CAPÍTULO 4
EXTRAÑOS SUCESOS
Al parecer, la Ópera Popular había vuelto al negocio. Habían sido contratados nuevos actores, mucha gente estaba de vuelta al trabajo. Meg Giry regresó a su trabajo como bailarina del ballet. Y, como siempre, las multitudes compraban su boleto para la 1ra función de la reabierta Ópera Popular. Un día antes de dicha función, la cuál representaría nuevamente a Fausto, llegaron cartas para los señores Richard y Moncharmin. Una caligrafía delicada, hecha con tinta negra, la cual solicitaba algo. Decía textualmente:
Sres. Directores:
Como todo París sabe ahora, la Ópera Popular ha reabierto sus puertas, y la noche de mañana dará una función. Supondré que las localidades estarán casi agotadas. Así que seré breve y conciso con mi siguiente petición. Les pediré de la manera más atenta que aparten el Palco 5 de la venta de los lugares.
Como es de saber de los antiguos propietarios, y los anteriores a estos, así como ex-bailarinas y actores, que este palco tiene una peculiaridad sumamente especial. Omitiré detalles de esta historia que seguramente ya es del dominio público, y también que es un cuento de cajón, y les recomiendo dejar a solas a Mademoiselle Géne en la oficina del Director el día de mañana, una hora antes de la función. Quisiera discutir mis términos con ella misma, y pedirle de antemano le comunique estas cosas a su apreciable padre.
Sin más por el momento, me he de despedir cordialmente, no sin antes desearles una buena presentación la próxima noche.
F. de la Ópera.
Madame Giry y su hija la Pequeña Meg no pudieron evitar sentirse sorprendidas ante tal escena. Había precisamente una carta correspondiente para cada una. Fermín Richard y Armando Moncharmin también estaban pasmados. ¿El Fantasma? ¿No murió?
-No es posible, esta no es ni la caligrafía ni la tinta.-replicó Richard, mientras hacía bola la carta y la tiraba a la basura.
-No lo sabemos, pudo haber un cambio para que no le reconocieran tan fácilmente.-propuso Madame Giry, siempre fiel a la palabra del Fantasma.
-Imposible, totalmente inaudito. Tal vez ahora sí se trata de una broma de alguien. Tal vez la noticia tomó a muchos de sorpresa y nos han enviado esto.-siguió indignado Moncharmin, mientras hacía lo mismo que su compañero.
-¿Usted que opina, mademoiselle Géne?-dirigió la Pequeña Meg su mirada hacia la joven rubia, quien estaba sentada en el sofá, como meditando.
-Haremos caso a lo que nos ha enviado. Como muchos ya sabrán, la palabra del dichoso Fantasma es ley. Y el desobedecerlo nos costaría incluso la vida. Déjenme asistir a esta reunión. De todas maneras, son negocios.-dijo la muchacha de ojos verdes, y acto seguido, salió por la puerta.
Nadie vio cómo ni cuándo se fue. Sólo supieron que ya no estaba en la Ópera. Era enigmática, nadie sabía a qué horas llegaba, ni a qué horas se iba. En cuanto se daban cuenta, ya no estaba.
ºººººº
-Bueno, todos han recibido la carta.-dijo la joven Christine, mientras observaba a Erik sentado en el órgano, tocando una melodía.
-Me alegra escuchar eso.-contestó el enmascarado, mientras seguía ocupado con su canción, y la joven lo observaba detenidamente.
-Tengo una pregunta. ¿Qué pasará con las dichosas negociaciones? ¿Y también si preguntan por mi "padre"?
-No te preocupes, todo tiene ya lista una parte en mi plan.-le contestó el enmascarado, mientras bajaba la tapa del órgano, y se levantaba.
-Eso espero. No imagino lo que le puedan hacer a usted si saben que sigue vivo. ¿Y si ahora logran atraparle?
