Fandom: Saint Seiya
Personajes: Saga, Kanon, Afrodita
Disclaimer: Saint Seiya y todos los personajes conocidos que aparecen aquí son propiedad de Masami Kurumada.
Advertencia: Post Saga de Hades. Todo los recuerdos de Saga y Kanon que no fueron explicados durante la serie original son invenciones mías, si algo no concuerda con el canon es que estoy haciendo valer mi derecho de libre albedrío que te concede la escritura, o sea que se me ocurrió y fue algo conveniente a mi fic.
Este fic lo actualicé hace casi un año, en mayo del 2016, mi excusa es que padecí un bloqueo espantoso. Espero que al leerlo no sea una desilusión para ustedes. Perdí el hilo del fanfic, pero confío que la próxima actualización sea más rápida. De no ser así, acabaré éste fic para el año 2026 XP.
Dedicado a todas las personas que lo marcaron como favorito, o me enviaron algún review, ojalé disfruten el capítulo. Recientemente recibí un review de este mismo fic, solamente que de la traducción al inglés, y tenía poco de haber reiniciado a escribir, ese review me animó aún más para continuar. Para mí es cierto eso que los reviews son alimento para la imaginación y deseos de seguir escribiendo.
Aviso: Algunos capítulos serán tipo viñeta, es decir, más cortos que los demás. Aunque creo que este capítulo es algo largo, 3460 palabras.
No tengo betareader que me ayude en español, así que todos los errores ortográficos y semánticos que encuentren son míos, todos míos.
La parte escrita en itálicas son recuerdos.
"No hay ningún amigo como un hermano, y tampoco ningún enemigo como un hermano", -Proverbio persa
Al principio, cuando eran unos pequeños, Saga y Kanon eran todo lo que tenían en la vida. Puesto que eran hermanos gemelos, estaban juntos desde el día en que nacieron. No había ni un día en que estuvieran alejados uno del otro. Se hallaron huérfanos a los pocos meses de nacidos y sin familiares cercanos que pudieran hacerse cargo de ellos, esta situación los unió aún más.
En el orfanato donde vivieron sus primeros años de vida, allá en Grecia, sus cuidadores reconocieron casi inmediatamente la inteligencia y creatividad que manifestaban los hermanitos. Antes de poder hablar, ellos crearon un "idioma" y se comunicaban entre sí con ese lenguaje propio. Cuando crecieron y aprendieron palabras en griego, pudieron conversar con los demás, pero para ellos era una delicia tener su dialecto fraterno particular que nadie más entendía.
Como ambos eran rubios, de ojos azules, y similar complexión solamente podían distinguirse estando ellos uno junto al otro y observándolos con mucho detenimiento. Además les divertía sobremanera siempre que confundían a los demás niños cuando intercambiaban sus identidades. Eran expertos en el arte del engaño.
Un día llegó alguien al orfanato para adoptar a los hermanos, los trámites fueron rápidos y sin problema alguno, ya que esa persona era el mismísimo patriarca del Santuario dedicado a la diosa Atena, Shion de Jamir, el antiguo caballero de Aries. El jefe de la orden ateniense llevaba meses sintiendo un cosmo poderoso, hasta que lo ubicó en ese orfanato. El adulto se sorprendió al saber que el dueño de tal poder era un pequeño niño y que además él tenía un hermano gemelo. Razón por la cual él no podía dejar atrás a la única familia del aspirante a santo de la diosa Atena.
Saga se entrenó para convertirse en el próximo caballero de la casa de Géminis, Kanon no se sorprendió que su hermano fuera el elegido, ya que siempre lo había admirado. Pero también fue la época en que se manifestó el lado oscuro del menor. Ése fue el momento decisivo que marcó la diferencia en sus vidas y que los condujo al terrible resultado de separarlos.
Nadie podía predecir que todo lo relacionado con los gemelos sería dividido en dos. Dos mentes viviendo en una misma persona, dos caminos, dos destinos marcados por la lucha interior del bien y del mal.
Kanon, de forma muy temprana, se dio cuenta que lo único que tenía permanente en el mundo era su hermano. Él no tenía padres, un hogar o amistades perdurables.
