DISCLAIMER: Hay gente a la que Harry Potter le pertenece, y hay gente a la que no. Yo formo parte de la segunda categoría. Por otra parte, hay gente a la que Clémentine le pertenece, y hay gente a la que no. Estoy segura de que Harry me considera afortunada...

Para leer las Respuestas a las Reviews (me gusta contestar a todo el mundo), comentarios sobre el fic y estar al corriente sobre como lo llevo y cuanto tardaré en subir el siguiente capítulo, vean mi LJ (link 'homepage' en mi página de autor).

AVISO: Este capítulo contiene menciones de RH y HG. Hay quien avisa del slash, hay quien avisa el HG... cada cual tiene su idea de lo que puede herir una mente sensible...

En fin, espero que os guste el capitulo.


A mi Hada particular, porque donde hay cerveza, hay hadas, y donde hay cerezas, hay latinos. ¡Tenéis tanto en común!


Réquiem

by

Fea Galaxia


Capitulo 3

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CAMPANAS DE BODA

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"¡Perla Scintillea!" murmuró Harry. La servilleta a la que apuntaba con su varita resplandeció con una luz dorada por un momento antes de adquirir el tono blanco nacarado que la señora Weasley les había pedido. Satisfecho, la colocó en el montón junto a las demás.

"Recuérdame por qué estamos haciendo esto..." murmuró Ron por su parte, golpeando con desgana una servilleta amarilla.

"¡Ron!" le reprendió inmediatamente Hermione "¡Le prometimos a tu madre que ayudaríamos con los preparativos... y es Scintilleeea, no Scintilleá! No se cuantas veces tendré que repetírtelo... ¡Honestamente, no se si el hechizo se te resiste o si eres tú el que no quieres aprenderlo!"

Ron puso los ojos al cielo y apuntando de nuevo, dijo: "Perrrrla Scintilleeeeeeeeeaaaa" Medio segundo más tarde, la servilleta había adquirido un tono fucsia chillón que habría hecho palidecer el cabello de Tonks.

"¡Ronald!" gritó Hermione, llamándole al orden.

"¡Hermione!" gritó Harry, llamándola al orden a ella también.

Esta parpadeó, sorprendida, y se volvió hacia su amigo.

"¿Harry?" preguntó.

"No empecéis otra vez, por favor..." le suplicó. Llevaban casi dos horas encantando las malditas servilletas, y en todo este tiempo Ron y Hermione apenas habían dejado de discutir unos cinco minutos en total.

"Pero, es que Ron..." empezó a protestar Hermione.

Harry dejó caer la cabeza sobre la mesa, desesperado, y desando más que nunca que esos dos encontraran una manera de expresarse su afecto que no fuera discutiendo a todas horas. En serio, si lo de que 'los que se pelean se desean' era cierto...

Harry estalló en carcajadas, cortando en seco la pelea de Ron y Hermione (que había ido subiendo en intensidad mientras él no les hacía caso). De repente, su mente le había proporcionado una imagen de Ron y Hermione en plena faena sobre la mesa de Gryffindor, nadando en el puré de patata con el que la Hermione imaginaria alimentaba a su queridito y con una McGonagall horrorizada a punto de desmayarse observando la escena.

"Tío... ¿Estás bien?" preguntó Ron.

"¡Purééééééééé!" logró articular Harry entre risas, haciendo que las orejas de su amigo adquirieran un tono rojo violento. Y es que Ron había confesado cierta fantasía sexual a sus compañeros de dormitorio, y no era muy difícil adivinar lo que significaba 'puré'.

"¿Harry¿Puré?" quiso saber Hermione, lanzando una mirada de sospecha al pelirrojo.

La respuesta de Harry fue aun más críptica.

"¡La cara de McGonagall!" gritó como un estallido entre las risas.

La cara de Ron se volvió de un color marrón sospechoso, combinación del enrojecimiento de vergüenza, la palidez de terror y el verde de las nauseas que la suma de los conceptos 'sexo' y 'McGonagall' produce en cualquier ser sensible.

"Que bien que aprobamos el examen de Aparición¿verdad?" dijo el pelirrojo con voz débil, intentando cambiar de tema.

"¡Ronald!" le reprendió Hermione "¿Qué le hiciste a la profesora McGonagall?"

Ron se levantó de golpe y salió corriendo hacia el baño, perseguido por las carcajadas de Harry.

"¿Harry?" le volvió a llamar Hermione severamente, tamborileando con los dedos sobre la mesa.

"¿Mmm?" contestó él, conteniendo la risa.

"Servilletas." Ordenó con tono seco.

Harry se puso inmediatamente manos a la obra, comprendiendo que sería mejor no contrariar a su amiga, pero sin poder reprimir la ocasional risita tonta.

"¿Qué le pasa a Ron, Harry?" preguntó una voz divertida desde la puerta "Parecía indispuesto..."

"¡Remus!"

Harry se levantó para saludar al amigo de sus padres con un apretón de manos muy viril y le invitó a sentarse en la mesa con ellos. El licántropo tomó asiento, y tras la bromita de rigor ( "Ron se ha equivocado de boda, jijiji" dijo Harry blandiendo la servilleta rosa bajo la nariz de Remus) y el retorno de Ron, lograron entablar una conversación medianamente seria.

"¿Alguna noticia de tu tía?" le preguntó Remus a Harry.

"Nop." Contestó este encogiéndose de hombros. "Y no creo que sepa de ella nunca más, no que eso me importe..."

Tía Petunia y Dudley habían pasado diez días en La Madriguera tras marcharse de Godric's Hollow, durante los cuales la familia Weasley y sus amigos habían podido hacerse una idea (tal vez un poco distorsionada por los 'cambios' de su tía) de cómo había vivido en el mundo muggle. El décimo día, Harry cumplió los diecisiete años, alcanzando la mayoría de edad y recibiendo por el camino pleno acceso a la fortuna de los Potter. Lo primero que hizo, evidentemente (al menos desde su punto de vista) fue elegir una casita al azar, en Estados Unidos, y embarcar a su tía y primo en el primer vuelo hacia allí. El hecho de que Remus preguntara por ella era un testimonio más de la buena fe del licántropo: Tía Petunia había sido especialmente desagradable con él durante su estancia en La Madriguera.

"Intenta hablar con ella." insistió Remus. "No creo que quiera quedarse a vivir en una casa que fue de tus padres, pero por si acaso, dile que la venda y se compre una nueva, será más difícil seguirle el rastro..."

"¿Sabes algo nuevo?" preguntó inmediatamente Harry. No se le olvidaba que Greyback había jurado vengarse.

Remus asintió. "Ha costado lo suyo, pero por fin he conseguido establecer contacto con otros hombre-lobo. Ya sabes que después de mi implicación junto a la Orden del Fénix en la batalla de junio no he podido volver con ellos..." Esperó a que Harry asintiera y prosiguió "Bien, se ve que no soy el único que ha perdido popularidad entre ellos. Muchos de los que estaban indecisos sobre la guerra han abandonado la manada: no les gusta lo que Greyback hizo a Bill, y están asustados por el control que el lobo tiene sobre él."

"Entonces... ¿No se unirán a Voldemort?" preguntó Harry, sin atreverse a creerlo.

Remus sonrió un poco "Greyback sigue teniendo seguidores, pero no, la mayoría de las manadas permanecerán neutrales."

Harry dejó escapar un suspiro de alivio. Voldemort había perdido el apoyo de los hombres-lobo: eso solo podía ser bueno.

"¿Y tus contactos?" intervino Hermione.

Esta vez, Remus sonrió de verdad, demostrando un optimismo al que ya no estaban acostumbrados. "Algunos hombres-lobo han accedido a espiar para la Orden del Fénix. Y de eso es de lo que te quería hablar, Harry." Añadió, bajando la voz "Tu tía está en más peligro de lo que pensamos en un principio. Ese producto que utilizó en la cara de Greyback... ¿Cómo se llamaba?"

"Viakal" contestaron Harry y Hermione a coro.

"Eso. Pues el Viakal no solo quemó la cara de Greyback... ¡Lo ha dejado ciego!"

"¿Qué?" preguntó Ron, estupefacto "¿Lo sabe Bill?"

Remus asintió, y continuó. "El caso es que, si Greyback ya de por si tiene una vena vengativa, créeme, esto no lo va a pasar por alto. Removerá cielo y tierra hasta encontrar a tu tía, y cuando lo haga..."

Se hizo un silencio incómodo, durante el que cada uno de ellos imaginó su propia versión de la carnicería que tendría lugar. Finalmente, Harry tragó saliva y preguntó "¿Qué podemos hacer?"

Remus pareció volver al mundo real, y contestó "No mucho. Está al otro lado del Atlántico, y eso es bueno... Greyback no podrá alejarse mucho mientras Voldemort esté planeando su guerra. Cambiar de casa, intentar cubrir sus huellas... Cuanto más muggle sea, mejor, pero eso no creo que sea un problema para ella" añadió con una sonrisa pícara.

"No" replicó Harry poniendo los ojos al cielo "La verdad..."

"¡A CENAAAAAAAAAR!" les llegó la voz de la señora Weasley desde la cocina.

