Hola, una disculpa por el retraso. Les explico al final.

Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling y Off Campus: The Deal lo es de Elle Kennedy. Solo soy una inmensa admiradora de sus obras.

Advertencia: Esta historia contiene lenguaje obsceno y escenas no aptas para menores. Leer bajo su propia responsabilidad.


Normalmente me siento orgullosa de tener la cabeza en su sitio y de tomar decisiones acertadas, pero, ¿acceder a dar clases particulares a Malfoy? ¿Hay algo más estúpido que eso en el mundo?

Y sigo maldiciéndome a mí misma por ello mientras camino hacia el aula de Pociones la noche siguiente. Cuando Malfoy me acorraló en la fiesta de la Sala de Menesteres, toda mi intención era decirle que se fuera a la mierda y que me dejara en paz, pero entonces él me puso a Roger delante de mi nariz como una zanahoria, y yo caí como un tomate maduro de la rama.

Genial, ahora estoy mezclando metáforas. Y las dos de vegetales.

Creo que este es un buen momento para enfrentarme a una triste verdad: cuando se trata de Roger Davies, mi sentido común se reduce a cero. Ayer por la noche me fui de la fiesta con el único propósito de olvidarme de él, y en vez de hacer eso, dejé que Draco Malfoy me llenara de la emoción más destructiva conocida por la humanidad: la esperanza.

Esperanza de que Roger se fije en mí. Esperanza de que pueda querer estar conmigo. Esperanza de haber, por fin, encontrado a alguien que pueda hacerme sentir algo.

Me resulta vergonzoso lo completamente atontada que me tiene este chico. Me detengo frente a la puerta cerrada en espera del hurón que ojala no tarde demasiado, le envié una nota diciéndole que nos veíamos aquí a las ocho y cuarto. Aún me pregunto qué pensaría mi antigua psicóloga si supiera el trato que he hecho con Malfoy. Me gustaría decir que ella estaría en contra, pero Carole estaba totalmente a favor del empoderamiento de las personas. Y siempre me animó a tomar el control de mi vida y a aprovechar cualquier oportunidad que me permitiera superar la violación.

Así que esto es lo que sé: he salido con un solo chico después de la violación. Me acosté con él. Y nunca me hizo sentir tan llena de deseo como Roger Davies con una sola mirada de sus ojos entrecerrados.

Carole me diría que es una oportunidad que vale la pena explorar.

Veo a Malfoy acercándose con su túnica planchada y su cabello cuidadosamente arreglado. Tengo que admitir que el muy maldito luce bien incluso a estas horas de la noche. Lleva una sonrisa de suficiencia en el rostro, lo que me hace pensar si no sería una mejor idea irme de aquí, pero antes de poder hacer algo se para frente a mí con las manos metidas en los bolsillos.

─Granger.

─Malfoy.

─Sabía que vendrías.─ Me dice sin borrar su estúpida sonrisa.

─ ¿Cómo estabas tan seguro de eso?

Se encoge de hombros y me hace una seña para que lo siga. Estuve un par de horas en la biblioteca por la tarde y busqué algunos hechizos desilusionadores, finalmente opté por el que se me hizo más efectivo. Caminamos en silencio hasta que llegamos a la que parece la entrada y lo escucho decir la contraseña, en tanto yo pongo en práctica mi hechizo. Lo primero que noto cuando entramos es la oscuridad y frío que predominan en la sala, en el trayecto voy viendo cada cosa, desde las ventanas que dan al Lago Negro, los muebles y sillones negros, hasta los estudiantes que se encuentran en ese momento. Me siento algo incómoda, está claro que este no es mi ambiente.

Nos dirigimos hacia un pasillo que da la impresión de ser la zona de las habitaciones y abre una de las últimas puertas, se hace a un lado dejándome un espacio para pasar y ya estando ambos en el interior la cierra a mis espaldas. No hay nadie dentro. Lo primero que llama mi atención es el gran tamaño, tiene la misma tonalidad que la estancia, como en penumbras y del mismo modo hay un gran ventanal por donde veo a algunos peces nadando.

Me quito mi túnica y nuevamente observo detenidamente cada detalle que compone la habitación. Malfoy está parado junto a un escritorio moviendo algunos libros que están sobre él. Me remuevo un poco sin saber muy bien qué hacer. Debo admitir que estoy nerviosa de estar aquí.

─Olvidé algo allá afuera, ahora vuelvo. Siéntate en donde quieras─ Lo veo salir de la habitación y observo a mi alrededor. Mis opciones para sentarme son limitadas. Está la silla del escritorio pero tiene las cosas de Malfoy encima y no estoy segura de donde ponerlas, parece alguien delicado en cuanto a donde coloca sus pertenencias, hay un sillón del otro lado pero está enterrado bajo una montaña de ropa. El suelo es de madera y parece incómodo.