-Eso no pasará. No nos descubrirán.-dijo Erik, mientras se sentaba en un sillón, y luego la supuesta Monique se sentaba a su lado.-Mientras estemos juntos, y tú obedezcas todas mis órdenes, no tienen porqué saber quién ha comprado la Ópera Popular.-y diciendo estas palabras, el Fantasma tomó en brazos a Christine Lévesque y la abrazó hasta que ella quedó dormida.
ºººººº
El día siguiente, era el día tan esperado para la nueva apertura de la Ópera Popular de París. Todo mundo estaba ya dispuesto en sus asientos. Todos los palcos estaban ocupados… Menos uno en especial.
El palco 5, por órdenes de Monique Géne, había sido retirado permanentemente de la venta de taquillas. Esa misma tarde, la nueva encargada de la Ópera había tenido una "reunión" con el dichoso Fantasma que había hecho saber del palco un día antes. Después de esa pequeña "negociación", Monique hizo saber a los señores Richard y Moncharmin
"El Fantasma exige que el Palco 5 quede totalmente libre, y que no se venda en definitivo. También exige 20,000 francos al mes, como una especie de renta. A cambio, el nos escribirá más partituras para las Óperas y sólo se mantendrá en el palco durante las representaciones. Exige también que el uso exclusivo del Palco 5 sea de él, y lo compartirá conmigo. Requerirá también que, desde la puerta, afuera del palco, Madame Giry sirva a las exigencias del Fantasma."
Richard y Moncharmin estaban estupefactos. ¿El Fantasma había vuelto a la acción? ¡Debía tratarse de una broma! Monique sólo se limitó a mirar a los ex-directores de forma seria, y luego encogerse de hombros, poniendo una mueca de "Ni modo, así deberá de ser". Fue cuando Moncharmin, recordando cierta cita de compra-venta celebrada anteriormente, se decidió a preguntarle a la hija del actual dueño.- ¿No se supone que ni usted ni su padre creían en el Fantasma de la Ópera?
-Lo siento, pero he tenido pruebas irrefutables, y las he hecho del conocimiento de mi padre, sin mencionar el recordarle los sucesos ocurridos mientras la Ópera estaba en su disposición.
Dichas estas palabras, Monique caminó hacia la salida, y antes que Fermín Richard pudiese alcanzarle, se había ido, como un fantasma.
ºººººº
La función de aquella noche fue un éxito total. Era de esperarse que la mañana siguiente, la prensa hablara totalmente de aquella función, de esa triunfante representación de Fausto. Sin embargo, los antiguos dueños del complejo estaban un tanto exaltados por la apariencia apacible que tenía la señorita Géne. Había estado en el Palco 5, y no parecía haber visto alguna aparición, ni nada por el estilo. Fermín Richard y Armando Moncharmin se perdieron de la función, por esperar cerca de la puerta del Palco 5, para ver si la señorita Géne salía en compañía de alguien. Durante toda la función, sólo observaron a Madame Giry entrar y salir rápidamente como unas 2 veces. Al final del acto, salió la rubia, totalmente sola.
Al día siguiente, cada uno había recibido una carta, de la misma caligrafía y con la misma firma:
Ha sido una noche hermosa. La representación fue exquisita, y no hubo errores. Las cantantes fueron divinas, y las actuaciones sublimes. Incluso pude alegrarme el día con las deliciosas conversaciones de Monique Géne. Espero ansioso el día en que ella represente. Tengo entendido que ella en poco tiempo actuará.
Eso es una novedad. ¿La Directora de la Ópera Popular actuando? No puedo esperar para verlo. Me pregunto si tendrá una buena voz. Ojalá sea capaz de cantar en lugar de graznar como solía hacer La Carlota. Hablando de La Carlota, me he llegado a preguntar sobre la Daae. ¿Volverá al negocio? ¿O prefiere quedarse en casa con su esposo, el vizconde de Chagny? Ese será otro asunto, que le plantearé a la hija del Conde Géne otro día.
