Disclaimer: Naruto, sus personajes, escenarios, bla, bla, bla, no son creación mía. Son producto de la imaginación y el trazo de Masashi Kishimoto.
Sed bienvenidos a un nuevo capítulo.
PASAD Y LEED
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CAPÍTULO IV
La mente de Sakura divagaba por todos lados. Los últimos acontecimientos habían logrado desestabilizarla. No tenía ni idea de qué estaba haciendo. Ni siquiera le había preguntado a Itachi sobre el Akatsuki... y era ese su principal objetivo. Mañana sin falta lo haría. Aunque a aquellas alturas, tenía la certeza de que Itachi no iba a hacerle daño. Ni a ella ni a los suyos. Era una especie de corazonada, y pocas veces su intuición le fallaba.
Para cuando llegó al despacho de Tsunade, sus compañeros ya se encontraban allí. Naruto y Sai le dedicaron una sonrisa nada más entrar. Sasuke ni siquiera la miró.
-Llegas tarde, Sakura –le recordó la Hokage.
-Lo siento, se me ha echado el tiempo encima.
Tsunade no dijo nada, pero estaba claro que aquella respuesta no la había convencido. La Hokage prosiguió.
-Como iba diciendo, no tengo misión para vosotros.
La noticia sorprendió a Sakura. Era extraño, pues siempre solía haber algo que hacer por Konoha. Al ver su cara, Tsunade se anticipó a sus pensamientos.
-No os relajéis, es lo peor que podéis hacer. No me gusta un pelo esta falta de actividad...
Los cuatro chicos asintieron con la cabeza. La Hokage les hizo una señal conforme podían retirarse y obedecieron.
-Qué raro, ¿no?. Demasiada tranquilidad para mi gusto. –comentó Sai una vez hubo cerrado la puerta tras de sí.
-Lo cierto es que llevamos unas semanas muy pacíficas –corroboró Naruto colocándose las manos tras la cabeza-. Casi no hemos tenido trabajo. Y hoy ya no hemos tenido, sin ir más lejos.
La pelirrosa deseó que ese hecho no tuviese nada que ver con el Itachi herido que se escondía en los bosques de Konoha. No creía que se tratara de una trampa, pero aun así...
Sasuke chasqueó la lengua y comenzó a andar sin dirigir la palabra a sus compañeros.
-Qué borde –dijo Sai una vez el Uchiha se hubo alejado lo suficiente de ellos-. ¿Siempre ha sido así?
Sakura y Naruto intercambiaron una mirada cómplice y sonrieron. A decir verdad Sasuke siempre había sido el más independiente y apartado del grupo. Sus pensamientos parecían estar muy alejados de sus compañeros. En ese aspecto, no había cambiado nada.
-Bueno, parece que tenemos el día libre. ¿Qué hacemos? ¿Vamos a entrenar? –sugirió Naruto con desgana.
Ambos chicos asintieron y juntos se dirigieron a los campos de entrenamiento. Pero cuando llegaron ahí, se sorprendieron al comprobar que no eran los únicos que tenían el día libre. Allí se encontraban el equipo de Ino, a Kiba, Neji y Hinata.
-Joder, cuánta peña –murmuró Kiba al ver que el rubio y compañía se acercaban-. ¿Tampoco os han dado misión a vosotros?
Sai negó con la cabeza.
-Parece que está todo muy tranquilo.
-Pff. No sé si alegrarme o no.
Sakura echó un vistazo a su alrededor. Shikamaru estaba tumbado a la sombra de un árbol y miraba las nubes, mientras Chouji devoraba una bolsa de patatas tras otra. Hinata y Neji estaban practicando juntos. Le sorprendió gratamente el ver los avances que la Hyuga había hecho en poco tiempo. Se percató del hecho de que Naruto también observaba a la peliazul de reojo y sonrió para sí. El rubio era tan transparente como el agua. Alguien aprovechó su ensimismamiento para darle un capón por detrás. No le hizo falta darse la vuelta para saber de quién se trataba.
-Hola cerdita –murmuró Sakura frotándose la cabeza. Sin darle tiempo a reaccionar, le devolvió el capón con la otra mano.
-¡Eh! ¡Que yo no te lo he dado tan fuerte! –protestó la Yamagaka tocándose la zona dolorida.
Ambas chicas se acercaron a un árbol y se tumbaron bajo él. Ninguna de las dos tenía ganas de entrenar, todo sea dicho.
