Hola queridos lectores! Uuuff tengo que desempolvar esta historia xD Hacía ya tiempo que no actualizaba. Bueno se que este fic no es muy seguido que digamos jeje pero aún así no pienso abandonarlo y para los pocos usuarios que lo siguen :D Les mando un abrazooooo enorme!
Capitulo 4: Confusiones
Arendelle 1841
El sol empezaba a ocultarse en el horizonte y con esto, las primeras estrellas empezaban a aparecer sobre el cielo de Arendelle. Los habitantes de la ciudad empezaban a cerrar sus comercios y prepararse para la noche. Muy lejos del pueblo, las figuras de dos hombres se internaba más y más en oscuro bosque. Kristoff había aceptado la propuesta de Hans de intentar, una vez más, traer a Elsa y a Anna de regreso a Arendelle.
El trayecto había transcurrido sin ningún contratiempo, solo con algunos comentarios espontáneos y nada más. Entre ellos había un silencio bastante incomodo. El maestro repartidor conocía esos bosques mejor que nadie en Arendelle, por lo que no tardarían mucho en llegar al valle de los trolls. Kristoff no estaba muy contento con toda esta situación, es decir, él era el primero que quería que Anna y Elsa regresaran y así todo volvería a ser normal. Pero después de lo que había sucedido, sus ánimos estaban por los suelos, ¿existían una posibilidad real de volver a ver a Anna?
—Es increíble— Por fin Hans se atrevía a romper con aquel silencio.
—¿Qué es increíble?
—Bueno, se supone que tú eres el novio de Anna, se podría decir que ya formas parte de la realeza de Arendelle y yo solo soy un simple "cuidador" del trono.
—¿A dónde quieres llegar con todo esto?
—Quiero decir… "Tiraste la toalla muy rápido".
Kristoff frenó en seco su andar al escuchar las ultimas palabras del príncipe. Eso le había pegado en su orgullo y más por tratarse de Hans quien era el que se lo había echado en cara.
—Quiero que quede una cosa en claro— Kristoff estaba furioso—. Nunca me he rendido y tampoco he perdido las esperanzas. Hice todo lo que estaba a mi disposición, pero no puedo obligar a Anna a hacer algo que no quiera.
Hans solo asintió, no había necesidad de decir nada más, ya había dicho suficiente. Y una vez más, aquel silencio incomodo volvía a hacerse presente. Aunque para la buena suerte de los dos, habían llegado por fin al valle de los trolls.
Esta vez no había tiempo para recibir una afectuosa bienvenida por parte de la familia adoptiva de Kristoff. Había que ir directamente al grano.
—Abuelo Pabbie, lamento molestarte pero necesitamos tu ayuda una vez más.
—Jamás es una molestia el ayudarte, muchacho. ¿Qué es lo que necesitas?
—Necesitamos contactar a Elsa y Anna— interrumpió Hans—. Estamos a la víspera de una guerra y solo la reina puede detenerla.
El viejo y sabio troll se mostró sorprendido, vaya que si esta era una gran sorpresa. Esté asintió, dándoles a entender que los ayudaría en todo lo que pudiera.
—El hechizo estará listo en tres días.
—¿¡Tres días!?— exclamó Hans con bastante sorpresa—. No tenemos tres días, tiene que ser ahora.
—No recuerdo que tardaras tanto, abuelo Pabbie.
—En esa ocasión tenía los materiales a la mano. Me temo que no puedo hacer nada más.
Hans estaba apunto de patear al viejo troll, aunque eso significara quebrarse el pie. Arendelle no podía esperar tanto tiempo, había que pensar en algo y rápido.
—Abuelo Pabbie, ¿estás seguro de que no existe otra manera?
El rey de los trolls se detuvo por un momento a pensar en alguna otra solución. Las opciones eran pocas, no existían muchos hechizos que permitieran mandar mensajes hacía el futuro. Parecía como si el propio destino quisiera que ni Elsa ni Anna volvieran a Arendelle.
—Existe una posibilidad, no es un mensaje como tal pero…
—¿De qué se trata?— apresuro el pelirrojo.
A continuación, Gran Pabbie les explicó que aunque no podía mandar una proyección de ellos dos para que Elsa y Anna pudieran verlos y escucharlos, si podía hacer que alguna de las dos tuviera una especie de sueño en donde se viera el mensaje que quisieran mandar. Sin embargo, había un gran problema, todo eso sería visto como un mal sueño o una terrible pesadilla y podría no ser tomado en cuenta.
