Capítulo III
A Rufus no le agradaba mucho que Dumbledore, estuviera presente en esa reunión, después de todo se suponía que ese era un asunto secreto. Sin embargo el anciano mago, hizo valer su posición como miembro del Wizengamot.
Dumbledore llevó con él a alguien de su total confianza para que esta vez no hubiera secretos colocados en un solo individuo. Remus Lupin y Severus Snape, fueron los escogidos, uno por ser el más abierto a opiniones y Severus por ser tan cercano a Albus y a al otro mago presente… Lucius Malfoy; siendo el que consiguió lo necesario. El patriarca Malfoy también estaba en el lugar.
Los dos miembros de la Orden del Fénix y el Mortifago; se miraron, más no hubo gesto alguno de molestia o algo más, la situación ni el lugar, lo permitieron.
Por lo tanto, no hubo más que opinar y los Inefables –quienes habían llamado a esa reunión–, se dispusieron a explicar.
Sin más preámbulos, los magos investigadores comenzaron:
–Lo hemos conseguido.
El gesto de incertidumbre se plasmó en los rostros de los presentes. Por lo que los Inefables continuaron:
–Esos seres son monstruos creados…
Lucius cerró los ojos, al saber perfectamente quién era ese creador.
–Eso no es un secreto. –masculló Rufus.
Los magos científicos, no se molestaron por el comentario y prosiguieron.
–Claro, claro, pero lo que no se sabía es ¿como lo hizo?...
–Eso es lo que hemos conseguido descifrar.
–… Con el material que nos facilitaron, –Las miradas se dirigieron un momento a Lucius, antes de que los inefables prosiguieran– hemos descubierto la base de su genética.
Un silencio solemne se extendió por el lugar…
–Señores, estamos ante un híbrido de Dragón y hombre.
Los murmullos de desacuerdo, no se hicieron esperar y uno de los ponientes hizo un gesto para que hubiese calma y manifestó:
–Los dragones son afectados por la magia, ciertamente; más no hablamos de un dragón común…
–Hablamos de uno de los Arcanos…
–Pero, según la leyenda ellos son eso, sólo leyendas. –opinó Remus.
Albus notando el desconcierto, ofreció un pequeño resumen de lo que decía la leyenda de esos Dragones llamados los Arcanos.
–Dragones con forma humanoide tan grandes como los comunes, pero con un apetito voraz e inteligencia para obtener lo que desean.
A ese fraseó se unió lo siguiente que dijo el inefable:
–Nuestro departamento investiga hasta las leyendas… y gracias a eso, tenemos una opción.
Los presentes esperaron…
–No tengo que recordarles que esto no puede salir de aquí. Colocamos un hechizo. Sino se toma esta única opción. Nadie de los presentes podrá recordarla.
Un temblor imperceptible se extendió por los cuerpos de los ahí reunidos. Pues temían por la clase de solución a la que habían llegado los Inefables. No en vano se conocía de sobra que el departamento de esos magos se dedicaba a desvelar los misterios, al costo que fuera. Por todo eso, la conclusión que expusieron no les sería tan excesiva… ¿o si?
–Con lo que ya tenemos podemos… Crear nuestros propios soldados.
–¡¿Que?!
–¡¿Cómo harían eso?!
–Los magos y brujas, no los distinguimos, son como si todo el tiempo usaran un glamour o una poción multijugos... –mencionaba Lucius.
–A excepción que, el hechizo no se termina con un Finite Icantatem… –decía Remus.
–Y la poción debe estarse tomando, porque no es eterna. –terminó Severus.
Esas e iguales cuestiones se plantearon. Si bien la solución debía ser pronta, los inefables expusieron los problemas.
–Ni los magos, ni brujas podemos contra ellos, ni siquiera los reconocemos; eso es innegable. En este preciso momento pueden estar atacando y salir sin que los identifiquen... –continuó Rufus.
–Por lo que tener a alguien de nuestro lado que sea capaz de rastrearlos y cazarlos, sería lo ideal. –continuó uno de los investigadores
–¿Como se haría eso posible? –cuestionó Lucius.
–Crear nuestros propios soldados… como híbridos. Esa es la medida que podemos tomar.
–¡Mas asesinos devoradores! –casi rugió Lucius
–¡Por supuesto que no!..., estos serían de los nuestros y modificados de modo que no sientan esa hambre voraz o que ataquen a gente inocente.
Aun con todo lo escuchado, las dudas se notaban en el rostro de los magos presentes y por eso los inefables concluyeron:
–La decisión es de ustedes y el Wizengamot.
Dumbledore intervino antes de que los Inefables se retirarán.
–En caso… de hacerlo, los sujetos de prueba ¿de dónde saldrían o quiénes son? si es que ya los tienen…
–¡¿Albus?! –exclamó Rufus.
El anciano mago, negó resignado, agregando:
–Hay que ver todos los lados… por muy oscuros que nos parezcan.
–Los sujetos de prueba… seremos algunos de nosotros. –dijo tajante el investigador pelinegro.