-¿Qué tal con Sasuke? –le preguntó Ino.
-Como siempre. Me ignora. Con la diferencia de que ahora también le ignoro yo.
Ino soltó una carcajada, aunque no sabía muy bien de qué se reía.
-Entonces no ha cambiado mucho, que digamos.
Sakura negó con la cabeza y esbozó una pequeña sonrisa.
-No. La verdad es que no. Por momentos tengo la sensación de haber retrocedido en el tiempo y de que Sasuke nunca se marchó. Aunque sé de sobras que nada volverá a ser como era antes.
Ino posó una mano sobre la cabeza de su amiga. La rubia era una de las pocas que conocía el gran número de lágrimas que la pelirrosa había derramado por el Uchiha. No quería volver a ver sufrir a su amiga de aquella forma nunca más, pero ahora que Sasuke había vuelto, quizás fuese inevitable.
-¡Eh, vosotras! ¡Venís a entrenar o pensáis dejar vuestros culos ahí toda la tarde! –les gritó Kiba.
Las dos kunoichis se levantaron con resignación. Quizás desfogarse un poco le vendría bien a Sakura.
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No fue hasta bien entrada la noche que abandonaron el campo de entrenamiento. Lo que en un principio iba a ser una tarde tranquila se había convertido en un desgaste de energía total. Habían estado practicando el combate cuerpo a cuerpo y lo cierto es que estaba reventada. Le había tocado pelear contra Ino (la cual había mejorado mucho desde su último encuentro) y contra Neji (la había derrotado, pero no con la insultante facilidad que había pensado en un principio).
Así que cuando llegó a casa lo primero que hizo fue meterse en la ducha. El agua resbalándole lentamente por el cuerpo logró recuperarla un poco. Pero se sentía cansada de veras.
Cuando salió del cuarto de baño,aún con la toalla en la cabeza, su madre ya tenía la cena sobre la mesa. Olía de maravilla. Pero la pelirrosa tenía la ligera impresión de que se le olvidaba algo.
-¿Qué es, mamá? Huele que alimenta –dijo Sakura mientras observaba su plato con curiosidad.
-Son brochetas de pollo al estilo chino –respondió su madre con una sonrisa-. Come, que pareces cansada.
Su cara debía delatarla. Así que mordisqueo un trozo de pollo, aún con la sensación de que algo no iba bien. Se le estaba escapando algo. Se terminó el plato en menos de tres minutos y entonces, como una flecha surcando su mente, recordó que Itachi no había comido nada en días.
-Mamá, ¿me pones más, por favor? –pidió Sakura.
La señora Haruno sonrió satisfecha y le sirvió dos brochetas más.
-Un poco más, por favor.
Con extrañeza, la afable mujer, que tenía los cabellos del mimmo color que su hija, le sirvió dos más. Y ante su atónita mirada, las envolvió en una servilleta y subió las escaleras que llevaban al segundo piso.
-¿Pero a dónde vas, hija? –le preguntó su madre.
-Me las comeré en mi habitación –respondió Sakura antes de cerrar la puerta de su carto.
La señora Haruno se quedó a los pies de la escaleras con la vista fija en el lugar por dónde había desaparecido su hija. "La edad del pavo", pensó mientras recalentaba la sopa para su marido, que aún no había regresado de trabajar.
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Sakura se cargó la mochila al hombro y salió por la ventana de su habitación, procurando hacer el menor ruido posible. Había tenido la precaución de tapar la almohada con una manta, a simulación de ella durmiendo. Se agarró al marco de la ventana y saltó, cayendo con los pies juntos al suelo.
Corrió como una sombra entre las casas de Konoha y se adentró en el bosque. No paró hasta llegar al borde del precipicio y saltar por el hueco de la cueva. Para su alivio, Itachi seguía allí. El temor de que pudiese haberse ido en su estado la carcomía.
Al verla, el Uchiha arqueó una ceja.
-¿Qué haces aquí? Ya me has hecho una cura antes...
Sakura se sonrojó ligeramente. Sacó las brochetas de la mochila y se las tendió a Itachi, que la miró extrañado.
-¿Qué es esto?
-Debes llevar muchos días sin comer, ¿cierto?