—Quiere decir que Elsa o Anna pueden ignorarlo y no ser tomado en cuenta. Depende mucho de que tanta importancia le den— terminó por explicar el sabio troll.
Kristoff y Hans se miraron, este no era precisamente lo que tenían planeado. Pero era eso o sufrir las peores consecuencias de no hacer nada.
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Londres 2015
Palomitas, chocolates, un sillón cómodo y una buena película, la combinación perfecta para pasar la noche. Elsa y Jack habían decidió no hacer nada esa noche de sábado y optaron por ver la primer trilogía de Star Wars, esto claro a petición de la rubia platino. Por otro lado, Anna y los demás habían asistido a una fiesta que había organizado la universidad en donde estudiaba April, así que la joven pareja tenía el departamento solo para ellos, aunque fuera solo por algunas horas.
El tiempo se fue como agua entre los dedos y Anna y los demás aún no daban señales de vida. Elsa empezó a preocuparse un poco, sabía que Anna no era de esas personas que les gustara seguir la fiesta hasta el amanecer, pero el no recibir ni siquiera un mensaje era para ponerse a pensar un poco sobre que había pasado.
—¿Quieres seguir con la nueva trilogía o vamos a buscar a tu hermana?— preguntó Jack al notar a Elsa nerviosa.
—Se que están bien, es solo que no me gusta que Anna me deje en "visto"
Jack soltó una risa al escuchar a Elsa hablar de esa manera. Durante todo este tiempo, había estado notando esos cambios peculiares en ella; su actitud, su manera de hablar, gustos musicales. Esta Elsa ya no se parecía tanto a la que él había conocido hace ya casi un año.
—¿Qué es tan divertido? ¿Acaso dije algún chiste?
—No, no es eso. Es solo que el escucharte decir, "me dejo en visto", es como si siempre hubieras vivido en este tiempo.
—Supongo que si es gracioso. Jamás pensé que mi vida fuera a terminar así, aunque todavía no termino de acostumbrarme.
—Creo que yo tampoco podría acostumbrarme a tu "tiempo"— Elsa rió bajo sus dedos ante el comentario de su novio.
—Yo creo que eso no es verdad, no es tan difícil.
Jack siguió bromeando con la idea de que el no podría vivir dentro de un castillo o siendo un príncipe, a pesar de Elsa pensaba lo contrario. Era primera vez en mucho que hablaban sobre su "pasado", pero en esta ocasión Elsa se lo tomaba de una manera más tranquila e incluso de broma, como si su vida de reina hubiera sido pasajero.
Al cabo de unos minutos, Anna por fin logró comunicarse con su hermana. La excusa era que no había buena señal como para hacer una llamada y que le fue muy difícil encontrar alguno que la tuviera. Debido a que April y Tobías se habían pasado un poco de copas, Anna y Sara tomaron la decisión de que todos se quedarían en casa de April, ya que esta estaba más cerca que el departamento, todo esto para ahorrarle un castigo a su amiga. Elsa comprendió la situación, no era precisamente que estaba de acuerdo con la idea pero ya que no podía hacer nada, no tuvo más remedio que ceder.
Elsa sintió un extraño escalofrió recorriéndole la espalda. Ya era algo normal para ella quedarse a solas con Jack, pero esta sería la primera vez en la que en verdad estaban solos, sin que nadie pudiera llegar por sorpresa o algo parecido.
—Bueno, supongo que ya es hora de que me vaya— dijo Jack levantándose del sillón.
—¿Qué? ¿Por qué?— Elsa no quería que se fuera, no aún.
—Ya es muy noche, además, la nueva trilogía de Star Wars no es muy buena.
—No es mala, solo es incomprendida— dijo Elsa riendo bajo sus dedos.
Cualquiera diría que Jack solo estaba comportándose de una manera respetuosa, toda esta situación de estar a solas con Elsa toda la noche se podría malinterpretar. Ellos ya habían pasado una noche juntos con anterioridad, pero en esa ocasión Anna se encontraba en el departamento y eso en cierta forma ayudo para que ambos pudieran mantener la cordura esa noche.
Elsa se levantó del sofá de la sala y se dirigió a su habitación para buscar la siguiente trilogía de películas. Tenía que calmar sus hormonas o al menos pensar en otra cosa y la mejor manera era seguir con la noche de películas.
—¿Quieres que te ayude a buscar?— preguntó Jack justo antes de que Elsa entrara a la habitación.