Después de su adopción y cuando Saga consiguió la armadura de Géminis, el menor de los hermanos comenzó a notar una afectación en su capacidad de pensar claramente, de controlar sus emociones, a veces sentía una rabia enorme y se asustaba de las consecuencias que pudiera tener si la descargaba en alguien más. Saga atestiguó en esporádicas ocasiones esos cambios en su hermano al verlo actuar sin congruencia entre lo que decía y lo que hacía o en sus extrañas vacilaciones en su actitud. Un día Kanon le confesó con un semblante desencajado que su mente le parecía un laberinto enorme, que temía perderse en él un día para no salir jamás. El santo de Atena se sintió tan impotente, tan triste que se ensimismó buscando alguna solución al problema de su hermano consultando libros en la biblioteca del patriarca, creía su deber y responsabilidad de hermano mayor ayudarlo, y en parte sentía vergüenza y miedo que él pudiera padecer la misma conducta.
La lucha que libró Kanon con su parte malvada, de su enfermedad mental, fue intensa y al final no ganó esa batalla. Su gemelo fue testigo del cambio en su personalidad, de sus arranques de ira, de las risas sin motivo o en momentos inoportunos, todo eso lo abrumaba y soportaba en soledad.
Cuando salía a misiones por el mundo tenía una preocupación permanente, el patriarca nunca se enteró de sus problemas, porque Saga nunca confió en nadie sus angustias. Conocía a Aioros, el caballero de Sagitario, que lo consideraba su amigo, pero él tenía la responsabilidad de criar y entrenar a su hermano menor, Aioria, que era aspirante a la armadura de Leo, razón por lo cual comprendía perfectamente al de Sagitario, ya que compartían los deberes de ser un hermano mayor. Después fueron llegando al Santuario distintos santos de todos los rincones del planeta, pero a ninguno se acercó buscando amistad o compañerismo. Se le veía como uno de los primeros santos dorados de la época actual, alguien a quien consideraban un modelo a imitar.
El santo de Geminis llegó a ser respetado y admirado por la orden ateniense y por los pobladores cercanos al Santuario griego. Fue candidato junto a Aioros a sustituir al sumo sacerdote a causa de su caracter bondadoso y justo, pero al final Shion se inclinó a favor de Aioros y le proclamó como nuevo sumo sacerdote cuando se percató de la maldad escondida dentro del corazón de Saga. El santo del templo de los gemelos aceptó la elección patriarcal y se comprometió a ayudar al sagitariano con las funciones del Santuario.
Antes de hacerse pública esa decisión, Kanon tuvo una crisis trascendental y duradera, entonces le propuso a su hermano unirse contra el santuario, pero el caballero dorado se niega. Saga no soportó mucho ver a Kanon tan diferente, el hecho de atestiguar cómo su hermano percibía la realidad de una manera distorsionada lo asustó y resolvió encerrar a su hermano en la prisión de Cabo Sunion. Era una celda que estaba enclavada en la roca misma del promontorio, se trataba de un castigo inhumano, ya que podía inundarse por las aguas del Mar Egeo con la marea alta.
Aunque el razonamiento y juicio de Saga le impedía advertir ese mismo deseo en su interior y expresarlo abiertamente, no aceptó ayudarlo de alguna manera porque sería verse a sí mismo culpable de igual delito, ya que pasando un tiempo el santo de la tercer casa se reconoció en el comportamiento inmoral del menor, sintiendo lo que alguna vez su hermano le confesara con desespero.
El hecho de enviar a su hermano a una muerte segura, trastornó profundamente a Saga y esto se agravó hasta el día que usurpó el poder supremo en el Santuario al asesinar al jefe supremo. Su mente creyó que teniendo poder absoluto sobre todos los mortales en este mundo se llenaría el vacío que le había dejado la separación de Kanon en su corazón.
Su vida se transformó en un mundo ajeno, y surgió un enfado contra éste el cual se originó al sentirse herido. Se encerró mucho tiempo en su templo buscando culpables. Esta emoción fue acompañada de conductas agresivas con el entorno, cayó preso de una terrible desesperación. Fue el período donde envió a sus asesinos personales a ejecutar a santos de bronce y plata fieles a Atena que se encontraban repartidos por todo el planeta. Utilizaba a los santos dorados con chantajes, o seducidos por la promesa de poder, lujos y riquezas o usando la técnica del Satán Imperial cuando alguien dudaba de sus órdenes. Así fue el autor de la más grande infidelidad a la diosa que juró proteger, desde el interior del Santuario sagrado.
Aunque los pobladores al pie del Santuario lo seguían alabando y agradecían de mil formas su protección, Saga nunca se sintió merecedor de tal reconocimiento. Todo formaba parte de su plan maestro, era algo necesario para alcanzar sus objetivos ofrecer una fachada perfecta.
Pero todo lo que en realidad quería era volver al tiempo pasado, donde solo eran Saga y Kanon, su familia pequeña. Pasaba las noches en vela pensando qué se podría haber hecho para cambiar su situación, y así evitar el dolor que lo consumía. Aún no podía aceptar lo hecho por Kanon.