Los cuatro se levantaron inmediatamente y salieron disparados escaleras abajo, y no por que estuvieran famélicos, precisamente. Desde el día en que ofreciera la tiara de la Tía Muriel a Fleur, dando así su bendición a su futura nuera, la actitud de Molly Weasley había dado un giro radical. En menos de un mes, había pasado de mostrar un interés fingido por todo lo referente a la boda a intentar planearla ella sola, con el consecuente mosqueo de la novia, que de repente se encontró con que le ponían patas arriba su Gran Día. Donde Fleur quería begonias doradas, estatuas de hielo y hadas, la señora Weasley intentaba imponerse con rosas blancas, centros de mesa y potrillos de unicornio, y así continuamente con cada cosa que se les pusiera por delante. Puede que afuera el Señor de las Tinieblas se hubiera alzado de nuevo y que el mundo esperara encogido su primera embestida, y puede que este fuera su último remanso de paz en los años por venir, pero en la calma que precede a la tormenta, la única guerra que importaba en La Madriguera era la de la Boda Cutre-Tradicional Inglesa contra la Ceremonia Pseudo-Chic Francesa. Y si Voldemort decidía presentarse en medio de la ceremonia, pues, como decía Fleur: "Espego que tgaiga túnica de gala".

El caso es que cuanto más se acercaba el gran día, más tenso estaba el ambiente, y a tan solo dos semanas de la boda, habría que estar loco para llevarle la contraria a la señora Weasley. Así que, cuando ella gritó 'a cenar', todos se apresuraron hacía la cocina, donde sabían que, a pesar de la llamada, lo que les esperaba no era una mamá regordeta y afable con una comida en la mesa (después de todo, apenas eran las tres de la tarde) sino una futura suegra desquiciada y mandona convencida de que su familia no colaboraba con 'la causa' y dispuesta a utilizar las artimañas más rastreras para conseguir sus propósitos.

"¡Ronald!" gritó la mencionada suegra cuando su hijo menor pisó el rellano "Fred y George están en el jardín cortando leña para la Pira de la Pasión Ardiente, Exuberante y Eterna¡Ve a ayudarles¿Están las servilletas?"

"N... Noo..." tartamudeó Ron.

"¡SE PUEDE SABER POR QUE ESTAS AUN AQUÍ¡TE HE DICHO QUE SALGAS A CORTAR LEÑA CON TUS HERMANOS!"

"Si, mamá" contestó él en un tono más firme, saliendo a toda prisa y visiblemente aliviado de la sala.

"Hermione, querida." Dijo la señora Weasley volviéndose con una sonrisa tensa hacia la que ya consideraba su futura nuera y en consecuencia, un enemigo potencial "Vuelve arriba y acaba con las servilletas cuanto antes¿Quieres?"

"Si, señora Weasley" contestó una pálida Hermione antes de desaparecer escaleras arriba.

"Charles" prosiguió ella en un tono casi tenebroso volviéndose hacia su hijo "Aparécete en Hogwarts y recluta a Hagrid para capturar seis potrillos de unicornio. Ni uno más, ni uno menos, ni adultos, ni huevos de dragón, ni mantícoras, ni quimeras, ¿Entiendes?"

Charlie asintió sin decir nada, ya que estaba demasiado ocupado tragando saliva y abandonó la habitación temblando.

"¡GINNY!" gritó entonces la señora Weasley, haciendo sobresaltarse a todos los presentes (que en ese momento ya solo eran tres) "Tu padre, en su infinita sabiduría, ha decidido que lo mejor sería integrar otras culturas en la ceremonia. Así que ahora tú vas a salir al campo y buscarme una vaca sagrada muggle para la ceremonia. ¡YA!"

"Pero..." intentó protestar ella, que por algo era la más valiente e insensata de los hermanos Weasley.

"¡YA!" repitió su madre, y por un momento a Harry le pareció ver a un dragón furioso. Ginny salió corriendo de la sala, huyendo de los ladridos de su madre.

"Remus" prosiguió la viciosa criatura dirigiéndose ahora al desamparado licántropo, que a estas alturas de la temporada ya se había dado cuenta de que en esta ocasión, ni su sonrisa pausada ni su talante le servirían de gran ayuda. "Tu que sabes hablar tan bien, y que tienes tanto talento para hacer razonar a los demás... Ve a ver a mi querida nuera y hazle entender que en una tarta de boda se colocan un novio y una novia¡no un gorrión y una alondra!"

El pobre Remus palideció y salió abatido de la sala, convencido de que le había tocado la peor parte, y dejando a Harry solo ante el peligro, cual indefensa ovejita en la boca del lobo (aunque, siendo positivos, al menos a él no le tocaría enfrentarse a Fleur).

"Harry" dijo suavemente el monstruo en el que se había convertido la señora Weasley. Harry tragó saliva e hizo como Hagrid les había enseñado a hacer al enfrentarse a un hipogrifo: aguantó la mirada sin pestañear. Aunque tal vez sería mejor actuar como la experiencia le había enseñado a hacer al enfrentarse a un escreguto de cola explosiva y echar a correr... "Harry..." repitió ella, intentando controlar su furia. "Mete tu linda cabecita en la chimenea y diles a los de la tienda de animales mágicos que queremos doscientas hadas para el día 23"

Así que ese era el motivo de su enfado... Harry tragó saliva y apuntó con la varita hacia la chimenea, sintiendo la mirada de la señora Weasley clavada en su espalda. La miró nerviosamente de reojo y se la encontró frunciéndole el ceño, visiblemente molesta por su tardanza. Encogiéndose un poco muy a pesar suyo, Harry volvió a enfrentarse a la chimenea, y con mano temblorosa, murmuró "¡Incendio!"

Tres bolas de fuego del tamaño de una rueda de camión salieron disparadas hacia la chimenea, prendiendo fuego a la mitad de la cocina.

"¡Otra vez no, Harry¡Otra vez no!" gritó la señora Weasley.

"¡Aguamenti!" gritó Harry desesperadamente "¡Aguamenti!"

Pero por mucho que sacudiera su varita, no surgía de ella ni la mas triste gota de agua. Finalmente, la señora Weasley decidió tomar las riendas de la situación y gritó, al tiempo que las llamas empezaban a trepar por las cortinas:

"¡A CENAAAAAAAAR!"

oOoOoOoOo

"¿De que color son tus tobillos?" preguntó Hermione a Harry con voz cansada.

Harry levantó la vista del libro que estaba leyendo, y, acostumbrado a que Hermione le hiciera las preguntas más extrañas sobre su anatomía, contestó: "Normales"

"¿Nada de topos verdes?"

Harry negó con la cabeza y Hermione volvió a sumergirse en De la Anteela a la Veela: guía de los Seres Mágicos Humanoides con un suspiro de desesperación. Desde que Harry empezará a perder el control de su magia al alcanzar la mayoría de edad, se le había metido en la cabeza que su amigo no era completamente humano, y cada noche dedicaba un par de horas a estudiar la cuestión.

Harry y Ron, por su parte, estaban leyendo todos los libros que Hermione había sido capaz de encontrar sobre los Death Eaters: quienes lo eran, de quien se había sospechado... Una tarea pesada y cansina, pero necesaria si algún día querían averiguar quien era R.A.B.

Uno podría preguntarse por qué, si en el medallón falso no había ninguna pista sobre quien era el misterioso ladrón, Harry y sus amigos habían decidido buscar únicamente entre los partidarios de Voldemort. Y la respuesta era sencilla, aunque tal vez un poco surrealista: Ron había bromeado sobre ello.

Ahora bien, puede que esto suene extraño para un lector no iniciado, pero el caso es que, tras muchos años de convivencia, finalmente Harry y Hermione habían llegado a la conclusión de que las palabras que Ron decía en broma tendían a ser tan ciertas como la información que Hermione sacaba de los libros, y en consecuencia debían ser tomadas con la misma seriedad (por muy paradójico que eso fuera).

"¿Has encontrado algo?" preguntó Harry al cabo de media hora. A pesar de los hechizos que habían puesto sobre la cama y los almohadones en que se sentaban los tres juntos, se le estaba empezando a quedar el culo con forma de silla.

Ron levantó la vista, agradeciendo la excusa para hacer una pausa, y contestó no muy convencido: "Rabastan Lestrange, al que sus amigos llaman 'Rab'... Y Rose Angelica Bullstrode, aunque si se parece a su sobrina..."

Harry soltó una risita, imaginando a Búfalo Bullstrode vestida de Wonder Woman. La idea de alguien de su familia salvando el mundo era sencillamente grotesca. Suspirando largamente, metió una mano en el Pozo Sin Fondo que le había regalado Hermione por su cumpleaños y extrajo una galleta de la suerte.

"¿Otra?" le reprendió inmediatamente su amiga. Harry la miró con ojos inocentes. "Harry¿Cuántas te has tomado ya esta noche?"

"¿Tres?" propuso él, para corregirse en el acto ante la severa mirada de Hermione: "¿Siete?"

"Honestamente, Harry." Bufó ella "Nueve. Nueve galletas en menos de dos horas¡y acabamos de cenar! Más las doce de esta tarde, las ocho de la mañana, otras cinco para desayunar... ¡Y eso sin contar las que te comes a escondidas!"

"¿Quieres una?" ofreció él con sonrisa angelical, sacudiendo el Pozo Sin Fondo tentadoramente bajo su nariz.

"¡No!" gritó ella molesta "¡Harry, no puedes seguir así¡No es sano!" le lanzó una mirada calculadora a la caja interminable de galletas de la suerte que le había regalado a su amigo, y añadió en un tono que no admitía réplica "Dámelas."

Viéndose venir lo que Hermione haría con ellas, Harry abrazó su caja de manera protectora y, saltando por encima de Ron, le colocó entre él y Hermione.

"¡Harry!" gritó esta indignada.

"¡No!"

"Ron. Quítale las galletas." Ordenó Hermione.

"¡No te atrevas ni a pensarlo!" amenazó Harry, empuñando la varita.

