Vivir de recuerdos

IV

Pip miraba de reojo a la muchacha: algo dentro de sí le atraía más de la cuenta hacia su presencia.

Estaba en el patio. Arreglando y puliendo precisión y puntería: de vez en cuanto, dirigía la mirada hasta el joven que la quedaba mirando como ido del mundo.

Muestra una mueca de desaprobación y vuelve a lo suyo.

En el entretanto de la tarde, muy tranquilo por lo demás, aparece el sirviente de la familia Hellsing. Se da cuenta del ensimismamiento del muchacho francés: carraspea la garganta para lograr llamar su atención.

-Monsieur Bernadotte, ¿no desea una taza de té?

-¡Ahg!... ¿Qué pasó?

Tomado por sorpresa, no pudo evitar una mueca de disgusto al sentirse espiado.

-Sólo preguntaba si deseaba-

-¡No!, no se preocupe... Aquí tengo algo mucho mejor- señala el muchacho, levantando la botella de cerveza.

-Mmm... Está bien: sólo...- se va, dejando una frase en el aire- Sólo mantenga la mandíbula cerrada- levantó su quijada, haciéndole notar su embobamiento por la chica policía.

Se aleja, dejando su risa canturreada en el aire: Pip sólo atina a bufar y mantener la vista fija en Ceras.

Por el otro lado, Victoria voltea, de vez en cuando, para verificar nuevamente la incómoda verdad.

Después de minutos en fingida calma, no lo resiste más: golpea el arma fuertemente en el piso; luego, vuelve la vista furiosa, hasta donde se encuentra el muchacho.

-¡¿Qué quieres?!

-¡Sólo te miraba: uf, qué carácter!- voltea la vista... Después de unos segundos, vuelve a observarle:

Rápidamente, Ceras voltea la vista:

-¡¡AJÁ: TE ATRAPÉ!!

-¡No seas tan dramática: te dije que sólo te miraba! Si tan sólo dejaras que yo -p-p-pero- tartamudea, al sentir cómo se iba alejando: lo dejaba con la palabra en la boca- ¡¿Qué te pasa?: préstame atención!

Ceras se detiene: se escucha una incipiente risa.

Da la vuelta, con una sonrisa triunfante:

-Necesitas que te preste algo más que "atención", y no estoy dispuesta a dártelo: que tenga buenos días...

Así como así: Bernadotte se le queda mirando, con una intensa furia.

Sin ser vista, Ceras esboza una sonrisa trémula: estaba...

Sonriendo: sonriendo, como no lo había hecho hace mucho tiempo.


Cierra la puerta: camina hasta la recámara...

Pero había algo extraño...

-"E-ese olor..."- pensó la muchacha.

Fijó la vista, escrutadora, en cada rincón: hasta que dio con lo que le estremecía tanto...

-Buenos tardes, agente...

-¿Ud. aquí, cuando aún no ha amanecido?

Se levanta de la cama en dirección a ella: a un paso de la chica policía, ve la turbación y el sonrojo que provoca.

El vampiro sonríe, triunfante: la muchacha que estaba enfrente de él le pertenecía completamente.

-No habéis terminado con el entrenamiento: os veo demasiado distraída.

-Y-yo no he podido, maestro: ¡mil disculpas!

-No tienes que disculparte más conmigo: comportaos como una verdadera Nosferatu: ¿o es que acaso deseas repetir vuestra primera vez conmigo?- sube su falda, con claras intenciones de repetir la situación anterior...

Sus ojos parecen cerrarse de repente: está como hipnotizada, indefensa ante su persona.

Alucard la toma de los hombros: su boca a punto de romper la distancia que los separaba...

A medida que sus rostros se juntaban, algo se movió en su interior.

-"Nunca imaginé,... nunca imaginé sentir..."

Esperen un momento, ¿en qué demonios estaba pensando?

Definitivamente no lo estaba haciendo, no era lo que parecía.

¡Tenía que detenerse de una vez!

La empujó contra la pared: contrajo el rostro en una mueca de dolor, antes de subir la mirada hasta quedar anonadada...

-M-m ¡Maestro!

-¡No os acerquéis, Victoria!

Cautelosamente, avanzó hasta llegar al nudillo en el que se había convertido.

De pronto, estaba aplastada por el cuerpo del vampiro: sus ojos sobre ella la dejan totalmente shockeada, incapaz de ejecutar acción alguna.

-¿No os habéis dado cuenta antes? Soy tu señor, tu amo: ¡no objetes mis acciones!

La muchacha cierra los ojos: asiente suavemente con la cabeza.

Se aleja unos pasos de él y comienza a desabrochar su chaqueta.

-Basta..., ¡he dicho que es suficiente, detente ya!

-¡Victoria, Victoria, abre la puerta!