No hay más lugar que alguna de las camas. Como no sé a quién pertenecen las otras, elijo la que tiene encima la túnica que Malfoy se quitó al entrar. De mala gana me siento a la orilla notando lo suave y confortable que es.

De repente se abre la puerta pero no es Malfoy. El chico que entra me observa con los ojos abiertos y una expresión de sorpresa en su rostro cincelado que rápidamente se desvanece.

─Eh… ¡Hola, Granger!─ Dice arrastrando las palabras mientras me mira de arriba a abajo─ Mi cumpleaños no es hasta la siguiente semana, pero si se trata de un regalo adelantado, no te preocupes, que no me quejo, muñequita.

Por supuesto. Debería haber sabido que Malfoy compartiría habitación con alguien tan desagradable como Blaise Zabini.

Me pongo de pie y hundo los dedos en la correa de mi mochila, abro la boca para decirle algunas cosas, pero ahora si entra Malfoy y frunce el ceño en dirección a su compañero.

─ ¿Qué haces aquí, Blaise? ¿No habías dicho que pasarías la noche fuera?─ Le pregunta cerrando la puerta.

─Si, pero mis planes cambiaron de último momento.─ Camina hacia un armario─ Ahora es mi turno de preguntar ¿Podrías explicarme por qué razón Granger se encuentra aquí? Tengo entendido que nunca te enredas con las de Gryffindor.

─ ¿Qué no me escuchaste cuando les dije que ella me daría clases particulares para Aritmancia?─ Tengo ganas de intervenir diciendo que yo también estoy presente.

─Creo que no te puse mucha atención sobre de quién hablabas. Vaya sorpresa que me llevé cuando entré aquí.

─Bueno, eso explica la clase de pensamientos que se te cruzaron en la cabeza al verme, pervertido─ Ahora si intervengo.

─Ay vamos. No todos los días entro aquí y veo a una chica esperando sentada en una cama. Bueno sí, pero no exactamente tú, Granger. Por cierto, que te ves muy bien con el uniforme. Creo que no te lo había mencionado.─ Abro y cierro la boca sin saber que decir, porque nunca antes había hablado con Zabini y que se dirija a mí con tanta confianza me cohíbe un poco.

─Tuve que decirle a mis compañeros de habitación que me ayudarías con esto y estarías aquí, pero al parecer algunos no entendieron.─ Me informa Malfoy dándole una mirada desdeñosa a su amigo.

─Ahora que lo pienso es imposible imaginar que ustedes dos tengan algo. Me asombra incluso que Granger haya aceptado ayudarte. Todo sea por el Quidditch. ─Se aleja de nosotros hacia la salida─ Bueno, creo que iré por ahí. Luego nos vemos.─ Y se va dejándonos de nuevo solos. Pero la soledad no dura mucho porque inmediatamente entra alguien más en la habitación.

─Nos acaba de decir Blaise que estabas aquí con Granger. Quiero tener una pequeña charla con ella─ Se detiene y me observa fijamente un chico con grandes ojos azules y cabello oscuro que estoy segura lo he visto en clase. Claro, me parece que se llama Theodore Nott. Ahora que lo observo mejor, es tan guapo como Malfoy y Zabini y por la forma en que camina hacia donde estoy, es plenamente consciente de su atractivo. Dios, porque ahora solo pienso en lo bien que lucen los Slytherin.

─Escucha bien─ Anuncia con voz severa─ Mi chico necesita sacar 10 en esta prueba. Será mejor que consigas que eso suceda.

Mis labios se contraen. Pero ¿quién se cree que es?

─ ¿O qué?─ Lo desafío.

─O yo me enfadaré mucho, mucho. ─Su mirada sensual hace un barrido lento y deliberado por mi cuerpo, deteniéndose en mi pecho antes de ir hacia arriba─. Y tú no quieres que yo me enfade, ¿verdad, preciosa?

Malfoy resopla.

─Este es Theodore Nott. Y supongo que ya conoces a Pansy.

─Granger.─ Hace un movimiento con la cabeza.

─Parkinson─ Genial. Esta si es una verdadera guarida de serpientes.

─Draco ya nos explicó todo. Creo que podría intentar tolerarte hasta que termines tu trabajo─ Me dice Parkinson revisándose las uñas despreocupadamente.

─Creo que ya fue suficiente de presentaciones. Salgan de aquí para que podamos de una vez comenzar con esta mierda─ Malfoy les señala la puerta.

─Que grosero. Solo queríamos pasar a saludar. Vámonos Theo, que aquí no somos bienvenidos─ Dice Parkinson con ofensa seguramente fingida.