"¿Puedo ir al baño?" preguntó Ron, encogiéndose tanto cómo permitía su gran estatura.

"¡Harry!"

"¡No!"

"No me lo puedo creer." Dijo Hermione con ofendida incredulidad, levantándose a pesar de la varita dirigida hacia ella. "¡Tía Petunia tenía razón! Lo tuyo con la comida china no es normal¡Es una adicción¿No lo ves?"

Por toda respuesta, Harry mordió una galleta, mirándola desafiante.

"Eres imposible" sentenció ella, dolida, y se fue de la habitación con la cabeza muy erguida, pero no sin antes añadir: "La próxima vez te regalo un libro."

Harry se volvió entonces hacia Ron y le espetó "¿No tenías que ir al baño?"

"¿No?" contestó este con ojos risueños, incorporándose un poco para poder pescar una galleta del Pozo Sin Fondo al que Harry seguía aferrado.

Decidiendo que su amigo no era una amenaza para sus galletas, Harry se volvió a sentar en la cama y procedió a saborear con deleite su trofeo, no sin antes reírse un buen rato al ver el mensaje que éste tenía para él.

'Ojos que no ven, corazón que no siente. Cómenos a escondidas, chaval, tendrás menos problemas.'

oOoOoOoOo

Había pasado una semana desde que Hermione intentara arrebatarle el Pozo Sin Fondo, sin que eso significara que la discusión hubiera decaído. Harry había seguido el consejo de las galletas y ahora comía a escondidas, pero, debido a la cantidad que necesitaba cada día para sentirse en paz con el mundo...

"¿De donde vienes?" preguntó Hermione con mirada acusadora. Ginny soltó una risita.

"Del baño" contestó Harry con seguridad. No estaba mintiendo: había ido al baño. A comer galletas, si: pero en el baño. No estaba mintiendo, solo omitiendo una parte de la verdad...

Los ojos de su amiga se afilaron. "¿De hacer que?"

A su lado, Ginny se cubrió la boca, riendo por lo bajo, pero a Harry la situación no le parecía en nada graciosa. Hermione le iba a pillar, y entonces...

"¿Tú que crees?" preguntó, optando por hacerse el ofendido.

"¿Pipí?" propuso Fred amablemente.

"¿Caquita?" ofreció George por su parte.

"O tal vez..." prosiguió Fred, levantándose de su silla para acercarse a Harry.

"... estabas haciendo algo..." dijo George, levantándose también con un brillo en los ojos que no presagiaba nada bueno.

"...Inmencionable." susurró Fred sugerentemente.

Harry, Hermione, Ron y Ginny, cada cual por sus propios motivos (que iban del puritanismo extremo a un flash del Héroe del Mundo Mágico alcanzando la plenitud), se pusieron rojos como tomates ante la insinuación. Pasó un ángel, pasaron dos, pasó un hipogrifo y luego pasaron todos los Enanos del Amor de Lockhart. Finalmente, Hermione cogió el frasco de poción con el que estaba pintando las flores (para que se mantuvieran fgescas y hegmosas) y propuso: "¿Nos ponemos a ello?"

"¡Si, si!" corroboró Ginny con demasiado entusiasmo y las mejillas más sonrojadas de la mesa. "¡Volvamos a la tarea en mano!"

Dos cejas gemelas se alzaron en su dirección, y fue lo último que Harry vio antes de bajar la mirada hacia sus flores, con intención de no sacarla de ahí nunca jamás.

Ginny... Ginny estaba llevando su separación mucho mejor que él. Excepto algún lapsus cuando los gemelos les sometían a una avalancha de inuendos (cosa que sucedía bastante a menudo últimamente), conseguía continuar adelante con su vida de manera normal, sin sonrojarse ni tartamudear como hacía Harry cada vez que alguien les insinuaba que volvieran juntos. Tan solo alguna mirada triste, un momento de melancolía perdido aquí o allá daban fe de que hacía menos de dos meses que había cortado con el que durante un tiempo creyó que sería el hombre de su vida.

Harry, por su parte, lo llevaba francamente mal. Durante su estancia en Privet Drive había reflexionado sobre lo que le había dicho a Ginny cuando decidió dejarlo con ella, comparándolo con lo que había hablado con Dumbledore sobre dejar que sus amigos se acercaran a él. Y lo había visto muy claro: no podía ni quería separarse de Ron y Hermione. Necesitaba su apoyo, por muy egoísta que eso fuera, y además, ellos se negaban a dejarle solo...

Pero¿Entrar en una relación? No podía. No podía y no debía. Por mucho que le doliera, él era el maldito Elegido, con todas las responsabilidades que eso conllevaba, y si se metiera en una relación con Ginny, no solo la pondría en peligro, sino que, además, ni siquiera tendría tiempo para dedicarle toda la atención que merecía.

Encerrado en su habitación, con su cama a ras de suelo y su nenúfar sobre la mesa, había parecido muy sencillo: si una amistad es como una planta que hay que cuidar, una relación sentimental es como tener un perro. No que Ginny fuera una perra (Dios¡No!), pero cuidar de un animal es más difícil que cuidar de una planta... En fin, que en Privet Drive todo había parecido muy claro. Si entraba en una relación con Ginny ahora, la estaba condenando al fracaso. Nada de amor para el Elegido.

Pero en La Madriguera todo era distinto. Porque si en Privet Drive podía mirar a Tía Petunia y perder inmediatamente cualquier deseo sexual (y si no, que se lo preguntaran a Dudley), en La Madriguera estaba Ginny, y puede que esta vez hubiera ido al baño para comerse una galleta a escondidas, pero...

En fin, era difícil. Cuando Ginny no estaba en la habitación conseguía desconectar bastante bien, sobre todo si estaba a solas con Ron y Hermione, ya que pasaban la mayoría del tiempo trabajando como hormiguitas contra Lord Voldemort, y así era difícil olvidar cual era el rol que le había tocado jugar en esta vida.

Pero en cuanto ella entraba en la sala, todo lo demás desaparecía. No podía evitar quedarse mirándola con la vista perdida, no podía apagar el deseo de ir hasta ella y besarla, quería tenerla en sus brazos, quería...

"¿Harry?"

Y que voz tan bonita.

Se volvió hacia ella y... Se quedó sin aliento. El sol de la mañana caía sobre su cabellera llameante, haciéndola lucir fiera, viva y orgullosa. Su piel clara y tan suave... Si tan solo pudiera tocarla...

"¿Harry?" repitió Ginny en un murmullo, bajando la vista hacia un punto entre las dos sillas.

Harry bajó la mirada y finalmente se dio cuenta de lo que ocurría. En algún punto, mientras pensaba en Ginny, su mano había decidido actuar por su cuenta y había tomado la suya. Soltándola, volvió a alzar la mirada hacia ella y preguntó con ojos tristes "Los Weasley no tienen sangre veela¿verdad?"

Ginny esbozó media sonrisa antes de contestar: "Algún día vencerás a Voldemort, y entonces..."

Fred decidió aprovechar que su hermanita no había acabado su frase para completar alegremente: "Mamá estará contenta de que..."

"¡Uno!" enumeró George

"Seas un chico y no le salgas con gorriones y alondras, y..."

"¡Dos!"

"Seas huérfano y no tenga que poner la casa de punto en blanco para conocer a sus consuegros"

A pesar de lo indelicado del comentario, Harry no pudo dejar de reír. La señora Weasley había estado especialmente malévola durante la última semana, y no hacía falta ser muy perspicaz para saber que la inminente llegada de la familia de Fleur estaba detrás de su histerismo. Antes de que pudieran ponerse a quejarse en grupo, pero, el fuego estalló en llamas verdes y todos se volvieron hacia la chimenea para ver quien era la buena alma que venía a visitarles en estos tiempos de dificultad.

"Holaaaa..." saludó Tonks alegremente al tiempo que Remus aparecía detrás suyo y sacudía la ceniza de encima de los dos. "¿Esta Molly?"

Todos asintieron.

"¿No vais a llamarla?" insistió.

Los demás se miraron entre ellos, dudosos, y los gemelos negaron vigorosamente con la cabeza, desatando de nuevo las risas de los demás.

"¿Tan mal estamos?" preguntó Lupin, divertido.

"Mmm..." fingió pensar Harry "¿Por qué no vais hacia el salón, a ver si la encontráis?"

"Porque no hace falta." Respondió una voz seca detrás suyo. Y aunque hacía tiempo que no la oía hablar en un nivel de decibelios tan bajo, Harry supo por las expresiones de sus amigos que la que había hablado no era otra que la señora Weasley.

"¡Molly!" saludó con entusiasmo Tonks, dando la vuelta a la mesa y tirando la poción de Hermione sobre Ron por el camino. "¿Cómo estás?" preguntó, dándole el beso en la mejilla de rigor. "¿Cómo está la novia?"

"No me hables" contestó la señora Weasley poniendo su mejor cara de agotamiento y fastidio. "No está cooperando en absoluto, y tenemos tantas cosas que hacer..." añadió con un deje de acero en la voz. Seis pinceles se hundieron simultáneamente en otros tantos frascos de poción, y los chicos se pusieron a trabajar otra vez. Remus, por si acaso, se unió a ellos.

Tonks y la señora Weasley estuvieron hablando de todo y de nada durante más de dos horas (pero siempre relacionado con la boda) mientras los demás no se atrevían a abrir la boca, centrados en su tarea, pero sin perderse ni una sola palabra de lo que se estaba diciendo. Al fin y al cabo, más vale comer puerros que tener diez dedos, como diría Ron (la expresión le tenía intrigado).