—Te agradezco tu ayuda, pero creo puedo sola— dijo Elsa con una sonrisa—. Aunque puedes hacerlo, si quieres.
Jack soltó un risa al ver como su novia intentaba "coquetear" con el; definitivamente no era su fuerte.
Elsa sintió un escalofrió recorrerle de pies a cabeza cuando sintió que Jack la abrazaba por la espalda, esta reacción la había tomado por sorpresa. Por un instante se estaba arrepintiendo de haber iniciado este "juego" de coqueteos infantiles y algo tontos. Dejándose llevar por el calor del momento, Elsa continuo con ese "juego" aunque ahora ella era la que tenía iniciativa.
Los besos empezaron a subir de intensidad, una lucha de caricias que ninguno quería perder. Elsa sentía que su corazón pronto se le saldría del pecho al sentir los labios de Jack sobre su cuello, trazando lentamente un camino que parecía no tener fin. Ambos no podían contener sus ganas, querían llegar hasta las ultimas consecuencias. Con un rápido movimiento, Jack cargó a la reina para tenerla por completo a su merced. Elsa estaba por perder el control, aferrándose con fuerza a la espalda de su novio…
—Estoy a punto de congelar la habitación— dijo Elsa con la voz entrecortada.
—Lo dudo mucho…
Las respiración de ambos estaba en sincronía y tal como lo dijo Elsa, la habitación poco a poco empezaba a bajar de temperatura, pero eso ya no les importaba.
—Jack… Será mejor que nos detengamos…— Elsa apenas si podía ligar oraciones.
—¿Por qué?...
—No quiero que mueras de una hipotermia— dijo Elsa con una leve sonrisa en sus labios. Aún seguía aferrada a los brazos de su novio
Ambos se miraron por un instante, cada uno con una sonrisa nerviosa en su rostro. No paso mucho tiempo para que ambos empezaran a reír por toda la situación, en efecto, la temperatura estaba bajando mucho al punto de que ya se podía ver el vapor saliendo de sus bocas. La situación había pasado de un momento apasionado y sin control, a uno gracioso e incomodo.
—Creo que no me apetece mucho la idea de ser una paleta de hielo humana— dijo Jack entre risas.
—Sí ya lo creo— dijo Elsa riendo bajo sus dedos.
—Porqué no vas recostarte al sillón, mientras yo busco la película y preparo unas palomitas— sugirió Jack al notar que Elsa se encontraba un poco agitada.
La reina acepto la propuesta de su novio, agradecida de que todo esto terminara entre risas y una que otra mirada coqueta. Elsa le indicó donde debía de buscar la película, mientras ella empezaba a preparar lo demás. Jack empezó a buscar entre los cajones de un estante cerca de la litera de las hermanas, aunque sin mucho éxito, la película no se encontraba ahí. Pasaron algunos minutos y la buscada del joven irlandés era oficialmente un fracaso.
—¿Necesitas ayuda?— preguntó Elsa desde la puerta.
—¿Hace cuanto que estás ahí?
—Desde que revisaste el segundo cajón por tercera vez. Por qué no vas a preparar tú las palomitas y yo busco la película.
Jack soltó un suspiro en señal de derrota, le dio un tierno beso a Elsa en la mejilla antes de salir del cuarto y se dirigió a la cocina para empezar a preparar la botana. Elsa no podía evitar sonreír ante toda esta situación. Hace un momento estaba teniendo una de las experiencias más excitantes en su vida y al cabo de unos minutos, se encontraba haciendo algo completamente diferente.
A pesar de todos sus intentos por encontrar la tan susodicha película, Elsa estaba fracasando de igual manera. Había incluso buscado por debajo de la litera pero nada. Su ultima opción, era revisar un pequeño buro que Anna había comprado desde hacía ya un tiempo y lo usaba para guardar algo de ropa, maquillaje y demás cosas. No le agradaba para nada el estar husmeando entre las cosas de su hermana, pero Anna no estaba en casa así que, podía hacer una excepción esta vez.
A pesar de que ya llevaban algo de tiempo "viviendo" esta nueva vida. Elsa se sorprendía de lo fácil que había sido para Anna el adaptarse casi al 100%. Por las cosas que podía ver en los primeros cajones, estaban algunas entradas de cine y de algunos eventos, auriculares, algunas monedas, etc. Pero lo que más le llamo la atención, era una fotografía de ellas en compañía de sus amigos. Esa foto Elsa la recordaba bastante, fue la ultima que se habían tomado antes de regresar a Londres, en el hotel donde se habían hospedado en su viaje a Arendal. Elsa no pudo evitar sonreír y sentir nostalgia por su reino y por su antigua vida en Arendelle.
