuertemente apretados. Su corazón latía furiosamente, su pecho subía y bajaba con cada respiración agitada. Las puertas se abrieron, entró a su apartamento, y su control se esfumó por completo.
…
— ¡Maldición! —Exclamó Klaus cuando vio el nombre que titilaba, en la pantalla de su celular. Se pasó una mano por su cabello y tiró un poco de él, a modo de frustración.
Contestó con la voz ronca por el sueño y la resaca — ¿Qué…
— ¿Klaus?, ¡por Dios!, al fin apareces, te he estado llamando todo el día. Katherine me dijo que no habías aparecido el viernes y que solo llamaste para hacer unos pedidos extraños. Kol te ha estado buscando todo el fin de semana, y estuvo en tu apartamento, pero la tarjeta de acceso estaba bloqueada. Ni siquiera contestabas los teléfonos, agradece que mamá está ocupada con la visita del tío, que no se le ha ocurrido intentar comunicarse contigo, porque habría trepado las paredes del edificio para saber si estabas bien.
—Rebekah, hablas demasiado rápido… estoy bien. Solo decidí tomarme libre el fin de semana, ¡acaso no puedo tener algo de espacio para mí solo! —Giró sobre su propio cuerpo para quedar boca arriba y pasó una mano por su cara para tratar de quitar los últimos resquicios de sopor.
—Te hemos dicho cientos de veces que te tomaras tiempo libre, vacaciones, y nunca quisiste hacerlo. Y ahora que por fin lo haces, no eres capaz de avisar. ¡Se puede saber qué te pasa!, tú no eres así.
—No es nada, en serio. Por qué mejor no me dejas en paz y nos vemos mañana…
— ¡Imposible! —Lo interrumpió la chica —estoy abajo tratando de que mi tarjeta de acceso funcione. Así que mueve tu culo de una buena vez, si es que estás aquí, y desbloquea el sistema, voy a subir. —La mujer colgó, y él, con un gruñido de frustración, se levantó de su cama, y caminó hacia las puertas del ascensor, para desbloquear las tarjetas de –visitantes autorizados- que había dado a su familia, para que accedieran cuando lo desearan. Muchas veces se había arrepentido de esa decisión.
Pero su familia jamás permitió que las anulara.
Al poco rato, su hermana se encontraba observando la sala del apartamento, con los ojos exorbitados, y una clara expresión de asombro y miedo en su rostro.
— ¡Niklaus! ¿Qué demonios pasó aquí?
La estancia, con pisos de madera de roble, y paredes pintadas en tonos beige, con columnas en mármol color tierra, se encontraba totalmente irreconocible.
Los adornos que ella misma, junto con su madre, habían escogido, se encontraban hechos pedazos esparcidos por el suelo. Los dos sofás de cuero claro estaban tumbados, al igual que los dos sillones que los acompañaban, la alfombra persa se encontraba arrumada al pie de la chimenea, y una pintura original de Franz Marc llamada –El Tigre–, estaba perforada por una escultura de Miren Itxaso en metal, de cintas que se entrecruzaban y terminaban en punta.
Klaus suspiró, levantó uno de los sofás y se acostó sobre él, tapándose los ojos con un brazo.
—Me pasé de tragos, eso fue todo —Contestó con voz cansada.
— ¿Te pasaste de tragos?, ¿Estás de broma?, esto no es obra de unas copas de más —Rebekah se acercó al sofá y apartando un poco las caderas de su hermano, se sentó junto a él.
Klaus se quitó el brazo de los ojos y la miró.
Su hermanita era diez años menor que él, tenía veinte años, cabello rubio liso. Sus ojos eran de color azul marino, una hermosa combinación entre el azul de su madre y el verde de su padre. Su baja estatura le daba la impresión de ser aun más joven.
— ¿Qué te sucede Klaus?, soy tu hermana, me preocupo por ti —dijo Rebekah acariciándole la mejilla tiernamente.
Klaus negó con la cabeza y Rebekah suspiró derrotada. —Está bien, si no quieres, no me digas. Pero sabes que estoy aquí ¿verdad? —Klaus asintió —Siempre estaré para ti, no importa nada.
Él sabía que podía contar con ella. Pero prefería mantenerla al margen de sus problemas. Ella era muy delicada e inocente, y no quería mancharla con sus secretos.
Rebekah se fue un par de horas después, luego de ayudar a su hermano a organizar el apartamento, ya que no solo la sala estaba destrozada. Su habitación no estaba muy diferente, el colchón estaba salido de los bordes de la cama, la lámpara de la mesa de noche estaba estrellada contra la pared del baño, varias botellas de whisky vacías, estaban esparcidas por la habitación, y una a medio terminar estaba regada sobre la sábana blanca tirada en el suelo.
Era domingo. Solo había tenido un momento de lucidez el día anterior cuando había revisado los videos y registros que le habían llegado a su correo.