Después de oír como la señora Weasley despotricaba contra Fleur, su marido, Bill, Fleur, los gemelos, el mal gusto de Bill, Fleur, Charlie, el mal gusto de Fleur, Ginny, el señor Weasley, Fleur, la familia de Fleur y Fleur, finalmente les había llegado el turno a ellos.

"No trabajan, Tonks, no hacen nada de todo el día" se quejaba la señora Weasley, al borde de las lágrimas "Se encierran en la habitación de los chicos y de ahí no salen. Leyendo dicen. Haciendo los deberes. Y yo digo: si con las horas que pasan ahí dentro aún no han acabado, es que se han vuelto estúpidos."

Remus levantó la cabeza e intercambió una mirada con Tonks que no pasó desapercibida para Harry, aunque la señora Weasley, visiblemente no se dio cuenta.

"¡Leyendo!" exclamó, indignada "De Hermione me lo creo¿Pero Ronald¡Mi Ron no tocaría un libro ni con el palo de una escoba, eso hace tiempo que lo asumí!"

Ron tuvo la sensatez de mantener la cabeza gacha y fingir no haber oído nada, a pesar de que el color de sus mejillas le delataba, pero los gemelos dejaron escapar una risita y su madre se volvió inmediatamente contra ellos.

Hermione aprovechó la distracción para lanzarle a Harry una Mirada Significativa que este pretendió no ver, pero que, a juzgar por la Mirada Casual que intercambiaron momentos después el Experto en Defensa Contra las Artes Oscuras y Espía en su Tiempo Libre y la Auror de su novia, a ellos tampoco se les escapó. Mierda.

"Esto ya casi esta, señora Weasley" irrumpió Harry en la discusión que esta mantenía con sus hijos. Y con su mejor tono solicito, propuso: "¿Quiere que vayamos a sacarle brillo al suelo de la buhardilla?"

oOoOoOoOo

Harry metió una mano patosa en su jarra de cerveza de mantequilla y sacó el hada que había tomado residencia en ella. Eran casi las once de la mañana, lo que se podría considerar muy pronto para beber, o suficientemente tarde, si se tenia en cuenta que la señora Weasley les había despertado a las tres de la madrugada. Delante suyo, Ron cabeceaba. El hada aprovechó para instalarse en su cerveza.

"¿Quién se lo dice?" preguntó de pronto Hermione.

Ron se despertó de un sobresalto, dando un manotazo a su jarra y volcando todo su contenido sobre la mesa, Hada incluida. Hermione puso una mano sobre su bebida, para protegerla de posibles okupas, y repitió su pregunta.

Harry miró a Ron, Ron miró al suelo, el hada intentó abrirse un hueco entre los dedos de Hermione...

"¿Ron?" insistió la chica.

Ron cogió una cosa pequeña y metálica que había sobre la mesa: su nueva y reluciente insignia de Head Boy. Una chapa idéntica adornaba la túnica de Hermione, salvo que sus iniciales eran las de Head Girl. Y ese era el problema.

El día anterior habían recibido sus cartas de Hogwarts, recordándoles que, aunque ellos habían decidido no volver al colegio el curso siguiente, aún no se lo habían comunicado a nadie. Y solo faltaban seis días para el inicio del año escolar.

La situación empezaba a hacerse insostenible. La señora Weasley, que hasta entonces había sido brusca y mezquina con ellos, había cambiado completamente de actitud al ver la insignia de su Ronniekins, sin que esto significara que hubiera pasado su crisis pre-nupcial. Lejos de eso, ahora perseguía a Ron por toda la casa, instándole a que sacara brillo a su chapa y la colocara bien visible sobre su pecho, con la intención de impresionar a los Delacour cuando estos llegaran.

Ron se removió incómodo en su silla.

"¿Podemos esperar a que pase la boda?" preguntó.

"Ron." Empezó Hermione sacando su mejor tono severo "La boda es mañana, lo que querría decir que tendríamos que esperar a pasado para decirle a tus padres que no volvemos, lo que no sería tan mala idea, si no fuera porque pasado mañana nos llevan a Diagon Alley y no creo que decírselo en las escaleras de Gringotts sea lo más apropiado."

"Pero..." protestó Ron, palideciendo ante la perspectiva "¡No podemos decírselo ahora! La familia de Fleur está a punto de llegar¡Solo nos falta soltarle este caldero maltrecho a mi madre!"

"¡Ron!" le reprendió Hermione levantándose para causar mayor efecto. "¡No desvíes el tema!"

"Se te está metiendo un hada en la cerveza" observó Harry, haciendo justamente esto.

"¡Argh!" gritó Hermione. Si para el hada o para ellos, nunca se supo. "¡Sois imposibles!"

"¿Y tus padres?" contraatacó Ron. "¿Ya se lo has dicho a tus padres?"

Hermione enrojeció visiblemente, pero no se rindió.

"No me cambies de tema, Ronald." Dijo, y al ver la mirada petulante de este, añadió "No, no se lo he dicho, pero mis padres no necesitan saberlo."

"¿Y los míos si?" espetó Ron, indignado, levantándose él también.

"¡Ya vale!" gritó Harry. Sus dos amigos se volvieron hacia él, y prosiguió en un tono más bajo "Esperamos a que pase la boda, y esa noche, cuando la familia de Fleur se haya marchado y la madre de Ron este más calmada, se lo decimos."

"¿Qué?" saltó Ron al borde del pánico "¿Estas loco¿Quieres matarla?"

"¿Se te ocurre alguna idea mejor?" dijo Harry tranquilamente, cruzando los brazos como si esperara a que alguno de ellos propusiera una alternativa.

Finalmente, Hermione se volvió a sentar y preguntó, al tiempo que sacaba el hada de su cerveza para no tener que mirarles a la cara: "¿Y quien se lo dice?"

Harry dejó pasar un momento para ver si Ron se prestaba voluntario y finalmente, viendo que no sería el caso, dijo: "Yo. Al fin y al cabo, el que no quiere volver soy yo. Vosotros solo decidisteis acompañarme."

"Harry..." le cortaron los otros dos inmediatamente.

"¡No, esperad!" les interrumpió él también. "Iremos los tres, pero hablaré yo. Así, si tu madre quiere echarle la culpa a alguien, puede echármela a mi... o a Voldemort" hizo una pausa, meditando sus próximas palabras, y finalmente añadió, mirando a Ron: "Si hace falta les diré a tus padres el contenido de la Profecía"

Ninguno de los tres dijo palabra durante los minutos que siguieron. No porque tuvieran nada que pensar, sino sencillamente porque no se les ocurría que decir. Harry se vio transportado a su primer año en Hogwarts, cuando Gryffindor había ganado la Copa de las Casas. "Hace falta un gran coraje para oponerse a nuestros enemigos, pero hace falta el mismo valor para hacerlo con los amigos" había dicho Dumbledore a Neville. Cuanta razón tenía. La decepción, el miedo, la crisis cardiaca: todas ellas eran posibles reacciones de la señora Weasley, y Harry no se sentía con ánimos de someterla a ninguna de ellas.

"Voy a revisar mi libro de primeros auxilios" murmuró Hermione levantándose.

Visiblemente, Harry no era el único que estaba preocupado. Metiendo una mano en su cerveza, sacó al hada que había vuelto a instalarse en ella y empezó a pensar en la mejor manera de soltarles la bomba a los señores Weasley.

oOoOoOoOo

Harry estaba en otro mundo. Un mundo hermoso, en el que vivían criaturas hermosas y todo era hermoso. Se había enamorado.

A su lado, Ron también se había enamorado, aunque afortunadamente, no de la misma mujer. Cruzaron una mirada y compartieron una mirada cómplice. ¡Que hermosas eran!

Gabrielle, la hermana pequeña de Fleur, se acercó a él y le dio un abrazo. ¿Quién dijo que sacarla del lago durante la segunda prueba fuera una tontería? Volviéndose hacia su dama, Harry le explicó: "Me tiene cariño porque la salvé de los monstruos marinos. Soy Harry Potter, héroe del mundo mágico"

Gabrielle se volvió hacia ella y tradujo "Il en pince pour toi, mamie!"

"hein?" respondió ella llevándose una grácil mano a la oreja.

¡Y que hermosa oreja¡Que hermosa era¡Que bella! Su piel pálida estaba cubierta de profundos surcos, como una delicada pieza del cristal más puro. Su cabello blanco como un rayo de luna estaba sujeto en un elegante moño, cubriendo su nuca, pero no totalmente. ¡Ah, picarona¡Por aquí y por allá asomaban atisbos de su sensual epidermis!

Y su pose... ¡Ah, su pose¡Un deleite para los ojos! Su pose era la perfecta imitación del arco de una circunferencia, el carapazón de un cangrejo de fuego, brillante y hermoso... ¡Pero que hermosa era!

Harry estaba flotando, admirando a su dama: sus ojos azules, la graciosa manera en que se apoyaba sobre su caminador, su dulce sonrisa, su suave voz... El corazón le latía a cien por hora. Había encontrado a la mujer de su vida.

"Permítame que la ayude, señora." Dijo el señor Weasley acercándose a la bella mujer para ayudarla a quitarse el abrigo.

"¡Arthur!" gritó indignada la señora Weasley.

"¡Eso, Arthur!" repitió Harry enfadado, abriéndose paso entre los demás. ¿Ese viejo decrépito pretendía robarle a su amada¡Le hervía la sangre solo de pensarlo! "¡Deje paso a los jóvenes y vuelva con su mujer!"

Dos cuerpos idénticos se pusieron delante suyo, pero antes de que pudieran decirle nada, una llamada de auxilio se hizo oír en el salón de los Weasley.