Alucard, quien tenía a la chica policía atrapada en el aire, y la misma voltearon las cabezas en dirección a la puerta de la habitación: los golpeteos de las puertas eran cada vez más estridentes.

-"Dios, Dios: no ahora…"

-Vaya, vaya, vaya- soltó a la muchacha al acto, quien comenzó a toser desaforadamente- Ciertamente pensé que era ingenuo, pero ahora pienso que es un completo idiota.

-¡Pip, sal de aquí: ahora!

El vampiro mira rápidamente a la muchacha: algo tramaban estos dos…

La respuesta fue desesperada, como si temiese que le ocurriera algo.

-… ¿En serio estás bien?

-S-sí, sí: sólo fue un tropezón…- dada la excusa, el Nosferatu no pudo aguantarlo y comenzó a reír…- Maestro, por favor…-musitó Victoria, con esperanzas de que no lo hubiese escuchado.

-De acuerdo… Me llamas, si necesitas algo…- los pasos del muchacho se perdieron, así como la sonrisa de Alucard.

-Ahora…-la pone contra la pared, a lo que Victoria contesta con un ligero quejido- Me dirás en qué podría ayudarte ese cerdo alcohólico…

Los ojos no daban lugar a dudas que, de no saber responder a las preguntas, el castigo sería insoportable…

-No lo sé, maestro: por favor, no piense mal de mí… Si lo mata, Sir Integra-

-Me importa un bledo…- mostró los dientes: cada vez que mencionaban a su ama, algo se removía en el interior del vampiro- Ahora, mi deliciosa aprendiz, tengo un jueguito que se llama "Calla y aprende"…

Comienza a besar violentamente su cuello, mientras Victoria ladea el rostro.

No quería desobedecer a su Maestro, pero tampoco podía disfrutarlo demasiado…

Por lo visto, le dejó bastante claro el lugar que ocupa en su existencia.


-¿Pregunta por mí, Sir Integra?

La mujer deja el puro a un lado del cenicero: el sonido ya ha sido cada vez más estridente con cada noche que pasaba.

Eso era lo único que rondaba por su mente, y no la dejaba de atosigar en todo el día.

-Sí, Ceras: por favor, toma asiento…

La muchacha se sienta: no puede elevar los ojos ante la majestuosa belleza que posee su superior… Aunque, de haber sido más observadora, notaría las ojeras y una palidez casi enfermiza en su rostro.

En realidad, Madame Integra da cabida a pocas cosas y de gran relevancia y son ellas únicamente las que podrían quitarle el sueño.

El siquiera pensar que esta situación la desvelaba era algo que no podía tolerar: un golpe directo a su orgullo como líder de esta empresa.

-… No quiero asustarte demás: necesito que tengas más precauciones al momento de encontrarte con él… Como integrante de esta organización, y en el estado en el que te encuentras, estás propensa a- Bueno, tú me entiendes…

-L-lo lamento, yo- Ceras no lo comprendía: era demasiado ingenua para delimitar en el terreno que estaba tanteando.

-No, querida: soy yo quien lo siente…- Los ojos de Ceras, si bien eran rojizos, eran almendrados e inocentes: Alucard no había tocado en esa zona de su mente, y ese hecho dificultaba aún más su situación… Toma una caja y se la pasa a la muchacha- Sólo tómala cada día, que te ayudará a no concebir: por lo menos, no hasta que mantengas estos "encuentros" con Alucard…

Ceras mira las pastillas, y vuelve la mirada hacia Madame Integra.

Asiente y se retira, sin pedirle permiso alguno.

-Una cosa, antes que te vayas…- Ceras se devuelve: Integra da la espalda, para rehuir un poco la tristeza de la muchacha- Pip me ha pedido ir contigo a que lo lleves a conocer Londres: de seguro y entiendes por qué te lo pido…

"¿A Londres?" En su corazón se iluminó una pequeña llama.

Hace bastante tiempo que no había podido salir: eran tan recurrentes las llamadas de su Maestro y tan diversos los lugares en donde la tomaba que no pudo darse un respiro por un buen tiempo.

Lo amaba, de eso no tenía la menor duda, pero necesitaba respirar antes de tener al vampiro encima suyo.

De cierta manera, sentía alivio al contar con el freno que sólo tenía Integra en el Nosferatu.

-Por supuesto, Madame Integra… Con su permiso.

-Ahora pides mi permiso, pequeña tontuela…- piensa, mientras ve a la vampira caminar mucho más alegre de lo que hace bastante tiempo había visto.

Hace tiempo que deseaba salir del lugar, sin el consentimiento de su maestro: antes lo hacía, pero el vacío en su pecho por el rechazo del Nosferatu era el móvil de ellas y el sólo recordar esa etapa cruenta de su vida le provocaba un rechazo del que aún no podía decirse salir airosa…

Alucard siempre la vería como un escape a su propia prisión, y ella no estaba dispuesta a mantener ese estatus, a menos que existiera algo más dentro de él, lo cual es ridículo: él, amo de los vampiros y dueño de un gran poder, fijarse en apegos y afectos…

No, no podía seguir igual de ciega: de todas formas, el vampiro pronto la desecharía, como a un juguete que pasó de moda.