El viernes, luego de destrozarlo todo, había llamado a Katherine y le pidió que le consiguiera los registros de los aspirantes a la beca para negocios, así como los admitidos y los videos de seguridad de la universidad de esa mañana.
No pudo reconocer ningún nombre entre los reportes, no había fotos y al no saber el nombre del hombre que la abrazaba, no tenía mucho que hacer con eso. Gruñó al recordar la escena, estaba decidido a cambiarla por completo.
Sabía que ella no estaría en la lista, ya que de haber sido una de las aspirantes, no habría estado afuera esperando.
Revisó los videos de seguridad, de la entrada de la universidad, y del pasillo del bloque en el que se encontraban. La vio entrar con él y dirigirse al auditorio. Pero los perdió de vista cuando cruzaron hacia la entrada de este. Una hora después los vio salir del edificio, esta vez acompañados de un hombre de cabello marrón, lo poco que pudo ver de su rostro le pareció familiar, pero al no recordarlo había desechado la idea.
No sabía qué hacer, ni dónde localizarla, ni siquiera sabía si vivía en Londres o en Inglaterra. La mitad de los aspirantes a esas becas eran extranjeros.
Una foto borrosa, que había impreso del video, mostraba a la chica entrando a la institución. La había guardado antes de que su hermana entrara, y ahora, tratando de dormir, para ir al día siguiente a la oficina, la miraba fijamente. Tendría que imprimir otra, esta se había arruinado, luego de ser salpicada de su semen cuando se masturbó pensando en ella. La última vez que había hecho algo semejante, tenía tan solo dieciséis años, pero esta vez no había podido controlar la necesidad que crecía en su interior.
La deseaba como nunca antes había deseado a otra mujer, y eso lo había llevado al baño, bajarse los bóxers y agarrando su miembro completamente erecto, había empezado a bombear con fuerza, mientras que con la otra mano sostenía la foto de ella.
Colocando la foto sobre el tanque del sanitario, había tomado sus testículos y los masajeaba al tiempo que su otra mano seguía la tarea de ordeñar su miembro. La corrida había sido tan fuerte que hasta que no terminó, no se dio cuenta que algunos resquicios de su excitación, habían manchado la foto. Habría deseado saber qué nombre gritar en ese momento, pero se juró que no pasaría mucho tiempo antes de saberlo.
Limpiándola con cuidado la colocó sobre su cama, al tiempo que su mente le jugaba una mala pasada. ¿Cuántos orgasmos le has dado a él? ¿Cuántas veces te ha hecho gritar de placer? ¡Maldito!
Volviendo al presente, miró la foto, y como si la tuviera en frente le habló.
—No importa cuántas veces te ha hecho suya… yo me encargaré de borrar de tu cuerpo su recuerdo.
…
—Hay una cena mañana en casa de mis tíos —dijo Katherine mientras se limaba las uñas, sentada frente al escritorio de Klaus, quien torturaba con frustración su computadora portátil.
Había logrado llegar temprano esa mañana a trabajar. Pero su humor estaba tan negro, como el traje que llevaba puesto. Los pobres chicos pasantes, habían sido sus víctimas.
El chico, Fred, corría como gallina descabezada dentro del cuarto de archivos. La chica castaña, April, tenía los ojos brillantes, por las lágrimas que querían escapar, y las manos temblorosas, mientras escribía un informe que todos sabían, era innecesario.
Solo Katherine, que lo conocía mucho mejor que la mayoría de los miembros de su familia, había logrado calmarlo y encerrarlo en su oficina.
—Ya me lo imaginaba —Contestó seco, sin apartar la mirada de la pantalla.
—Me alegro —dijo Katherine en tono irónico— ¿Me vas a decir qué te pasa?, Rebekah me contó que tu apartamento estaba destrozado, y esos pedidos que hiciste el viernes.
—Chasqueó la lengua y continuó —Definitivamente, eso no es normal.
Se lo quedó mirando fijamente, con los ojos entrecerrados, esperando una respuesta.
—Conocí a una chica.
— ¡Maldita sea! Lo sabía —Se inclinó hacia delante a modo confidencial — ¿Quién es? ¿Dónde la conociste? ¿Cómo se llama? ¿La conozco?
Klaus suspiró y se recostó en su asiento.
—No sé quién es, ni cómo se llama. La conocí en la universidad el viernes en la mañana. Solo la vi y… todo tuvo sentido, o dejó de tenerlo, aun no lo sé. Es ella, es la mujer con la que quiero pasar el resto de mis días. —Se pasó una mano por el cabello y tiró de él un poco —La quiero para mí, —la miró fijamente —me ayudarás, ¿no es así Katherine?
Klaus sabía que no podría hacer nada, hasta que se realizaran las matrículas, ahí los jóvenes se tomaban fotos para los carnets. Estaba seguro que sería capaz de reconocer al estúpido rubio. Luego solo quedaría investigarlo, para que lo llevara a ella.