"¡Harryyyyyyyyy!"

Ron estaba siendo llevado a rastras hacia la cocina por su hermano Charlie, que tenía un brillo diabólico en los ojos. Al parecer, Harry no era el único que había encontrado oposición en la conquista de su dama.

Se paró a pensar un momento. El señor Weasley estaba siendo reprendido por su mujer y fuera de combate, pero los gemelos eran otra historia... ¡Dios mío¡Iban a impresionarla con sus bromas! Tenía que hacer algo, y rápido. Tal vez si rescataba a Ron su dama vería lo valiente que era y entonces le amaría.

"¡Ya voy, Ron!" gritó, sacando la varita con una floritura.

Debido a la estupidez extrema del personaje principal, la autora de este fic a creído conveniente narrar la siguiente escena desde el punto de vista de una mujer.

Hermione no se lo podía creer. Sabía que la estupidez masculina podía llegar a extremos insospechados cuando se la ponía a prueba frente a una veela (había leído varios libros sobre el tema en cuarto, cuando Ron se encaprichó de Fleur), pero aún así... ¡esto era ridículo!

Que Ron y Charlie pelearan por la señora Delacour, tenía su lógica. La mujer era una medio-veela, y aún estaba de buen ver. Pero, que el resto de los hombres de la casa se deshicieran en atenciones por la abuela de Fleur, ya era demasiado. Al menos el señor Weasley ya se estaba recuperando... Tanto mejor: no resistir a una veela podría suponer un duro golpe a su matrimonio, y aún más siendo la veela en cuestión una octogenaria desdentada con todos los accesorios (corneta, taca-taca...).

Sintió una punzada en el corazón, y se puso a repasar mentalmente su diccionario de runas, para pensar en otra cosa. A su lado, Ginny no parecía estar mejor. Culpa de los cuentos de hadas. Gracias a ellos, toda bruja sabía que la única manera de que un Príncipe resista los encantos de una veela es el Amor Verdadero.

"...¡Y entonces, yo me puse frente a Sirius Black y le reté en duelo, para salvar a Harry, Hermione, y a todo el mundo mágico! Le dije: '¡Asesino!'..."

Amor Verdadero, se dijo con amargura. Volvió la vista hacia otra parte y se encontró con la mirada petulante de Fleur, que mantenía a Bill firmemente cogido del brazo, aún cuando este no parecía mostrar síntomas de estupidez pasajera. Más bien parecía incómodo ante las acciones del resto de su familia.

"Le Grant Amur" le dijo Hermione a Fleur con media sonrisa. Que suerte tienen las que lo encuentran...

Fleur le contestó con una sonrisa radiante y, por una vez, sincera. Su presa sobre Bill se relajó, y este se echó a reír: su novia estaba hinchada de orgullo y miraba a su abuela como si la acabara de ganar 490 – 0 en la final de los mundiales de quidditch.

Este fue el momento que Charlie eligió para sacar a su hermano de la habitación. Mientras Harry se batía en duelo con él, atrayendo la atención de los demás, la señora Delacour aprovechó para acercarse a su hija y comentar casualmente: "Fleur, ma puce, je suis un peu inquiète... Ta belle-mère est si petite, et si... grosse! Tu es sûre que tu veux te marier avec ce… Bill ? Je ne voudrais pas que mes petits-enfants finissent comme elle ! "

Hermione no sabía francés. Había aprendido cuatro palabras cuando estuvo en Dijon, por supuesto, pero eso no bastaba para entender lo que había dicho la señora Delacour. Al menos, no traduciendo. Habiendo entendido los conceptos 'suegra', 'gorda' y 'nietos', y añadiendo a ello la repentina sonrisa tensa de Fleur y la manera posesiva con la que se aferraba de nuevo a Bill, el mensaje pasaba bastante bien.

"¡Bonyur!" saludó la señora Weasley apareciendo detrás suyo en el momento más inoportuno. Lucía una sonrisa encantadoramente tensa. "¡Es un placer conocerla al fin!"

La señora Delacour aceptó la mano que le tendía su consuegra y añadió en tono amable, mirando a la señora Weasley: "Et cette maison tombe en miettes, ma fille. Tu ne peux pas vivre dans un endroit comme ça! Je savais qu'ils n'étaient pas riches, mais quand même, j'espérais un minimum !"

La señora Weasley miró a su futura nuera, expectante, y, aunque Hermione había entendido algo sobre 'casa' y 'ricos', Fleur tradujo: "Dise que tienen una casa muy acohedoga, y que esta muy contenta de conosegla"

"Oh" dijo elocuentemente la señora Weasley, sonrojándose complacida "Dile que estamos encantados de recibirles a ella y a toda tu familia, y que esperamos que la estancia sea de su agrado. Estaremos un poco apretados, pero cabremos bien" añadió, sonriendo.

Fleur asintió, y esbozando una gran sonrisa, tradujo a su manera: "Maman, je t'en prie, arrête. C'est de ma belle-famille que tu parles, là."

'Arrête' era 'para', eso Hermione lo sabía. Estuvo tentada de decirle "Ui, arete" ella también, pero se mordió la lengua. Pobre Fleur. Con una madre así no era extraño que tendiera a comportarse de manera estúpida y arrogante.

La señora Delacour sacó a relucir su mejor sonrisa y contestó en un francés demasiado rápido para Hermione: "Et pour combien de temps? Ton mariage est voué à l'échec, ma fille. Bientôt le sang fera appel à toi et tu quitteras ce Bill pour un autre, et cet autre pour un autre, et ainsi de suite. Tu les aimeras, leur feras voir le ciel, et briseras leur cœur en partant, c'est la nature du veela. Nous sommes les animaux de la luxure, Fleur. Ne l'oublie pas."

Pobre Fleur. Hermione no tenía ni idea de lo que le acababa de decir su madre, pero por la manera en que le temblaban las comisuras de los labios y el brillo sospechoso que habían adquirido sus ojos, supuso que era algo muy malo. Incapaz de permanecer impasible por más tiempo, Hermione decidió mandar a paseo sus buenos modales y meter las narices donde no la llamaban. Indignada, hizo acopio de las cuatro palabras de francés que sabía, y le espetó a la señora Delacour "¡Arete¡Le Grant Amur!"

La madre de Fleur volvió la cabeza hacia ella tan rápido que por un momento Hermione temió que se partiera la nuca. Al segundo siguiente, pero, empezó a temer por su vida, ya que la señora Delacour parecía a punto de transformarse y arrancarle la cabeza de un mordisco.

"¿Silvuplé?" ofreció Hermione, intentando calmar los ánimos.

"¡Hermione!" gritó Ron, furioso, apareciendo detrás suyo "¿Qué le has hecho a la señora Delacour?"

"¡Ah!" dijo la señora Weasley, ignorando las palabras de su hijo y tomándolo por los hombros para ponerlo delante suyo. "Permítame que le presente a Ron" le dijo a la señora Delacour, en un intento de cambiar de tema. Probablemente ya se había dado cuenta de que las francesa no estaba siendo amable con ella y su familia, porque añadió en un tono desafiante "Es el nuevo Head Boy de Hogwarts, el tercero de la familia."

Fleur, que hasta entonces se había mantenido un tanto retraída (al fin y al cabo, era su madre), decidió mandarlo todo a hacer puñetas, también, y tradujo, en el mismo tono que su suegra: "Ron a été nommé Préfet en Chef de Ogwarts, tout comme Bill!"

"Je m'en fous comme de ma première couche!" gritó su madre.

"A maman le impogta un cagahó" tradujo una vocecita.

Mientras discutían, el resto de los Weasley se habían acercado para ver lo que ocurría... O más bien, Gabrielle se había acercado a ver lo que ocurría, arrastrando a su abuela detrás suyo, y detrás de esta, todos los hombres de la casa. Ahora la niña observaba la escena con los brazos cruzados a la defensiva, frunciéndoles el ceño a todos los presentes. A su lado, el señor Weasley lucía la Cara de Desconcierto Weasley nº13.

Antes de que nadie pudiera replicar (no que hubiera una respuesta educada), Ron decidió actuar en función de la información recibida y, sacando pecho, le dijo a la señora Delacour: "A mi tampoco me importa un carajo ser Head Boy¿sabe? Mi madre está muy contenta, claro, pero yo quiero llegar más lejos que mis hermanos. Por eso he decidido no volver a Hogwarts el año que viene. ¿Qué podrían enseñarme que no sepa ya? No, en vez de eso, voy a ir a buscar al Señor Tenebroso y le voy a derrotar. Yo solito."

Una voz indignada rompió el silencio confuso que siguió estas palabras. Para horror de Hermione, Harry se abrió paso entre la multitud de Weasleys y gritó, confirmando por el camino lo que acababa de decir Ron: "¡Hey¿Cómo que tu solito¡El plan era mío!"

La señora Weasley se dio media vuelta, con cara de atontada, y sus hijos se apartaron como el Mar Rojo ante Moisés. Tambaleándose ligeramente, desapareció en dirección a la cocina. Bill y el señor Weasley fueron tras ella.

La señora Delacour lanzó una última mirada de desdén hacia los Weasley antes de agarrar a su madre por el brazo y ordenar que le indicaran sus 'aposentos' (así lo tradujo Gabrielle). Harry, Ron, los gemelos y Charlie se fueron con ellas.

Ginny se quedó quieta, probablemente en estado de shock, observando a Hermione sin decir nada. Finalmente, tras unos buenos cinco minutos abriendo y cerrando la boca como un pececito rojo (¿Nemo?), logró articular: "¿Es verdad?"

