Wow, nuevamente gracias por sus reviews chicas, es muy bueno saber que siguen esta historia, y aunque hasta ahora no he tenido dificultades con los capítulos, este es el que más rápido me salió :)


Capítulo 4

El viaje seguía su curso y aprovechaban cada detención para enseñarle a Adamanta a luchar, y normalmente todos se ofrecían de voluntarios para ello, mientras que Thorin, guardando las distancias, la corregía cada vez que se equivocaba de postura, y así fue por semanas y semanas, hasta que un día, sin que nadie se lo esperara, Thorin, espada en mano, anunció:

-Hoy yo mismo la entrenaré, señorita Bolsón.

Todos lo miraron sorprendidos y Gandalf expectante, y Dwalin le preguntó:

-¿No crees que esa espada es muy pesada?

-Hace tiempo que debió empezar a entrenar con esta espada—respondió Thorin—Si aprende a usar esta, después le será fácil usar las otras.

Adamanta asintió en silencio y un tanto nerviosa, pues supuso que esa era la forma que tenía él de manifestarle que en algo le importaba, así que recibió la espada de parte de Thorin, la cual era, efectivamente, muy pesada para ella e intentó mantenerse en pie, y sin previo aviso, Thorin le dio una estocada que la hizo soltar su espada.

-¡Más atenta! ¡Nunca permitas que el enemigo te pille desprevenida!—exigió Thorin.

Más nerviosa que antes, aunque intentando disimularlo, Adamanta tomó su espada e intentó responder a todos los ataques de Thorin con todo lo que le estaba costando sostener semejante arma; para él era pan comido, y cada movimiento de ella se veía torpe al lado de los suyos.

-¿Es en serio? ¿Esa es tu forma de pelear?—preguntó Thorin sonando decepcionado-¡Vamos, ataca ahora!

Adamanta estaba realmente perpleja al respecto, pues Thorin, más que manifestar preocupación por su entrenamiento, se estaba burlando de ella y con cada cosa que le decía la dejaba mal parada delante de todos, pero no estaba dispuesta a dejarse aplastar por ese enano arrogante y siguió luchando pese al cansancio; se puso en posición de defensa y corrió hacia Thorin, quien solo tuvo que girar tranquilamente sobre sí mismo para no recibir su ataque, y con un movimiento imprevisto, derribó fácilmente a Adamanta, quien cayó soltando su espada, la cual cayó a los pies de los otros enanos que contemplaban la escena con impotencia.

-Eres una presa demasiado fácil para cualquiera—dijo Thorin—Si ahora mismo hubiese venido una horda de orcos, habrías muerto en menos de un minuto. Qué decepción. Mejor te hubieras quedado en tu casa en vez de hacerme perder tiempo.

Las palabras de Thorin hicieron que Adamanta quisiera llorar, pues aunque sabía que aún le faltaba mucho para poder enfrentar a algún enemigo, eso no significaba que Thorin se sintiera con el derecho de basurearla por no responder de inmediato a sus expectativas, así que aguantándose las lágrimas, respondió:

-¡Hey, sé que no soy una guerrera de nacimiento, pero tampoco me exijas tanto de inmediato. Puedo mejorar y probar que al final puedo llegar a ser tan buena como cualquiera!

-¿Ah sí?—desafió Thorin—¡Entonces no te comportes como una remilgada y demuéstralo!

En ese preciso instante, la tristeza dio paso al enojo en Adamanta, que sin detenerse a pensar en nada, solo dejó salir:

-¡Me tienes harta con tu actitud apestante. No sé cómo acostumbres a tratar a las mujeres en el sitio de donde vienes, pero yo no permitiré que te des el gusto de aplastarme solo porque soy mujer, o peor aún, una hobbit que nada sabía de aventuras. Como te dije, no soy una guerrera de nacimiento, pero tampoco soy una niña hecha de porcelana que no se atreva a luchar. ¿Querías que te demostrara que no soy una remilgada? ¡Pues aquí lo tienes!

Dicho esto, Adamanta botó la espada con fuerza y se apartó furiosa del grupo, dejando a todos los presentes boquiabiertos, especialmente a Thorin, que obviamente no esperaba que la hobbit le hablara de esa forma, y sin que Adamanta se diera cuenta, sus palabras constituyeron un desafío hacia las creencias que los enanos tenían hasta ese momento acerca de los hobbits.


-¿Qué creíste que estabas haciendo?—preguntó Gandalf enojado a Thorin.

-Solo quería hacerle ver que las cosas no siempre son tan fáciles como parece, quería prepararla para lo que se viene, pues si se enfrenta a un orco de verdad, no se apiadará de ella en absoluto—respondió Thorin a modo de defensa.

-¿Y acaso tú sí te apiadaste?—preguntó Gandalf—¡Si tu verdadero propósito era quedar como un perfecto estúpido, te felicito, pues lo lograste sin esfuerzo!

Dicho esto, el mago dejó solo a Thorin, que al ver a lo lejos a varios de los enanos rodeando a Adamanta, a la que veía sentada en la tierra y de espaldas, no pudo evitar sentirse mal.

Él sabía que tanto ella como Gandalf estaban en lo cierto al regañarlo, pues en la práctica su comportamiento fue cualquier cosa, menos instructivo, y seguía sin entender por qué cada vez que tenía que hablar con ella, lo tenía que estropear todo con su actitud.


Adamanta sentía sus mejillas hirviendo de rabia, y tan pronto como se apartó, dejó fluir las lágrimas de pena e impotencia.

-Estúpido enano, ¿Quién se cree que es?—se dijo enojada y sin dejar de llorar.

Aunque se apartó lo suficiente como para que Thorin no la viera, no pudo evitar que los otros enanos no la vieran, por lo que se acercaron para consolarla.

-Tranquila Addy, tarde o temprano ese cabeza dura tendrá que admitir que se equivocó al tratarte de esa manera—le dijo Balin.

-Debo admitir que esa respuesta que le diste me sorprendió. La última vez que una mujer lo puso en su lugar de esa manera fue mamá—dijo Fili sentado a un lado suyo—¿Verdad, Kili?

-Es verdad. Ella nunca ha tenido problemas en hacerle ver cuando se equivoca—confirmó Kili.

-No le hagas caso—aportó Nori—¿Les parece si entre todos la animamos?

Y a costa de anécdotas y algunas cosas que Bifur hizo mediante señas que Bofur, sentado al otro lado, le iba traduciendo, lograron subirle el ánimo a Adamanta, que efectivamente empezó a sentirse mejor, y al retomar el camino, actuó como si Thorin no existiera… En realidad, la gran mayoría actuó como si no estuviera, siendo Balin el único que le hablaba.

-Reconocer tus errores y disculparte por ello no te hará débil, ¿Sabías?—le dijo a Thorin a modo de consejo.

Thorin no contestó, pero se la pasó toda la noche pensando en lo sucedido, dolido por la actitud de Adamanta, aunque en el fondo sabía que se lo ganó, y la angustia no le dejó pasar una buena noche.