La mujer suspiró y se levantó de su asiento para sentarse en las piernas de él. Él abrió los brazos y la recibió con cariño. Ella tomó su rostro entre sus manos —Siempre seré tu cómplice en todo. ¿Acaso no ha sido así desde pequeños?
Klaus sonrió y la abrazó.
Katherine Petrova era hermana de Kol, quienes eran hijos de Alaric Petrova y Elizabeth Mikaelson, hermana difunta de Mikael, el padre de Klaus.
Desde niños habían sido muy unidos, tanto en las risas como en las peleas. Un día se les podía ver, corriendo felices por la casa, luego de haber realizado alguna travesura, y al otro día, escuchar los gritos de Klaus, porque una pequeña y caprichosa Katherine, lo tenía prendido de los cabellos mientras lo zarandeaba con rabia. Kol decía que ese era el motivo por el cual, el cabello de Klaus, ahora que ya era adulto, no podía ser peinado decentemente.
Rebekah era su princesita, y la cuidaba de todo. Pero Katherine, a pesar de ser cinco años menor que Klaus, tenía un carácter muy parecido al de él.
Klaus encontraba en su prima un apoyo en todos sus problemas. Ella siempre lo secundaba en todo, aunque fuera de mala gana, y él lograba que las salidas clandestinas de ella para irse de rumba, fueran todo un éxito.
Terminó como su asistente, porque su padre había alegado que estaba muy consentida, y que ya era hora que hiciera algo de provecho, además de hacer servir sus estudios en administración de empresas. Ella había rogado que le dieran el cargo de asistente de su hermano, quien era el vicepresidente de MikaelsonWorld, pero Alaric Petrova sabía que Kol, se dejaba manipular por ella, y terminaría haciendo él todo el trabajo, mientras ella solo leía revistas, y hablaba por su teléfono. —Klaus sabe cómo tratarte, si no te mata te hará una persona responsable. Me conformo con cualquiera de las dos. —De eso ya había sido un año, y aun no había sucedido ninguna de las dos cosas, aunque no había sido nada fácil para los dos.
Solo Katherine sabía sus secretos completamente, solo ella lo había visto enloquecer en los momentos más difíciles, y solo ella sabía lo que lo atormentaba constantemente.
—Ahora solo pensemos en tu cumpleaños —dijo Katherine cambiando de tema. —Podríamos ir todos a algún Bar luego de cenar. —Tomó un mechón del cabello de Klaus y lo giró en sus dedos.
— ¿Me crees imbécil?, lo usarás como excusa para no venir a trabajar el miércoles —dijo Klaus mientras le daba una fuerte palmada en el muslo.
Katherine confirmó la suposición de Klaus cuando jaló con fuerza el mechón que tenía entre sus dedos. Se levantó del regazo de su primo y caminó hacia la puerta de la oficina, para luego cerrarla con más fuerza de la necesaria.
En la mañana del martes, Katherine le llevó a Klaus unos contratos para que los firmara.
—Entre esos está el del hijo de John Sommers, Jeremy, que trabajará con él en Recursos Humanos. —Le extendió unos documentos, y al abrir la primera carpeta vio la foto de un joven de piel pálida y cabello marrón. Lo reconoció enseguida.
— ¡Katherine te debo la vida!, es él, el chico que los acompañaba en el video, es el hijo de John, sabía que lo había visto en algún lado.
Salió apresurado de la oficina sin esperar respuesta, y subió al ascensor. Recordó que el joven había optado por la beca de negocios. ¿Serán amigos hace tiempo? O ¿Se habrán conocido en la entrevista? Se preguntaba mientras hacía el recorrido en el ascensor.
Cuando bajó de este, corrió a la oficina de Recursos Humanos. Los empleados lo miraban extrañados, a pesar que era conocido como un hombre amable, él nunca bajaba de los últimos pisos del edificio, siempre eran sus empleados los que acudían a él, y era más extraño aún, verlo en ese estado de excitación.
Cuando ingresó al área en la que John era jefe, se detuvo bruscamente. Ahí estaba ella, su niña, en su compañía, en su territorio. Ella giró su cabeza por un momento en su dirección, pero él alcanzó a esconderse tras uno de los modulares de la oficina. Me sientes ¿no es así mi amor? Una chica de unos veinticuatro años de edad se lo quedó mirando con la boca abierta, por el extraño comportamiento del presidente de la multinacional.
Klaus se percató de eso, y poniéndose un dedo en los labios, le indicó que no dijera nada. El corazón de la chica se aceleró, a tal punto, que creyó que se le saldría del pecho. Él era el hombre más hermoso que había visto, y al hacer una comparación rápida con su novio, bajó la cabeza, suspiró de forma triste y continuó haciendo su trabajo.