Por último, les dejo una partitura que terminé exactamente esta tarde. La dejo con Madame Giry, quien se la dará a mi querida directora, y espero que al recibirla, empiecen inmediatamente el ensayo de ésta. Me despido cordialmente, no sin antes felicitarles nuevamente la función de anoche.
F. de la Ópera.
-Aquí están las partituras.-dijo Madame Giry, entregando un fólder de cuero a la señorita Géne.
-Se lo agradezco, Madame Giry.
-¿Me concedería una pregunta?
-Por supuesto.
-Es sabido que usted acompañó al Fantasma de la Ópera anoche en el Palco 5. ¿Lo llegó a ver?
-Bueno…-empezó a dudar Christine, pero luego recordó lo que su Maestro le indicó cada vez que le preguntasen eso.-La verdad, no pude verle, pero sí escuchar su voz. Estuve yo sola, sin ninguna otra persona, sin ninguna compañía más que la voz del Fantasma.
-Dijo el Fantasma que había conversado con usted. ¿Qué le dijo?
-Oh, opiniones de la presentación. Ya sabe, hablamos de la Ópera, de la presentación, de los actores y de las voces de los cantantes. Una que otra trivialidad, pero nada más.
-De acuerdo. Que tenga un buen día, señorita.-se despidió Madame Giry, antes de salir de la oficina. La verdad, las cosas estaban extrañas. Usualmente, cuando la Ópera cambió de dueño la última vez, hubieron muchos problemas con todo. Que si los dueños no querían obedecer, que si las rentas no eran pagadas, que si esto, que si lo otro, que si habían cantantes solicitadas… Y un largo etcétera. Algo extraño estaba pasando, eso era seguro.
ºººººº
Al llegar al Reino del Fantasma, Christine tomó las partituras que Madame Giry le había dado, y empezó a leerlas sentada en un sofá. Fue cuando notó la presencia de Erik, tocando el violín. Las notas eran bastante tranquilas, con un tono muy romántico. Las escuchó mientras leía las partituras. ¡Erik estaba tocando ya su nueva ópera! Era sublime, algo totalmente hermoso, sobre todo cuando llegó al clímax de la obra. Christine se levantó de su lugar y caminó hacia donde Erik.
-Qué hermosa melodía.-dijo la joven Lévesque mientras escuchaba atenta la música.-Parece tocada por los mismos ángeles.
-Qué alegría que te haya gustado. Porque es tú melodía.-respondió Erik, y Christine se quedó pasmada ante tal aclaración.
-¿Mi melodía?
-Así es. Esta la compuse especialmente para ti. Es la ópera que terminé. Es especialmente hecha para tu voz. Esta ópera la interpretarás tú.
Christine se sentó en el sofá, y estuvo a punto de desmayarse por la impresión. Erik, tan atento y tan buen maestro que ha sido en este tiempo, le ha dado un hermoso obsequio: su propia partitura para la ópera que se iba a realizar. Al día siguiente, le llegó a todo mundo una carta, que decía más o menos así:
Sres. Directores:
Como verán, hace 2 días le entregué a la hija de nuestro querido comprador, el Conde Géne, una partitura para una nueva ópera que, según mis cálculos, deberían estar terminados sus ensayos para dentro de 1 mes. Les pido, o más bien, les exijo que se haga del papel estelar la señorita Monique Géne. Es bien sabido que el padre de esta compró la Ópera con el propósito de mostrar a su hija y su genio musical. Hagámosle un favor al viejo moribundo y mostrémosla a todo París antes de que el hombre fallezca. Además, ya he tenido el gran privilegio de escucharla cantar, y crean que es una estrella naciente.
El papel estelar encaja muy bien con nuestra joven directora. Concédanselo para que inicie las prácticas lo más pronto posible. Que Madame Giry vea quiénes han de tener el resto de los papeles. Con el talento que tiene Madame Giry para con los actores, le será fácil asignarlos. Es mi pago por su tan buen servicio.
F. de la Ópera.
CONTINUARÁ…
