Las TMNT y su historia no me pertenecen

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Conociéndonos

La luz palaciega se infiltró por sus cabellos, dándoles un ligero toque plateado. El solo siguió avanzando hasta llegar a su perfecta cintura envuelta por la sábana, pareciese que se hubiera quedado ahí para calentar aquella escultura pulcra.

Sus ojos se abrieron lentamente dejando ver su alma, negra por las muertes ocasionadas. Se estiró lentamente antes de meterse a la regadera.

Se miró en el espejo por varios minutos, pensando ¿quién podría ser esta vez? Ya se había hecho pasar por una prostituta…luego rectificó su pregunta ¿A quién atacaría esta vez? Sonrió maliciosamente y sus ojos refulgieron cuando el nombre de su siguiente víctima cruzó su mente


Rafael caminaba de puntitas hacia su habitación, cuidándose de no hacer ningún ruido

-Rafael- se agazapó cuando la voz imperiosa de Splinter lo llamó

-¿Sí, sensei?

-¿Dónde estuviste toda la noche?

-Eh… con Casey- los ojos amarillos lo miraron penetrantemente

-Dices la verdad, pero aún así algo ocultas.

-Yo no…bueno…- se rascó la cabeza confundido, no le molestaba decirle acerca de aquella chica loca, lo que no quería era que supiera acerca del lugar donde la había encontrado

-Mmm…- sin decir más la rata se retiró a su habitación. La tortuga quedó boquiabierta

-¿Tú? ¿Despierto?- la voz de su hermano menor lo sacó de su trance. Donatello salía con un vaso de leche de la cocina

-Para que veas que estoy lleno de sorpresas.

-Sí, claro ¿vienes crudo?

-No.

-Entonces todavía estas ebrio.

-Doni, ¿te han dicho que a veces caes tan bien?

-Tan temprano y ya con pleitos- Leo hizo un descenso fenomenal del primer piso a la planta baja

-Farol- dijo Rafa antes de tumbarse en el sofá

-¿Dónde estuviste?- preguntó el mayor

-¿Por qué nadie me cree que me levanté temprano?- las miradas de sus hermanos le dijeron todo-Bueno, bueno.

-Habla.

-Yo también quiero oír el chisme- se escuchó a Miguel. Rafa suspiró antes de comenzar su relato

-¿Estuviste en un table?- le recriminó Leo

-Eso no es el punto Splinter Junior, lo que importante es que esa mujer se transformó

-O tal vez sólo se disfrazó- dijo Don- la metamorfosis es algo improbable

-Si los jodidos gusanos se pueden transformar en mariposas ¿por qué los humanos no?- los cuatro se quedaron callados por una fracción de segundos

-Qué bueno que no llegaste anoche- sentenció Leo- la hubieras guiado a nosotros

-Y a todo esto- dijo Don- Miguel ¿cómo sigues?

-Con dolor de cabeza ¿eso dice algo?

-Eso, mi queridísimo hermano, es una cruda- dijo Rafa- ven, yo te la curo- se dirigieron a la cocina

Mientras tanto Leo estaba con los brazos cruzados sobre su pecho mirando al suelo con aire vago

-Tranquilo-dijo Don

-Si se puede transformar entonces es superior a nosotros- las otras dos tortugas aparecieron con lo cual Don tuvo que cerrar la boca

-Déjame checar esa herida Miguel- el aludido se acercó y su hermano con manos delicadas comenzó a desenvolver. Cuando terminó tuvo que forzarse a sí mismo para no hacer una mueca de asco, sin embargo, fue Rafa el que alarmó a todo el mundo.

-Pero ¿qué le pasó?- el hombro del herido estaba en su mayoría morado y la herida era cubierta por una protuberancia verdosa

-Lo que me temía, se infectó.

-¿Y ahora qué?-preguntó Leo

-Primero voy a tener que retirar la cicatrización pues está ahogando los puntos, lo que haría que…

-¡No!-gritó Miguel- Mi costra, no.

-Si no lo hago va a resultar peor pues los puntos van a infectar más. Necesito alcohol, se me terminó- todos miraron a Rafa

-No me vean a mí, mis provisiones se terminaron ayer.

-Tendré que ir a la superficie por la noche, mientras tengo que quitar esa cicatrización.

-¡No!- el menor retrocedió

-No lo hagas más difícil Miguel Ángel.

-¡No, no, no!- echo a correr a su habitación. Los tres suspiraron

-Vamos a tener que sostenerlo-dijo Leo

-Vayan, voy por mi botiquín.