Cuando ambos salen de la habitación suelto un suspiro. Nunca me imaginé que algo así ocurriría. Yo esperaba insultos o burlas de parte de sus compañeros, pero al parecer es tan importante para ellos que Malfoy apruebe, que incluso son capaces de, como dijo Pansy, tolerar a alguien como yo. Increíble, pero cierto.

Me vuelvo a sentar en la cama y saco algunos libros de mi mochila, Malfoy se une acomodándose en la cabecera. Se escucha un pequeño silbido del buzón que se encuentra encima de la mesita de noche. Todos los estudiantes tenemos uno en nuestra habitación. No le tomo mucha importancia.

─Bueno, creo que deberíamos repasar toda la teoría primero. Primero nos aseguraremos de que te sabes los puntos más importantes de las propiedades de los números y después cómo es su relación con la naturaleza y con los núcleos esenciales.

─De acuerdo.─ Asiente.

─Vamos a empezar con el uno. Su descripción es bastante sencilla.

Abro los apuntes que nos dio la profesora al comienzo del curso y busco todo el material necesario. Malfoy desliza su cuerpo hasta descansar su cabeza en el marco de madera, dejando escapar un profundo suspiro cuando dejo caer los textos en su regazo.

─Lee ─le ordeno.

─ ¿En voz alta?

─Exacto. Y cuando hayas terminado, quiero que me resumas lo que has leído. ¿Crees que podrás hacerlo?─Hay un silencio, y a continuación su labio inferior empieza a temblar.

─Quizá este no sea buen momento para decírtelo, pero… no sé leer.

Me quedo boquiabierta. Mierda. No puede ser verd…

Malfoy suelta una carcajada.

─Tranquila, te estoy tomando el pelo. ─A continuación frunce el ceño─. ¡¿En serio te has creído que no sabía leer?! Joder, Granger…

Le ofrezco una dulce sonrisa.

─No me habría sorprendido lo más mínimo.

Pero Malfoy sí que acaba sorprendiéndome. No solo lee el material con tono suave y vocalizando, si no que empieza a resumir las propiedades casi palabra por palabra.

─No lo haces tan mal.─ Si fuera otra persona tal vez usaría otras palabras, pero es tan engreído que si le doy un cumplido como tal se le subiría a la cabeza.

─Es bueno escuchar decir eso de tu parte, Granger.─ Muestra su sonrisa ladeada.

─No te emociones. Que sigue la parte complicada.─ Bajo la vista hacia el libro que está en mis manos.

─Creo que es algo estúpido esa creencia de la armonía con la naturaleza. Me parece más del tipo de la loca de Trelawney.─ Hace un gesto con el dedo a un lado de su cabeza.

─Bueno, puede que lo relacionen un poco. Pero en la Aritmancia entendemos la parte numérica y racional de eso. Nos basamos en hechos.─ No pienso en absoluto que esta asignatura tan maravillosa se compare con algo como Adivinación. ¿O sí?

─Solo digo que es imposible que alguien que nace de una forma, en este caso negativa, se vuelva de pronto en alguien bueno.

─Pues yo conozco gente que si lo ha hecho. No repentinamente pero sí, con el tiempo.─ Me acomodo un poco en la suave colcha.

─Lo dudo, alguien que ya tiene un "destino" no puede cambiarlo. Es como la Comadreja, nació pobre y no veo que ese hecho cambie aún─ Su expresión de burla me provoca un destello de rabia. Pero no permito que su provocación me afecte demasiado.

─Tal vez es por eso que no te ha ido exactamente bien en la clase. Por esa clase de pensamientos.─ No reprimo una sonrisa de satisfacción cuando observo como frunce el ceño.─ Volviendo al tema no creo que sea imposible. Sí puede ser un poco difícil que uno puede llegar a estar en completa armonía con lo que está a su alrededor, ya sabes, las personas, el entorno. Se necesita de mucha dedicación ya que por una o por otra siempre va a…

Se escucha de nuevo ese silbido del buzón─ Un segundo─ Malfoy lo abre y saca un papel que lee, escribiendo en él al reverso antes de meterlo de nuevo.─ ¿Qué decías?

Los siguientes veinte minutos los pasamos repasando los puntos clave de los entes. Malfoy escribe unas cinco notas más durante ese tiempo.

─Por las barbas de Merlín─ exploto─ ¿Voy a tener que hacer desaparecer esa cosa?

─Lo cerraré─ Algo que no arregla nada, porque el dichoso silbido suena cada vez que le llega una nueva nota.

─Así que, básicamente, la individualidad es lo que caracteriza a…─Me detengo cuando se vuelve a escuchar ese desesperante sonido ─ Esto es ridículo. ¿Quién te está escribiendo sin parar?

─Nadie.

Nadie. Sí, claro. Abro la tapa y tomo una de las notas que sale volando. Leo lo escrito allí y no hay que ser genio pera saber que se trata de una chica. A menos que haya un chico por ahí que quiere lamer a Malfoy por todas partes.