La depresión fue otra fase en su vida después de la traición de Kanon, al ser consciente de que la pérdida era real, tuvo accesos de llanto intensos, con falta de apetito y padecía de insomnio, entonces su cuerpo y mente se debilitaron. Surgieron sentimientos de tristeza, vacío, soledad y dolor emocional. No veía sentido a la vida sin su gemelo a su lado. Sin saberlo, Kanon pasaba por lo mismo en su mazmorra.
En sus pensamientos se generó un miedo a no superar nunca la partida de su hermano, a no volver a experimentar nunca más el amor filial, impidiéndole alcanzar la felicidad.
Pero tristemente Saga nunca aceptó la pérdida de su hermano, llevando a su mente a seguir los mismos objetivos perversos por los cuales condenó a su hermano menor en Cabo Sunion. Siguiendo un círculo vicioso que al final lo alteró dolorosamente.
Sin embargo, al final de su vida, su bondad derrotó la parte maligna en su corazón y demostró el gran amor que le profesaba a Atena. Fue el mismo amor a su diosa, que ayudó a seguir en la pelea contra Hades, cuando el mismo dios de los Infiernos lo resucitó junto a los otros santos dorados y plateados que murieron durante el avance a traves de los templos dorados de los caballeros de bronce, quienes ayudaban a la encarnación de la diosa Atena a salvar su joven vida.
Pasado un tiempo después de su muerte su alma fue encarnada en su antiguo cuerpo y Saga tenía que demostrar fuerza y motivación que lo llevara a la dirección adecuada, aunque luego esa misma alma se condenara por los actos contra Atena que necesitaban realizar si fuera necesario. Su vida recobró sentido y fue adoptando una actitud positiva.
Es en este periodo de una noche cuando se enfrentó a su hermano gemelo otra vez, y al derrotar a Kanon en el templo de Géminis sintió un gran orgullo de que el menor protegiera a la diosa Atena de manera extraordinaria como el orgulloso santo dorado del tercer templo, se percató que su hermano no tenía maldad alguna en su corazón.
Cuando volvieron a revivir otra vez, pero ahora gracias a su adorada diosa, ellos aceptaron el final de sus vidas, una temporal y la otra reciente, y así no quedó un vínculo emocional dañino, por lo cual se puede comenzar una nueva etapa. De la manera como fue al principio, solamente ellos dos. Como una familia.
Los gemelos se despertaron temprano, siendo Saga el primero en hacerlo. Al abrir los ojos se encontró con una mata de pelo rubio en su pecho, sintiendo además un peso sobre el mismo. Su hermano menor estaba usando su torso como almohada. Saga sonrió y pasaron cinco minutos mientras decidía si era necesario despertar o no a su gemelo.
Durante ese tiempo recordó la noche anterior, después de la reunión dorada en el último templo, que fue como un maremágnum de emociones en el encuentro con los demás santos dorados y antiguo jefe patriarcal. Esto no fue nada comparado con la sesión que siguió en la tercer casa donde Kanon y él hablaron por horas de sus diferentes recuerdos durante las batallas en el Santuario y el Hades, asimismo, conversaron la vida de Kanon como Marina del dios Poseidón, y por último quedaron tan exhaustos que cayeron de sueño en el sillón donde se sentaron a confesar, reír, llorar y perdonar, acompañando su plática con vasos de vino y agua.
Sus mentes todavía funcionaban igual que cuando Saga recordaba de niño, estaban conectadas, era algo muy familiar, como volver a casa después de un viaje largo.
Lo último que recordaba Saga era que estaban unidos en un abrazo, en el sillón grande de la sala principal del templo sintiendo un gran alivio y paz. Aunque despertó con algo de irritación en su garganta y ojos, se sentía contento.
Mientras pensaba esto, llegó un caballero dorado llamando a la puerta de Géminis con su cosmo, se trataba del guardián de la doceava casa, el sueco Afrodita de Piscis.
Saga se apresuró en atender al visitante y se incorporó de su lugar en el sillón, el ex Marina interrumpió su sueño con algo de sobresalto, confundido y un poco mareado, pero al sentir la presencia en el frente del templo se tranquilizó.
"¿Qué quiere Afrodita tan temprano?", preguntó el menor a la vez que se restregaba los ojos con la mano.
"No lo sé" contestó Saga, sonriendo al ver a su hermano hacer un ademán que le recordaba otros tiempos, y al mirar el reloj colgado en la pared agregó: "Pero no es tan temprano como dices."