Si de por sí la habitación de Miguel Ángel es desordenanda ahora lo estaba más. Rafa y Leo tenían sostenido a su hermano menor mientras este forcejeaba intentando librarse. Don se acercó con las pinzas esterilizadas

-No va a doler

-¡No, no, no!

-Listo

-¿Eh?- en efecto, Don sostenía la desagradable costra en las pinzas- ¿Eso fue todo?- sus hermanos lo soltaron

-Sip, ahora déjame vendarte

-Chillón-dijo Rafa antes de abandonar la habitación


-¿Quieres que te acompañe?- preguntó Leo

-Estoy bien- contestó Don tomando su bolso

-¿Y esa chica?

-Prometo no hacer contacto, además Rafa no es una buena niñera y necesito que cuides a Miguel. Estaré bien

-De acuerdo


No había nube que impidiera ser a la luna la única luz sobre esa avenida. El bullicio de la gente había desaparecido como si estuviera en otra dimensión. Un escalofrío lo asaltó, no era la primera vez que le ocurría.

La farmacia se encontraba en la siguiente esquina. Antes de ingresar se cercioró de que la ropa no revelara su verdadera identidad. Entró. Siempre le había impresionado lo limpio que se encontraban los lugares de ese tipo. En el lugar se hallaban dos mujeres atendiendo, una ancianita, una mujer y su hijo, y un hombre; nada fuera de lo normal.

Se dirigió al pasillo correspondiente a lo que buscaba. Tomaba algunas medicinas cuando la mujer y su hijo se acercaron ¿Será ella? Pensó, no se quedó a averiguarlo, mientras más rápido mejor. Se dirigió a la caja, delante de él se encontraba una joven ejecutiva de rizos cobrizos y con algunas pecas en su cutis, a Don no le molestaba tenerla enfrente era atractiva. Observó cómo salió de la farmacia antes de pagar lo correspondiente a su mercancía.

De nuevo en la avenida, esa incomodidad lo volvió a impregnar. Caminó levemente rápido, cuando escuchó una queja detrás, se volvio sólo para ver a la joven ejecutiva tirada en el suelo y con sus compras esparcidas; pareciese que había sido víctima de un asalto pero Don juró no haber escuchado algo. Aún así se acercó cautelosamente.

-¿Está bien?-preguntó

-Sólo se llevaron mi cartera- contestó ella poniéndose en pie- No es gran cosa- acto seguido comenzó a levantar los medicamentos, Don la ayudó. Cuando hubieron terminado y la tortuga extendió su mano para devolverle sus pertenencias la mujer lo sostuvo fuertemente de la muñeca.

-Interesante-sonrío- tú no te dejas llevar sólo por la cara bonita- Don consiguió zafarse, Rafa tenía razón, podía transformarse. Ella río-Deberías ver tu cara Donatello-sacó un cuchillo de debajo su falda-¿Jugamos?-se abalanzó contra él, la tortuga tuvo que dejar caer sus bolsas para detenerle el brazo.

-No lo creo-se lo dobló de tal manera que la chica tuvo que ceder y soltar el cuchillo, él le dobló aún más el brazo lo que provocó que ella le diera la espalda-¿Qué quieres de nosotros?- lo único que recibió de respuesta fue un cabezazo en su cara lo cual hizo que la soltara, seguido de una patada en el abdomen que hizo que cayera de espaldas. No tuvo ni tiempo de abrir los ojos cuando el filo del cuchillo amenazaba su yugular.

-Ahora me dirás dónde están tus hermanos.

-¿Tan blanda de has vuelto?- esa voz era nueva. Las pupilas de la chica se dilataron y una expresión de auténtico terror se apoderó de su rostro, se levantó de un brinco y miró a su alrededor nerviosa, Don notó que sus ojos se detenían de una figura enclenque pero a la vez poseedora de cierto músculo, que se encontraba a unos cuantos metros-Me decepcionas- ella se quedó ahí parada. La figura se acercó lentamente, se trataba de un hombre con cabellos rojos, ojos avellana y facciones delicadas, se podría decir que era un andrógino en su totalidad.

-Tú…-dijo por fin ella- ¿Qué haces aquí? Tú no puedes estar aquí

-¿Crees que ese sujeto lo controla todo? Por favor es un mortal

-Lo prometió

-No te eduqué para que fueras tan ingenua- ella temblaba. Don ya se había incorporado sin saber qué hacer, era obvio que estaba fuera de lugar.

-¿Qué quieres?