─ ¿Estás escribiendo esta clase de cosas durante tu clase particular? ¿De qué vas?

Suspira.

─Yo no soy quien lo escribe. Es ella.

─Ajá. O sea que la culpa es suya ¿no?

─Lee el reverso de las hojas─ insiste─ No dejo de decirle que estoy ocupado. No tengo la culpa de que no quiera darse por aludida.

Leo las demás notas y descubro que está diciendo la verdad. Todas las cosas que ha escrito él en los últimos treinta minutos llevaban las palabras ocupado y estudiar y nos veremos luego.

Con un suspiro, tomo la pluma que está sobre su buro y comienzo a escribir. Malfoy protesta e intenta quitarme la nota de la mano, pero es demasiado tarde. Ya lo he echado al buzón.

─Ya está─ anuncio─ Asunto cerrado.

─Juro por Merlín, Granger, que si…─ calla mientras regresa escuchamos el silbido con el papel de vuelta a la habitación y lo toma para leerlo.

Soy la profesora particular de Malfoy. Estás molestando. Terminamos en treinta minutos. Estoy segura de que puedes mantener el botón de tu falda cerrado hasta entonces.

¿La respuesta? Un simple Ok.

Malfoy me mira a los ojos y se ríe tan fuerte que no puedo evitar sonreír.

─Debería ser más eficaz que tu vago "déjame en paz", ¿no te parece?

Se ríe de nuevo.

─No hay discusión posible.

─Esperemos que eso silencie a tu novia por un rato.

─No es mi novia. Es una conejita con la que me enrede el año pasado y…

─ ¿Conejita? ─Suelto con horror─. Eres un cerdo. ¿Así es como llamas a las mujeres?

─Cuando una mujer solo está interesada en acostarse con un jugador de Quidditch para poder presumir delante de todos sus amigos de que se ha tirado a un jugador de Quidditch… Sí, así es como las llamamos —dice con cierta amargura en su voz—. En todo caso, aquí el que está siendo usado como un objeto soy yo.

─Bien. Si eso te hace dormir mejor por las noches… ─Cojo el libro que había soltado—. Pasemos al número dos.

Más tarde, le hago preguntas sobre los dos números que hemos discutido esta noche y me alegro cuando veo que contesta a todo correctamente, incluso a las preguntas trampa que le lanzo. Muy bien. Igual Malfoy no es tan tonto como pensaba.

Cuando nuestra hora se ha terminado, estoy convencida de que no solo se ha memorizado toda la información y me la ha soltado. Lo ha comprendido realmente.

─Mañana veremos el siguiente número. ─Suspiro─. Después de la cena estoy libre.

Malfoy asiente.

—De acuerdo ¿qué te parece a las ocho?

—Me parece bien. —Meto las cosas en mi mochila y le pregunto para usar el baño antes de irme. Cuando salgo de la habitación lo descubro sacando de mi mochila unas bolas de estambre que siempre cargo para tejer calcetines en mis ratos libres. No porque no haya tenido mucho éxito con la P.E.D.D.O. significa que la deje de lado.

─ ¿Por qué diablos cargas con este estambre, Granger? ¿Sigues con tus intentos de liberación a los elfos?─ Ignoro sus comentarios.

─ ¿Has estado hurgando mi mochila?─ Exclamo─ ¿En serio?

─Solo dime una cosa, ¿no podrían ser siquiera de otro color? Rojo y dorado son los peores colores que pudiste haber escogido─ En lugar de contestar, le quito la mochila de las manos y guardo nuevamente todo. No puedo creer que haya hecho esto. Le digo un corto adiós y me pongo la túnica, una vez fuera de la sala común tengo ganas de tirarme de los pelos. No me puedo creer que haya dicho que sí a una semana y media de esto.

Dios, ayúdame.


La noche siguiente durante la cena me encuentro hablando con Ginny después de haberme ido del salón de Música echando humo tras un nuevo y desastroso ensayo con Wayne.

─ ¡Oye! ─me dice cuando escucha mi cortante tono de voz—. ¿Qué te pasa?

─Wayne Hopkins ─le contesto airadamente. ─El ensayo ha sido una absoluta pesadilla.

─ ¿Ha vuelto a intentar robarte las buenas melodías?

─Todavía peor. ─Estoy demasiado enojada como para hacer un resumen de lo que ha pasado, así que ni lo intento─. Quiero matarlo mientras duerme, Ginny. No, quiero matarlo cuando esté despierto para que pueda ver la felicidad en mi rostro mientras lo hago.

─Vaya que te ha hecho enojar, ¿eh? ¿Quieres esperar a los chicos que están hablando de quien sabe qué cosa o vamos a la Sala Común?─ Observo como están amontonados en un extremo de la mesa con lo que parece una revista, tal vez de deportes.