Iba de igual a igual con Pip: caminaban por las aceras de Londres, buscando algunos lugares donde tomar…

Podría pensarse que no era de costumbre, pero en más de alguna ocasión, Victoria estuvo con sus antiguos colegas de la policía celebrando en grandes borracheras de las que, claro, no participaba activamente.

Fueron de un bar al otro, hasta quedarse en uno más privado: Bernadotte no le quitaba los ojos de encima a la vampiresa, mientras la aludida pedía un par de tragos al barman.

-Eres una mujer muy voluptuosa, Victoria: me pregunto si algún día vas a dejar de tratarme tan fríamente…

Ceras arrugó el entrecejo: hace ya tiempo que no recibía esa clase de incitaciones… Claro, si es que el tipo que lo hiciese era conciente del golpe que iba a recibir por parte de la misma…

-Y tú no mides tu lengua: hace tiempo que no tengo intenciones de meter a alguien en mi cama… Por lo menos, no un ser humano…

Pip abrió los ojos desorbitados, para luego reír sin tapujo alguno.

-Ah, preciosa: eres una caja de Pandora… Si lo quisieras, podría darte más placer que la que te da el gélido de Alucard…

-No tienes idea de lo que estás hablando: es capaz de escucharnos…- musitó Victoria, mirando a ambos lados, tratando de sentir su presencia.

-No te vuelvas paranoica, Ceras: además, tú misma has dicho que no le vas ni le vienes… Si fuera tú, dejaría de ser su sombra.

Victoria se le queda mirando fijamente: era la primera vez que escuchaba a una persona hablar tan tranquilamente de la habilidad de Alucard. Era conciente del nivel entre ambos, y no le importaba decirlo…

-… Eso es fácil de decir: para ti, que no tienes nada que te ate- toma su vaso y lo vacía, con una mueca en su rostro.

-Es cierto, pero hasta cierto punto…- toma su rostro del mentón, acercándolo a él- La verdad, es que hay algo que me apetece bastante- se encontraba a milímetros de su boca, cuando una ráfaga de viento abrió las ventanas y puertas, dejándolos anonadados.

-Era verdad: te están vigilando…- masculló Pip, tomando su trago de una vez.

-¿Tan poco te duró la valentía, Pip?- musitó Victoria, con una sonrisa en la cara.

-Disculpen, chicos: ¿les molesta tomarse una copa conmigo?- una mujer hermosa, de cabello azabache, ojos cafés y cuerpo exuberante estaba frente a ambos.

Victoria vio las reacciones de Pip: inevitablemente, el muchacho le dio una buena revisión, de arriba abajo, hasta que algo le llamó la atención y se dio vuelta, pidiendo otro trago.

-Lo lamento, querida: estamos conversando…

-Ah, qué lástima: veo que eres hétero… Llámame cuando cambies de opinión, preciosura- dijo la morena, guiñándole un ojo y provocando en Victoria un ligero sonrojo.

Cuando estuvo ya a metros, Pip escupió su trago, atragantándose.

La pobre de Victoria, preocupada por él, trató de reanimarlo: levantó sus brazos y le pidió un vaso de agua… Cuando el muchacho recuperó el color, comenzó a reír a carcajadas…

Obviamente, la chica policía estaba furiosa…

-¡Deja de reírte, no es chistoso!

-¡Por supuesto que lo es! Victoria, Victoria: no tienes ni idea de tu poder de seducción.

-No sigas…- musitó Victoria, tomando un poco más del trago de Pip, mientras observaba al muchacho con esa gran sonrisa.

Al ver que no paraba en su burla, fue en dirección al baño, pero el francés le dio alcance: la tomó por la cintura, encerrándose en el lugar de los traperos…

Estaban boca a boca de distancia casi nula…

-¿Quieres hacerlo… o seguirás a su lado?

Estaba tentada a besarlo, pero la imagen de Alucard era irremplazable…

-¿Debo elegirte?

El francés sonrió: la acercó a sí, murmurando en sus labios- No,… sólo por esta noche…

La muchacha sonrió, lo cual tomó por un sí. Inmediatamente, Pip tomó posesión de su boca, besándose apasionadamente: Victoria aprisionó al francés entre sus piernas, gimiendo por el contacto de su deseo irreprimible…

Sólo por hoy, engañaría su esencia por él: sólo por hoy…

Continuará…


Hola a todos: disculpen mi ausencia...

Bueno, espero que les haya gustado y nos veremos en el próximo capítulo.

Besos.