El sentido de supervivencia era un mal necesario; por lo que aún con miradas incómodas, el plan se aceptó entre los presentes, que discutirían con el Ministro, a pesar de que Rufus prácticamente ya lo era, en su triunfo en las últimas elecciones.
Al ser aceptado el plan descabellado, los magos investigadores retomaron los puntos:
–Es un plan arriesgado, púes lo ideal sería que los sujetos se desarrollarán junto con la genética que colocaremos en su anatomía.
–Sería para que los cuerpos se adapten mejor y la fuerza de combate sea mayor...
Rufus y sus aurores no comentaron nada, sin embargo los de La Orden al comprender lo dicho, negaron.
–Ya es suficiente con los niños que se sacrificarán en la guerra, por errores de las pasadas generaciones, como para que aparte los usemos en esta estrategia. –opinó Remus, pensando en Harry.
–Concuerdo. –terminó Lucius.
Las condiciones se habían colocado sobre la mesa, junto con las drásticas soluciones, más a situaciones extremas, medidas extremas.
La reunión terminó y cada grupo se retiró por el momento, pues esa misma noche se llamaría a una reunión altamente exclusiva con personas que darían el último consentimiento, más era mera formalidad, púes no había otra salida.
Con el plan en marcha en el departamento de Misterios. Los inefables se reunieron y el jefe miró a sus dos colaboradores, esos que habían llevado a cabo toda la investigación.
–¿Están seguros?
–Lo estamos, si alguien lo va intentar...
–Aparte de usted, nosotros somos los que sabemos más de todo el proyecto.
–Bien, pues vayan a casa…
–Mañana a primera hora estaremos aquí.
El mago mayor vio salir a los jóvenes inefables y suspiró rendido.
–Lo dejamos todo en sus manos… Isley y Rigardo.
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Durante ese tiempo de acercamiento entre los jóvenes estudiantes. Harry conoció el sentido del humor algo negro, con sarcasmos al dia, de Draco y este a su vez supo que el héroe solo era un chico normal apabullado por tanta atención que recibió al llegar al mundo mágico…
–Aun no comprendo, porque ellos te lo ocultaron, ¿no hubiese sido su vida más fácil? si bien como magos menores de edad, no podemos hacer magia… eso solo es un decir, si en tu casa colocan un buen hechizo para que el Ministerio no note si lo hacemos.
–Bueno… a ellos les parecemos malos.
–¿Malos?
–Es como… tú y tu padre...
–¡Ni somos malos!... no tanto –se defendió el rubio.
–No, no. Me refiero a que ustedes consideren a los muggles malos ¿no?
–Pero lo son, Potter, ellos nos cazaron.
–Hace muchos años.
–¿Y si ahorita supieran de nosotros… ¿no lo harían?
Harry suspiró y se rascó la nuca.
–No meto las mano al fuego por ellos, mas no creo que si nosotros los matamos, eso se resuelva.
–… ¡¿Por qué querrías quemarte?!
–Es un decir.
–Ya… –Draco pensó un poco y luego comenzó a decir– Al principio mi padre lo creyó, mas con todo lo que ha sucedido, él cambió de opinión. No me lo ha dicho directamente, pero lo he notado.
–Hermione dice que todos los magos, brujas y… muggles tenemos prejuicios.
–Como tú al no tomar mi mano hace años.
Harry sonrió, negando con la cabeza.
–Sí, pero tú también los tenías, creyendo que me gusta llamar la atención y la fama.
–Eh…. Bueno sí.
El rubio no lo aclaró sin embargo, era muy cierto que posiblemente ambos habían prejuzgado al otro.
Por supuesto que la relación entre ellos dos se estrechaba, mas Draco conocía bien a los otros Leones y entre ellos cierto pelirrojo que aún lo veían con cierto recelo; sin embargo no creyó pertinente hacérselo ver a Harry, puesto que de su lado, un Nott y una Pansy también recelaban de esa unión. No era algo que no hubiesen pensado, mas no detendrían todo, solo porque algunos deseaban seguir esa tradición de rivalidad.
Los dos jóvenes magos casi llegaban a su clase, cuando Harry mencionó:
–¿Escuchaste lo de las dos familias... devoradas?
–Por desgracia, pero… –Draco sopeso el compartir con Harry lo que sabía y creyó que era una opción viable–, pero padre dice que no fueron dos.
–¡¿Cómo?!
El de ojos verdes se asombró. El rubio asintió:
–La otra no fue conocida por el Ministerio, pues eran… de los otros.
Harry negó molestó.
–Eso es injusto, eran víctimas como cualquiera.
–Oh no, no fue por decisión del Ministerio.
–¿Entonces…?
Draco miró significativamente a Harry y este gruñó furioso.
–¡¿Cómo puede ocultar la muerte de sus…?!
–Dilo, de sus lacayos.
–No quise…
–No te disculpes, yo también pienso que solo somos peones… bueno yo no… ¡Ni lo seré!
Harry se paró y vio admirado al rubio:
–¡¿De verdad?!