Uchiha la miró con expresión indescifrable en el rostro, pero desenvolvió las brochetas y comenzó a comer sin decir nada. Sakura se relajó de nuevo. No entendía por qué de pronto se había puesto tan nerviosa.
Permaneció allí sentada unos mientras Itachi comía. Debía preguntarle que había ocurrido con el Akatsuki. No tenía la certeza de que le dijese la verdad, pero necesitaba hacerlo.
-Gracias –murmuró nada más acabar.
Aquello la desarmó por completo. Lo último que esperaba de un miembro del Akatsuki era que le diese las gracias por unas simples brochetas. Así que hizo un esfuerzo enorme por recuperar el hilo de lo que iba a decir. La luz de la luna se filtraba por entre las rocas, iluminándole parcialmente el rostro a Itachi.
-Esto... Itachi... ¿quién te hizo esto?
Vale, la pregunta ya estaba hecha. Ahora tocaba esperar la respuesta. Fijó a vista en el suelo, pues sabía que el Uciha la estaba mirando y no se veía con fuerzas de sostenerle la mirada.
Itachi no contestó. Se limitó a mirarla sin decir nada. Sakura empezaba a sentirse incómodo. Había quedado claro que Itachi no le diría nada. Pero la ojos de jade necesitaba saber lo que estaba ocurriendo. A fin de cuentas, acababa de salvarle la vida. Así que, armándose de valor, buscó los ojos de Itachi. No tardó en encontrarlos.
-Necesito saber si he salvado la vida de alguien que busca hacer daño a los míos.
Aquellas palabras cogieron desprevenidos al Uchiha. Sabía que cuando decía "a los míos" se refería a Konoha. Esperaba que ella desistiese en el mismo momento que se había hecho el silencio, pero parecía que no iba a ser tan sencillo librarse de ella.
-Contéstame –insistió Sakura.
El silencio perduró unos segundos más.
-No voy a hacerte daño ni a ti ni a los tuyos, si es eso lo que te preocupa –dijo arrastrando las palabras-. Puedes estar tranquila en ese sentido.
El alivio que sintió Sakura fue tan grande que casi rozaba la felicidad. No hubiese podido soportar los remordimientos si realmente las intenciones de Itachi hubiesen sido dañar Konoha. Volvió a mirarlo a los ojos y tuvo la certeza de que no le mentía. Una mirada jamás miente.
Pero entonces...
-¿Y qué pasa con el Akatsuki? –preguntó Sakura al cabo de un rato. Volvió a reparar en el hecho de que el Uchiha no llevaba puesta su cinta de ninja, que le identificaba como un desertor y entonces la asaltó una duda-. ¿Ellos te han hecho esto?
Itachi empezaba a sentirse incómodo.
-Haces muchas preguntas. ¿No te basta con saber que no busco haceros daño?
Sakura desistió por el momento. Sabía que no le iba a contar nada más.
De momento.
Así que hizo ademán de incorporarse, pero se sintió un poco mareada y perdió el equilibrio, aunque se recompuso enseguida. Se levantó y caminó hasta la salida.
-Mañana volveré a revisar tu herida –dijo a modo de despedida.
Pero cuando tuvo un pie fuera, Itachi la llamó. Sakura se volvió hacia él. La luz de la luna volvía a caer sobre él.
-No tienes buena cara. Cuídate o, al final, el papel de médico voy a tener que hacerlo yo –dijo con una sonrisa.
Sin entender muy bien por qué, el pulso de Sakura se aceleró por un momento y el corazón dio un latido más fuerte de lo normal. Por fortuna, la sensación de vacío de su estómago desapareció una milésima de segundo después. Correspondió a su sonrisa como pudo y salió rápidamente de allí, pues notaba que empezaba a faltarle el aire.
Pero para cuando llegó a casa, y trepó por la ventana de su cuarto, la extraña sensación de que Itachi no era tan insensible como aparentaba aún la acompañaba.
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¡Buenas, gente!
Aquí traigo el cuarto capítulo. Escrito con prisas, pero aquí está (Es que después de dos horas seguidas de biologia mi cerebro parecía haberse derretido XD) Y bueno, sobre el capítulo... ¿qué os ha parecido? ¿Os gusta como estoy conduciendo a Itachi? Es que es un personaje algo complicado. Decídmelo, please
Sin lectores, la historia deja de existir. Opiniones/críticas/consejos/apoyo/etc... comunicádmelo en un review, please.
Lyann
