Y que me entero de que fanfiction tiene una app, y que me la bajo, y que estoy intentando publicar desde ahí. Si pueden leer esto es porque lo logré.
Este es uno de esos capítulos nuevos que he escrito para esta historia. Esto no significa que nada más tuviera los anteriores, nada más que necesitaba una escena aquí en medio o si no de plano iba a haber un salto medio grande en el tiempo en el que todos pasaron de perfectos desconocidos a súper amiguís. Aún no sé si el siguiente capítulo vaya a ser el que iba aquí originalmente o si voy a escribir al menos otro para hacer el paso a lo que siguiente que tengo escrito más smooth. Ya veré. Por cierto, antes no usaba por ningún motivo palabras en inglés en mis escritos, pero pero la verdad es que así hablo, así que ya mejor ni me engaño a mi misma para intentar evitarlo.
Creo que eso es todo por el momento, a ver si funciona esto.
Alfa Lázcares
De cuando comenzamos a conocernos
Sí, eran maestro y alumna, pero aún no conocían muchas cosas el uno del otro, en especial porque siendo el Santuario un lugar tan grande y con tantas personas, todos tendían a segregarse en grupos, por ejemplo, las Amazonas eran su propio grupo cerrado, y pocos hombres osaban acercarse al lugar en el que vivían. Los Santos de Bronce eran relativamente pocos y también se mantenían juntos, aunque estos se asociaban también con los Plateados. Los Dorados eran su propio grupo en el que, últimamente admitían también a sus aprendices. Los aprendices de esta generación eran 99% mujeres, así que ellas también habían formado su pequeño grupo. Ser parte del selecto grupo de los Dorados tenía sus ventajas y sus grandes desventajas también. Ninguno de ellos era capaz de moverse por el Santuario sin que medio mundo se diera cuenta. Pero los cumpleaños de ellos eran fiestas exclusivas, a menos de que los demás fueran invitados, pero la verdad es que eso rara vez sucedía. No porque el grupo de Dorados fuera especialmente elitista, si no porque, regresando al punto anterior, si invitaban a muchas personas "de fuera" seguro al siguiente día habría una cantidad impresionante de chismes. Y a pesar de que Alfa ya llevaba un buen tiempo siendo alumna de Aldebarán, todavía le faltaba conocer mejor a aquellos que habitaban las Doce Casas.
Una de las primeras cosas que aprendió luego de su primer par de meses viviendo en el templo de los Gemelos, es que eran bastante diferentes uno del otro. Saga era un neurótico que quería siempre mantener todo en orden y necesitaba cierta rutina en su vida para no terminar como… bueno, como Kanon. Kanon no era desordenado en sí, pero no le molestaba dejar algo botado por un par de horas hasta que le dieran ganas de regresarlo a su lugar. Tampoco era demasiado fan de la rutina, así que por eso tampoco le molestaba llegar un poco tarde a los entrenamientos o, por el contrario, regresar un poco más tarde de sus rondas nada más porque se había encontrado algo interesante en el camino. Tenían en común que ninguno de los dos era demasiado fan de levantarse temprano. Pero Saga se levantaba a la primera alarma y a Kanon le tomaba dos o tres…o cuatro o cinco. A Saga le gustaba cocinar, pero se negaba rotundamente a limpiar luego el desastre de la cocina y si lo terminaba haciendo era no más porque detestaba todavía más el desorden, sin embargo Kanon usualmente se ofrecía a limpiar con tal de no tener que cocinar. Ningún Santo TENÍA que cocinar sus propias comidas, podían simplemente subir al Templo Principal a comer todos los días, porque ahí siempre había algo listo, y si no lo había entonces las doncellas no tenían problemas en prepararles lo que sus delicados antojos desearan. También podían pedir que las doncellas les cocinaran lo suficiente para algunos días y lo mantenían en sus refrigeradores, pero su mayoría preferían cocinarse solos para sentirse como los adultos responsables que se supone deberían ser. En ese sentido Alfa fue una buena adición al Tercer Templo, porque a ella le gustaba cocinar siempre y cuando no fuera nada más para ella, porque eso le daba flojera, pero como había ahí dos bocas extra qué alimentar, entonces lo hacía con gusto.