─De hecho tengo que ver a Malfoy esta noche. ─Otro encuentro que no me apetece nada tener. Todo lo que quiero hacer ahora es ducharme y leer un buen libro, pero conociendo a Malfoy, me perseguirá y pegará gritos si me atrevo a cancelar nuestra clase.

─Todavía no puedo creer que cedieras con lo de las clases particulares —dice Ginny con asombro.─ Debe de ser muy persuasivo.

─Algo así ─respondo sin dar más detalles.

No le he contado a mi amiga el trato que tengo con Malfoy, sobre todo porque quiero retrasar la inevitable burla que vendrá cuando se entere de lo desesperada que estoy por conseguir que Roger se fije en mí. Sé que no seré capaz de ocultarle la verdad toda la vida y que sin duda va a hacer preguntas cuando se entere de que voy a ir a una fiesta con Malfoy. Pero estoy segura de que para entonces se me ocurrirá una buena excusa.

Hay algunas cosas que dan demasiada vergüenza admitir, incluso a tú mejor amiga.

─ ¿Cuánto te paga? ─pregunta con curiosidad.

Como una imbécil, suelto el primer número que se me viene a la cabeza.

─Eh… treinta.

─¡¿Treinta galeones la hora?! ¡Por Merlín! Eso es una locura. Serás prácticamente millonaria cuando acaben. Más te vale invitarme a un buen lugar.

─No exageres─ digo con suavidad─. Pero bueno, tengo que irme. Lo veré en la biblioteca. Nos vemos después. ─Por supuesto que no le iba a decir que me reúno con él en realidad en su sala común, específicamente en su habitación.

Camino hacia las mazmorras con paso normal, no lo vi en el Comedor. Pensándolo bien no lo veo mucho en las cenas. En fin. Malfoy me dijo que entrara, pues yo ya había escuchado la contraseña. No hay muchos estudiantes, a lo mucho tres o cuatro. Me detengo frente a su puerta.

─ ¿Malfoy? ─llamo desde la entrada.

─Pasa. ─Su respuesta llega amortiguada.

Me lo encuentro vestido con unos pantalones negros y una camiseta del mismo color, ¿Qué no tiene ropa de otros tonos? Pero he de decir que le favorece, hace que su piel y su cabello rubio resalten y al no estar muy holgada la tela se ajusta muy bien a su cuerpo.

─Oye. ¿Dónde están tus compañeros de cuarto?

─Es viernes por la noche, ¿dónde crees que están? De fiesta. ─Su tono denota cierta melancolía. Saca los apuntes de clase de la mochila que hay en la silla.

─Y tú prefieres estudiar ─comento─. No sé si debería estar impresionada o si debería sentir lástima por ti.

─No salgo de fiesta durante la temporada, Granger. Ya te lo he dicho.

Sí que me lo había dicho, pero lo cierto es que no le había creído. ¿Cómo es que no se va de fiesta todas las noches? Es que solo hay que mirarlo: está que te mueres de bueno y es muy popular. Espera, ¿he dicho yo eso? De nuevo con mis pensamientos sin sentido.

Nos instalamos en la cama y acto seguido nos ponemos a trabajar, pero cada vez que Malfoy usa unos minutos para repasar un tema, mi cabeza viaja de nuevo al ensayo de la tarde. Hiervo de rabia en mi interior y, aunque me da vergüenza admitirlo, mi mal humor se filtra en la clase. Estoy más gruñona de lo que quiero estar y soy mucho más dura de lo necesario cuando Malfoy malinterpreta los textos.

─Pero que no es tan complicado ─exclamo cuando no lo entiende por tercera vez ─. Está diciendo que…

─Bien, ya lo entiendo ─me interrumpe, arrugando la frente de la irritación─. No es necesario que me hables mal, Granger.

─Lo siento. ─Cierro mis ojos brevemente para calmarme─. Vamos a pasar al siguiente número. Volveremos con este al final.

Malfoy frunce el ceño.

─No vamos a pasar a nada. No hasta que me digas por qué has estado ladrándome desde que llegaste. ¿Qué, Loverboy te ha ignorado en el patio o algo así?

Su sarcasmo solo intensifica mi enojo.

─No. Lee eso de una vez, ¿quieres?

─No voy a leer una mierda. ─Se cruza de brazos─. Mira, hay una solución fácil para terminar con esta actitud de idiota que traes. Todo lo que tienes que hacer es decirme por qué estás enfadada; yo te digo que es totalmente absurdo, y después nos ponemos a estudiar en paz.