Dicen que el blanco es la suma de todos los colores. Debe de ser cierto, porque en ese momento, Hermione tenía tantos pensamientos en la cabeza que tenía la mente en blanco. Aturdida, asintió a su amiga, incapaz de elaborar una frase coherente, y la dejó marchar.

oOoOoOoOo

No supo cuanto tiempo pasó antes de percatarse de que Fleur seguía con ella en la sala. Tal vez minutos, tal vez segundos. El tiempo es algo muy difuso cuando se mide a la velocidad del pensamiento.

La medio-veela la observaba desde el otro lado de la sala. Su suave movimiento, la manera en que la miraba, como si fuera a decir algo pero no se atreviera, para luego desviar los ojos hacia el suelo, delataban una timidez y una inseguridad que Hermione nunca hubiera esperado encontrar en la arrogante Fleur. Era casi... tierno.

Le sonrió, y la chica sonrió de vuelta. Hermione la vio tomar aire, como un atleta preparándose para hacer una prueba... o más bien una bailarina frente a su gran debut. Y entonces se movió.

La sala pareció encogerse al tiempo que Fleur se acercaba a ella. Toda luz menguó, excepto el brillo natural de la parte-veela que se hizo más intenso, bañando en su aura plateada a las dos chicas. Una voz profunda se infiltró en su mente para decir palabras protectoras que fueron olvidadas justo después.

« Toi qui sais voir le cœur des autres, ouvre les yeux ! Que ton âme soit recte et ton jugement correct. Que la sagesse que tu puises des livres s'étende là ou aucun livre ne pourra jamais comprendre, pour que tu voies la vérité en face et tu prennes les bonnes décisions. Ouvre alors ta porte au bonheur, et n'aies pas peur d'écouter ton cœur, car la lumière que je pose en toi le guide et ne se trompe pas. Longues nuits d'attente dans la traversée des Ténèbres s'ouvrent devant toi. Que ton Amour soit sûr et pur, et qu'il reste ferme… »

La voz seguía hablando, pero Hermione ya no la escuchaba. Una segunda voz había se había unido a la primera en su cabeza, una voz curiosamente familiar, y le estaba susurrando "Harry Potter". Con un sobresalto, Hermione se dio cuenta de a quien pertenecía. Era la suya.

Y tan pronto como realizo esto, lo olvido, al igual que lo que la voz le susurraba, y las palabras de la mujer se perdieron en su mente y ya no las pudo recordar. El brillo de Fleur se había concentrado en sus manos y flotaba como una estrella diminuta hacia su corazón. Poco tiempo después, lo único que quedaba en su mente era la seguridad de que había sido objeto de uno de los rituales más misteriosos que se mencionaban en 'Mitos y Leyendas del Mundo Mágico'. Había recibido la bendición de una veela.

oOoOoOoOo

"Y entonces, cuando parecía que todo estaba perdido, tomé la espada de Gryffindor entre mis manos – ¿Le he mencionado que soy su heredero? – y maté al basilisco."

"Oui, Jean-Pierre" contestó la exótica criatura.

Harry estaba en la gloria. ¡Su dama sabía su nombre!

Vaya... Aún estamos con estas...

La autora de este fic lamenta informarles que el Harry POV sigue temporalmente fuera de servicio...

oOoOoOoOo

Molly Weasley estaba bien. En serio, estaba bien. Había hablado con Arthur, y habían decidido dejar pasar la boda, mostrarles todo su apoyo a Bill y su francesa, y luego, cuando las cosas estuvieran más calmadas, enfrentarse a Ronald.

¿Por qué le tenía que pasar todo a ella¡Bill se casaba con una francesa, su consuegra decía... ¡cosas! Y para colmo Ronald no pensaba volver al colegio!

¡Y las hadas se metían en la cerveza!

Pero no. Ella estaba muy tranquila. Serena.

"¿Cómo estoy?" preguntó Bill detrás suyo.

Molly se volvió para ver a su hijo y no pudo ni quiso evitar una sonrisa embobada. Su Bill llevaba el pelo recogido en una coleta, y se había quitado su famoso pendiente en forma de colmillo. El hecho de que lo hubiera reemplazado por otro no importaba, porque este otro pendiente tenía forma de flor, y eso era un detalle muy bonito. Llevaba una túnica sencilla, pero elegante, en azul marino, cuello en V y una sobre-túnica plateada. Moderno, pero adecuado.

"Guapísimo" contestó con orgullo al ver que Bill se removía nervioso.

"Estoy un poco nervioso..." comentó él haciéndose el valiente.

Alguien llamó a la puerta y Charlie se asomó un momento para avisarles: "Está a punto de empezar... ¡Buena suerte! Y... no hagas caso de lo que te dije ayer. Si tu dices que es ella, pues adelante, y a llenar la casa de niños."

Le guiñó un ojo y se fue, dejando a un Bill un poco verde detrás suyo. Charles siempre había tenido un talento especial para sacarle este color.

Molly se acercó a su hijo y, tomándole las manos, dijo: "Escucha. Se que nunca ha parecido que te apoyara mucho. Fleur y yo empezamos con mal pie, y luego, con nuestras... divergencias respecto a la boda... Pero quiero que sepas..." se le estaban llenando los ojos de lágrimas. Oh, Merlín... "... que tu padre y yo siempre estaremos contigo. Y que creo que Fleur será una buena esposa para ti. Te quiere, y tu la quieres, y eso es lo importante..." y ya. El nudo en la garganta estaba demasiado tenso, así que decidió abrazar a su hijo y dejar de hablar.

¡Mi niño se casaaaaa!, no podía dejar de pensar. Su niño, su Bill, su bebé... ¡Ay!

Bill la estaba abrazando, y ella le abrazaba a él, y no supo cuanto tiempo pasó, pero de repente estaba sonando la música en el jardín, y esto solo quería decir una cosa: en este momento, la novia se estaba dirigiendo hacia el altar y el novio no. Tomando a su hijo por el brazo, salió corriendo escaleras abajo, sin siquiera tomarse el tiempo de asegurarse de que llevaba el maquillaje bien puesto, tan solo pensando en la pobre Fleur, que en estos mismos instantes se estaba enfrentando al boggart de cualquier bruja que se casa: el plantón.

oOoOoOoOo

La novia estaba radiante, el novio estaba guapísimo, y tan solo faltaba el Lanzamiento del Ramo para que los recién casados se fueran de luna de miel y los invitados de la boda empezaran a marcharse. Menos mal.

Molly había estado demasiado emocionada durante la ceremonia para fijarse en nada que no fuera su niño y la que ahora ya era oficialmente su nuera. Habían llegado tarde, para encontrarse con una Fleur al borde de las lágrimas sola en el altar. Molly se había puesto emotiva y la había estrechado en sus brazos, sin poder evitar murmurarle "¡Mi bebé se casa!", antes de ir a tomar su asiento de primera fila.

Después vinieron los Votos, la Pira y el siempre peliagudo Consentimiento de Los Que Fueron (un tanto inestable en la rama Delacour, eso había que decirlo). Finalmente, con el Aparecimiento de los Anillos, Bill y Fleur fueron marido y mujer.

Y entonces fue cuando Molly se fijó en los invitados.

Al parecer, su consuegra no era la única que despreciaba La Madriguera y sus inquilinos, es decir: a su familia. Los franceses lo miraban todo con desdén, ya fueran hadas, potrillos, gorriones y alondras o adornos florales. Nada les parecía bien. Era una suerte que Fleur estuviera en su nubecita particular, porque si no seguro que le daba algo, a la pobre.

Así que Molly había dedicado gran parte del día en esforzarse porque Fleur no se diera cuenta de nada. Se las había ingeniado para colocar a los franceses en determinadas zonas de la casa, y tan solo permitía que se acercaran a la novia aquellos que parecían estar contentos por ella y satisfechos con la ceremonia. Un total de tres. Y uno de ellos era su abuela, que estaba sorda y senil.

"¡Hora de lanzar el ramo!" gritó Molly a los invitados. Cuanto antes acabaran, mejor.

Las Siete Elegidas fueron corriendo hacia ellos, con toda la emoción propia del acto, y Molly no pudo evitar sonreír, recordando los tiempos en que ella había formado parte del Corro. Tal y como dictaba la tradición (y la prudencia), Fleur se quedó inmóvil, mientras Bill calculaba la distancia reglamentaria.

El Lanzamiento solo era un trámite, por supuesto, se dijo la señora Weasley observando la escena. Tonks formaba parte de las Elegidas, y habiendo anunciado ya su compromiso con Remus, no había ningún misterio. Esto no quería decir que Ginny y Hermione (que había abusado un poco con el Champaña de Rosas Parisiense) fueran a perder la ocasión de hacer el ganso, observó frunciendo el ceño.

"¡Ya basta!" les gritó desde su lado del jardín.

"¡Vamos mamá!" empezó Fred desde el suyo.

"¡No seas aguafiestas!" completó George.

"Y dinos..."

"¿Quién se casará primero?"

"¿Harry y Ginny?"

"¿O Ron y Hermione?"

"¡Nosotros!" gritó Hermione con entusiasmo, desatando la hilaridad de todos los presentes. Ron tuvo la decencia de apartarse un momento de la madre de Fleur para sonrojarse.

"¡Los Lupin!" gritó Molly sonriendo. Definitivamente, el Lanzamiento del Ramo era una gran tradición. Un coro de silbidos y risas acogieron sus palabras.