Su niña se veía nerviosa, y en un momento tomó la mano del hombre rubio que la acompañaba, a lo que él respondió dándole un beso en la frente.
Tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad, para no lanzarse sobre el miserable que besaba lo que a él le pertenecía. No le importaba los empleados, su reputación o la salud del malnacido. Pero no quería asustarla, no quería darle esa impresión de salvajismo que en el momento lo dominaba. La pareja y Jeremy, entraron al despacho de John y cerraron la puerta.
—El chico que acaba de entrar, es el hijo de John, ¿cierto? —Preguntó Klaus a la secretaria del jefe de unidad.
La mujer, de cuarenta y dos años de edad, que no se había percatado de la presencia del gran jefe, saltó sobre la silla y se puso una mano en el pecho para regular su respiración.
—Eh… sí señor, ese es. —Klaus le preguntó quiénes lo acompañaban. —Son unos jóvenes americanos que vinieron para el proceso de becas de la universidad, Jeremy me los presentó, se llaman Stefan y Caroline. Al parecer el chico vino a presentar su hoja de vida para trabajar aquí señor.
— ¡Perfecto! —Klaus dio media vuelta y corrió de nuevo hacia el ascensor, la suerte le estaba sonriendo. Tenía que hablar con Kol urgentemente.
…
Caroline. El nombre de la chica se repetía, una y otra vez en su mente. Era hermoso igual que ella.
—Klaus… ¡Niklaus! —El grito de Kol lo trajo de vuelta a la realidad sin ninguna contemplación. —Llevas sentado en esa silla veinte minutos y no has pronunciado palabra. ¿Acaso mi hermana por fin te dejó bobo con uno de sus jalones de cabello? — Kol soltó una carcajada y Klaus bufó.
Se encontraban en la oficina de vicepresidencia. Kol tenía veintisiete años de edad, era el alma de las fiestas, según él mismo se había denominado. Era el mejor amigo de Klaus. No sabía todos sus secretos, pero sí un poco más que Rebekah.
Klaus decía que él nunca lo podría entender, es demasiado alegre como para soportar tanto drama, decía él cuando pensaba en su primo.
Klaus le contó lo de Caroline sin entrar en detalles. Le dijo que quería conocer a la chica y que necesitaba un favor.
—Este es el plan Kol—dijo Klaus levantándose y paseándose por la oficina —Bajas a la oficina de John, y le dices que quieres ver qué hojas de vida tiene ahí, buscas una en la que aparezca el nombre de "Stefan" —Soltó el nombre del chico, como si fuera una blasfemia —El hombre es rubio, así que te fijas que sea ese. Le dices que lo contrate y que lo envíe mañana a mi oficina, que Katherine lo entrevistará. Que me mande una copia de su hoja. Quiero saber más sobre ellos y tu hermana me va a ayudar.
Kol le dijo que iría en la tarde porque en ese momento tenía una reunión importante, pero que no se preocupara, al día siguiente el chico estaría en su oficina.
Klaus regresó a su oficina, y llamando a Katherine a su despacho, le había contado lo sucedido, y la tarea que Kol tenía.
—Cuando te da la gana, pones a todo el mundo a trabajar para ti —Katherine se recostó en la silla y cruzó las piernas.
— ¿Llamaste a Recursos Humanos? —Preguntó Klaus ignorando su comentario anterior.
—Salieron del edificio mientras hablabas con Kol —Klaus gruñó y se levantó de su asiento para empezar a pasearse por la oficina. Era algo que hacía siempre que tenía alguna locura en mente. Cuando era niño sus padres le temían a esa actitud, sobre todo si estaba Katherine cerca. Nunca terminaba en nada bueno.
—Presta atención, quiero que todo salga perfecto. Mañana cuando vengan los atenderás. Tendrás el dispositivo bluetooth en tu oreja para que escuches lo que yo te diga con tu celular, y con el de la empresa me llamarás al teléfono de aquí de mi oficina, lo pondrás en altavoz y yo lo colocaré en Mute de esa manera escucharé lo que dicen, pero ellos no me escucharán a mí. Empezarás con unas preguntas al tipo, su experiencia, cosas así —Sacudió las manos para restarle importancia —y después yo te indicaré lo que preguntarás a ella. ¿Quedó claro Katherine?
— ¡Oh por Dios! Klaus, ¡eres un genio! —Katherine rodó los ojos para indicar el sarcasmo. —Esto te costará una invitación a almorzar. Recoge tu saco, ya tengo hambre.
En la tarde, Kol le confirmó que ya todo estaba hecho, y Katherine le entregó la hoja de vida de Stefan, que había enviado la secretaria de John, la revisó y le molestó el tener que admitir que el chico parecía ser alguien responsable y dedicado.
Se percató de que la dirección de contacto, era un hotel cerca del Hyde Park, por lo que llamó a James, uno de los hombres que en algún momento, había trabajado para él, y le ordenó que montara guardia, y que le avisara de los movimientos que hacía la pareja que ya le había descrito.