He subestimado la testarudez de Malfoy. Pero debería haber aprendido la lección teniendo en cuenta que su tenacidad ha superado a la mía en más de una ocasión. No es que me apetezca particularmente hacerle una confidencia, pero mi molestia con Wayne es como una nube negra sobre mi cabeza y necesito disipar la energía tormentosa antes de que me consuma.

─ ¡Quiere un coro!

Malfoy parpadea.

─ ¿Quién quiere un coro?

─Mi compañero de dueto ─digo sombríamente─. También conocido como "la pesadilla de mi existencia". Te juro que si mi cabeza no me detuviera, le daría un puñetazo en toda la presumida y estúpida cara que tiene.

─ ¿Y cómo es que no lo pensaste demasiado cuando me lo diste a mí?

Siento mis mejillas arder ante el recuerdo. Lo acepto, creo que me pasé un poco. Pero no estuve ni estoy para nada arrepentida de ese golpe. Se lo merecía el muy imbécil. Prefiero redirigir la conversación.

─El caso es que es imposible trabajar con este chico. La canción es fantástica, pero lo único que hace es buscarle tres pies al gato continuamente, a cada detalle microscópico. La clave, el tempo, los arreglos, la maldita ropa que nos vamos a poner…

─De acuerdo… ¿Y qué es eso de que quiere un coro?

─Escucha: Wayne quiere un coro para que nos acompañe en el último estribillo. ¡Un estúpido coro! Llevamos ensayando este tema durante semanas, Malfoy. Se suponía que iba a ser algo sencillo, solo los dos mostrando nuestras voces… Y ¿de repente quiere hacer una gran producción?

─Suena como una diva.

─Es que lo es. Me encantaría arrancarle la cabeza. ─Mi enojo es tan monumental que cubre mi garganta y hace que mis manos tiemblen—. Y encima, por si eso no fuera lo suficientemente exasperante, dos minutos antes de que acabe el ensayo, decide que debemos cambiar el arreglo.

─ ¿Qué pasa con el arreglo?

─Nada. No hay nada malo con el arreglo. Y Emily, la chica que escribió la maldita canción, ¡está allí sentada sin decir nada! No sé si es que tiene miedo de Wayne, si es que está enamorada de él, o qué diablos pasa, pero no ayuda en absoluto. Siempre que empezamos a pelearnos, se calla, cuando lo que debería hacer es expresar su opinión y tratar de resolver el problema.

Malfoy frunce los labios. Es parecido a lo que hace mi abuela cuando está absorta en sus pensamientos. Es adorable, la verdad.

Pero probablemente me mataría si le digo que me recuerda a mi abuela.

─ ¿Qué piensas? ─pregunto cuando veo que no habla.

─Quiero escuchar la canción.

La sorpresa me inunda.

─ ¿Qué? ¿Por qué?

─Porque has estado parloteando sobre ese tema desde el mismo instante en el que comenzamos con esto.

─ ¡Pero si esta es la primera vez que saco el tema!

Él responde otra vez agitando la mano de forma impertinente. Estoy empezando a sospechar que lo hace a menudo.

─Bueno, quiero oírla. Si esta chica, Emily, no tiene lo que hay que tener para hacer una crítica válida, lo haré yo. ─Se encoge de hombros─. Quizá tu pareja en el dueto, ¿cómo se llamaba?

─Wayne.

─Tal vez Wayne tiene razón y tú eres demasiado obstinada como para verlo.

─Créeme, no tiene razón.

—Bien, en ese caso, déjame ser yo quien juzgue. Canta las dos versiones de la canción para mí, tal y como está ahora y como Wayne quiere que sea. Te diré lo que pienso. Tú tocas algo, ¿no?

Arrugo mi frente.

─Que si toco ¿qué?

Malfoy resopla y niega con la cabeza.

─Instrumentos.

─Ah. Sí, sí. Piano y guitarra ¿Por?

─Espera.

Se para y camina hacia una de las camas que hay en la habitación, veo como se agacha y saca de una caja de madera una guitarra acústica.

─Es de Theo ─explica─. No le importará que toques.

Aprieto los dientes.

─No voy a cantar para ti.

─ ¿Por qué no? ¿Te da pena o algo así, Granger? Descuida, sé lo nerviosa que te puedo llegar a poner, pero no tienen nada de qué preocuparte.

─No, imbécil. Solo que tengo cosas mejores que hacer. ─Le lanzo una mirada cargada de intención—. Como ayudarte a que apruebes el examen.

─Ya hemos avanzado bastante. Vamos, tenemos tiempo. Déjame oírla.

A continuación saca una sonrisa y suspiro antes de ceder. Acepto la guitarra y la dejo caer en mi regazo, rasgando las cuerdas para probar.

Está afinada, el sonido es un poco más metálico que el de la acústica que tengo en mi habitación, pero suena genial.