"¡Un momento!" gritó Remus, risueño, subiéndose sobre la mesa en la que había estado charlando con Arthur. "¡Antes de que empecéis a presionar a mi novia, quiero hacer un anuncio!" se paró en seco, y de repente se puso muy serio "Nymphadora y yo estuvimos hablando y decidimos que queremos esperar a que termine la guerra antes de casarnos."

Un silencio incómodo acogió sus palabras.

Vaya un manera de cargarse el ambiente, se dijo Molly.

Remus alzó entonces su copa y dijo "¡Así que todos a cruzar los dedos porque le toque a ella¡Y tu" añadió con un gruñido feroz hacia un amigo de Bill "no te acerques a ella, que no nos casamos en mayo, pero seguimos comprometidos!"

El momento de tensión pasó, y todos volvieron a centrarse en la ceremonia, aunque con renovado interés. Probablemente todos estaban igual que Molly, cruzando los dedos bajo la mesa. Fleur dio media vuelta y tomó impulso.

"¡Vamos Tonks!" gritó Harry. Lo que le recordaba...

El ramo salió despedido hacia atrás, y las Siete Elegidas se abalanzaron sobre él. Todos contuvieron el aliento y entonces... Hermione se apartó un poco y Molly pudo ver a Gabrielle Delacour, diez años, sosteniendo el ramo.

Oh.

"Debo haber calculado mal." Dijo finalmente Bill.

Todos los invitados se giraron hacia él, pero Fleur espetó. "No digas tonteguías, Bill. Egues gompedog de hechizos, no te has equivocado. Pego mi hegmana es medio-veela¿guecuegdas?" añadió con desdén, para luego explicar "Cgece más gápido que los humanos. En dos años tendgá edad legal paga casagsé, y no dudes que lo apgovechagá."

Un suspiro de alivio recorrió los presentes, lo que a Molly le pareció muy mal. ¡Fleur acababa de llamar a su hermana pelandusca delante de doscientas personas! (¡Y otras tantas hadas!, se dijo, sacando una de estas últimas de su champaña.)

La señora Delacour debió pensar lo mismo, por una vez de acuerdo con ella, porque se levantó de su mesa y fue a buscar a su hija menor. Con un "Au moins elle me donne une raison d'être fière " lanzado al vuelo hacia Fleur, recogió a su madre de un rincón y se fueron como habían llegado: en translador.

De repente, la inmensa mayoría de la población masculina sacudió la cabeza, como si salieran de un trance, y adquirió un tono rosado violento en mejillas, orejas, nucas y otras partes varias del cuerpo. Esto propició que, tan pronto como Bill y Fleur se hubieron despedido de los presentes, estos se marcharan a toda prisa, ansiosos por esconder la cabeza bajo la arena (y en algunos casos, lejos, muy lejos, de sus esposas. Que suerte que Arthur no fuera como ellos).

Un cuarto de hora más tarde, tan solo quedaban en La Madriguera los Weasley, Harry, Hermione, y algún miembro de la Orden. Lanzándoles una mirada decidida al trío tra-la-la, se levantó de su puesto de guardia en la mesa y fue directa hacia ellos.

Había llegado la hora.

oOoOoOoOo

"¡ROOOONALD WEASLEY¿¡QUE ES ESO DE QUE NO VAS A VOLVER A HOGWARTS?"

Harry tragó saliva y les agradeció a Merlín, Circe, Morgana y a todos los magos de los cromos de ranas de chocolate que la señora Weasley no estuviera en la misma habitación que él. No que la situación pintara mucho mejor desde su lado de la puerta, pero al menos Remus y Tonks no parecían a punto de ponerse a gritar.

Apenas había salido de su trance, un cuarto de hora antes, cuando la señora Weasley le había tomado por una oreja y lo había encerrado en el salón de La Madriguera. Poco después, Tonks había entrado a hacerle compañía, y se había sentado, en silencio, en el sofá frente al suyo. Cinco minutos más tarde, Remus fue a ocupar el sitio a su lado.

Y desde entonces, esperaban. A qué, no lo sabía, pero si no estaban esperando algún tipo de señal, no entendía por qué estaban tan callados.

En todo caso, agradecía el silencio. Le daba la oportunidad de pensar y avergonzarse profundamente de todo lo sucedido en las últimas veinticuatro horas antes de enfrentarse a las consecuencias. Aún le costaba creer que les hubieran dicho a los Weasley que no pensaban volver...

"¿Y bien?" preguntó Remus finalmente.

No parecía enfadado, severo... ni siquiera decepcionado. Más bien, pensó Harry, parecía que quisiera darle la oportunidad de explicarse, para decidir luego si su plan era viable. Se estaba empezando a poner muy nervioso.

Su mirada se posó en Tonks, buscando apoyo, pero la chica se mantenía imperturbable, esperando su respuesta. Su pequeña neurona rebelde aprovechó su momento de confusión para recordarle que la alegre y vivaracha joven también era una Auror entrenada para interrogar a los sospechosos de asesinato. Una Auror preparada, que había tenido tiempo de planear su interrogatorio junto a Remus, antes de hacerle la encerrona. Una Auror que no sentía remordimientos en actuar cuando el enemigo estaba débil, recién salido del trance de una veela. Una Auror que le sostenía la mirada desde su discreto segundo plano, mostrándole su apoyo incondicional a Remus, cuyos ojos seguían clavados sobre él...

Oh, Dios... ¿Era así como uno se sentía cuando tenía que darles explicaciones a sus padres? De repente ya no se sentía tan solidario con Ron... ¡Ojala le hubieran tocado a él los señores Weasley!

Volvió a dirigir la mirada hacia Remus, que no parecía haberse movido en todo este tiempo, y por algún motivo, su mente le llevó de vuelta a la noche antes de su primer examen práctico de los O.W.L. Aquel día, una Hermione al borde de la crisis de histeria se había puesto enfrente suyo y le había dicho "Recuerda, Harry: te lo sabes. No te diré que no te pongas nervioso, porque eso es imposible." Dijo con una risita nerviosa "Pero cuando te encuentres frente a los examinadores, quiero que recuerdes que estás preparado, qué sea lo que sea lo que te pidan, lo hemos repasado mil veces antes juntos, y sé que puedes hacerlo." Acto seguido, le había abrazado, para luego hundirse de nuevo entre sus apuntes.

Curiosamente reconfortado, Harry reunió toda la confianza en si mismo de la que disponía, y con tono firme procedió a explicarles a Remus y Tonks por qué había decidido no volver a Hogwarts.

oOoOoOoOo

"Entiendo" dijo Remus hora y media más tarde. "Pero no lo apruebo."

El suspiro de alivio que había dejado escapar Harry al oír sus primeras palabras se tornó en un gruñido de frustración ante esto último. Intentando comportarse como un adulto, hizo un esfuerzo por serenarse y preguntó: "¿Qué es lo que no apruebas?"

"Harry..." empezó el licántropo en un tono ligeramente desesperado. "Sé que quieres tomar parte en la guerra, pero..."

"Espera." Le cortó Harry, levantando ambas palmas en el símbolo internacional del 'stop' y bajando la cabeza con los ojos cerrados para tranquilizarse. Esta discusión se le estaba empezando a hacer cansina... ¿Por qué nadie le entendía?. Volviendo a mirara a Remus, explicó, muy despacito para que quedara bien claro. "Yo no quiero participar en la guerra. No tengo más remedio. Si le preguntas a Voldemort, te dirá que sabes tanto como él de la Profecía. Vale, es cierto: no os lo he dicho todo. Pero aún así, sabéis lo suficiente como para entender por qué Voldemort va tras mi cabeza. Me ha costado lo suyo, pero finalmente he aceptado que soy el Elegido, con todo lo que esto comporta. Y te agradecería que no intentaras frenarme cuando decido actuar en función de ello."

Harry creía haber sido muy solemne en sus palabras, pero, a juzgar por el brillo en los ojos de Tonks y la manera en que se movían las comisuras de sus labios, tenía que suponer que al menos ella se lo había tomado a chiste. Remus, por su parte, le fruncía el ceño, visiblemente molesto.

"¿Has acabado?" le espetó.

"Si." Contestó Harry, desafiante.

"Bien, pues antes que nada, quiero que te quede claro que si yo he escuchado tus motivos durante..." miró al reloj "una hora y media, espero de ti el mismo respeto cuando yo tomo la palabra. ¿Está claro?"

"Si, profesor Lupin" contestó Harry, mortificado.

Tonks se echó a reír abiertamente, y un centelleo divertido cruzó los ojos de Remus, que prosiguió, en un tono más tranquilo. "Bien, pues, como te estaba diciendo, entiendo que tu deber, desgraciadamente sea el de tomar parte activa en la guerra, pero creo que, al menos de momento, deberías dejarlo en manos de la Orden."

"Pero..." empezó a protestar Harry.

"¡Harry!" le llamó al orden Tonks, haciéndole enrojecer. Si no conseguía controlar su vena protestona, nunca le iban a tomar en serio...

"Gracias, Nymphadora." Prosiguió Remus "Ahora, quiero que entiendas que comprendo perfectamente tu desconfianza hacia la organización. Es cierto: el ataque a tu casa podría significar que hay un traidor en nuestras filas. No te creas que no lo hemos pensado. Pero, creo que deberías saber" añadió, mirando de reojo a Tonks, que se removió incomoda en su silla. Tomó aire, como para ordenar sus pensamientos, y prosiguió "La muerte de Dumbledore ha sido un duro golpe para la Orden del Fénix. Nos hemos quedado sin líder, sin guía, y, desgraciadamente, sin nexo de unión. Desde junio, se han formado dos bandos en nuestras filas. Algunos, como Moody, Kingsley o Nymphadora, consideran que nuestro nuevo líder debería ser Minerva McGonagall, ya que era la persona más cercana a Dumbledore. Otros no están de acuerdo con esto. Hestia Jones es su líder."