A las siete de la tarde, se dirigió a la casa de sus padres, ubicada en el área de Hampstead. Era una edificación espléndida nombrada –La Mansión– por su diseñador Harrison Varma. Plasmaba correctamente la elegancia y el esplendor, al que estaban acostumbrados los Mikaelson.
Toda su familia se encontraba ahí. Sus padres Mikael y Esther Cullen, su tío Alaric, su hermana y sus primos Kol y Katherine, quien se había escapado del trabajo a las cuatro de la tarde, con la escusa de que necesitaba arreglarse. — ¡Te han visto en pañales! Qué importa qué lleves puesto —Le había gritado Klaus por el teléfono, pero ella despidiéndose con un simple "Bye" le había colgado.
Lo recibieron con abrazos y muestras de cariño, deseándole un feliz cumpleaños. —Treinta años hijo —Mikael posó una mano en el hombro de su hijo y sonrió —Tu abuelo estaría orgulloso de ti.
—Gracias papá… y hablando de viejos dónde está…
— ¡Aquí estoy! —Un hombre alto y delgado, de cabello color gris oscuro por las canas, lizo y que le llegaba hasta un poco más debajo de los hombros, agarrado con una coleta, apareció en la sala familiar de la mansión, llevando un bastón negro con un mango plateado, con la forma de la cabeza de un cuervo. —No me iba a perder por ningún motivo el cumpleaños del "culicagado" de mi sobrino.
—Tengo treinta años Silas. No soy ningún "culicagado" —dijo Klaus gruñendo.
— ¡Bah! Diez de esos años los pasaste cagando en pañales y tomando biberón, los diez siguientes, perdiendo el tiempo en ataques hormonales… y los otros diez no cuentan —Agitó la mano para restarle importancia.
—No le prestes atención cariño, ya sabes cómo es. Feliz cumpleaños. —Esther lo abrazó por la cintura, y él bajó la cabeza para recibir el beso en la frente.
Silas Mikaelson era el hermano de Marcus Mikaelson, el padre de Mikael. Al morir su hermano junto con su esposa Dydime y su hija Elizabeth, la madre de Kol y Katherine, en un accidente de tránsito hacía ya varios años, Silas había tomado el mando de la familia, y aunque no se metía en los asuntos de la empresa, sí había tomado la autoridad de los asuntos personales de todos.
Klaus no lo soportaba, siempre estaba regañándolo o contradiciendo sus decisiones, sin contar con el hecho de que, según él, todo lo hacía mal. Kol lo sobre llevaba, pero a diferencia de los hombres, Rebekah y Katherine eran sus consentidas. También las regañaba, y mucho. Pero al final las llamaba, las sentaba en su regazo y dándoles una palmada le decía: —Ya, ya chiquilla, al menos no son un desastre como esos dos de allá. —y señalaba a Klaus y a Kol.
Para descanso de todos, el hombre no vivía en la ciudad, y solo lo veían para fiestas especiales, cuando estaba de humor. No tenía hijos, su esposa Ayanna, había muerto cuando tenía treinta y cinco años, al momento del parto del que sería su primer hijo. El niño había nacido muerto.
Luego pasaron a la mesa y cenaron tranquilamente. Rebekah volvió a insistir sobre el tema del fin de semana, pero Klaus, solo le pidió que no dijera nada a sus padres, y cambió de tema. Sabía que si le decía a su hermana que quería a una chica, ella trataría de sacarle toda la historia, y eso era algo de lo que no estaba dispuesto a hablar con ella. Katherine y Rebekah habían insistido en salir a un Bar, pero Silas, haciendo sonar su bastón, les había dicho que la semana se hizo para trabajar, que lo dejaran para el fin de semana. Klaus agradeció en silencio al viejo, no tenía ganas de salir a divertirse. No hasta que tuviera a Caroline en sus manos.
Al día siguiente Klaus parecía un león enjaulado. Se paseaba de un lado a otro de su oficina, salía del despacho y daba otra vuelta. Los dos pasantes estaban encogidos en sus escritorios, rogando por no ser vistos, y Katherine revisaba tranquilamente unos documentos, que había pasado Kol, de la reunión del día anterior.
El teléfono de Katherine sonó y luego de un "de acuerdo" colgó.
—Están subiendo Klaus. —Anunció, se colocó el dispositivo bluetooth en la oreja y lo disimuló con el cabello.
Klaus entró rápidamente a su oficina y recibiendo la llamada de Katherine en el teléfono fijo, lo colocó en función de mute.
—Que empiece la función —dijo Katherine desde el otro lado de la línea.
— ¿Pregúntale algo a ella?… que imaginación prima… ¿Pregúntale que si es su novia?… ¡No tan directamente!