Malfoy se sube a la cama y se recuesta, con la cabeza apoyada en una montaña de almohadas. Nunca he conocido a nadie que se acueste con tantas almohadas. Igual es que las necesita para envolver su enorme ego.

─De acuerdo ─le digo─. Así es como lo estamos haciendo ahora. Imagina que hay un chico que se une a mí en el primer coro y que luego canta el segundo verso.

Conozco a muchos cantantes que son demasiado tímidos como para cantar delante de extraños, pero yo nunca he tenido ese problema. Aunque al tratarse de Malfoy supongo que hay excepciones. Bah, qué más da.

Cojo aire, toco los acordes iniciales y empiezo a cantar. Me encanta esta canción. De verdad. Es de una belleza inquietante, e incluso sin la intensa voz de barítono de Wayne complementando mi voz, tiene la misma fuerza, la misma emoción desgarradora que Emily ha vertido en la letra.

Desde pequeña me fascina la música y como todo lo que hago trato de hacerlo lo mejor posible y dando todo de mí. Aunque no me dirija hacia este camino en el futuro, me gusta sentir que hay más allá y que los demás puedan sentirse de esa forma.

Unos minutos después, la nota final permanece en el aire como un rastro de perfume. Miro a Malfoy, pero su rostro no refleja emoción alguna. No sé qué esperaba que hiciese. ¿Felicitarme? ¿Burlarse de mí? Posiblemente lo segundo. Pero lo que no esperaba era silencio.

─ ¿Quieres escuchar la versión de Wayne? —pregunto.

Él asiente con la cabeza. Eso es todo. Un rápido movimiento de cabeza y nada más.

La inexpresividad de su cara me inquieta, así que opto por, esta vez, cerrar los ojos cuando canto. Cambio el puente de la canción donde Wayne insistía que debía estar, añado un segundo coro como él decía y, sinceramente, no creo que esté siendo parcial cuando digo que prefiero el original. Esta segunda versión se hace pesada y el coro extra sobra.

Para mi sorpresa, una vez he acabado, Malfoy está de acuerdo conmigo.

─Es demasiado larga cuando lo haces así ─dice con voz ronca.

─ ¿Verdad? ─Estoy feliz de escucharle dar por buenas mis preocupaciones. Está claro que Emily no puede decir lo que piensa delante de Wayne.

─Y olvídate del coro. No lo necesita. Vamos, ¡no creo ni que necesites a Wayne! — Sacude su cabeza, atónito—. Tu voz es… joder, Granger, es preciosa.

¿En serio dijo eso? ¿Malfoy? Mis mejillas se calientan. Nunca en toda mi vida espere que Draco Malfoy me dijera algo así. Estoy completamente asombrada. No sé si estoy soñando o algo. Tal vez sea el fin del mundo.

─ ¿Eso crees?

Su expresión apasionada me revela que lo dice completamente en serio. No puedo creerlo. Nunca lo he visto así. Por Dios, y no tengo a nadie a quien contarle.

─Toca otro tema me ordena.

─Eh… ¿Qué quieres escuchar?

─Lo que sea. No me importa. ─Estoy sorprendida por la intensidad de su voz, por la emoción que ahora brilla en sus ojos grises.

Y entonces canto. Esta vez una canción compuesta por mí, pero aún no está preparada lo suficiente así que acabo cambiando a otra. Toco Stand By Me. Es la canción favorita de mi madre, la que le canto todos los años por su cumpleaños.

A mitad de canción, los ojos de Malfoy se agitan y se cierran. Miro la constante subida y bajada de su pecho mientras mi voz se quiebra por la emoción que esconde la letra. Después mi mirada se eleva a su rostro.

Sus ojos permanecen cerrados durante el resto de la canción, y cuando toco el último acorde, pienso que debe de estar dormido. Dejo que la última nota desaparezca y suelto la guitarra.

Los ojos de Malfoy se abren de repente antes de que pueda levantarme de la cama.

─Oh. Estás despierto. ─Trago saliva─. Pensé que estabas durmiendo.

Él se incorpora y se sienta; su tono de voz envuelto con genuino asombro.

─ ¿Dónde has aprendido a cantar así?

Me encojo de hombros con torpeza. A diferencia de Wayne, soy demasiado modesta como para ensalzar mis destrezas. O bueno, algunas.

─No sé. Es algo que siempre he sido capaz de hacer.

─ ¿Has ido a clases?

Niego con la cabeza.

─Así que un buen día abriste la boca y… ¿te salió eso?

Se me escapa una carcajada.

─Pareces mis padres. Solían decir que en el hospital se debieron equivocar cuando nací y les dieron el bebé que no era. En mi familia nadie tiene ni el más mínimo oído. Siguen sin saber de dónde me viene el gen musical.