Kanon comprobó lo asegurado por su hermano y se sorprendió de la certeza de sus palabras, hizo una mueca de disgusto, luego en un instante recordó la noche pasada y al volver a mirar a su gemelo le correspondió la sonrisa y con un gesto menos discreto, con algo de complicidad en su mirada confirmó: "Tienes toda la razón del mundo"
Saga asintió con su cabeza, entonces recordó que había alguien a su puerta y salió a su encuentro, Kanon se desperezó al levantarse de su asiento y siguió de cerca a su hermano mayor, estaba curioso por ver la razón de la visita del santo de Piscis.
Afrodita se veía radiante, llevaba los dos brazos ocupados con sendos ramos de rosas, cada uno con una combinación de rosas blancas y rosas arcoíris (rainbow sorbet rose) como fundamento del bouquet.
La mañana estaba algo nublada y se sentía el ambiente con el frescor que proporciona un aguacero
"Hola, Saga", dijo el guardián de la casa del pez dorado y después de titubear un poco continuó: "¿O tú eres Kanon?"
"Soy Saga", dijo el mayor con una pequeña sonrisa.
Afrodita abrió más los ojos y le lanzó con algo de perspicacia: "Nunca te había visto sonreír así"
En ese momento Kanon aparece enfrente del sueco y mira con curiosidad a su hermano, para enseguida soltar una sonora carcajada a costa del mayor, y dándole una palmadita en el hombro para manifestar que reaccionó a las palabras de Afrodita sin malicia, se dirige al pisciano y concluye:
"Se nota que no lo conoces" dice el ex Marina con un guiño.
El mayor de los géminis se ruborizó un poco. Eso era verdad, Saga siempre se alejó de sus compañeros, por las razones equivocadas, y eso le impidió formar cualquier conexión emocional sana. Los únicos lazos que estableció fueron dañinos para ambas partes, con Afrodita, Deathmask y Shura, que fueron los únicos en saber que el Santo Patriarca era usurpado por un santo infiel y ellos lo apoyaron por distintos motivos, todos ellos fueron seducidos por la elocuencia extraordinaria del mayor de los hermanos, por su dominio del convencimiento a personas.
Kanon nunca hizo amistad con ningún santo del Santuario, se escondió como la sombra de Saga. Cuando alguien lo veía siempre pensaban que era el hermano mayor, al principio le irritaba, y después no se preocupaba siquiera en sacarlos de su error.
El sueco se recupera rápido y empieza: "Bueno, estoy aquí para saludarlos y hacerles entrega de unos pequeños presentes de parte mía" al decir esto, les ofrece los ramos.
Los hermanos toman entre sus brazos los bellos obsequios y apreciaron el exquisito aroma que despedían las rosas, agradeciendo la gran gentileza de Afrodita.
"¿Quieres pasar a tomar algo?" pregunta Saga al pisciano.
"Gracias, pero ya tengo que irme" dijo con una conmovida sonrisa el sueco.
"Sólo una taza de té o café", insistió Kanon, "lo preparo rápido"
El guardián del pez dorado se niega de nuevo y promete: "Será otro día, ya voy tarde a una reunión" al final se disculpa, "Pero si la invitación sigue en pie, los visitaré mañana temprano", asegura al alejarse.
"Claro, Afrodita. Siempre serás bienvenido en esta casa." declara, pero antes de cerrar la puerta de Géminis oye un grito del santo de Piscis expresar: "Deberías de sonreír más seguido, Saga", lo que provocó una risa ahogada de Kanon.
Saga se sorprendió al sentir un poco de tristeza cuando Afrodita no aceptó su invitación. El geminiano mayor anheló siempre llenar el hueco que tenía su alma al separarse de su hermano, pretendiendo completar su espíritu con poder y riquezas. Pero lo que necesitó realmente era tener un amigo cercano.
El gemelo mayor tenía miedo de algún día recaer en su antiguo carácter malvado, que éste su presentara cualquier día, y que nadie se diera cuenta de ello. Si bien ahora su hermano estaba junto a él y los dos habían demostrado al final su lealtad a la diosa de la sabiduría, las artes y las técnicas de guerra, su adorada Atena.
"¿En qué piensas?" pregunta el ex Marina con curiosidad, mientras buscan vasos para poner los ramos de rosas.
Estaba dispuesto a acercarse a los demás caballeros, sabía que sería difícil ganarse su confianza, pero así se aseguraría que alguno de ellos notara cualquier cambio en su personalidad. Seguiría el ejemplo de Afrodita, que demostraba un gran valor al repartir sus floridos regalos.