Entonces ¿por qué te dejas abrazar por él? ¿Por qué maldita sea, te dejas besar por él? ¡No te creo! Pensó.
— ¿Pregúntale si se quedará aquí en Londres? y por cuánto tiempo… ¡No! —Gritó al tiempo que golpeaba su escritorio.
Tenía suerte de que las paredes estaban construidas de tal manera que el sonido no saliera de la oficina.
No lo voy a permitir mi amor, jamás voy a permitir que te alejes de mí.
—Ofrécele trabajo, una beca, lo que sea… No importa, ya buscaré la manera de retenerla. Déjalos ir y dile al tipo, que será auxiliar de asistente de presidencia. —Klaus trancó la llamada y se recostó en su asiento pasando un brazo por sus ojos.
No sabía si creer que en realidad no eran novios, el solo pensar en ellos dos como pareja, besándose, acariciándose, haciendo el amor, lo volvía loco. ¿Y si solo eran amigos como ella había dicho?, entonces seguro había tenido otros novios. ¿Se habría entregado a alguno de ellos? ¡Maldición! Prefería no pensar en eso. No soportaba las imágenes que su mente, formaba para atormentarlo.
Además, tenía que pensar rápido, cómo haría para evitar que saliera del país. Si tan solo la dejara el vuelo, eso le daría algo más de tiempo, o se le perdiera el pasaporte…
— ¡Si, eso es!
— ¿Qué es qué? —Preguntó Katherine entrando a la oficina. —La chica es algo insignificante, como todas las americanas, aunque tiene carácter, eso me gusta. Pero algo si te digo, dudo mucho que tío Silas la apruebe.
— ¡Me vale mierda lo que el viejo piense! —Gruñó Klaus y empezó a pasearse por la oficina. —Llama a Vaughn y dile que lo necesito aquí en el menor tiempo posible.
Comunícame con Charlie y con ese amigo tuyo de migración, Connor, me debe un favor y es hora de cobrárselo.
— ¿En qué estás pensando Klaus?
—Haré que le sea imposible salir del país, y cuando sea solo una chica americana, acusada de posible falsificación, e inmigración ilegal, tendrá que quedarse. Nadie le dará trabajo, no podrá hacer nada, y justo ahí, aparecerá MikaelsonWorld como su salvador, y entonces, la tendré en mis manos.
En ese momento April llamó a la puerta y anunció a Katherine que tenía una llamada de John.
—Pásame la llamada aquí. —Le indicó Katherine y cuando el teléfono sonó, lo descolgó —Presidencia… si, es un cargo que se está necesitando, solo que no habíamos tenido tiempo de informar… Solo realicen todos los trámites para antes del viernes, para que el chico firme el contrato ese día. — se despidió y colgó.
—Estás seguro de esto, no crees que te estás yendo a los extremos.
—No me importan los límites, cuando de tenerla junto a mí se trata.
Klaus habló con Connor, uno de los novios que había tenido Katherine. Le pidió información sobre Stefan Salvatore, fecha de ingreso al país y los datos sobre la persona que lo acompañaba.
—Ingresó al país el sábado 10 de junio, al mismo tiempo que una joven, y pasaron juntos todo el proceso. Su nombre es Caroline Forbes.
—Envíame la información de ella al correo de Katherine. —Le dijo Klaus —Necesito que borres los registros de su pasaporte por unos días —El chico protestó, tratando de explicarle las implicaciones que eso podría tener. —Solo serán unos días, hasta el domingo. Encárgate de que nadie de migración revise los registros, no quiero que termine en la cárcel.
Luego se comunicó con Charlie, un joven hacker de veinticuatro años que había descubierto, tras un denuncio realizado en la Universidad Gillemot. Las notas de varios estudiantes habían sido alteradas, y tras una exhaustiva investigación, se descubrió que el chico cobró, por sabotear el sistema y alterar los resultados. A los estudiantes los sancionaron, pero a Charlie le ofrecieron un trabajo en MikaelsonWorld. Un chico como ese es mejor tenerlo de este lado. Había dicho Mikael.
Le pidió al joven que averiguara, la aerolínea y el vuelo en el que viajaría la joven, ingresara al sistema y cancelara el vuelo.
—Haz que el dinero sea devuelto a la cuenta que realizó el pago. También necesito que ingreses un reporte de investigación legal por posible falsificación del pasaporte, pero que solo sea visible para la aerolínea. De esa manera si intenta cambiar de vuelo, no podrá realizar la compra.
A los pocos minutos Vaughn llegó a la oficina y escuchó las pretensiones de Klaus.
Vaughn era uno de los abogados de la familia y de la empresa, pero Klaus sabía cuándo acudir a él. El hombre tenía contactos no muy legales que se pueda decir, además que se prestaba para todo tipo de cosas extrañas que él pudiera pedir, sin revelar nunca a su familia sus movimientos. Ya le había hecho trabajos en otras ocasiones, y gracias a eso era que podía llevar una vida, relativamente tranquila.