Tonks soltó un bufido y explicó: "Lo que Remus no se atreve a decirte, Harry, es que Jones está llevando a cabo una gran campaña para desprestigiar a Minerva, basándose en que, como no estaban casados, es que según ellos solo pegaban un polvo de vez en cuando." Harry se puso de un bonito color verde pistacho, pero Tonks prosiguió sin inmutarse, muy indignada toda ella "Yo no estoy de acuerdo. Puede que Minerva no sea intrigante y misteriosa como lo era Dumbledore, pero esto no quiere decir que no sepa más de lo que aparenta. Creo que si alguien entendía los planes de Dumbledore, era ella."

Lupin suspiró largamente, y contestó "Pero raramente estaba de acuerdo."

Viéndoles discutir el tema, Harry se dio cuenta de que para ellos, este había sido el pan nuestro de cada día durante los últimos dos meses. Y no necesitaba otra pelea delante suyo: para eso ya tenía a Ron y Hermione.

"¿Qué opinas tú?" le preguntó a Remus.

"Es neutro." Contestó inmediatamente Tonks, como si eso la ofendiera muchísimo.

Remus volvió a suspirar, pero contestó: "Yo no estoy con ninguna de ellas. Estoy de acuerdo con Hestia en que deberíamos tomar una parte más activa en la guerra, pero también creo que Minerva podría decirnos bastante sobre lo que Albus planeaba. Por otra parte, no creo que ninguna de ellas tenga la capacidad de liderazgo que la Orden necesita. Así que me mantengo neutro. Y no soy el único." Añadió, viendo que Tonks iba a abrir la boca.

"Si, ya se." Dijo está, frustrada, y en la cantinela típica del que ha oído mil veces la misma cosa, recitó: "Si al menos Emmeline siguiera con vida sabríamos a quien seguir"

Harry observó este último intercambio, perplejo, pero divertido. Recostándose más cómodamente en su sofá, les dejó distraídos en ese extraño y complicado baile que son los piques de pareja e intento reflexionar sobre lo que le acababan de decir.

El plan de Voldemort empezaba a aclararse en su mente. Los asesinatos del verano anterior cobraban una nueva importancia, vistos desde la perspectiva de la lucha por el poder: Amelia Bones, desde su cargo, era a la vez la directora de la Cámara del Wizengamot y aquella ante la que respondía la Oficina de Aurores. Su muerte había decapitado el sistema judicial del mundo mágico, y el caos en el Ministerio consecuente solo podía ser bueno para Voldemort. La muerte del número dos de la Orden del Fénix, por otra parte, no había estado lo suficientemente espaciada de la de Dumbledore como para que alguien se asentara en su puesto por el camino. En cuatro movimientos, Voldemort había barrido al rey y a la reina del tablero, dejando a los peones desconcertados y a la torre y el caballo luchando por el poder.

De pronto se dio cuenta de que Remus y Tonks habían dejado de discutir, y le estaban observando con curiosidad. Despejando la mente, decidió volver al tema que les ocupaba y le dijo a Remus con una sonrisa triunfal: "¿Así que debería dejarlo todo en manos de la Orden?"

Remus fijó la mirada en sus ojos, y Harry supo claramente que era lo que pretendía hacer. Recordando lo poco que había aprendido de Oclumancia, puso la mente en blanco y esperó.

Remus se recostó en su sofá y desvió la mirada. Tamborileando con los dedos en el apoyabrazos, comentó casualmente "A menos que logres convencer a tu tía para que te acompañe, claro."

Y aquí estaba el quid de la cuestión. Harry sintió como el alma se le caía a los pies, sabiendo lo que vendría, pero igualmente escuchó con atención lo que Remus tenía que decirle.

Este volvió a erguirse en su sofá, y puso su cara más seria y preocupada antes de sentenciar: "Harry, no puedes tomarte el ataque a Privet Drive a la ligera. El único motivo por el que ahora estás hablando con nosotros es porque Petunia dejó en fuera de juego a Greyback. Hermione habría muerto si ella no hubiera derribado a Yaxley. Y, si no estás preparado para plantarles cara a los Death Eaters¿Cómo vas a estarlo para Voldemort?"

Se estaba sintiendo muy, muy pequeño. Tenían razón, y lo sabía. Pero¿Qué otra cosa podía hacer?

"Mi consejo es que, de momento, dejes a la Orden al cargo." Contestó Remus a su pregunta tácita.

Harry levantó la vista como diciendo 'He dicho¿Qué otra cosa puedo hacer?'

Remus le sonrió el sarcasmo, pero continuó: "Mientras, entrena, prepárate. Aprende a luchar en un campo de batalla, porque lo necesitaras. No te pido que renuncies a lo que estás haciendo: sea lo que sea lo que estáis investigando tú, Ron y Hermione, estoy seguro de que también podéis hacerlo en Hogwarts. Todos los héroes necesitan un largo aprendizaje antes de enfrentarse a su némesis. No creas que tu vas a ser diferente porque eres Harry Potter."

Harry bajó la cabeza, derrotado, y subió las piernas sobre el sofá para poder hacerse un ovillo. Remus tenía razón. Su plan era entrenar e investigar, y no había mejor lugar para eso que Hogwarts. Si tenía que desplazarse, salir de la escuela no sería un problema: tenía el Mapa del Merodeador, la capa de invisibilidad y a Hermione para pensar en un plan alternativo.

"¿Qué estáis investigando?" preguntó de pronto Tonks, girando inmediatamente la cabeza hacia Remus para comprobar si había metido la pata.

Harry se lo pensó un momento. ¿Debería hablarles de los Horcruxes? Quería decírselo, pero al mismo tiempo, después de lo que acababan de hablar, no estaba seguro de que Remus no considerara que era una tarea para la Orden. Y de la Orden no se fiaba.

Tonks, por su parte, parecía fieramente leal a la profesora McGonagall, lo que no era mucho mejor. La mitad de los miembros se enterarían, y los demás empezarían a espiar... Que mal estaba la Orden¿no?

Sin embargo, un poco de ayuda sería bienvenida. Ron y él no estaban avanzando en absoluto en su búsqueda del misterioso R.A.B., y probablemente Remus pudiera decirles algunos nombres que no salían en los libros. O aún mejor, si pudieran reclutar a Moody... el paranoico ex-auror sin duda podría darles una lista larga y detallada. Pero¿Cómo enfocarlo?

"Fue idea de Hermione" dijo finalmente "Ya sabéis, 'conoce a tus enemigos', y todas esas cosas."

Tonks le arqueó una ceja curiosa, y Remus frunció el ceño.

"Después de lo que sucedió con Snape" continuó Harry, improvisando sobre la marcha, pero hablando muy convencido de si mismo "o Malfoy, o Barty Crouch, pensamos que lo mejor sería saber directamente de quien no nos podemos fiar. Así que estamos haciendo una lista de todos los Death Eaters: en activo, arrepentidos, muertos y desaparecidos. Quienes son, o eran, que excusa dieron, circunstancias de la muerte o desaparición, testigos... En fin: alerta permanente."

Ahí. Eso había quedado bastante bien. Satisfecho de si mismo, puso las manos bajo las piernas para dejar de moverlas, y esperó.

Tonks soltó una risita incrédula, pero Remus parecía estar tomándoselo en serio. Tras unos instantes de reflexión, comentó: "Bien... Yo te podría dar algunos nombres, pero ya que pones a Moody en la parte delantera de mis pensamientos tan sensiblemente, supongo que me estás pidiendo su ayuda¿No?"

La risita de Tonks viró a carcajada estrepitosa, y Harry le sonrió a Remus medio-disculpándose, medio-incómodo. Definitivamente, tendría que trabajar su sutileza.

"Bueno..." dijo, un poco sonrojado "...pensé que Moody nos daría el tipo de información que pide Hermione... más... errr... exhaustiva."

Tonks, que por algo había pasado sus primeros años en el cuerpo de Aurores bajo sus ordenes, se cayó al suelo de la risa.

oOoOoOoOo

Tres puertas se abrieron al mismo tiempo.

Por una, Harry salía del salón, un poco sonrojado, acompañado por unos divertidos Tonks y Remus.

Por otra, llegaba Ron desde la cocina, la cabeza gacha en postura sumisa, caminando como si temiera recibir una colleja en cualquier momento, precediendo a una señora Weasley con cara de colérica satisfacción y al señor Weasley, que en estos momentos se limpiaba el sudor de la frente con un pañuelo.

Por la tercera, Hermione, visiblemente alterada, no se atrevía a mirar a los ojos ni a sus amigos, ni a la profesora McGonagall, que la empujaba para que entrara en la habitación.

Les habían derrotado.

Volvían a Hogwarts.


Bueno... por una vez, no estoy nerviosa al postear :P A mi me gusta bastante el capitulo, ya me diréis vosotros que os parece... En fin: darle clic al botón 'review' es fácil, y los comentarios se agradecen muchísimo y ayudan a la hora de ponerse a escribir, sobre todo cuando piensas que cada capítulo tiene 10000 palabras y aún te quedan 10 meses, 4 horcruxes y 1 enfrentamiento final por narrar. So... unas palabritas de ánimo para ayudarme a sobrellevar la montaña que se me viene encima?

REVIEWS PLEASE!

(ver mi LJ – 'homepage' en la página de autor – para los comentarios sobre el capitulo 3, información sobre las veela y la traducción de las escenas en francés.)