No quería cometer el mismo error de antes, al alejarse de todos cuando necesitaba ayuda. Saga estaba dispuesto a proyectar más su lado positivo viendo en los demás, desde sus compañeros de armas hasta el servidor más humilde del Santuario, y hacer una reflexión para hallar en su ser algo semejante.
Hacer un examen de aquellos comportamientos, sentimientos o acciones que valora de todas esas personas y encontrarlos en tu interior.
"Creo que debemos prepararnos bien para recibir mañana a Afrodita como se merece, ¿no crees, Kanon?"
Así no volvería a sentir la soledad fría y agobiante del poder supremo, provocado por él mismo al desdeñar y desconfiar de todos.
"Sí, hay que planear un buen desayuno" concuerda mientras encuentra un enorme jarrón blanco guardado en un gran armario.
"Mira, Saga, es perfecto, vamos a acomodar los dos ramos aquí", el hermano mayor asiente ante la petición.
Mientras Kanon llena de agua el hermoso florero, su hermano le advierte tener mucho cuidado.
"No lo voy a romper" se queja el menor de los gemelos al empezar a colocar las flores en el recipiente.
"No me refiero a eso, quiero decir que no quiero que te lastimes", aclara Saga.
"Oh"
Ser testigo del momento de dejar a un Kanon sin palabras es una ocasión memorable. Saga atesoró esa hazaña. Sin embargo, el menor de ellos se recobra de su mutismo fugaz casi de inmediato.
"¡Pero mira qué belleza!, Afrodita tiene buen gusto" dice admirado.
Sobre una mesa de centro en la sala, se exhibía en todo su esplendor el gran ramo de flores. Era perfecto, como había declarado antes Kanon. La manera como se integraban ambos ramos en una pieza exquisita era de maravillarse.
Al estudiar el conjunto con cuidado, Saga nunca había apreciado al santo de Piscis antes de este día, y se juró
percibir en sus demás compañeros las cualidades que durante su primer vida minimizó o ignoró por completo. Resolvió aprender de ellos e integrarlas en su carácter. Estaba seguro que se sentiría liberado, pues ya no sería una batalla solitaria para evitar tener determinados sentimientos negativos.
No sabía si todos iban a ser tan amistosos y abiertos como Afrodita, pero haría el intento, daría su mayor esfuerzo.
Con esto en mente, con ganas de empezar el nuevo día, y una nueva vida, le asegura a su hermano:
"Así es, hasta su nombre lo sugiere. La estética de Afrodita es envidiable" Saga sonríe.
Kanon se limitó a elevar sus cejas, y sin decir nada se dirigió a la cocina, soltando un sonoro bostezo.
"Vamos a desayunar, o almorzar. Después vamos al pueblo a comprar lo necesario para el desayuno de mañana, ¿qué te parece?" pregunta el menor.
"Me parece correcto" responde Saga, su estado mental reflejaba tranquilidad, la cual se notaba en su semblante.
"No te había visto tan feliz desde..." titubeó el ex Marina mientras sacaba comida de la alacena "bueno, ya sabes"
"Sí, lo sé. Me siento como si hubiera regresado a la época cuando éramos niños, pero con la experiencia de un viejo" suspira Saga con una pequeña sonrisa todavía dibujada en el rostro.
"Sí, te entiendo. Bueno, tú eres el mayor, entonces tú eres el viejo" dice socarronamente Kanon fingiendo enojo.
"Por cinco minutos, Kanon. Sólo cinco minutos soy mayor que tú" replica en tono condescendiente, ocultando una sonrisa con todas sus fuerzas.
Extrañó a Kanon, era el único que le conocía bien, y también era la única persona que Saga conocía bien. Sabía sus defectos y virtudes como los suyos propios. Eran familia.
Le agradecía a la diosa por haberles dado la oportunidad de recuperar a su familia, y le pedía con todo su corazón tener el coraje y merecimiento de aumentarla con los demás miembros de la orden ateniense.
Continuará...
N de la a.- (1) Creo que escribí demasiado sobre el pasado, o lo "nuevo" no estuvo tan extenso como me hubiera gustado.
(2) Cuando estaba escribiendo el fic me quedó la duda sobre el permiso que dan los dorados para que alguien más pueda pasar por su casa. Si no está el dueño, se puede atravesar sin ningún problema, pero si por ejemplo, llegan de un viaje en la madrugada y el dueño de la casa está dormido, ¿lo despiertan? ¿Tienen permiso del patriarca como salvoconducto? O imaginen si Deathmask llega de una borrachera a altas horas de la noche, suponiendo que él no tiene permiso, entonces ¿cómo cruzaría las primeras tres casas? Me lo imagino colgando de cuatro drones encima de las casas.