—La chica solo conoce a Jeremy, el hijo de John Sommers, en este continente.
— ¿John Sommers? —Preguntó el hombre — ¿El jefe de Recursos Humanos?
— ¡El mismo! —Contestó Klaus —Cuando se vea acorralada en el aeropuerto, sin poder salir del país y con una situación tan seria, lo llamará a él. El chico llamará a su padre y estoy seguro que él se comunicará conmigo. Ya Katherine le ha dejado claro que cualquier cosa que necesiten los jóvenes, nos sea informado, con la escusa de que al ser extranjeros, podían estar un poco perdidos, ya sabe, hospitalidad Mikaelson—se burló y continuó —Katherine le avisará y usted irá enseguida, hará que revisa los registros y todo eso, y por último la asustará diciéndole la seriedad de la situación. Necesito que crea que el problema, no se arreglará pronto, y que usted ya ha agotado todas las posibilidades, dígale que llamó a la embajada y que tampoco tiene registro. No permita que se comunique con ellos. Ofrézcale trabajo, y estudios. Tiene que aceptar, a menos que quiera vivir este tiempo del sueldo de su amiguito.
Despidió al hombre, al tiempo que Katherine entraba con el informe que Connor le había enviado.
P – USA – 135105437 – Forbes – Caroline - Estados Unidos de América - septiembre 13, 1987 – F – Mystic Falls– Abril 21, 2004 – Departamento de Estado – Abril 21, 2014 – Ver página…
—Solo tiene dieciocho años Klaus, es incluso menor que Rebekah—dijo Katherine mirándolo fijamente mientras él observaba la información.
—Se ve hermosa incluso en la foto del pasaporte.
— ¿Estás escuchando lo que te estoy diciendo?
— ¡No me importa cuántos años tenga!, es mayor de edad y con eso me conformo —Pasó una mano por su cabello y tiró de él — ¡Demonios! Ni siquiera me importaría si fuera menor de edad.
Katherine suspiró y se levantó para regresar a su puesto de trabajo. —Tengo cosas que hacer, si necesitas algo más me avisas.
— ¿Me ayudarás Katherine? Lo prometiste.
—Y así será. —Klaus sonrió y siguió observando la foto.
El jueves Charlie y Connor le confirmaron a Klaus, que ya todo estaba listo. Ahora solo tocaba esperar a que al día siguiente llegaran al aeropuerto, y se desarrollaran los acontecimientos.
James le informó que se estaban quedando en la misma habitación en el hotel, pero el vigilante no tenía mayor información. Solo espero que haya dos camas en esa habitación. Pensó tratando de no perder la razón.
El viernes en la mañana Klaus maldijo cuando Katherine le informó, que Stefan había llegado solo para la firma del contrato. Pero no desesperó, pues toda su atención estaba concentrada en lo que sucedería esa tarde.
— ¿Cómo vas con lo de la chica? —Preguntó Kol a Klaus en un susurro mientras se encontraban en una reunión con Valenci's, una famosa agencia, que impulsaba diseñadores de modas en Inglaterra, y que requería de una inversión para poder expandirse por todo el Reino Unido. Rebekah quería invertir en ellos desde hacía tiempo, pero Klaus no estaba muy convencido, y luego de recibir una gran propuesta por parte de la agencia, cuya idea había impulsado la misma Rebekah, se encontraban ahora escuchando los argumentos.
—Si las cosas salen como las tengo planeadas y sé que así será, la tendré trabajando para mí la próxima semana —Klaus sonrió y luego se quejó cuando Rebekah, que estaba sentada a su lado, lo pisó fuertemente con su tacón para que prestara atención a la exposición.
Al terminar la reunión en la que se aprobó la inyección de capital por parte de MikaelsonWorld a la agencia, Vaughn llamó a Katherine para informarle cómo se estaba desarrollando todo.
—Klaus, al parecer las cosas se complicaron —Le dijo Katherine a Klaus, cuando se estaban despidiendo de los representantes de la agencia.
— ¿A qué te refieres con que se complicaron?
—Vaughn me acaba de llamar, parece que la chica agredió al director de vuelos de la aerolínea, los tienen encerrados, en un cuarto de interrogatorio en el aeropuerto. Ya él está haciendo todo para sacarlos de ahí.
— ¿Lo agredió?, mi Caroline, pero si ella se ve tan delicada, tan frágil, ¿Ella está bien? ¿Está herida? —dijo Klaus desesperado y preocupado pensando en que el hombre, o los guardias hubieran reaccionado con violencia.
—Ella esta perfecta, pero tal parece ser, que "tu Caroline", tiene las uñas más afiladas de lo que crees.
Caroline sonrió divertido, su chica tenía agallas, quizás la mirada pícara que se podía observar en la foto del pasaporte era precisamente eso y no coquetería como pensó en un principio.