Saga le caía bien, aunque era un tanto tardado en abrirse a las personas, así que sus primeras semanas sólo hablaron de los entrenamientos. Kanon en cambio no dudó en arrinconarla en la cocina para hacerle todo tipo de preguntas, y en poco tiempo ya habían adoptado la costumbre de tomar un café o una cerveza en la sala para hablar de cualquier cosa. Su amistad creció rápidamente y a Saga terminó por ganarle la curiosidad, así que unas semanas después también comenzó a unirse a las conversaciones entre los otros dos. Eso fue bueno para Alfa porque empezaba a sentir que podía confiar más en su nuevo maestro. Y le gustaba más la relación informal que tenía con Aldebarán a la relación más "profesional" que había empezado con Saga.
Los gemelos no tardaron en enterarse del departamento que Alfa mantenía en Plaka y Kanon ya la había acompañado a ese lugar un par de veces. Saga tenía curiosidad, pero no había ido… todavía.
Esa tarde la tenían libre porque los Dorados habían estado en reunión toda la mañana. En realidad no era muy tarde todavía, no pasaban de las 2 cuando los gemelos regresaron al Templo. Kanon tenía rondas así que tomó una comida rápida y se fue. Saga estaba sentado en la sala cambiando canales en la tele, Alfa se acercó a él.
—Voy a salir a dar la vuelta y a comer por ahí, ¿gustas acompañarme o está muy interesante el partido?
Saga la miró, luego a la tele y de regreso a ella.
—Depende, ¿me vas invitar?
—Si tú invitas el café yo invito la comida.
—You got yourself a deal —le contestó mientras apagaba la tele y se levantaba.
Salieron del Santuario con el montón de miradas sobre ellos, pero ninguno les prestó atención. Una vez en la civilización empezaron a caminar sin rumbo por las calles. Se metieron en algunas tiendas, pasaron cerca de algunas ruinas y monumentos, hablaron acerca de las veces anteriores en las que habían estado en esos lugares. Cuando les dio hambre se metieron en un restaurante pequeño, en donde ella efectivamente invitó la comida. Luego salieron a pasear un rato más hasta que Alfa encontró un buen lugar para detenerse a tomar un café. No habían dejado de hablar y reír en todo ese tiempo, se la estaban pasando bastante bien pretendiendo que no eran Santos de la orden de Atenea. Saga le hizo esas preguntas que se había aguantado hacerle desde el principio, como por ejemplo, el porqué había llegado a Grecia, en dónde estaba su familia, qué pensaba hacer en el caso de que Aldebarán no la hubiera reclutado. Alfa le contestó todo sin reparos. Su familia la había desheredado, o más bien ella los había desheredado a ellos, había vendido sus pocas pertenencias y había tomado un avión al otro lado del mundo nada más porque Grecia siempre le había atraído. Se la había pasado haciendo pequeños trabajos en donde quiera que caía y, un par de meses en una isla cercana con una familia que la había prácticamente adoptado, le había dado los recursos para mantenerse a sí misma en Atenas. Sobre lo que pensaba hacer en un futuro, la verdad es que no tenía mucha idea. Había pensado en llegar a Atenas y seguir trabajando de cualquier cosa, probablemente relacionada con el turismo, que siempre estaba presente ahí. Hasta había considerado manejar un taxi si era necesario. Saga le contó que el "mundo exterior" todavía era extraño para él porque durante todos sus años en el Santuario, las veces que había salido eran meramente a misiones o bien nada más llegaba a Rodorio, que era sólo un poblado. Era eso precisamente lo que le parecía fascinante de la historia de una chica tan joven, sola, del otro lado del mundo, con un idioma extraño, que ya dominaba, y en una ciudad con costumbres diferentes a con las que había crecido.
Antes de regresar al Santuario lo llevó a conocer el departamento. Se quedaron un buen rato ahí, en el balcón, admirando la vista, las luces que se encendían en la ciudad y las personas que pasaban caminando por ahí. Cuando regresaron al Templo de Géminis, Saga tenía la impresión de que, ahora sí, conocía a su alumna. La relación entre ellos mejoró bastante luego de ese día, y no porque en algún momento hubiera sido mala, si no que ahora había más familiaridad entre ellos.