–¡Por supuesto!
Harry sonrió y siguió caminando, pero a pesar de que sentía que todo iba caminado para bien y como parte del plan, el que el rubio no quisiera ni pensar en ser Mortifago, lo llenaba de sincera alegría.
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Después de la reunión con los altos mandos. Severus y Lucius se retiraron juntos, pues tanto ellos como Dumbledore; deseaban conversar a solas con sus cercanos.
En Grimmauld Place, Albus llamó a los miembros más antiguos de la Orden. A grandes rasgos y pocas especificaciones; los puso al tanto de la solución a los devoradores.
–… De ese modo tendríamos a cazadores de eso seres. Los Inefables los han llamado Yōmas.
–¿Yōmas? –preguntó Minerva.
–Es para identificarlos de algún modo. Criaturas que se alimentan de humanos y no les importa si son magos o muggles. Usan sus cuerpos como contenedores y los desechan cuando ya no les sirven.
Molly se cubrió la boca para que su grito de horror, no se escuchara.
–¡Es terrible! –exclamó Arthur.
–Y todo eso se descubrió gracias a lo que ese Malfoy consiguió –dijo sin pizca de agradecimiento Moddy.
–Lo veamos como lo veamos, todos estamos en peligro. Ante este nuevo enemigo, no hay bandos, mi estimado Alestor.
Mencionó serio Albus. Lo que todos los presentes de la Orden no dijeron, fue que rogaban porque la solución fuera eficaz, para no llegar al extremo de tener que usar magos... más jóvenes.
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En Malfoy Manior, lo que sucedió fue más una conversación entre amigos con un fin común, salvar al más joven. Draco debía desaparecer, por varios motivos; no importaba si alguno de ellos se terminaba, quedaría otro para poner el peligro a este.
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Era poco el tiempo que quedaba antes de salir de vacaciones de verano. Y en el colegio Hogwarts hubo muchas novedades.
La nueva alianza creó estragos entre el alumnado, al notar que eso no era una moda pasajera; muchos estaban en contra y si bien, no lo dieron a conocer abiertamente; se les notaba en la forma que se retiraban de los nuevos grupo integrados.
La nueva dupla se presentó ante los amigos de ambos.
Hermione y Ron pusieron todo de su parte para que esa parte del plan no fuese por mal camino.
Blaise los felicitó por ser los primeros –y como líderes– dar el primer gran paso y le pidió a Harry que vigilara a Draco ya que el ya no estaría ahí siempre para hacerlo.
–¡No soy indefenso, Blaise!
Zabini solo asintió sin darle mucha importancia a la rabieta de su amigo.
Hermione optó por intervenir y con eso pavimentar un camino de cooperación.
–Yo creo que todos debemos estar al pendiente, la tregua no ha sido recibida bien por todos.
–Lo que no es raro. –dijo Ron y agregó–, pero no es algo que puedan decidir otros por nosotros.
Draco y Blaise no pudieron evitar asombrarse de la forma de hablar del que creían un intransigente.
El pequeño grupo estuvo de acuerdo y por ese instante se separaron para ir a si siguiente clase.
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Los duendes Bogrod y Ragnok; entraron al silencioso pasillo; las dos figuras encapuchadas los hicieron pasar por una puerta de roble y ahí, estos se bajaron la capucha…
Un joven de cabello claro y el pelinegro esperaron a los duendes; estos se sintieron –sin quererlo– temerosos, pues los ojos fríos de color plata los miraron sin parpadear.
–Aquí… aquí están… –Las hermosa y poderosas… espadas fueron descubiertas…– hechas a medida y tan resistentes como las antiguas… estas son las Claymore. Hechas por las mismas manos de Ragnuk II.*
Los dos primeros guerreros –creados para cazar a los Yōmas–, tomaron los filos y las admiraron moviéndolas como parte de su cuerpo.
–La magia no los lastimara, pero con ellas… los destruiremos.
Aseguró Rigardo e Isley movió su espada y sin miramientos se giró veloz y le cortó la cabeza a uno de los duendes, ante los ojos horrorizados de su compañero…, más cuando el cuerpo del duende se fue convirtiendo en el de un extraño monstruo, la voz serena de Isley se escuchó…
–No creí que atacaran también a criaturas mágicas…
Bogrod el duendo vivo, miró a los dos magos… –que de eso ya tenían poco– y murmuró:
–¿Él… él… asesino a Ragnok?
Los dos magos asintieron y luego se giraron…
–Dile a Ragnuk II que se le pagara…, sin embargo nos verá por su casa, debemos revisar…
–Sí, si… claro…
Balbuceó Bogrod y salió veloz de ese lugar, pues debía avisar a su rey lo que había sucedido.
…
*Ragnuk I fue el que creó la espada de Gryffindor, se cree que debe haber un Ragnuk II, aunque los duendes no eligen a su rey por herencia sino por su habilidad al crear. Pero aquí lo vamos a poner que es el creador de las Claymore.
¡Muchísimas gracias Gabycha!