—Comunícate con Vaughn, dile que consiga una copia del vídeo de seguridad, quiero ver qué sucedió exactamente, y que evite que se levanten cargos en su contra, no quiero que tenga problemas judiciales reales.
Al poco rato Katherine le volvió a informar que ya todo estaba arreglado, los jóvenes estaban fuera de peligro, y Caroline había aceptado trabajar en MikaelsonWorld, mientras se resolvía todo el asunto del pasaporte.
—Lo que ella no sabe, es que todo fue un montaje, y para cuando se entere…
—Para cuando se entere ¿Qué? Klaus—Preguntó Katherine frunciendo el entrecejo.
Conocía bien a Niklaus y sabía de lo que era capaz, pero nunca lo había visto actuar de una forma tan posesiva y obsesiva como ahora.
Klaus rió maliciosamente —Ya lo verás Katherine, ya lo verás.
Esa misma tarde Vaughn le había hecho llegar el video de seguridad. Klaus se carcajeó cuando vio la cara del hombre y la forma en la que Caroline se encontraba subida sobre el mostrador.
—Tienes carácter mi nenita, no puedo esperar para ver esa misma intensidad, mientras te haga el amor.
El Domingo fue informado, que Stefan y Caroline se habían cambiado a un pequeño apartamento que estaba alquilado a nombre del chico. Su ubicación era cercana a la universidad, y según había comentado el vigilante del pequeño edificio de 4 pisos, el apartamento que ellos habían escogido tenía dos habitaciones.
—Es posible que no compartan habitación, señor —Le comentó James luego de darle todo el informe.
—Eso espero —gruñó Klaus —Me informas de cualquier otra novedad.
Colgó y se recostó en su cama, al día siguiente ella iría a firmar contrato y a iniciar su trabajo con él. Estaba nervioso, sería la primera vez que hablara con ella, que la tendría cerca, con toda su atención para él.
…
Se veía aún más hermosa de cerca, llevaba una falda negra, de talle alto, que le llegaba hasta las rodillas, y una blusa azul de manga corta y cuello en V. ¿Te vestiste así frente a él?, ¿Te subió él la cremallera de la falda? La ira lo atacó, pero enseguida su razón le indicó, que gracias a su astucia, ella estaba ahí, frente a él. Y no pasaría mucho tiempo para que fuera suya por completo.
La chica jadeó, y él sintió como su cuerpo reaccionaba ante ese sonido.
—Caroline Forbes… ahora me perteneces. —No pudo contener esas palabras.
—De lunes a viernes, en horario laboral y horas extras señor Mikaelson, el resto del tiempo no. —Klaus frunció el entrecejo, pero le gustó su carácter. Además de su voz.
— ¿Osa contradecirme Caroline?
—No señor, solo aclaro ciertos puntos, y si me va a llamar por mi nombre preferiría que me llamara Care. —Klaus rodeó el escritorio, y empezó a acercarse a ella, lentamente.
— ¿Le molesta que la llame por su nombre? o ¿que la tuteé?
—No señor Mikaelson, puede llamarme como quiera. —Klaus sonrió. La chica se veía nerviosa, pero se notaba que estaba haciendo todo lo posible por ocultarlo.
—Lo tendré en cuenta, no lo dude. —Comentó, pensando en todos los apelativos que deseaba darle —Pero ya que estamos hablando de esto, qué tal sí, yo te llamo "Caroline" y tú me dices "Klaus".
—No creo que sea correcto —Retrocedió un poco, al verlo ya tan cerca.
—Por qué no dejas que sea yo quien decida qué es correcto y qué no —Klaus acortó el espacio entre ellos y acorralándola contra la puerta de la oficina, apoyó un brazo en esta. —Anda, inténtalo. —Se acercó a su oído y le indicó: —"Klaus".
Caroline cerró los ojos y con una voz que lo hizo ponerse aún más duro de lo que ya estaba, susurró: —Klaus.
El timbre del teléfono fijo los sobresaltó a los dos. La chica se apartó rápidamente y él maldijo a toda la mierda del mundo. Frustrado se acercó a su escritorio.
— ¡Te dije que no me molestaras! —gritó a Katherine, cuando levantó el auricular.
—Es de allá Klaus —Fueron las únicas palabras que escuchó, antes de que Katherine direccionara la llamada.
— ¡Maldita sea! —gritó enfurecido, la muy maldita no podía escoger otro momento para llamar que ese. Le dio la espalda a Caroline y apoyó una mano en el ventanal. —Habla Niklaus—dijo contestando la llamada entrante.
Pues esto ya comenzó a tomar un poco mas de sentido y creo que como he dicho en los anteriores capítulos, empieza lo mejor.
Dejen reviews, quiero saber que opinan. Y es mas, si veo más reviews, prometo actualizar esta semana.
¡Besos!