-Mi querida niña, sabes a qué vengo- acto seguido extendió el brazo

-No, no voy a volver- y se abalanzó contra él

-Tenías que ser mi hija- en su mano apareció una cimitarra, el ataque de la chica fue bloqueado fácilmente por éste instrumento- vamos ¿tan fácil?- ella retrocedió y de nuevo atacó, esta vez intentó una finta, en la cual parecía que atacaría de su lado izquierdo, pero un segundo antes cambio de táctica y se fue hacia la derecha, justo a la yugular de su oponente, sin embargo, éste con movimientos increíblemente rápidos colocó el arma por detrás de su cuello de tal manera que le protegió aquella vena vital. Las armas sacaron chispas, y ella volvió a retroceder, eta vez esperó a que él atacara.

-Terca- dijo antes de soltar una risilla y correr hacia ella, su golpe apenas y fue evitado por el cuchillo. De ahí en adelante la pelea se convirtió en una especie de prueba de supervivencia para la chica, los golpes de su contrincante eran cada vez más feroces y certeros, ya poseía algunas cortadas, lo increíble es que a pesar de sus rápidos movimientos ella no podía ocasionarle ningún daño.

-Pasar tanto tiempo con los humanos te ha hecho débil- perdió el equilibrio y cayó de costado, su cuchillo se perdió en la oscuridad. Sollozaba, intentó levantarse pero su oponente le piso la espalda- Debes volver a donde perteneces- le susurro al oído

-Oye- para cuando el individuo giró su cabeza, sus ojos se hallaron con un gran puño verde que reventó un golpe en su frente, cosa que lo hizo desequilibrarse pero no caer. Gruñó por lo bajo

-¿Quién te crees? ¿Crees que con un golpe me vas a vencer?

-No- dijo desenfundando su bo- pero al menos te pegué en el ego- los ojos del hombre se inyectaron de sangre

-Simple mortal- corrió a toda velocidad con su cimitarra en alto, Don lo esperaba pacientemente, pero de repente una sombra se cruzó en el camino y un desgarre rompió el silencio de la noche. Él se quedó parado ahí donde estaba con su arma manchada de sangre, Don se arrodilló e intentó poner en pie a la chica, ésta había recuperado su figura normal, su cabello negro tenía algunos mechones teñidos de escarlata.

-Hiciste que lastimara a mi propia hija…- todo se tornó borroso y un segundo después todo claro, pero ya no se encontraba en el mismo lugar, ahora estaba en una sala de color blanco y con una alfombra oriental.

-¿Cómo es que…?- sus pensamientos fueron interrumpidos por un quejido, en su regazo se encontraba Ave Fénix, ésta se incorporó lentamente presionando con sus manos su costado izquierdo

-Vete de aquí-dijo en un susurro mientras intentaba caminar, su blusa ahora estaba pegada contra su cuerpo debido al exceso de sangre

-Déjame ayudarte

-No- cayó al suelo, Don se adelantó- déjame ver eso- ella no tenía fuerzas para pelear así que lo dejó inspeccionar, la herida era profunda y larga- ¿Tienes medicamentos y vendas?

-En el baño- la tortuga encontró rápidamente lo que buscaba, miró a la chica por unos segundos y sus mejillas se encendieron debido a lo que estaba a punto de pedirle.

-Escucha, necesito que te quites la blusa-ella lo miró- No es con ninguna insinuación sexual ni nada por el estilo…-intentó quitársela pero sus fuerzas fallaron, así que la tortuga con kilos de pena encima le quitó la prenda lentamente con cuidado de no dañar la herida más de lo que ya estaba. Todo el abdomen de la chica se encontraba teñido de sangre, Don procedió a limpiar, después desinfectó y finalmente vendó, cargo a la chica en sus brazos y la colocó en el sillón.

-Deberías sentirte mejor- asintió levemente. Don encontró algunos analgésicos y se los dio de tomar

-¿Por qué me defendiste?- preguntó con voz apagada, él se encogió de hombros

-Me pareció lo correcto- miró a su alrededor- ¿Te molesta si me llevo algunas cosas?

-Llévate lo que quieras

-Gracias- mientras procedía a tomar lo que necesitaba podía sentir la mirada de la chica sobre él a cada movimiento, cuando termino se dirigió a ella- Yo entiendo que sea una tortuga enorme, pero es incómodo que me estés viendo todo el tiempo

-Disculpa, es que me parece curioso

-¿Qué?

-La forma en que te sacrificaste por mí

-Tú también hiciste lo tuyo, tu padre me hubiera…-no debió haber pronunciado esas palabras, Ave Fénix ahora simplemente miraba por la ventana, pero Don podía ver el odio y el terror en sus pupilas- Disculpa

-Sólo vete ¿quieres? Antes de que las cosas empeoren- quiso decir algo más pero no supo qué, así que tomó su bolso y despareció.


Sí mátenme, pero adivinen: Por fin salí de vacaciones! Espero poder escribir más seguido. Besos

Manfariel