Ya solo faltaba por revisar un ultimo cajón. Elsa parecía estar ya más resignada, quizás la película se había perdido o tal vez se encontraba en otro lugar que no fuera su habitación. Revisando las cosas del ultimo cajón, la reina se encontró con algo que, por alguna extraña razón, le resultaba algo familiar. Se trataba de una extraña roca, similar a un rubi en bruto, claro que un poco más rojo de lo usual.
Elsa tomó esa extraña roca entre sus manos y trató de saber porque le era tan familiar. En su vida había visto un sin fin de piedras preciosas, pero esta tenía algo en particular. La curiosidad la invadía de pies a cabeza, por qué algo tan simple y banal le provocada tanta ansiedad.
La reina se olvido por un instante de la película y salió de la habitación en busca de su novio, tal vez él podría darle alguna respuesta sobre esa extraña piedra.
—Jack, ¿habías visto algo así antes?— dijo Elsa mostrándole la piedra al chico que se encontraba en cocina.
—Déjame ver...— dijo el irlandés sosteniendo la roca—. Parece un rubí, creo, pero no confíes mucho en mi. No soy precisamente un experto en reconocer esta clase de cosas.
—Entiendo…
—¿Dónde la encontraste?
—En uno de los cajones del buro de Anna. Estaba bastante escondida, parecía como si la estuviera tratando de ocultar.
—No quiero sonar grosero Elsa pero… No crees que esto sea algún regalo que le hayan dado a tu hermana y por eso lo guarda muy secretamente.
—Entiendo a que te refieres, pero hay algo más, siento que ya había visto esto en el pasado.
Un ruido ensordecedor tomó por sorpresa a la joven pareja. Anna y los demás habían regresado de la fiesta, al parecer hubo un cambio de planes ya que todos lucían algo pasados de copas.
—¡Hey ustedes dos! ¡Los atrapamos con las manos en la masa!— gritó April mientras se abalanzaba hacía ellos—. Prepararon palomitas y no me guardaron, son unos desconsiderados.
Elsa estaba algo conmocionada, no esperaba que todos regresaran al departamento, no al menos a esa hora de la noche.
—Creí que se quedarían en casa de April— preguntó Elsa a su hermana.
—Si bueno, creo que en las condiciones en las que esta mujer esta, no era la mejor de las ideas.
Anna menciono que cuando salieron de la fiesta, tanto April como Tobías habían bebido de más y para evitar problemas con los padres de April, decidieron mejor regresar al departamento. Las risas no se hicieron esperar, ya que esta no era la primera vez que algo así sucedía. Pero eso cambiaria de un momento a otro, Anna se había dado cuenta de algo que le helo la sangre.
—¿De donde sacaste esa piedra, Elsa?
—Oh esto, es una larga historia Anna pero básicamente la saqué de uno de los cajones de tu buro. Me dio un poco de curiosidad al verla y…
—Devuélvemela ahora, Elsa— dijo con voz de mando.
Era la primera vez en mucho tiempo que Anna le hablaba de esa manera a su hermana. Elsa por un momento se sorprendió bastante e incluso pensó que el alcohol era el causante de tal reacción, ya que Anna no solía hablarle de esa manera.
—Losiento, Anna. Prometo no volver a tomar tus cosas, es solo que se me hizo algo extraño que tuvieras algo así.
—Bueno eso no es de tu incumbencia, hermana— Anna estaba nerviosa—. Tú sabes que yo te cuento todo, pero eso no implica que las dos tengamos nuestros secretos.
Elsa no entendía muy bien a que se refería Anna con eso de secreto. Qué tenia esa piedra que la hacía tan especial, al punto de podía hacer que su hermana cambiara su actitud casi por completo.
La reina no quiso empezar una pelea innecesaria con su hermana y le entrego la piedra. Una vez que Anna la volvía a tener en sus manos, se dirigió a su cuarto lo más rápido posible, poniendo de excusa que ya era tarde y que el sueño la estaba matando. Todos, con excepción de Sara, estaban igual de desconcertados que Elsa, el ver a Anna actuar de esa manera era algo que no se veía todos los días.
Sara había permanecido callada desde que ingreso al departamento y era la que más puso atención a todo esa escena que habían montado las hermanas. Ella era la única que sabía exactamente la razón por la que Anna se había comportado de esa, la única que conocía bien ese secreto.