─Creo que estás cometiendo un error cantando un dueto en el concierto. Deberías estar sola en el escenario. En serio, si te sientas ahí, el centro de atención puesto en ti, y cantas como acabas de hacerlo ahora… Todo el público va a tener escalofríos.

Pienso que Malfoy podría tener razón. No sobre lo de los escalofríos, pero he cometido un error juntándome con Wayne.

─Bueno, es demasiado tarde. Ya me he comprometido.

─Siempre te puedes echar atrás ─sugiere.

─De ninguna manera. Eso sería muy cobarde y de mal gusto.

─Solo estoy diciendo que, si te echas atrás ahora, todavía tienes tiempo de prepararte un tema sola. Si esperas demasiado, estarás jodida.

─No puedo hacer eso. ─Le miro desafiante─. ¿Dejarías colgados a tus compañeros de equipo si contaran contigo?

Él contesta sin dudarlo.

─Nunca.

─Entonces, ¿qué te hace pensar que yo haría eso?

─Que Hopkins no es tu compañero de equipo ─dice Malfoy en voz baja—. Por lo que parece, él ha estado trabajando exclusivamente contra ti desde el principio.

Una vez más me temo que tiene razón, pero lo cierto es que es demasiado tarde para hacer un cambio. Me he comprometido al dueto y ahora tengo que seguir adelante con él.

─Acordé cantar con él ─le digo con firmeza─. Y mi palabra tiene valor. ─Miro el reloj de madera de Malfoy y maldigo cuando me doy cuenta de la hora que es—. Me tengo que ir. Ya es demasiado tarde—Me bajo rápidamente de la cama y me meto en el baño. Cuando salgo de este un minuto más tarde, Malfoy tiene en su cara la expresión más inocente del planeta. Así que, por supuesto, desconfío al instante. Miro los libros esparcidos sobre la cama, después miro mi mochila que dejé en el suelo. Nada parece fuera de lugar.

─ ¿Qué has hecho? ─exijo.

─Nada ─dice con tranquilidad─. Por cierto, tengo un partido mañana por la noche, así que nuestra próxima clase tendrá que ser el domingo. ¿Te parece bien? ¿Por la tarde?

─Sin problema ─le respondo, pero todavía no puedo ignorar la sospecha de que trama algo.

Pero hasta que no entro en mi habitación quince minutos más tarde, no descubro que mis sospechas estaban justificadas. Abro la boca de par en par con indignación cuando me llega a mi buzón una nota de Malfoy.

Él: Revisa tu bolsa de estambre.

Tomo mi mochila y abro la bolsa especial que tengo para guardarlos. ¿Qué veo? Cambió todas las bolas de estambre que tenía por otras de color verde y plateado.

Yo: ¿Pero cómo te atreves? Estás loco.

Él: Más bien creo que me debes las gracias.

Yo: ¿Y por qué haría semejante cosa?

Él: Porque al menos esas prendas que haces ya no lucirán tan horrorosas.

Yo: Creo que será lo opuesto.

Él: Ya me lo agradecerás después.

Yo: Sigue soñando.

Sonrío para mis adentros mientras meto la nota al buzón y Ginny elige justo ese momento para entrar en mi habitación.

─ Ya es tarde ¿Con quién te escribes? ─Deja un libro que le presté sobre la mesa─. ¡Caracoles! ¿Es Roger?

─No, solo Malfoy. Se está comportando como un idiota pesado, como de costumbre.

─ ¿Malfoy? ¿Y eso? ¿Es que ahora son amigos? ─se burla.

Vacilo. Estoy a punto de negarlo, pero no parece coincidir con la realidad cuando recuerdo que he pasado las últimas dos horas confesándole mis problemas con Wayne y luego cantándole canciones como si fuera un mariachi. Y para ser honestos, a pesar de lo insoportable que es a veces, Malfoy no es tan malo como pensaba. ¿Tan rápido ha evolucionado mi opinión sobre él? ¿Es que me he olvidado de todos esos años de maltrato? No. Pero también creo en la oportunidad de conocer mejor a alguien. Y eso lo que estoy haciendo.

Así que le devuelvo una sonrisa de leve arrepentimiento y digo:

—Sí. Supongo que lo somos.


Bueno, quiero disculparme por tardar. No son excusas pero estuve ocupada, en serio, demasiado, tuve que arreglar algunos asuntos personales y la más importante las correcciones, estuvo haciendo un montón de correcciones a este cap. No sé si lo sepan pero es algo difícil adaptar cosas de la vida real con la mágica y eso pero creo que ya está todo arreglado en cuanto a eso, no se preocupen jaja, y espero no haberlo hecho tan mal con el asunto del buzón y eso, algo raro ¿no? Jaja pero me soluciona algunas cosillas.

Espero no tardar mucho con el siguiente.

Y muchas gracias a quienes leen y dejan su comentario. Los adoro.